El pasado martes 7 de Mayo tuvo lugar la Segunda Conversación que el Espacio del Cartel viene desarrollando en la Sede ELP de Madrid.

En esta ocasión, la mesa, cuyo título fue “El Cartel y sus síntomas”, estuvo coordinada por José Alberto Raymondi, co-responsable del Espacio del Cartel de la Sede. Los ponentes invitados fueron Celeste Stecco, Directora de la Sede en Madrid de la ELP y Blanca Medina, miembro de la Comisión de Carteles.

El cartel, sínthoma de la Escuela por Celeste Stecco

Agradezco, como miembro de esta escuela, el trabajo que la comisión del Espacio del Cartel de la Sede de Madrid está llevando adelante con el deseo decidido de cada uno de sus integrantes de poner en el centro de la vida de la escuela el cartel. Es la orientación del Directorio y del Concejo de nuestra Escuela, por lo que, como todos ya sabemos, el próximo encuentro de Elucidación de Escuela será la primera Jornada de Carteles de la ELP.

Considero que se trata de un acto: el de poner en el centro de la escuela el saber que no hay para que, a partir del deseo que este vacío puede causar hacer que el psicoanálisis no se detenga. Lo que no hay, anudado al trabajo de Freud, hizo que el psicoanálisis exista; el saber que no hay, anudado al trabajo de Lacan, devino en la reinvención del psicoanálisis; el deseo decidido puesto al trabajo de J. A. Miller, hizo que el psicoanálisis traspasara las fronteras, creando la Escuela Una que no es más que un lugar donde los analistas, uno por uno, trabajan para que, en el bordeamiento del agujero del saber, el psicoanálisis no se detenga… pudiendo, cada uno, reinventarlo cada vez.

Podemos decir que el saber que no hay es: causa de la existencia del psicoanálisis, condición de posibilidad de un análisis y razón de que la formación de los analistas sea siempre inacabada.

Que el saber que no hay cause un deseo de saber no es algo que tengamos garantizado. Lacan planteó que ante el real de la formación se puede responder desconociéndolo y negándolo, o en palabras de J. A. Miller, con la fatuidad de la ignorancia, pero también se lo puede colocar en el centro y sobre éste, cada uno sostener una formación y una práctica, a la vez que desde ahí puede orientarse una Escuela, haciendo del agujero que el amor – horror al saber velaba, la causa de un deseo de saber, consintiendo a su empuje y permitiendo que, cada uno a su manera, pueda ponerse al trabajo.

Lacan inventó el cartel a partir de ubicar lo real en el centro de la formación de un analista. Es ahí cuando inventa su escuela y el cártel como su órgano base.

Este punto hace que al pensar acerca de cómo plantear algo sobre el tema que esta noche nos reune: El cartel y sus síntomas, me di cuenta que en lo que estaba pensando era en el cartel como sínthoma: el cartel en tanto respuesta de Lacan y de cada uno de los cartelizantes y más unos, al saber que no hay. El cartel como sínthoma en tanto es en si mismo un modo de tratamiento del real de la formación del analista…

Pienso el cartel como un dispositivo en el que poner en juego el deseo de saber y la transferencia de trabajo. J. A. Miller plantea que el deseo de saber puede emerger cuando en un análisis, el amor al saber que velaba el horror que su vacío causaba cae. A su vez, la transferencia de trabajo es facilitada por la caída del Otro, ese Otro con mayúsculas, sin barrar, al que se lo ama al suponerle el saber que no hay… es la caída del Otro del saber la que hace posible el lazo de trabajo en el marco de la escuela… el trabajo con otros, pequeños otros, en una experiencia de cártel.

No hay en nuestra escuela una ley de formación, sino que se trata de la que cada uno hace a partir de la respuesta que haya dado al real que atraviesa su formación y su práctica. Cuando lo que causa, lejos de la negación y la infatuidad de la ignorancia es el deseo de saber, se impone para cada uno lo inacabable de nuestra formación. Ahí el cartel puede tener lugar, no hace falta más que el deseo de saber y de hacer lazo con los otros.

1-Miller, J. A., El Banquete de los Analistas, pág.,190, Paidós.

Los discursos, el saber y la función del más uno, por Blanca Medina

En la Jornadas de Estudio sobre los carteles de la EFP en las que participó Lacan en 1975 aparecía esta pregunta, “saber si lo que ocurre en el cartel se define verdaderamente con relación al más uno”. Es decir, ¿podemos poner a cuenta del más uno todo lo que concierne a los síntomas del cartel? Esta pregunta me parece sugerente y respondería “No solo, pero…” Sin duda la posición de cada uno de los cartelizantes, el cómo y el para qué, también da cuenta de los síntomas que aparecen en el funcionamiento del cartel.

Para hablar de síntomas del cartel también se hace necesaria la reflexión a nivel de Escuela; es necesario el deseo de unos pocos para hacerlo emerger como parte singular de la formación del psicoanalista, a diferenciar de la formación en psicoanálisis. Y esto tiene que ver en gran medida con los más uno y también con los que los eligen. Es uno de los síntomas a destacar.

Para empezar insistir en que elmás uno no existe, es una función y, a aquel que la asume, Lacan le asignó una tarea nada fácil: conseguir que el cartel funcione y alcance su objetivo “es el encargado de la selección, de la discusión y del destino reservado al trabajo de cada uno”.

Hablar del cartel y sus síntomas es hablar de la clínica del cartel y, en este sentido, hablamos de “lo que no anda”, de las dificultades que surgen en la experiencia. A saber, efectos imaginarios grupales, errancias a la hora de elegir el sujeto temático cada uno, o la dispersión en las discusiones, momentos de crisis en las elaboraciones, consecución de un producto final, etc.

La cita de Miller que aparece en la convocatoria de la reunión me ha puesto a trabajar sobre la cuestión del saber y la función del más uno.

En cierto sentido evoca la diferencia entre la transferencia en la experiencia analítica, que provoca la elaboración de un saber acerca del inconsciente en la que al analista se le supone un saber, y la transferencia de trabajo que se pone en juego en el trabajo de cartel donde la función del más uno no es la de encarnar a aquel que se le supone un saber y enseña.

Si el más uno no es el que sabe, se abren dos cuestiones:

¿Desde qué lugar opera para ser “agente provocador” de una elaboración de saber?

¿Qué relación al saber, de los integrantes del cartel, para que sea posible la elaboración y el producto? ¿Qué saber es el que forma a un analista?

En psicoanálisis partimos de la presencia de lo imposible, de un vacío central en toda experiencia; por tanto, lo imposible de saber tiene toda su importancia en el cartel. Hay el saber como posible de ser adquirido pero no se trata en el cartel de alcanzar un saber epistémico. Se trata de una relación al saber marcado por un agujero, agujero obturado por el objeto (a) a ser extraído en la experiencia analítica y a ser tomado en cuenta en el trabajo en cartel como veremos más adelante.

En el cartel se trata de un saber que deja lugar a lo no sabido en tanto susceptible de ser sabido. No se trata de un saber acabado y completo, nos decía Graciela la vez pasada.

El cartel es un dispositivo de tratamiento del saber y su orientación (la del cartel) es producir una posición nueva respecto al saber. Se trataría de ir desde un “no querer saber nada de eso”, que podemos enmarcar en el trayecto de la experiencia analítica, hacia el “deseo de saber” donde está incluido lo imposible; es conocer que en el centro hay un agujero. Miller en El Banquete de los analistas enfatiza: “Más allá del amor al saber comienza el deseo de saber que pasa por el trabajo para producir saber”.

La expresión “agente provocador”, como sabéis, la tomamos del texto de Miller Cinco variaciones sobre el tema “La elaboración provocada”. De entrada Miller dice algunas cosas muy importantes: por ejemplo que el interés que tiene para él el cartel es a título de saber. También que el más uno debe ocupar el lugar de agente provocador. Y finalmente, lo que me resulta más sugerente en este arranque del texto, señala que el trabajo suscitado provoca la búsqueda de lo que es latente que se revela como una creación.

Y subraya: “La llamada al trabajo es el toque de diana para despertar”. No es posible “producir” saber, de eso se trata en el cartel, sin trabajo. Y el trabajo al que el cartel invita, en palabras de Luis Tudanca, es el de “encontrar los agujeros en la reflexión individual, con los otros”

Miller propone los discursos como modalidades de provocación colocando la provocación en el lugar del agente; en el lugar del Otro el trabajo, la elaboración; en el lugar de la producción deja ese nombre; y en el de la verdad sitúa la evocación, que corresponde al estatuto alusivo de la verdad.

provocación                  elaboración

evocación                       producción

En el sentido de la llamada al trabajo, en primer lugar hace referencia y nos ofrece el discurso del amo, al que también llamamos discurso del inconsciente, como el matema de la elaboración provocada. Teniendo en cuenta que la elaboración siempre es provocada, el SsS con el que contamos en la experiencia del análisis no es en absoluto un “saber agente” sino una significación y su efecto sobre la elaboración es más bien el de dejarla para más adelante, a lo largo de la experiencia. Así que no es este el lugar que le corresponde al más uno ya que, desde ese lugar de saber supuesto, llama al trabajo pero la elaboración queda detenida:

S1         S2

S/           a

No obstante este discurso conviene al cartel en un sentido. Muestra la tarea del más uno de obtener que los miembros del cartel, incluido él, tengan estatuto de S1; Lo llama Miller enjambre de S1, que funciona cuando cada uno trabaja a partir del rasgo propio “puesto en valor como tal”.

Para que el más uno pueda encarnar mejor la función de agente provocador, Miller  propone el discurso de la histérica como el más conveniente a la estructura del cartel, para la elaboración de saber; Como sabemos en este discurso el sujeto dividido ocupa el lugar del agente:

S/           S1

a              S2

Una de las funciones más relevantes del más uno, a la hora de obtener resultados de saber, es producir el efecto sujeto y tomarla a su cargo. Es decir, reconocer la división subjetiva y operar con ella. Hacer trabajar y trabajar él mismo; con sus preguntas “agujerea las cabezas”.

Pero debe trabajar y esto solo se consigue si la causa de su deseo (a) deja de estar oculta bajo la barra, cuestión que se le imputa al agente, señala Miller, “ocultar en su vacío mismo la causa de su deseo”

Miller, en este punto, manipula la estructura del discurso propuesto, “evacuando el (a) de su lugar estatutario” situándolo como causa del deseo en posición de hacer trabajar al sujeto. Empuja el deseo de saber. Y presenta este matema para ilustrarlo:

a——-S/——-S1

                          S2

No quiero extenderme mucho más, solo volver a traer la cuestión que en la reunión anterior traía Julia Gutiérrez y que Miller señala en este trabajo suyo sobre el cartel, relacionada con esta función que le corresponde al más uno de insertar el efecto sujeto y tomar a su cargo la división subjetiva. Me refiero al desplazamiento del cartel de la lógica del todo a la del no-todo al aclarar que el más uno es un menos-uno en el sentido de que se incluye en el cartel descompletándolo.

Entonces: el más uno no es un maestro, no es uno que sabe; rechaza ser analista en el cartel; trata de sostener y preservar el lugar vacío en torno al saber, tratando de que la hiancia no se cierre, que lo imposible de decir conserve la posibilidad de un nuevo decir. “Que lo latente se revele como una creación”

¿Estamos hablando de un “saber hacer” con lo real, como podemos leer en el Seminario 23?: “¿Qué es saber hacer? Es el arte, el artificio, lo que da al arte del que se es capaz un valor notable, porque no hay Otro del Otro que lleve a cabo el juicio final”

Ejes del Debate por Jonathan Rotstein

Tras compartir con los asistentes sus interesantes reflexiones se dio paso a un debate que, esta vez, encontró su coordenada principal en una temática que podríamos titular: “El saber como síntoma: el no saber como causa”. Al respecto surgieron tres subtemas:

1-Las diferencias existentes entre el saber ya constituido, epistémico, que uno puede esperar encontrar en un Cartel y el saber faltante, que no hay, y que puede ponerse a funcionar como objeto causa del deseo.

2- La importancia que, frente al saber, adquiere “el saber insabido” especialmente como una forma para entender que el Cartel sea uno de los elementos base de la Escuela y que contribuye al deseo de saber, a diferenciar del amor al saber.

 3- Constatar que no sólo no existe un Sujeto sin síntomas sino que la Escuela, tanto como los Carteles, no puede darse sin ellos, los cuales, además, pueden ser puestos en juego por una doble vía: ya sea como invenciones singulares que se aportan al dispositivo del Cartel, ya sea como nexo de unión entre los registros real, simbólico e imaginario ya que, si no es con el síntoma ¿cómo se anudarían? El Cartel, en este sentido es una fábrica permanente de síntomas.

Más allá del eje principal también se dieron cita otros ejes: nuevamente la importancia del Más Uno y, por último, dos reflexiones concernientes a las Producciones del Cartel y a la propia Comisión:

Se aislaron algunas de las funciones del Más Uno: des-suponer el saber que se le supone para dirigir a los cartelizantes hacia un-saber-no-todo, evitar obturar el agujero, captar cuál es el deseo o el objeto de interés de los cartelizantes y, por último, realizar el tratamiento de todo lo que a lo largo de un Cartel va surgiendo.

Respecto de las producciones, de un lado se dejó anotado el valor de las mismas por cuanto su publicación genera un movimiento en beneficio del psicoanálisis y, de otro lado, se remarcó la existencia de diferentes maneras de considerar qué es un producto del Cartel ya que, si para un Sujeto, un Cartel puede realizar la emergencia de una falta nueva, una falta que el propio cartelizante no traía de casa, entonces, ese Cartel no puede ser considerado, jamás, un fracaso.

Finalmente, ante la pregunta ¿qué garantía hay de que el Cartel funcione? Se pudo señalar el trabajo sostenido por la Comisión del Cartel como aquél trabajo destinado a vigilar todo lo que surge, o puede surgir, en torno al Cartel constituyéndose, así, en una suerte de garantía mínima que la Escuela pone a disposición de los cartelizantes.

La tercera y última conversación sobre el Cartel será coordinada por Analía Gana y llevará por título “Transferencia de trabajo, producciones y efectos”. Será el martes 4 de Junio a las 20:30 y en ella intervendrán Sergio Larriera y Jonathan Rotstein. Los esperamos.

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