• Reseña de la presentación de Capitalismo, crimen perfecto o emancipación de Jorge Alemán por Paula Fuentes
  • Reseña de la Presentación de La ansiedad que no cesa de Fernando Martín Aduriz por Virginia García Falagán

Presentación de Capitalismo, crimen perfecto o emancipación de Jorge Alemán

Reseña de Paula Fuentes

El miércoles 13 de Marzo de 2019 se presentó el libro Capitalismo, crimen perfecto o emancipación”, escrito por Jorge Alemán en el espacio de la Biblioteca de Orientación Lacaniana de Madrid. El acto contó con la presencia del autor, fue coordinado por Constanza Meyer, directora de BOLM, y tres invitados, Celeste Stecco, directora de la sede de Madrid de la ELP, psicoanalista, miembro de la AMP y la ELP, Javier Franzé, profesor de Ciencias políticas en la UCM, y Julia Gutiérrez, psicoanalista, miembro de la AMP y la ELP.

Constanza Meyer abrió el acto señalando que siempre es un gusto leer a Alemán cuyos textos forman parte de una conversación para pensar la política desde el psicoanálisis. Destaca la enunciación viva que no retrocede ante la maquinaria del discurso capitalista en la que se enredan los sujetos, y ante la que propone la vía de la emancipación a partir de la soledad radical que entabla una relación de conjunción y disyunción que abre paso a lo común. Se trata de apostar por un modo de estar con los otros, de otra forma de lazo.

Celeste Stecco destaca en su intervención la importancia de los textos del autor como referencia para comprender a Freud y a Lacan, con una enunciación que da cuenta del vacío y de lo necesario de la transferencia con el otro a pesar de certificar que el trabajo de elucidación solamente lo podemos hacer cada uno y en soledad. La lectura de Jorge Alemán ofrece una salida posible ante la catástrofe que parece llegar y retoma las palabras de Hannah Arendt en cuanto a la persistencia, como punto de apertura del libro, persistir, no sin invención, y volver al lugar donde siempre hay algo de lo mismo. Ante la pregunta “¿Hacia qué horror empuja el mundo?” surgen temas relacionados con el capitalismo-neoliberal, neofascismo, servidumbres voluntarias, sujetos y subjetividades, frente a lo que rescata lo inapropiable del ser humano, imposible de borrar. Una cita de Lacan, “tenemos miedo de nuestro cuerpo”, introduce una reflexión sobre el dominio de los cuerpos en relación a las mujeres por parte del neoliberalismo porque ellas encarnan el real que se teme y se rechaza, lo que abona el terreno para el totalitarismo. A pesar de la fuerza del movimiento de las mujeres en el mundo, no vemos una feminización del mundo, sino una creciente violencia que causa la impotencia. Para poder leer lo que está pasando, el libro de Jorge Alemán parte de la imposibilidad de escribir la relación sexual, lo real del cuerpo, por lo que Celeste cierra su intervención afirmando que lo incurable puede servir para encontrar la forma de arreglárselas en su vida, con ética y considerando el fracaso como el mayor de los logros, a cada uno se impone que se apueste por otro modo de habitar la tierra.

Javier Franzé aborda el libro desde la teoría política destacando el valor del uso de los textos del autor y de otros referentes, como Laclau o Chantal Mouffe. Se trata de tomar la palabra para seguir pensando lo político, incluyendo la economía como formación de subjetividades y retomando la posibilidad de intervenir en el capitalismo desde lo político, ya que no todo puede ser convertido en mercancía y por eso no habría crimen perfecto. Señala la noción del sujeto del psicoanálisis que toma Jorge Alemán como clave para poder pensar los acontecimientos relacionados con la historia política, la religión y los conflictos, y por otro lado revaloriza la relación entre emancipación y populismo como diferentes de la revolución. Finaliza su intervención retomando las palabras de Jorge Alemán acerca de que el capitalismo neoliberal no puede dar sentido a lo nacional o a lo popular. Destaca también la definición que ofrece sobre la emancipación como una apuesta sin garantías que no dispone de ninguna forma a priori de desconexión del capital.

La intervención de Julia Gutiérrez emprende un recorrido por los títulos de los libros presentados de Jorge Alemán, tratando temas sobre aquello que se repite pero donde siempre aparece algo, subiendo así la apuesta – destaca la cita de Hannah Arendt en la que dice “…una ganancia sí que nos quedará, la mera persistencia”-. Julia destaca los esfuerzos del autor por diferenciar en sus textos entre sujeto y subjetividad, lo político y la política, lo instituyente y lo instituido, soledad y común, para mostrar un agujero de lo que no hay como condición de imposibilidad de la política. Señala el órdago que el título del libro representa y la dirección que va hacia un público a la izquierda de las ilusiones de totalidad, que invita a hacer el duelo de la revolución no lograda, aquellos concernidos por la idea de un mayor bien para un mayor número y de que la política es la forma de repartir las cosas. En el centro de su intervención está el no regalarle la diferencia al capitalismo y la apuesta del autor por seguir sosteniendo el término populismo, a pesar de ser rechazado, al igual que le ocurre a lo femenino, no siendo ésta una mera coincidencia. Califica al libro de invitación a jugar un juego imposible de ganar, porque no se trata de ganar, “se trata de jugar-se a lo imposible, como en el amor, como en la vida.”

Desde el público se incide en la importante afirmación de Julia Gutiérrez sobre la equivalencia entre populismo y lo femenino, en tanto que el no-todo sería la única forma de lazo social donde se respeta algo de lo imposible y donde se acepta que el otro es otro, y no lo que cada uno proyecta con su fantasma. Otras intervenciones hacen referencia a la cuestión de lo económico y su relación con lo político, así como a el peso de la producción de subjetividades en esta época llena de contradicciones, violencias como respuesta a la impotencia e intentos de control y que, tal y como Hannah Arendt dijo “no sé cómo vivir esta época si no es de forma paradójica”. Jorge Alemán agradece las intervenciones, muestra su acuerdo con que el neoliberalismo no sufre una crisis, ya que es una estructura que con la crisis se revitaliza, y hace referencia a que efectivamente el populismo es femenino y de izquierdas y explica su elección del término emancipación precisamente por su carácter impreciso e indeterminado.

Se cierra esta emocionante presentación de un texto atravesado por potentes enunciados, con algo de lo que retorna una y otra vez, y que también es el punto de partida a partir del cual seguir, persistiendo, como síntoma o como deseo, apostando por la emancipación para que no se cumpla el crimen perfecto y aceptando cómo funcionan las construcciones del poder para averiguar qué se puede hacer con ellas.


Presentación de La ansiedad que no cesa de Fernando Martín Aduriz

Reseña de Virginia García Falagán

El 3 de Abril de 2019 se presentó, en la sede de la ELP de Madrid, el libro de Fernando Martín Aduriz, La ansiedad que no cesa.

El espacio estuvo coordinado por Carmen Bermúdez y presentaron el libro Antonio Ceverino y Gustavo Dessal.

Carmen Bermúdez destacó las resonancias literarias del título que abarcan todo el libro, con el reconocimiento por parte del autor a sus escritores predilectos. También nos anticipó que esta obra no se propone un tratado de la ansiedad sino que se dirige a un lector que no lee libros de autoayuda y que se hace preguntas, que lee para pensar. Su guía será el Seminario X, La angustia, de J. Lacan. Terminó su intervención con frases del prefacio del libro en el que Aduriz señala como remedio para la angustia, el deseo. Poner en marcha el propio deseo entraña preguntarse si se quiere o no, lo que el sujeto desea.

A continuación tomó la palabra Antonio Ceverino, que destacó, entre otras muchas cosas, que La ansiedad que no cesa es un libro necesario. Por su experiencia clínica sabe de las muchas demandas de consulta por la ansiedad, envoltorio de la angustia, amordazada por los psicofármacos, comentando que se ha producido una cierta banalización de la experiencia de la angustia para el sujeto. Aduriz, en la lectura de Ceverino, nos propone no hacer de la ansiedad un trastorno que hay que eliminar a toda costa porque mientras más se lo trata como un síntoma a borrar más muta y se transforma en otros síntomas. Freud descubrió que la angustia es un afecto que se desplaza. La propuesta de este libro es otra, desenvolver el síntoma, librarlo de la envoltura formal.

Ante la ansiedad hay que hacerse las tres preguntas de la gran clínica: qué, por qué y para qué. No sólo qué, también por qué, qué objeto ha hecho su aparición en el espacio destinado a la falta. Es la pregunta que indaga en el surgimiento de la ansiedad, en la coyuntura significante en que la ansiedad se desencadenó por primera vez y es la pregunta que puede orientar a su posible resolución. Y sobre todo, para qué. Qué interroga el motivo estructural por el que la ansiedad se mantiene en los sujetos, qué gana el sujeto.

Señala la función de la prisa, a la que el autor dedica un capítulo, como estrategia para sustraernos al encuentro con el  inquietante deseo del otro. Frente a la angustia que Lacan nombró como el único afecto que no engaña, porque tiene que ver con lo real, el discurso capitalista responde ofreciendo el espejismo bioquímico de la felicidad y el bienestar. La posición que este libro reivindica en esta encrucijada es diferente. Defiende otra política: intentar escuchar lo que la angustia dice sobre la verdad del sujeto y la causa de su deseo, poner a hablar la angustia, volverla un síntoma charlatán y tomarla como una señal. Una experiencia que nos confronta con lo real y la falta en si. Donde el sujeto se angustia es donde está su verdad. La angustia se puede definir como la falta de la falta, cuando al sujeto le falta el vacío posible, la distancia. Antonio Ceverino terminó su intervención aconsejándonos leer este libro sin prisa.

Gustavo Dessal resaltó que el término ansiedad, no es un término del psicoanálisis. Por momentos el autor los diferencia, entendiendo la ansiedad como la envoltura formal de la angustia y por momentos los usa indistintamente. Habría entonces una primera cuestión, la diferencia entre la angustia y la ansiedad. La ansiedad es algo, en opinión de Dessal, que el autor vincula a lo que Freud denominaba, los concomitantes somáticos. La angustia es algo que se siente, que se impone. La angustia y el cuerpo están ligados íntimamente. Pone como un ejemplo el ataque de pánico que tiene la misma estructura que la angustia. J. Lacan señaló que si la angustia es una certeza, el acto extrae su energía de esa certeza.

También hace notar Gustavo Dessal  las interesantes referencias literarias del texto de Aduriz, como Diario de invierno de Paul Auster. Resalta a su vez el capítulo titulado Calmar la ansiedad. Las personas descubren ciertos alivios: comer, beber y hacer deporte compulsivamente, así como los tóxicos y la práctica del sexo para tranquilizarse. Estas modalidades contienen una paradoja. El sujeto intenta calmar la angustia cuando es la angustia la que le lleva a buscar estos recursos. En un análisis, quizá por medio de una interpretación, se  puede cortar ese circuito y distinguir entre causa y el recurso que utiliza para calmar la angustia. Así se empieza a resolver, no la angustia, sino el modo ineficaz de resolverla.

El capítulo siete, La entrada: el huésped desconocido, hace que Dessal recuerde a Lacan, la angustia es un huésped que se presenta inopinadamente. Lo desesperante de la angustia es que el sujeto no puede encontrar una representación.

Para Gustavo Dessal, aunque guía imprescindible, el Seminario X no logra resolver el tema de la angustia. En el final de su enseñanza Lacan se va desplazando hacia la cuestión del goce. La fórmula de Lacan es que la angustia es ese sentimiento que nos embarga cuando nos vemos reducidos a nuestro cuerpo. Invitándonos a conversar finalizó G. Dessal su participación.

Fernando Martín Adúriz agradeció a Carmen Bermúdez, Antonio Ceverino y Gustavo Dessal la presentación del libro y nos regaló el secreto del   origen de este libro que se remonta a dieciocho años atrás cuando comienza a tratar a una paciente que llevaba muchos años siendo tratada de ataques de pánico a base de ansiolíticos. Llevada en ambulancia al hospital, una joven psiquiatra le dice a la paciente: debe tratar de poner algo de su parte. Esto la tocó y comenzó su análisis. Sobre la pregunta de Dessal por el nombre de ansiedad en vez de angustia explicó que era un libro destinado en parte a un lector ajeno al psicoanálisis y había preferido utilizar un significante de la época, que ya denomina este sufrimiento como epidemia de ansiedad.

Realmente fue una presentación amena, muy bien coordinada y presentada que nos invita a leer La ansiedad que no cesa.


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