Por Carmen Bermudez y Luisella Rossi Socias de la Sede de Madrid de la ELP

La película alemana del director Nikolaus Leytner, basada en la novela homónima del  escritor Robert Seethaler, cuenta la historia de un joven que llega a la Viena en los momentos previos a la ocupación nazi para trabajar en el estanco de un antiguo amor de su madre. El establecimiento empieza a sufrir las consecuencias de admitir a judíos entre sus clientes habituales. Una de las peculiaridades de la obra es que entre sus clientes se encuentra Sigmund Freud, que compra allí sus famosos puros, interpretado por Bruno Ganz.

A pesar de que diversas críticas, tanto del libro como de la película, no han sido excesivamente elogiosas, incluso comparándolas con otras referidas a la misma época, quisiera resaltar ciertos “divinos detalles” que me hacen valorarla y recomendarla.

En primer lugar, en los tiempos que corren de devaluación del psicoanálisis y respecto a los tratamientos que se suele hacer en el cine de la figura de Freud, esta es una obra que, a mi entender, dignifica su figura. Podemos presenciar cómo en este joven se genera en la conversación con un Freud mayor, enfermo y obligado a huir de Viena, lo que denominamos la transferencia. Un muchacho acuciado por las preguntas  sobre el amor, la sexualidad y la vida, encuentra en él un interlocutor con el que seguir haciéndose preguntas. No solo se alegra con sus visitas al estanco sino que va a buscarlo a su casa, para seguirle hablando. Y Freud le recibe con gusto.

La relación con el dueño del estanco, un hombre que perdió una pierna en la guerra, cumple para el joven protagonista una función que hace pensar en la figura paterna.

Y respecto a la joven a la que desea ¿qué dice que le ha hecho fijarse en ella? Que le falta un diente. Como digo, los divinos detalles.

Otro aspecto que me interesó es cómo va trufando con los acontecimientos vitales y políticos con los sueños.

Desolador el auge del racismo, del rechazo al otro. Aviso para navegantes.

Carmen Bermúdez, socia de la sede de Madrid de la ELP

A pesar de la ficción, o quizás debido a esta, y en medio de la serie de conceptos psicoanalíticos que se van abriendo paso en la película “El vendedor de tabaco”, extraigo  uno que me parece  muy patente en este relato  llevado al cine: como, el joven protagonista, hace pasar por otro la pregunta que nace de su división como sujeto confrontado al deseo. Recorrido privilegiado hacia el  saber del inconsciente, propio de un sujeto, claramente expuesto  en esta trama, como  independiente  de cualquier formación académica  o discurso epocal.

 Me pregunto, además,  si el título, que  parece ignorar los significantes actuales, explica que solo fuésemos siete  los espectadores en una sala de veinticuatro filas.

 Un asunto político actual, que este trabajo muestra,  en una época en la que el discurso imperante también apunta, permanentemente,  a silenciar,  borrar el sujeto.

¿Sería posible intentar un análisis sin contar con la piedra de toque que es la relación del sujeto con su propia división?

Luisella Rossi, socia de la sede de Madrid de la ELP

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