22 de octubre
Presentación del espacio de Carteles en la ELP Madrid

En 1964 Jacques Lacan funda la Escuela Francesa de Psicoanálisis y, en el mismo acto, propone y privilegia el cartel como modalidad de trabajo de escuela.

La singularidad del cartel quedó establecida en los puntos en que se describe en su Acta de Fundación.

Así mismo en 1980 en “Decolage”, y a favor de la Causa Freudiana, restauró y  afinó su formalización, como órgano de base y como acceso del compromiso en la Escuela:

-“Cuatro se escogen para proseguir un trabajo que debe tener su producto. Producto propio de cada uno y no colectivo”.

-“La conjunción de los cuatro se hace en torno a un Más-Uno, que si bien es cualquiera, debe ser alguien. Está a su cargo velar por los efectos internos de la empresa y provocar su elaboración”.

-“Para prevenir el efecto de cola, debe hacerse permutación en el termino fijado de un año, dos máximo”.

-“No hay que esperar ningún progreso, a no ser el de poner a cielo abierto periódicamente tanto los resultados como las crisis del trabajo”.

Para participar en un cartel no es preciso ser miembro de la Escuela. Puede participar cualquiera que desee comprometerse en esta experiencia de trabajo y formación, propias de Escuela, en relación a un tema de su interés particular.

Lo que opera en el interior de la experiencia es la “transferencia de trabajo” en torno al tema de interés común.

La participación supone una cierta posición subjetiva frente al saber y la ignorancia que posibilita el progreso.

Para mayor información dirigirse a la dirección de la página Web de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano en España:

http://wwwelp-debates.com/orienta-carteles.html.

También pueden dirigirse a Blanca Medina de Toro, responsable de Carteles en la Sede de Madrid de la ELP.  Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla

 

COMO SE INSCRIBE UN CARTEL

“Adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo” Jacques Lacan, Acta de Fundación de la EFP, 1964

El Cartel es un grupo de trabajo. Se entra al Cartel por un interés en un tema. Se eligen cuatro para hacer un trabajo que debe obtener un producto propio y no colectivo.

Los cuatro se reúnen en torno a un Más-Uno que “si bien es cualquiera, debe ser alguien” y que será el encargado de provocar la elaboración.

Terminado el trabajo, el Más-Uno se ocupa de la selección, discusión y el destino que se reservará al trabajo de cada uno.

Luego se disuelve el cartel y permutan sus integrantes.

En un Cartel puede participar cualquier persona que quiera trabajar en un tema que le convoque. Participan miembros y  socios de la Escuela, inscritos en el Instituto del Campo Freudiano y cualquier persona que manifieste su deseo de participar.

Los Carteles se inscriben en la Escuela. Para inscribirlos dirigirse a Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla aportando los siguientes datos:

Título del Cartel; Nombres de los cartelizantes y del Mas-Uno; Tema de cada uno; Fecha de constitución.

El “Busca-Cartel” facilita el encuentro entre personas interesadas en formar un nuevo Cartel. Para ello pueden dirigirse a Blanca Medina Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla indicando el título del Cartel de su interés, su nombre y correo electrónico y cualquier otra particularidad que consideren.

La lista de títulos e interesados se colocará en los tablones de anuncios de nuestra Sede.

También existe la posibilidad de Busca-Cartel entre otras Sedes de la ELP. Liana Velado, responsable de Carteles en el Consejo de la Escuela, los hará circular por la red

Cartel Express es el boletín que recoge el catalogo de los Carteles en funcionamiento, su actualidad, breves aportaciones teóricas y reseñas puntuales.

Para cualquier información pueden dirigirse a la Comisión del Cartel de la Sede de Madrid de la ELP

Comisión: Ana Ramírez,Elena Catania, Blanca Medina (responsable), Mercedes Villen

"Acto de Fundación"
21 de junio de 1964
Jacques Lacan

Fundo-tan solo como siempre he estado en mi relación con la causa psicoanalítica- la Escuela Francesa de Psicoanálisis, cuya dirección ejerceré, personalmente, durante los cuatro años venideros, pues nada en el presente me impide responder por ella.
Es mi intención que este título represente al organismo en el que debe cumplirse un trabajo-que en el campo que Freud abrió, restaure el filo cortante de su verdad- que vuelva a conducir a la praxis original que él instituyó con el nombre de psicoanálisis al deber que le toca en nuestro mundo- que, mediante una crítica asidua, denuncie sus desviaciones y sus compromisos que amortiguan su progreso al degradar su empleo.
Este objetivo de trabajo es indisoluble de una formación que ha de dispensarse en ese movimiento de reconquista. Es decir que están habilitados para ella de pleno derecho aquellos a quienes yo mismo formé y están invitados todos quienes puedan contribuir a poner a prueba lo bien fundado de esta formación.
Quienes acudan a esta Escuela se comprometerán a desempeñar una tarea sometida a un control interno y externo. A cambio, pueden contar con que nada será escatimado para que todo cuanto hagan de válido tenga la repercusión que merece y en el lugar que convenga.
Para la ejecución del trabajo, adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo. Cada uno de ellos (tenemos un nombre para designar a estos grupos) se compondrá de tres personas como mínimo, de cinco como máximo, cuatro es la justa medida, MAS UNA encargada de la selección, la discusión y el destino que se reservará al trabajo de cada uno.
Tras cierto tiempo de funcionamiento, se propondrá a los elementos de un grupo permutarse en otro.
La labor de dirección no constituirá un cacicazgo cuyo servicio una vez prestado se capitalizaría para el acceso a un grado superior y nadie se considerará retrogradado por volver al rango de un trabajo de base.
Por la razón de que toda empresa personal reinstalará a su autor en las condiciones de crítica y control bajo las que todo trabajo continuo estará sometido en la Escuela.
Esto no implica en modo alguno una jerarquía cabeza abajo, sino una organización circular cuyo funcionamiento, fácil de programar, se afianzará con la experiencia.
Constituiremos tres secciones, cuya marcha atenderé con dos colaboradores que me secundarán en cada una.
1. Sección de psicoanálisis puro, o sea praxis y doctrina del psicoanálisis propiamente dicho, el cual es y no es más que -lo que se establecerá en su oportunidad- el psicoanálisis didáctico.
Los problemas de urgente planteo acerca de todos los desenlaces del didáctico podrán abrirse aquí la senda mediante una confrontación sostenida entre personas con experiencia del didáctico y candidatos en formación. Fundándose su razón de ser en lo que no se debe velar: esto es, la necesidad que resulta de las exigencias profesionales cada vez que estas llevan al analista en formación a asumir una responsabilidad por muy poco analítica que ésta sea.
En el interior de este problema, y como un caso particular, debe situarse la entrada en control. Preludio para definir este caso según criterios que sean diferentes de la impresión de todos y del prejuicio de cada uno. Pues se sabe que esta es actualmente su única ley, mientras que la violación de la regla implicada en la observancia de sus formas es permanente.
Desde el comienzo y en todos los casos, un control calificado se asegurará en este marco al practicante que esté realizando su formación en nuestra Escuela.
Serán propuestos al estudio así instaurado los rasgos por los que yo mismo rompo con los estándares afirmados en la práctica didáctica, así como los efectos que se imputan a mi enseñanza sobre el curso de mis análisis cuando se da el caso en que, a título de alumnos, mis analizados asisten a ella.
Se incluirá, si es preciso, los únicos impasses a ser tenidos en cuenta de mi posición en una Escuela como ésta, a saber, los que la inducción misma a que apunta mi enseñanza, engendraría en su trabajo.
Estos estudios, cuyo aspecto saliente es el cuestionamiento de la rutina establecida, serán recopilados por el directorio de la sección que velara por las vías más propicias para sostener los efectos de su solicitación.
Tres subsecciones:
-doctrina del psicoanálisis puro,
-crítica interna de su praxis como formación,
-control de los psicoanalistas en formación
Establezco finalmente como principio de doctrina que esta sección, la primera, como también aquella cuyo destino formularé en el título 3, no se detendrá para su reclutamiento en la calificación médica, al no ser en sí mismo el psicoanálisis puro una técnica terapéutica.
2 . Sección de psicoanálisis aplicado, lo que quiere decir de terapeútica y de clínica médica.
Serán admitidos en ella grupos médicos, estén compuestos o no de sujetos psicoanalizados, por poco que se hallen en condiciones de contribuir a la experiencia psicoanalítica, mediante la crítica de sus indicaciones en sus resultados,- por la puesta a prueba de los términos categóricos y de las estructuras que en ellos introduje como sustentos de la recta línea de la praxis freudiana,- esto en el exámen clínico, en las definiciones nosográficas, en la posición misma de los proyectos terapéuticos.
También aquí, tres subsecciones:
- doctrina de la cura y de sus variaciones,
- casuística,
- información psiquiátrica médica y prospección médica.
Un directorio que autentifique cada trabajo como de la escuela y cuya composición excluya todo compromiso preconcebido.

3.Sección de recensión del campo freudiano.
Atenderá primeramente el informe y la censura crítica de todo cuanto ofrezcan en este campo las publicaciones que se pretenden autorizadas en él.
Se dedicará a poner en claro los principios por los que la praxis analítica debe recibir en la ciencia su estatuto. Estatuto que, por más particular que deba, finalmente, reconocérsele, no podría ser el de una experiencia inefable.
Convocará, por último, a instituir nuestra experiencia así como a comunicarle, aquello que del estructuralismo instaurado en ciertas ciencias puede aclarar aquél cuya función demostré en la nuestra, -en sentido inverso, aquello que de nuestra subjetivación estas mismas ciencias pueden recibir como inspiración complementaria.
En el límite, se requiere una praxis de la teoría sin la cual el orden de afinidades que trazan las ciencias que llamamos conjeturales, quedará a merced de esa deriva política que se empina en la ilusión de un condicionamiento universal. Nuevamente, pues, tres subsecciones:
- comentario continuo del movimiento psicoanalítico,
- articulación con las ciencias afines,
- ética del psicoanálisis, que es la praxis de su teoría.
Los fondos financieros constituidos primero por la contribución de los miembros de la Escuela, por las subvenciones que ésta obtendrá eventualmente, y aún por los servicios que prestará como Escuela, estarán enteramente destinados a su esfuerzo de publicación.
En primera fila, un anuario reunirá los títulos y el resumen de los trabajos, cualquiera que sea el medio en que se hayan publicado, de la Escuela, anuario donde figurarán a su simple petición todos quienes hayan colaborado con ella.
Se adherirá a la Escuela presentándose a ésta en un grupo de trabajo constituido como hemos dicho.
La admisión al comienzo será decidida por mí mismo sin que yo tenga en cuenta las posiciones tomadas por quienquiera en el pasado respecto de mi persona, seguro como estoy de que quienes me dejaron, no soy yo quien está resentido con ellos, sino que son ellos quienes estarán cada vez más resentidos por no poder retractarse.
Mi respuesta, por lo demás, apuntará tan solo a lo que pueda yo presumir o constatar según méritos acerca del valor del grupo y del lugar que éste pretenda ocupar primeramente.
La organización de la Escuela, conforme el principio de rotación que he indicado, será fijada por una comisión aprobada por una primera asamblea plenaria que se reunirá dentro de un año. Esta comisión la elaborará según la experiencia recorrida al vencer el segundo año, cuando una segunda asamblea tendrá que aprobarla.
No es necesario que las adhesiones abarquen el conjunto de este plan para que funcione. No necesito una lista numerosa, sino trabajadores decididos, como ya lo sabía de antemano.
NOTA ADJUNTA
Este acta de fundación considera nulos simples hábitos. Pareció sin embargo dejar abiertas ciertas preguntas a quienes estos hábitos rigen todavía.
Una guía para el usurario, de siete títulos, da aquí las respuestas más solicitadas, -a partir de ellas se supondrán las preguntas que ellas disipan.

1.Del didacta
Un psicoanalista es didacta, por haber hecho uno o varios psicoanálisis que han demostrado ser didácticos.
Se trata de una habilitación de hecho, que siempre se produjo así en realidad y que sólo depende de un anuario que ratifica hechos, sin siquiera pretenderse exhaustivo.
Se hace caducar el uso del consentimiento de los pares por haber permitido la muy reciente introducción de lo que se llama "la lista", desde el momento en que una sociedad pudo utilizarla para fines que desconocen de la manera más patente las condiciones mismas del análisis a emprender tanto como del análisis en curso.
Condiciones entre las cuales la esencial es que el analizado sea libre de elegir a su analista.

2. De la candidatura a la Escuela
Una cosa es la candidatura a una Escuela, otra cosa la calificación de un psicoanálisis didáctico. La candidatura a la Escuela exige una selección que se regulará según sus metas de trabajo.
Al comienzo estará a cargo de un simple comité de recepción, llamado Cardo, es decir gozne en latín, lo que indica su espíritu.
Recordemos que el psicoanálisis didáctico solo se exige para la primera sección de la Escuela, si bien es deseable para todas.

3. Del psicoanálisis didáctico
La calificación de un psicoanálisis como didáctico se practicó hasta el presente mediante una selección, bastando constatar para juzgarla que, desde que dura, no permitió articular ninguno de sus principios.
Nadie tiene posibilidad ya de deslindarse en el futuro, salvo si rompe primero con un uso que se ofrece a la irrisión.
El único principio cierto que se puede plantear y tanto más porque se lo ha desconocido, es que el psicoanálisis se constituye como didáctico por el querer del sujeto y que éste debe estar advertido de que el análisis pondrán en duda ese querer, conforme vaya acercándose al deseo que encubre.

4. Del psicoanálisis didáctico en la participación en el Escuela.
Aquellos que emprenden un psicoanálisis didáctico lo hacen de motu propio por propia elección. El título 1 de esta nota implica incluso que pueden hallarse en posición de autorizar a su psicoanalista como didacta.
Pero la admisión en la Escuela les impone la condición de que se sepa que han iniciado la empresa, dónde y cuándo.
Pues la Escuela, cualquiera sea el momento en que el sujeto entra en análisis, tiene que sopesar este hecho con la responsabilidad que no puede rehusar de sus consecuencias.
Es constante que el psicoanálisis tenga efectos sobre toda práctica del sujeto que en él se compromete. Cuando esta práctica procede, por muy poco que sea, de efectos psicoanalíticos, resulta para él que los engendra en el lugar en que tiene que reconocerlos.
Cómo no advertir que el control se impone en cuanto surgen estos efectos y ante todo, para proteger de ellos a aquél que ocupa allí la posición de paciente.
Algo de una responsabilidad que la realidad impone al sujeto, cuando es practicante, asumir por su cuenta y riesgo está en juego aquí.
Fingir ignorar este hecho es la increíble función que se conserva en la práctica del análisis didáctico, se sobreentiende que el sujeto no practica o que viola con su obrar una regla de prudencia, incluso de honestidad. Que observando esta regla el sujeto acabe faltando a su función, no está fuera de los límites de lo que sucede, como se sabe, por otra parte.
La Escuela no podría abstraerse de este desastroso estado de cosas, en razón misma del trabajo que está destinada a garantizar.
Por eso prestará los controles que convienen a la situación de cada uno, haciendo frente a una realidad, de la que forma parte el acuerdo del analista.
Inversamente, una solución insuficiente podrá motivar para ella una ruptura de contrato.

5. Del compromiso en la Escuela
Por dos accesos se compromete uno ahora en la Escuela.
1. El grupo formado por elección mutua según el acta de fundación y que se llamará cartel, se presenta para mi aceptación con el título del trabajo que cada uno espera cumplir en él
2. Los individuos que quieran hacerse conocer por cualquier proyecto, hallarán el camino útil ante un miembro del Cardo: los nombres de los primeros en aceptar el cargo a mi solicitud, se publicarán antes del 20 de julio. Yo mismo dirigiré hacia uno de ellos a quien así me lo demandase.

6. Del estatuto de la Escuela.
Mi dirección personal es provisional, aunque prometida por cuatro años. Me parecen necesarios para la puesta en marcha de la Escuela. Si su estatuto jurídico es desde ahora el de la asociación declarada bajo la ley de 1901, creemos primero tener que integrar en su movimiento el estatuto interno que será, en un plazo fijado, propuesto al consentimiento de todos.
Recordemos que la peor objeción que pueda hacerse a las Sociedades de forma existente, es el agotamiento del trabajo, manifiesto hasta en la calidad, que causan entre los mejores.
El éxito de la Escuela se medirá por la presentación de trabajos que sean admisibles en su lugar.

7. De la Escuela como experiencia inaugural.
Este aspecto se impone sobradamente, pensamos, en el acta de fundación, y dejamos a cada cual la tarea de descubrir sus promesas y sus escollos.
A quienes puedan interrogarse sobre lo que nos guía, les revelamos su razón.
La enseñanza del psicoanálisis no puede transmitirse de un sujeto al otro sino por las vías de una transferencia de trabajo.
Los "seminarios", incluido nuestro curso de Altos Estudios, nada fundarán si no remiten a esa transferencia.
Ningún aparato doctrinario, y en particular el nuestro, por propicio que sea a la dirección del trabajo, puede prejuzgar sobre las conclusiones que serán su resto.

(Publicamos el texto del Acto de Fundación sin el "Preámbulo", en las partes donde se trata sobre el tema del Cartel). Traducción de este texto y de "El Sr. A": Irene Agoff.)

 

"Desescolage"
Seminario del 11 de marzo de 1980
Jacques Lacan

Aquí me tienen, el hombre cubierto de cartas. Mi camarada Drieu era, o se lo creía, el hombre cubierto de mujeres, hasta el punto de titular así una de sus novelas.
Título con el que me denominaron mis camaradas de sala de guardia- cuando de hecho sólo tenía dos (mujeres) como todo el mundo, que se ocuparan de mí, y discretamente, les ruego que lo crean.
He tomado estas cartas en serio. Quiero decir: las he tomado una por una, como se hace con las mujeres, y he hecho mi lista.
He terminado con este montón. Hay personas que se quejan de que me he olvidado de ellas. Es muy posible. Que se dirijan a Gloria.

Di en el clavo, acerté con el mil (j´ai tapé le mille), y hasta con más. Pero es preciso que ponga una diferencia entre estos mil. Ya que los uno tienen que hacer el duelo por una Escuela con la que los otros no tienen nada que hacer.
El duelo es un trabajo, es lo que se lee en Freud. Es el que pido a aquellos que, de la Escuela, quieran quedarse conmigo para la Causa freudiana.
A esos les escribí una carta ayer mismo por la noche. Van a recibirla.
He aquí lo que les digo:
Delenda est. He dado el paso de decirlo, desde ese momento irreversible. Como lo demuestra el hecho de que al volver sobre ello, uno no hace más que pegotearse- donde hice menos Escuela (École)..... que cola (colle).
Disuelta, lo está, por el hecho de mi dicho. Sólo queda que también lo esté por el vuestro.
A falta de lo cual la sigla que tienen de mí- EFP- cae en manos de falsarios probados.
Corresponde desbaratar la maniobra a aquellos de la Escuela a los que reúno este sábado.
Créanme: no admitiré a nadie para refocilarse-pegarse (s´ebattre) en la Causa freudiana, si no está seriamente desescolado (d´ écolé).

Firmé esto ayer, 10 de marzo.
Además es culpa de Freud haber dejado a los analistas sin recursos y, encima, sin otra necesidad que la de sindicarse.
Yo, por mi parte, intenté inspirarles otras ganas, las de ex - sistir. Eso sí lo conseguí. Se ve por las precauciones con las que se contorsiona el retorno al camino trillado.
Cosa que no e verdadera para todos, ya que hay los suficientes para seguir mi brecha, susbsistiendo por un vínculo social inédito hasta el presente.
¿Qué otra cosa da pruebas de mi formación sino es acompañarme en el trabajo, porque lo es, de la disolución?
Ahora tienen que contarse.

Paso a los otros que, este trabajo, no tienen que hacerlo por no haber sino de mi Escuela- sin que pueda decirse que no hayan sido intoxicados por ella.
Con ellos, sin más demora, pongo en marcha la Causa freudiana- y restauro en su favor el órgano de base retomado de la fundación de la Escuela, es decir el cartel del que, una vez hecha la experiencia, afino la formalización.
Primero- Cuatro se escogen, para proseguir un trabajo que debe tener su producto. Preciso: producto propio de cada uno, y no colectivo.
Segundo- La conjunción de los cuatro se hace entorno a un Más-Uno que, si bien es cualquiera, debe ser alguien. Está a su cargo velar por los efectos internos de la empresa y de provocar su elaboración.
Tercero: - Para prevenir el efecto de cola, debe hacerse permutación., en el término fijado de un año, dos como máximo.
Cuarto: - No hay que esperar ningún progreso, a no ser el de poner a cielo abierto periódicamente tanto los resultados como las crisis del trabajo.
Quinto.- El sorteo asegurará la renovación regular de los puntos de referencia creados con el fin de vectorizar el conjunto.
La Causa freudiana no es Escuela sino Campo- en el que cada uno tendrá rienda suelta para demostrar qué hace del saber que la experiencia deposita.
Campo al que los de la EFP se unirán cuando se hayan librado del lastre que ahora les estorba más que a mí.

Abrevio aquí la puesta a punto necesaria para la puesta en marcha. Porque es preciso que termine con el malentendido, el de las mujeres que he dicho en mi último seminario que no están privadas del goce fálico.
Se me imputa pensar que son hombres. Por favor.....
El goce fálico no las aproxima a los hombres, más bien las aleja, ya que ese goce hace de obstáculo a lo que las aparea con el sexuado de la otra especie.
Prevengo esta vez el malentendido, subrayando que esto no quiere decir que no puedan tener, con uno solo, escogido por ellas, la satisfacción verdadera- fálica. Satisfacción que se sitúa por su vientre. Pero como respuesta a la palabra del hombre.
Es preciso para ello que esa respuesta caiga bien. Que caiga bien al hombre que le habla según su fantasma fundamental, a ella. A veces, ella extrae de ahí efecto de amor, de deseo siempre. No ocurre con tanta frecuencia. Y cuando ocurre, no hace correlación, escrita, es decir ratificada en lo real.
De esto que he llamado la no-correlación, Freud tenía una idea, a pesar de su reducción de lo genital al hecho de la reproducción.
¿No es esto, en efecto, lo que se articula sobre la diferencia entre la pulsión que denomina fálica y la que pretende que subsiste de lo genital?
¿Se habría percatado del dualismo sin la experiencia, en la que estaba, del psicoanálisis?
El goce fálico es aquél precisamente que el analizante consume.
Eso es todo. Los dejo. Me gustaría que me planteen preguntas. Que me las planteen por escrito. Que me las envíen. Las contestaré la próxima semana, si valen la pena.
La próxima semana, también, les diré cómo trabajar eso, la disolución.

Nota: El título del texto en francés es D´ Ecolage (décolage: despegue, desencolaje) y fue publicado en el "Annuaire et textes statutaires 1982" de la Ëcole de la Cause freudienne.
Traducción: Miquel Bassols.

"El Señor A"
Seminario del 18 de marzo de 1980
Jacques Lacan

El Señor A., filósofo, que surgió quien sabe de dónde el sábado pasado y me dio la mano, hizo que me volviese a surgir un título de Tristán Tzara.
Eso data de Dada, es decir no de las zalamerías que comienzan con Littérature- revista a la que no le di una sola línea.
Se me imputa de buena gana un surrealismo que está muy lejos de mi talante. Lo probé no contribuyendo a él sino lateralmente, ya tarde para hacer rabiar a André Breton. Debo decir que Eluard me enternecía.
El señor A. No me enternece, pues me hizo acordar del título: El señor A, el antifilósofo. Eso, eso me pasmó.
En cambio, cuando le pasé a Tzara, que vivía en el mismo edificio que yo, calle de Lille número 5, La instancia de la letra, no le dio ni frío ni calor. Y yo que creía decir algo capaz de interesarlo. Pues bien, en absoluto. Fíjense como se engaña uno.
El único delirio de Tzara era con Villon. Así y todo, él desconfiaba de este delirio.
Yo no precisaba para nada que delirara conmigo. Ya hacían eso unos cuantos. Y eso dura todavía. Como no todos ustedes estuvieron conmigo el sábado y el domingo, porque no todos ustedes son, gracias a Dios, de mi pobre Escuela, no tienen idea de adónde puede llegar, el delirio sobre mí.
Lo que me da esperanzas es que Tzara acabó por desentenderse de Francois Villon, igual que yo,, además.
Este señor A es antifilósofo. Es mi caso. Yo me sublevo, por decirlo así, contra la filosofía. De lo que no cabe dudas, es de que es cosa terminada. Aunque me temo que le va a rebrotar algún retoño. Estos rebrotes se producen a menudo con las cosas terminadas.
Miren esa Escuela architerminada: hasta ahora, había en ella juristas convertidos en analistas, pues bien, ahora está quien se hace jurista por no haberse hecho analista.
Y además, jurista de camelo, como se las cantó claras Pierre Legendre.
¿Tengo que ser más preciso? De ningún modo pienso disolver la Escuela Normal Superior, donde en una época encontré la mejor de las acogidas.
Mi rayo cayó justo al lado, calle Claude Bernard, donde había instalado la Escuela mía, con local puesto. En cuanto a la Causa freudiana, no tiene más mueble que mi buzón.
Indigencia que ofrece muchas ventajas: nadie me pide que de seminarios en mi buzón.
Es menester que innove, dije- con la reserva de agregar: no totalmente solo.
Lo veo así: que cada cual colabore en ello.
Vayan. Júntense varios, péguense unos a otros el tiempo que haga falta para hacer algo y disuélvanse después para hacer otra cosa. Se trata de que la Causa freudiana escape al efecto de grupo que les denuncio. De donde se deduce que solo durará por lo temporario, quiero decir- si uno se desliga antes de quedar tan pegado que ya no pueda salirse. Esto no exige gran cosa:
-un buzón, véase más arriba.
-un correo, que hace saber qué, en ese buzón, se propone como trabajo,
-un congreso o, mejor, un foro donde eso se intercambie,
-por último, la publicación inevitable, al archivo.
Además se necesita que junto con es instaure yo un remolino que les sea propicio.
Eso o el pegoteo seguro.
Fíjense cómo lo digo de a poquito. Les doy tiempo para comprender.
¿Comprender qué? Yo no me jacto de hacer sentido. Tampoco de lo contrario. Pues lo real es lo que se opone a eso.
Rendí homenaje a Marx como inventor del síntoma. Sin embargo, este Marx es el restaurador del orden, por el solo hecho de que reinsufló en el proletariado la dimensión / la dicha mansión ( dit-mensión) del sentido. Bastó con que, al proletariado , lo llamara así.
La Iglesia aprendió su lección, esto es lo que les dije el 5 de enero. Sepan que el sentido religioso hará un boom del que no tienen ustedes la menor idea. Es una evidencia que se impone. A los que son responsables en la jerarquía más que a los demás.
Intento ir en contra, para que el psicoanálisis no sea una religión, aunque tienda a ello, irresistiblemente, al suponerse que la interpretación no opera sino por el sentido.
Enseño que su resorte está en otra parte, principalmente en el significante como tal.
A lo cual resisten aquellos a quienes le da pánico la disolución.
La jerarquía no se sostiene sino por administrar el sentido. Por eso no pongo a ningún responsable en el banquillo sobre la Causa freudiana. Con lo que cuento es con el remolino. Y debo decirlo, con los recursos de la doctrina acumulados en mi enseñanza.
Paso a las preguntas que se me hicieron a mi pedido.
No veo por qué iba yo a objetar que se formen carteles de la Causa freudiana en Quebec. Aclaro: con la única condición de que se le notifique al correo de dicha Causa.
¿El Más-Uno se sortea?- me pregunta Pierre Soury- a quien contesto que no, los cuatro que se asocian lo eligen. Me escribe también esto que les leo:
"En cuanto a los mil de la Causa freudiana, al comienzo se formarán carteles por elección mutua y después, mediante una redistribución general, se reconstituirán por sorteo en el seno del conjunto grande. Lo cual implica que, entre los mil, cualquiera puede verse movido a colaborar en grupo pequeño con cualquier otra persona".
Le hago notar que no es esto lo que dije, ya que de estos mil, que por otra parte son más, por el momento no invito a formarse en carteles sino a los no miembros de la Escuela.
Así pues, no hay "conjunto grande". Y no implico sorteo general, sino sólo para componer las instancias transitorias que serán los puntos de referencia del trabajo.
Dicho esto, felicito a Soury por formular la colaboración en la Causa de cualquiera con cualquiera. Es, en efecto, lo que se trata de obtener, pero a término: eso tiene que remolinear así.
Algún otro se inquieta por lo que quiere decir precisamente ser un AE. Pues bien, que relea mi Proposición de octubre de 1967. Verá que esto supone al menos abrirla.
Otro me pide que articule la relación de lo que he llamado el pegoteo, con lo que Freud llama, refiriéndose a la represión, fijación. Aparte, es una persona que no se conformó con enviarme esta pregunta, sino que adjuntó textos. A decir verdad, no me los envió, me los dejó ayer, en mi casa.
Se trata de Christiane Rabant, que quedó impresionada, me dice, por lo que llegué a articular de la carta de amor. ¿Qué es lo que se fija? El deseo que, por estar tomado en el proceso de la represión, se conserva en una permanencia que equivale a la indestructibilidad.
Es éste un punto sobre el cual he insistido hasta el final, sin dar el brazo a torcer.
En esto el deseo contrasta totalmente con la labilidad del afecto.
La perversión es al respecto harto indicativa, puesto que la fenomenología más simple pone claramente en evidencia la constancia de los fantasmas privilegiados.
Sin embargo, aún cuando muestra el camino, desde el origen de los tiempos, no nos abre su entrada, ya que fue necesario Freud. Fue necesario que Freud descubriese primero el inconsciente para que llegase a ordenar en esta senda el catálogo descriptivo de esos deseos, dicho de otra manera: la suerte de las pulsiones- como traduzco yo Triebschiksale.
Lo que se trata de establecer es el lazo de esta fijación del deseo con los mecanismos del inconsciente .
A ello precisamente me dediqué, puesto que jamás pretendí superar a Freud, como me imputa uno de mis corresponsales, sino prolongarlo.

Lógica del Cartel

"La pragmática del grupo y el más-uno"
Eric Laurent

Este otoño del '94 no está quizás más situado para permitir entender el inicio del texto, que da cuenta frente a L'Evolution psychiatrique, sociedad sabia en la que Lacan ya había sostenido sus consideraciones acerca de la causalidad psíquica, de un viaje a Inglaterra efectuado en septiembre de 1945. Se trata desde el inicio para él, de un viaje dentro de la lógica colectiva, la única que permite entender los discursos que se le dirigen acerca del trabajo de los psiquiatras en el Ejército. Este texto, contemporáneo de los trabajos que hemos examinado, es un estudio clínico del más alto interés y se beneficia al respecto con un estatuto único en los textos de Lacan.
"La guerra me había dejado un vivo sentimiento del modo de irrealidad bajo el cual la colectividad lo había vivido del inicio al fin. No me refiero aquí a esas ideologías foráneas que nos habían agitado fantasmagorías acerca de nuestra grandeza, parientes de chocheces de la senilidad... quiero decir más bien en cada uno ese desconocimiento sistemático del mundo, esos refugios imaginarios, donde psicoanalista, no podría más que identificar para el grupo, entonces presa de una disolución verdaderamente pánica de su estatuto moral, esos mismos modos de defensa que el individuo utiliza en la neurosis contra su angustia... sellando asimismo por desgracia un destino que se transmite a generaciones1. Más allá de la degradación de los ideales paternos tocados por la figura en la que entonces se había transformado Philippe Pétain2, Lacan instala a la colectividad francesa en su relación con la angustia desnudada por el pánico. Frente a la disolución del estatuto moral de Francia, el opone "esta verdad que la victoria de Inglaterra es del resorte moral -quiero decir que la intrepidez de su pueblo reposa sobre una relación verídica con lo real, que su ideología utilitarista hace comprender mal". Encontramos allí una afirmación que será incesantemente profundizada durante la enseñanza de Lacan. El estatuto ético del sujeto se aproxima a través de su relación con lo real.
Para Lacan, el viaje a Inglaterra es un viaje dentro de un heroísmo instaurado sobre un No! inicial llevado a sus consecuencias eficaces, es decir hasta la victoria sobre el nazismo. De este modo dibuja una figura de héroes sin romanticismo que tiene todo su valor. Observemos al inicio que Lacan encuentra gente deprimida y que no se queja de ello "cualquiera que haya sido la forma que luego haya podido tomar esta depresión reactiva en escala colectiva, yo testimonio que entonces se desprendía de ella un factor tónico". Esta reacción depresiva le parece más bien el indicio de un compromiso efectivo hasta los últimos recursos de cada uno, la efectividad de una movilización total de las fuerzas de la nación democrática. Luego celebra la manera en que la psiquiatría inglesa se sirvió del psicoanálisis durante la guerra para: "operar lo que puede llamarse la creación sintética de un ejército", comprendido allí el servirse del reciente aporte científico del freudismo.

La clave de este aporte freudiano es la teoría de la identificación donde viene a plantearse "el problema del mando y el problema de la moral, es decir todo este encantamiento destinado a reabsorber enteramente las angustias y los miedos de cada uno en una solidaridad del grupo en la vida y en la muerte, de la cual los practicantes del arte militar tenían hasta entonces el monopolio... de este modo ha terminado sin duda de disiparse la mistificación de esta formación de casta y de escuela, en la que el oficial conservaba la sombre del carácter sagrado que revestía el guerrero antiguo". Más tarde, Lacan podrá hablar de otras funciones sociales en términos "de antiguas investiduras" modificadas por el desplazamiento de la ciencia3, parece que esto por primera vez. Lo que sorprende más todavía a Lacan es que el ejército alemán se fundaba por el contrario sobre esta tradición, acompañada del "apoyo moral de una democratización de las relaciones jerárquicas" y que "toda la potencia de esta tradición no pesó ni una onza contra las concepciones tácticas superiores, producto de los cálculos de ingenieros y comerciantes".

Este retrato de gloria militar anglosajón no hace sin embargo perder a Lacan su sentido del humor, él señala que es justamente a pesar del mando inglés que ciertos psiquiatras pudieron servirse de los recursos de la psicología de su tiempo. "Sea como fuere, es reconocido que la posición tradicional del mando no va en el sentido de la iniciativa inteligente. Es por lo que ... vimos rechazar por las autoridades superiores un proyecto presentado por el Servicio de salud del ejército, con la finalidad de organizar la instrucción no solamente física sino mental de los reclutas". Lo que la punta de la técnica democrática quiere obtener, subraya Lacan, es en un grupo "una cierta homogeneidad, que se mantiene como un factor esencial de su moral". La clave de lectura esencial de Lacan reposa sobre el acento puesto en esta identificación horizontal, clave de la cohesión y sobre la cual es necesario operar, independientemente de "la identificación, si se puede decir vertical, al jefe". Hay que leer en detalle el retrato de los dullards a aislar para ubicarlos juntos. "De este modo, al ser agrupados entre elllos, estos sujetos se muestran enseguida infinitamente más eficaces, por una liberación de su buena voluntad, correlativa de una sociabilidad a partir de entonces adecuada [...] Para las unidades depuradas de este modo de sus elementos inferiores, éstas vieron bajar los fenómenos de shock y de neurosis, los efectos de doblegamiento colectivos, en una proporción que se puede decir geométrica".
Observemos que Lacan ve en este resultado un aporte y una aplicación al problema social de nuestra civilización inmediatamente accesible a la práctica, sin que ésta conceda nada a las escabrosas teorías del eugenismo, y por el contrario, se ve, del mito anticipatorio del Brave New World de Huxley.

Observamos aquí el mismo acento positivo, incluso pragmático, que cuando Lcan respondía directamente a Sartre. Se ve que la lucidez respecto del mundo de la técnica no le impide en absoluto discernir el interés de las soluciones nuevas a problemas cruciales.

Es a título de invención que Lacan presenta el trabajo de Bion y Rickman aparecido en The Lancet en 1943 titulado Intra group tensions in therapy: Their study as the task of the group. La experiencia de uno y otro se distingue, si bien tiene el mismo horizonte. Frente a los refractarios al ejército por razones neuróticas diversas, Bion los organiza en pequeños grupos que tienen como condición tener un objetivo, luego él "fuerza al grupo a tomar conciencia de sus dificultades de existencia como grupo, luego a volverlo más y más transparente al sí mismo, al punto que cada uno de sus miembros pueda juzgar de manera adecuada los progresos del conjunto". Rickman combina la organización en grupos con las entrevistas individuales pero lo que más le gusta a Lacan es una observación simpática al neurótico. "Si se puede decir que el neurótico es egocéntrico y tiene horror de todo esfuerzo por cooperar, es quizás porque raramente está ubicado en un medio en que todo miembro se encuentre en las mismas condiciones que él en lo que concierne a las relaciones con su semejante".

Es una observación que Lacan dedica a aquellos que iban a lanzarse en la futura "psicoterapia institucional". Lacan encuentra la misma simpatía por el neurótico en estos pequeños grupos ingleses que aquella que expresaba en su tesis respecto de los psicóticos y de la significación social de sus realizaciones.

Sobre las huellas de estos autores, leídos de este modo, Lacan no retrocede frente a la carga social que implica su función de psiquiatra o de psicoanalista en las tareas de paz: evitar las conductas de fuga individuales o colectivas, prevenir y tratar los episodios de depresión en grupos, finalmente, él ve bien el provenir de las instituciones del tipo de la child guidance. Lo que advierte es la entrada en nuestra civilización en "la vía de las grandes selecciones sociales" y que es necesario que el psiquiatra/psicoanalista haga escuchar la voz de la "alta tradición" cuya posición es establecida.

Subrayemos dos puntos de este artículo (La psiquiatría inglesa y la guerra) que serán prometidos a un porvenir y un desarrollo en su obra. Primero, el pequeño grupo con su elemento suplementario, el líder funcional, donde cada uno trabaja en condiciones de igualdad con los otros, tiene una tarea precisa, y será retomada como fundamento de una institución en el momento en que Lacan deberá concebir una. El cartel será la formalización de esta lectura precoz de los trabajos kleinianos sobre los pequeños grupos. Luego, el otro elemento sorprendente del artículo, más allá del optimismo racional que lo anima en el umbral de un mundo nuevo, es la percepción de un mundo estructurado por las "grandes selecciones sociales", implicadas por la difusión de máquinas y técnicas. Completado por el hecho de tener en cuenta la selección de las poblaciones como chivo expiatorio, esto dará en Lacan, la calificación de nuestra época como aquella de la segregación.

Señalemos finalmente el retrato del héroe por el que Lacan hace sus votos: el hombre que sin ningún romanticismo saber por su fuerza moral estar a la altura de lo real. Aquel que sabe encontrar en un impasse los recursos de su acción. Aquel que finalmente cuando compromete a otros hombres en una empresa, calcula el compromiso que les pide y luego "no se desinfla". Se ven algunos rasgos que son perfectamente discernibles en la posición misma de Lacan a partir del momento en que ocupó responsabilidades institucionales.

· Extracto del artículo Sept problèmes de logique collective dans l'experience de la psychanalyse selon l'enseignement de Lacan. Rev. Barca!, Madrid... Traducción: Nieves Soria.

Notas

1. Lacan, J. La psiquiatría inglesa y la guerra. Texto aparecido por primera vez en la revista L'Evolution psychiatrique, 1947, vol. 1. Reeditado por Cliniques, Nº 1. Navarin Editeur, 1986, pág. 17-42.
2. Se recomienda leer Les pousse-au-jouir du Maréchal Petain, de G. Miller, Seuil, París, 1975.
3. Lacan, J. Ecrits, pág. 854. Acerca de la función de lo militar, leer también la conferencia de J.-A. Miller Kojève, la leyenda del siglo.


Artículo publicado en "Más uno"n° 1. EOL, Bs. As., Julio de 1996.

1. EL CARTEL EN EL MUNDO
Jacques-Alain Miller
Intervención de J.A Miller en la Jornada de Carteles de la E.C.F, el 8 de octubre de 1994


Elegí este título porque quisiera expresar y clarificar un pensamiento que me taladra desde hace tiempo. Hay algo del cartel en el mundo que me preocupa. Es mi punto de partida. Me condujo más allá de donde pensaba ir.

Una falta de entusiasmo
En 1979, inventé con Eric Laureant, el Catálogo de Carteles. Hoy hay cinco Escuelas del Campo freudiano, hay cinco Catálogos, con la misma tapa y las mismas rúbricas. Está muy bien. Pero, ¿no hay allí demasiado formalismo?. Yo siento, creo sentir en el mundo (puedo equivocarme, y, ciertamente me desmentirán, si no es aquí, allí) una cierta falta de entusiasmo por el cartel. No oigo jamás a colegas de otros lados hablar de sus carteles. No veo referencias al trabajo en el cartel. No percibo emoción cuando los colegas hablan del cartel. Es un hecho que la tradición no es el cartel sino el curso magistral. En Argentina, donde la Universidad ha estado durante mucho tiempo amordazada y ha permanecido arcaica en sus métodos, se confluyó alrededor de maestros que dispensaban su enseñanza fuera de la Universidad, maestros que no lo eran por el diploma sino por el carisma. Esto también se transportó a España y a Brasil.
El más-uno del cartel, que es el líder funcional de un grupo mínimo, no satura la demanda de carisma. El más-uno es un líder, pero un líder modesto, un líder pobre. El agalma que lo soporta es no-denso. El está débilmente investido, lo favorece un carisma grado 4, mientras que en un país latino, pareciera, al menos, que se requiera un carisma de orden superior, la investidura masiva de un más-uno que sea también un orador. La exigencia de una mediación oral para tener acceso al escrito es de estructura, pero por poco que el escrito esté menos presente en la formación, esta mediación se vuelve un fin en sí misma, se convierte en una guía imaginaria. En síntesis, tengo muchas veces el sentimiento, cuando se evocan los carteles de otros lados, que aparece allí un cierto semblante, que hay un forzamiento, que es un poco falso.
No voy a quedar bien diciendo esto. No voy a quedar bien por allí, diciendo esto. Con lo que voy a decir ahora, no voy a quedar bien por aquí. Provoco. Es para que se me responda. Al tratar de reflexionar, tanteando, sobre este malestar a propósito del cartel en el mundo, fui conducido a retornar a los orígenes del cartel, a hacer también un retorno sobre lo que nosotros, aquí, hemos hecho del cartel.

A los orígenes del cartel
El cartel, a diferencia del pase, es contemporáneo de la creación de la Escuela.
Tuvimos Jornadas sobre La Escuela y la experiencia del pase durante la disolución de la Escuela Freudiana de París, y en la E.C.F, sobre El concepto de Escuela y la experiencia del pase, no tuvimos jamás Jornadas sobre La Escuela y la experiencia del cartel. Sin embargo, por el hecho de que el cartel es contemporáneo de la creación de la Escuela, se puede suponer que es congruente con el concepto de Escuela y se puede uno preguntar en qué lo es. Dos señalamientos preliminares:
El primero, es sobre la actualidad del pequeño grupo en 1964, en el momento en que Lacan creaba su primera Escuela. En esa época, la idea del trabajo en grupos chicos, de formación a partir del pequeño grupo, estaba a la orden del día en la Sorbona, gracias a los estudiantes de Letras, especialmente a su sindicato (sindicato de agitadores, no de gestionadores), la F.G.E.L (Federación general de los estudiantes de Letras), que habían promovido la necesidad de lo que ellos llamaban los G.T.U ( rupos de trabajo universitario), invitando a los estudiantes a trabajar juntos, sobre una base igualitaria, sin los "profs", o con la menor cantidad posible de ellos, como modo de oponerse al curso magistral, práctica considerada reaccionaria. Había en esta proposición algo así como los pródromos del Mayo del 68´. La idea de una formación en grupos chicos en lugar del curso magistral, o al lado del curso magistral, participaba ya del movimiento anti-autoritario. El pro-cartel es anti-autoritario. Lo hemos visto en 1979-1980, luego de la disolución de la E.F.P, que comenzó con una renovación del interés por los carteles.
El segundo señalamiento es que el cartel encarna una tesis de la teoría de grupos: a todo grupo le hace falta un líder, todo grupo tiene un líder. Esta tesis puede inscribirse según las fórmulas de la sexuación que corresponden al lado macho, del mismo modo que el pase respondería más bien a las fórmulas de la sexuación femenina. La idea de Lacan con el cartel es, a la vez, que no sirve de nada negar el hecho del líder, pero se lo puede adelgazar en lugar de inflarlo, reducirlo al mínimo, hacer de él una función, lo más permutativa posible.

El trabajo de la Escuela
Para esto retoma la frase con la que Lacan introduce el cartel en su "Acta de fundación": "Para la ejecución del trabajo, adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo".
Comentario: El cartel, que es este pequeño grupo, es un medio para ejecutar un trabajo. No es un fin en sí mismo. Sí, pero tampoco es exactamente un medio. Lacan dice más bien que es el medio, y no para ejecutar un trabajo, sino para ejecutar el trabajo- con el artículo definido. Esta frase, si uno se detiene en ella, dice que el trabajo de la Escuela pasa por el cartel. Podría ejecutarse un trabajo de esta índole en seminarios, curso, conferencias, Jornadas de estudio. Justamente, Lacan no dijo "Para la ejecución del trabajo adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en seminarios, cursos, conferencias, Jornadas de estudio". El dijo "Adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo". El trabajo. ¿Qué trabajo? En la "Acta de Fundación "de Lacan, la palabra trabajo se repite varias veces. La encontramos en el segundo párrafo, en el tercero. En el cuarto párrafo, el autor habla de tarea, en el quinto, de la ejecución del trabajo, etc. Finaliza hablando de los trabajadores decididos. La "Acta de Fundación" está bajo la égida del trabajo. Pero, ¿a qué llama Lacan el trabajo de la Escuela?. Es "un trabajo que en el campo abierto por Freud restaure el filo cortante de su verdad, que devuelva a la praxis original que él instituyó el deber que le toca en nuestro mundo, que por medio de una crítica asidua denuncie las desviaciones y los compromisos..." Dicho de otro modo, la exigencia ética, epistemológica, alética, praxeológica, que Lacan dio a oír se supone debe cumplirse por un trabajo, que es el trabajo de la Escuela, y este trabajo pasa por el cartel, no por el seminario, la conferencia, el curso.

Cartel y pase
¿Por qué el cartel es para Lacan congruente con el trabajo de la Escuela, tanto en su más íntima como en su más alta exigencia?
Podemos responder esta pregunta.
Para responder, hay que preguntarse primero: ¿Qué es lo que ha comprometido la verdad del psicoanálisis y desviado las prácticas?. Conocemos la respuesta de Lacan, al menos en su vertiente institucional: la encontramos desarrollada en "Situación del psicoanálisis en 1956". El malo de la historia es la beatitud, es el didacta. En efecto, el cartel, tal como lo plantea Lacan en su "Acta de fundación", es una máquina de guerra contra el didacta y su pandilla- según la expresión usada por Lacan en otro lado.
Esto pone bien de manifiesto el parentesco del cartel y del pase. El pase, como el cartel es, desde el punto de vista institucional, una máquina anti-didactas. La Escuela, con su cartel y su pase, es un organismo que apunta a arrancarle el psicoanálisis a los didactas. Aparentemente, esto tiende siempre a reformarse, porque Lacan fue conducido a disolver esta Escuela por las mismas razones que lo habían llevado a fundarla. El pase tiene como resultado institucional evidente que la nominación de la A.E. escape a los didactas. El cartel tendía, en la idea de Lacan, a que los miembros de base, incitados a entrar en la organización circular de la Escuela, también escaparan a la empresa de los didactas.
Lacan agrega en el Acta: "Esto no implica en modo alguno, una jerarquía cabeza abajo" Hay que reconocer allí una denegación. Es, al menos, poner al didacta patas para arriba.
Si no es una jerarquía puesta al revés, sino más bien una organización circular, ésta está marcada desde el ángulo de una cierta igualdad. En el sistema de los carteles, nadie es mejor que el otro. La ideología del cartel tiene un costadito leveller, nivelador. Y, de hecho, Lacan estuvo acompañado en todas sus iniciativas, por una Fronda (1) de notables, que comenzó con la fundación, continuó en el momento de la "Proposición" sobre el pase y concluyó con la disolución de la primera Escuela.

El plan Lacan
Si captamos que, en la intención de Lacan, el trabajo de la Escuela pasaba por el cartel- y no el seminario, la conferencia, etc.,- se comprende entonces la función de las Secciones de la Escuela. Lacan había previsto tres secciones que eran otros tantos reagrupamientos de carteles.
Este plan de Escuela, el plan Lacan, no se realizó jamás. Según este plan, el trabajo de la Escuela se ejecuta por carteles. Si hay cursos, seminarios, conferencias, esto se hace por fuera de la Escuela. Por otra parte, el Seminario de Lacan era fuera de la Escuela.
La "Acta de Fundación" dice que lo propio de la Escuela, en su relación con la verdad, es el trabajo llevado a cabo por carteles. La cuestión podría ser de actualidad. Bastaría decidirlo.
Esto supondría interrogarse para saber por qué el plan Lacan no se realizó nunca. ¿Por qué era irrealizable? ¿Por qué no se puede inhibir el crecimiento de los carisma ni la demanda de carisma? ¿Hay que realizar ese plan? ¿O sería un fundamentalismo del cartel? ¿Hay que modificar en algo la definición del cartel, o la práctica del cartel, para realizar el plan Lacan?- como, después de todo, hubo que completar la "Proposición" del pase para renovarlo.
Me dicen que hay algo de incertidumbre en lo que se refiere a los carteles. Si es el caso, hay que elegir: seguir el envión con el que veníamos o hacer el esfuerzo de pensar nuevamente.

(Lo que sigue es un resumen de las respuestas de J.A. Miller al público)
La cuestión que queda planteada por el Plan Lacan es la siguiente: ¿Queremos, sí o no, que la Escuela esté aparte?. La idea inicial es la de una Escuela aparte, y que por esto mismo pueda responder a la pregunta que le plantea o debería plantearle la sociedad, o incluso el Estado: aquella de la calificación del psicoanalista. ¿De qué manera queremos estar aparte?
¿O no queremos estar aparte? ¿Cómo darle a la Escuela el máximo de intensidad? ¿Es importante lo que funciona con éxito en algunos lugares?
¿O, por el contrario, yendo al tope de nuestra especificidad, tal como Lacan la dibuja aquí?
¿Asumiéndola y trabajándola? ¿La Escuela va a devenir la Escuela de las A.C.F? ¿O quedaría como su "más-uno"?. Esto supone reinventar su diferencia. El pase pone ya a la Escuela aparte. El cartel ¿puede también hacerlo? ¿O él está definitivamente banalizado?

Notas de traducción
(1) Fronde en francés: tiene varios significados. Tomaremos aquél que se refiere al nombre con el que se conocen las guerras civiles que se desarrollaron en Francia de 1648 a 1653.Empezaron siendo luchas de partido para terminar siendo una guerra de personalidades.
Texto establecido en francés por Catherine Bonningue.
Texto publicado en Más Uno Nº 1 y en el Caldero de la Escuela Nº 28 - Traducción: Graciela Esperanza. Revisión: Beatriz Udenio. Versión no corregida por el autor.

Cinco variaciones sobre el tema de
"La elaboración provocada"

Jacques- Alain Miller

La expresión "la elaboración provocada", forjada por Pierre Théves a partir de un texto de Lacan indicando lo que corresponde al "más uno" del cartel, da en el blanco y de buen grado he aceptado su invitación de ejercitarme esta tarde en variaciones sobre esta fórmula. Propondré cinco. No expondré el concepto del cartel pero diré el uso que hago de él. Así de golpe: el cartel no me ha interesado nunca más que con propósitos de saber. Admito de buena gana otros usos, pero éste es el mío.

Variación I - Una fórmula contrastada
La fórmula de la elaboración provocada es contrastada e incluso armoniosa. Tiene consonancia y habla latín. Hay la labor y a voz y también dos prefijos, ex (fuera de, a partir de) y pro (hacia delante, delante de), siempre es así como se elabora: a partir de... siendo llamado, suscitado por...
El trabajo es suscitado siempre por una llamada, una llamada de provocadores que va a buscar lo que es latente y que llamando revela, véase crea. La llamada al trabajo es el toque de diana para despertar, llama. La estructura más simple de la elaboración provocada nos es dada por la primera línea del primero de los cuatro discursos:

O aún, si despegamos los significantes para no dejar más que los lugares:

Doy esto por la estructura mínima, el matema de la elaboración provocada.

Variación II - Una elaboración es siempre provocada
Si hay provocación al trabajo, a la elaboración es que no hay ninguna vocación para el trabajo, habría más bien, vocación para la pereza. Es un tema para economistas: cómo provocar para el trabajo a los trabajadores cuya inclinación, desde la instalación del discurso capitalista, sería la de no hacer nada. ¿ Con qué estimulantes ideológicos? De hecho la estimulación es siempre significante.
Vean el grupo analítico: el pase es ciertamente una elaboración provocada. Se trata, por la llamada que conlleva la oferta del pase, de provocar una elaboración del análisis ante los pasadores. Luego, tras el proceso, el A. E., como "nombrado a", es provocado a elaborar para el público. Un análisis como tal no depende menos del registro de la elaboración provocada. Es lo que dice, a su manera el término Durcharbeitung, que han, justamente, tratado de traducir variando la palabra "laboración" perlaboración, translaboración, nos podríamos contentar con el término: "elaboración". El análisis es una elaboración provocada por el significante de la transferencia. A este propósito no olvidemos el significado de la transferencia, lo que llamaba en mi seminario su "efecto semántico". Hago notar que el Sujeto supuesto Saber, que es una significación, es evidentemente distinto del sujeto que sabe, colocado en posición de agente. El sujeto supuesto saber no es en absoluto un saber agente, que tiene, más bien, un efecto bloqueante sobre la elaboración; su modo de provocar la elaboración, es más bien revocarla, o al menos dejarla parra más tarde, lo que trae consigo, después de todo, la educación, la noción misma de la educación.

Variación III - La elaboración de discurso
Los cuatro discursos son, por decirlo así, cuatro tipos de dominio, pero también podemos tratar a cada uno como modos de provocación, véase, nombrar cada uno de los lugares del discurso con un término nuevo: en el lugar del agente pongo la provocación; en el lugar del otro: trabajo, la elaboración; abajo a la derecha, la producción, como se suele decir; y, porque no, el lugar de la verdad:la evocación que responde al estatuto alusivo de la verdad.

En el discurso del amo, la provocación toma la forma, que antes evocaba, de la llamada al trabajo, cuya función es recordada por Lacan en "La ética del Psicoanálisis"
El discurso de la universidad, lo calificaba, hace un rato, de elaboración revocada, he dicho también diferida. ¿Qué es lo que aquí se produce, sino un provocador? No debemos extrañarnos de la recurrencia, ahí donde el discurso universitario funciona, de lo que parece que consideramos contingente y que es su necesaria producción: el discurso universitario produce, siempre ha producido provocadores - término que empleo en su mejor acepción.
Este término conviene admirablemente al discurso histérico que pone en evidencia al sujeto provocador.
El discurso analítico desplaza a ese sujeto, haciendo de él un provocador provocado.

Variación IV- El agente provocador
Tal como lo entiendo, el más uno debe ser un agente provocador. Tiene, desde luego a cargo una dirección, y creo que no debería causar ninguna dificultar situarlo en el lugar de agente, este cargo ¿cómo ejercerlo?

Hay una inclinación a hacerlo como amo, e incluso como "amo-al- trabajo, si puedo decirlo así, a menudo se solicita al más uno en ese papel. El problema es que, en tanto que amo, no puede nunca poner a trabajar más que el saber que ya está ahí y no puede producir más que lo que está fuera de lo simbólico, más que, digamos por el momento, el objeto a.
Si solicitamos al más-uno en tanto que sabe o que sabría, produciremos $, sepámoslo de antemano y sepamos lo que producirá la llamada hecha al más uno en tanto que analista, incluso escogido por esta razón, vamos a ver lo que resulta.
Diré inmediatamente que la estructura que responde mejor a mi experiencia del cartel es la del discurso histérico.
En efecto, cuando un cartel se termina con, por todo resultado, "algo que no se puede decir"...Creo saber que muchos carteles terminan con un "no podemos testimoniar de lo que hemos hecho"...eso me parece el signo de que ha habido un amo al principio, del que no se han desembarazado. No veo en absoluto, en el hecho de esta impotencia, la prueba de que tendríamos ahí un cartel excelente.
Si el cartel ha creído cooptar un analista, y que éste se atiene a eso, lo que en un cartel quiere decir, hacerse el tarugo, el resultado es conocido: los participantes hacen el tonto. Es la estructura del discurso analítico pero traspuesta al cartel, teniendo como único resultado la denuncia de algunos significantes amos, lo cual me parece muy escaso. Si se parte, en el cartel, de un saber constituido que se trataría de adquirir con el más - uno, ocurren entonces las famosas "crisis del cartel", marcadas $. Son en general el testimonio de que se ha puesto en el puesto de mando un saber ya hecho, un saber-en-suma. No se obtiene un resultado de saber más que con la condición de poner en posición de más uno a $. Es entonces proponer para el cartel la estructura del discurso histérico, del que no hay que olvidar que Lacan decía que era casi la del discurso de la ciencia. Por esto, si debiera escoger un modelo de más-uno escogería a Sócrates, Sócrates que ha quedado en las memorias por las elaboraciones que provocaba en sus interlocutores: lo que se ha llamado los diálogos de Platón son otras tantas elaboraciones provocadas.
El más-uno debe venir con puntos de interrogación y, como me lo decía un sujeto histérico, que se jactaba de ello como de su función eminente en este mundo, hacer agujeros en las cabezas. Esto supone que rechace: ser un maestro que pone a trabajar, ser uno que sabe, ser analista en el cartel; todo ello para ser este agente provocador desde donde hay enseñanza.

Ultima variación - El arte de ser más-uno.
El cartel, la referencia que he tomado de Sócrates lo implica, es una especie de Banquete. El Banquete lleva consigo, en efecto, lo que he evocado hasta ahora:

Pero a ello se añade que al agente se le imputa ocultar, en su vacío mismo, la causa del deseo, bajo las brillantes apariencias del agalma:

¿Qué pasa en el cartel respecto a esto? Podemos, ciertamente, sospechar que, en la elección por cuatro de uno-de-más, entra siempre un elemento de atracción y los más-uno pueden jactarse de ello, pero ¿Qué hacer del agalma en el cartel? ¿Está bien ahí en su lugar?
Hago notar que si es verdad que el más-uno, en tanto que sujeto, hace trabajar y a este respecto podríamos hablar de su acto-tiene que trabajar él mismo: hay también una tarea del más uno y no le aconsejaría hacerse el tarugo, pues es también uno de los miembros del cartel. Puesto que trabaja, es que a, lejos de estar situado bajo la barra, viene en posición de hacer trabajar al sujeto. Lo que me conduce a manipular así esta etructura.

 

Evacuo así el a de su lugar estatutario. Esa sería la ascesis del más-uno. El más-uno no debe agotarse encarnando la función del más uno. El más-uno no es el sujeto del cartel; le corresponde insertar el efecto de sujeto en el cartel, tomar a su cargo la división subjetiva. Esto me lleva a aclarar el término de más-uno con el de menos-uno: el más uno o se añade al cartel más que descompletándolo, "debe contarse ahí y no hacer más función que la de la falta" (#)

Este menos-uno está muy bien escrito, $ mientras que leo en este S1 enjambre, como Lacan lo ha escrito a veces.
Un enjambre, es hasta el punto que yo considero el seminario que animo todas las semanas en esta sala como un gran cartel. Desde luego no es un cartel en sentido estricto pero no es incompatible con esta escritura que haya unas cuantas abejas más. Ved sobre eso Televisión: Lacan evoca allí la cuasi identidad de estructura entre la histeria y la ciencia y también las abejas al trabajo y von Fritisch. Mi seminario es para mí un gran enjambre donde yo mismo soy abeja ¡y no Reina!
He evocado antes la elección del más-uno, evocaré ahora la composición del enjambre, la que a mí me parece buena. Considero que este enjambre está bien formado cuando cada cual tiene razones para estar ahí. Quiero decir que cada cual esté en el cartel en calidad de; esta lógica implica que los miembros trabajen a partir de sus insignias y no de su falta en ser. Corresponde al más uno, no solamente obtener la emergencia del efecto subjetivo en el cartel sin que, correlativamente, obtener que los miembros de ese cartel tengan estatuto de S1, así como él mismo en tanto que miembro del cartel. Son amos, significantes-amos que están al trabajo- no sujeto-supuestos-saber, no sabios. La función del que se presta al más-uno (para resumir: el más uno) es hacer de tal modo que cada miembro del cartel tenga su propio rasgo; esto es lo que hace un equipo. Evocaba "El Banquete, pero es más bien un ramillete lo que hay que reunir. Hay entonces que identificar a los miembros del enjambre. También esto, a mi parecer, implica una práctica de seminario inspirada en el cartel: hacer de tal manera que cada uno entre con un rasgo propio, puesto en valor como tal. Es la condición para tener un trabajo que produzca saber.
Apenas si me atrevo a evocar ahora la delicada cuestión de la transferencia en el cartel. Conocemos la estructura de la transferencia socrática pero ¿ Qué pasaría con la transferencia en el cartel? De a $ hay trabajo de transferencia, pero así prolongado en el cartel, se vuelve trabajo de transferencia de trabajo.

 

Lo que verificaría la fórmula, es la misma posición en donde Lacan se ha sostenido en su enseñanza: incitando a saber, pero en posición de analizante y no hablando más que a partir de Freud. Dar entonces su justo lugar al objeto en el cartel exige que el más-uno no se apropie el efecto de atracción sino que lo refiera a otra parte-entre nosotros a Freud y a Lacan.

Respuestas de Jacques-Alain Miller en la discusión

La lógica indica que no hay producción de saber más que si el trabajador no está estorbado por el efecto subjetivo; si no, no producirá más que denuncia, la denuncia de los significantes-amos. El efecto subjetivo debe estar acantonado en su lugar. El más-uno lo toma sobre sí, para que los demás se desembaracen de él. La experiencia tiende a mostrar, en efecto, que es muy pernicioso, en lo que se refiere a la producción de saber, que cada uno esté en el cartel para entregarse a la asociación libre o para hacer el tonto. Esto no puede ser lo que ocurra en los carteles del pase que tienen un trabajo que hacer, la obligación de producir un saber y cuyo funcionamiento debe orientarse en relación con el discurso histérico, en tanto que es casi el de la ciencia. El cartel del pase funciona ciertamente a cuesta arriba del discurso analítico puesto que concede o rehúsa una nominación mientras que el discurso analítico culmina en la denuncia de los significantes-amos en el efecto llamado de destitución subjetiva. El procedimiento del pase es una nueva institución en el sentido mismo de la institución analítica. No es, sin embargo, el discurso del amo, puesto del que es "nombrado a" , se espera también un trabajo de producción de saber. Esta manera de abordar las cosas tiene la ventaja de indicar como plantear la cuestión de la elaboración colectiva.
Esta cuestión se plantea en cualquier parte de la ciencia bajo la forma de la prioridad: cuando dos o tres personas hablan juntas, vayan a saber quién hizo emerger la cosa. Está el que la dijo, pero también el que se la hizo decir y el que se dio cuenta de que era importante. Finalmente, se reparten el premio Nobel. Es la idea Bourbaki, la que presidió la creación de Silicet. Pues si hay una estructura en donde el colectivo tenga un sentido, es bien en el discurso histérico. Las epidemias histéricas son fenómenos de elaboración colectiva y en todos los fenómenos donde hay espontaneísmo como en las actuales manifestaciones de estudiantes hay elaboración colectiva, pequeños textos, pequeños slogans. Quizás haya un pequeño comité que los cincele, como en los gabinetes de las Preciosas, al milímetro, pero es, de todos modos, elaboración colectiva. En resumen: cuanto más se cultiva la histeria de cartel más elaboración se colectiviza.

Los significantes - amos producidos en la experiencia analítica lo son en estatuto de ruina. He privilegiado el aspecto: "denunciar las identificaciones", ¿Qué es lo que escande un análisis; Identificaciones que "caen". No desaparecen todas sin embargo pero el sujeto hace al menos la experiencia de lo que, de su ser, no está representado por los significantes-amos.
La única instancia a trabajar para producir un saber son elementos estrictamente identificados. Vemos eso en los scouts: cada uno se intenta un nombre. Desde luego no vamos a comparar al cartel con una banda de scouts, pero ¡en fin! Tienen en común la noción de equipo.
Traducción: Vicente Mira

(#) esto es desplazar al cartel de la lógica del todo y de la excepción en la que nació (el nombre de más uno lo indica bastante) a la del no-todo (respuesta a un comentario de B. Lemerer).

Intervención en l´Ecole de la Cause Freudienne (Reunión de los Carteles), 11 de diciembre de l986.

"Del Cuatro y del Más-Uno"
Claude Duprat

El 11 de Marzo de 1980, en su seminario, el doctor Lacan había vuelto a poner el acento en el cartel, señalando su importancia crucial para el trabajo en una Escuela de analistas.
Aprovechando las lecciones de la experiencia, Jacques Lacan afinaba, para nosotros, la formalización del cartel haciendo hincapié en los dos primeros puntos de su articulación:
1) "Cuatro se eligen para llevar a cabo un trabajo que debe tener su producto. Producto propio de cada uno y no colectivo."
2) "La conjunción de los cuatro se hace alrededor de un Más-Uno , que, si es cualquiera, debe ser alguien. Con la carga para él de velar por los efectos internos de la empresa, y de provocar la elaboracón".

Más una
Lacan pasa, en esta fecha, de la más-una persona en relación a tres o cinco, al más-uno en relación a cuatro, en este aspecto, es justo recordar que, desde el Acta de Fundación de la E.F.P, del 21 de junio de 1964, Jacques Lacan invitaba a trabajar en el marco de grupos pequeños cuya justa medida, escribía, era cuatro personas más-una, la tipografía llamaba la atención sobre esta más-una persona a quien era confiado el cargo "de la selección, de la discusión y del fin a reservar al trabajo de cada uno". En la Nota adjunta a su Acta de fundación es donde daba el nombre de cartel a cada grupo que se compusiera de tres personas al menos, cinco como máximo, más-una.
En Abril de 1975, con ocasión de las primera jornadas de los carteles de la E.F:P, el doctor Lacan remarcaba que había en el cartel un número mínimo que enunciaba ser el número cuatro, resultante de lo que había dicho "tres personas más-una". Añadía, que no había osado ir más lejos de cinco, lo que, sumada una más persona, hacían seis, y consideraba que tenía que justificar porqué el cartel debía ir de cuatro a seis.
Por eso convenía, según él, rendir cuentas, en principio, de este número mínimo-cuatro- exigible, y resultante, recordémoslo, de la operación tres más una ( 3 + 1 ).
El 7 de octubre de 1973, en su Introducción a la edición alemana de los Escritos (cf. Scilicet nº5) escribía Lacan a propósito de los números: "Pero por otra parte hasta 4, hasta 5 quizás, vayamos hasta 6 máximo, los números que son de lo real aunque cifrado tienen un sentido, el cual denuncia su función de goce sexual. Este sentido no tiene nada que ver con su función de real pero da una idea sobre lo que puede dar cuenta de la entrada de lo real en el mundo del "ser" hablante (entendiendo que toma su ser de la palabra). Sospechamos que la palabra tiene la misma di-mensión (Dit-mensión) gracias a lo cual el único real que no puede inscribirse es la correlación sexual." El mismo año, en su artículo titulado......O peor, Lacan avanzaba: "Es suficiente saber contar hasta 4, el 4 en el que convergen las tres grandes operaciones numéricas, 2 y 2, 2 veces 2, 2 potencia de 2. El Uno por tanto,que sitúo en la no-relación no forma parte de este 4, justamente por formar sólo su conjunto."

El Nudo Borromeo (3 + 1)
Durante las jornadas de los carteles de 1975, Lacan insistía en el hecho de que el fundamento de la estructura numérica del cartel tenía razones teóricas muy profundas y que tenían la más estrecha relación con la articulación del nudo borromeo R.S.I.
El nudo borromeo es tal que tres, es el mínimo. Si de los tres anillos se separa uno, se encuentran libres los tres. El nudo borromeo, sea el que sea, tiene por límite el número 3 y es del 3 que siempre llevará la marca (R.S.I, 10 de diciembre de 1974). Por otra parte, de la sucesión de los números enteros, 1 y 2 están separados y algo comienza en 3 que incluye todos los números, tantos como sean enumerables. Si es el ejemplo de la lengua donde el tres no se enuncia e insiste, aún podría, como número, interrogarla en relación a los tres registros lacanianos teniendo en cuenta su anudamiento. Del nudo borromeo de tres Lacan nos dice que es lo real y que lo real aporta el elemento que puede conseguir tener unidos lo imaginario y lo simbólico. El número tres mostrándose como lo que es, como lo real, a saber, lo imposible (R.S.I., 13 de mayo de 1975). Y, en su último seminario, el de Caracas, en 1980, el doctor Lacan evocará la función de al-menos-tres a propósito de la consistencia que anuda los otros dos redondeles liberados.
Sin embargo, el nudo borromeo, más allá de la cuestión del tres, también pone en evidencia la función del más-uno. Es así que, en las jornadas de Abril de 1975, precisa Lacan: "El X + 1 es lo que define el nudo borromeo a partir de que al retirar este 1, que en el nudo es cualquiera, se obtiene la individualización completa, es decir, lo que queda, a saber, que de la X en cuestión no hay más que el uno por uno". La supresión del más-uno entraña que no hay ya serie, es una hechura totalmente material, dice Lacan, hacer notar que este Uno no es número, aunque la sucesión de los números esté hecha de unos(R.S.I, 14 de enero de 1975.).

La Nominación
Por el más-uno se opera el siguiente paso en el que, para rendir cuenta de la estructura, Lacan pasa del tres al cuatro. El 15 de Abril de 1975, en el marco del seminario R.S.I, enuncia: "El inicio de todo nudo social se constituye de la no-relación sexual como agujero, no dos, al menos tres. Incluso si ustedes sólo son tres eso hará cuatro, de donde mi expresión más-uno. De tres consistencias no se sabe nunca cual es real. El cuatro es lo que, por este doble bucle, soporta lo simbólico por l que está hecho, a saber, el Nombre del Padre. La nominación es lo único de lo que estamos seguros que haga agujero".
Así, la nominación forma el cuarto término.
El cuatro, a la vez, da consistencia al lazo de los otros tres y hace posible su desunión. Un cuarto término es necesario para que se anude lo simbólico a lo imaginario y a lo real en tanto que lo simbólico no es el único en tener el privilegio de los Nombres-del Padre.
Es en su lección del 13 de mayo de 1975, Lacan distingue tres tipos de nominación: nominación de lo real como angustia, nominación de lo imaginario como inhibición y nominación de lo simbólico como síntoma. Una nominación limitada a lo simbólico, incluso si es simbólica, ¿es suficiente para soportar la función del Nombre-del Padre? ¿Es el Padre el que da su nombre a las cosas o debe ser interrogado a nivel de lo real?.
Tal es la interrogación crucial evocada entonces por el doctor Lacan. Notemos de paso que la misma palabra cartel evoca el número cuatro por su resonancia significante y recordemos que los egiptólogos llaman cartela o cartel a un signo oval representando un bucle de cuerda anudado en un extremo y que contiene el nombre de los faraones.

El cartel (4 + 1)
Si Lacan, en 1975, pone tres y añade el más-uno y cuenta cuatro, en 1980, aísla el matema 4 + 1 y subraya el cuatro a nivel de las X que se eligen y cuya conjunción se opera alrededor de un más-uno. En el primer tiempo de la constitución de un cartel de estructura 4 + 1, cuatro se eligen. Esta elección mutua, en la que lo imaginario está en primer plano, se revela como ese pegamento necesario para ponerse en camino, Sin embargo, que cada uno de los cuatro nombre y elabore un tema de trabajo aporta un contrapeso de orden simbólico que testimonia de la transferencia de trabajo ya en escena.
En un segundo tiempo ocurre la elección de un más-uno por los cuatro y, para el más-uno, la recepción de una demanda. El momento de la elección del más-uno y el de la demanda que le es dirigida son fases importantes en las que ya pueden ocurrir un conflicto y una crisis de trabajo. Por lo tanto, el más-uno, cualquiera dice Lacan, no es ni un líder, ni un amo y tiene, desde el principio, una función de mediación simbólica. Eco del grupo, acaba allí como conjunto vacío y no forma parte de los cuatros ya que sólo forma el conjunto.
En un tercer tiempo, después de un año o dos de trabajo del cartel, cuando llega el instante de concluir, el más-uno hace la incisión que permite la permutación y que remedia el efecto de adhesión. El más-uno tiene una función compleja en los aspectos paradojales. Objeto de una demanda y de una nominación iniciales, el más-uno deviene el significante que representa al grupo cerca del psicoanálisis al mismo tiempo que facilita, para cada uno de los cuatro, una identificación tal que cada uno se imagina, como él, tener que responder del grupo. Señala que hay anudamiento de los cuatro, que el anudamiento ya está hecho. Indicando el lugar de lo simbólico que hace agujero, ocupando la posición de gran Otro como eco del grupo, en el de el conjunto vacío, el más-uno no es menos que alguien del que Lacan evoca la presencia concreta como necesaria a su función en el cartel. Sin identificarse al sujeto supuesto saber, vela por favorecer la transferencia de trabajo en escena en su elaboración del producto propio de cada uno, que soportará el ardor de la crítica interna y externa. Limitando los efectos imaginarios inherentes al grupo puede, en la perspectiva de un futuro clínico de los carteles, invitar a cernir el real mismo del grupo.

La dialéctica del grupo y del discurso
Si el psicoanálisis pone el acento en lo particular, queda que ha de hacer en el inconciente y en lo real. A la verdad como lugar se opone el saber que es un lazo. Para promover el discurso tal como Lacan lo definió, la Escuela de la Causa freudiana da al cartel la función crucial de facilitar la dialéctica del grupo y del discurso, dialéctica posible por el hecho de que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Pero el inconsciente también es contable, saber contar, contar hasta cuatro, cinco y quizás hasta seis. En cuanto a lo real, su principio mismo necesita el número con lo que vehicula de real.
Que, en el cartel, el grupo sea pequeño es esencial porque, más allá de cierto umbral, sólo hay la confusión de la multitud. Que haya la estructura numérica 4 + 1, en referencia a la teoría de los conjuntos y al nudo borromeo, así como a la experiencia del inconsciente y de lo real, merece ser tomado en serio. Es a este precio que los efectos de discurso pueden advenir y tranportarla sobre la obscenidad imaginaria. Si es exacto que es suficiente saber contar hasta cuatro y que el Uno está excluído excepto para hacer el conjunto, el matema 4 + 1 del cartel encuentra su pertinencia. Es suficiente, para no pervertir en lo religioso, exponerlo a la prueba de los hechos. Apostamos a que cada uno se consagrará a ello.

Publicado en Analytica, volumen 32. Traducción: Juan Enrique Cardona

"El Cartel es un grupo, el grupo no es un cartel"
Viviana Bordenave

En Barcelona existen dos grupos, Cercie y Biblioteca, dos instituciones dentro del Campo Freudiano con historias propias y modalidades particulares. Dos grupos hacia una Escuela. Y "la Escuela está en formación", como dice Jacques-Alain Miller, lo que implica un tiempo, una participación y alguna elaboración.
Sabemos que el grupo, como forma social, alimenta lo imaginario favoreciendo el nudo identificatorio al líder. Esto hace obstáculo a la elaboración de un trabajo en común: grupo inevitable, que no deja de formarse e insiste en constituirse.
Ante ello, Lacan apostó por la constitución de pequeños grupos, denominados Cartel, como órganos de base de su Escuela.

Grupo e identificación
Jacques Lacan, en el Seminaro del 15 de abril de 1975, declaraba que "una cosa es segura: los seres humanos se identifican con un grupo. Cuando no lo hacen están perdidos". Pero importa saber con qué punto del grupo se da esa identificación..
Lo que se encuentra en el inicio del grupo es que los individuos que lo componen han puesto un objeto, uno y el mismo, en el lugar del ideal y por ello se identifican entre sí.
Se dan dos niveles de identificación, una recíproca y otra al líder. Como lo describe Freud en "Psicología de las masas...": "muchos iguales que pueden identificarse entre sí y un único superior a todos."
Esto trae aparejado un confort y un malestar, aquél que con esfuerzo Freud subraya en su texto como un posible retorno del goce. Este es precisamente el punto que el grupo trata de cernir por la identificación. En ese escrito, ubica con claridad algunos efectos de grupo: la falta de autonomía y de iniciativa del individuo, la uniformidad de su reacción con la de todos los otros, la disminución de la actividad intelectual, y la incapacidad de moderarse.
Cuando la sugestión recíproca se instala, los individuos son llevados a suspender lo personal de sus actos esperando su potenciación por la repetición uniforme de parte de los otros.

Cartel y elaboración

El Cartel es un grupo, un pequeño grupo, con una formalización que l constituye. Un dispositivo que impulsa a interrogarse sobre ese real que funda la densidad del imaginario grupal. Una herramienta importante de trabajo en común de los analistas, un dispositivo que obstaculiza la tendencia a confortarse en el grupo.
La participación en el Cartel es el testimonio del compromiso de cada uno para intentar encontrar respuesta, para dar razón de la práctica y de la teoría del psicoanálisis. Es decir, para intentar producir ese punto de elaboración tan difícil de lograr, ya que por su propia definición no es ni un lugar de intercambio de ideas ni de enseñanza.
La formalización y la función del "más-uno" tienen como meta el "cortar" los efectos del grupo, aquello que Lacan define como "obscenidad imaginaria" y que, inevitablemente, se añade al efecto de discurso.
El Cartel se sitúa entonces en una encrucijada, en un cruce de dos discursos: el del Amo, en tanto que como pequeño grupo es un dispositivo social al servicio de dicho discurso, y el discurso analítico en tanto lugar de elaboración de la teoría.
Este punto de encrucijada tiende a instalar "crisis de trabajo" que, con la formalización establecida por Lacan., inevitablemente hay que abordar. Decimos "inevitablemente" porque la experiencia nos muestra que suele haber un estancamiento alrededor del "intercambio de ideas". Subrayar el lugar de elaboración es de la máxima dificultad, pues implica algo tan difícil como un punto más allá de la repetición.
Aquí se fundamenta la permutación, cuyo objetivo es prevenir el "efecto de pegamento", ese perpetuarse de los grupos. Una duración reglada que anticipa su discusión y el avance del trabajo para, en el momento de concluir, provocar dicha elaboración.
He allí la función del "más-uno" que, al no negar la emergencia del "efecto líder" desde el momento de su elección pero, al mismo tiempo, no ceder sobre ese punto, abre la posibilidad de sobrepasar los efectos de grupo por los efectos de discurso.

Publicado en Uno por Uno Nº 2

"La Puerta del Cartel"
Miguel Bassols

"Que nadie entre aquí sin haber entrado en un cartel", podría ser un cartel para colgar en la puerta de la Escuela, al estilo de aquél que se leía al entrar en la Academia de Platón: "Que nadie entre sin saber geometría".
El Cartel es el principio de la Escuela, la disciplina propuesta por Lacan para articular la actividad del grupo con el trabajo particular de cada uno- su experiencia de lectura e investigación, su recorrido en el saber a partir de lo que no se sabe, su invención, también, cuando se da. Si el título con que se nombra el cartel ( su tema) es común, el producto es particular de cada uno y se ofrece al control de la Escuela como un modo de hacer avanzar el psicoanálisis.
¿Así, de buenas a primeras, cualquier recién llegado puede hacer avanzar el psicoanálisis?. Sí, esa es, de entrada, la apuesta de la Escuela cuando no se define como una "escuela de psicoanalistas y candidatos" sino de trabajadores, cuando no deja a quien se dirije a ella en la posición de pedigueño, a la espera de iniciarse en un saber supuesto, sino que hace de ese saber supuesto el principio de una transferencia d trabajo, cuando hace de otros saberes que no son los del psicoanálisis una razón para interrogar a éste.
El cartel es entonces, para cada uno, la primera implicación en la Escuela. Tiene una estructura que privilegia el efecto de serie sobre el del grupo analítico y nombra, así, el real en el que éste se funda. La lógica que Lacan le dio- cuatro más uno- lo hace funcionar al estilo de un conjunto de Russell: el más-uno debe encarnar la paradoja de dar coherencia al grupo y, a la vez, de descompletarlo, de restarse a lo que haría de él unidad, ideal de saber., debe provocar la elaboración de saber para cada uno de sus miembros- él también es un miembro más-, manteniendo la continuidad del grupo, y debe a la vez indicar su disolución cuando sea preciso, es así el testimonio de la inconsistencia del grupo, el operador que lo destina a una permutación con otros miembros de la Escuela en un tiempo previsto ( cada año como mínimo, cada dos como máximo).
El cartel tiene una historia en la enseñanza de Lacan. Pensado desde el principio como el"órgano Base" de la Escuela, viene a ser su fenómeno elemental, la hoja que debe dar la estructura de la planta. En 19644, en el Acto de fundación de la EFP, Lacan habla ya de una "elaboración sostenida en un pequeño grupo", anticipación de lo que será el cartel.
En 1981 volverá a tomarlo como el "órgano base" de la nueva experiencia: cuatro escogen a un Más-Uno cuya función es de selección temática, de discusión y de dar una destinación al trabajo de cada uno.
Llama la atención que, en varios momentos, Lacan sitúe el cartel como forma de entrada en la Escuela. Alguien puede incluso ser admitido en ella en el momento en que participa en un cartel. No es condición "sine qua non", pero sí más que aconsejable: se trata de entrar por un trabajo, no por un atributo de ser. Por otra parte, se hace manifiesto así que el dispositivo del cartel es impensable fuera de la Escuela, que debe ser la destinataria del producto de cada uno.
Bonita forma de recibir a la gente. Uno llama a la puerta de la Escuela con la aldaba de "del quiero ser...", otro con la del "quiero estar..." otro aún con la del "quiero tener..", cada uno lleva una aldaba distinta en el bolsillo que hace particular su demanda. Y la Escuela responde con otra aldaba, esa igual para todos y cada uno: la aldaba del trabajo en un cartel, que llama al deseo de saber. Este deseo, conviene saberlo de entrada, no es obvio para el psicoanálisis: hay que exponerlo, ponerlo a prueba, cultivar sus impasses y someterlo a la crítica que otros puedan ejercer.
Es que, por lo que respecta al saber que más importa, la Escuela no será nunca un lugar turístico. El mecanismo de su puerta es del sistema "Pecci- Blount" (el del grabado de la página 8 del primer número de Uno por Uno), que sólo se abre para volver a cerrarse, además, el único medio para que se entreabra es llamar desde el interior.
Y, entonces, ¿Cómo entrar? Y...... llamando desde el interior: desde el Cartel.

Publicado en Uno por Uno Nº 11

"Del grupo al Cartel, del líder al Más-Uno"
Guy Trobas

Me hago regularmente preguntas referentes a la invención, por Lacan, del cartel. Entre estas preguntas hay una que concierne directamente a nuestra experiencia de cartelizantes -experiencia reciente ya que data, en verdad, de la creación de la Ecole de la Cause freudienne- entonces, una pregunta que podría formularse así: ¿se pueden poner marcas para situar lo que sería una práctica de más-uno? Remarquemos a continuación que esta pregunta conlleva lógicamente una toma de posición, la de que se puede, efectivamente, hablar de práctica de más-uno, que es pertinente con la concepción del cartel en Lacan. Despúes de todo, esta apreciación que, por mi parte, extraigo de las formulaciones que dio Lacan del cartel en 1964 y 1980, no siempre ha sido evidente. Sobre ella podemos remitirnos al debate, muy animado, sobre el más-uno, que Lacan había suscitado, de alguna forma por sorpresa, en las Jornadas de la ex-EEP en Abril del 75 (1).
En este debate, lo que aparecía como una roca -lo que hacía Massenpsychologie- es una especie de estribillo sobre el más-uno: el más-uno como función ternaria, como función simbólica idealizada a nivel del grupo. El hecho de exponer el más-uno de esta manera, esta idealización, alimenta las reticencias absolutamente manifiestas de los participantes, en este debate, a que esta función sea encarnada, como si esta función excediera totalmente a una persona concreta, que valdría más que no se encarnase. Encarnarla - se ve muy bien este temor- sería arriesgar a desviarse en prácticas de amos o de pseudo-análisis. Numerosas participantes en este debate estaban de acuerdo, sea para hacer del más-uno una especie de tercero ausente que orientaría los discursos de los cartelizantes, sea para hacer de el un tercero encarnado alternativamente por los diferentes miembros -rotaría, porque esta función de más-uno tomaría distintas figuras como Lacan, el controlador, la clínica, la Escuela, la escritura, La mujer, la metáfora. En esta manera de considerar las cosas sobremanera sorda a lo que Lacan iba repitiendo, a saber, que el más-uno debe ser alguien, una persona, no una ausencia sino una presencia- la cuestión de la práctica del más-uno era resuelta de forma radical, nada de más-uno aislable como tal, entonces, nada de práctica, si se la entiende aquí en el sentido de una acción regulada, estructurada, dependiente de un sujeto. Por contra, cada sujeto del cartel se supone que mantiene una relación con una o dos figuras de más-uno a título de una función de dirección.
Al menos, en este debate del 75, hay igualmente una pequeña minoría de intervinientes que aceptan la idea de un más-uno encarnado, designado, pero siempre en esta misma óptica del tercero, de una dirección, de otro referencial. ¿Adquiere el más-uno, por tanto, el atributo de una práctica? -¡En absoluto! Decimos que su presencia deviene simplemente práctica, cómoda, en el sentido de que, el hecho de que esté ahí, haría más manifiesto en el espíritu de la gente la función de tercero, de eso a quien ellos están llamados a recurrir. Este más-uno permitiría mantener la búsqueda de los participantes superando los obstáculos del blablabla y, más, generalmente, los de los efectos de grupo. Es en relación a estos efectos de grupo que estos participantes piden al más-uno no "añadir nada", es decir, estar tranquilo. Entonces, una práctica de más-uno que sería de tranquilidad.
Lo que nosotros teníamos en este debate, más allá de las variantes que acabamos de resumir, es, a propósito del grupo, una reasunción, una aplicación coherente, pero parcial y totalmente originada en la enseñanza de Lacan. Claramente: al ser una forma social, al alimentar de manera relevante lo imaginario, al poder hacer los deslizamientos de obstáculo a la elaboración esperada de un trabajo en común en nombre del psicoanálisis, recurrimos entonces a la ayuda de la función simbólica, tal como nos la muestra el esquema L. Lacan interroga a la gente diciendo: para Ud., el cartel, el más-uno, ¿qué es en función de mi enseñanza? Y bien, en el 75, la gente responde: lo del 53, el esquema L. Lo que se espera es la oscilación del eje A---S conocido como antídoto a la intersubjetividad grupal representada por el eje a---a'. Se puede decir que sobre este eje a---a', la llamada intersubjetividad ocasionaría en relación al sujeto del grupo, el grupo mismo, lo que universalizaría, a estos sujetos en un fantasma común. Por el contrario, al mantener al gran Otro como fiador subjetivo, habría una posibilidad para cada sujeto de que le vuelva, en eco desde su trabajo, la particularidad de los significantes que le representan ante el otro significante, el de la dirección, es decir, el significante que connota para dicho sujeto su relación al campo freudiano.
Este esquema no está infundado: ofrece, de igual modo, una buena lectura de estos momentos del cartel que se traducen para tal o cual en una subjetivación nueva del problema, del saber que interroga. Así una cartelizante enuncia, a propósito de las condiciones de la transferencia de trabajo que constituía su tema,: "He encontrado otra formulación a mi pregunta". He ahí una puesta en juego de la cadena significante en el trabajo que se hace en el cartel, que le permite subjetivar de otra manera lo que le interroga. Esta perspectiva que leo del esquema L, también podría resumirse con el eslogan: "¡Metaforicemos, metaforicemos!". Lo estraordinario aquí es ver que, veinte años despúes de su invención, el esquema L quedaba como la referencia mayor.
Esta posición, eje en la producción de significantes para cada sujeto en el cartel, surge de una "promoción de la histerización", del discurso histérico. Lo que nos permite coger su lado bueno y su lado malo en materia de cartel. Su lado bueno es su orientación hacia el discurso freudiano como gran Otro, como tercero del grupo; allí donde los efectos de grupo inducen a los sujetos a instalar, en posición dominante en su discurso, algunos significantes -amos o algún saber dominante, la histerización, esto es su lado destituyente, hace obstáculo a esta instalación en posición dominante en un discurso, sea del significante-amo o sea del saber. Sin embargo, esta vertiente destituyente de los amos y de los petimetres, si no se prolonga en el discurso analítico, esto es, a fuerza y a medida de destituciones, es una vertiente de preservación del ideal, de idealización frenética; la operación de la histérica, en relación al amo, es destituirlo para salvaguardar su ideal de amo de una marca. Es ahí que se presenta el lado malo de las cosas desde que esta idealización se tomó del grupo como tal, cuando éste hace función de A y, por otra parte, correlativamente, sus propios efectos de funcionamiento instalan en este grupo un fantasma colectivo, una colectivización de sujetos por el fantasma. Aunque la histerización, en el grupo, produce esta coalescencia entre un ideal y un fantasma colectivo, Freud lo mostró, se tiene una tendencia de la sugestión hasta la hipnosis. Es este lado malo de las cosas el que hace, para los apoderados del sujeto que son los psicosociólogos, de resorte de su práctica de grupo, como ellos dicen.
La cuestión que se trata ahora es saber qué decide la orientación de la histerización -lo que sometemos a nuestra interrogación- de partida sobre la práctica del más-uno. Se puede ya subrayar que una promoción demasiado ingenua de la histerización, de la metáfora también, es el correlato de esta idea de que la función del más-uno se basta simplemente con una presencia encarnada en una dirección, hasta se basta con una presencia muda, neutra. Esta creencia tiene su equivalente en el campo del psicoanálisis en intensión, cuando se hace de la transferencia un puro artefacto, automático, de acrecentamiento, cuando se hace del setting analítico, lo que causa la transferencia. Hay una versión más reciente de este más-uno: si el más-uno está encarnado como tal, entonces, que sea bien homogéneo al grupo, que no se sienta autorizado a hacer otra cosa que lo que cada miembro hace en el cartel.
De hecho, esta aproximación es una tesis sobre la no-práctica específica del más-uno, y se acompaña a veces de argumentaciones a tomar en consideración. La más corriente consiste en hacer remarcar que si sólo hay práctica de discurso, entonces está claro que el más-uno no está en un discurso particular: ni analizante, ni analista, ni auniversitario, ni amo. Sea. Esta objeción parte, cuando menos, de esta suposición contraria a la enseñanza de Lacan de que un sujeto puede situarse en tal o cual discurso hasta confundirse. De hecho, toda práctica se define, contrariamente a la ética, no como la esperada de un discurso sino como la forma en que un sujeto está prendido en la circulación de los discursos, incluso interviene en esta circulación. Entonces, la cuestión de la práctica discursiva del más-uno queda íntegra.
Otra argumentación parte de la inquietud de que el más-uno sólo es más-uno por el hecho de que ocupa ese lugar, para y por los otros cuatro, elección que implicaría una nominación para lo esencial. Precisamente el efecto de esta nominación no estaría tanto a nivel de la práctica de la persona de quien es el objeto como a nivel del grupo mismo, que comportaría desde entonces un elemento heterogéneo, no incluido en la cuenta del grupo, lo que, por otra parte, indica el matema del cartel: X+1. Es bastante poco contestable que el simple hecho de elegir un más-uno, con lo que eso implica en el registro de la demanda, introduce un obstáculo en la homogeneización del grupo; precisemos, un obstáculo en el plano de lo simbólico, lo mismo que en el plano de lo imaginario el más-uno testimonia de que un efecto de pega ha soldado a los cuatro sujetos particulares, traduciéndose el efecto de pega en que se ponen de acuerdo sobre un nombre al que van a hacer esta demanda. Este razonamiento desemboca en esto: el más-uno, en tanto que alguien está subvertido por la nominación y, en cierta manera, es a pesar de él que hace obstáculo al Uno del grupo; se podría hablar más de efecto de más-uno, que de práctica de más-uno. Homogéneo a los otros sujetos en cuanto a lo que habría de hacer, el más-uno sería heterógeneo en cuanto a una función simbólica. Es apreciable que nos encontremos en esta argumentación algo del idealismo evocado anteriormente: por una especie de automaton intrínseco a un dispositivo globalmente simbólico en el que el más-uno se distinguiría por su nominación, tendría la oportunidad de poner en jaque lo imaginario grupal, de poner en jaque lo que en todo grupo tiende a asignar a los sujetos una residencia en un discurso, a detener la circulación de los discursos.
De todo esto podemos sacar una conclusión parcial bajo la forma de una pregunta: ¿Por qué ha habido, y sin duda hay aún, a veces, tal insistencia en evacuar la idea de una práctica correlativa a la función de más-uno? Esta insistencia nos interroga tanto más ya que los enuciados de Lacan no van en este sentido. Remitámonos a la formulaciones del 64 o del 80, y constataremos que Lacan asigna siempre una carga específica al más-uno, carga que se encuentra rectificada, por otra parte, de la primera formulación a la segunda. Es probable que esta insistencia, este rechazo de la idea de la práctica del más-uno, sea a cuenta de una denegación, concerniente a lo que Lacan llama: "esta necesidad que se cristaliza por el funcionamiento de todo grupo", esta denegación podría leerse: "el cartel no debe ser un grupo, o "¡nada de leaderss-hip aquí!". Este es el tipo de formulación que se encuentra en el famoso debate del 75; uno de los participantes, bien, conocido por ser de los que habían introducido un madarinato autoritario en la exEFP, declaraba así al principio del juego: "Todo mandatario y toda dirección en el sentido de una actitud magistral de uno de los elementos del cartel es excluído desde el principio". Este es un sortilegio al que no le falta sal del comunicado de esta persona, pero que denota una inquietud y una resistencia: ligada, ésta, al pensamiento de que el más-uno pueda ocupar el lugar tradicionalmente ocupado por el líder. Otro participante en este debate, en función de esta misma inquietud, llegó incluso hasta justificar el hecho de que el lugar del más-uno sea dejado vacío porque: "mientras esté encarnado, siempre da un líder". Más recientemente, alguien decía aún: "el más-uno se sitúa en lo opuesto a todo mandatario imaginario". Este tipo de denegación bien intencionada desemboca en la evitación de los problemas que supone la práctica del más-uno, y desemboca en el rechazo ilusorio de toda intervención a título de más-uno, hasta en un ir a la contra del más-uno, como pudiendo hacer obstáculo en la pendiente del "leadership".
Tal no es, mi opinión, la orientación de la operación que Lacan nos sugiere con su invención del cartel. Lejos de ponerla a cuenta de una denegación, nos es preciso, sobre todo aquí preguntarnos porqué Lacan retomó el dispositivo del grupo, del grupo restringido, para hacer una herramienta privilegiada del trabajo en común de los analistas y el órgano de base de su Escuela. Esta pregunta merece que se resuelva, porque Lacan, no sólo fue uno de los primeros en Francia en hacer referencia a los trabajos de la psicosociología de los grupos - basta con referirse a su artículo de 1947 sobre la psiquiatría inglesa- pero además, muchos pasajes de su obra escrita, en los Escritos, muestran que sabía a que atenerse respecto al grupo pequeño. Perfectamente había captado que el grupo pequeño es, sobre todo, un dispositivo social al servicio del discurso del amo.
Esto es algo cuyo momento de emergencia es perfectamente localizable históricamente: al final de los años 20, principio de los 30, en los Estados Unidos. Es el período durante el cual, esta forma purificada del discurso universitario que es la OCT (Organización Científica del Trabajo, resultante del delirio tayloriano), encontró problemas que amenazan sus bases: mientras que había salido airosa, en un momento dado a principios de siglo, tanto en materia de productividad y de recuperación de plusvalía como en materia de restitución, al esclavo moderno, de un cierto goce, al precio de una homogeneización y de una estandarización de este goce, esta OCT se apoyó en lo que volvía a poner en cuestión esta restitución de goce al esclavo. Hay un obstáculo que reanimó el lugar de la confiscación de goce, precisamente, bajo la forma de la crisis del 29, crisis financiera, es cierto, pero que evolucionó en crisis social, después en crisis extremadamente grave que afectó las fuerzas productivas, al principio poniendo a los parados en la picota -entonces, turbación del goce-, a continuación sembrando el desorden en los talleres: la productividad cae, pues, vertiginosamente. Es ahí donde la lógica del discurso del amo entró en acción, es decir, que se supuso un saber al esclavo, para enderezar la barra, un saber cuya extracción permitirá, de vuelta, regular el desorden de su goce.
La psicosociología ha nacido, bajo la denominación de human relations, y el grupo pequeño, que es su vástago favorito, es precisamente el que devuelve al trabajo el saber del esclavo moderno. Lo mismo se encontró al principio de este movimiento del que Lacan hizo el soporte de la transferencia del saber del esclavo en el discurso del amo en saber de amo en el discurso universitario (en juego tanto en la burocracia como en la organización del trabajo): quiero hablar aquí del filósofo en la persona de Elton Mayo que estaba en la primera formación.
Lo que es del todo patente, a nivel del grupo pequeño, es que el líder es la encarnación del amo.
Bajo este título no se puede impedir hacer la aproximación entre las características de la versión idealizada del líder, el líder democrático, y la versión idealizada del yo en el psicoanálisis, lo que se llama autonomus ego, que también es, por otra el yo fuerte; se encuentra el mismo perfil del sujeto en la versión del yo según la psicología del mismo nombre y en la del líder democrático según la psicosociología. Es ahí que Lacan apuntó en el psicoanálisis, a propósito del yo fuerte, el retorno del discurso amo. He ahí el nivel en el que nos es preciso situar lo imaginario grupal, del lado de los efectos del discurso del amo, en el que, como lo dijo Lacan en Radiofonía: "es el plus-de-gozar que sólo satisface al sujeto para sostener la realidad: únicamente del fantasma". Ahí se mide la especial impotencia del amo y, por lo tanto, del grupo, en su relación a la verdad. Esta impotencia se invierte a nivel del yo como del líder, en una afinidad particular por el poder como por el desconocimiento.
Máquina yoica, el grupo pues, es también una máquina de producir un atollamiento discursivo en el maestrazgo, el cual pasa por lo que dije anteriormente por una colectivización de los sujetos en un fantasma común. Tocamos, aquí, por un sesgo, que el cartel, en tanto que grupo, tiene una vertiente de incompatibilidad con el discurso psicoanalítico, verificado en el hecho de que el discurso psicoanalítico implica un lazo social fuera de grupo. Pero esto no es suficiente para aclararnos sobre el interés del cartel.
Este interés podemos deducirlo por otro alumbramiento que nos da Lacan en medio de la página 31 de "El Atolondradicho", sobre la relación del psicoanalista con el grupo. Esta relación puede leerse a partir de las consecuencias que se pueden sacar en cuanto a la subjetividad del analista, del lugar en el que su acto toma su valor psicoanalítico. Este lugar es el del semblante, en el que soporta la función del objeto a, el mismo objeto que en su propio análisis sólo encontro en su "cuerpo de defensa". Mediante el que, en este lugar al que le llama su ética, su acto, el analista se encuentra en una posición de aversión, o de horror. Añadiría que, este lugar, es también una posición de soledad, radical, en tanto que ahí ningún significante puede representarle como sujeto en una cadena. Por consiguiente, se puede entender que haya una pendiente que atraiga al analista hacia el grupo. Es una pendiente que le permite invertir la incomodidad de la aversión y de la soledad en confort, el confort del grupo. ¿Por qué este confort? Porque en su vertiente de histerización, el grupo ofrece una cura de significantes, allí mismo donde había un imposible de representar.Segunda vertiente del confort, es la vertiente del maestrazgo; el grupo ofrece la mejor acomodación del objeto imposible de soportar - y mucho mejor que en el discurso histérico- como lo indica la equivalencia hecha por Lacan entre el discurso del amo y el discurso del inconsiente. Esta mejor acomodación, puesta en común en un fantasma colectivo, es el hormigón del grupo así como su obscenidad. Es, dicho de otra manera, en el punto en que el grupo se funda sobre un real desconocido, un real tal que le asiste el discurso del amo. En cuanto al efecto de grupo, es esta aspiración hacia la inversión del real en imginario.
Cuando Lacan inventa el cartel, justo en la huella de su objeto a, y en plena inflación de las prácticas de grupo, tiene que plantearse algunas cuestiones. No es una denegación, el cartel no es un anti-grupo, o un no-grupo, o un grupo transparente a sí mismo; el más-uno no es una negación del líder, un anti-líder. La operación de Lacan es un giro de perspectiva. Que se la considere en la forma en que Lacan estableció el discurso psicoanalítico: lo estableció a partir del discurso del amo, por inversión. Lacan hace un uso del significante, de significantes nuevos, tales que estos significantes revelan lo que ocultan en su forma, a saber, que hay una consubstancialidad entre lo real y lo imaginario, una continuidad olvidada demasiado a menudo, lo que hace que partiendo del segundo se puede, en determinadas circunstancias, llegar al primero. En este sentido, el cartel me parece ser un dispositivo por el cual se puso no solamente un obstáculo en la pendiente de los analistas a confortarse en el grupo, a ocultar lo real del grupo que lo instaura por lo imaginario, sino que también está llamado a ser un dispositivo incitador en el que el analista sería provocado a interrogarse sobre lo que de lo imaginario grupal se instituye necesariamente en un real.
Si no hay medio de escapar a "esta necesidad que se cristaliza por el funcionamiento de todo grupo", hay un medio para dar cuenta de lo que crea esta necesidad. Este medio, no es destituir simplemente al grupo, a sus miembros, que tienen una dirección en el sentido simbólico del término. Este medio, es el de instalar un significante nuevo, de producir un significante nuevo, como se produce el hierro, sobre el punto de mayor densidad imaginaria, en tanto que también hace signo de un real. Concretamente, a nivel del grupo, este punto de mayor densidad imaginaria, de enviscamiento extremo de los sujetos, esto es, como ya lo había notado Freud, el nudo identificativo del líder y el real del que hace signo, es lo que Lacan llama "lo imposible de disolver de todo grupo". En cuanto al significante nuevo que Lacan instala en este punto, el significante más-uno, hace agujero, hace incisión en lo imaginario de tal forma que permite, precisamente, captar dónde puede operar la vuelta de lo imaginario en real. Precisemos: lo permite porqué no está en el campo del saber, no importa qué significante sino, al contrario, un significante cogido en la red de significantes de la enseñanza de Lacan, como él mismo lo precisa en 1975. El más-uno reenvía a la que Lacan elaboró al principio en términos de ciframiento, a continuación en términos de nudo borromeo -es decir, que el significante, utilizado, pues, en este punto en el que se instala el líder, tiene, de golpe, un efecto interpretativo, un efecto de saber.
Correlativamente, la introducción así circunscrita de este significante nos da un hito para una práctica de más-uno: ésta no ha de simular operar a partir de una posición que no sería la de leaders-hip; al contrario, ha de asumirla, a partir de ella para intentar, en determinados momentos, leer los efectos de los que ella es el producto y, por consiguiente, limitar estos efectos.
No simular operar a partir de una posición que no sería la de un líder, es algo perfectamente de acuerdo con el estatuto que Lacan atribuye al más-uno en 1964. Este estatuto implica una práctica, cito,"de selección, de discusión, y del fin a reservar al trabajo de cada uno", son algunas de las características principales del perfil del líder democrático tal como lo han dibujado Lippit y White, así como Maier. El más-uno, si no se confunde con el efecto líder, funciona entretanto.Pero, siempre en 1964, Lacan ya introduce correctores para que la experiencia sea, precisamente, enseñante: designado a partir del carbón en bruto, el más-uno se convertirá despúes del momento de concluir, nada lo asegura en esta experiencia de más-uno, durante y después de este cartel, en una presencia de su participación en otros carteles. Esta es, en el fondo, la traducción del principio de equivalencia entre los cartelizantes ante el discurso psicoanalítico. Y lo que aquí es enseñante, es justamente, la imposición de un momento de concluir, de una duración regulada del cartel, de lo que esta imposición implica, por una parte, menos una experiencia eternizada, como en la exEFP, que una experienciade ducida de la serie, y por otra parte , un efecto de anticipación provechoso en el progreso del trabajo.
Se puede pensar, evidentemente, que estos límites a la consolidación del grupo pueden, muy bien, ser eficientes sin que el más-uno intervenga en lo que sea. Esto es desconocer hasta qué punto los efectos de grupo son susceptibles de introducir una a-temporalidad en su funcionamiento, un ritmo perfectamente olvidadizo de la tarea a realizar. El juego de la anticipación del momento de concluir es aquí un punto esencial para la elaboración de las intervenciones del más-uno, para su práctica.
Dicho esto, es con la formalización afinada de los carteles, dada en 1980, y sacando partido del fracaso de la EFP en la materia, que Lacan, verdaderamente, dio su orientación específica a la práctica del más-uno. Lo hace no aportando, como en 1964, algunos correctores concernientes al grupo como tal, sino aportando una rectificación apreciable, una nueva acentuación referente a lo que incluso ha llamado la carga del más-uno. Esta última está, en efecto, claramente centrada en el funcionamiento, en la vida del cartel en tanto que se distingue de la organización y de la producción. "Velar por los efectos internos a la empresa y provocar su elaboración" dice Lacan, lo que se pone en relación con el último punto de la formalización afinada, el de la "puesta a cielo abierto de los resultados así como de las crisis de trabajo".
Este afinamiento, esta acentuación, nos dan hitos preciosos para la práctica del más-uno, hitos que, me parece circunscriben una operación de discurso.
Tomemos ya esta puesta a ciela abierto. Es mucho más que esa dirección de la que hemos hablado más arriba, que permanecía totalmente en el registro privado. La puesta a cielo abierto es el pase de lo privado del grupo a lo público, es decir, la puesta en escena, ni más ni menos, de una función de control en cuanto a lo que ha operado en el grupo, en cuanto a sus efectos de colectivización y a sus efectos de discurso. Para situar las cosas de otra manera, podríamos decir que la intimidad del grupo es lo que lo aleja del discurso como lazo social; la puesta a cielo abierto es lo que lo vuelve, al instituir un Otro, no más artificial sino en efecto, susceptible de retornar a los sujetos sus mensajes.
Que esta puesta a cielo abierto pueda ser una de las incitaciones del más-uno, tiene algo de evidente. Esto es, en cierta forma, el tiempo segundo de otro hito que es el que resume la fórmula provocar la elaboración. ¿ Qué es eso sino una operación interna al cartel que apunta a una Durcharbeitung, la cual, se sabe, no va sin un cierto exceso? Es, por otra parte, lo que indica el término provocar que connota este llamado singular al sujeto cuyo efecto es el de incitarlo -como se dice- a salir de sí mismo (etimológicamente provocar remite a llamar desde afuera). En el marco presente, el del cartel, provocar indica que lo que se espera del más-uno es alguna iniciativa, alguna luz de su parte, que permitiría, restaurando auténticamente la función del Otro, restaurar el discurso; este movimiento es también el de un cambio de discurso, cambio del que Lacan nos precisa que no es, justamente, una operación continua sino una precipitación en un movimiento de báscula.
En el fondo, si el efecto líder es agradable y la garantía de una concentración del discurso en una sola de sus modalidades, hasta lo que impele a su extinción en el blablabla, el más-uno tendría por encargo deshacer esta garantía. Dicho de otro modo, si el trabajo en grupo excluye el discurso psicoanalítico como tal, es sustentable pensar que el cartel, que el más-uno y su provocación, podrían restablecerlo a título de un efecto de cambio de discurso; y en la medida en que este efecto es correlativo a la emergencia del objeto, tenemos ahí una posibilidad nueva: la de la interrogación, la del acercamiento, del real en causa en el grupo. En cierta medida, como conclusión, podríamos retomar para el más-uno esta función que Lacan atribuía al cartel en relación a la Escuela: una función de gozne.

NOTAS
1. Un relato detallado de este debate figura en las Lettres de la EFP nº18.
*Conferencia publicada en Travaux nº3, 1988 - Traducción: Juan Enrique Cardona

EXPERIENCIA DEL CARTEL

"Enseñanza y Cartel del Pase"
Eric Laureant

He escogido como título "Enseñanza y cartel del pase", puesto que quería dar testimonio de lo que hemos aprendido como cartel, en todo caso de lo que yo he aprendido en tanto que miembro de ese cartel durante los dos años en los que hemos podido oír a cuatro pasantes por intermedio de sus pasadores(1)

Distinguiré dos vertientes de la experiencia, la del testimonio y la de la pérdida que, desde luego, se anudan, la del testimonio en que acentúa la reconquista, por el pasante, del campo de eclipse del pase, la de la pérdida en que es falla de la palabra, presentación del ser-el-pase. Constato inicialmente que la enseñanza de nuestro cartel se ha distribuido según esos ejes. Alfredo Zenón y Francois Leguil han desarrollado más bien la experiencia del testimonio. Agustín Menard y yo mismo hemos partido del lugar del afecto, más bien maníaco depresivo, que concierne al sujeto en el pase. Jean Buy Godin, designando la oposición del término y del final, ha hecho valer estas dos orientaciones. Intentaré reagrupar mis comentarios en torno a dos cosas:

1.- La unificación de la demanda, operada por Lacan, entre la demanda llamada terapéutica y la demanda didáctica, esta unificación central para el punto de partida de la experiencia se encuentra al final como imposibilidad de aislar lo que sería puramente didáctico la ganga terapéutica. Reencontramos al final diferentes modos de fusión-de/fusión.
2.-Si al comienzo está el deseo decidido, reencontramos al final de la experiencia la cuestión de la decisión, de la decisión y no de la autorización. Más particularmente es la manera en que el sujeto se las arregla con lo que puso en juego al comienzo, en su "¡todo pero esto no!" En lo que quería reservar protegido del psicoanálisis-todo el análisis- y que se reencuentra puesto en juego en la decisión final de manera crucial.
Reagruparé en una primera parte, dos sujetos situándose en la relación al síntoma. En el primer caso, el sujeto, de manera sorprendente, confía a sus pasadores que no había puesto el síntoma en juego en su análisis. Era una dimensión des conocida para él mismo. En el segundo, el sujeto ha sabido transmitir a sus pasadores que había analizado todo el síntoma, ¡absolutamente todo el síntoma!

En una segunda parte, examinaré la decisión de dos sujetos respecto a "¡pero esto no! Que se sitúa en el límite de su psicoanálisis. Un primer sujeto que dramatiza la pérdida, dramatiza su función de encontrarse "despojo" y una precipitación: no a reconocerse hombre antes de que le rechacen, sino una precipitación a reencontrarse despojo antes de que le disuadan.
Un segundo sujeto que al final del análisis hace un acting-out maravillosamente conformado, intenta persuadir a sus pasadores que no es tal, puesto que le apacigua. ¡Frente al drama de uno, la paz del otro!

El síntoma
Para empezar, una primera parte en la que se va a tratar del síntoma. Un sujeto que nos ha sorprendido mucho. Alguien empezaba diciendo que había desde luego atravesado su fantasma, pero que, nunca se había tratado de lo más íntimo en su análisis.
El sujeto se autoriza analista y experimenta él mismo una gran sorpresa, durante una sesión con un paciente, al encontrarse perforado por un dolor que es precisamente el síntoma que la madre había sufrido siempre. El sujeto encuentra ahí el síntoma en una dimensión de extrañeza que le deja al exterior del síntoma mismo. No puede ni siquiera quejarse de ello, no lo problematiza. Es un síntoma que se encuentra en el límite del psicoanálisis. He aquí algo que he aprendido en estos testimonios, la precisión de este reencuentro con un síntoma que ha cambiado completamente de estatuto y que precisamente le deja en una cierta dificultad respecto a su situación.
El segundo sujeto ha sabido transmitir a sus pasadores su agilidad respecto al inconsciente lo que hace que haya sabido analizar el síntoma con una precisión impecable. Abrumado en un momento dado por diversos dolores, este sujeto sabe aplicar la declinación de los síntomas a la declinación de sus nombres con un algo absolutamente convincente. Algo que no se encuentra en los libros, de una gran belleza clínica. Lo que queda al final es que esta declinación de nombres deja al sujeto a la espera de un nombre que lo sea verdaderamente; de un nombre, precisamente un nombre de un padre que venga a nombrar verdaderamente, no al síntoma sino, condición de su existencia, a nombrar verdaderamente al niño. Se queda en una posición de espera respecto al surgimiento del nombre.
Estos dos sujetos testimonian de un punto central en la estructura: la inclusión necesaria del síntoma en la demanda de saber- la demanda llamada didáctica- no permite separar cronológicamente análisis terapéutico y didáctico.
Así, necesariamente, el sujeto debe decidir su actitud respecto a su síntoma, son sujetos que han hecho incontestablemente un análisis, pero, aunque hayan hecho un análisis, no por ello estaban en el pase.
Era la opinión del cartel. Sin embargo presentaban un cristal luminoso de esta articulación. En un caso el "no síntoma" destina al sujeto a reencontrar el dolor materno y en otro el "todo el síntoma" deja al sujeto suspendido a la espera de un nombre del padre que lo sea verdaderamente.

La pérdida
Los dos otros sujetos presentan de manera ejemplar la actitud del sujeto respecto a la pérdida que surge en el análisis.
Alguien se precipita, con ocasión del duelo de una relación que había sido central para él en el curso de su análisis, en la mayor división. Esta división donde el sujeto se precipita le conduce al límite del silencio. Testimonia tanto de su posición de rechazo de la cadena significante que se queda boquiabierto. Sólo podía testimoniar por una cierta agitación, por quejas que dirigía a este objeto que le dejaba plantado. Estas quejas le conducían a estar todo él esclavizado a esta pérdida y a esforzarse para recuperar esta pérdida en una experiencia de testimonio.
En un segundo caso no se trataba de "precipitarse en la pérdida, se trata de un recuerdo -recuerdo encubridor- en el que se oían tras la puerta, los jadeos de su madre. El sujeto duda en saber si se trataba de una experiencia de placer o una experiencia de dolor. "Auscultando en el espacio nocturno los sollozos modulados de la buhardilla" auscultaba los jadeos de su madre. Es llevado en su análisis a precipitarse en una experiencia que le lleva, en suma, a acostarse con una pareja, de lo que sale evidentemente angustiado, pero con la idea de que ese punto de horror alcanzado, no podía más que pedir la paz y el olvido. No estaba separado del testimonio por este ser mismo de la división, estaba separado del testimonio pues, habiendo alcanzado ese punto, no podía mas que pedir la paz y el olvido. Es más bien del A.E.: del que esperaríamos que nos desplegara la paz y el olvido.
Estos diferentes sujetos, en el curso de a discusión del cartel, se han ordenado, lo cual nos ha sorprendido. Esto hace que hayamos intentado modular el "sonido" para modalizarlo, afirmarlo, adaptarlo al caso. Esta variedad estaba tanto más presente que, a menudo, las discordancias entre los testimonios de los pasadores eran flagrantes, dejándonos a veces preguntarnos si se trataba de la misma persona.
Era un primer movimiento, el segundo era darnos cuenta de que se trataba de la misma posición subjetiva profunda. En una nominación, ¿no tendríamos que nombrar una cierta relación a la renombrable posibilidad de hacer saber con el objeto causa? El A.E. no es nombrado a un puesto de profesor del objeto a. Se trata de verificar en el dispositivo que un sujeto ha estado suficientemente amarrado al duro banco del objeto causa para que pueda hacer transmisión de ello.

(1) Hemos aceptado la traducción habitual de los términos "passant" y "passeur" aunque no nos parece que restituya acertadamente que el pasante es quien se presenta al pase y el pasador quien testimonia de la posición del pasante.

Artículo publicado en "La Lettre mensuelle" n° 72. Ecole de la Cause Freudienne. Septiembre / Octubre 1988 - Traducción: Vicente Mira

"El Cartel: un nuevo lazo"
Vilma Coccoz

En "Del psicoanálisis y sus relaciones con la realidad" leemos: "Los psicoanalistas son los eruditos de un saber del que no pueden conversar". Esta frase, reuniéndola con la anterior: "A eso se debe su asociación con quienes sólo comparten ese saber al no poder intercambiarlo", permite entender que el saber del que se ocupa el psicoanálisis no es comunicable de sujeto a sujeto- no hay intersubjetividad .
Hay otras vías que toman en cuenta esta imposibilidad de comunicar los unos a los otros aquello de que se trata. La primera de esas vías es la del propio análisis, en el sentido en que todo análisis es didáctico. No obstante, el saber del que la experiencia del análisis instruye es limitado: saber de la determinación del inconciente sobre el ser hablante, saber de un goce particular que se obtenía como síntoma. Pero un sujeto nada puede saber del sentido de los síntomas de otro, es decir, de la satisfacción que esos síntomas producen.
Para poder permitir a otro el acceso a ese saber no basta con haberlo conquistado uno mismo, sino que hace falta haber pasado a la posición de analista . Esta es la diferencia fundamental entre la IPA y la Escuela ya que ese pase no es automático, también de éste se trata de producir un saber.
Entonces, aunque eruditos en un saber de la estructura, los psicoanalistas no se reúnen como sabios para conversar de su saber y ampliar el campo de la erudición sino que se asocian justamente por lo contrario, por una imposibilidad de conversar. El cartel encuentra en este punto la especificidad de su función: ser la bisagra, la articulación ente el psicoanalista solo, en la soledad de su acto, y la Escuela, donde los psicoanalistas trabajan para la transmisión del psicoanálisis aportando su experiencia como analizantes y como analistas. Esto constituye la segunda vía, la del matema.
Parecería entonces que es ese imposible el que hace posible el grupo. Sin embargo no es tan simple. En "Letourdit", Lacan dice: "Lo mío parece una empresa desesperada (...) porque es imposible que los psicoanalistas formen grupo. No obstante, el discurso psicoanalítico (...) puede fundar un vínculo social limpio de toda necesidad de gurpo." No propone eliminar el grupo sino fundar un lazo sin la necesidad del mismo. ¿Qué da origen a esta necesidad?.
En ese mismo texto, Lacan define el grupo a partir de la diferencia entre efectos de grupo y efectos de discurso: "Lo imposible del grupo psicoanalítico es a la vez lo que en él funda, como siempre, lo real. Lo real es esa obscenidad misma: así entonces de ella "vive" como grupo. Esta vida de grupo es la que preserva la institución llamada internacional..."
Pero, como Lacan mismo nos dice, "esto no es lo importante, ni tampoco lo es el que sea difícil para quien se instala dentro de un mismo discurso vivir de otra manera que no sea en grupo, lo importante es lo que aquí se convoca, a saber: el baluarte del grupo, la posición del analista tal como queda definida por su discurso mismo. El objeto "a" en cuanto a la aversión que lo enfrenta al semblante donde lo sitúa el análisis ¿podría sustentarse con otro consuelo que no sea el del grupo?"
Por lo tanto, lo que causa la necesidad de grupo revela una comunidad de estructura con su imposibilidad: el objeto "a". Si el psicoanálisis muestra la separación del Ideal y el objeto "a" y la naturaleza de semblante de este último, dando así la clave de su operatividad, la posición del analista respecto al objeto está determinada por los efectos del grupo que lo produce como analista.
¿Cómo funciona el objeto "a" en el grupo?. Siempre en "L´Etourdit", si la muerte en Freud es el amor, la "vida" del grupo sólo nombra el odio. Al fundarse en un amor a Freud y al psicanálisis, la IPA refuerza los lazos de identificación. Como consecuencia, no se opera la separación entre el I y el "a", cuya distancia permite revelar su estatuto de semblante, y el jefe encarna su conjunción.
En los miembros del grupo se produce un efecto hipnótico: calla la críticas del Ideal debido a la erotización del lazo con el líder, quedando entonces los miembros del grupo reducidos a ser eco del líder. Ëste , por su parte, no por ello obtiene el ser sino sólo la consistencia imaginaria del "a", "un semblante más de la cuenta, una ostentación de semblante (cf. "La Tercera" ).
De esta manera, el amor y el odio están asegurados, en la aversión a reconocer que el objeto no es más que semblante. ¿Qué puede esperarse de la posición de un analista producido por un real cuyo único tratamiento es la pasión?.
El desconocimiento de lo real en juego, aunque promueva algún saber, será seguramente escaso, como se demuestra en la producción de la IPA: punto cero de saber.
Fundar un lazo, limpio de la necesidad de grupo, en el que se opere la distancia necesaria entre el I y el "a", operación a cargo del más-uno en el cartel, equivale a demostrar que del ser sólo hay semblante, que el agente del discurso analítico es del orden del semblante, y que en un correcto anudamiento de una imposibilidad de saber y una imposibilidad de grupo, lo que sí se obtiene es la existencia del discurso analítico.

Publicado en Uno por Uno Nº 10. Mayo de 1990

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"Entrada en la Escuela"
Gustavo Dessal

Pese a lo que pueda sugerir el título, yo no voy a comentar el problema de la entrada en la Escuela desde el punto de vista práctico, es decir desde el punto de vista de un dispositivo, que seguramente, tendrá que existir, un dispositivo de recepción, de escucha y de remisión de las demandas que se dirigen a una Escuela. Y no lo voy a hacer por una razón muy sencilla: en primer lugar, desconozco por completo este aspecto de la entrada en la Escuela y, además, me he encargado de hacer una pequeña investigación sobre esto, y descubrí, para mi sorpresa, que en la Escuela de la Causa no se ha elaborado nada, todavía, sobre este problema. Al parecer, es en estos últimos tiempos que se está empezando a proponer o a sugerir la necesidad de una elaboración. Por lo tanto, no podemos contar, hasta el presente, con una conclusión sobre este problema de la entrada en la Escuela, una conclusión que podría servirnos como punto de referencia. Entonces me voy a limitar a comentar, simplemente, algunas cuestiones conceptuales, que, en lo que hace específicamente al tema de la Escuela, por supuesto son cuestiones que no están sostenidas por ninguna experiencia personal.
El término "entrada a una Escuela" supone, a mi parecer, y al igual que sucede cuando nos referimos a un análisis, algo más que abrir una puerta y atravesar una serie de requisitos y procedimientos formales. La demanda de adhesión puede alcanzar su destino y verse reconocida en alguna de las nominaciones que certifican la pertenencia a la Escuela, pero querría entender que esas marcas simbólicas no agotan un problema crucial, que es el de la posición del sujeto en relación a su entrada.
Durante un largo tiempo, y por circunstancias variadas, la entrada a la Escuela ha sido imaginada por todos nosotros a partir del modelo de la retroactividad, es decir como un significado del Otro, para usar los términos clásicos de Lacan, como una significación proveniente de la autoridad del Otro. Que esa autoridad se concibiese más o menos oscura, no fue seguramente algo que tan sólo se debiera al gusto de cada cual, pero el hecho es que se adoptaron posiciones diversas, en una cierta prisa por concluir.
Más recientemente, el cambio de perspectiva que introduce el anuncio de una entrada menos restringida, desplaza el acento hacia un registro del grafo que, hasta ahora, quedaba un tanto encubierto por el recorte de la censura: que el sujeto recibe su propio mensaje en forma invertida. Esto nos reenvía al piso de la enunciación, lo que también puede decirse con otras palabras: al lugar donde el sujeto se hace responsable de su entrada, de lo cual no se deduce que dicha entrada recaiga exclusivamente de su lado.
Nosotros sabemos qué significa esto cuando lo que está en juego es la entrada en un análisis. Es algo que puede formularse de muchas maneras, pero un modo simple de enunciarlo es diciendo que una demanda debe refrendarse en una decisión.
Esperamos, más allá del pedido que se emite, un signo del asentimiento subjetivo, y a eso lo llamamos transferencia positiva, en el lenguaje de Freud, o puesta en marcha del sujeto supuesto saber, en la terminología de Lacan.
Pero cuando se trata de la entrada a una Escuela, al menos para mí, ya no es tan sencillo reconstruir la lógica del proceso. El esquema de la entrada en análisis no se puede trasladar de modo isomórfico al de una Escuela, aunque me inclino a suponer la subsistencia del elemento "responsabilidad", por lo siguiente. Porque en el segundo párrafo del Acta de Fundación del '64, Lacan habla del deber que al Psicanálisis le toca en nuestro mundo, y toda su propuesta se cierra con la expresión que acaba de mencionar Mercedes: "trabajadores decididos", sobre cuya paradoja nos ha llamado la atención Germán García en una conferencia reciente en este mismo lugar. Es decir que el plan lacaniano de 1964 está claramente enmarcado por una dimensión ética que el término "responsabilidad" tiene la ventaja de anudar firmemente a un problema clínico, que es : ¿Cúal es el deber del Psicoanálisis en nuestro mundo?". Y no es, creo yo, una pregunta sencilla, porque no podríamos conformarnos con responder que el Psicoanálisis es lo que acoge al ser que padece del significante.
El 3 de junio de 1970, Lacan se dirige a los estudiantes, que sin duda constituyen un grupo, advirtiéndoles que más les valdría ser analistas. A mí, durante bastante tiempo, me costó entender esta proposición de Lacan, porque al principio me interrogaba si eso significaba, por su parte, una invitación a que todo el mundo se hiciera psicoanalista.
Me llevó tiempo deducir, creo hoy, que en realidad se trataba, más bien, de insistir, a quien lo pudiera escuchar en ese momento, sobre la única función que en verdad- dice Lacan- merece el título de revolución con respecto al Discurso del Amo, la de abordar más de cerca la imposibilidad, lo real que habita el corazón del lazo social.
Lacan, en este Acto de Fundación, dice: " Se adhiere a la Escuela a través del órgano de base, denominado Cartel". Entonces, en este sentido- y ruego que se atienda a esta distinción-, se puede afirmar, con todo rigor y sin inconveniente, que la Escuela, efectivamente, no es un grupo. Porque en el fondo, ella misma no es más que un dispositivo que organiza el asentimiento de los psicoanalistas a formar parte de pequeñas estructuras sociales, llamadas carteles, y que encierran una paradoja: ellas sí constituyen grupos, que toman como referencia al Discurso analítico. En realidad es una paradoja aparente, porque el Psicoanálisis no podría desentenderse de aquello mismo de lo cual es responsable, es decir, de una clínica del lazo social.
Se puede apreciar, entonces, cuál es la maniobra de Lacan: cómo clinicar al grupo analítico para acomodarlo al deber del psicoanálisis en el mundo, que es discernir lo real del lazo social. El 15 de abril de 1975, Lacan explicita: "Mediante al Cartel, cuya lógica debe conducir a la identificación al grupo". En este momento Lacan ya no habla de lazo social, sido de nudo social, y lejos de pretender la homogeneidad de una psicología de masas en miniatura, Lacan declara rápidamente que esa identificación constituye un anhelo, lo que indica que no se trata de la orientación natural del sujeto a la insignia del grupo. Una clave, para mí al menos, de lectura es que cada vez que Lacan formula un anhelo, es seguro que habla a la resistencia del psicoanalista, es decir, es decir es seguro que habla de algo que no estamos dispuestos a hacer muy fácilmente. Y agrega, en ese Seminario: "No digo con ello a qué punto del grupo tienen que identificarse". Entonces, mi pregunta es: ¿Cuál es ese punto?. ¿Cómo es posible que un discurso que desalienta el movimiento a la identificación, deba organizar su proceder institucional en base a una lógica que reclama, a su vez, una identificación?. Está claro que en un caso y en otro Lacan no piensa en la misma identificación, pero no es fácil advertir de inmediato la diferencia, y menos aún ponerla en práctica. Es aquí donde se introduce el problema del más-uno y su distinción con el líder. Mientras éste último encarna el signo que obtura la ausencia de relación sexual, el primero, el más-uno, indica el lugar del significante en tanto que hace agujero, el agujero por el que la prohibición del goce afecta al ser que habla. La noción del más-uno correspondería al interrogante de cuál es el matema de la identificación que permitiría abordar lo real del nudo social.
Mi intención hoy no es hablar del cartel específicamente, sino, indicar, simplemente, la noción de más-uno como vehículo de una clínica de lo real del grupo analítico, para terminar formulando esta pregunta: ¿La entrada a una lógica de Escuela, podría enunciarse como el deseo de acudir a ese modo de identificación que no hablaría en nombre de una comunidad?.
Sugiero, entonces, un cuadrilátero: Deseo del Analista, Diferencia Absoluta, Pase e Identificación que, falta de un nombre específico, propongo "carteliana".

Publicado en el Documento de Trabajo para el Coloquio Uno por Uno sobre "La Escuela por venir", Madrid, noviembre de 1990

TEXTOS SOBRE EL CARTEL

2. LA ESCUELA AL REVÉS
Jacques-Alain Miller
 
"Comprender lo nuevo, reanimando lo viejo...."
Confucio, Conversaciones II, 11
 
Una lectura atenta de la "Acta de Fundación" no debería dejar ninguna duda: en la intención de Lacan, el trabajo de la Escuela -"restaurar la verdad...., devolver a la práctica.... en el deber... denunciar las desviaciones y los compromisos..." pasaba por el cartel. Por el cartel, es decir: no por los seminarios, ni por los cursos, o las conferencias, o los coloquios. Nada de esto: el cartel.
¿Debemos volver al plan Lacan de 1964?. Planteé la cuestión ayer, en la Jornada de Carteles. Respondiendo a la invitación de L'Envers, sigo el envión con el que venía.

La Escuela de la Causa freudiana sabe que es nueva. Comienza su segunda época. Tiene estatutos nuevos. Es la E.C.F 2. Es un hecho. Lo que no nos dispensa de anticipar sobre el proceso en curso. Se requiere un pequeño esfuerzo de imaginación y de deducción para permanecer "ahead of the curve" (1).
Las A.C.F. son para la Escuela una suerte (2). También un peligro.
En efecto, las A.C.F. extienden su red por toda Francia, sin contar a la Bélgica francófona, Lénvers emprenderá su vuelo desde París, el nombre de la Escuela, sus publicaciones, sus actividades, llegará mañana a los distintos pueblos, estamos en el umbral de una expansión inédita por su amplitud, que marcará la historia del psicoanálisis en Francia. Muy bien. Las A.C.F. se insinúan en los intersticios que le ofrece el tejido social, se entramarán en él, se entretejen ahí mucho más ágilmente de lo que podría hacerlo la Escuela. Es lo que queríamos.
¿Queremos ahora que la Escuela sea el nombre del conjunto de las A.C.F? ¿Qué ella devenga la Escuela de las A.C.F.?. Las A.C.F. avanzan sobre la Escuela. Esta ha debido ya resistir el asalto, muy cordial, de I´II e de France.

Si la Escuela no quiere convertirse en el conjunto de las A.C.F. sino permanecer como su más-uno, le es preciso que "se ciña a sus propias tareas"(ver el Prólogo del Anuario 1995), es decir que reinvente su diferencia.
Su diferencia, sería la de ser un organismo coherente con el discurso analítico. Lo es, cuando la hallamos no por la vía del servicio prestado sino por la del pase, modo de selección que le es propio, y que permanece de manera incontestable. No lo es, cuando las eseñanzas que promueve no se distinguen en nada de lo que se hace en cualquier otra parte, en las A.C.F., en las Secciones clínicas, en la Universidad, en la I.P.A.
Aplicar el plan Lacan de 1964, sería poner fuera de la Escuela o en su entorno, todo lo que sea seminarios, conferencias, cursos, y dejar un espacio central libre para el "trabajo de la Escuela", ejecutado según "el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo". De este modo, la Escuela del pase sería también la del cartel. Pero este cartel no sería el que nosotros ponemos en práctica y que fue definido por Lacan, señalémoslo al fin, para el beneficio de la Causa freudiana y no de su Escuela, que aún no existía.
¿Hay que distinguir los carteles A.C.F. y los carteles de la Escuela?. La pregunta ya fue planteada. Siempre que tengamos en cuenta que el cartel modelo 1964 daba al más-uno una función que se perdió en el mismo movimiento por el cual el cartel quedó desclasado.

El cartel hoy es, en efecto, un órgano en el que uno hace su aprendizaje. Cuando éste se termina o uno cree que lo ha terminado, se tiende a desertar del cartel. Ahora bien, el cartel de aprendizaje no está en la intención primera de Lacan. El cartel original era un órgano de crítica y de control de las producciones. De allí el rol de la "más-una" persona, "encargada de la selección, de la discusión, y del destino reservado al trabajo de cada uno". En el cartel contemporáneo, no comprendemos más lo que esto podría querer decir.
Se dirá, quizás, que lo que tenía sentido en un Escuela con una centena de miembros- como era la E.F.P. en 1964- no lo tiene para la numerosa E.C.F. con su cortejo de A.C.F.. Lo niego. ¿Quiénes son en este momento los selectores?. ¿Quiénes son los que deciden del destino reservado a los trabajos?. Son comités, comités de organización, comités de redacción, comités de gestión, como el Directorio- que manejan montones de asuntos, a quienes se somete el trabajo, y que responden con un sí o con un no. En un conjunto tan vasto donde hacer "reconocer su trabajo" -no digo hacerlo publicar- se hará cada vez más difícil, ¿no se sentirán uds felices de formar parte de un pequeño grupo compuesto de colegas disponibles, que tomarían conocimiento de vuestras elaboraciones para discutirlas, y hacérselas reelaborar?. Así era el Cartel de 1964.
Leamos una vez más la "Acta de Fundación". No se trataba de una elaboración sostenida por un pequeño grupo, sino en un pequeño grupo, no se trataba de proscribir las "iniciativas personales", sino que todas estuvieran sometidas a "condiciones de crítica y de control" en la Escuela. No son comités abrumados por tareas prácticas lo que pueden responder a esta exigencia, sino más bien los carteles.

Podría aportar muchas anécdotas para apoyar esto. Tal colega, publicado en un buen lugar en la prestigiosa revista de la Escuela, se desespera, sin embargo, porque su elaboración podría no tener ningún eco. Tal otro publica sin decirlo, sin saberlo jamás, los dichos de un colega, y nadie lee tan de cerca como para darse cuenta de ello. No digamos nada de la emoción que produce la crítica cuando ella se hace en público, lo que es bastante raro, ni de la emoción producida por el silencio de toda crítica (esto se llama el aburrimiento, ennuí, el aburrimiento precio de la unidad, el aburrimiento uniano, unien)
Presentar sus elaboraciones en un pequeño grupo, ser escuchado, criticado, aconsejado por camaradas, no tener que solicitar la publicación de su trabajo, la programación de su exposición, sino tener su cartel, su más-uno, por intercesores. ¿no sería esto mejor que la situación que prevalece en la Escuela?
Si queremos que esto se haga, hace falta nada menos que una refundición (3) del cartel. Esto pone en cuestión la poderosa rutina que hay allí.
No puede uno solo (a menos que sea un Meiji) (4) cambiar los usos de un cuerpo constituido.
Si yo estoy solo, entonces "conservemos nuestras trenzas". (5)

Notas de traducción:
(1) "ahead of the curve": lit, adelantarse en una curva, anticiparse.
(2) "chance": puede traducirse como suerte o riesgo, dependiendo del contexto.
(3) "refonte": lit, refundición.
(4) "Meiji": Emperador Japonés que decidió modernizar y "occidentalizar" Japón (alrededor de 1860)
(5) Suponemos que la expresión alude al valor que tienen para la tradición japonesa las trenzas del emperador.

Traducción: Graciela Esperanza. Revisión: Beatriz Udenio. Versión no corregida por el autor. - Publicado en Más Uno Nº 2 y en el Caldero de la Escuela Nº2.

3. La razón desvelada y el cartel
Raúl Vera Barros

La razón de la Escuela
A la Escuela del 64 no se entraba por entrevistas de admisión, sino formando un cartel (o presentando un proyecto). En el texto titulado "Acto de fundación"(1) Lacan la llama "experiencia inaugural". Comienza así: "Fundo, tan sólo como siempre estuve en relación a la causa analítica". Vale decir que Lacan pone de entrada en juego la tensión entre la soledad del acto y la necesidad del lazo, de lo colectivo.
Precisamente termina, en la Nota Adjunta, dando la razón de la Escuela, dice: "...desvelaremos su razón. La enseñanza del psicoanálisis no puede transmitirse de un sujeto al otro sino por las vías de una transferencia de trabajo".
Lo fundamental allí es que del uno por uno, de la singularidad irreductible, es necesario no obstante pasar al lazo, a lo colectivo. La razón de la Escuela es la transmisión, que una transmisión de la enseñanza del psicoanálisis sea posible.
Y sólo es posible, nos dice allí Lacan, a través de la transferencia de trabajo,
-expresión que no volvemos a encontrar en otro lugar de su obra.
La Escuela es inaugurada por Lacan como experiencia opuesta a la de la Asociación creada por Freud, la IPA, al estado de degradación de la autoridad y de la doctrina, y los desvíos del lugar del analista. Podemos leer la crítica de Lacan desde las fórmulas de los discursos.
La transmisión no es posible por la vía de la mera autoridad del "maestro" (discurso del Amo); tampoco por la del saber acumulado (discurso universitario), ni por la de una idealización del analista (que lo desvía de su lugar real). En el "Acta de Fundación" finalmente explicita que ninguna enseñanza será fundada si no remite a esa transferencia de trabajo.

La ascésis del más uno
Miller aborda la transferencia de trabajo, respecto del cartel, en las "5 variaciones sobre el tema de la elaboración provocada"(2). El artículo de Osvaldo Delgado "Transferencia de trabajo" en El Caldero Nº 88 (3) plantea la transferencia de trabajo en el control y el pase.
Miller nos dice que el más uno en el cartel debe agujerear cabezas.
El más uno no tiene la función del maestro que pone a trabajar, como ocurre con el S1 en el lugar del agente, en el discurso del amo.
El más uno no sería uno que sabe, como ocurre con el S2 en el lugar de agente, en el discurso universitario.
El más uno tampoco sería analista en el cartel, a en el lugar de agente en el discurso universitario.
La formulación de los 4 discursos por Lacan es así coherente con la experiencia inaugural que había propuesto, porque es congruente con los desvíos que hallaba en la IPA: degradación de la autoridad en un mero ejercicio de poder, desvitalización de la doctrina, idealización del lugar del analista.
La posibilidad de transmitir lo que el psicoanálisis enseña, y de que algo de esto se transmita en el cartel, queda entonces referida al discurso histérico, del que Lacan dice que es casi el discurso de la ciencia.
Miller dice que no se obtiene un resultado de saber, más que con la condición de poner en posición de más-uno al sujeto barrado, como Sócrates, que ha quedado en la memoria por las elaboraciones que provocaba en sus interlocutores.
Se pregunta entonces qué hacer con el agalma en el cartel. Si es verdad que el más-uno en tanto que sujeto hace trabajar, y ése es su acto, también tiene que trabajar él mismo. Y puesto que trabaja, a, lejos de estar situado bajo la barra como en la fórmula del discurso histérico, viene en posición de hacer trabajar. Esa evacuación del a de su lugar estatutario es la ascésis del más-uno.
La ascésis consiste entonces que no debe agotarse encarnando la función del más-uno, el más-uno no es el sujeto del cartel, sino que le corresponde insertar el efecto de sujeto en el cartel, tomar a su cargo la división subjetiva.
Con lo cual el agalma queda situado más a la izquierda aún que el lugar del agente, ocupado éste por el sujeto barrado: el objeto a encarna El atractivo, y bajo la barra se sitúa un S2, Lo que Lacan sabía.
Continúa Miller: esta lógica implica que los miembros trabajen a partir de sus insignias y no de su falta en ser. Corresponde al más-uno, no solamente obtener la emergencia del efecto subjetivo en el cartel sino también obtener correlativamente que los miembros de ese cartel tengan estatuto de S1, incluso él mismo. Son significantes amos que están al trabajo. La función del que se presta al más-uno es hacer de tal modo que cada miembro del cartel tenga su propio rasgo, hacer que cada uno del enjambre entre con un rasgo propio, puesto en valor como tal. Esta es la condición para un trabajo que produzca un saber.

Una clínica del cartel
Así como la Escuela es un sujeto que puede ser analizado (así es que Lacan designó a los que atraviesan la experiencia del pase: Analistas de la Escuela), el cartel que ha logrado una producción de saber (es decir, no mera repetición sino saber con algo de novedad) muestra que se ha insertado allí el efecto de sujeto.
Una clínica del cartel es posible a partir de las precisiones que da Miller.
En lugar de ese efecto sujeto insertado por el más-uno que corresponde al discurso histérico y que posibilita la producción, podemos por ejemplo encontrar por todo resultado "algo que no se puede decir", como signo de que ha habido un amo al principio.
Si los participantes "hacen el tonto", el más uno ha sido tomado como analista.
Y las famosas "crisis de cartel" indican que se ha partido de un saber constituido que se trataría de adquirir con el más-uno, vale decir, en el discurso universitario.
Vemos así ubicarse los tres desvíos respecto al efecto que se espera en el cartel, el efecto de sujeto y su correlato de producción.
Esta clínica del cartel interroga no sólo a quien se preste a la función de más uno sino también a qué es aquello que es puesto en el lugar de agente por cada uno de los cartelizantes, y por el cartel en su faz colectiva. Pero no se trata de idealizar al cartel, se trata de poner a cielo abierto (como dirá Lacan en un momento más avanzado de su enseñanza) tanto las crisis de grupo como las producciones particulares.
Ambas, elaboraciones y crisis, enseñan. Y enseñan en su tensión. Vale decir, el trabajo y su producción deben ser valoradas, evaluadas en relación al lazo mismo que se constituyó como su posibilidad. Creo que es ésta la potencia, la faz instrumental más valiosa del cartel, en tanto permite junto a las experiencias singulares, el análisis del sujeto ligado colectivamente a la Escuela.
Una clínica del cartel no significa descalificar a los carteles que transitoriamente o permanentemente no funcionen de acuerdo al discurso histérico, sino por el contrario, considerar los distintos usos posibles y efectivos del cartel, y ello con una orientación, que es la que puede verificarse cuando hay verdadera elaboración.

La Transferencia de Trabajo
La transferencia de trabajo, que no sólo se refiere al cartel, es crucial en el fin de análisis. Se invierte la proposición freudiana, el trabajo de la transferencia. Al fin de análisis la transferencia con el analista no se liquida sino que cae un resto.
¿Qué hacer con ese resto transferencial, residuo de una análisis? La transferencia de trabajo es uno de los destinos de la transferencia: de la transferencia al analista a la transferencia con el psicoanálisis mismo. Pase de trabajo.
Los lugares privilegiados de la transferencia de trabajo son, nos dice Delgado, el Pase y el Control. Añadimos el cartel, ya que retoma el artículo de Miller sobre las cinco variaciones.
El lugar del no saber es central en la comunidad de Escuela, en tanto que comunidad epistémica -según la expresión de Samuel Basz(4). Los AE del pase tienen una responsabilidad allí, y los carteles por su parte tienen una orientación a ese mismo punto de no saber, en tanto que la producción que se espera en el cartel no sea mera repetición o acumulación, sino que participe de lo novedad, de la innovación, de la invención.
Miller lo plantea de este modo: si del objeto a al sujeto barrado hay trabajo de la transferencia en un psicoanálisis, así prolongado en el cartel se vuelve trabajo de la transferencia de trabajo.
El trabajo de transferencia La transferencia de trabajo

a --------------- S ----------------- S1

Es la misma posición, nos dice, en la que Lacan se ha mantenido en su enseñanza, incitando a saber pero en posición de analizante, y no hablando más que a partir de Freud.
Luego Miller se refiere a lo que sucede con los significantes-amo, los S1, en un análisis: "Los significantes-amos producidos en la experiencia analítica lo son en estatuto de ruina, ... lo que escande un análisis son identificaciones que "caen". No desaparecen todas pero el sujeto hace al menos la experiencia de lo que, de su ser, no está representado por los significantes amos".
Y Miller ubica en el cartel un modo de hacer con aquellos significantes-amos caídos: "La única instancia a trabajar para producir un saber son elementos identificados".
¿Podemos suponer que los elementos identificados con que opera un cartel son entonces los caídos en un análisis?. Lo dejo planteado como pregunta, ya que sostener esto nos conduciría a la conveniencia de que los cartelizantes sean también analizantes.

La actualidad del Cartel
El Cartel opera con las significantes-amos de las identificaciones. ¿Qué sucede cuando en nuestra época esos significantes identificatorios muestran un gran espectro de fallas, debilidades, inoperancia, nulidad?
En nuesta época -caracterizada como globalización, posmodernidad, caída de los grandes relatos, capitalismo tardío, declinación de la autoridad, goce generalizado- el Amo tradicional ha dejado lugar a un amo más feroz, el del discurso capitalista, con su pegamiento del sujeto al objeto de consumo.
La histeria ha desaparecido de las categorías nosográficas consensuadas mundialmente (DSM) y los tratamientos del cuerpo en cortocircuito (drogas, dietas y ejercicios hasta la exhaución, anorexia y bulimia, etc.) se imponen por la fascinación de las figuras del goce distribuídas en los medios masivos.
El saber de la Universidad se encuentra devaluado y empobrecido por el liberalismo salvaje y su mercado de saberes.
La política nacional e internacional aparece casi enteramente subordinada y corrupta al mercado, mientras éste muestra cada vez más impunemente su voracidad feroz y segregativa, devaluando a los sujetos al rango de desechos. Los efectos de anomia y exlusión se extienden y multiplican.
¿Cómo hacer surgir los significantes amos con los cuales operar?, ¿mantiene su eficacia la operación del cartel con significantes-amos así degradados?
No serviría la nostalgia del padre ni salvar sus semblantes a toda costa, tampoco encubrir la inconsistencia del saber universitario, promover la infatuación de los analistas, o reivindicar simplemente a la histeria en su goce. Entonces, ¿qué resta por hacer?
Así como Lacan ha indicado que el analista ha de estar inexcusablemente a la altura de su época, creo que no se trata de esperar indefinidamente a que surjan subrogados del padre, maestros, amos, o demandas de saber formalizados para maniobrar en la transferencia.
Se trata de atender a la subjetividad allí donde se halla, leer en lo que se sustrae, escuchar aún el silencio, señalar las huellas de goce.
El cartel nunca podría ocupar el lugar de un análisis, pero sí puede remitir al atractivo de lo que Lacan sabía, y hacer surgir por esta vía los modos de goce en que cada quien se halla involucrado, insignias ligadas a las modalidades de goce contemporáneas.
Lacan como analizante y como analista sabía hacer con las figuras de goce de su auditorio. Hasta llegar a avergonzar.
Al final del Seminario 17 Lacan decía a su público "lo que hago sobre ustedes es que les hago avergonzar"(5). Como cuando los estudiantes lo interpelan en pleno 68', y les responde "Ustedes en Vincennes están desempeñando la función de los ilotas de este régimen. El régimen los muestra y dice: 'Miradlos gozar'".
Eric Laurent, en "Lacan y los discursos"(6), nos dice que Lacan puede hacer surgir las figuras del goce de su asamblea.
Hacer surgir las figuras de goce con las que a la vez se encubre y descubre el malestar actual, también posibilita incidir en ellas, ya sea uno por uno o colectivamente.
Y es una manera de que la Escuela, y el cartel como uno de sus dispositivos más elaborados, hagan verdaderamente de "refugio ante el malestar en la cultura", como Lacan lo avizoró y lo sostuvo.
Creo que de hecho la Escuela y el cartel lo vienen haciendo, y que esto podemos verificarlo y evaluarlo.

Notas:
LACAN, Jacques. "Acto de Fundación", en Anuario y textos estatutarios. Escuela de la Orientación Lacaniana 2001-2002, Bs. As.
2 MILLER, Jacques-Alain. "Cinco variaciones sobre el tema de la 'elaboración provocada'", en El Cartel en el Campo Freudiano, Eolia, Bs. As. (sin datos de fecha).
3 DELGADO, Osvaldo. "Transferencia de trabajo", en El Caldero 88, EOL, Bs.As., Dic. 2001/Ene. 2002.
4 BASZ, Samuel. "Hacia una comunidad epistémica", en El Caledro nº 57, EOL, Bs.As., Nov-Dic. 1977.
5 LACAN, Jacques, El Seminario 17. El reverso del psicoanálisis, Paidós, Bs. As., 1992
6 LAURENT, Eric. "Lacan y los discursos", en Lacan y los discursos, Manantial, Bs.As.

4. El Cartel , una enseñanza del envés
Norah Pérez

"Es un hecho que la tradición no es el cartel sino el curso Magistral". Afirma J.Miller en octubre l994,en su escrito " El cartel en el mundo", publicado en MAS UNO Nº 1 y retrabajado en el Caldero Nº 28 "La Escuela al revés"dic.94.
Su resonancia me provocó a interrogar en el contexto actual el alcance de este enunciado.
Sabemos, valga la homologación, que históricamente la tradición en Psicoanálisis no es la Escuela, sino las Sociedades Psicoanalíticas como forma de agrupamientos a perpetuidad.
Lacan había comprendido, puntualiza Miller, la naturaleza eclesial del Psicoanálisis tal como se transmitía en l948. La tradición contínua vela la sucesión apostólica ,se sostiene la continuidad apostólica de la tradición. La respuesta de Lacan fue sustituir las Sociedades por la Escuela, una institución cuya particularidad es la de no saber algo esencial, no saber qué es un analista. De ello pueden surgir dos consecuencias (Miller): la primera es la apertura al no analista y la segunda convertir esa ignorancia en un trabajo: el pase.
Breve introito desde cuya perspectiva me interrogo acerca de los efectos que caen del lado Cartel, poniendo en tensión el Curso Magistral, isomófico a la tradición didáctica y al revés, alomórfico a los dispositivos de la Escuela.
De allí: ¿cuál es el estatuto de lo epistémico que causa el cartel? ¿Qué saber produce el cartel?.Su modalidad que lo diferencia de la tradición ¿Es verificable en la experiencia de cartel como ruptura de esa tradición?.
Recordemos que en el Acta de Fundación, Lacan propone: "Para la ejecución del trabajo, adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo".
¿A que llama Lacan el trabajo de la Escuela? interroga Miller. En Lacan está formulado, cito: "un trabajo que en el campo abierto por Freud retome el filo cortante de su verdad, que devuelva a la praxis original que el instituyó el deber que le toca en nuestro mundo, que por medio de una crítica asidua denuncie las desviaciones y los compromisos".
Con este espíritu de lectura, sostenemos que el cartel es a la Escuela, lo que el curso magistral es a la tradición universitaria, formadora de didactas. Un dispositivo que hace de envés a la empresa de los didactas.
Si bien a ambas les concierne la episteme, no es del mismo modo, de allí que encuentro valioso ubicar lo epistémico en la estructura cartel diferenciándolo bajo coordenadas que posibiliten leer los desvíos didáctico-pedagógicos en el dispositivo.
Advenimos cartelizantes de una Escuela y eso produce efectos subjetivos que pueden ser interrogados en cada uno y leídos en el cartel con otros, superando la coacción pedagógica del alumno.
La evaluación será cuestión de cada sujeto, el cartel (Miller) no es ni más ni menos difícil de evaluar que los productos de la cura. Se destituye la evaluación como el uso de un poder, para articularla a la posición responsable.
Propongo que hagamos equivaler lo siguiente: así como en la estructura no-todo es significante, en el cartel no-todo es epistémico. Contamos con un dispositivo que más allá de lo fenomenológico, posibilita alojar efectos de Discurso en el cual se capte el uso del mismo para ser leído con otros. Dice Muricio Tarrab en un artículo sobre la identificación al grupo, inspirados en el sofisma del tiempo lógico de Lacan ,sólo hay chance de salir no solo, sino con otros.
Al cartel podemos experimentarlo como un contexto que relativiza el texto. No todo es texto en el cartel, no se trata de un saber descontextualizado. Miller en su conferencia "Investigación sobre la temporalidad del inconsciente" en l999,expresaba "Están los amantes del saber expuesto, los eruditos,etc; y están los que gozan de beber en la fuente con un gusto, el gusto de hacer salir de uno mismo una secreción significante y con una validez epistemológica dudosa, porque cobra valor solamente en el contexto".
Lacan en el Sem. 2 cito: " La meta y la paradoja del Menón es mostrarnos que la episteme, el saber ligado por una coherencia formal, no abarca todo el campo de la experincia humana, y en particular que no hay una episteme de aquello que realiza la perfección, la areté de esa experiencia...". A fuerza de episteme, falla en orthodoxa"...
J.A.Miller en el "Desencantamiento del Psicoanálisis" retoma ese capítulo del Sem. "vibran ya los mismos armónicos que encontraremos desarrollados en su última enseñanza". Allí explota las virtudes de lo que desconcierta la coherencia formal, de lo que no se deja inscribir en un orden significante coherente". La episteme no cubre todo el campo de la experiencia, hay lo verdadero que está disyunto del saber ,hay un verdadero que no es captable en un saber ligado". Particularmente creo que esta orientación se pone en causa en la posición cartelizante, poniendo al sujeto en relación con lo que no se enseña. Miller "No es suficiente saber que el saber tiene un agujero, sino que lo esencial de la formación es poner al sujeto en relación con, porque no quiero decir enseñarle lo que no se enseña".
Tomando en cuenta lo dicho ¿Qué estilo conviene al cartel en su funcionamiento?.
No dudamos en decir la conversación. Una conversación que no elude a la ignorancia como borde, que a diferencia del didacta, arriesga, inventa y construye. Miller propone entrar en la conversación con una honesta ignorancia, volviendo sobre lo ya deducido, para mirarlo de otra manera; las verdades tienen tres dimensiones, decía Lacan.
El cartel una anamorfosis del grupo y como tal la ironía y la agudeza, dos nombres de un estilo que conviene al cartel.¿Qué es la agudeza, sino la irrupción calculada del sin sentido en un Discurso que parece tener sentido? Lacan.

Desvíos del cartel a superar por el Mas Uno y por los miembros del cartel:
A. El pedagógico: Hay pedagogía cuando el sistema está en los otros. El sistema no hace serie. Hay pedagogía cuando se aprende de los hábiles. Pero no se trata de habilidad. La lección de Lacan es que el no hizo sistema con su actividad teorizante (seminarios, cursos, escritos)sino serie, la sustitución de lo que sería la verificación del saber adquirido,por el progreso. Miller
B. El demagógico: Quienes están más del lado de la sugestión. Identificarse al SSS, identificarse al lugar del Otro, identificarse al lugar del padre. Esto es la infatuación.
Lacan no quiso ser el padre de su propia enseñanza ,ese es el sentido, dice Miller de aquello
Yo soy freudiano.
C. El epistemológico: Lo formal no abarca toda la exp. humana. Este desvío llevaría a la Ortodoxia.¿Qué es la ortodoxia? Miller: es el resultado de la colectivización de la opinión Verdadera. Lacan dice:"hay también un fondo de creencia común que sostiene a la opinión Verdadera". La orthedoxa, estaría más alla de la ortodoxia, en el sentido de una verdad que precede al saber, y es también aquello que quiere decir la orientación lacaniana.

5. DEL MAS-UNO Y LOS NO MAS-UNO
Jorge Yunis

Voy a tomar el ya clásico trabajo de Jacques Alain Miller "Cinco variaciones sobre el tema de "La elaboración provocada " para exponerles algunas reflexiones que he extraído a partir del mismo.
Tal intervención de Miller (en una reunión de carteles en L'Ecole) tiene como eje el tratamiento que J. Lacan da a los discursos -tanto el Seminario XVII como en otros aportes- y por tanto habrá que remitirse necesariamente a ellos.
Obviamente el cartel surge con propósitos de saber. Y esto no va de suyo. El entusiasmo por el saber -el amor al saber- encubre un nada quiero saber. Es necesario un franqueamiento, cierto empuje, para que la pasión de la ignorancia mute en ignorancia productiva y advenga cierta elaboración de saber.-
Para generar este movimiento -dada la inercia que tiende a la pereza- es necesario que en el cartel, como dispositivo de saber, la función del mas uno implique la posición de agente provocador.
Me referiré entonces sólo a algunos puntos que se imponen como esenciales -a partir de dicho artículo- para despejar la estructura del cartel y la tarea del mas uno.

Tomando los cuatro discursos, Jacques A. Miller introduce términos nuevos; ellos son:

Provocación
Evocación

Elaboración
Producción

Si a esta configuración le conferimos la cualidad de responder al discurso histérico -y ya veremos el por qué-, podemos, rotando un cuarto de giro, obtener así la de los otros discursos:

Elaboración
Provocación

Producción
Evocación

Producción
Elaboración

Evocación
Provocación

Evocación
Producción

Provocación
Elaboración

Discurso del Amo

Discurso Universitario

Discurso Psicoanalítico

Si identificamos la función del mas uno con la del agente, trataremos de despejar qué sucede en cada una de las variaciones.
La pregunta que se hace J.A.Miller es la siguiente: "Tiene, desde luego (el mas uno) a su cargo una dirección, y creo que no debería causar ninguna dificultad situarlo en el lugar del agente; este cargo, ¿cómo ejercerlo?" .
Veremos qué implica -y sus consecuencias- si situamos al mas uno como Amo, Universitario o Analista.

-a- Situado como Amo, observamos que el amo manda al otro a que produzca. Pero, ¿que produzca qué?
El amo nada quiere saber de aquello que lo provoca (es decir, lo que queda rechazado bajo la barra). Su labor está dirigida a que otros trabajen produciendo una pura evocación del saber que ya está en juego. Es decir, impotencia de acceder a un plus de saber y, en consecuencia, mera repetición de lo ya sabido.
Tenemos entonces, como síntesis, que se acalla toda provocación de la elaboración y sólo se busca reiterar lo que ya se sabe, es decir, evocar.
El amo nada quiere saber de lo que no se sabe. La ética del discurso del amo -en este ámbito del saber- no difiere de la más conocida referida al gobernar: "...la posición del poder, cualquiera sea, en toda circunstancia, en toda incidencia, histórica o no, siempre fue la misma".
¿Qué proclama Alejandro llegando a Persépolis al igual que Hitler llegando a París?. Poco importa el preámbulo -'He venido a liberarlos de esto o de aquello'-. Lo esencial es lo siguiente -'Continúen trabajando. Que el trabajo no se detenga'-. Lo que quiere decir -'Que quede bien claro que en caso alguno es una ocasión para manifestar el más mínimo deseo'-" (Jacques Lacan - Seminario La ética del psicoanálisis).

-b- Situado como Universitario, puede observarse que el agente se identifica al saber constituído (S2), enmascarando la verdad del Amo (S1); es decir, a nivel de su verdad le es imposible no obedecer a este mandato: 'renuncia a toda elaboración'.
Toda pregunta por la verdad es acallada o diferida. Pone al otro a trabajar como mero objeto de evocación -de repetición o memorización- y ¿qué se produce?: provocadores impotentes de cualquier elaboración.
Produce la división subjetiva eludiendo toda posibilidad de elaboración: ninguno sabrá qué hacer con su ignorancia...salvo provocar la crisis del cartel.

-c- Situado como Analista, el agente se instala en el lugar de la evocación. Se identifica al objeto y la única elaboración posible es cierta destitución subjetiva de los demás integrantes. "Es la estructura del discurso analítico pero traspuesta al cartel, teniendo como único resultado la denuncia de algunos significantes amos, lo cual me parece muy escaso". (J.A.Miller " Cinco variaciones...")
Como se precia en el esquema, habrá elaboración de ciertos S1 pero lo que estará impedido en esta estructura -lo que queda bajo la barra del agente- es la producción de algún saber (S2).

-d- Pasamos ahora al Discurso Histérico, aquel del que partimos.
Según J.A. Miller "...la estructura que responde mejor a mi experiencia del cartel es la del discurso histérico". ("Cinco variaciones...")
Es decir, es condición necesaria para acceder a la producción de saber el que el agente -el mas uno- esté allí como Sujeto dividido.
Aquí Miller plantea que el mas uno tiene una tarea, es decir, también trabaja. Y si trabaja es porque el a, aquello que lo causa, ya no está encubierto o excluido bajo la barra.
Evacúa por tanto al a de su lugar debajo de la barra y lo sitúa en posición de aquello que convoca al mas uno a su función de provocador. Lo llama 'el atractivo', que no es sino ese polo de atracción (en nuestro caso los saberes de Freud, Lacan, etc.) que lleva al sujeto provocador a intentar desplegar y acrecentar dicho saber.
Por tanto el mas uno, si bien actúa a la manera del discurso histérico, no debe actuar encubriendo -apegándose al lustre de ser elegido para tal función- la causa que lo convoca a trabajar.
El mas uno encarna así la división entre el saber y el no saber, no saber que lleva a la pregunta, a la investigación y a la posibilidad de elaborar alguna producción novedosa en relación a lo sabido. "Esto me lleva a aclarar el término de mas uno con el de menos uno: el mas uno no se añade al cartel más que descompletándolo". ("Cinco variaciones...")
Es decir, como está implícito en la creación del dispositivo del cartel por parte de Jacques Lacan, el mas uno tiene a su cargo actuar para disolver la tendencia a la completud y al pegoteo.
Por otro lado, al caracterizar la composición de los integrantes del cartel como el enjambre, se explicita que allí cada uno debe estar a partir de sus insignias, de su singularidad, de sus propios rasgos, es decir, de aquello que lo diferencia. Esta es la condición para que pueda realizarse un trabajo en equipo.
En síntesis, la estructura del discurso histérico es la que mejor se aviene para que la elaboración sea provocada y se acceda a una producción; mientras la evocación -ya no encubierta bajo la barra del agente- actuará a modo de empuje a la provocación.

En base a lo expuesto, podemos orientarnos respecto al tema -muchas veces problemático- de la elección del mas uno en el cartel. Tal enfoque permite obviar la paralizante disputa de si el mas uno se designa inmediatamente (para no descubrirlo, dicen algunos) o adviene tal (para no elegirlo, dicen otros). Ni la decisión prematura ni la postergación infructuosa.
Las fórmulas que han sido desplegadas no sólo permiten vislumbrar a qué resultados puede arribarse de acuerdo al mas uno elegido, sino que además, a posteriori, dadas determinadas consecuencias podemos deducir -o por lo menos investigar- qué mas uno se ha dado el cartel, y esto implica también: qué más uno se ha permitido.
Si, como plantea Lacan, de nuestra posición de sujetos somos siempre responsables, es importante entonces no rehuir la responsabilidad que cada uno de los integrantes ha tenido en el cartel.
Hay aquí una alternativa dialéctica entre la provocación y la elaboración que de ella se realice; es decir: de la elaboración provocada a la provocación elaborada.
Elección es un término que Jacques Lacan utiliza con alcance ético. Qué pueda hacer el enjambre con la provocación no escapa a ello. No debemos pasar por alto que el tiempo para comprender -propuesto en el escrito "El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada"- está en función de la relación lógica de reciprocidad: "...si bien en esta carrera tras la verdad no se está sino sólo, si bien no se es todos cuando se toca lo verdadero, ninguno sin embargo lo toca sino por los otros".-
Como dice J.A.Miller en El banquete de los analistas: "El cartel es una micro-sociedad. Formar -o invitar a que se formen- carteles es afirmar que, desde que existe la función de más uno, no nos corresponde negarla en nombre de nuestra buena voluntad, nuestros desiderata. Luego, trivialicémosla, hagamos montones de microsociedades, cada una con su más uno, el cual a partir de entonces no será tanto una persona como un lugar de estructura. Se puede, pues, prescindir del Nombre del padre con la condición de valerse de él: he aquí lo que muestra el cartel. Servirse del lugar estructural del Nombre del Padre, del al menos uno, es justamente lo que permite prescindir de él." (pg.142)

Bibliografía tomada de referencia
Miller, Jacques A. - "Cinco variaciones sobre el tema de 'la elaboración provocada' " - Cuadernos del Campo Freudiano nº 2 -Madrid, junio 1988

6. Cartel en intensión y Cartel en extensión
Adrián Scheinkestel


1) Cartel en intensión
Las fechas que orientan una posible historia del Cartel en el mundo y que están articuladas a un contexto social e institucional podrían ser:
21/06/1964: Acta de Fundación. Se establecen las bases de su funcionamiento
Abril de 1975: Jornadas de Carteles de la E.F.P.; donde Lacan, en el debate, trata de ubicar al Cartel en las nuevas coordenadas de su enseñanza (esto esta registrado por escrito ).
11/03/1980: En la serie de comunicaciones de Lacan, en el trabajo de disolución de la E.F.P. escribe su Decolaje o Despegue de la Escuela, donde en el contexto de una indigencia institucional que él promueve, ubica en primer plano el Cartel y su modo de funcionar actualizado, y donde hace referencia, entre otras cuestiones a lo que queda a cargo del más-uno: La provocación de la elaboración en el Cartel. Para algunos esa elaboración en esa coyuntura, queda asociada, según Lacan, a un trabajo de duelo; duelo por la escuela perdida.
Ese Decolaje, ese "descuelaje", ese despegue, es decir la solución en acto, la solución al problema que tiene la escuela.
A partir de ahí la disolución aspira a un nivel conceptual; la disolución no es una contingencia, un dato histórico.
El Cartel, al momento de su constitución, tiene prevista su di-solución, y no solamente por una coordenada temporal (1 o 2 años).
Ese rasgo propio que se exige de cada carterizante, esa identificación en la prisa de la entrada, lleva consigo su punto de terminación, con una satisfacción mas o menos lograda.
Esto remeda asimismo el movimiento propio de toda cura; la entrada en análisis y la constitución de ese lazo social inédito entre analista y analizante, se produce no sin la apuesta del analista en cuanto a cual es la salida posible, su solución. Frecuentemente, la terminación del análisis lleva las marcas de los comienzos. Y esto, porque no existe un análisis, en el cual haya una liquidación de la transferencia, la transferencia llevada a cero. Siempre queda un resto.
Hoy, mas que nunca los Carteles deben ser los de la Escuela; los Carteles no lo son sin la Escuela. Hoy, cuando los muros que separan el núcleo de la Escuela, de su entorno parecen más infranqueables, los carteles redoblan su importancia. El Cartel si bien no excluye el aprendizaje, se sostiene fundamentalmente de un trípode: es eventualmente el lugar de la conversación clínica, también de la discusión teórica, y finalmente donde se debate la política del psicoanálisis,
Es el lugar donde se pone en forma la crítica, se modulan las emociones que la acompañan; crítica que silenciada sistemáticamente lleva al aburrimiento ( ennui ), "el aburrimiento precio de la unidad, el aburrimiento uniano (unien )" ( " La Escuela al revés" - J.A. Miller. El Caldero de la Escuela nº 37).
Es el aburrimiento de los que creen estar adentro y el malestar resignado de los que creen estar afuera.
A quienes puedan estar interesados, los remito a un trabajo que escribí con otros, que se llama " La Escuela vacía", publicada en un boletín interno de la AMP, titulado " Tiempo lógico" nº2 de Julio de 1996, en ocasión del IX Encuentro Internacional del Campo Freudiano; poco se ha continuado de ello: por un lado ciertas contingencias de la vida, y por otro, la ausencia del padre severo, la perseveración.

2) Cartel en extensión
Para terminar, haré unos comentarios de lo que considero puede denominarse, una extensión de la doctrina del Cartel en otros ámbitos de trabajo.
Hace pocas semanas hice una propuesta en un grupo de reflexión clínica de la Red Asistencial de la EOL, que se resume en dos cuestiones:
a) que cada miembro del grupo al comenzar su exposición de un caso, explicite un rasgo, una razón, un proyecto, de lo que considera causa su presentación, y que puede servir de brújula a él y al resto del grupo. Esta anticipación se retomará al término del trabajo.
b) Asumir un compromiso (siempre y cuando las condiciones lo permitan) de hacer conocer su trabajo, escrito en los distintos espacios preparados para ello en la Red.

7. Límites de la provocación
Hector Tarditti


1) Introducción
Quiero ubicar este trabajo en la perspectiva de la relación Cartel-Escuela, jugando con las preguntas ¿Qué provoca el cartel? y ¿Qué provoca al cartel?, considerando algo tan elemental como que entre las cosas que puede provocar el cartel figura la provocación a un nuevo cartel. Pero ello no siempre sucede. No es seguro que la nueva apuesta a la experiencia de lo colectivo que debería provocar el cartel, se realice.

¿Qué provoca el cartel?. ¿Se le puede pedir al cartel que provoque a la Escuela?. A su vez, ¿la Escuela provoca al cartel?.

Obviamente, al intentar abordar los límites de la provocación, me estoy refiriendo a la "elaboración provocada" en el cartel, que es elaboración colectiva, tal como lo aborda J.A.Miller en "Cinco variaciones...". Quiero adelantar mi preocupación acerca de que uno de los límites de la provocación en el cartel obedece a una tibia apuesta a lo colectivo. Al final de dicho artículo, Miller ubica lo que tienen en común el cartel y el grupo de "boy scouts", esto es, que cada uno se inventa un nombre y que tienen en común la noción de equipo. La invención del nombre, la producción del rasgo propio se hace en equipo.

Como decía, intento abordar lo que es para mí una cierta subvaloración de lo colectivo en favor de lo individual. La particularidad con la cual intento hacerlo consiste en poner en tensión el tradicional 1x1 y la co-responsabilidad.


2) El 1x1
Parece que sabemos de que hablamos cuando decimos que en la Escuela y en el cartel somos 1x1. ¿Cuál 1x1?. Creo que sin mucho esfuerzo, es posible ubicar diferentes modalidades del 1x1, que aparecen funcionales a las modalidades de lazo social en juego. Sin ánimo de establecer un catálogo de 1x1, podría decir, por ejemplo, que el capitalismo aspira y tiene un 1x1 funcional a su propuesta. Es un 1x1 desmovilizado y consumidor, entre otras características; pero lo que creo interesante advertir es que también se los ve alrededor de la Escuela, consumiendo textos, trabajos, recorriendo citas, referencias; pero, ¿y su producción, su elaboración, su saber expuesto, su apuesta a lo colectivo?. El 1x1 de esta modalidad participa en carteles, pero desde esa posición subjetiva.

También podemos encontrar al 1x1 del mutualismo. Esta variante, hay que decir, a diferencia del modelo anterior, ya se mueve en el campo transferencial; pero con transferencias a las personas y no a la Escuela. Es un 1x1 que opera "transferencias protegidas" que asegura cotos narcisísticos. Esta modalidad de 1x1 no hace carteles con cualquiera.

No voy a desarrollar el perfil de 1x1 que conviene a la Escuela. Sólo diré por ejemplo, en término de la experiencia de carteles, que primero hay que apostar a ser trabajado por la experiencia colectiva del equipo. Si ponemos el 1x1 como punto de partida tendrá consecuencias diferentes a que si lo ubicamos al final de la experiencia. Se trata de un 1x1 que se construye con otros. Cada uno en el cartel es al mismo tiempo: uno, con su rasgo propio. Otros, como rasgo común.

3) La co-responsabilidad
Sobre lo colectivo en psicoanálisis, podemos ubicar importantes recorridos en Freud (Psicología de las masas... y otros). Acerca del colectivo del cartel, ya hemos escuchado interesantes desarrollos. Quiero tomar un punto que abordó J.A.Miller al cierre de unas Jornadas, el 22-10-2000 (Caldero nº 83 - Apuesta). Allí se refiere a la co-responsabilidad, a lo colectivo: "...la pertenencia a un grupo, cuando se le da su verdadero alcance: ella comporta la co-responsabilidad." ..."..la co-responsabilidad de lo que los otros de esta Escuela elucubran, escriben, profesan. La co-responsabilidad de lo que ellos hacen, y ante todo, como analistas."

Por situar algo de esto en el cartel, tomaría por ejemplo, al famoso Mas Uno. Él no es el responsable colectivo; sí es el responsable de que la responsabilidad colectiva circule, crezca. Esto pensado desde Lacan en "Ciencia y Verdad": "De nuestra posición de sujeto somos siempre responsables".

Una de las diversas cuestiones esperables a partir de la co-responsabilidad, la encontramos en la aparentemente simple y cotidiana actividad del cartel de "hacer controlar su acto exponiéndose"(Naturaleza de los semblantes-Clase 6. De la suposición a la exposición-J.A.Miller)

4) Conclusiones
El dispositivo del cartel produce un forzamiento hacia la responsabilidad colectiva, pero no puede tomar a su cargo el éxito de tal objetivo en la Escuela. Debe haber en la Escuela otras fuentes trabajando con ese horizonte de co-responsabilidad, a partir de las cuales, del dispositivo del cartel como un acelerador de partículas, como un torbellino, se podrán esperar nuevos efectos de co-responsabilidad.

El año pasado, Jean Gault nos decía que en Europa se está revisando la actualidad, la eficacia y otros aspectos del dispositivo del cartel. Me parece bien. Lo que no me parecería bien sería cargar a la cuenta del cartel la parte que la Escuela no aporta al cartel, por ejemplo, tal como vengo diciendo, si en la Escuela operara demasiado 1x1 no dialectizado por la idea de co-responsabilidad. En Apuesta, J.A.Miller concluye diciendo "...cada uno por su cuenta, pero también cada uno co-responsable de sus compañeros de infortunio, ..."

Entiendo que con la co-responsabilidad, Miller aborda una dimensión que opone, que balancea un posible mal uso del 1x1 en la Escuela.

Como efecto de estas precisiones, se rescata al equipo del cartel de quedar relegado a un pequeño lugar instrumental que operaba a favor de los "altos intereses" del 1x1.

Antes aludía a un posible 1x1 previo. Vemos que es atractivo, que funciona porque satisface desde el narcisismo hasta al operar aislado. Pero la co-responsabilidad ¿es un ideal planteado por Miller?. Es una dimensión indispensable de Escuela. No se accede a través de un mandato, de un voluntarismo, no es un sentimiento individual; se construye, es un hacer colectivo de producción que resuena en el 1x1.

La apuesta al trabajo en equipo del cartel posibilita el crecimiento de la co-responsabilidad en la Escuela.

8. ¿QUÉ PROVOCA EL CARTEL?
Alicia Lo Giúdice


Para Jacques Lacan la propuesta política conveniente al psicoanálisis fue la creación de una Escuela, cuya misión era constituirse como "base de operaciones contra el malestar en la civilización" y contemporáneamente creó el cartel, como su órgano base, para ejecutar un trabajo de elaboración sostenida en pequeños grupos. Como señaló Jacques-Alain Miller en "El Cartel en el mundo" (El Caldero de la Escuela, N° 28, diciembre 1994) es el medio para ejecutar el trabajo. Se trataba en una apuesta de trabajo en la reconquista del campo freudiano.
Sabemos que se inspiró en la propuesta de trabajo de Bion y otros psiquiatras ingleses en tiempos de guerra que llevaron adelante una práctica efectiva a través de pequeños grupos basados en una identificación horizontal.

Jacques Lacan en otro momento de su enseñanza en "Del Psicoanálisis en su relación con la realidad" dice "los analistas son los eruditos de un saber que no pueden conversar".
Señala un obstáculo a la conversación ubicando un saber que no se puede intercambiar pero, paradojalmente, los analistas se asocian ya que ningún saber puede ser soportado por uno solo. Apostar a la conversación sería la puesta en acto de la desuposición de saber del Uno ya que al conversar necesito al otro, incluyendo así lo que queda por decir. Jacques-Alain Miller plantea que la conversación, si es posible, va hacia el límite vacilante entre lo ya sabido y lo no sabido.

Podríamos plantear que el cartel provoca la conversación ya que la apuesta de trabajo sostenida por una identificación horizontal impone un diálogo necesario como modo de lazo social. Conversación que se estructura en torno a lo que se va a produciendo como elaboración en relación al rasgo que singulariza a cada uno y orientado por la función del más-uno.

Me interesa, entonces, introducir lo que se produjo en la apuesta de trabajo de un cartel que funcionó en los años 2000-2001. A partir de la transferencia de trabajo que se originó en el espacio de la EOL, en el Seminario de Investigación: "La situación del Psicoanálisis en la Instituciones Públicas" fui invitada a constituir un Seminario de formación en la Unidad de Adolescencia del Hospital Municipal de Urgencias Psiquiátricas "Torcuato de Alvear" y se produjo algo del orden de lo imprevisto ya que se decidió una doble inscripción: como cartel en la Escuela "Derecho y Psicoanálisis"y como Seminario de formación en el Hospital "Psicoanálisis y Familia" y mi rasgo fue "Filiación: Psicoanálisis y Derecho". La apuesta fue que lo producido en el cartel orientara una transmisión posible abierta a la conversación.

Podemos pensar que se estructuró a la manera de una banda de Moebius entre la Escuela y el Hospital, que permitió una torsión en la propuesta de Jacques Lacan en la que pudo incluirse un Seminario en extensión produciéndose por el trabajo en el cartel, entonces lo por fuera de la escuela, y por la conversación, retorna de otra manera si abrimos un con-movernos.
Confiando el acontecimiento a la oportunidad dicha apuesta de trabajo me permitió volver a lo ya deducido (ver "Lo que se restituye en un análisis", en Psicoanálisis de los Derechos de las Personas, Editorial Tres Haches, Buenos Aires, 2000) para trabajar suplementando lo ya planteado, abriéndome a nuevos interrogantes acerca del trabajo analítico con una niña y sus modos de atravezar el horror.

Si el trabajo del analizante en intención y en extensión provoca, causa, produce una respuesta, en la ocasión llegó como convocatoria a abrir un espacio de control en Consultorios Externos para Adultos del mencionado Hospital, quedando así incluido en el espacio en movimiento.

10. ACONTECIMIENTO DE LA MÁS-UNA PERSONA
Sergio N. Linietsky
 
"Todo acontecimiento es, por así decirlo, una persona, aunque esté compuesto de varios personajes...'
James Joyce
 

El título que convoca a estas jornadas desanda el camino desde el quién provoca, función que Lacan asigna al más-uno, a un qué provoca, a su vez provocativo. Conviene mantenerse entre este qué y este quién, como ocasión de desubjetivar al más-uno (el quién del sujeto no es una subjetividad), sin despersonalizarlo. Si la despersonalización es un rasgo de la esquizofrenia, contrariamente a la resistente personalidad paranoica, también puede constituir un momento de atravesamiento en el final de análisis. Para un acercamiento a la más una persona, como Lacan la designa, podemos contar con esta resonancia hacia la razón paranoica, razón sin cuerpo en la medida en que el goce le es Ajeno.
A la vez, nos mantendremos en la suspensión de que la forma 4+1 sea suficiente para que un cartel sea efectivo, si el vínculo entre sus integrantes excluye el acontecimiento.

El eco del eco
Durante las Jornadas de Carteles del año '75, de la Escuela Freudiana de París, Lacan tuvo ocasión de especificar al más-uno como más-una persona, dando indicaciones de cómo considerar este término, retomado, a la vez, en su Seminario.
Cito de esa jornada: "... esta persona que en cierta forma es el eco del grupo...". Lacan no se refiere aquí al cartel en particular, sino a cualquier grupo. ¿Por qué la referencia al eco? No es un modo de hablar cualquiera si consideramos que, por la misma época, formula en su seminario que la pulsión es el eco en el cuerpo del hecho de un decir. Cuerpo y eco se avecinan, así, a la más una persona.
Lacan ha jugado con el sonar que hay en la palabra persona (en francés, per-sonne). En su seminario del 15/1/74 (Los no-incautos yerran) dice a su audiencia que está sonné, sonada o rayada, como se dice, por el discurso analítico. Para salir de este sonamiento el recurso es al equívoco en la medida en que puede, no sonar, sino resonar. Dice, entonces, raie tiret sonne, rayado guión sonado, para indicar que un equívoco ha de escribirse. Raie-sonne, rayado-sonado. Raie-sonne es homofónico con resón, escritura que Lacan toma del poeta Francis Ponge para nombrar la razón que resuena. He aquí entonces, el ejercicio en Lacan de la distinción con que insiste J-A. Miller entre el significante en su efecto de significación y el significante en su efecto de goce pulsional.
Ahora bien, si en todo grupo hay una persona que hace eco, es porque en el anudamiento social se trata de goce. En la Psicología de las Masas y Análisis del Yo, de Freud, se puede leer que lo que dice el líder resuena con el Padre en posición de Ideal. ¿Qué puede particularizar, al respecto, a la más-una-persona del cartel?
J-A. Miller extrae de Joyce, el sínthoma, de Lacan la siguiente cita: "Dejemos el síntoma a eso que él es: un acontecimiento de cuerpo, ligado a eso que l'on la, l'on la de l'air, l'on l'air de l'on la, eso se canta en la ocasión y Joyce no se priva". J-A. Miller lee en este decir de Lacan la música, un eco del eco, que estaría en cuestión en el acontecimiento de cuerpo.
(1)
Y bien, la más una como persona se realiza cuando en el anudamiento del cartel ha funcionado un eco del eco del psicoanálisis en lalengua.

El semblante enmascarado
"El discurso analítico es contingente, puesto que parte de un decir que hace acontecimiento" (J. Lacan, 15/1/74). Un decir hace acontecimiento cuando tiene consecuencias sobre el goce. En el caso del cartel, se trata de que el goce social, o el del anonimato, no impidan la individuación, de sus integrantes, tal como sucede en una masa. La función de la más-una persona, dando lugar a la suspensión de estos goces, provoca otro, el del trabajo, insertando al sujeto del significante en el cartel, es decir, el sujeto del goce del trabajo
.(2)
La individualización que puede obtenerse es la de la elección, por parte de cada uno de los integrantes, de un rasgo, su despliegue y la escritura de este despliegue.
Ahora bien, Lacan indica, en las Jornadas de carteles antes nombrada, que cada uno de los integrantes debe asumir la responsabilidad por el cartel como si fuera el más uno. Una vez insertado el sujeto en el cartel, cada uno es afectado a la función en más. El acontecimiento puede ser en cada uno.
En una carta de James Joyce, dirigida al crítico italiano Carlo Linati, el 21 de setiembre de 1920
(3), refiriéndose al Ulyses, podemos leer: "Mi intención es la de situar el mito [el de Ulyses] sub specie temporis nostri y no solamente bajo la forma que permite a cada acontecimiento (es decir, cada hora, cada órgano, cada arte ligados o incorporados al plan del conjunto) condicionar o incluso crear su propia técnica. Todo acontecimiento es, por así decirlo, una persona, aunque esté compuesto de varios personajes...'.
Quizás podamos aprender, para la práctica del cartel, del arte de Joyce, quien lo pone al servicio de un anudamiento de dimensiones que muestra al acontecimiento como uno y múltiple: el mito, el tiempo, el órgano, el arte concurren para hacer del acontecimiento una persona en su multiplicidad de personajes.
Por último, podemos encontrar en la etimología y en la tradición del término persona más resonancias, en esta línea, para nuestra pragmática del trabajo en carteles.
Persona es término latino y, entre sus significados está el de máscara. Persona es el personaje, y por eso los personajes de la obra teatral son dramatis personae. A veces se hace derivar per-sona del verbo persono (infinitivo personare), 'sonar a través de algo' -de un orificio o concavidad-, 'hacer resonar la voz'. como la hacía resonar el actor trágico a través de la máscara. El actor 'enmascarado' es, así, alguien 'personado', personatus
(4).
Retengamos este algo, este orificio atravesado por el sonar, como el cuerpo necesario para que haya goce. El cuerpo en su puesto bajo la máscara que cubre el semblante del que actúa, muestra la apariencia necesaria al decir.
Finalmente, el psicoanálisis que provoca al cartel para que el cartel provoque psicoanálisis y que se prolongue sin retroceso ¿es un qué o es un quién?

(1) Curso La experiencia de lo real en la cura analítica, 9/6/99, inédito.
Transcribimos nueve de los trabajos que se presentaron en las Jornadas de Setiembre del 2002 en Rosario.
Se informa que en la biblioteca de la Sección ya se encuentran publicados y a su disposición la totalidad de los trabajos presentados en la Jornadas Nacionales de Setiembre del 2002 en la ciudad de Rosario.
(2)"El más-uno no es el sujeto del cartel; le corresponde insertar el efecto de sujeto en el cartel, tomar a su cargo la división subjetiva". J-A. Miller, Cinco variaciones sobre el cartel.
(3)En el estudio de Ricardo Fernandez de la Reguera para la edición del Ulyses en Maestros Ingleses, Planeta y Plaza & Janes, Barcelona, p 199
(4)José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía. Ed. Sudamericana. 1965

11. La miel del psicoanálisis
Raúl Vera Barros

El enjambre
Lacan promueve un nuevo lazo para formar analistas. La razón, inherente al psicoanálisis mismo
(1) , es que sólo puede enseñarse de uno a uno.
Confía en los carteles como vías de esa transmisión, que llama transferencia de trabajo
(2) . En ellos alguien se responsabiliza de la función de la división subjetiva. El más-uno no encarna el objeto a, agente en el discurso de la histeria, en tanto el agalma está en lo que Lacan sabía. Tampoco encarna el lugar de sujeto. Le corresponde insertar el efecto sujeto en el cartel.
Miller evoca a von Frisch y las abejas para decir que el essaim (homofónico de S1) está bien formado cuando cada miembro del cartel trabaja a partir de sus insignias, y no de su falta en ser. Cada miembro tendrá estatuto de S1, de significante amo puesto al trabajo, como él mismo, y pondrá en juego sus rasgos de identificación con la atribución de saber a Lacan.
Es un trabajo de elaboración colectiva, pero que tiene como destino una ganancia de saber de cada uno, un producto que se expone.

La miel del discurso histérico
En Televisión
(3) Lacan alude a la "casi" identidad entre el discurso científico e histérico. Esa diferencia hace que Lacan no crea en la esperanza de una explicación termodinámica del inconciente. Inclusive dice que cuando Freud recoge su miel del discurso histérico, no lo hace inocentemente.
Freud aloja al psicoanálisis en la brecha entre discurso de la ciencia y discurso histérico, pero hay algo no inocente en Freud, un deseo de sostener al padre
(4).
Eso no analizado en Freud, a la manera de pecado original, toma la forma de una pura "conservación" del mensaje, de aquella miel que extrae de sus histéricas y deposita en la asociación de analistas. Justamente Lacan cuestiona a Freud su manera de concebir el trabajo de las abejas, como no pensando, no calculando, no juzgando.

La colmena analítica
En "Psicología de las masas..."
(5) Freud plantea una condición antigua que transformó la psicología de los individuos de la masa, en psicología individual del padre, jefe conductor -dice textualmente- "como a las abejas les es posible, en caso de necesidad, hacer de una larva una reina, en vez de convertirla en obrera". En el mito de atribuir al padre lo imposible estructural, mediante un oscuro poder de sugestión, el líder sustituye al Ideal del yo. Las cuadrillas de abejas son ejemplo para Freud del lazo fraterno.
¿Por qué hacer de una larva una reina, en la colmena analítica? Aquí se ubica lo no analizado del deseo de Freud.

La danza de las abejas
Lacan en el "Discurso de Roma"
(6) se refiere a los estudios de Karl von Frisch, zoólogo austro-alemán autor de "Vida de las abejas" que años después recibiera el Premio Nobel junto a K. Lorenz y N. Timbergen por el desarrollo de la etología.
¿Por qué el sistema de señales que Von Fritsch decodificó en las abejas, en su llamada waggin dance
(7) como mensaje con el que una abeja transmite a las otras la dirección y distancia al néctar, no es un lenguaje? Un sistema de señales tal mantiene una correlación fija de los signos con la realidad que significan. Y además el mensaje es transmitido al socius, pero nunca es retransmitido por éste, que queda así fijado como relevo de la acción.
Vale decir, no hay designación -al modo de "tu eres mi mujer"
Tampoco es posible el chiste
(8) , ya que para que este sea sancionado es necesaria una parroquia, una lengua compartida, no es sancionable desde una función universal, fija, del lenguaje.
La función del lenguaje no es la de informar sino la de evocar.
En el matema de la transferencia de trabajo, la evocación está en el lugar de la verdad.
El procedimiento analítico mismo no es posible con un código fijo, porque se trata de pensar, calcular, juzgar. Es decir, operaciones con un saber.

La falla en el saber
En la clase 3 del Seminario 2
(9) Lacan retoma una pregunta de Buffon: ¿por qué las abejas hacen tan bonitos hexágonos?, ¿acaso las abejas saben geometría? Y en la clase 8 aborda el punto más elusivo respecto del saber: lo real. En efecto, cuestiona la bipartición entre unnwelt e innenwelt que presentan teorías como la de Von Fritsh como un vicio, porque -dice- lo real carece absolutamente de fisura.
Hay en el hablante-ser un abismo real entre saber y verdad, entre el saber y el goce que la verdad indica.
En El triángulo de los saberes
(10) J.-A. Miller indica que la enseñanza es la barra que separa el saber del goce. Vale decir que la transferencia de trabajo es la vía que los separa.
Luego Miller opone el vértice Saber-Ciencia a los otros dos vértices en conjunto, el Saber-Semblante, que opera en la transferencia, y el Saber-Verdad, aquel por el que se ha pagado.
Entre el Saber-Ciencia y el conjunto de los otros dos se asienta la falla epistemológica, la que se abre en el saber en el S XVIII con el cógito cartesiano. Es la tensión entre la doxa y la ciencia, entre doxema y matema.
Puesto que el psicoanálisis se aloja en esa falla misma, aunque tiende al matema no puede desligarse de la prudencia, del bien-decir. Mantiene la doble postulación, al doxema y al matema, a la ciencia y a la retórica.
Si en vez de sostenerse en esa falla, el psicoanálisis resbalara por la pendiente de la ciencia, excluiría al sujeto y la verdad de su goce.
Si en cambio lo hiciera por la segunda, la del semblante y la verdad, se rebajaría a un oscurantismo de tintes religiosos, como el que Lacan denunciaba en la Asociación creada por Freud.

La cera y la miel del análisis
En el texto Lo ominoso
(11) Freud recurre, entre muchas otras, a esta cita: "¡abejas que destiláis las Heimlichkeiten! (cera de sellar)". Concluye que el término heimlich no es unívoco, corresponde tanto a lo familiar y agradable como a lo clandestino, a lo oculto.
Efectivamente, en la transmisión del psicoanálisis el producto es susceptible de usos distintos. El uso de una cera, que sella la cartas y las herencias, evitando que el mensaje llegue a destino. O el uso de una miel. Y en este último caso, la transmisión dependerá de la densidad de esa miel. Como dice Lacan
(12): "...intento traerles mi miel... Si este efecto de comunicación presenta a veces algunas dificultades, piensen en la experiencia de la miel, la miel es o muy dura o muy fluida. Si es dura se corta mal, pues no hay clivaje natural. Si es muy fluida -pienso que todos han hecho la experiencia de absorver miel en la cama a la hora del desayuno- rápidamente la tenemos por todas partes"
Del uso que demos al producto de cada uno dependerá entonces que disimulemos las dificultades o en cambio las pongamos al trabajo.
Y no sólo en el cartel, como advierte Miller en el texto sobre la elaboración provocada: "Un enjambre, es hasta el punto que yo considero el seminario que animo todas las semanas en esta sala como un gran cartel. Desde luego no es un cartel en sentido estricto pero no es incompatible con esta escritura que haya unas cuantas abejas más... Mi seminario es para mí un gran enjambre donde yo mismo soy abeja ¡y no Reina!"
(13).
¿Es posible entonces un lazo entre analistas y no analistas que no se atenga lisa y llanamente a un Otro del ocultamiento y el secreto?
Es contingente, es una apuesta que renovamos cada uno cada vez.

(1) Freud, Sigmund. Conferencias de Introducción al psicoanálisis. 1ª Conferencia. Introducción, O.C., Amorrortu, Bs. As., 1991, pág. 13.

(2)
Lacan, Jacques, "Nota adjunta al Acto de Fundación", Anuario 2001-2002, EOL, Bs. As., pág.121).

(3)
Lacan, Jacques, "Televisión", en psicoanálisis. Radiofonía y Televisión, Anagrama, Barcelona, 1977, págs. 100/103.

(4)
Miller, Jacques-Alain, comentario del Seminario inexistente, Manantial, Bs. As., 1992, pág 17.

(5)
Freud, Sigmund, "Psicología de las masas y análisis del yo", en O.C., T. XVIII, Bs. As., 1979, pág. 118.

(6)
Lacan, Jacques. "Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis", en Escritos 1, Siglo XXI, México, 1984, págs. 285 y 286.

(7)
Expresión que puede traducirse por "danza meneante".

(8)
Como indicó recientemente Germán García en la undécima reunión (inédita) del ciclo de Sábados de Lectura de la Orientación Lacaniana sobre el curso de J.-A. Miller: De la naturaleza de los semblantes, el 26 de Octubre de 2002, en la Sección Rosario de la EOL.

(9)
Lacan, Jacques, El Seminario 2.El yo en la Teoría de Freud y en la Técnica Psicoanalítica, clases del 1º de Diciembre de 1954 y del 26 de Enero de 1955, Paidós, Barcelona, 1986.

(10)
Miller, Jacques-Alain, "El triángulo de los saberes", en Bref, Nº 4, París, 25 de Setiembre de 1996, págs. 14-49, tradución inédita de Horacio Casté.

(11)
Freud, Sigmund. "Lo ominoso", en O.C., T. XVII, Amorrortu, Bs. As., 1979, pág. 224.

(12)
Lacan, Jacques, El Seminario Nº 7. La ética del psicoanálisis, Capítulo II "Placer y realidad", Paidós, Bs. As., 1988, pág. 29.

(13)
Miller, Jacques-Alain. Ibídem 2

12. La escuela del dispar convivium
Daniel De Greef
 
"El problema que se le presenta a un grupo analítico no es saber cómo se domesticará a los analistas, que serían los desechos-amos. El problema al que la Escuela ofrece una respuesta consiste en definir un grupo como un grupo no grupo, un lazo social no grupal, si es posible, sin la obscenidad imaginaria, lo que asegura la transmisión del psicoanálisis"
Jacques A. Miller "El Banquete de los Analistas", pág. 263
 

Se trata de dar cuenta -en la vida de la Escuela- de un pasaje singular que va de la dispersión a la disputatio, del desprecio a la dignidad de la crítica. Del dogma a la disputa por el desacuerdo, lo que nos remite a la interrogación sobre lo que es lo esencial en una Escuela.
Lo no universal del "todo para todos", sino el uno por uno, la manera que cada uno responde a lo real, y es lo que llamamos síntoma.
Eso no presupone -sin embargo- ni la autosuficiencia ni la indiferencia al grupo. Se cuenta en tanto existe inclusión en una comunidad de trabajo que pueda crear un aroma que denominamos "transferencia de trabajo". Un "Uno común" y una Comunidad de trabajo.
Si uno se autoriza no es sin los otros, esa es la lógica de la Escuela de la Orientación Lacaniana.
Se trata de la transferencia que se alimenta - en un grupo- del deseo. No un deseo cualquiera, sino el del analista, no del amigo, aunque también puede ser.
La ficción de una asociación es la de tratar a ese conjunto de personas que lo componen como a un individuo al cual se le podría interrogar y responde cuando se le cuentan los votos.
Lo cierto es que el psicoanálisis no localiza al sujeto ficticio en el mismo lugar, por eso es tan difícil hacer una asociación de psicoanálisis y reunir psicoanalistas.
Es por eso que podría pensarse en que cualquiera que se incluya en una asociación -como expresa Jacques A. Miller - podría decir: "soy miembro" o "soy corresponsal", ya que podríamos pensar que el fenómeno de la identificación no consigue captar totalmente lo que pasa en allí.
Jacques A. Miller dice que esa es la causa por la cual "es preciso introducir el factor pulsional que Freud indica como el término "eros", pero también lo que él designa con la expresión "affectio societatis", algo así como el objeto "a" de un conjunto.
Una manera práctica de decirlo sería que, más allá del discurso, lo importante es saber si nos entendemos, y que los aplausos signifiquen que la audiencia participa y da testimonio de cierto placer, hasta de cierto gozo...
Este objeto "a" tal podamos localizarlo en el vínculo mismo entre lo asociados, en una relación en el nivel de entender al modo de poder expresar que compartimos una cierta significación, un cierto sentido, más allá de un sentido del que nadie quede excluido.
"He aquí la estructura de la Escuela: $ que es igual a la del discurso analítico. es aquí la causa analítica, sin la cual la Escuela es impensable" (Jacques A. Miller "El Banquete de los analistas"- pág. 266)
El objeto "a" en una agrupación de psicoanalistas, por lo tanto, está presente en este "se entienden entre sí", bien diferente a la lógica religiosa que introduce el "se aman entre sí"
De tal manera esto, que deberíamos poder afirmar que podemos entendemos por "alusiones", lo que puede dar la sensación -hacia fuera- de una secta.
Es que siempre que exista ese lazo que Jacques A. Miller ha denominado como "affectio societatis", queda en evidencia ese objeto "a" entre sus integrantes y se produce ese efecto que se puede combatir, pero que nace del acuerdo mismo de los significantes, más allá de los sujetos, aunque es necesario aclarar, no sin el malentendido.
No advertirlo genera -justamente- dentro mismo de la agrupación el efecto secta, cuando el objeto "a" se hace extraño, no al nivel del significante sino en el de sus efectos entre sus miembros.
Es en este punto cuando el "affectio societatits" puede hacer un giro hacia una forma familiar,. Cuando son personas que se ven frecuentemente, que se escuchan unos a otros, el vínculo se carga de afectos y sentimientos positivos y ("senti-miente") negativos.
Sabemos que toda asociación porta algo de la lógica del "para todos", que funda categorías ("todos los que hacen esto", "todos los que se dedican a lo otro...")
Precisamente el "affectio societatis" introduce allí un elemento suplementario que indica la falta que yace en el universal.
Es por eso que debemos estar atentos a la palabra "eros" empleada por Freud: quiere decir que él mismo pensaba que aquello que pasa en un grupo debe ser entendido a nivel de la pulsión y no solamente a nivel del discurso, dando cuenta -de esta manera- de la identificación.
Cuando alguien se hace excepción confunde la lógica que motoriza el vínculo con el otro y cae en el menosprecio y hasta el desprecio, porque no entiende la dignidad de lo que hace en conjunto, es decir, no ha podido entender que se trata de juntarnos para darnos en psicoanálisis los instrumentos de trabajo, para "convocar-nos", para discutir con el otro, en tanto ello implique esa crítica que pone en crisis los significantes que siempre aluden al malentendido, y no al objeto "a" que nos reúne precisamente a su alrededor.
Se trata de no olvidar el vínculo social que constituye una relación analítica, ni desconocer en psicoanálisis el valor de estar juntos.
Para eso es preciso soportar al otro, al semejante, al rival, a aquel que siempre está dispuesto -por su actitud o su rasgo- a robar lugares y hacer semblante.
Se trata de hacer de la rivalidad, ese rasgo propio e inevitable de una Escuela, un efecto que provoque, que genere una crisis, que deberá ser tramitada no por la crítica que destituye, sino por la que hace crisis en uno y en otros, hasta el punto de tomar esa posición inherente al neurótico, el cual se descuenta. Esta posición de excluirse también tiene su dignidad, por ser materia a partir de la cual se hace un analista. J. Lacan habla de la "pasión de la ignorancia", una pasión estructural, en tanto es el efecto de que el habla no sabe o que dice.
Se trata de ocupar el SsS, un semblante, ya que quien dentro de la Escuela cree saber lo que dice no sabe lo que dice, ocupando -ahí mismo- el lugar de la impostura.
Ciertamente el psicoanálisis no desconoce la dignidad de lo que se hace en conjunto, aunque sabe que el psicoanálisis se hace en soledad, y todos los analistas siempre nos cuidamos de la colectivización tanto en el dispositivo analítico como en la enseñanza, donde rige la lógica del "por cuenta y a riesgo propio".
Tal vez por eso los que tenemos una relación con el psicoanálisis albergamos ciertas dudas y prevenciones sobre la "affectio societatis", porque sabemos de la pulsión de muerte y del estadio del espejo y que la "affectio societatis" puede ser una mera ficción del derecho legal, sin incidencias en la práctica cotidiana.
Es decir, un imaginario sin consecuencias que no sean las nefastas, ya que sabemos -por Lacan- que en el nivel imaginario el uno no es compatible con el otro, y a este nivel la relación típica entre los seres humanos no es precisamente el contrato sino el asesinato: o tú o yo, o "yo o los demás"...
Sin embargo Lacan, al hablar de la Escuela, invita a los analistas a ser buenos compañeros (texto de la época de la creación de la Escuela publicado en "Ornicar?"), ya que tener estatutos no es suficiente para una institución. La misma expresión "affectio societatis" indica que hay algo (un "afecto", un "entre") paralelamente a lo imaginario y a lo simbólico.
Lacan retorna a las pasiones del sujeto humano en su vejez. En 1973 reclama "reconsiderar el afecto" ("El Curso de las pasiones" - Germán García)
Tal como lo expresa Aníbal Lesserre en "El estatuto del Otro en la conversación" (Publicado en el "Más Uno"(Agosto/2001) "la conversación circunscribe una herramienta para entendernos y desarrollar políticas del psicoanálisis, es decir, políticas que tengan que ver con el deseo del analista. Pero a su vez, no nos justifiquemos con el malentendido cuando se trata de responsabilidades consecuentes con el deseo del analista, es decir, con el horizontes del psicoanálisis".
La queja no suele responder por sus decisiones, y si no se accede al estatuto de la conversación solo queda al nivel de una crítica imaginaria, que no hace sino llenar de sentido lo que tiene como misión vaciar a una Escuela de sentido para producir, y producir con otros.
Jacques A. Miller - a su vez- tiene una expresión que tal vez podamos definirla como muy criolla: "los analistas deberían sentarse -por ejemplo- uno al lado del otro sin tratar de robarse la billetera; comportarse como buenos vecinos que, en las asambleas, en lugar de decir "Ud. está diciendo estupideces"... digan: "yo disiento en parte con Ud...."
Una crítica se hace digna -pues- cuando lo que se relativiza tiene una causa que no es precisamente la imaginaria, sino que se inscribe en el deseo de cada uno de sostener ese "objeto a" como causa del deseo de todos, soportando ahí mismo el malentendido que introduce invariablemente el universo de los significantes.
En "El aparato de psicoanalizar" (Revista "Quarto N° 64, traducción al español en "Estudios de Psicoanálisis" N° 4) Jacques A. Miller expresa: "Para entendernos hay que compartir una práctica y una forma de vida. De aquí el acento que pudo poner Lacan sobre la Escuela y la comunidad de los analistas, que es una solución pragmática a la disyunción entre el sentido y lo real, entre el significante y el significado. Es en la acción y en la práctica donde será susceptible de resolverse"
Se trata de ir de la dispersión al desacuerdo y no al revés, según las palabras de J.A. Miller: "Me preocupa la dispersión, el desacuerdo entre analistas está. ("El Banquete de los Analistas" pág 148) como tampoco hacer una serie al estilo del ajuste de cuentas, aunque de allí se suponga la extracción de un saber o la consistencia de un esclarecimiento, ya que "la única cuenta de ajustar es la que uno tiene con el psicoanálisis mismo" (J.A. Miller: "El Banquete e los Analistas" - pág. 25)
Es saludable el dispar convivium ("El banquete desigual" - Erasmo de Rótterdam)) no los pares que se reúnen a ocupar el lugar del amo. Si es así que lo sea para acotar el goce de la Escuela, no para alimentarlo.
Las pasiones del sujeto también instituyen transferencias. Escribe Miller: "Cuando siento venir o anunciarse un período de odio, propongo en su lugar un trabajo del saber a cielo abierto"..."y bien, ¡propongo la disputa a cielo abierto, en vez del odio en sordina!" (Idem. pág 193). La disputatio, no la crispación. Agrega: "¡La paz perpetua entre los analistas! No soy tan ingenuo..." "...Se percibe que la cuestión del amor no está para charlitas ligeras en el psicoanálisis, sino que se encuentra en el corazón del asunto" (idem pág 151)
Una Escuela pone en acto los dispositivos que la oxigenan cuando hay deposición del saber sobre el analista, cuando hay deseo de un trabajo decidido que promueve la transferencia y cuando el "affecto societatis" puede anudar a sus miembros, permitiendo -inclusive- los movimientos inevitables del semblante.
Por fin, para terminar desearía referirme al trabajo denominado "La Escuela dispar" (Del Documento "Por qué respira mal la AMP"). Allí Guy Trobas recuerda la expresión lacaniana: "Si no espero nada de las personas, sí espero algo (no todo) de su funcionamiento".

Daniel De Greef


Bibliografía

1) "El Banquete e los Analistas" - Jacques A. Miller
2) "Affectio societatis" - Exposición de J. A. Miller en la sesión de Fundación de la Sección Río de Janeiro de la Escuela de Psicoanálisis de la Campo Freudiano (28/4/1994)
3) "El Curso de la pasiones" - Curso de Germán García del 7/14/21 y 28 de enero de 1990
4) "Estatuto del otro en la conversación" - Aníbal Leserre ("Más uno")
5) "El aparato de psicoanalizar" - Jacques A. Miller - Quarto N° 4 - Est. De Psicoanálisis N° 4
6) "Por qué respira mal la AMP" - Documento de la AMP.

13. Comentario sobre el Más-Uno
Mónica Roveri

En el cartel todos trabajan, “cada miembro del cartel se presenta con el título del trabajo que cada uno espera cumplir en él”.
El más-Uno también trabaja, porque es uno más en el grupo, la diferencia está en que ha sido elegido para ocupar una función y es la de velar por ese trabajo.
Lacan en el Acta de Fundación del 64 dice: "UNA MÁS encargada de la selección, la discusión, y el destino que se reserve al trabajo de cada uno” y en Desescolaje en el 80, “Está a su cargo velar por los efectos internos de la empresa y de provocar su elaboración”
El más –uno trabaja y se le demanda una función velar por el trabajo del cartel.
¿Porqué se elige a una persona y no otra?. ¿Porqué alguien es elegido como más- uno?
Esto es lo primero que el más – uno tendrá que averiguar, de que se trata ese más con el que a sido asignado, ya que su función es una mediación simbólica limitando los efectos imaginarios inherentes al grupo.
Este más que se le demanda puede estar en relación con un más de Saber, que ocupe el lugar del que más sabe en el grupo, que domine el tema por donde se lo tome: discurso Universitario, produciendo un efecto que no permite la elaboración, por el contrario la obtura, no dejando emerger el rasgo propio de cada uno de los miembros del cartel que lo diferencia uno de otros. Si el más-uno se ubica de este modo responde a una demanda que fortalece el fenómeno de grupo.
Un modo diferente es tomar la demanda para hacerla trabajar, instalando una transferencia de trabajo. De entrada es necesaria esta demanda, la cuestión es que se hace con ella. Es tentador para el más-uno ocupar ese puesto de saber, diferente a semblantear un saber supuesto.
Pocos días antes de la Fundación de la EOL, en l991, Miller dice: "Es más fácil hacer semblat de saber que hacer semblant de no saber”.
Si ocupar un lugar de Saber no sirve a la función del más-uno, pensemos entonces en la ignorancia.
En la Conferencia de Miller “El analista y los semblantes”, dice: “Un ignorante es alguien que preserva en el centro del saber el lugar del no saber, y que con eso estimula: hace del no saber la causa de un deseo de saber”. De este modo ubicado en el lugar de la ignorancia, el más-uno se pone a trabajar, desaloja la pereza y de este modo logra que los otros también se pongan a trabajar, instalando una transferencia de trabajo, ocupando su función.
En el Acta de Fundación del 64, Lacan dice: “El éxito de la Escuela se rendirá por la presentación de trabajos” y en “Desescolaje” del 80 dice “No hay que esperar ningún progreso, a no ser el de poner a cielo abierto periódicamente tanto los resultados como la crisis de trabajo”
El éxito del cartel y de la función del más-uno no se trata de ningún progreso, sino de una elaboración, de una producción, un rasgo propio..... ¿de una invención?, de un saber elaborado a partir de lo que no hay.
En “Los signos del goce” en la clase 13, “La invención del saber”, dice: “La pasión de la ignorancia designa exactamente, el saber hecho conjunto vacío, el saber es barrido, desalojado, pero queda su concepto o su marco” Aclara que la pasión de la ignorancia, no es la pasión de no saber nada.
El más-uno es hacer evidente el no hay para romper con el todo del grupo, instalando la transferencia de trabajo, el deseo de saber, creando de ese modo un dispositivo propicio para la elaboración de una invención.

Mónica L. Roveri
Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana
Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanális
PreJornadas de Carteles
EOL Sección Santa Fe – EOL Sección Rosario
3 de julio de 1999

14. Cartel y pequeño grupo
María del Carmen Arias

Mi intervención apunta a pensar el cartel como un dispositivo que va a contrapelo de la época. Esto encierra dos posibilidades: su desaparición o una salida posible frente al malestar.

Origen histórico
El cartel comporta una forma particular de lazo que Lacan propone basándose en las elaboraciones que Bion realiza alrededor de los pequeños grupos.
Estos surgen en Inglaterra durante la guerra y se forman con aquellos soldados que presentaban dificultades para llevar adelante las ordenes del ejercito.
Los hospitales militares comienzan a llenarse con personas que presentan diversos padecimientos de orden psíquico transformándose esto en "una urgencia" a la que hay que darle lugar comenzando a considerarse no sólo lo físico sino también lo mental.
Es así, que 250 psiquiatras integrados por el reclutamiento se ponen a trabajar partiendo de las elaboraciones freudianas acerca del psicoanálisis aplicado a la masa.
La dificultad de pertenecer al ejercito es considerada como efecto de una falla en la identificación con el Ideal y es así que se decide darle un tratamiento.
Los psiquiatras ingleses, alumnos de Melanie Klein, entre los que se encontraba Bion, reclutan a los "enfermos del ideal" (expresión de E. Laurent) conformando pequeños grupos. Se reúnen en torno a una tarea y logran así un reconocimiento que opera como remedio a la segregación y a la soledad de cada uno.
La apuesta fuerte de Bion es que surja un "espíritu de grupo" fundado en la identificación horizontal entre sus miembros. Se los invita a cooperar en un plano de igualdad siendo valorado cada uno por su participación en el grupo teniendo la posibilidad de elegir la tarea a realizar y hasta proponer otras.
Freud había concluido que hay una tendencia en las instituciones a hacer masa timando como ejemplo la Iglesia y el Ejercito. Esto surge de una identificación exaltada al poder ideal del líder. Identificación vertical, son instituciones donde prima el reglamento, la jerarquía y la segregación subjetiva.
La dimensión del pequeño grupo indica otro modo de identificación posible, que no se centra en el Ideal, dando lugar a la particular ideal del sujeto.
Promueve un lazo social reducido al trabajo, al objetivo común que funda el "espíritu de grupo" según Bion, aún donde no hay líder.
Lacan en "La psiquiatría inglesa y la guerra" se refiere a un artículo publicado por Bion y Rickmam (1942) y considera que ahí hay creación, invención, y afirma que esto marcará una época en la historia de la psiquiatría.
Dice haber encontrado el milagro de los primeros freudianos: "encontrar la fuerza viva de la intervención en el mismo callejón sin salida de una situación".
Este desafío continúa hoy para nosotros tal como quedó planteado el año pasado en el primer Encuentro Americano del Campo Freudiano donde nos reunimos a trabajar acerca de "Los usos del psicoanálisis" resaltando: "la vigencia del psicoanálisis aplicado como una interpretación que la Orientación Lacaniana plantea frente a la necesidad de encontrar respuestas a las demandas sociales que el psicoanálisis no puede esquivar".

Desviaciones del Cartel
Lacan propone el Cartel oponiéndose al did acta como forma de trabajo en la Escuela. En 1964 decide adoptar para la ejecución del trabajo el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo.
Miller dice: "El plan Lacan no se realizó jamás". Según este plan el trabajo de la Escuela se ejecuta por carteles. Si hay seminarios, cursos, conferencia, esto se hace por fuera de la Escuela.
Con relación a los usos actuales del cartel tenemos una idea aproximada por la presentación que los cartelizantes realizan en los distintos dispositivos que las alojan, tales como las noches de carteles o las Jornadas.
Mi apreciación es que en dichas oportunidades generalmente se pone de relieve uno de los aspectos del cartel que es la producción individual.
Me atrevería a decir que hay una sobre valoración del producto individual que muchas veces no puede ser ubicado como resultado de un trabajo en cartel.
Queda relegado el otro aspecto "sostenido en un pequeño grupo" que corresponde a la elaboración de saber, ya que no se escucha demasiado la experiencia que se vive en un cartel, sus obstáculos, impasses, su modo de elaborar un saber.
Miller en su conferencia de 1995 "El cartel en el mundo" manifiesta su preocupación al observar "una cierta falta de entusiasmo por el cartel" agregando que es un hecho que la tradición no es el cartel sino el curso magistral.
Podemos entonces pensar que el cartel más que con la tradición tiene que ver con la invención.
Las dificultades en el uso del cartel están en consonancia con la época actual caracterizada por el individualismo y el cinismo contemporáneo como debilitamiento del lazo. Esto trae como consecuencia que no haya lugar adecuado a lo que Bion elaboró como espíritu de grupo en contra de la segregación.
Los analistas no estamos exentos de los síntomas de la época en relación con el lazo asociativo ¿quizás por eso el Plan Lacan no se realizó jamás?

El buen uso del cartel
Si el lazo funciona adecuadamente lo colectivo también, produciéndose una identificación distinta a la del grupo que no es cartel.
Para ir en contra de los efectos indeseables de grupo, Lacan sugiere: "pegarse para luego despegarse" o sea servirse del grupo camino al cartel. Introduce la permutación como un operador contra el efecto de grupo y el más uno no como líder sino como un agente provocador de la elaboración de saber que dejara de lado cualquier ambición de prestigio por lo que sabe.
El punto de identificación que hace posible el lazo, que posibilita la unión de los cartelizantes es un saber no sabido: el tema que eligen para trabajar cada uno con su particularidad.
En ese intento de bordear un agujero en el saber aparece la posibilidad de acceder a un real que sorprenda, que genere el entusiasmo y de lugar a la invención.
Si hacemos un salto e RSI Lacan afirma que: "el punto de partida de todo nudo social se constituye de la no-relación sexual como agujero".
Sabemos de la importancia que dentro de cada Escuela tienen los carteles del pase que contribuyen al avance del psicoanálisis puro. Pero en esta oportunidad he querido resaltar otro aspecto que es la importancia del trabajo de los carteles como órgano de base de una Escuela para la vigencia y el avance del psicoanálisis aplicado frente al malestar de la época.
Como vimos, esto tiene que ver con los orígenes históricos del dispositivo del cartel ya que se trata del pequeño grupo de Bion como salida frente al malestar, la guerra, a través de la aplicación del psicoanálisis freudiano.
Desde esta perspectiva el cartel o el pequeño grupo permiten el avance del psicoanálisis a partir de la elaboración de un saber al modo de la invención, de la investigación.
Esta elaboración siempre es colectiva ya que como dice Gorostiza, en la investigación ya la referencia al autor de un texto hace que sea con otro.
Entonces tenemos en la historia del cartel: Freud, Bion, Lacan y Miller que nos recuerda y nos despierta para pensar por qué el plan Lacan no funcionó.

A modo de conclusión:
El cartel va a contrapelo de la época por varias razones:
1- No tiene valor dentro del mercado ya que si bien está dentro de "la formación" no otorga grado, certificado, no es un post-título. (¿No es atractivo?)
2- Incluye lo real en el saber y no apuesta por el sentido.
3- Va en contra de la segregación ya que posibilita que se junten a trabajar analistas miembros de la Escuela con otros que no lo son. (Con más y con menos trayectoria)
4- Rescata el lazo colectivo contra el individualismo.
5- Ofrece el psicoanálisis aplicado como respuesta a lo social diferenciándose de las múltiples ofertas de la psicoterapia.

Recopilación realizada por Silvia Nieto. ( enero 2012)


Otra Bibliografía sobre el cartel

“Acto de fundación” (1964) En Otros Escritos.

“Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela” J. Lacan.

En Otros Escritos.

“Carta de disolución” (1980) J. Lacan. En Otros Escritos.

“La psiquiatría inglesa y la guerra” J. Lacan En Otros Escritos. 

“Hacer la experiencia” Silvia Salman. Intervención en las Jornadas Nacionales de Carteles 2010 Publicado en Cuatro+Uno Edic#2

“Un borde que hace Escuela” Ana Viganó. Publicado en Cuatro+Uno Edic#3

“El horror al saber en la formación del analista” Paula Vallejo. Publicado en Cuatro+Uno Edic#3

“Escuela y formación del analista: Las lógicas colectivas y la civilidad en la Escuela(¿Qué política es deducible del psicoanálisis?) Claudia Lijtinstens. Publicado en Cuatro+Uno Edic#1

“El cartel es la escuela” Gabriela Dargenton. Revista Virtualia nº 24, abril 2012

“El Más Uno y el analizante” Luz Elena Gaviria. Publicado en The Wannabe, Los debates de la NEL nº2/3 2006. 

“En el cartel se puede obtener un camello” Mauricio Tarrab. Revista Más Uno nº3 EOL Bs.As. octubre 1988

“La invención colectiva” Leonardo Gorostiza. Revista Más Uno nº7

“Los carteles hoy” Ricardo Seldes. Revista Más Uno nº3

“Lo real y el grupo” E. Laurent. Ornicar Digital

“El espíritu del cartel: ¿eres tú de nuestro tiempo?” Y. Grasser. Revista Más Uno nº4 junio 1999

“El cartel empuja al acontecimiento de la letra” José Fernando Velasquez. The Wannabe. Los debates de la NEL nº 2/3 2006

Bibliografía recopilada por Mercedes Villén y Blanca Medina (junio 2013)


 

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Las Noches del Cartel

Domingo, 29 Junio 2014 23:00

ESPACIO LAS NOCHES DEL CARTEL LUNES 30, JUNIO, 20.45 h. “La clínica del cartel”

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Busca Carteles Marzo 2014

Lunes, 24 Marzo 2014 17:00

"La transmisión del psicoanálisis en la época actual y la transferencia".  Geraldo Chávez. Correo electrónico: psic.geraldoch@gmail.com

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Presentación del espacio de Carteles en la ELP Madrid

Martes, 10 Abril 2012 14:06

En 1964 Jacques Lacan funda la Escuela Francesa de Psicoanálisis y, en el mismo acto, propone y privilegia el cartel como modalidad de trabajo de escuela. La s...

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