23 de noviembre
El psicoanálisis y los discursos del poder II

 

 Entre el autor, las bibliotecas, o librerías, hay una intermediación imprescindible, los editores, salvo casos excepcionales en que los autores financian sus propias ediciones. Es una intermediación establecida por unas entidades determinadas, empresas encargadas de decir sí o no a los autores a partir de la consideración de una relación cálculo beneficio, a partir de la cual deciden si merece la pena convertir en un libro determinada creación. Además tienen que luchar con agentes literarios, con las distribuidoras, con las mesas de exposición para que, finalmente, podamos disponer de esa creación.  

 Gracias a la colaboración de nuestro amigo Miguel Roig, hemos podido conseguir el correo electrónico del crítico Manuel Rodríguez Rivero, que tiene una página en Babelia. Pero la invitación le llegó tarde. Nos escribió una contestación muy amable prometiendo venir a cualquier otro foro que le invitemos.

 A continuación voy a leer los interrogantes sugeridos para iniciar las intervenciones. Dado que se trata de un foro en el que están presentes editoriales relativamente pequeñas, o modestas en recursos –desde luego, no en el plano intelectual— hemos propuesto las siguientes preguntas: 

¿Qué es lo que anima a ciertas empresas editoriales a desafiar lo que parece ser la lógica del mercado, para elegir una determinada línea que también parece destinada a ser minoritaria desde el punto de vista de los lectores? ¿Cómo hace la selección de los textos en las editoriales dirigidas a una franja del mercado que no es la de los best sellers, y cómo está condicionada la selección por la relación con los autores y sus agentes (cuando los tienen)? ¿Y con los libreros? Teniendo en cuenta que los best sellers son con frecuencia de buena calidad, literariamente hablando, ¿cómo se articula la relación con las distribuidoras y la pugna por estar presentes en las mesas de las librerías, especialmente si se trata de grandes superficies? ¿Están preparadas las editoriales más pequeñas en fondos y recursos para el desafío que supone la digitalización y las descargas por Internet? ¿Consideran que la digitalización y el uso de Internet, potenciales peligros para la letra impresa, están más al servicio de una política del poder que de la gran masa de usuarios? ¿Internet es un instrumento para democratizar la cultura, o más bien un factor de control de lo que edita? ¿Afrontan las editoriales más pequeñas el riesgo de ser engullidas por las más grandes, en especial por aquellas que son parte de los grandes grupos de comunicación? ¿Se sienten debidamente representadas las editoriales más modestas en la Asociación de Editores y en la Federación de Asociaciones? ¿Correrán los libros el mismo destino que los radiocasettes, los walkman y los discos de vinilo? 

Creo que hay suficientes cuestiones para que abramos este foro de debate. 

María Navarro(Miguel Gómez Editores): Buenas noches. Quiero agradecer a la Biblioteca de la Escuela de Madrid, en especial a su director Luis Seguí, la oportunidad que me da para comentar cuestiones tan interesantes para la actualidad de los editores. Me parece una iniciativa extraordinaria poder hablar de lo que pasa con los libros, mucho más en el seno de una biblioteca, y mucho más si esta biblioteca está dedicada al discurso del psicoanálisis. Porque ésta es una manera de abrirse hacia el exterior, y permite que la ciudad entienda que una biblioteca en el seno de una casa de psicoanálisis, no implica que todos los psicoanalistas se queden en un discurso absolutamente cerrado. Hay, entre los psicoanalistas, quienes hacen otras cosas, por ejemplo libros, entonces, yo le agradezco a la Biblioteca esta oportunidad.

Respecto a la primera pregunta, es preciso hacer una separación. Porque cuando Luis comentaba que somos editoriales modestas en recursos, yo creo que en esta reunión ya hay unas diferencias enormes entre los editores. La historia de editorial grande, mediana y pequeña, se puede multiplicar porque se pueden hacer ediciones desde muy diferentes vertientes. Por lo que respecta a Miguel Gómez Ediciones, yo creo que el deseo de mantenernos en una vertiente compleja y dificultosa en relación a los  montos económicos, que Luis comentaba que eran modestos, es por un encuentro. Es algo que uno no puede explicar bien, pero que hay que ubicar dentro de un encuentro, en primer lugar una pasión por la lectura, en segundo lugar, una experiencia con la escritura –lo cual no es nada nuevo, dado que hay muchas editoriales que vienen de ese lado— y en tercer lugar, un encuentro con la letra, que se abre a todo el campo de la tipografía, de la experiencia con el objeto libro y el cuerpo de la letra, que entra en una vertiente apasionante, además de plantear la cuestión de las nuevas tecnologías, de lo cual hablaremos ahora. 

Miguel Gómez Ediciones, más que entenderse como una apuesta por una profesión –que termina siéndolo— tiene algo que, a la vez, la aleja de eso, lo cual le permite mantener algo muy modesto. Somos una empresa que edita muy pocos libros al año, que se mantiene dedicándose a temas minoritarios como el psicoanálisis, la poesía, y a textos de literatura griega contemporánea. Son tres registros bastante minoritarios.

Luis Seguí: Nosotros hemos titulado el encuentro El deseo del editor, que es un título retórico. El deseo del editor es vender libros, lo que preguntamos es por qué eligen vender libros y por qué cierto tipo de libros.

Rubén(Errata Naturae): Agradezco también la invitación a la Biblioteca, y quería contar una intimidad que nunca he contado en público. En realidad, yo creo que Errata Naturae comenzó en una sesión de psicoanálisis en la que yo uní, no sé muy bien cómo, la muerte del Padre con crear una editorial. Luego dejé de analizarme y no le dí más vueltas, con lo cual no concluí el análisis, pero la editorial sigue adelante y no le quiero dar más vueltas, porque ya es bastante problemático sacar una editorial adelante, como para plantearse la muerte del Padre y la relación con una editorial independiente. Supongo que por ahí se puede hacer una lectura de cómo comienza una editorial pequeña. 

María Navarro(Miguel Gómez Editores): Ves Luis como el deseo no sólo es vender libros. 

Alejandro del Río(Trotta): En el caso del editor, esto del deseo es una cosa bastante comprometida. Porque el editor no cuenta sólo con su propio deseo, cuenta con el deseo de un autor, o de algo que hace la figura del autor, cuenta con alguien que quiere publicar y propone algo al editor, o en el caso de las traducciones, cuenta con algo que circula por ahí y despierta el deseo del editor porque pide ser traducido a otra lengua. Y es un deseo que tiene que ver también con el deseo del público. 

Esta situación mediadora del editor es bastante significativa y complicada por el objeto que el editor produce. Estos días me topé con un aforismo de Lichtenberg que, hacia finales del siglo XVIII decía lo siguiente: 

Difícilmente habrá en el mundo una mercancía más extraña que los libros. Son impresos por personas que no los entienden, son encuadernados, reseñados y leídos por personas que no los entienden, y hasta son escritos por personas que no los entienden

¿Qué pasa con el libro? Un libro es un objeto material que el editor produce con la finalidad de venderlo, es decir, imponiéndole un valor de cambio que permita su circulación comercial, que permita que un lector, un público, lo adquiera. Pero evidentemente, ese producto tiene un contenido difícilmente traducible en un valor de cambio, tiene un valor de uso difícilmente determinable. Esto hace que, si por editor entendemos el editor cultural o editor literario, que somos todos los que estamos aquí representados, la editorial sea más o menos grande. Esto le crea bastantes perplejidades al editor en la medida en que se trata de alguien que valora el contenido intelectual o espiritual de esa mercancía a la que Brecht llamaba la sagrada mercancía del libro, justamente por la coincidencia un tanto paradójica que se da en ella. 

Esto me lleva a reflexionar sobre una serie de problemas que, en buena medida, son los que planteáis en las interrogaciones de la Biblioteca, y que he querido resumir en tres. 

Primero, la inquietud actual en torno al modelo libro, no sólo en el sentido del formato o del soporte, que es donde parece que se ve conducida la cuestión, es decir, digital, con un nuevo soporte. Pero eso oculta una inquietud con respecto al libro. Nosotros somos herederos de una cultura del libro, del Libro con mayúsculas, y es como si el modelo libro nos generase una inquietud, una dificultad, un problema, como digo, superando la cuestión del formato, si se trata del códice encuadernado en una serie de páginas pegadas, o se trata de otros formatos. 

Una segunda cuestión, la cuestión del público. El editor, que da a luz pública algo, se está permanentemente planteando a qué público se dirige, qué es eso del público, y qué es la opinión pública, qué foros hay en los que esa mercancía que propone pueda convertirse en objeto de discusión y transacción intelectual, etc. 

En relación con esto, y para llegar a un tercer orden de cuestiones, me pregunto, ¿en qué podría consistir una ética de la edición? Probablemente esta ética estaría mucho más cerca de lo que Max Weber llamaba ética de la responsabilidad, que de una ética de la convicción. Por esta situación difícil del editor, un tanto paradójica como gestor cultural, probablemente no es posible enfocar algunas respuestas simplemente desde una convicción. Hay exigencias contrapuestas, y lo difícil está, muchas veces, en encontrar una viabilidad, ante todo y en primer lugar, empresarial, en la medida en que cada empresa, cada editorial, encuentre ahí sus dimensiones oportunas. Por lo tanto, se hace necesario conciliar esa viabilidad empresarial con una viabilidad cultural, una viabilidad donde se haga algún tipo de apuesta que sin duda alguna rompe. De ahí la contradicción, esos esquemas de tipo económico y de mercado en los que la editorial también se mueve. 

Juan Pablo Díaz(Katz): Me parece que Alejandro ha tocado la primera palabra que puede definir a un editor: Intermediario. Intermediario entre unos autores y un público. Yo creo que la primera cuestión está centrada en el tema de la independencia. Un editor con el que trabajé, Constantino Bértolo, decía siempre como boutade, cada vez que le preguntaban por lo que hacía falta para ser un editor, decía ser catalán y rico. También explicaba muy bien cuál es la percepción del editor para el común de la gente. Hoy en día sería Jorge Herralde. Y es más complicado que eso. 

Una editorial es una empresa ante todo, pero se le intenta añadir cierto glamour. Lo que pasa es que los editores, en general, si tienen dos dedos de frente, no intentan convertirse en gente rica, sino lograr vivir de su trabajo, mejor o peor, pero lograr vivir de su trabajo. Y me parece que, como cualquier empresa, una editorial asume un riesgo, invierte un dinero, y pretende recuperarlo y sacar un pequeño beneficio. 

Y la supuesta independencia no es tal, porque toda editorial, ya sea un gran grupo, o una pequeña editorial, no es independiente del capital de la inversión que hace para empezar a funcionar. De hecho, se dan situaciones paradójicas. Una vez más pienso en Constantino Bértolo, alguien con un pensamiento bastante independiente, que durante un tiempo ha estado trabajando en Bertelsmann Group, hoy Mondadori, llevando una editorial que se llamaba Debate y ahora se llama Caballo de Troya, y en un momento determinado, uno de sus autores, Nipaul ganó el Premio Nobel. Él mismo confesó que jamás hubiera podido editar a Nipaul si hubiera tenido una editorial independiente e invirtiera su propio dinero, porque no habría podido aguantar a alguien con el que perdía tanto dinero. 

A parte de todo, los grandes grupos, supuestamente no independientes, han descubierto que tienen que ganar cuotas de mercado de diferentes maneras. Planeta tiene un sello como Seix Barral que, desde el punto de vista literario, sería altamente deficiente. Mondadori tiene el sello Caballo de Troya, que lleva Constantino Bértolo, y que no podría ser viable en absoluto desde una editorial supuestamente independiente. 

Hay otras editoriales independientes, muy loables, que viven de subvenciones, que publican cosas muy malas. Lo mismo, hay editoriales independientes muy interesantes. A parte, el tema de convertirse en una editorial independiente exitosa, yo creo que es descubrir y ocupar un mercado que un gran grupo no tiene tiempo de ocupar, o no da los beneficios que necesita. Y en los últimos años se han visto editoriales pequeñas, llevadas por poca gente, haciendo cosas interesantísimas y en poco tiempo han conseguido un eco mediático y de público interesante. 

Luis Seguí: Hay algo del orden del azar y hay algo del orden del olfato. Una editorial española, cuyo nombre no voy a nombrar, tuvo en sus manos Cien años de soledad y lo rechazó. Otra editorial muy modesta, que no creo que tuviese un topo en la comisión que otorga el Premio Nobel, empezó a editar a Imre Kertesz poco antes de que le dieran el Premio Nobel. Y eso, ya sea por olfato, sea por azar, proyectó El acantilado, llevó a reeditar muchas veces a Irme Kertesz, y a proyectarla hacia una gran expansión. Eso tiene que ver con el olfato, con el azar, o con que en un momento determinado alguien elige a un autor cuyos méritos literarios otros han ignorado. 

Pero lo que estamos tratando de dilucidar es por qué se elige un nicho de mercado, ciencias sociales, psicoanálisis, Adorno, Lacan, etc., que se sabe que no os va a hacer ricos. ¿Hay una elección en eso? En vez de decir, voy a ganar dinero editando a Ken Follett, elijo a otros.   

Alejandro del Río(Trotta): Hay, evidentemente, un transfondo personal. No todos los que trabajamos en el mundo editorial provenimos de un mismo tipo de formación, ni tenemos la misma estima para determinados contenidos culturales. Lo que sí es cierto es que en el editor cultural existe una conciencia, no como decía el editor Fischer, de imponer al público unos valores, pero sí por lo menos de hacerlo partícipe. Yo creo que el editor cultural se siente lector. Entonces, en parte, de lo que se trata es de hacer partícipes a los demás de esas lecturas.

Lo que hace el editor es leer, y esa lectura significa establecer una criba. Y en la medida en que el editor considera que eso es algo valioso, puede trasmitir ese deseo a otros. Aunque realmente, no sabes cuando vas a acertar. 

Lo que hacemos en la editorial en la que estoy –eso se ve en el catálogo—es ir definiendo, a lo largo del tiempo, una serie de materias, una serie de colecciones por donde nos vamos aventurando. A veces, algunos de esos itinerarios se ven interrumpidos porque no hemos conseguido encontrar un público para defender esos títulos. Yo he rechazado alguna obra, no porque no tenga una calidad intrínseca, sino porque no es suficientemente congenial, ya no con los contenidos de un catálogo, sino con los modos de trabajar de la editorial. 

Entonces, no creo el editor vaya a buscar a un público preexistente, sino que lo va a generar y, al mismo tiempo, los públicos que se van generando retroalimentan las apuestas que se van intentando, siempre a medio y largo plazo. Lo que nunca hará un editor cultural es tener la pretensión de que va a publicar algo que va a ser un bombazo, es decir, conseguir un efecto masivo de entrada. Tienes otra confianza también en los lectores. 

Luis Seguí: Lo que has dicho, lo relaciono con un hecho. Cuando uno compra un libro para regalar, piensa que le gustaría que ese libro se lo regalaran a uno. Normalmente no regala el libro que no le gustaría leer, o que tiene mala crítica. A mí me ocurre. O regalar un libro que ya tengo y que me ha gustado. En todo caso, hay una orientación clara. Es verdad, cuando se habla de mercado y al mismo tiempo de cultura, supongo que el editor que elige ese nicho, o esa franja de producción literaria, ensayo o lo que fuere, es consciente desde un principio que se dirige a un público limitado. 

María Navarro(Miguel Gómez Editores): En función también de la transferencia que se genere hacia una determinada lectura y hacia una determinada posibilidad de editar. A mí me hubiera gustado hacer toda una colección de narrativa y haber editado a x autores. Pero eso es imposible, uno conoce las limitaciones. Eso es otro tema, cómo uno puede, desde la pequeña editorial, sacar títulos que luego son engullidos por otras editoriales u otros sellos más potentes. Eso en relación a lo que es la narrativa, o dentro del pensamiento, autores que sabemos que están en grandes sellos, están acaparados... no acaparados porque uno puede lanzarse, pero con unos derechos articulados, y es difícil entrar. Es una apuesta fuerte. 

Pero entonces, si uno se decide por un determinado tipo de libros, hay una transferencia de entrada con la lectura, hay una relación directa y personal con la lectura que lo anima a uno. Después, uno tiene el contacto con el autor, lo escucha, lo lee, y ahí se juega la posibilidad de asumir una responsabilidad del lado del sector cultural, de hacer trasmisible eso a un público que, a la vez, se va generando, creando. Uno hace al público, y a la vez éste va demandando un tipo de producto. 

Luis Seguí: El material que llega a las editoriales, sea directamente o por mano del autor, ¿lo leéis vosotros o hay lectores en la editorial?

Rubén(Errata Naturae): En nuestro caso te aseguro que no hay lectores. Nosotros no leemos mucho de lo que llega. No sé cuál será el caso de los demás. Nosotros somos novatos, no venimos del mundo de la edición, y para mí ha sido una sorpresa darnos cuenta de que no nos merece la pena leer, a partir de la página cinco, la gran mayoría de las cosas que recibimos. Eso lo achaco a dos cosas. Una, que la gente cuando manda cosas, ni siquiera se preocupa de ver el catálogo de la editorial, con lo cual nos llegan cosas demenciales que no tienen nada que ver con lo que publicamos. En segundo lugar, determinadas modas literarias. A la editorial llegan decenas de libros de microrelatos de una calidad muy pequeña. Realmente, no merece la pena leer a ese nivel. 

A niveles estructurales como es el nuestro, no sé hasta qué punto los lectores tienen sentido. Creo que para un tipo de catálogo reducido –nosotros este año podemos sacar quince libros—tienes bastante claro lo que quieres sacar y por donde estás buscando. Puedes encontrar cosas, pero es bastante asumible la lectura por dos o tres editores sin tener que contar con lectores externos. 

Alejandro del Río(Trotta): Depende de lo que te llegue. Yo personalmente leo mucho. Y no sólo las cosas que llegan, sino una vez aceptadas, para leerlas bien. Porque la primera lectura está condicionada por la decisión, es una lectura oportunista condicionada por una serie de circunstancias. 

Pero a nosotros nos llegan también textos para los cuales, necesariamente, requieres un informe de lectura. Hoy llegaba un texto relacionado con el derecho, un tema de cierta actualidad pero con un tecnicismo que sólo un especialista puede valorar si es oportuno publicarlo. Entonces, puntualmente, echo mano de lectores, cuando algo te interesa y tienes la intuición de que es interesante pero necesitas que un especialista te diga que ese libro tiene esto a su favor y esto en contra. 

María Navarro(Miguel Gómez Editores): Nosotros tampoco tenemos lectores, quizá por el tipo de libros. Leemos dos o tres personas leemos. Pero pasa otra cosa muy interesante. Se trata de los libros de psicoanálisis. Tenemos colegas psicoanalistas que son apasionados de la lectura, y también hacen de filtro porque te hablan de lo que conocen, y puedes hablar y preguntar, pero desde una perspectiva distinta, no para que te den el informe. Pasa, por ejemplo, con la colección de textos de temas griegos, esa ya es una cuestión muy concreta, por las traducciones primero, y tenemos quien dirige la colección, un traductor de griego contemporáneo de mucho prestigio, un filtro importantísimo. 

Luis Seguí: Cómo de determinante es, cuando se va a editar algo, el conocimiento personal, o la amistad personal con el autor. 

Alejandro del Río(Trotta): A veces es mejor que no haya mucha amistad. Hay que distinguir. Puedes ser amigo de alguien pero a veces hay que decir que eso no se lo vas a publicar. Yo no perdí amigos, pero tampoco me lo han dicho. Sí puedo decir que he hecho algún amigo, no porque le haya hecho un favor, sino por el trabajo que realizamos con el libro. Porque un autor te presenta una obra, pero el editor que se toma en serio un libro, lo que hace es colaborar con el autor. Y de ahí sale algo que firma el autor, porque es autoría de esa persona, pero el editor ha contribuido a que eso sea un libro. Antes era una obra, una creación que luego hay que someter a una determinada disciplina para darle un formato determinado. Y eso, en algún caso, me ha generado alguna amistad, aunque en otros casos algún problema cuando el autor no colaboraba en la forma en que uno, como editor, consideraba que hay que llevar el libro.

Luis Seguí: En el cine es muy común, se dice que la etapa más difícil es convencer al director para que no meta la tijera a la hora de montar. ¿A los autores les ocurre algo parecido?

María Navarro(Miguel Gómez Editores): A veces el narcisismo de los autores no lo permite. Pero al hilo de lo que comentaba Alejandro, hay encuentros que son verdaderamente interesantes. Nosotros vamos a editar un libro que, de entrada, pensamos que el autor no iba a aceptar lo que pensábamos proponer. El germen del libro es el pensamiento y una crítica al cientificismo. Eran más de doscientas páginas y le dijimos que, efectivamente, el germen era fantástico, pero que tenía que quitar unas cien páginas. Se hizo toda la corrección, un trabajo de mucho tiempo, y sin embargo ha habido un encuentro espléndido. El autor ha escuchado. Y eso es un trabajo interesante que luego no se ve cuando el libro es publicado. Hay un trabajo del editor para articular y orientar y para que eso tome forma.  

Juan Pablo Díaz(Katz): Retomando la pregunta primera, la cuestión del nicho comercial. A la gente, en general, le parece arriesgado tener una editorial. En nuestro caso es una editorial de ensayo, de carácter académico. Una vez le pregunté a Alejandro Katz por qué no se dedicó nunca a la narrativa, y es que le parece lo más arriesgado del mundo. Y si uno lo mira bien, una editorial que invierte un adelanto importante en un libro de narrativa, tira quince mil ejemplares y los desperdiga, está haciendo una apuesta mucho más arriesgada que, por ejemplo, una editorial como en la que trabajo yo o en la que trabaja Alejandro. Hay un hecho muy claro, tanto en prensa como en el mundo académico, hay un diálogo, sabes que tal autor va a ser muy próximo... Es verdad que el beneficio final va a ser mucho más reducido, pero es una vía mucho más tranquila, mucho más claro cuál es tu nicho, y donde te tienes que centrar.

Luis Seguí: Estás diciendo que, a pesar de ser minoritaria, hay un público cautivo, la universidad, la academia. 

Juan Pablo Díaz(Katz): Sí. Es mucho más clara. La idea de una editorial, al menos la nuestra, es abrirse a otros espacios. Desde el punto de vista de la lectura también. Yo trabajé como lector en otras editoriales, y me pasaba lo que comentaba Rubén, el noventa y cinco por ciento de los libros eran una cosa que se caían. Y es verdad que la gente cree que se duda si se publica o no ese libro, y realmente, está muy claro que el noventa y cinco por ciento no hay que publicarlo. También es verdad que en una editorial hay primeras novelas, pero cuando se hacen lecturas de libros ya publicados en otros países, ya hay una primera criba, una segunda o una tercera, porque ya han sido publicados. Eso siempre ayuda. 

Luis Seguí: Porque ya sabes si han funcionado o no. 

María Navarro (Miguel Gómez Editores): Eso en narrativa, pero en colecciones de pensamiento hay que tener mucho criterio, porque llegan verdaderos delirios. 

Rubén (Errata Naturae): La gente escribe mucho. A nosotros un tipo nos enviaba periódicamente sobres con recortes de periódicos con círculos y anotaciones que tenían que ver con política. Creo que estaba obsesionado con algún tipo de gran conjura y teníamos que entenderlo. Fue la propuesta editorial más rara.  

Luis Seguí: ¿Esperáis a que se cansen y dejen de enviar cosas?

Rubén (Errata Naturae): Yo sentía un poco de miedo porque, evidentemente, era un loco que tenía tu dirección. Al final nos mudamos, aunque no fue esa la causa. No sé si dejó de mandar esos recortes a la dirección antigua o no. 

Luis Seguí: De este tipo de envíos, qué habéis recibido en Miguel Gómez Editores.

María Navarro(Miguel Gómez Editores): Teorías religiosas impresionantes. No sólo exotéricas, que podrían derivarse a otras editoriales, sino construcciones filosóficas absolutamente religiosas, cristianas, absolutamente terribles. 

Juan Pablo Díaz(Katz): Llegan cosas impresionantes. Nosotros recibíamos una cosa muy curiosa, un CD de un ex presidiario con fotos. También una señora que tenía esclerosis amiotrófica y le quedaba un año de vida. Escribió un libro sobre su tratamiento con su psicólogo. Era un libro muy malo, y era muy difícil tratar con ella porque había un chantaje sentimental con el tema de su muerte. Y otro que estaba contra la masonería y el sionismo y nos mandó Crisis total II, porque ya había escrito Crisis total I.

Luis Seguí: Se escribe mucho, hay una incontinencia verbal. Si se editan sesenta mil títulos por año, habrá mucho que se desecha. 

Alejandro del Río(Trotta): Se publican más. Setenta y cinco mil. Aunque en ese dato se mete de todo.

Rubén (Errata Naturae): Lo que yo no he sabido nunca realmente es qué incluyen esos sesenta y tantas miles de publicaciones, por ejemplo, si la Guía Telefónica está incluida en los títulos. 

Alejandro del Río(Trotta): Está incluido todo aquello que supere cuarenta páginas, porque por debajo de eso tiene la calificación de folleto. 

Luis Seguí: Yo me refiero a lo que hay en las mesas de las librerías, de las pequeñas, grandes o medianas superficies. Hay una gran cantidad de publicaciones. 

¿Cómo os manejáis a la hora de tratar de conseguir espacio en las mesas? ¿Os manejáis con determinados libreros? Me resulta enigmático cómo se buscan la vida para aparecer en las mesas cuando la renovación y la rotación es constante y compitiendo con los Best Sellers. 

María Navarro (Miguel Gómez Editores): Es complicado. El Best Seller tiene garantizada media mesa, tienen un apoyo de prensa, revistas, TV. 

Alejandro del Río(Trotta): De todas formas, lo que veo allí preocupante, más que para las editoriales, que siempre pueden tener otras vías de comercialización, sea Internet, tiene que ver con los libreros. 

Luis Seguí: ¿Cómo es la relación con los libreros?

Alejandro del Río(Trotta): La relación con el buen librero debería ser absolutamente personal y directa. Es como funcionan bien las cosas. En España tenemos el problema, es una opinión personalísima que se constata con la experiencia diaria, de una estructura de distribución de libros bastante obsoleta. Un sistema de servicio de novedades absolutamente saturado, donde el que representa tus productos, es humanamente imposible que los pueda defender con cierto criterio. Ahí el editor está, en cierta manera, en manos de otro intermediario más que es al que confía la defensa de sus libros. 

Rubén (Errata Naturae): Esa es la percepción que estamos teniendo. Cada vez hay una exigencia mayor, desde el distribuidor, para que seamos nosotros quienes hagamos una cierta labor de comercialización cada vez más grande. Por ejemplo, en el trato directo, se nos anima constantemente a que hagamos más énfasis en la labor de comercialización, que puede ir desde el agasajo al librero, hasta crear materiales publicitarios y propagandísticos. Pero entendemos que la distribuidora debería ejercer una labor real. Uno siente que su producto no está siendo defendido como debería, ni en tiempo ni en criterio, teniendo en cuenta lo que el distribuidor demanda de la editorial tanto a nivel profesional como a nivel económico. Eso a veces es desilusionante.

María Navarro (Miguel Gómez Editores): Es cierto, con narrativa pienso que es más fácil, pero con temas de pensamiento, particularmente de psicoanálisis, es complicadísimo. Te encuentras con que, probablemente, el intermediario que trabaja para la distribuidora no sabe de qué trata el libro, y lo puedes encontrar en los estantes de psicología, allí perdido. O porque el librero tampoco esté muy puesto, e igualmente queda la cosa perdida. Cuando se saca un libro, en nuestra ciudad controlamos, pero no lo podemos hacer a nivel nacional. Cuando vas a la mesa, ves que en ella está el Best Sellers, o algo de fácil venta, por ejemplo un libro de autoayuda, y lo otro queda marginado y confundido.

Rubén (Errata Naturae): Nosotros tenemos anécdotas cómicas, por ejemplo, cuando editamos el diario El primer amor, de Leopardi, se fue a Novela Rosa. Cuando editamos El niño criminal de Jean Genet, se fue a psicología infantil. 

Alejandro del Río(Trotta): Actualmente hay grandes almacenes donde la Filosofía está en Ocultismo. 

Juan Pablo Díaz(Katz): Lo lógico es que un editor se queje de su distribuidor y que un librero se queje del editor. Todos le echamos la culpa al otro. Creo que es muy sano ponerse en la posición del otro, ver cómo gana dinero un distribuidor, y ver cómo lo hace un librero. A parte, es un sistema perverso el de la venta. El editor es el que más riesgo corre, pero es normal para un librero que tenga más libros de autoayuda que de psicoanálisis, porque vive de eso. Yo creo que toda la cadena es bastante perversa y hay un efecto bola de nieve. De hecho, el primer culpable –o todos somos culpables— es el cliente. Por ejemplo, hoy en día es corriente y aceptado que vayas al Fnac o a la Casa del libro, y digan que no tienen tal libro, pero que se le puede pedir. El cliente acepta porque le mandan un SMS para que vaya a recogerlo. A mí me pasó en Navidad. Fui a Fnac, a la Casa del libro, fui a Parados buscando tres libros distintos, y los tenían en todas. Esa es una buena librería. 

Respecto a la cantidad de libros que se sacan, no es por gusto. La sobreproducción tiene que ver con que uno coloca el libro en la librería, y ésta lo compra con derecho a devolución. No sé si saben esto. Y en cuanto lo devuelven, uno tiene que producir más para sobrevivir. 

Alejandro del Río(Trotta): En los estudios que se manejan, se calcula que hay un treinta por ciento de devolución como media. 

Rubén (Errata Naturae): Como media, porque este año algunos grupos han tenido hasta el setenta y setenta y cinco por ciento de devolución. Sellos comerciales obviamente, no creo que sea el caso de ninguno de los que está aquí sentado. Pero sí en el caso de grandes grupos, con estrategias de matar moscas a perdigonazos. Es curioso, porque en grandes grupos, ese porcentaje se contrasta con preventa, en donde la tirada está establecida a partir de una relación con el librero. Se sabe lo que va a comprar el librero. Se le impone. Es decir, me compras tanto de esto, y aun así han llegado a porcentajes de devolución de tres de cada cuatro libros. Es un sistema demencial. Obviamente, las novedades, a veces están copadas por libros que vuelven para atrás de manera inmediata.  

Juan Pablo Díaz(Katz): Algún editor de gran grupo llegó a admitir públicamente que sacaban algunos libros para ganar posición de venta. 

Luis Seguí: Dos interrogantes en relación con la cuestión económica. ¿Es habitual en vuestras empresas el anticipo al autor de una cantidad de dinero? ¿La publicidad corre por cuenta de las editoriales o se negocia?

María Navarro(Miguel Gómez Editores): La publicidad va por cuenta de las editoriales. Depende de la editorial y de donde puede publicar. 

Alejandro del Río(Trotta): La mejor publicidad es una reseña. Es un problema de visibilidad y un problema de crítica también, dónde se ejerce y cómo se ejerce. Otro problema es si hay todavía críticos.

Luis Seguí: Y en ese caso, ¿cómo operáis vosotros?, ¿mandáis ejemplares a los críticos antes de aparecer la obra, cuando aparece la obra?, ¿hay contacto personal?, ¿cómo funciona eso?

Alejandro del Río(Trotta): Depende de cada título. Yo procuro que el autor, el traductor, o quien figure como responsable de esa publicación, procuro que él también recomiende. En cualquier caso, cada título debería requerir un tratamiento singularizado. Eso de tener una base de datos general a donde mandas cualquier novedad, ciertamente no puede ser el método de trabajo. En la medida en que se pueda singularizar, conoces autores, conoces críticos y procuras que atiendan. 

Luis Seguí: Vuelvo a lo primero, ¿pagáis anticipos a los autores o eso no es habitual?

Alejandro del Río(Trotta): Cuando negocias con una editorial extranjera normalmente se paga anticipo. Con autores no suele hacerse. A veces tienes que llegar al acuerdo ese, pero hay una cierta concesión, un cierto reconocimiento que hace el autor. ¿De qué anticipos estamos hablando? Un anticipo se debe calcular sobre un porcentaje de derechos para una tirada. Por lo tanto, fácilmente le puedes mostrar al autor de qué estamos hablando. En el caso de nuestros libros, en absoluto se puede hablar de anticipo como cantidad que uno arriesga para luego hacer una promoción grande, porque la tirada nunca va a ser mayor de mil quinientos, dos mil o tres mil ejemplares a lo sumo. Y eso en determinados casos. Los autores con los que trabajo, excepto alguna excepción, han entendido que no era el anticipo lo que allí contaba. Los autores buscan publicar en determinados sellos editoriales, buscan la difusión que eso les da, y yo no he notado la figura del anticipo tan condicionante en la relación con los autores a los que publico. Otra cosa son los traductores. 

Luis Seguí: Y en el caso de los agentes literarios, un amigo que es editor y que hoy estaba invitado, pero no pudo asistir, me dijo que el mejor agente literario es el agente literario muerto. Me pareció muy radical. No sé si vosotros trabajáis con agentes literarios. En caso de que sea así, ¿la figura del agente facilita la relación? 

Rubén(Errata Naturae): Yo creo que es importante para un autor tener una agencia o un agente. Entiendo que, dentro de ese círculo vicioso al que se refería Juan Pablo, es una parte importante. Obviamente, si nos ponemos en el lugar del otro, los agentes también tienen que vivir y los autores necesitan agentes. Más allá de eso, nosotros hemos tenido experiencias desagradables con agentes, y tratos que consideramos, en algunos momentos, deshonestos. No por cuestiones económicas, sino por cuestiones relativas a la negociación, cosas que salen fuera de la ética. No digo que esto sea generalizado, pero se produce. Yo creo que no hay que demonizar ni a los agentes ni a las agencias. Por otro lado, son parte del juego, y es imprescindible que haya agencias. 

Alejandro del Río(Trotta): La responsabilidad del agente es importante porque representa a un autor, por lo tanto, le incumbe encontrar al editor adecuado para ese autor. El problema está cuando lo que se generaliza es el que da mil euros más. 

Rubén(Errata Naturae): Incluso trasfiriendo ofertas privadas. 

Alejandro del Río(Trotta): Yo trato a diario con agentes literarios, me llevo bien con prácticamente todos. Pero echo en falta, en su forma de trabajar actual, un mayor conocimiento de los contenidos y de los autores con los que ellos mismos trabajan. A veces, el propio editor conoce mejor aquello que está buscando, que aquél que lo representa. Para editoriales como las nuestras, que tienen una carga intelectual importante en sus contenidos, echo en falta una interlocución más consciente en el plano los contenidos y de la adecuación de una editorial para publicar a determinado autor. Reconozco esa falta de interlocución para entrar en otro terreno que no sea solamente el de la oferta mayor o menor, de si ahora me ofreces mil arriba o abajo, donde parece que se está jugando todo. Y entiendo que las agencias literarias, salvo alguna muy importante, llevan unos márgenes de beneficio pequeño y están, muchas veces, con el agua al cuello a la hora de ir sacando de aquí y allá sus porcentajes de los distintos contratos y operaciones que gestionan. 

Luis Seguí: Antes de entrar en la cuestión de Internet y la digitalización, os recuerdo que esto tiene formato de foro y podéis intervenir cuando queráis. 

Intervención del público: Me llama la atención el tema de la decisión. De repente el editor se coloca en una posición en la que decide si el libro va a existir o se queda en un proyecto, de manera que lo califica según le parece a él. El editor tiene ahí una gran responsabilidad.

Alejandro del Río(Trotta): Es tremendo. A mí me ha costado años. Asumes ese papel. Si eres consciente de lo que significa para una persona la inversión de trabajo y dedicación a algo sobre lo que puede recibir una negativa, es un aspecto duro.  

He de decir que, por regla general, y quizá por suerte, cuando he dado negativas, he recibido un alto grado de agradecimiento también. Creo que es importante que el autor, el que propone algo, se sienta bien atendido, aunque luego la respuesta pueda ser negativa. Hay personas que te escriben y te dan las gracias. A veces el trabajo no te permite atender de la misma manera todos los asuntos, lo que me entristece un poco es cuando te dan las gracias por haberles respondido, porque resulta que en otro sitio no lo han hecho. Creo que el editor tiene que evitar eso, no dar respuesta. Caer en vacío es peor que una negativa. 

María Navarro(Miguel Gómez Editores): Pasa con frecuencia.

Juan Pablo Díaz(Katz): También depende mucho de cómo llegue un manuscrito, o una novela. No llegan todas las cosas de la misma manera. A lo mejor uno no se esfuerza lo mismo cuando alguien hace un planteamiento u otro. Es verdad que en nuestro caso, que estamos verdaderamente desbordados, jerarquizamos y tratamos de hacer un esfuerzo de cordialidad, de buen trato. Pero a veces las personas que envían su trabajo no son excesivamente educadas, y creo que tiene que haber unos códigos. 

María Navarro(Miguel Gómez Editores): Por ejemplo, hay casos en los que recibas un archivo, y te des cuenta de que ha sido enviado a cuarenta editoriales.

Alejandro del Río(Trotta): O que recibas un correo electrónico que no iba destinado a ti. 

Luis Seguí: Creo entender que la forma en que llega el manuscrito, o la propuesta, a la editorial, determina la actitud subjetiva del que lo recibe y la mayor o menor disposición a leer el texto. 

Alejandro del Río(Trotta): Pero sobre todo, lo que motiva es que el tema puede ser de interés. A nosotros nos suelen llegar las cosas como una especie de exposición de un libro, pero no ya un material. Te mandan un índice, una descripción del contenido, un currículum del autor, y uno toma el riesgo de escribir y decir que lo manden, a conciencia de que estás abriendo una puerta y creando una expectativa que luego quizá vas a defraudar. Pero tienes que asumir ese riesgo, porque vas buscando contenidos, cosas que publicar. 

Luis Seguí: Ahora podríamos abordar la cuestión de la digitalización y los desafíos que supone para las editoriales que tienen que competir en esa franja del mercado virtual. ¿Están preparadas las editoriales para la digitalización? Eso enlaza con la otra cuestión que planteábamos en los interrogantes a cerca del uso de Internet, los potenciales peligros y la aparente democratización que supone y el poder de control para el que podía ser instrumentalizado. 

María Navarro(Miguel Gómez Editores): Son problemas distintos. Por un lado está el tema de la digitalización, creo que casi todas están preparadas. Hablo de la infraestructura para poder acceder al soporte, luego el tema está en quién se va a representar.

Alejandro del Río (Trotta): Yo lo que pienso es que la digitalización, de entrada, es un problema técnico de almacenaje de contenidos. Ayer mismo me comentaban una cuestión de digitalización en la Biblioteca Nacional, donde Randon Hausehacía una exposición y reconocía problemas evidentes. De determinada fecha hacia atrás, los registros que tienes de los libros, o están en determinados programas que no se pueden ya convertir con seguridad en nada, o sencillamente tienes fotolitos de imprenta o un ejemplar sólo en papel. Entonces, digitalizar significa para el editor, primero, decidir que quiere sus contenidos, y almacenarlos de una manera que luego le permita hacer nuevos usos de ellos. 

Juan Pablo Díaz(Katz): La digitalización se empezó a oler sobre todo ahora. Hasta hace poco tiempo, el editor pensaba que iba a empezar, pero no empezaba. Ha tenido mucho que ver que los dispositivos de lectura se abaratasen, era la primera condición para que pudiera haber digitalización. 

En el mercado español, por lo que yo he visto, nadie sabe muy bien por donde va a ir la cosa. Justamente, está el tema de la Biblioteca Nacional, que está haciendo subvencionar la conversión de archivos para comenzar a comercializarlos y ver por dónde va la cosa. Y lo que está todo el mundo esperando es lo que aparece hoy en el diario Público, la plataforma de venta de Planeta y Santillana, que va a decir como está el mercado. 

Alejandro del Río(Trotta): El problema de la digitalización ha empezado cuando determinadas empresas han decidido que podían fabricar soportes de lectura. Les interesaba comercializar determinados contenidos y generar nuevas necesidades de consumo. En buena medida, el problema de la digitalización que se nos está planteando a todos, es un problema planteado por la situación tecnológica general, pero también está planteado por determinadas opciones y estrategias comerciales macro. Es muy significativo que Amazon empiece a generar contenidos y también el soporte para tener acceso a esos contenidos. Igual que en los años noventa hubo la tendencia a la compra y fusión en grupos de editoriales todavía en un formato tradicional, ahora existe la tendencia al gran grupo de comunicación, y creo que en parte la cuestión de la digitalización está inducida por esto, porque en la prensa cada dos por tres sale el nuevo dispositivo...

Juan Pablo Díaz(Katz): También porque si no nos movemos Amazon y Google se van a comer todo el mercado.

Ariane Husson: Están hablando de la digitalización, pero existen ya libros en formato digital que se pueden bajar de Internet, que se pueden leer en el ordenador. Es fantástico porque convierte a Internet en una fuente de documentación impresionante. Hay muchos libros difíciles de conseguir que ya no están editados, uno los baja, y los lee en la pantalla. Después está el tema del precio del libro. Si uno quiere leer una de las novelas que están teniendo mucho éxito, pero vale treinta euros, y no sabes si tiene mucho interés, lo pirateas, con perdón, lo bajas de Internet. Este es un tema, es decir, veo una ventaja, la lectura en la pantalla ya existe. Otra cosa son los soportes, se venden artículos, se venden libros en Internet. 

Y hay otros temas, ¿en qué se convierte la lectura en Internet? Porque el libro es un archivo que ya no lleva la marca misma del editor. ¿Dónde está el trabajo sobre la tipografía? ¿Donde el trabajo de la cobertura? ¿Cómo van ustedes a conservar su personalidad, el estilo, y todo el trabajo de la tipografía? 

María Navarro(Miguel Gómez Editores): Hay una cuestión que  es la textura también. El relieve no porque ya no estamos con los tipos, pero hay una textura. Hay un olor, una textura, un color particular que envejece. En la pantalla no envejece nunca, en el libro sí. Y creo que abre otra gran pregunta a algo que me parece importante. Por un lado veo las ventajas, es bastante seductor llevar una biblioteca en el bolsillo. Lo creo muy interesante para una enciclopedia, para trabajar, para estudiar, para investigar, pero después... Es algo quizá más complicado para las generaciones venideras, no creo que los que estamos aquí tengamos ese problema, ¿qué es una librería virtual si no está el cuerpo del libro? Nosotros podemos jugar en paralelo y nos podemos beneficiar, pero la pregunta está en si desaparece el libro. Yo creo que no. 

Rubén(Errata Naturae): Lo que estabas comentando, Ariane, no es un libro electrónico, son documentos colgados en Internet. Para empezar, otra de las cuestiones que ha impulsado el libro electrónico es la creación de la tinta electrónica, que consiste en que puedes leer durante horas sin problemas de retroiluminación. Es decir, no tiene nada que ver con leer una pantalla de ordenador. El libro electrónico es un objeto amable parecido a un libro. Un PDF como el que tú dices lo puedes bajar de cualquier lado. Un PDF de un libro ya tiene la tipografía diseñada por el editor. Nosotros trabajamos con PDF cuando los mandamos a las imprentas, y ya está el libro maquetado, que es todo un trabajo. En realidad, los libros electrónicos tienen un potencial impresionante que todavía está por ver. Por ejemplo, te permite meter hipervínculos, el autor puede ejemplificar la cosa con un vídeo o con recursos multimedia. Hay un gran potencial. De momento van a convivir ambos, pero no tengo la capacidad de ver el futuro y saber si el papel va a desaparecer. Habrá que esperar. Por ejemplo, el vinilo renace, hay más vinilos en muchos grandes almacenes que CD. 

María Navarro(Miguel Gómez Editores): Hay una cuestión curiosa con eso, porque el vinilo y todos los soportes para la música han variado en muy pocos años, y el libro lleva cinco siglos siendo la misma cosa. El editor hace todo el diseño, pero es lo mismo. Un cambio tan vertiginoso, tan rápido, es un poco abismal. Ahora, pasar a tener la biblioteca, abre interrogantes. Lo cual no quiere decir que no sea interesante y seductor. Para el que está estudiando e investigando es una maravilla. Hay que estar por eso y apoyarlo, uno no se puede negar, hay que integrarse. Y las editoriales, las que estamos aquí, supongo que estamos por la labor. 

Ariane Husson: Ahora estamos pasando de un objeto material a otro inmaterial. ¿Cómo se abre un libro? ¿Cómo se cierra un libro? Ya es un fichero. Eso es muy raro. Hablabas de la biblioteca. Este verano tuve la tremenda experiencia de perder mis dos discos duros, tenía una base de datos y una gran cantidad de documentación. Al final no queda nada. Otra cosa es ver la biblioteca vacía en casa, sin libros. Esto me ha hecho reflexionar mucho sobre el tema de la digitalización y la inmaterialidad. 

Juan Pablo Díaz(Katz): Las distribuidoras digitales te venden una especie de seguro, de tal manera que si pierdes un archivo lo vas a poder recuperar durante un tiempo. 

No sé si conocéis en el mundo de la música Spotify. Se dieron cuenta de que el negocio era tener acceso a la música. La gente quiere tener ambas cosas, eso, los discos y los CD, al igual que una biblioteca y los libros electrónicos. Una cosa no quita la otra. 

María Navarro(Miguel Gómez Editores): Claro. Pero hay que tener en cuenta que si nos quedamos sólo con lo que la gente quiere nos podemos desorientar. Se trata de hacer una pregunta acerca de lo que conlleva esto, qué hay detrás de todo. Porque lo que ha comentado Ariane respecto a que pierde absolutamente toda su biblioteca del disco duro y rememora las baldas vacías de las estanterías, a mí me parece que eso es como cundo alguien pierde a alguien y tiene que enterrarlo de alguna manera. 

Rubén(Errata Naturae): Yo no estoy de acuerdo con esto de la inmaterialidad. No hay que olvidar que el libro electrónico tiene una materialidad importante. El libro electrónico va a vender porque es material. Otra cosa es que esa materialidad empiece a ser producida, no solamente por el editor, sino por otro agente, por otra empresa. Pero ojo, sigue siendo material. Y es muy importante esa materia y ese tacto. Ahora mismo estamos en pañales, pero por ejemplo esa fundita de cuero que llevan los libros electrónicos, por qué no podemos hacerla los editores, podemos crear una especie de merchandising para fidelizar clientes produciendo objetos paralelos. Es decir, sigue siendo una producción material. Cuando hablas de las tipografías, por ejemplo, sigue siendo muy rudimentario, por qué no va a poder ser. Hasta ahora, tecnológicamente no es posible. A lo mejor dentro de poco puedes elegir dentro de un catálogo muy importante de fuentes donde  leas la fuente que a ti te gusta. 

Intervención: Ya me hubiera gustado a mí traerme toda mi biblioteca desde la Argentina cuando me cambié de país. Ya me hubiera gustado tener todo eso en un soporte electrónico. 

Juan Pablo Díaz(Katz): El libro está cargado de una simbología muy importante. Cuando te oí hablar de los archivos, me ha hecho recordar que para una abuela que le cambiaran la lavadora o la nevera era una cosa terrible.  

María Navarro(Miguel Gómez Editores): Lo que pasa es que estamos hablando de lectura y de escritura y cómo publicar eso en un determinado soporte, no de un uso puramente práctico o mercantilista del asunto. Lo de la lavadora es interesante porque todos nos adaptamos y al principio había un rechazo. Pero con el tema del saber me parece que se juega en otro registro. 

Enrique Rivas: Quería hacer una pregunta muy elemental a partir de lo que se planteaba como convocatoria: el deseo del editor. ¿Dónde va a quedar el deseo del editor en la medida en que se profundice y universalice la cuestión de la publicación digital? Porque creo que el deseo del editor es fundamental. Se hablaba de que el editor tenía que ser un lector, yo creo que también tiene que ser un trasmisor de la cultura y del pensamiento. Me refiero a las editoriales que están comprometidas con la difusión de la cultura y del pensamiento. ¿A través de la pantalla se percibe de alguna manera, o se puede trasmitir un deseo de intervenir, de manera importante, en la cuestión de la trasmisión? Eso es lo que me hace dudar. ¿Qué va a ser del deseo del editor y de la función cultural e histórica y de intermediario trasmisor del pensamiento y de la cultura? ¿Qué va a ser de todo eso si llegamos a la cuestión de la digitalización? 

María Navarro(Miguel Gómez Editores): Es a mi criterio un tema importante, relacionando con el tema de que cada lector va a poder utilizar su fuente, y por tanto, cada lector va a crear su propio libro, que por un lado es estupendo. Hoy en día cualquiera puede hacer cualquier cosa, no necesariamente editar como trasmisión de la cultura y de un saber. Entonces, creo que eso conecta con algo que está surgiendo, es el tema de la homogeneización.

Alejandro del Río(Trotta): Yendo un poco más allá, hay toda una serie de problemas implicados aquí. La misma cuestión de la autoría. Porque el libro, idealmente, en esa unidad, mantiene también la unidad del autor. En el momento en que los textos proliferan, se cruzan, se mezclan unos con otros, el lector interviene, y esto es interactivo. No lo digo ni para bien ni para mal, lo digo como un motivo para cuestionar la misma noción de autoridad y de obra. El soporte libro ha podido mantener esa identificación. Y lo que comentas a mí también me preocupa. Yo soy consciente de estos problemas y trabajo con las realidades nuevas. Mi enfoque es que el editor aporta una singularización, es lo que hace que un autor elija una editorial. Es decir, hay una serie de elementos, a veces difícilmente se pueden poner en palabras, que constituyen la personalidad de lo que se llama sello editorial. Y es cierto que la tecnología permite una serie de procesos de uniformización y homgeneización donde quizá se pierda algo de esta ternura por las cosas que hace que uno ame sus libros, los reconozca. 

Rubén(Errata Naturae): Se abren otras vías. Puede ser que un editor pueda generar, no ya un contenido, sino un camino hacia un contenido digital videográfíco, etc. También genera una manera de trasmitir el conocimiento. Pero lo que tenemos que replantearnos es esa idea de que somos portadores de la Razón Ilustrada. ¿Somos a estas alturas portadores de la Razón Ilustrada? Eso está ya tan quebrado que habría que ver hasta qué punto no hay ya espacios de generación de cultura que no responden a esa idea de un lugar desde el cual hay una luz de ilustración que ilumina. La producción de libro digital hace que eso reviente por todos los lados, y demuestre que la cultura se genera desde muchos lugares, no desde este espacio único desde el cual se difunde hacia abajo. 

Por ejemplo, el modelo editorial que nosotros tenemos, probablemente hace diez o quince años era económicamente inviable, era muy difícil tener la posibilidad de montar una editorial con los recursos con los que se puede montar ahora. Eso sí me parece un cambio en el modelo editorial de muchos grandes grupos en los últimos años, pero también a nivel económico actualmente la tecnología nos permite montar una editorial con menos recursos. Y eso supone que se diversifica mucho el ámbito desde el cual es posible lanzarse al mercado y trasmitir una determinada cultura.

María Navarro(Miguel Gómez Editores): Estamos hablando desde el lado de los editores. Para los editores sería una ventaja, porque ahí el mediador, el distribuidor y el librero... 

Rubén(Errata Naturae): Respecto a lo de desaparecer o no el libro, por el momento no va a desaparecer.  

María Navarro(Miguel Gómez Editores): Yo comentaba, nosotros no lo vamos a ver, pero más adelante...

Rubén(Errata Naturae): Por otro lado hay que ser conscientes de que somos trasmisores de contenido y no de papel, aunque el papel es una parte importante, pero habrá maneras de aportar el libro electrónico ese tema. En los artículos que se leen últimamente los periódicos sobre la edición electrónica, veo los comentarios y en general la gente dice que se acabó una etapa y que a partir de ahora habrá un contacto directo entre autor y editor, cosa que ya había pasado años antes con el tema de la edición bajo demanda. 

Miguel Gómez: Creo que la situación actual es muy similar a la que se produjo con el invento de la imprenta. Gutemberg inventa la imprenta y sustituye el trabajo editorial que estaban haciendo los copistas. Inventa la imprenta lo cual permite democratizar, y que el producto llegue a más gente. Él empieza a componer una tipografía, la letra gótica que conocemos nosotros, sin embargo a los pocos años empiezan a surgir imprentas por toda Europa, en Italia se producen cosas bellísimas como la itálica de Aldo Manucio, es decir, hay una evolución terrible en todo ese proceso de la edición. Como decía María, durante años el libro no ha cambiado absolutamente en nada, si acaso el libro de bolsillo, el formato de lujo, pero no deja de ser papel, un soporte que se encuentra en esa encrucijada. Y por otro lado, son unos soportes que implican una labor editorial, una labor de diseño, unas limitaciones y unas ventajas. Apuntabas a los hipervínculos. Efectivamente, yo creo que el libro electrónico va por ahí. La verdadera fuerza que tiene es la capacidad de inmediatez, como pasa con Wikipedia, que nos va enlazando de unos lugares a otros a través de un texto editado, teniendo el mismo formato que el libro, pero con otra posibilidad que el libro tiene más limitada. Pienso en ediciones que contenían ilustraciones, caracteres chinos, ese tipo de cosas no permite que el autor cambie tipografía, o sí, eso se verá. Hoy día es difícil decir que no se puede hacer algo porque la técnica avanza de forma espeluznante. Por tanto, pienso que el libro digital va en paralelo, es cuestión de estudios de mercado, de los intereses de grandes grupos editoriales, está la cuestión del derecho de autor. Todos son parámetros que ahora mismo están en una encrucijada que en los próximos años darán frutos que espero sean provechosos como lo fue la imprenta en su tiempo.

Ariane Husson: Vuelvo sobre la diferencia entre el soporte y el contenido porque me llama mucho la atención que habléis ya de contenidos. Pero el contenido para una máquina. Y entonces, hay un cambio que se produce en el texto, no sólo en el plano de la edición sino también a nivel de lectura. Ya no tengo un acceso al soporte, no lo toco. 

También me pregunto es cómo va hacer un editor para seguir teniendo su personalidad, su marca en un libro.   

Alejandro del Río(Trotta): Yo lo que quiero confiar es que los editores iremos encontrando maneras de ir creando nuestros sellos en estos nuevos formatos. Y también quiero confiar que los autores van a preferir seguir siendo editados en determinados sellos, que simplemente autoeditándose de cualquier manera. Porque el problema también es formar parte de un catálogo, creo que es importante para un autor. Si yo fuera autor me sentiría más satisfecho de mi obra viéndola editada en una biblioteca, que no produciéndola yo mismo y haciéndola circular de cualquier manera. De todas formas, en tus intervenciones, con lo que no estaría de acuerdo Ariane, es con esa insistencia tuya en la inmaterialidad, porque de lo que estamos hablando es de sistemas de escritura y de lectura, y eso es pura idealidad, sea el soporte papel o pantalla. En ese sentido sigo creyendo que, aunque no sea soporte papel, eso sigue siendo libro. Además, la ley del libro actualmente en España define el libro así, no sólo como soporte papel. Luego, ciertamente, hay un campo de experiencia. Quién iba a suponer hace 20 años, lo que supone el correo electrónico para el trabajo de las editoriales, la relación con otras editoriales, con agentes, los ritmos de trabajo, todo eso ha requerido a lo largo del tiempo una cierta adaptación, yo pienso que con lo del libro digital va a ir sucediendo lo mismo. Pero en lo que quiero confiar es en que cada editorial pueda encontrar su personalidad también en esos soportes, puesto que al fin y al cabo es lo que ya hacemos con el papel. Y aunque es verdad que teconológicamente hay una menor posibilidad de singularización, sin embargo quiero pensar que la tarea del editor es ir buscando esa singularización de los contenidos.

Rubén(Errata Naturae): A mí me gustaría ver mi cubierta animada, es una manera de singularizar. A mí eso no me parece un problema. Yo creo que la marca del editor se puede hacer exactamente igual sobre un soporte que sobre otro. Incluso quizá con más posibilidades a lo mejor en un soporte digital. A mí hay libros que la prestancia externa me maravilla y yo no puedo hacerlo porque no tengo dinero. En cambio, a nivel digital se pueden hacer muchas cosas con menos dinero y generar una marca mucho más potente y creativa, sin disponer de tanto dinero. 

María Navarro(Miguel Gómez Editores): Hay algo que es interesante. Has hablado del movimiento, con lo cual ya ponemos la imagen, estamos en otro registro.

Rubén(Errata Naturae): En la imagen estamos desde que el libro se vende por la cubierta en un porcentaje muy alto. 

María Navarro(Miguel Gómez Editores): Ayer nos comentaban algo muy curioso un editor de Andalucía. Respecto a las portadas, era muy gracioso, el libro no se compra, le cambiamos la portada y se vende. Hay gente que compra el libro por las portadas. Pero el movimiento es distinto. Igual lo capté mal, pienso que querías introducir el movimiento. Eso introduce otra cuestión, la imagen. 

De todas formas, volviendo al tema de Ariane, me parece que lo recojo en un sentido. Hay algo que a mí me evoca la biblioteca virtual, mirando hacia adelante, si es que llega a suceder, esperemos que no, la biblioteca sólo virtual, se convierte en algo absolutamente al infinito, metonímico, que un sujeto que no tenga una posibilidad de poder dar un corte, me hace un interrogante ya no sólo desde la edición.

Luis Seguí:¿Qué tiene que ver esto con el poder y el uso de Internet?

Alejandro del Río (Trotta): Este fin de semana vi la película Fahrenheit 451 pero no he leído la novela. Es un tanto simplista la película, en la medida en que si bien ese poder no aparece más que a través de esos bomberos incendiarios, es cierto también que parece que hay una voluntad más o menos identificable. En cambio, el problema hoy en día está en que esos poderes no son tan claramente identificables. Lo que permite la película es que alguien rompa con eso y se vaya.

Luis Seguí: La película es anticipatoria, y la novela en primer lugar, en cuanto que las pantallas son omnipresentes y anticipan la informática y el ordenador como medio de control social.

Alejandro del Río(Trotta): Pero con una gran carencia, que esa pantalla no tiene texto. 

Luis Seguí: Si se queman los libros no hay que leer, tampoco en la pantalla. Es sólo la verbalización y la trasmisión oral, no hay texto escrito. Si la letra impresa es el soporte material que el discurso toma del lenguaje, no existe. 

Alejandro del Río(Trotta): En al película hay una cierta falacia, porque el texto no se puede memorizar como escritura. La memoria recrea permanentemente. Es una solución falaz. 

Luis Seguí: La imagen es bonita, los ancianos recitando para que los niños memoricen los textos clásicos. Es bonito independientemente de la verosimilitud. 

Alejandro del Río(Trotta): Es el problema que plantea Platón en el Fedro, el origen de la escritura, aunque es uno de los primeros que escribe. Es la ironía de Platón, rechaza la escritura porque dice que un libro no se puede defender a sí mismo, no es algo que se preste a la interrogación y por tanto a la búsqueda de la verdad. Ahí se establece un régimen de la verdad distinto. En ese sentido, la ciencia ficción de Bradbury no está bien orientada, porque quiere prescindir del texto cuando realmente el problema continúa, además con la proliferación actual en Internet. El texto escrito puede ser una herramienta del poder mucho mayor que la palabra. Pero lo que sí pienso es que hoy en día los regímenes de lo poderoso y de lo no poderoso, están difuminados de otra manera, no se pueden identificar tan fácilmente. 

Luis Seguí: Sin duda el texto de Bradbury, y en relación a la película en concreto, cronológicamente ha habido una revolución tecnológica de tal magnitud que nos parece muy candorosa. Pero en algún aspecto fue anticipatoria. Independientemente de la  verosimilitud de la trasmisión oral de los textos, ahí hay una metáfora sobre el poder y sobre el control de la población, no pensar, es como ahora la homogenización del consumo y de los goces, está de alguna manera anticipada. 

Rubén(Errata Naturae): Yo creo que el no pensar de hoy en día creo que ocurre por proliferación de los textos. Es una de las maneras en que sucede. Desde el momento en que cualquiera se siente productor de textos y se siente autor para producir textos, ahí hay un problema. Es una proliferación escrita. 

Juan Pablo Díaz(Katz): Es un riesgo, por ejemplo, cuando alumnos de instituto o de principio de carrera consideran veraz la información que reciben desde Internet donde no ha habido un determinado filtro. Actualmente hay una serie de filtros y de criterios. Y cuando estás estudiando a Foucault y lo que estás leyendo son artículos publicados en Internet, ahí no se ha incorporado ningún tipo de filtros, o sí, pero en otros casos no, con lo cual estás asumiendo información que no tiene por que ser tan contrastada como en el caso de una edición tradicional de esos textos. En ese sentido sí entiendo que podemos hablar de peligros.  

Joaquín Caretti: Es peligroso ese pensamiento. Porque esto me hace recordar un libro de Jacques Rancière, El odio a la democracia. Plantea que la democracia es que cualquiera puede gobernar. Por ejemplo, el primer ministro español debería ser elegido por sorteo. Los diputados igual. Desaparecerían los partidos políticos y cualquiera puede gobernar. Evidentemente, hay filtros, se generan los partidos, hay elecciones, porque dice Rancière que hay un miedo a que la democratización del mundo lleva a eso. Si todos somos seres humanos por qué no podría ser así. ¿Por qué hacen falta filtros? Ese es el debate. Porque por una parte es fantástico que todo el mundo pueda escribir y expresarse. El tema es cómo hace el sujeto para poder seleccionar aquello que más interese.  

Rubén(Errata Naturae): Eligiendo buenos filtros. Yo soy un defensor a ultranza de los filtros y no me gustaría vivir en un mundo sin filtros, porque un mundo sin filtros es una especie de avalancha de información indefinida.

Joaquín Caretti: Desde el campo del psicoanálisis eso lo leemos como un mundo sin ley, sin mediación, sin castración, sin Nombre del Padre, donde se produciría una invasión de goce. Pero es hacia lo que vamos, es donde estamos, en un mundo donde los filtros y las mediaciones, las figuras que pueden hacer una selección, y que uno les supone un saber, por ejemplo, la editorial Trotta publica buenos libros, etc., o la editorial tal de Málaga, uno lo mira con atención, y eso tiende a desaparecer, o hay una impulsión hacia eso. 

Rubén(Errata Naturae): Yo creo que el sujeto se mantiene, lo que ocurre es que hay muchos más espacios donde no existen esos filtros. Yo creo que esos filtros se mantienen exactamente iguales y creo que en general las personas que hacen uso de esos filtros se mantienen también. Lo que pasa es que hay muchos más espacios donde creo que esos filtros no operan, por ejemplo, en términos pedagógicos, y ahí hay un peligro importante. Si no se hace una trasmisión de la importancia de esos filtros, es un peligro. 

Joaquín Caretti: ¿Internet tiene filtros?

Miguel Gómez: Lo que se evidencia no es que Internet no tenga filtros, sino que los filtros que tenemos no sirven. Si un chico entra en Wikipedia para estudiar a Foucault como le viene en gana y no hay nadie en el sistema educativo que filtre eso, entonces el problema no es Internet, que los filtros que ya existen son independientes de Internet.

Rubén(Errata Naturae): Por supuesto que Internet tiene filtros. Hay espacios de difusión, ya sean revistas electrónicas, blogs incluso, que son filtros y son buenos filtros. Lo que pasa es que hay tener una formación también para llegar a esos filtros. Y eso es lo que en principio para mí sería la función pedagógica de determinadas instituciones. O al menos un cambio de función importante en el panorama que estamos hoy. Enseñarnos a filtrar Internet. Eso debería de ser fundamental para cualquier persona que llega con 14 años al instituto, que aprenda a filtrar Internet. Hay que pensar algo. Yo pienso que pensar sin tener un objeto me parece complicado. Yo creo que Internet permite pensar, un libro permite pensar, un paisaje permite pensar, pero siempre pensamos a partir de algo. Si aprendemos a pensar con Internet, que es imprescindible, hay muchas más posibilidades de generar un buen pensamiento. Si rechazamos Internet y nos limitamos a los filtros tradicionales, nos estaremos perdiendo gran parte de la producción cultural contemporánea. 

Miguel Gómez:Yo estoy diciendo que no criminalicemos Internet. El problema es cómo se administra la información y qué tipo de sistema o cómo actúa el poder frente a eso. Estamos hablando de educación, no estamos hablando de Internet. (No se oye el resto de la intervención) 

Rubén(Errata Naturae): Igual que en principio yo pienso que es la labor de un profesor enseñar a usar una biblioteca por ejemplo. Hay muchos adultos que no saben usar una biblioteca. Al fin y al cabo Internet es una biblioteca enorme, diversificada, mucho más mutante, pero trata de eso, de aprender a recabar información, usarla con criterio y a generar información nueva. Y si eso no se hace en relación a una herramienta específica como es Internet, estamos perdidos. 

Luis Seguí: Lo que comentaba Joaquín sobre Rancière me remite a una parte de la utopía militarista marxista. Hubo un planteo del paso del comunismo que hace Marx y luego lo retoma Lenin, que el gobierno de las personas va a ser sustituido por la administración de las cosas. Ya no se trata del problema de quién ejerce el poder, porque se va a tratar de la administración de las cosas. Por lo tanto, cualquiera puede ocupar el lugar, incluso el delirante que escribe a Miguel Gómez y le manda esas propuestas. Por sorteo o porque se propone, y otros delirantes como mayoría social lo eligen. Eso creo que no se va a permitir, el discurso del amo y el discurso capitalista no van a permitir que suceda semejante cosa. La estratificación social es muy consistente.

Joaquín Caretti: Pero Internet lo que sí permite es que cada cual publique su producción. En ese sentido lo digo. Luego vendrá la selección, el filtro que cada uno proponga porque se lo enseñaron, porque aprendió, porque piensa, pero sí que permite Internet, que cada cual haga su blog y escriba lo que piensa del mundo. Y cada uno que lo lea pensará lo que quiera, que no vale para nada, o se enganchará a él. Eso no pasaba hasta ahora. Esa especie de magia que cada cual por el poco dinero que vale un ordenador, puede publicar su pensamiento.

Luis Seguí: En una sociedad democrática sí. En una sociedad totalitaria eso no es así. Un poder totalitario puede cercenar en gran medida las posibilidades de participación democráticas. 

Bien, después de dos horas de conversación, creo que hemos tenido un buen debate, y agradezco mucho a todos los editores su presencia lo mismo que al público. Y creo que este experimento ha sido muy fructífero, los componentes del equipo de la Biblioteca estamos encantados de haber hecho esta tarea de extensión que haga conocer a la Escuela en la ciudad, y que los de fuera nos conozcan.  

Muchas gracias a todos.

 

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Primer encuentro del ciclo "Sujeto y Comunidad"

Miércoles, 27 Marzo 2013 11:10

SUJETO Y COMUNIDAD: ESCENARIOS ACTUALES DE UNA ENCRUCIJADA    RESEÑA DEL 1 er ENCUENTRO: “COMUNIDAD Y SEGREGACIÓN”  por Esperanza Molleda ...

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Ciclo BOLM: Sujeto y Comunidad.

Miércoles, 6 Marzo 2013 9:54

CICLO DE CONFERENCIAS   SUJETO Y COMUNIDAD: ESCENARIOS ACTUALES DE UNA ENCRUCIJADA     C/ Gran Vía, 60, 2º Izda 20,00 horas ENTRADA LIBRE   Despu...

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Segundo Encuentro "Formas del Mal en el Siglo XXI"

Jueves, 31 Mayo 2012 11:47

Entre la Exaltación y el Horror; Figuras Femeninas del Mal Ponentes: Belén Gache y Beatriz García Modera: Alberto Estévez Bienvenidos al segundo encuentro d...

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Primer encuentro del ciclo "Formas del Mal en el Siglo XXI"

Viernes, 9 Marzo 2012 12:01

Ciclo Noches de la Biblioteca de Orientación Lacaniana de Madrid - Del Alma al Inconsciente - Ponentes: Ramón del Castillo y Margarita Álvarez Coordina: Mari...

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Se inicia un Nuevo Ciclo de las Noches de la Biblioteca

Jueves, 23 Febrero 2012 16:55

 Noches de la Biblioteca Formas del mal en el siglo XXI Primer encuentro Del alma al inconsciente Miércoles, 29 de Febrero, 20.30 hrs.   La Bol...

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Las pasiones biologizantes del Siglo XXI. Psicoanálisis y Biopolítica III

Sábado, 2 Julio 2011 8:09

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El psicoanálisis y los discursos del poder II

Jueves, 30 Junio 2011 14:21

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El psicoanálisis y los discursos del poder I

Sábado, 25 Junio 2011 8:19

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Las pasiones biologizantes del Siglo XXI. Psicoanálisis y Biopolítica II

Miércoles, 22 Junio 2011 13:57

  Segundo encuentro del espacio Noches de la Biblioteca, celebrado el día 4 de Mayo de 2011, coordinado por Alberto Estévez y con la participación de la f...

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Las pasiones biologizantes del Siglo XXI. Psicoanálisis y Biopolítica I

Sábado, 18 Junio 2011 11:28

Primera reunión del espacio Noches de la Biblioteca celebrada el día 13-Abril-2011, coordinada por  Marisa Álvarez y con las intervenciones del filóso...

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