14 de noviembre

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El miércoles 30 de Noviembre, la Biblioteca de Orientación Lacaniana de Madrid (BOLM) presentó el libro de Miquel Bassols titulado “Lecturas de la Página en Blanco. La Letra y el Objeto” editado por Miguel Gómez Ediciones; el acto contó con la presencia del autor de la obra acompañado en la mesa por las psicoanalistas Dolores Castrillo y Miriam Chorne.

Confrontar al sujeto frente a la página en blanco es una cuestión ética y también política. Con estas palabras comenzó su introducción Miguel Ángel Alonso, miembro de la BOLM y encargado de coordinar el espacio. Ética, en la medida que se plantea como fundamento del sujeto, la página en blanco de su inconsciente es el texto más singular de cada uno. Política en cuanto a la discrepancia del psicoanálisis con el cientificismo biológico, expresada en este “no todo está escrito”, frente al texto absoluto que escriben genes y neuronas; discrepancia captada finalmente en un esfuerzo por entender al sujeto, opuesto al empuje por forcluirlo, y finalmente, animalizarlo.

Desde su título, resulta ser un texto profundo que acoge la paradoja: ¿puede leerse la página en blanco?, declinando además sus efectos de verdad por ser sujetos del lenguaje, por tanto, respondemos que no sólo puede leerse, la página en blanco contiene una sobresaliente potencia.

Dolores Castrillo comenzó relatando un sueño acaecido mientras preparaba su intervención para esta presentación, un sueño de página en blanco, e hizo una traducción de ésta como el objeto invisible que la clínica detecta en algo sin nombre ni representación posible, y por ello, fuente de angustia; agujero en la red de las palabras y del saber. Es una presencia real la de este no saber en cada uno, si se prefiere, la experiencia del inconsciente de cada sujeto, de la que podríamos leer siguiendo la ordenación que nos ofrece la lógica a través de lo contingente (angustia), lo posible (escritura y asociación libre), lo imposible (lo real, el vacío) y lo necesario (página en blanco como signo entre signos, letra necesaria para que las otras se hagan posibles, legibles).

Subrayó la apuesta ética del libro: la página en blanco se muestra irreductible y escapa a todo determinismo científico, y también su apuesta por una política del no-todo que descompleta al Otro del Poder, del Ideal, incluso al Otro de los mercados, parafraseando estos tiempos económicos inciertos, y se detuvo especialmente en las cuestiones sobre arte y literatura en las que el libro se adentra.

En primer lugar, el cuadro de Malevich, “Blanco sobre blanco” del que aventuró una interpretación desde el ideal platónico más que desde el real lacaniano; sea como fuere, extrajo la diferencia con la escritura barroca de Macedonio Fernández con su característico “horror vacui” patente en su estilo y forma de escribir, aún a sabiendas de que la página en blanco es la página que necesariamente se escribe entre las palabras y las letras, Macedonio busca expresar la página en blanco no tan directamente como Malevich, trata de expresar con palabras el silencio, y la paradoja le permite hacer coexistir a los contrarios, así, sentido y sinsentido quedan relacionados intrínsecamente, vicisitud de la página en blanco, en la que el sentido del lenguaje se agujerea hasta desaparecer tornándose sinsentido y haciendo resonar así lo más real de la lengua.

“Un objeto tan invisible como silencioso atraviesa -¿desde cuándo?- el ser” es la cita que elige Miriam Chorne del libro para manifestar su creencia personal en el carácter decisivo que poseen las primeras palabras de un libro. La página en blanco es el operador que permite a Bassols cernir el lugar de la ausencia de objeto.

La pintura testimonia que el arte puede tratar su propio vacío como objeto, la literatura sería una forma privilegiada de hacer presente al sujeto del deseo. El cuento de Isak Dinesen, que dio título al libro, sirve al autor para reflexionar sobre la feminidad y la letra, como alteridad la primera, como escritura que viene al lugar del silencio, de la que nada puede decirse,  la segunda.

Tras detenerse en algunos capítulos que reclamaron especialmente su atención, alguno evocador de anécdotas personales, Miriam Chorne volvió al inicio, en concreto al capítulo titulado “Quedarse en blanco” para ofrecer al autor un ejemplo de la actualidad política, de “quedarse – entre la indeterminación y la angustia – en blanco”; se trata de lo sucedido pocos días antes de esta presentación a Rick Perry, candidato de las primarias republicanas de EEUU. Perry, gobernador de Tejas, bien situado en la contienda, hablaba en un debate televisado entre candidatos, de las tres agencias gubernamentales que suprimiría si saliera elegido, y tras nombrar dos de ellas, no consiguió recordar la tercera pese a sus denodados esfuerzos. Al día siguiente muchos analistas daban por muertas las aspiraciones de Perry respecto de su deseo de convertirse en el candidato republicano a la presidencia. Quedarse en blanco fue, dijo Miriam, lo más significativo de su discurso, la letra que se dio a leer.

Quedarse en blanco en una experiencia subjetiva que sólo tiene sentido en el mundo del lenguaje, en el orden simbólico, por ello Bassols define el inconsciente como página en blanco, porque el inconsciente es vacío, el de la estructura del lenguaje que hace posible palabra y escritura.

Miquel Bassols se mostró muy agradecido por lo que calificó lecturas tan atentas del texto, y el verdadero homenaje lo encontró en las anécdotas personales, los sueños y recuerdos que el libro produjo en los ponentes, un libro que no pertenece a ninguna disciplina en concreto, lo cual pone en apuros a los propios libreros que no saben dónde situarlo, objeto a, página en blanco que no se deja atrapar.

Encantado por la “clínica diferencial” que Dolores Castrillo realizó entre Malevich y Macedonio, retomó también las palabras de Miriam Chorne sobre Valente para rescatar a este escritor de la página en blanco por excelencia, y citó la interesante anécdota sobre el cuento de Dinesen en el que la contadora es analfabeta, no sabe escribir: no es necesario saber escribir gráficamente para escribir. Calificó de buen signo que la prensa hoy ya no maquille los lapsus políticos, ya que la página en blanco puede decir mucho más que, como decía Valéry, las palabras gastadas de la tribu.

La sala tomó la palabra animadamente, para interrogar a Bassols sobre la función de la página en blanco en el dominio de la psicosis, que él interpretó en términos de fobia a lo blanco, expresada en la tinta que invade todos los espacios a modo de forclusión de esta página, o en el dominio de Internet, donde la metonimia infinita no la deja existir, un demasiado lleno que  hace pensar en un efecto de forclusión generalizada.

El interés que el libro suscitó aún dio para pensar otros registros de la página en blanco; el cuerpo, en el que las zonas erógenas, explicó Bassols, que ordenaron el cuerpo para el propio Freud, quedan como páginas en blanco irreductibles; por otra parte, pensar la página en blanco más allá del arte moderno, en el arte clásico, permitió al autor bromear con la elaboración de un segundo volumen, y Dolores Castrillo para el caso de la pintura representativa clásica frente a la crudeza figurativa del arte moderno, apostó por la presencia de la página en blanco en la propia representación, tras el velo de la belleza habría otra cosa.

Y todavía hubo tiempo para citar la literatura del absurdo de Kafka, Las Meninas, o el recorte de lo blanco en la obra de Chillida; la marca como letra, dar a leer, el momento del desarrollo del niño en el que aparece la certeza paranoica que sabe que ahí, eso, dice algo; todas fueron cuestiones que cerraron, con los agradecimientos del coordinador al autor,  a la mesa y a  la asistencia, esta presentación que resultó de altísimo atractivo para una sala muy concurrida.

Alberto Estévez

 

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