Cada mujer, una por una, ha dado una respuesta a la inexistencia de La Mujer. Una respuesta al modo en que para ella irrumpió la femineidad en su infancia, de un modo traumático, doloroso, gozoso… unas han podido inventar algo allí donde en la lengua faltan las palabras para decir qué es una mujer, lo han hecho sin tapar ese vacío, otras lo han hecho atreviéndose a destaparlo después de un largo proceso de análisis.

Lacan en su abordaje de la femineidad se sirve del goce que ellas dicen que experimentan, algunas, no todas, y de una lógica hecha a partir de ese otro goce que la femineidad sustrae a la palabra y el saber desconoce: Lógica del no-todo para tratar la inexistencia de La Mujer y de El analista.

Una mujer puede inventar algo allí donde La mujer no existe, una artista como Sophie Calle nos lo muestra. Su creación literaria, sus performances, se sitúan en esta lógica que llamamos femenina. Ella la aborda a partir de una temporalidad en la que el instante prevalece sobre la duración y la contingencia del azar fugaz sobre lo que no deja de escribirse.

Sophie Calle es una artista que crea a partir de su vida. Su saber hacer con la pérdida le permite convertirla en creación artística.

Prenez soin de vous”, “cuida de ti misma”, con esta frase enviada por mail se despide uno de sus amores. Ante esta frase escrita por un hombre al dejarla ella se queda perpleja. ¿Cómo cuidar de sí misma en el momento mismo en el que el otro te deja? De esta perplejidad hará el punto de partida de una creación reenviando la pregunta al Otro, a otras mujeres, a intelectuales, a especialistas de la lengua francesa, a gramáticos, a filósofos, a teólogos, preguntándoles: pero ¿qué quiere decir?

Así hace pasar su perplejidad a otro plano. Ya no es un asunto personal. Cualquier mujer puede estar interesada en ese mensaje como en una carta robada cuyo contenido no estaría destinado a dar sentido, sino a ser leída literalmente, a ser desencriptado como un texto ilegible.

La presencia y la ausencia en la relación al Otro es un juego aprendido en su infancia que Sophie Calle no ha olvidado y con el que construye  la materia prima de su creación, una obra artística con la que recupera cierta satisfacción a partir de lo perdido (1).

Des histoires vraies”, es un singular libro de relatos cortos que se deja leer mientras una sonrisa se esboza en nuestra cara. Historias verdaderas tratadas con la estructura de ficción que tiene la verdad en psicoanálisis, historias en las que lo íntimo se expone con delicadeza no exenta de humor, algo pasa en estas historias como pasa el witz que nos hace sonreír. Increíble y delicada combinación del humor con lo femenino.

Sophie Calle cultiva un  estilo que nos recuerda el de Marguerite Duras (2) quien en la presentación de su libro “La vida material” decía: “…ninguno de los textos es exhaustivo. Ninguno refleja lo que yo pienso en general sobre un tema porque yo no pienso nada en general, salvo de la injusticia social. El libro representa más o menos lo que pienso a veces, algunos días de ciertas cosas”. Ese gusto por lo contingente es, como dice Omaïra Messeguer (3), un signo discreto de la femineidad.

“la carta de amor”


Sobre el escritorio dejada negligentemente desde hacía años una carta de amor. Yo nunca había recibido una carta de amor. Le encargué una a un escritor conocido. Ocho días después recibí una hermosa carta de siete páginas, escrita en verso, con pluma. Me había costado cien francos y el hombre decía: “…yo, sin hacer un gesto, estaba en todas partes adonde usted iba”.

¿Cómo se puede hablar de la femineidad si La Mujer no existe, cómo se puede hablar de lo que escapa a las palabras?

San Juan de la Cruz, los místicos lo hacen forzando la significación de la lengua, un forzamiento que evoca lo indecible de un goce que experimentan y que está más allá de las palabras: “…y fui tan alto tan alto que le di a la caza alcance”

¿Cómo puede hacerlo un analista?

Una mujer analista, una AE, Bénédicte Jullien, cuenta en su testimonio el pasaje producido en su análisis por el que pasa de una versión fantasmática de La Mujer construida con el goce pulsional, “una mujer es la que calla”, con la que hacía existir La Mujer que no existe, al goce de la ausencia una vez que el goce oral de la espera silenciosa se separa de la ausencia. Una vez que ya no espera nada del Otro y se deja orientar por su propia palabra puede asumir esa ausencia como propia y no del Otro.

Por medio del análisis una mujer puede vencer su rechazo a la femineidad, ese rechazo que le hace creer que La mujer existe por obra y gracia de su fantasma y de la versión pulsional que este le proporciona, una versión de la femineidad incompatible con la heterogeneidad del goce femenino. Gracias al análisis una mujer puede condescender a la experiencia de la inexistencia del Otro y aceptar su soledad real, la que le permite ser otra para sí misma.

“Por ser no-toda la mujer no puede constituirse en el Otro del Uno, si el Otro del Uno no existe, entonces, ¿dónde está la mujer? Se pregunta Lacan en “…ou Pire”. La mujer está entre el centro de la función fálica del cual participa en el amor… y la ausencia” (4).

Esa ausencia de la que ella goza constituye un misterio para sí misma.

NOTAS

(1) Leguil, Clotilde, “Una apuesta sobre la perdida”, Mental 35

(2) Messeguer, Omaïra,  Signes discretes de la féminité., Mental 35

(3) Idem

(4) Lacan, Jacques.,  Le Séminaire, Livre XIX, SEUIL. , P.121

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