13 de noviembre
Primer encuentro del ciclo "Sujeto y Comunidad"

SUJETO Y COMUNIDAD: ESCENARIOS ACTUALES DE UNA ENCRUCIJADA

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 RESEÑA DEL 1 er ENCUENTRO: “COMUNIDAD Y SEGREGACIÓN”  por Esperanza Molleda

 

El 13 de marzo tuvo lugar el primer encuentro del ciclo organizado por la Biblioteca de Orientación Lacaniana de Madrid “Sujeto y Comunidad: Escenarios actuales de una encrucijada”. Este ciclo tomará como eje de sus distintos encuentros  la compleja relación del sujeto con la comunidad en la que está inserto. Participaron en este primer encuentro coordinado por Esperanza Molleda, directora de la BOLM: Luis Enrique Alonso Benito, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid y Graciela Sobral, psicoanalista y directora de la sede de Madrid de la ELP.

 

En la presentación Esperanza Molleda, expuso como para el psicoanálisis no hay comunidad entre los individuos que no esté basada en la segregación, en la separación del extraño, de aquel que representa lo que repele el ideal de la comunidad; aunque, en una vuelta más, el psicoanálisis permite ubicar dentro de nosotros mismos esa diferencia que rechazamos. Así  parte del conflicto social entre comunidades antagonistas tiene que ver con el rechazo del propio goce ignoto en uno mismo. El psicoanálisis como praxis obliga a delimitar y llegar a reconocer el propio goce odiado de manera que esta destilación del propio goce tiene consecuencias no sólo para uno, sino para su relación con los goces extraños de los otros, para el lazo social.

 

2013-03-13_20.23.041Graciela Sobral destacó tres aportaciones fundamentales para pensar de otra manera la comunidad y la segregación desde el psicoanálisis. Partió de la cita de Lacan en el Seminario 20: “La revolución copernicana no es para nada una revolución”. Sobral explicó cómo la revolución no implica un cambio en la medida que mantiene siempre el culto al “centro”, a  un amo y, por tanto, la revolución solo implica un cambio de amo, no un cambio de orden. Lo verdaderamente subversivo es el cuestionamiento de la idea de centro y la posibilidad de pensar desde esta perspectiva las cuestiones sociales. También tomó el  libro “Soledad: común” de Jorge Alemán para incidir en la necesidad de pensar lo social teniendo en cuenta la singularidad siempre sintomática de la subjetividad de cada uno que obliga a introducir en el campo del pensamiento y de la acción política cuestiones como la incidencia traumática del lenguaje sobre el cuerpo, el goce, lo imposible, la falta de garantías, lo contingente, el no saber y sus consecuencias para el lazo social. Por último, presentó la idea de “no-todo”, introducida por Lacan en sus indagaciones sobre lo femenino, como alternativa para separarse de un discurso que, al tener el “todo” como brújula, no puede más que tender a la universalización del “para todos lo mismo” y  no puede más que segregar aquello que no sea totalizable.

 

Por su parte, Luis Enrique Alonso, desde la sociología, empezó haciendo un recorrido por distintas aportaciones sobre la idea de comunidad. Partió de Tönnies para el que la  contraposición entre comunidad, basada en los vínculos de proximidad del sujeto, y  sociedad, basada en el interés, implicaba una idealización de lo comunitario. Expuso la posición de Durkheim que introduce un nuevo matiz al hablar de solidaridad mecánica que sería aquella que surge de la convivencia, de la identidad, de los ritos compartidos, y de solidaridad orgánica que sería aquella que surge al tener un objetivo común y que permite la aparición de instituciones. Para este autor sería más positivo un vínculo del segundo tipo puesto que no implica para el sujeto una dinámica tan sacrificial frente al grupo, ya que el lugar del sujeto en la institución se guiaría por la norma. A partir de esta propuesta durkheimiana aparece la idea de comunidad de ciudadanos, idea que desarrolla criticamente la socióloga Dominique Schnapper al destapar el caracter segregatorio de la condición de ciudadano siempre ligado a una nacionalidad, a la propiedad o a la capacidad de consumo.

 

Para Alonso, el estado de bienestar se puede entender como una excepción histórica por la que apostó Europa en su reconstrucción tras la 2ª Guerra Mundial como alternativa al peligro que significaba para el capitalismo el comunismo de los países del Este. Una vez desaparecida esta amenaza, Europa ha desistido de la regulación de los excesos del capitalismo. Eclosiona entonces  “la crisis” con su carácter exclusógeno rompiendo la fantasía de una comunidad reconciliada. Esta crisis es leida desde el neoliberarlismo como un error de cálculo, un fracaso cognitivo debido a malos ajustes informativos que tiene efectos colaterales inevitables en la población, aunque no en las elites. Pero, Alonso subrayó que no se puede obviar el carácter de la crisis como violencia simbólica ejercida desde el poder, según la idea de Bordieau, para imponer de nuevo la lógica sacrificial en la comunidad de los ciudadanos.


El encuentro terminó con una animada conversación de los asistentes acerca de estas cuestiones.

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