Por Margarita Sánchez-Mármol Socia de la Sede de Madrid de la ELP

La BOLM de Madrid presentó el 12 de junio de 2019 el libro de Santiago Gerchunoff “Ironía on: Una defensa de la conversación pública de masas”, publicado por la editorial nuevos Cuadernos de Anagrama. En este acto participaron José Alberto Raymondi (Miembro de la ELP y la AMP), Beatriz García Martínez (Miembro de la ELP y AMP) y Gustavo Dessal (Miembro de la ELP y AMP) en presencia del autor. Los tres invitados destacaron los efectos de la ironía en los contextos digitales y los malestares que genera la defensa de este discurso de masas.

José Alberto Raymondi inicia la presentación destacando varias lecturas del título del libro que sirvieron como coordenadas del debate. En su intervención hace énfasis en el acto de la ironía como escenario actual de los contextos digitales. Plantea que esta participación de masas, plebeya, de las redes sociales cuestiona los poderes instituidos y nuevos conservadurismos. La defensa que propone nuestro autor es el uso de las palabra libre aunque interpele la autoridad o confronte certezas.

Otro elemento que rescata José Alberto Raymondi es la imposibilidad de separar la ironía de la lengua, la ironía forma parte de ella y es en el uso del lenguaje donde aparece su carácter ambiguo, no unívoco. La ironía está viva en las redes. Todos podemos pronunciarnos. Entonces ¿Cuál es la amenaza de la ironía en la democracia? ¿No se trata de un oxímoron? La hipótesis de Santiago Gerchunoff subraya que el origen político de la ironía es análogo a las hipótesis clásicas de Hannah Arendt y de Isaiah Berlin sobre el origen político de la libertad. Y se apoyaría más en la formulación de Rorty del concepto de ironía como “conciencia de la propia contingencia” en lugar de la definición clásica de ironía de “decir lo contrario de lo que se quiere expresar”.

A continuación, Beatriz García da inicio a su intervención haciendo referencia a un discurso que rechaza la ironía en razón de su democratización o de su generalización y apunta que Santiago Gerchunoff resume el malestar de la conversación pública de la siguiente manera: “Es imposible afirmar algo sin que inmediatamente se nos ocurra el argumento contrario”. Esta frase de David Foster Wallace da cuenta de lo paradójico de los contextos digitales e invita a un escepticismo que puede salvarnos de discursos totalitarios. 

Por otra parte, este ensayo se trata de una apología de la conversación, no de unos pocos tecnócratas, sino de todos, donde la verdad no se conquista nunca y se presenta inconclusa. Por lo tanto, la ironía no sería una enfermedad o un vicio de criticar sin proponer, sino un antídoto contra el dogmatismo. Todo esto consuena con el psicoanálisis, la ironía es una gran herramienta clínica. Jacques-Allan Miller en su libro “Ironía” señala que la neurosis se cura con la ironía. Asimismo, la ética del psicoanálisis es la ética de la conversación que admite la discordia de los lenguajes y que se opone a la hegemonía del pensamiento único, al falso consenso y a la aspiración de una lengua perfecta y sin malentendidos.

Gustavo Dessal recoge el interés clínico de la ironía bajo la figura de Sócrates. Observa que en la esquizofrenia el uso de la ironía denuncia el ordenamiento del mundo. Cuestiona todo saber, piensa que todo saber es mentira. Sin embargo, sin ironía no hay libertad y no hay libertad sin ironía. Sobre estos parámetros Gustavo Dessal sostiene que la preocupación de la ironía en el neoliberalismo no se trata de la conversación pública de masas al poder, sino la aparición de la voz del uno por uno.

Posteriormente a la intervención de Gustavo Dessal el autor abre el debate. Santiago Gerchunoff defiende la ironía desde su origen histórico y en su carácter reaccionario. Muestra que su origen es político, surge de una conversación libre entre iguales. Cuando aparece la política necesariamente surge la ironía, hay saberes en pugna y la conversación no acabaría nunca. La ironía viene a limitar la conversación y hacer que la vida siga.

Como conclusión, este ensayo no sólo propone un recorrido por la historia de la ironía, – desde Sócrates, Sören Kierkegaard, Richard Rorty y David Foster Wallace-, para estudiar el impacto político de la participación activa en las redes sociales, sino también pone en relieve el giro afectivo que supone la conversación pública de masas.

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