El último 16 de febrero se celebró en Milán, en el Aula Magna de la Università degli Studi, el tercero de una serie de debates organizados en Italia conjuntamente por la Movida Zadig, la Eurofederación de Psicoanálisis y la Scuola Lacaniana de Psicoanálisis.

El Forum dirigido por Marco Focchi, quien asimismo abrió la Jornada con un texto cuyo título contraponía el Odio implacable a los amores prudentes, reunió a los psicoanalistas provenientes de distintas Escuelas de Europa con brillantes intelectuales italianos.

Con una perspectiva histórica, el bello texto de Focchi con el que se inició la Jornada, puso de manifiesto que no es nueva la máquina que transforma el miedo en odio, y el odio en consenso electoral, sino que por el contrario se puede considerar que se produce en el largo ciclo de un pasado que no es pasado.

Retomó la cuestión de si debe llamarse fascismo a los fenómenos de intolerancia, de racismo, de prevaricación que se presentan en la escena política actual. Defendió la idea que conservar ese nombre nos ayuda a no olvidar la historia, a sentir la continuidad de fenómenos que aparecen hoy de modo diverso pero que mantienen una sustancia que no ha cambiado y sobre todo una peligrosidad análoga.

Consideró asimismo que el odio necesario para las guerras de destrucción total nace de un proceso de fisión, que separa el odio del amor y que comparó a la fisión nuclear. En ese proceso el adversario no es sólo un enemigo a derrotar sino una existencia privada de dignidad, expoliada de reconocimiento humano, nuda vida, como diría Agamben.

Sin embargo, aún sin necesidad de la lente de aumento que significa el exterminio, el actual odio por el extranjero, el diferente, el mendigo transformado en el imaginario político contemporáneo en

reo de rapiña, estupro, blanco de los ataques, muestra que ese odio se alimenta de los mismos procesos de fisión.

Conversaron 16 politólogos, juristas, economistas, sociólogos, filósofos sobre el destino de Europa, tan puesto en vilo en estos momentos, con la coordinación y animación del debate por parte de psicoanalistas italianos y extranjeros.

En mi opinión, la participación de los analistas fue pequeña en relación a las intervenciones de los otros especialistas.  Fue intencional, se buscaba con ello que los analistas intervinieran en una posición interrogativa, de modo que pudieran interactuar con el texto y la palabra de los relatores para que surgiera la dinámica interna de los textos y con el objetivo también de que se animase el debate entre ellos, para hacer la conversación más viva. Es verdad que la interlocución entre los psicoanalistas y otros trabajadores del mundo de la cultura no resulta fácil y en todas las oportunidades en que pude participar de ese tipo de actividad he visto la dificultad para hacerlo de manera adecuada. Lo que en esta ocasión determinó que el debate estuviera más centrado en las comunes preocupaciones sobre el destino de Europa, que se ve en general en peligro, que sobre los temas solicitados desde el título del Foro.

Ese destino está particularmente amenazado en la actualidad por algunos nacionalismos y un cierto anti-europeísmo  -importante en Italia con sus nuevas opciones de gobierno- pero no menos presente en otros países de Europa. Coinciden así distintos países en su antieuropeísmo, aunque muchas veces desde perspectivas enteramente diferentes. A título de mero ejemplo en algunas naciones del este europeo, vg. Hungría o Polonia, con gobiernos antidemocráticos, la resistencia parece provenir más de su lucha contra cualquier idea imperial -apenas han salido de la égida de la Unión soviética y casi estrenan la recuperación nacionalista- y de una preocupación identitaria, que creen amenazada por la redistribución más o menos forzosa de los migrantes. Mientras en otros países se recrimina a Europa la falta de democracia, el anonimato regulador, la falta de políticas sociales. Incluso los diversos modos de la imposición “por su propio bien” de políticas contrarias a sus verdaderos intereses. (1)

Lacan había hablado en su Seminario La lógica del fantasma de esta posición de los pueblos. Lo había hecho entonces en referencia a la guerra de Vietnam y resumía lo que allí estaba en juego, con ironía, de este modo:

“Tratan de convencerlos de que cometen un error al no querer ser admitidos en los beneficios del capitalismo”.

Se observa su actualidad en relación al tema de ser europeo, cuando lo que está presente hoy es menos el deseo del Otro, sino su demanda política, su exigencia, bajo el aspecto de los beneficios del capitalismo.

J.-A. Miller retomó este tema en sus “Intuiciones Milanesas” (2) dando el contexto psicoanalítico de la reflexión de Lacan. Se trataría de la posición del neurótico de buscar “ser rechazado” como un modo de no responder a la demanda del Otro, se apoya para ello en la obra de Bergler, La neurosis de base. La búsqueda de ser rechazado aparentemente incomprensible, deja de serlo cuando se entiende que es el modo de salvarse de ser engullido por el partenaire materno. El neurótico opondría a la demanda del Otro la necesidad e incluso el beneficio de ser rechazado.

Miller añade que es una indicación clínica muy precisa: hay que pensárselo dos veces antes de tener la ambición de forzar a un sujeto a no ser rechazado, antes de creer que ser admitido en el banquete de los otros es lo mejor que le puede ocurrir.

Cuando esos beneficios del capitalismo -que mencionábamos arriba- se consideran un “bien” que es imposible que se quiera rechazar se transforma en incomprensible, hasta monstruoso, que se prefiera quedar fuera del orden de esos supuestos beneficios.

Desde los tiempos de Freud el psicoanálisis se ha interrogado sobre la modalidad mediante la cual son capturadas las masas a través de la orientación política de sus pasiones. Y aunque este era uno de los objetivos del Foro -ya en el texto de presentación se decía: “No se trata de una cuestión de exclusiva competencia ideológica porque toca realmente nuestro modo de sentir y vivir la ambivalencia que el psicoanálisis ha determinado en el fondo del ligamen social en el cual nos encontramos insertos.”- sólo fue tratado bastante de refilón. E. Laurent que cerró el encuentro se refirió a estos temas considerados a partir de la última enseñanza de Lacan. Retomaré luego esta cuestión que se puede seguir asimismo en el texto de Laurent con el que se cerró la Jornada “L’Europa alla prova dell’odio” (se puede consultar en Lacan Quotidien 770/771 y en el blog de Zadig, traducido al castellano).

La referencia a Europa bajo sus dos caras, de ángel y demonio, como las presentaba M. Focchi en su introducción al foro, fue desgranada a lo largo de la Jornada desde diversas perspectivas. No podré mencionar sino unas pocas pero trataré de elegir algunas de las que me han parecido más representativas y supongo que servirán para dar el tono de la actividad.

Giulia Lami, docente de historia de Europa oriental en la Universidad Estatal de Milán, participó en la mesa redonda sobre “Europa y el Otro”, con un informado texto, pleno de cifras y fechas, sobre las consecuencias de la ampliación de la Unión Europea y de la OTAN, en particular en relación con los países del este europeo. Recordó que inicialmente esta ampliación fue vista como una oportunidad de ampliar el mercado y en general la actividad económica, incrementando a su vez el peso y la influencia de la Unión Europea sobre la escena internacional.

Pero actualmente en una Europa en crisis, quizás sea mejor decir en un mundo en crisis, Lami veía reaparecer el rechazo a una Europa que es percibida como una entidad abstracta, lejana e injusta. Es necesario entender que lo que desde el oeste se puede ver como un “nacionalismo exasperado”, nos decía, puede ser vivido como valiente defensa de una soberanía y una identidad fatigosamente tornada a obtener y cuya pérdida genera auténtico terror. Es necesario tener en cuenta que son países que estuvieron ocupados por los soviéticos por casi 50 años.  Lami mencionaba el “síndrome post-totalitario”, la erosión étnica derivada del ciclo infernal de las deportaciones de masa – eliminación física de estonios, letones, lituanos – y la instalación proyectada sobre la mesa por Stalin de otras poblaciones (alógenas) en esos países.

“El sindrome traumático post-totalitario (recogido por los psicoanalistas, incluso en el caso de las nuevas generaciones también obsesionados con visiones de muerte) ha golpeado a cada familia en Lituania (que perdió un tercio de la población durante  la primera fase del dominio soviético) y  que tiene aún la posición más alta en la estadística de suicidios masculinos en Europa.”

Quizás la paradoja es que a las frecuentes resistencias a la política comunitaria corresponde un europeísmo cultural que no conoce igual en otros países miembros.

La intervención de Davide Tarizzo, investigador de filosofía moral en la Università degli Studi de Salerno, en la misma mesa, se refirió de manera crítica al título del encuentro, proponiendo en su lugar, con desenfado, utilizar la metáfora  de una sola talla del calzado (one-size-fits-all) que se pretende que convenga a todos los países de la Unión, para hablar de las dificultades de convergencia de países muy diferentes.

Dijo en resumen – citando a los economistas de la propia Unión Europea – que el mayor problema de Europa es Europa. Con palabras de Pier Carlo Padoan “los populistas señalan los problemas justos, no las soluciones justas. Los que votan a los populistas tienen preocupaciones fundamentales que deberíamos tomar muy en serio. Como políticos deberíamos ofrecerles una visión, que por el momento falta en Europa… Trump y el Brexit expresan un desafío, una visión… En Europa, no nos gusta decirlo, no existe una visión.”

Y Tarizzo entendía que esa visión corresponde a un cambio del papel de Alemania respecto de sus socios europeos. Es lo que la propia A. Merkel reclamaba a los alemanes: asumir mayor responsabilidad sobre la escena europea e internacional.

Recordaba asimismo Tarizzo que las economías del área euro son demasiado distintas de la alemana y que no se puede esperar mantener Europa unida sin tener en cuenta los intereses de los otros países. Pero Europa no parece ir en esa dirección. Al contrario se ha sugerido más bien que algunos países cuyas economías se van quedando atrás deberían abandonar la moneda común.

Otro intelectual, esta vez francés y que no estuvo presente en el Forum, Jean-Claude Milner, decía en su último libro Considérations sur l’Europe (3), que hay algunos gobernantes que empiezan a decir que quizás haya que comenzar a separar los países según su propio umbral de pobreza, sin referirse a una definición general. Y añadía que de ese modo creen poder liberarse del peso de la pobreza de masa cuyas consecuencias Europa conoció tan bien, y poder al mismo tiempo entrar en un capitalismo sin trabas que pueda competir con el de otras regiones. “A pesar de su elegancia, las propuestas de E. Macron se reducen cómodamente a esta misma fórmula.” Y agregaba que para aquellos que no creen más que en el cálculo, la idea que cobra fuerza es que respecto de la Unión Europea deben rehacerse todos los cálculos.

Ferruccio Capelli, director de la Casa de la Cultura de Milán, propuso la hipótesis de que en los últimos años la globalización, el desarrollo impetuoso de la ciencia y de la técnica y la ideología neoliberal imprimieron una aceleración vertiginosa a los cambios, sin ninguna dirección. Sostuvo asimismo que la percepción del tiempo y del espacio había explotado dejando a los hombres perdidos en cuanto a su propia identidad, tema precisamente de la mesa redonda en la que participaba “Europeísmo de la identidad y de la diferencia”.

El sueño universalista de la Europa unida, de las fronteras abiertas, de los derechos iguales para todos parece  actualmente en retirada. En muchos países surge una opinión pública insegura, inquieta que alimenta sentimientos de rabia y rencor que pueden estallar en cualquier momento. Es en este contexto general donde está emergiendo y extendiéndose el reclamo a identidades particulares.

Señaló tres fenómenos decisivos la pérdida de la intermediación, es decir el desmontaje del tejido organizativo de la sociedad, que acentúa la fragilidad y la exposición al riesgo. La soledad involuntaria, cuestión señalada por los filósofos morales como el peor castigo para los seres humanos, que se está difundiendo y erosiona el tradicional tejido de la solidaridad social. Por último, el sentimiento de malestar y extravío producido por una masa creciente de estímulos e informaciones que no se acompañan de los necesarios instrumentos de descodificación.

Respecto de estos fenómenos evocó el concepto de Unheimlich freudiano, preguntándose si no están transformando la realidad cotidiana, lo que es conocido y familiar en algo amenazante y perturbador como si lo perturbador, lo Unheimlich, hubiese entrado prepotentemente en nuestras vidas.

Es así, decía, que “una multitud de hombres solos, privados de sólidos anclajes sociales y políticos, sin cuerpos  sociales intermedios en los que apoyarse tienden a entregarse en las manos de líderes autoritarios, vendedores de palabras de orden, simples y gritadas, repetidas con impertérrita insistencia a despecho de cualquier argumentación racional.” S. Freud lo explicó, afirmaba, extraordinariamente en “Psicología de las masas”, constituyendo dicho fenómeno para Capelli un aspecto inquietante del populismo porque puede iniciar peligrosas derivas autoritarias.

El irónico título del texto de M. Vegetti , docente en l’Accademia di Architettura di Mendrisio, “Europa no existe …” además de constituir una provocación se refiere al modo de fundación de la Unión europea que no nace en la estela de un gesto de emancipación capaz de fundar un mito colectivo positivo sino de la catástrofe de una guerra interior que la llevó al borde de la autodestrucción y que para concluir necesitó la intervención de potencias extra-europeas.

Estados Unidos comenzó a imaginar la unidad europea antes incluso de que la guerra terminase, relató, pero la tarea se reveló más compleja de lo previsto. En lo esencial, América deseaba una Europa unida tanto como una Europa dividida.

La unidad era necesaria como dique de contención de la expansión comunista y para detener el crecimiento de los nacionalismos. De otra parte un super-estado europeo comportaba fuertes contraindicaciones. Sobre todo EEUU temía que Alemania  tomase rápidamente la guía de Europa a causa de su poder económico e industrial. Era necesario que Europa permaneciera suficientemente dividida e inconclusa para resultar dependiente de la hegemonía americana.

La solución propuesta por D. Mitrany fue que Europa no naciera de la ideología o de valores comunes, ni siquiera de una decisión política, pensaba por el contrario que el mejor modo de su construcción consistía en la progresiva transferencia de funciones fundamentales tradicionalmente controladas por los estados. El objetivo final era el de mantener vivo el sistema de los estados vaciándolos sin embargo progresivamente de su autonomía.

Vegetti subrayaba así que la Unión Europea no fue concebida para ser amada sino para funcionar como un agregado técnico-operativo neutral, ajeno a las pasiones de la política. No resulta difícil reconocer en este principio funcionalista, la actual impronta tecnocrática del gobierno europeo, su denunciado deficit democrático y la dificultad para darse una soberanía política plena. “Europa se ha unido sin un Nosotros, e incluso sin nuestra participación”.

La ilusión por otra parte de que decir “no” a la Unión Europea -que ha cobrado durante la gestión de la crisis la figura de un enemigo externo que imponía políticas distantes de la suerte del pueblo, unas elites aliadas al sistema financiero y por ello cómplices de la globalización- realiza en el imaginario una reafirmación activa del dominio de sí. Pero el riesgo, bien advertido por Freud, es que el deseo de dominio se apague en un líder, iniciando así una espiral antidemocrática.

Se habrá observado, en el resumen que he hecho de algunas de las intervenciones, el interés y la importancia de las reflexiones, la diversidad de los puntos de vista, no menos que el valor intelectual  y los títulos de los participantes. Asimismo, el Foro obtuvo una amplia repercusión en los medios, en particular en uno de los más importantes periódicos de Milán Il corriere della Sera. Produjo el efecto, como resumió Domenico Cosenza, presidente de la EFP, en su “Después de Milán” de tornar viva la crisis de Europa que estamos atravesando, de buscar conocer el alcance sintomático y las derivas posibles, de poner de relieve el impacto sobre las pasiones colectivas, en un tiempo lógico en el cual se encuentra su proyecto político, no reducible a su funcionamiento económico. “Después de decenios de idealización y de relativa indiferencia, estamos frente a un momento crucial para Europa en el cual se enfrenta a la prueba del real.”

E. Laurent, encargado del cierre de la Jornada, retomó en primer lugar, los temas a los cuales se habían referido los participantes del Foro, nombrándolos y presentando alguna idea fundamental de sus intervenciones. Después se escucharon, casi por primera vez en el Foro, las ideas de Lacan, ya que los otros participantes se habían referido alguna vez a Freud -sobre todo el de “Psicología de las masas”, aunque incluso al de “Lo siniestro”, pero no a la enseñanza de Lacan.

Laurent sostuvo que Europa como objeto de pasiones pudo ser desconocida, mientras era el amor el que acompañaba las transferencias de las capacidades de los Estados a una burocracia, que se suponía saber guiar el porvenir de los pequeños estados-nación que la constituyen. Era el nombre de un Sujeto supuesto Saber lo necesario para remediar la amenaza de insignificancia en un mundo globalizado. Pero la crisis económica y social puso de manifiesto el odio hacia esa instancia supranacional indiferente a los sufrimientos de su población.

Laurent se preguntó entonces si debemos solo lamentar el movimiento de báscula hacia el odio o si podríamos hacer uso de éste para operar en el campo político. D. Tarizzo en su intervención había convocado a los analistas a entregar algunos secretos, sobre todo que advirtieran a los políticos que el malestar y el sufrimiento no se pueden simplemente silenciar, porque retornarán y con más fuerza. Laurent tomó esa invitación y se preguntó si los analistas que conocen y actúan con la transferencia negativa no tienen algo que decir al respecto.

A partir de esto puso el objetivo en identificar claramente la particularidad de la concepción de Lacan de los afectos frente a la de Freud, señaló que Lacan les dio una dimensión ética más que psicológica. Las pasiones se dirigen a un punto más allá de las características psicológicas de aquel a quien se dirige el amor y el odio.

En el comienzo de su enseñanza, desde su primer Seminario, Lacan hizo de amor y odio pasiones del ser. Pasiones que se dirigen a la falla fundamental en el otro, no a lo que no tiene sino a lo que es. Pero a medida que fue desarrollando su enseñanza re-definió estas pasiones, no ya como relativas al ser sino en términos de sustancia gozante.

A partir de 1973, en Aún reformó los afectos freudianos a partir del goce, reformulación que continuará al año siguiente en Televisión. Al final de Aún propone la primera consecuencia de este   nuevo centrarse sobre el goce. El odio tiene prioridad sobre el amor en la aproximación al Otro.

El amor se engancha a los semblantes mientras que el odio apunta a lo real.

La forma más general que se puede dar al racismo moderno, decía Laurent, es el odio al goce del Otro, a su modo de gozar.

Pero también en otra cuestión Lacan quiso ir más lejos: prescindir del semblante del Nombre del Padre para fundar el afecto fundamental de la relación con el Otro. Lo hizo directamente sobre la relación al goce como punto de rechazo, de expulsión del Otro que remonta a la Ausstossung, a la expulsión primordial frente al Otro. Evocó para sostener este modo de concebir la relación al Otro originalmente como rechazo, una esclarecedora afirmación de Jacques-A. Miller que subraya que la oposición freudiana es Eros/Tanatos. El adversario del amor no es el odio, es la muerte, Tánatos. Es necesario diferenciar la violencia y el odio. El odio está del mismo lado que el amor. El odio como el amor están del lado de Eros. 

Es, nos decía Laurent, sobre este fondo que debemos leer la reformulación del sentimiento que presenta unificados  el odio y el amor. “ “HaydeloUno” y esto quiere decir que (…) este sentimiento que llamé el odio es pariente del amor.” (4)

Este odioenamoramiento es la consecuencia de la separación de este goce de los otros Unos. Saber esto, saber de las aporías del amor y del goce en la vecindad del prójimo no nos condena, añadía Laurent, ni al cinismo ni a la inmovilidad.

Este primado del odio, y sobre todo una desidealización del amor como primer afecto, es una aproximación que permite una reformulación de la transferencia en la última enseñanza de Lacan.

La transferencia positiva que estaba fundada sobre el semblante del SsS es en la última enseñanza, segunda respecto de la transferencia negativa, que no necesita hipótesis o suposición alguna.

Esta perspectiva, distinta de la de Freud al liberarse del peso del Padre, permite destacar la diferencia entre los populismos de los años 30, verticales, centrados sobre un único líder, con una fuerte doctrina y los nuevos, apoyados sobre movimientos horizontales, conectados a través de Facebook, polimorfos, atomizados de los que serían ejemplo el movimiento “5 Stelle” o los “chalecos amarillos”, unidos en el odio a las élites (“la casta”) que puede encarnarse en un nombre (Soros en Hungría, Macron en Francia), o por el odio a objetos intercambiables (el inmigrante, el musulmán, el judío). 

Renunciar a concebir el lazo social bajo la forma disfraz del amor no significa quedar fascinado por la potencia del odio. Es renunciar al fracaso del amor y fiarse al deseo.

Desde luego habrá que profundizar en las mutaciones requeridas, en los cambios necesarios, por ejemplo, para enfrentar la transición ecológica en respuesta a la crisis climática planetaria. Europa es quizás el continente mejor situado para demostrar cómo la humanidad podría no suicidarse. Es un ejemplo fundamental de que habrá que decir no a Tánatos. Aunque añado yo, aún se pueden escuchar los debates acerca de la construcción del socialismo en un solo país, que haría mucho más difícil aún, la salvación del planeta en un solo continente.

En todo caso, Laurent evocaba la necesidad de una invención que se construirá a partir de los errores e impasses  de la construcción ya intentada. Porque como decía Lacan se trata de convertir los impasses en soluciones.

A partir del indudable valor e interés de los trabajos presentados, me parece que queda aún por pensar ¿cómo recoger los frutos del intenso debate y cómo relanzar el trabajo que este tipo de Foros pone en marcha? ¿cómo dar continuidad a este tipo de lazos entre los psicoanalistas y los otros intelectuales presentes? Es sin duda muy importante dar a conocer las instituciones analíticas y el tipo de debate que son capaces de sostener, y a nuestra vez conocer cómo se piensan estas cuestiones cruciales en otros ámbitos, ¿será suficiente?¿nos damos por satisfechos al menos hasta que la urgencia aconseje otro tipo de acciones? El Forum Milano me proporcionó algunas importantes respuestas y me suscitó aún muchas más preguntas.

NOTAS

(1) Chorne M, “Rechazar ser admitido en el banquete de los Otros”, intervención en el debate preparatorio del Foro de Milán.

(2) Miller J.-A. “Intuitions Milanaises I y II en Mental Nº11 y 12, París, 2002.

(3) Milner J.-C. Considérations sur l’Europe, Entretiens avec Philippe Petit, Les éditions du cerf, París, 2019. (4) Lacan J. El seminario Libro XXIV L’insu que sait de l’une bevue s’aile à mourre, Lección del 10 de mayo de l977, Ornicar? 17/18, p. 18, Navarin, París, 1979

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