La artista  hispano- brasileña Sara Ramo (1975) expone dos instalaciones en el Museo Reina Sofía hasta el 2 de marzo de 2020 bajo el título “lindalocaviejabruja”, holofrase que apunta directamente a la feminidad, a lo idealizado de ella (no mucho- linda) y a lo rechazado (un poco más- loca, vieja y bruja).

Nos interesa sobre todo la instalación realizada en la Sala de Protocolos del Museo, una sala decimonónica forrada del suelo al techo de armarios de madera que, tras la blancura de los pasillos del claustro que te llevan a ella, caen con una pesadez que se transforma de inmediato en pesadumbre.

Primero sólo ves unas puertas abiertas de par en par que muestran una losa de cemento, una extraña cola  y una vitrina atestada de ropa vieja.

Luego te das cuenta de que hay otra sala y que en la esquina superior  de la puerta que te dirije a ella hay un cúmulo colorido al que necesitas acercarte para percibir que son golosinas, que se enredan en el corredor superior.

En la otra estancia, te llama la atención un conjunto de ánforas ante una ventana domésticamente sucia.

A la vez te vas dando cuenta de que unos cuantos de los armarios están entornados, invitándote a mirar dentro de ellos, o que alguna sorpresa más te espera si es que no pasas la mirada por encima. He ahí que tu curiosidad se despierta y vuelves a recorrer minuciosamente las dos estancias indagando cada detalle, acercando tu mirada a cada rendija, buscando. Buscando, ¿qué? ¿una verdad?¿una sorpresa? ¿una respuesta? ¿una pista de algo?

En la presentación de la instalación nos indican que la artista trata de abordar la dificultad de ser mujer desde su perspectiva. Yo sólo puedo hablar desde la mía. Mi perspectiva conllevó resonancias con la experiencia de un análisis y con la indagación de la “otra escena” que ello implica.

¿Qué encontramos a primera vista? Unas cuantas cosas que, interpretándolas con la clave que nos da la presentación de concernir a la dificultad de ser mujer, pueden sugierir algunas causas de padecimientos que afectan a las mujeres y  que eventualmente pueden llevarlas a hacer una demanda de análisis. Por aquí, ese muro de cemento con el que la feminidad se encuentra cuando hace una demanda demasiado demanda al Otro, y allí no encuentra la respuesta idónea, y la repuesta que encuentra es leída con la tristeza de que el  Otro no quiere saber nada de una. Por allá, esa cola animalesca que resuena con la virilidad demasiado salvaje, ese deseo del Otro (que aparentemente buscábamos desesperadas) que se presenta demasiado excesivo al vernos tomadas como objeto causa del que se quiere gozar,  que nos angustia hasta lo indecible, cuando una vez realizado nuestro papel, somos olvidadas, sin saber qué hacer con lo ocurrido. Y también ese intento inacabable de hacer un hogar en el mundo con ropajes y recipientes  al que vence por momentos la acumulación del caos y de la suciedad que no para de reproducirse. Y allá arriba la tensión por sostener un semblante lindo, dulce y apetecible que puede invadir cancerígenamente toda la existencia.

Como Sara Ramo, el analista debe saber intervenir  para que allí donde parecía no haber nada más que armarios cerrados de padecimientos femeninos, se empiecen a abrir rendijas, se iluminen espacios, nos sorprendan detalles, no necesariamente hermosos, ni con sentido, pero que toquen la economía de sufrimiento con la que la persona se adentra en la experiencia de una análisis.

De esta forma el atravesamiento de las experiencias (de recorrer la instalación de Sara Ramo o de hacer un análisis) aspiran a tendernos una vía para transitar la dificultad de ser mujer de otra manera, con la suficiente apertura para mirar más allá del muro de cemento en que en ocasiones se convierte el Otro; con más recursos para manejarnos con el deseo del Otro o con su falta, y sin obsesionarnos por convertir en lindezas lo que excede a toda existencia de ser hablante, sin ver en ello solo locura, decrepituz o maldad.

Ah, y una pregunta que queda en el aire, por si hay alguien dispuesto a contestarla ¿tocaría esta instalación algo de la dificultad de ser hombre también?

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