Por Jonathan Rotstein. Socio de la Sede de Madrid de la ELP.

La transferencia de trabajo es un concepto que Lacan emplea una sola vez: Lo hace en 1964, en el “Acta de fundación” de la Escuela, donde dice que “La enseñanza del psicoanálisis no puede transmitirse de un sujeto a otro sino por los caminos de una transferencia de trabajo”. Así, a simple vista, podría parecer que únicamente se trata de una transferencia que tiene por objeto el trabajo.

Sin embargo, Miller, en su curso “El banquete de los analistas”, declara que la transferencia de trabajo es un concepto que él ha querido promocionar ya que Lacan, al utilizarlo, le da un sentido tan concreto que resulta inequívoco.

De manera que, en los capítulos VIII, IX y X del citado Seminario, Miller se encarga de problematizar los diferentes aspectos y dimensiones que surgen alrededor de este concepto en donde (de un modo general y según la lectura que yo he hecho) cobra especial relieve una dicotomía que podemos expresar de la siguiente manera:

Respecto del saber no es lo mismo si el sujeto mantiene una relación de amor o de deseo: Amor al saber y deseo de saber constituyen dos polos antagónicos donde situar toda una serie de elementos que (si bien Miller va desgranando paso a paso a lo largo de estos tres capítulos) en lo fundamental, se articulan según se prescinda, o no, del Nombre del Padre.

En este sentido, Miller destaca de diferentes maneras cómo la relación que el Sujeto mantiene con el Nombre del Padre se inscribe dentro del registro del amor.

Es interesante porque, mientras desbroza el concepto de la transferencia de trabajo, Miller recurre al dispositivo del Cartel para ejemplificar, a través de la figura del Más-Uno, el uso que conviene dar al Nombre del Padre: Servirse de él para poder prescindir del mismo.

Al respecto deja anotadas algunas cuestiones como, por ejemplo, la conveniencia de vulgarizar el Nombre del Padre haciendo que nadie lo encarne sino que, más bien, sea tomado como un lugar de la estructura el cual, además, conservaría sus derechos.

Pero ¿Qué tiene esto que ver con la transferencia de trabajo? El hecho de que la transferencia de trabajo es lo que permitiría compartir con otros aquello que el psicoanálisis enseña ‘uno por uno’. Pero ¿Cómo? Modificando la relación al saber desde el amor hasta el deseo.

Veámoslo un poco más en detalle: La enseñanza del psicoanálisis (lo que no quiere decir tanto la enseñanza de “la disciplina analítica” como de “aquello que el psicoanálisis enseña”), se funda en la relación que un sujeto mantiene con otro para transferirle su trabajo (en este sentido, Miller sostiene que la tesis de la transferencia de trabajo es la causa que motivó a Lacan a fundar su Escuela).

Sin embargo, podemos preguntarnos si ello basta o es suficiente, ya que “lo que el psicoanálisis enseña” es algo que concierne a la experiencia individual, de manera que ¿Cómo pasar del ‘uno por uno’ al ‘todos’?

Este interrogante concreta los problemas que surgen de “la enseñanza del psicoanálisis” y aquí precisamente es donde se sitúa la tesis de la transferencia de trabajo: El hecho de que el trabajo deba ser transferido ‘uno por uno’.

Ahora bien ¿Qué condiciones se precisan para ello? Ante todo, el primer uno debe trabajar ya que, de lo contrario, no se podrá transferir trabajo alguno.

Pero ¿Los analistas, desde su posición en el discurso analítico, trabajan? Es claro que no, ya que el que trabaja es el analizante. Esto, remarca Miller, es precisamente lo que Lacan pide al final de su “Acto de fundación”: Analistas trabajadores, para lo cual la relación al saber debe verse modificada desde el amor al deseo.

Esta cuestión, notémoslo, es paralela a lo que se produce al final de un análisis donde el Sujeto ha logrado prescindir del Nombre del Padre, de su identificación a él, del amor al saber supuesto (ya que se supone que el Otro sabe) y en donde, en consecuencia, el sujeto ya no trabaja más por amor al Padre.

Observemos que ese trabajo por el padre y para el padre no es el tipo de trabajo que Lacan deseaba para su Escuela. Al contrario, según destaca Miller en “El banquete de los analistas”, el Analista de la Escuela es alguien que se vale de S(A/) para el trabajo “sobre el fondo de su ignorancia y de que el Otro no sabe”.

De modo que, al prescindir del Nombre del Padre, se trata de un saber que ya no tendría efecto de amor y que, de este modo, sería un saber enseñable a todo el mundo, un saber nuevo que da lugar al trabajo porque induce a él.

De modo resumido podríamos decir que la transferencia de trabajo es lo que posibilita “la enseñanza del psicoanálisis” cuando la desuposición de saber ha tenido lugar, cuando el saber ya no pasa por el Nombre del Padre y por los caminos del amor, cuando el sujeto ya no se dirige al saber, sino al no-saber, y cuando el saber es fruto del trabajo.



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