El Viernes 5 de abril de 2019 se inauguró CONTRASTES, la V Exposición de Encuentros con el Arte

Abrimos la quinta exposición en nuestro espacio ENCUENTROS CON EL ARTE. Como en las anteriores exposiciones, la cuestión es dejarse interpelar por lo imprevisto del encuentro. Nos parece lo más propio de esta aventura. En esta ocasión nos visitan dos artistas, Aitana López y Carlos Gineste, para mostrarnos las singularidades de su actividad, es decir, aquello que en su acto artístico hace a cada uno de ellos incomparable en relación a una verdad. En este sentido, no podemos dejar de escuchar las resonancias en relación a lo que Lacan planteaba sobre la cuestión de la verdad: “el arte es un saber hacer… y hay más verdad en el decir qué es el arte, que en cualquier bla-bla-bla… es una verdad a la segunda potencia”. (*)

Claro que esto nos invita, no a interpretar las obras como si se tratara de una formación del inconsciente, algo tan ajeno a la enseñanza del psicoanálisis a partir de la orientación lacaniana, sino a dejarnos atrapar por lo que allí se pone en acto, como guiños a eso que no se alcanza si no es por el encuentro con la obra de arte.

(*) J. Lacan, 18 de enero de 1977. Seminario L’Une-bevue….

Miguel Angel Alonso, Mila R. Haynes, Mónica Unterberger (responsables)


CARLOS GINESTE (Buenos Aires, 1946)

Estudios realizados: Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano: Maestro de Artes Visuales. Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón: Profesor de Dibujo y Pintura.  

Tareas docentes: En Buenos Aires: Profesor de serigrafía en MEEBA. Mutualidad de Ex Estudiantes de Bellas Artes. En Madrid: Monitor en un taller de serigrafía de la ONG Punto Omega.


AITANA LÓPEZ.

Aunque no puedo evitar sentirme un poco dividida entre las palabras y la pintura, me encanta hablar de pintura. Pintar es una manera de ver. Se pinta para decir algo, sea decir un contar, un expresar, un romper, un acercarse. En mi caso no sé si la pintura es el pretexto para decir algo o el expresar algo para pintar.

Todo el trabajo que he hecho hasta ahora no ha seguido una búsqueda concreta al menos conscientemente, más bien he ido saltando sin darme cuenta de un interés a otro: de trabajos más expresivos y espontáneos en un principio a un análisis más reposado del natural.

Con la sinceridad que deja ver un trabajo heterogéneo y un tanto dispar, todo lo que se presenta aquí, no es más que una mirada hacia lo que ha conformado mi modo de ver hasta el momento, que sigue creciendo…


Presentación de Mónica Unterberger

Hoy seré más breve para dar lugar a otras voces.

Esta es nuestra 5ª Exposición en el espacio Encuentros con el Arte. Nos alegramos por ello!

Poco a poco, aprendemos de los errores y aprendemos de los aciertos en la configuración del Espacio, puente entre el  psicoanálisis y el arte y de lo que nos enseña cada una de las muestras , cada uno  de los artistas.

En primer lugar, tenemos la buena noticia Mila R. Haynes, artista ella misma además de psicoanalista y socia de la Sede de la Escuela de Madrid, se suma a esta  aventura: le damos la bienvenida.

En segundo lugar y en cuanto a esta nueva muestra, tenemos que presentar sus dos artistas: Aitana López, Carlos Gineste- quienes nos contarán enseguida  algo de su recorrido, algo de lo que los empuja a ésta solución a este hallazgo, que ha sido para cada uno de ellos esta cosa de pintar.

En tercer lugar, como habrán leído la titulamos CONTRASTES.

Aunque siempre hay algo de contraste, esta vez eso se destaca.

Hay contraste no sólo en la obra misma, sino en los momentos de la vida.

Siendo tan joven, AITANA LÓPEZ, conoce el temblor de las exposiciones.

CARLOS GINESTE,  no expuso nunca sin embargo nunca- creo- dejó de pintar.

Lo que encontramos en cada cuadro de un artista, es el incomparable  punto propio a cada uno y es eso, lo que nos enseña… a nosotros espectadores durante un instante…el instante de la contemplación en el que abandonamos nuestra mirada para entregarnos a lo que allí da a ver el artista. Es lo que tiene de atractivo el arte: descansamos, nos entregamos, apaciguados.

No sin quedar afectados: atraídos, conmovidos, alertados, expulsados, sacudidos. Son esos y algunos otros afectos los modos en que algo ahí se satisface en ese encuentro.

Cuarto y para expresar algo de este contraste me gustaría decir por ejemplo….

AITANA LÓPEZ, lleva a la primavera y su derroche o al calor del verano que todo lo derrite, aún cuando enmascare lo figurativo destiñendo los borde ¿será en ello  que nos fuerza a imaginar qué hay detrás de esos velos que hurtan lo definido?

El color y su luz  esfumándose en las manchas, el  paisaje al que nos asoma, el trazo que se ejercita en el lápiz….AITANA LÓPEZ va y viene al modo de una mariposa en busca del néctar prometido que esconda y que provoque.

Es lo que me hace decir su muestra: lo que va entre lo que se encuentra y entre lo que cada vez escapa como apurando un “no es eso! Aún…”

Respecto a CARLOS GINESTE, es difícil encontrar cómo decir lo que ahí despliega esa contundencia que parece desbordar el cuadro a cada rato. Los elementos que lo componen elegidos con el cuidado de un cirujano recortan la escena sin contemplación: cada parte baila a su antojo cautiva de una lógica onírica que resulta indiferente a orden o armonía de ley de la belleza, si puedo decirlo así.

Geometría imposible a la que somete a las figuras y los cuerpos: vacíos y repletos de atributos extraordinarios, poseídos por una oscuridad que no cede, arriesga dar a ver un desierto poblado.

Hay quizás allí un juego teatral de artificios en los que compromete a sus  personajes  entre quimeras y puntos de fuga- no podría ser de otra manera- por donde escapa lo que huye sin remedio.

Entre estos CONTRASTES, dos modos de captar lo común en lo que hay y lo que escapa, siendo lo que escapa entre los dedos del movimiento y el pincel del gesto, el motor que dirige la apuesta: hay el deseo que se desliza entre el blablablá del decir y hay el goce de lo que se satisface en ese hacer.

Esto es lo que tenía para decir hoy.


Presentación de Miguel A. Alonso

Estamos ante dos expresiones artísticas que nos ofrecen señales de una singularidad relevante, pero tengo la impresión de que en las dos obras, tanto en la de Aitana como en la de Gineste, se sugiere perfectamente el objeto de lo artístico, es decir, ese objeto que siempre se sustrae a la representación. Me parecen dos muestras relevantes de cómo, en pintura, no se trata de la presentación de algo objetivo. En ambas nos invade algo misterioso, algo de lo que no llegamos a apropiarnos de una forma concreta. Le podemos dar las vueltas que queramos, pero el misterio va a persistir mientras nos recreamos en la contemplación de las obras.

Recuerdo una anécdota de ayer por la mañana, cuando los artistas estaban colocando los cuadros. Mónica Unterberger le hacía ver a Gineste que en muchos de sus cuadros había un incendio. A lo que Gineste respondía: “sí, hay un incendio, lo que pasa es que no sé lo que se está quemando”. Me pareció una respuesta genial por parte de un artista, porque quizá sea el objeto que el artista busca, siempre en combustión, siempre candente y, por tanto, en la imposibilidad de acercarse a él, en la imposibilidad de atraparlo y por fin agarrarlo de la mano y decir: “esto era”.  

Pienso que por parte de Aitana, tanto en su abstracción como en esas figuraciones bellamente difuminadas, se dejan de lado, por inservibles para el arte, las leyes de una realidad supuestamente consistente y objetiva. Es como si esa composición, ese marco de remiendos, de tablas cruzadas y clavadas, estuviese sintetizando la esencia de todos sus cuadros, como si en la rudeza de su mirada nos estuviese mostrando dos cosas, por un lado su obstinación para ocultar algo terrible, insoportable, como puede ser la visión de lo real, del vacío, de la falta de objeto, y por otro lado, la precariedad del velo artístico, pues por las rendijas de ese artefacto tenemos la impresión de que siempre se va colar ese vacío que no puede hacer otra cosa que pesar angustiosamente en nuestro ser. Porque, además, sus figuras humanas, que decía difuminadas, parecen, por un lado, la melancolía que se vierte a borbotones a través de ese color invisible del cristal de una ventana y, por otro lado, las mujeres tumbadas desnudas en el diván como cuerpos enigmáticos que nos interpelan sensualmente desde no sabemos dónde.     

Por el lado de Gineste, creo que tomando referencias de la figura, en particular de la humana, practica en su pintura un juego siniestro en el que se juntan la infancia y la decadencia del hombre en el marco de una atmósfera trágica y hermosa al mismo tiempo, lo que a mí, particularmente, me seduce. Porque me sugiere la idea de un mundo más allá de la conciencia que nos está interpelando desde esas figuras medio niñas medio adultas. Lo cual me hace pensar que, más allá de la sustracción del objeto, en sus cuadros nos lo sugiere de manera masiva y trágica. Ahí está la calavera para que nos pese en el cuerpo. Son cuadros que me maravillan y, repito, me pesan, y es que me parecen bellos y terribles al mismo tiempo.  

En definitiva, diría que estamos ante dos miradas de lo artístico que, al final, confluyen en el mismo objeto, ese vacío estructural de lo humano, esa herida que, como humanos no podemos suturar. Pero las considero bellas porque entran en armonía con esa cita que para mí es una referencia, se trata de Rilke cuando escribe en Elegías de Dunio, en la Elegía I, lo siguiente: “Porque lo bello no es nada más que el comienzo de lo terrible, justo lo que nosotros todavía podemos soportar, y lo admiramos tanto porque él, indiferente, desdeña destruirnos” (R. M. Rilke. 2004: 61. Elegías de Dunio. Cátedra. Madrid)

No sé si los artistas pensarían lo mismo que yo de sus obras. Seguramente que no. Pero bueno, por fortuna, sus obras, por artísticas, siempre van más allá de las intenciones con que las crearon. De esa manera podemos hacerlas nuestras. Dicho lo cual, sólo me queda desear a los dos artistas que la exposición sea todo un éxito y que sea visitada, como ocurrió en las cuatro anteriores, por mucho público.

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