Este nuevo espacio recogerá los temas de interés sobre el cartel en Madrid.

En esta ocasión publicamos las intervenciones y los ejes del debate que tuvieron lugar en la Primera Conversación sobre la Clínica el Cartel.


LOS CARTELIZANTES HABLAN…

La Comisión de carteles inaugura esta nueva rúbrica en la Brújula con el fin de que los cartelizantes puedan dar testimonio de su paso por el cartel, hacer sugerencias, proponer lecturas, etc. Las contribuciones se pueden enviar a: ccunat@arrakis.es , josearaymondi@gmail.com


PRIMERA CONVERSACIÓN SOBRE EL CARTEL

Bajo el título “No hay Escuela sin Cartel” tuvo lugar el pasado martes 2 de Abril la primera de las Tres Conversaciones que la Comisión de carteles de la Sede de la ELP de Madrid ha programado para pensar y conversar en torno al dispositivo del Cartel.

La mesa, coordinada por Carmen Cuñat (co-responsable del Espacio del Cartel de la Sede), contó con las intervenciones de Julia Gutiérrez (responsable del Cartel en el Consejo de la ELP) y de Graciela Sobral (miembro de la Comisión de carteles de la Sede)

Introducción Por Carmen Cuñat

Vamos a dar comienzo a la primera de las Tres conversaciones sobre la clínica del cartel, que la Comisión de carteles ha previsto para este curso. Esperamos que la elaboración que surja de aquí  nos sea muy útil para participar en el  V Encuentro de Elucidación de Escuela que esta vez acogerá las Primeras Jornadas de Carteles organizadas por el Consejo de la Escuela y que  tendrán lugar aquí en Madrid, en septiembre próximo.

Se trata de las primeras Jornadas sobre el cartel a nivel de toda la Escuela, es decir, que es una primicia. Se ve que el Consejo de la Escuela actual ha tomado a su cargo dar el lugar que le corresponde al cartel, dedicándole unas Jornadas. Nos podemos preguntar por qué no se ha hecho antes siendo que desde sus inicios la Escuela fundada por Lacan propuso al cartel como un “órgano de base de la Escuela”. Más tarde se añadiría ese otro pilar fundamental que es el Pase. Miller nos recordaba en 1994 que el Plan de Lacan para la Escuela era que los miembros se agruparan en carteles. “Para la ejecución del trabajo, adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo”, decía Lacan en los primeros párrafos del “Acta de fundación de la Escuela”, de donde se deduce, señalaba Miller, que “el trabajo de Escuela pasa fundamentalmente por el cartel” y no por los  seminarios, cursos, conferencias, jornadas de estudio, etc. Se trataba de dejar un espacio central libre para el trabajo de Escuela. Pero “el Plan Lacan no se realizó jamás”, decía Miller. Ahora podríamos decir que solo en parte.

El cartel hoy, como señalaba Miller, es, en efecto, un órgano en el que uno hace su aprendizaje. Eso no es malo en sí mismo, solo que cuando se termina o uno cree que lo ha terminado ese aprendizaje, se tiende a desertar del cartel. En realidad el cartel de aprendizaje no estaba en la intención primera de Lacan. El cartel original era algo más ambicioso, se planteaba como un órgano de crítica y de control de las producciones de cada uno. Un dispositivo para que cada uno tuviera la oportunidad de trabajar y debatir con sus iguales, producir algo nuevo y singular y así contribuir al saber del psicoanálisis. Y ello  con el fin de que ese saber no quedará solo en manos de unos pocos ya entrenados. De allí el rol del Más-Uno, “encargado de la selección, de la discusión y del destino reservado al trabajo de cada uno”. La Escuela de Lacan se creó en contra de lo que se ha venido a llamar “las beatitudes”, en contra de los ya instalados, de los que ya sabían. Con el cartel la Escuela se muestra democrática, antiautoritaria, pone en el centro la causa del deseo de Escuela, que no es otro que el no saber. Y, sin embargo, esto no parece calar en la Escuela tanto como se desearía, no parece estar siempre presente ese deseo. Podemos decir que  siguiendo la lógica implementada por Lacan para la Escuela: “No hay Escuela sin cartel”, como dice el título de esta primera Conversación.

Para el buen funcionamiento del cartel se necesitan unos mínimos requisitos. Recordemos algunos de ellos que Lacan propone en su texto “D’écolage”:

Primero: Cuatro se escogen, para proseguir un trabajo que debe tener su producto. Precisando que se trata de un producto propio de cada uno y no colectivo.

Segundo: La conjunción de los cuatro se hace en torno a un Más-Uno que, si bien puede ser cualquiera, debe ser alguien. Está a su cargo velar por los efectos internos de la empresa y provocar su elaboración.

Tercero: Para prevenir el efecto de cola (de pegamento entre los cartelizantes), debe hacerse permutación, en el término fijado de un año, dos como máximo.

Cuarto: No hay que esperar ningún progreso, a no ser el de poner a cielo abierto periódicamente tanto los resultados como las crisis del trabajo.

Añadiría que en su formalización actual, el cartel una vez conformado se inscribe en la Escuela, en un Catálogo de carteles y que esto es tanto más importante para su buen funcionamiento ya que evita que en el cartel se instale la inercia de un grupo de estudio más. La labor del Más-Uno es de nuevo aquí requerida.

También la Escuela  pone a disposición de los interesados un Buscacarteles, con el fin de facilitar el encuentro con otros que estén dispuestos a trabajar sobre un mismo tema en carteles.

Si Lacan inventó el cartel fue para dar la posibilidad de trabajar en grupo sin los obstáculos que el grupo puede conllevar. En los orígenes del Cartel podemos ver cómo Lacan se sostenía en la teoría de grupos, donde la función del leader, las características de los miembros del grupo, el lugar de la tarea que se proponen, todo ello tiene una gran incidencia para obtener su buen funcionamiento.

Hemos elegido esta vez hablar, como tema general de las tres conversaciones, de la Clínica del cartel. Esta vez, en efecto, la Jornada de Carteles que se realizará en septiembre, no estará dedicada únicamente a la exposición de las producciones de los cartelizantes. Se trata ahora de darnos la oportunidad de retomar esos requisitos y ver qué papel juegan en cada cartel que se constituye, si contribuyen o no a llevar a buen puerto el objetivo del cartel y también qué lo impide. De ahí que propongamos en la segunda conversación hablar del Cartel y sus síntomas. En la tercera hablaremos de la transferencia de trabajo (con los colegas), a oponer al trabajo de la transferencia, que se limita a la relación con el analista. Será la ocasión también de hablar de las producciones y de sus efectos.


Cartel-Escuela: ¿Qué relación? Por Graciela Sobral

Si uno lee el título de la mesa distraídamente, sin tener en cuenta los textos institucionales más fundamentales de Lacan, se produce un efecto de sorpresa. ¿Cómo es que no hay Escuela sin Cartel? Si el Cartel es más pequeño, tendría que ser un “hijo” de la Escuela. En ese sentido es muy interesante porque este título empuja a la investigación y a la lectura.

Cuando Lacan abandona la IPA en el año 1964 o, más bien, podemos decir, cuando es abandonado por ella, a la hora de fundar su nueva Escuela, la EFP, escribe un primer texto institucional fundamental, El Acto de Fundación. En las primeras líneas habla a aquellos que concurran a la nueva Escuela sobre el compromiso que deberían tener. Dice que “para la ejecución del trabajo se adoptará el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo” que se compondrá de “cuatro personas más una encargada de la selección, la discusión y el destino que se reservará al trabajo de cada uno”. Luego dice que tras un cierto tiempo de funcionamiento, entre uno y dos años, se propondrá a los elementos del  grupo permutarse en otro.

Vemos en la manera de plantear el funcionamiento, la lógica de la Escuela, la importancia que da al pequeño grupo que llamará “Cartel”. Así, las personas interesadas en formarse en psicoanálisis no asistirán a grandes grupos de estudio o a seminarios sino a pequeños grupos. Cada pequeño grupo (cartel) elegirá un tema en común, de interés para todos y luego, cada uno de los miembros, elegirá su tema más propio, y cada uno trabajará este propio tema que luego será debatido en el contexto grupal. Es decir que todos discutirán por turnos los temas de los cuatro cartelizantes si bien cada uno se hará responsable de su tema sobre el cual, a los dos años como máximo, entregará un escrito al Más Uno que, en ese punto, toma el lugar de la Escuela. Ésta recibe los trabajos y el pequeño grupo se disuelve. En esta experiencia de dos años se ha puesto en marcha la transferencia, en este caso, en relación al (Más 1), a los compañeros y en última instancia, a la Escuela que se está formando.

¿Por qué Lacan piensa este comienzo para la nueva Escuela? ¿Por qué el pequeño grupo que llama Cartel? Hay distintas vías para responder.

En primer lugar, Lacan sale de la IPA, que no está de acuerdo con su lectura de Freud y su manera de pensar el psicoanálisis. Evidentemente, Lacan tampoco está de acuerdo, de hecho, irónicamente él habla de la SAMCDA, la Sociedad de Asistencia Mutua contra el Discurso Analítico, considera que los psicoanalistas de la IPA se unen para defenderse del psicoanálisis porque no soportan la división subjetiva propia del sujeto del inconsciente. La IPA y los postfreudianos son, de distintas maneras, trabajadores “anti psicoanálisis” lacaniano.

Tampoco quiere crear una Escuela que sea como la Universidad donde los alumnos pasen de un curso a otro y sean examinados y puntuados según sus méritos académicos. En ese sentido nada más distinto que el espíritu universitario y el de la Escuela, cosa que los universitarios ni imaginan cuando se acercan a ella. El mundo universitario es un mundo cerrado, un todo, con jerarquías tanto para los profesores como para los estudiantes. Es por eso que Lacan dirá, ya lo veremos, que a la Escuela se entra llamando “desde adentro”, expresión que me parece muy bonita y acertada.

En ese sentido, como hemos dicho, él se plantea formar una Escuela que no participe de los presupuestos de los postfreudianos ni de los universitarios y decide comenzarla con pequeños grupos, que pone en marcha en un “de menos a más”.

Quiere que las personas interesadas en el psicoanálisis hagan una experiencia peculiar, donde se ponga en juego su deseo en relación a algún tema psicoanalítico  y, a la vez, tengan la experiencia de discutir con otros sus ideas y trabajos de investigación. El (Más 1) no es un enseñante, aunque tiene que tener conocimientos. El (Más 1), al contrario que los miembros negadores de la SAMCDA, reconoce su división, su falta subjetiva y opera con ella. En ese sentido, no es una persona cualquiera sino alguien que se ha analizado o, por lo menos, que está en análisis. Ocupa el lugar del Otro al que se dirigen los cartelizantes, se trata del Otro dividido, del Otro vinculado a la falta, al S(A/), no ocupa el lugar de un Otro ideal del saber. En este sentido, el (Más 1) tiene más de una tarea ya que debe conducir el grupo hacia el final, es decir, la producción de los trabajos y su entrega a la Escuela y debe lograr transmitir una relación con la falta que dé, en cada caso, una característica peculiar al pequeño grupo. En un sentido, podemos decir que si el cartelizante no lo ha hecho ya por su propio análisis, es el (Más 1) el que lo irá introduciendo en la dimensión de la falta, de la pregunta por algo del orden de la subjetividad. Las personas que llegan de la calle, interesadas por el psicoanálisis, se sorprenden cuando se encuentran con esta estructura en la que hay libertad de acción y de elección y, a la vez, un cometido. En el pequeño grupo nadie engaña a nadie, como podría ser en un ámbito universitario, académico. Aquí cada uno va elaborando y discutiendo su trabajo hasta el momento de la entrega final. Pero no hay un puntaje que alcanzar, que se preste para competir con los otros, lo más exitoso que puede ocurrir es que el cartelizante llegue a leer o a comentar su trabajo en algún espacio o contexto de la Escuela y sea sometido a discusión. De ahí en más, hasta donde él quiera o pueda.

Es interesante esta manera de funcionar porque, en un sentido, es el modelo de la Escuela, donde hay una estructura organizativa cuyos componentes cambian cada dos años y donde hay espacios de trabajo, más o menos fijos, (Biblioteca, espacio clínico, espacio del pase, etc.) que fueron decididos, en su momento, en el contexto de las Escuelas y de las sedes. Estas tienen los espacios que ellas mismas han elegido. En este sentido, la Escuela es como un Cartel.

Lacan plantea la entrada a la Escuela por la vía del Cartel, es decir, por la vía del trabajo. Una vez terminado el trabajo, se puede continuar con otro tema, tantas veces como se quiera y, en un momento dado, se puede pedir la entrada a la Escuela, que se pide desde adentro. En un comienzo la Escuela tiene socios, asociados, el nombre puede cambiar pero la idea es la misma, son personas que están trabajando en los carteles. Luego puede admitir como miembros a los que ya están adentro, a los que han dado pruebas de su trabajo y de su interés por el psicoanálisis. En este sentido hace unos años, en la ELP, se hizo la experiencia de la “entrada por el trabajo”, donde los nuevos miembros eran admitidos por su compromiso con la Institución y por lo que había sido su práctica hasta ese momento. De alguna forma eso permanece, los que aspiran a ser miembros deben conversar sobre su interés con un miembro de la Escuela que esté en el Consejo y dar cuenta de su experiencia como analista.

La Escuela se organiza en relación a un vacío central que se manifiesta de distintas maneras pero que, de entrada, podemos llamar de la incompletud del Otro, donde hay un Otro pero no está completo, no es consistente. “No hay Otro del Otro”. Este vacío habla de una incompletud estructural: no hay Otro del Otro, no hay relación sexual (que se pueda realizar completamente), no hay un saber acabado y completo. Lacan, en el transcurso de su investigación y su enseñanza, descubre la incompletud del Otro y esta idea va atravesando todos los lugares. El Otro está incompleto, es decir, el sujeto está dividido, tachado, la Escuela se organiza en torno a un lugar vacío, a un imposible. Entre otras cosas, esto es una respuesta a la SAMCDA, frente a una Escuela muy normativizada y con analistas temerosos de su propia práctica y sus consecuencias, Lacan ofrece una propuesta novedosa y revolucionaria.

La época

En los años 60 Lacan plantea su idea del pequeño grupo como una manera de implementar y defender una escuela de los psicoanalistas “divididos”, hoy diríamos de los psicoanalistas lacanianos. Han pasado 50 o 60 años desde entonces. Me parece muy importante que podamos preguntarnos si nuestro mundo es igual a aquel de los años 60. A nivel sociopolítico hay tantos conflictos bélicos como antes aunque con distintos escenarios. Pero creo que vale la pena pensar en qué aspectos de lo subjetivo somos iguales y en cuáles no.

El discurso científico-tecnológico ha ganado un enorme lugar desde entonces, tanto que es difícil salirse de él, encontrar huecos más personales, de más libertad, por fuera de la dictadura superyoica y de la dictadura digital. Vivimos en un mundo donde el deber, el SY orientan (o desorientan) las vidas y la gente sufre los efectos de esa práctica discursiva que consiste, en términos generales, en el aplastamiento del deseo. En los años 60, (más allá de la SAMCDA), la vida entre las personas era más fácil, más fluida, menos sujeta a imperativos. Hoy en día es lo contrario, estamos más sujet(ad)os, más constreñidos bajo la aparente libertad que nos ofrecen la sociedad neoliberal y el mundo virtual. Tenemos más dificultades para estar entre nosotros aunque aparentemente no sea así. Las personas van más acompañadas de su objeto tecnológico (su teléfono, su Ipad, etc.) que de otra persona. Actualmente podemos decir esto, al contrario que Lacan, que fue más a favor de la inconsistencia del Otro y en contra del exceso capitalista. En ese sentido, creo que sus carteles son como pequeñas y ágiles cápsulas que habitan en este mundo y apuestan por una dinámica entre los sujetos que se sitúe más allá de este discurso neoliberal.

Debo decir que escribir este texto ha renovado en mi el amor por el cartel y me produce alegría que estemos abocados a esta tarea.


“Trabajo de disolución y Cartel” por Julia Gutiérrez

Las referencias al cartel no son muchas, se define muy rápido, apenas tres o cuatro características que todos conocemos. Como ha señalado Graciela Sobral, se platea en el momento de constitución de la Escuela en 1964 y no se vuelve a hablar de él hasta 1980.

Encontré que los textos clásicos sobre el cartel, “D’Ecolage” y “el Sr A” son las clases 2 y 3 del Seminario 27 Disolución. Es el momento en que Lacan disuelve su escuela para volver a fundar y a la vez pone el foco en el cartel. Entonces retomar el cartel quizás tendría alguna relación con el fracaso de su Escuela.

La cronología es así:

05/01/1980             Carta de disolución

24/01/1980             S(A/) Clase 1 del Seminario Disolución publicado en Le monde

11/03/1980             D’Ecolage Clase 2 del Seminario Disolución

18/03/1980             Señor A Clase 3 del Seminario Disolución

He traído algunos fragmentos de El otro que falta S(A/) que publica en Le Monde junto con una carta en la que afirma que el analista tiene horror de su acto y que Jacques Alain Miller es el al menos uno que lo lee sin los miramientos a los analistas establecidos aquellos que no se han enterado de la estructura que lo motiva

El uso del uno que no encontramos más que en el significante no funda la unidad de lo real. Salvo por darnos la imagen de un grano de arena. No podemos decir que, aunque haga montón, haga todo. Hace falta un axioma, es decir, una posición de decirlo tal.

Que pueda ser contado, como dice Arquímedes, no es más que signo de real, no de un universo cualquiera.

Ya no tengo Escuela, ahora tengo un montón (tas) del que o voy a hacer un todo (tout)

Ha fracasado en la producción de los Analistas de la Escuela.

Si me voy, deciros que al final es para ser Otro al fin

Entonces se trataría de la diferencia entre lo singular y lo colectivo, el uno y el todos.

Todos estos textos se publican en la revista “Ornicar nº20/21” bajo el título el Seminario de 1980- Disolución. En el prólogo, Jacques Alain Miller habla del descubrimiento de Cantor de los números transfinitos y de su comunicación al 1er Congreso Alemán de Matemáticos. Señala que el acto de demostración necesita de una prueba que depende de que haya otro que la reciba. Enmarca entonces los textos de Lacan en la recepción que el grupo hace del descubrimiento.

Para tratar de abordar los problemas que plantea el grupo lo voy a conectar con la Noción de conjunto y los problemas que causó en la historia de la lógica.

No deja de resultar irónico que Frege, que con tanta sutileza, cuidado e incluso pedantería analizaba y definía cada noción técnica que empleaba, se conformase con despachar la noción de extensión de un concepto en una nota a pie de página, en la que limitaba a suponer que “ya se sabe lo que es la extensión de un concepto

Es sabido que en 1902, cuando estaba en pruebas del volumen II de su gran obra Fundamentos de la Aritmética, recibió la famosa carta de Russell en la que se le comunicaba el hallazgo de la célebre paradoja. En ese momento Frege añade un apéndice en el que afirma “Nada más triste puede suceder a un escritor científico que ver cómo, después de haber terminado su trabajo, uno de los fundamentos de su construcción se tambalea.

La paradoja afecta a todas las teorías que emplean de un modo ingenuo o intuitivo la noción de clase o conjunto como es el grupo.

Al final de su vida, Frege renuncia a la tesis logicista, abandona la opinión de que la aritmética sea una rama de la lógica y que todo en aritmética pueda ser probado lógicamente, y fue consciente de que el fracaso de su construcción se debía al uso de la noción de extensión de un concepto como equivalente a la de clase o conjunto. Incluso llegó a sostener que no hay objeto alguno que sea la extensión de un concepto. “Parece designar un objeto a causa del artículo determinado, pero no hay objeto alguno al que así pudiéramos designar correctamente. De ahí han surgido las paradojas de la teoría de conjuntos que han aniquilado la teoría y tratando de fundamentar lógicamente los números como conjuntos yo mismo he caído en esa trampa.”

En “D’un Autre à l’autre”, Lacan destaca la paradoja que Russel supo encontrar en los fundamentos de la aritmética de Frege iniciando la crisis de los fundamentos en matemáticas. Lo que intenta hacer Lacan del lado derecho de las fórmulas es de la misma índole. No niega la existencia de cada mujer, como tampoco Russel negó la existencia de conjuntos que no se pertenecen a sí mismos, pero ningún conjunto los colectiviza. No se trata entonces de encontrar el rasgo que definiría hombre y mujer, sino de hacer que aparezca entre ambos una irreductible disimetría que no se basa en ningún rasgo dado en otra parte. Solo una disimetría así puede dar una oportunidad a la no-relación. (El no todo de Lacan Le Gaufey)

Por eso quizás el final de El Otro que falta, la clase anterior del Seminario habla precisamente de lo femenino. El cartel entonces no renuncia a lo colectivo, pero lo sabe frágil e inestable. Toma nota de que nada puede asegurarlo. Sería un conjunto que no sería para todos, podría decirse para unos pocos y uno menos. (4+1) = (5-1)

El Grupo desde la psicología de las masas sacrifica lo particular. Confunde lo colectivo con lo uno que introduce el significante. Para que ese efecto no se produzca, es necesario al menos uno que descompleta para sustraerse del efecto de cierre del grupo que por su parte nunca deja de cerrarse. Y una indicación respecto al tiempo Júntense y sepárense. Una pulsación. El tiempo limitado y una disolución en el horizonte para que el cierre no llegue a completarse.


Algunos ejes del debate Por Jonathan Rotstein Socio de la Sede de Madrid de la ELP

Tras las respectivas ponencias de las invitadas se produjo una interesante conversación que tuvo como coordenadas las siguientes tres temáticas:

El Cartel como instrumento, la función decisiva del Más-Uno y el destino que conviene dar a las producciones del Cartel.

Respecto del Cartel como instrumento se anotaron diferentes cuestiones:

El Cartel propone una elaboración de saber y no una acumulación del mismo.

El Cartel no excluye al síntoma. En el Cartel debe poder transmitirse el vacío.

El Cartel, si bien fue ideado por Lacan teniendo como uno de sus objetivos iniciales el poder servir de contrapeso y báscula frente a la (inevitable) dinámica que en toda institución se despliega alrededor del poder, en la actualidad se viene observando cierta tendencia, por constituir el Cartel como un dispositivo formador donde, en consecuencia, los cartelizantes eligen como Más-Uno la mayoría de las veces a docentes del Campo Freudiano de quienes se espera aprender.

En este sentido, se hizo mención a un señalamiento que Miller realiza en su texto “El Cartel en el mundo”, donde indica que lo verdaderamente interesante del Cartel es la idea de poder servir como causa para el debate. Quienes asistieron a esta primera conversación quizás puedan atestiguar de ello.

Respecto de la importancia y función del Más-Uno, la conversación tuvo, como en el anterior punto y a lo largo de todo el encuentro, magníficas aportaciones de parte del público, entre ellos: Blanca Medina del Toro, Miriam Chorne, Sergio Larriera y Blanca Cervera

Así, se ofrecieron diversas definiciones operativas sobre el papel del Más-Uno y su función como aquél dirigido a descompletar el saber, tornándolo transversal, como alguien que trabaja apoyándose en la falta, y que, además y ante todo, es el encargado de hacer posible el trabajo propio del Cartel.

Además, se señaló que el Más-Uno en verdad es la Escuela y no ninguna persona concreta erigida en líder ya sea por los cartelizantes que lo convocan, ya sea que adopte un estilo que, por ejemplo, puede variar entre, según se dijo, “triturador transferencial,” “castrador innato”, “analista o educador del grupo

Finalmente, respecto de las producciones del Cartel, se produjo, quizás, el debate más interesante de la noche.

Si bien en la tercera conversación se debatirá respecto a qué estatuto conviene dar a las producciones, algunas de las preguntas que circularon entre los asistentes fueron planteadas como interrogantes que, pese a encontrar algunas respuestas, conviene no cerrar:

¿La Escuela debe acoger todo producto de un Cartel, sin excepción?

¿Puede crearse un lugar donde sean acogidas todas las producciones, ya sean elaboraciones descabelladas o, incluso, “historizaciones de obstáculos” que alguien haya podido encontrar al intentar escribir una producción del Cartel?

Siguiendo con la escritura ¿Es algo que debe producirse al final del Cartel, como conclusión, o tal vez es algo que mejor conviene ir elaborando a través del tiempo en un recorrido personal que atraviese distintas fases?

Tras los aplausos y en un ambiente que, en todo momento, respiró Escuela, se convocó a todos los presentes, y ausentes, a acudir a la próxima conversación del Espacio del Cartel en la Sede ELP en Madrid que tendrá lugar el 7 de mayo.


Bibliografía:

Lacan J., Acta de Fundación

Lacan J., D’écolage

Lacan J., El Sr A”

Miller J.-A. , El cartel en el mundo

Se puede consultar en El Cartel: www elp-sedemadrid.org

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