CONVOCATORIA
La Biblioteca de Orientación Lacaniana de Madrid (BOLM) tiene el placer de presentar Capitalismo libidinal. Antropología neoliberal, políticas del deseo, derechización del malestar, de Amador Fernández-Savater.
“La vida se ha hecho mercado. Como si fuese nuestra segunda naturaleza, nos movemos en Uber, viajamos con Airbnb, ligamos en Tinder, compramos en Glovo, nos entretenemos en Netflix, hablamos de nosotros mismos en el lenguaje del capital humano. Esta segunda naturaleza, que Amador Fernández-Savater llama capitalismo libidinal, nos promete la felicidad, pero lo que produce realmente es sufrimiento y malestar, en forma de precariedad, endeudamiento y dolor psíquico. Paradójicamente, la derecha parece hoy más eficaz que nadie para canalizar esa desesperación y su fuerza de rechazo (Trump, Bolsonaro, Milei), mientras que las estrategias de comunicación y las políticas de contención de la izquierda se muestran insuficientes. ¿Es posible reapropiarnos de nuestro malestar como energía de transformación social? Será necesario aprender a escuchar y hablar el lenguaje del cuerpo, imaginar y activar políticas del deseo”.
Intervienen:
Amador Fernández-Savater, investigador independiente, activista, «filósofo pirata». Entre sus últimas publicaciones, «El eclipse de la atención» (2023) y este «Capitalismo libidinal» (2024) que ahora presentamos. Escribe regularmente en CTXT (ctxt.es) y coordina talleres de pensamiento (filosofiapirata.net/talleres).
Estela Canuto, participante en la Sección Clínica de Madrid (Nucep).
Mercedes de Francisco, AME (Analista Miembro de la Escuela) de la ELP y miembro de la AMP (Asociación Mundial de Psicoanálisis); docente de la Sección Clínica de Madrid (Nucep) y del Instituto del Campo Freudiano. Co-coordinadora del Instituto del Campo Freudiano en España.
Cinthia Gaona, participante en la Sección Clínica de Madrid (Nucep).
Mila Ruiz, socia de la sede de Madrid de la ELP y miembro de la Comisión de la revista digital de la ELP en su sede madrileña: La Brújula acimut.
Coordina:
Estrella Garrido, socia de la sede de Madrid de la ELP y miembro de la Comisión de la BOLM.
Comisión responsable: Andel Balseiro, Roberto Banegas, Eloísa Cano, Paula Fuentes, Eloísa García, Estrella Garrido, Marjorie Gutiérrez, Julieta Miguélez, Denisse Nadeau, José Alberto Raymondi (director), Jesús Rubio, Alejandro Tolosa, Clara Urbano.

Estrella Garrido
Socia de la Sede de Madrid de la ELP
Presentación y Coordinación
Buenas tardes y bienvenidos a la sede de Madrid de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, en esta nueva presentación de libros organizada por la Biblioteca y en la que tenemos el placer de presentar el último libro de Amador Fernández-Savater: Capitalismo libidinal.
Voy a presentar, en primer lugar, a las personas invitadas para conversar sobre este libro junto a su autor. Como podéis ver, son un buen grupo el que nos acompaña hoy aquí, un grupo de colegas que tienen además un vínculo particular entre ellos y con la obra que vamos a comentar, pero esto se lo dejo a ellos para que nos lo cuenten. A continuación, leeré una síntesis sobre los grandes ejes de ideas que atraviesan el libro y pasaré ya la palabra a nuestros invitados, para mantener después una conversación abierta entre todos.
Lo primero que quiero decir es que es un trabajo que pone a dialogar el sintagma “Política y Psicoanálisis” en torno al malestar que nos causa, precisamente, ese capitalismo libidinal con cuerpo de centauro, como habréis visto en la imagen de esta bella cubierta que lleva el libro; por ello no puedo dejar de recordar la última presentación de libros del año pasado, que también coordiné, sobre el volumen editado por Zadig, que llevaba por título “Política y Psicoanálisis”.
Mi presentación se ordena siguiendo los tres subtítulos que estructuran el libro.
En primer lugar, Antropología neoliberal, que muestra muy bien la profunda modificación subjetiva del sujeto contemporáneo emprendedor y empresario de sí mismo que está fabricando el neoliberalismo pues, como dijo Margaret Thatcher en una entrevista de 1981 al Sunday Times: “La economía es el método, pero el objetivo es cambiar el corazón y el alma”.
Los múltiples dispositivos que utiliza esta racionalidad neoliberal atrapan a los sujetos en una vida consumista que se ha vuelto mercado; es lo que el autor nombra como “la vida bajo el régimen del demasiado (o del no bastante)”, con la insatisfacción permanente que ello produce.
Este apartado del libro contiene muchas perlas que apuntan hacia la posibilidad de otras maneras de vivir, como son las reflexiones de Cristhian Laval y Pierre Dardot sobre “la razón del común”; o la lectura crítica del Comité Invisible para habitar el presente; o la denuncia sobre la falta de tiempo que nos desborda y la imposibilidad de la atención, que nos impide la capacidad de esperar y de acoger lo nuevo. Frente a la modalidad subjetiva del neoliberalismo, también opone la riqueza de los valores y la “socialidad del sur” que afirma otras ideas sobre la vida en común y la felicidad.
En segundo lugar, la derechización del malestar, que se pregunta por cómo la extrema derecha es capaz de captar, mejor que la izquierda, los climas emocionales de rechazo, de resentimiento, poniéndolos al servicio de proyectos que, encima, los intensifican. Es el “período oscuro” en el que estamos entrando, donde el malestar es canalizado por la derecha. ¿Cómo es posible?
El autor se vale de la idea del colectivo Tiqqun sobre la crisis de la presencia, es decir, que nuestro estar en el mundo no está asegurado, y el malestar consiguiente que ello provoca. Muestra el debate que se da en el campo progresista y sus diferentes lecturas de la situación ante la ola reaccionaria y el “brutalismo” (Bifo) de la derecha. Se apoya también en Freud y en su lectura del Malestar en la cultura, del superyó voraz que solo goza y no quiere saber nada de la posición de víctima, para afirmar una de las grandes líneas que atraviesan el libro: utilizar el malestar como fuerza vulnerable y energía de transformación social. Parafraseando a Freud: “¿Cómo reactivar hoy la potencia de un Eros social y político” que pueda sujetar a la pulsión de muerte?
En tercer lugar, políticas del deseo, que se piensan a partir de lo que el autor llama “intuición del 68”: la revolución política no es suficiente. ¿Y entonces? Encontramos aquí una serie de reflexiones a partir de tres pensadores clave marcados por la experiencia del 68: Herbert Marcuse, Jean-François Lyotard y Franco Berardi (Bifo), que giran en torno a la pregunta, no solo por modos de saber-hacer con el malestar, sino también, por algún tipo de acción política capaz de sintonizar con el deseo, con Eros, como energía de transformación personal y colectiva.
Igualmente, contrasta lo que se llamó Gran Rechazo en los años 60 (rechazo a la sociedad represiva a todos los niveles) con la Gran Dimisión (o Gran Renuncia) como fenómeno observable a partir de 2021, en el que se produce un abandono masivo de puestos de trabajo, un alejamiento de la política y los medios de comunicación. Franco Berardi propone la imagen de la deserción para pensar este movimiento de retirada, una deserción que implica una ruptura subjetiva, un corte con el mandato superyoico de rendimiento. Amador habla de la felicidad del desertor con respecto a esa vida que se ha vuelto mercado, una felicidad subversiva, que no teme y se atreve a perder. ¿Un síntoma a interrogar?
Un último apartado llamado “Resistencias viscerales”, que provienen de lo más profundo del cuerpo, recoge varias conversaciones publicadas en los últimos años. Así, con Jon Beasley-Murray, conversa sobre la fuerza de los afectos y los hábitos como motores de transformación política. Con Franco Berardi (Bifo), sobre la potencia política de la sensibilidad, y el aburrimiento como terapia contra la angustia. Con Yayo Herrero, conversa sobre lo que podría ser una política terrena, y la idea de que la fuerza de los que habitan la Tierra es la escucha, la sensibilidad y la empatía. Con Achille Mbembe, se adentra en el racismo contemporáneo y en lo que llama el “devenir negro del mundo”, pues se extienden por todo el planeta prácticas coloniales antes reservadas a los pueblos esclavos africanos. Con Jorge Alemán, conversan sobre política y psicoanálisis a partir de la aparición de su último libro: Breviario político del psicoanálisis.
Finalmente, un breve Epílogo sobre la coyuntura libidinal española publicado poco antes de las elecciones de julio de 2023 apela a lo que nombra como “política de la impureza”, y nos anima a meter las manos en el barro de la zona gris de la democracia, esa sombra de profundo malestar que produce la vida hecha mercado. Ante ello, la izquierda se plantea como un dique de contención (el llamado Escudo social), pero no es capaz ni de contener ni de proponer otros mundos posibles, provocando a la postre decepción y desafección.
En definitiva, “una política de la impureza pasaría por el desafío de inventar orientaciones y estrategias” encaminadas a dar una forma política al malestar, reapropiándose de él para utilizarlo como energía de transformación social. Podríamos decir que esta es la gran línea de pensamiento que atraviesa el libro.
¿No nos resuena esta propuesta a cuando hablamos en psicoanálisis de la necesaria transformación del malestar y la queja en síntoma analítico? Sin ir más lejos, las próximas Jornadas de la Escuela este noviembre en Bilbao llevan por título: Del malestar al síntoma. Entradas en análisis.
Este es otro de los grandes temas de fondo con el que concluyo: las posibles articulaciones entre lo subjetivo, lo singular, y lo social, lo colectivo.
* *
Se sucedieron a continuación las distintas intervenciones de los invitados a la mesa, aunque en esta ocasión no se trataba exactamente de una mesa, sino que nos ubicamos en la sala con las sillas dispuestas a modo de círculo, “como en una asamblea”, tal y como destacó una de las participantes en el debate.
En primer lugar, Mercedes de Francisco reveló el particular lazo que unía al grupo de los invitados a la presentación: se trataba de un cartel que venía trabajando en los últimos dos años sobre el tema “Amor… Odio”, y en el que se habían abordado las diferentes temáticas que Amador Fernández-Savater plantea en su libro, siendo Mercedes de Francisco la “más uno” de dicho cartel.
Cada una de las integrantes fue exponiendo un rasgo particular que quisieron destacar a raíz de su lectura del libro, y que planteaban también como una pregunta a su autor para dar lugar a un debate posterior. Así, Mila Ruíz resaltó el interés por la política en un libro en el que, además, encontraba muchas referencias al arte, preguntándose sobre la posibilidad de un contagio entre arte y política. Cinthia Gaona centró su pregunta sobre los cuerpos, sobre como hablarles y poder transformar su sufrimiento. Estela Canuto se preguntaba por la relación entre la política y el amor: ¿cómo introducir desde la izquierda algo del amor, de la lógica del deseo? ¿cómo apropiarse del malestar y generar un nuevo anudamiento desde la lógica de los afectos? También destacó la importancia del lenguaje y de construir relatos que nos diferencien. Una política de los afectos que incluya la lengua.
Posteriormente, Amador Fernández-Savater recogió los ecos de las distintas intervenciones y resaltó el carácter femenino, no-todo, de las mismas. Nos transmitió también algo de lo que vivió como una experiencia política muy importante: sus reuniones durante varios años con el grupo de afectados por los atentados del 11M en Atocha (2004), con ese rasgo particular que tenía pensar la política a partir de una catástrofe que abre un agujero en la sociedad. Un grupo de trabajo que hizo, del amor, su duelo.
Y sobre el amor y la fuerza política de los afectos giraron, en general, gran parte de las intervenciones, que se alargaron con entusiasmo hasta casi las 23h.
Clara Urbano Molina
Socia de la Sede de Madrid de la ELP
Reseña
Con ocasión de la presentación del libro Capitalismo libidinal celebrada el pasado 2 de octubre en la sede de Madrid de la ELP, su autor, Amador Fernández-Savater, nos recordó cómo el psicoanálisis no siempre ha existido, y cómo, antes de hacerlo, “debían de existir otras cosas, ¿no?” (Lacan mismo apunta en sus seminarios cómo resulta un esfuerzo realmente difícil pensar el pasado sin lo posterior). El papel del arte, por ejemplo (Mila Ruiz señaló en tal presentación) que, en su catarsis, permite la “reconciliación” del sujeto con su existencia y el sentido del límite…
Ese día la BOLM organizó la presentación del texto y no pudo estar mejor abrazado que por el cártel del que su autor viene formando parte, sobre el tema del amor, con Mercedes de Francisco como más uno. Fueron las personas componentes del mismo quienes presentaron la obra de Fernández-Savater (con la coordinación de Estrella Garrido) y, junto con los asistentes, sentados todos en círculo, sucedió una conversación dentro de la parroquia, pero con preguntas que buscaban apuntar “más allá”. La cuestión sobre la relación entre política y psicoanálisis copó buena parte del diálogo, pero Cinthia Gaona rescató también la pregunta por cómo hace el capitalismo con los cuerpos… ese cuerpo angustiado y ‘pasado de rosca’ “que llega a nuestras consultas”. Y fue inevitable terminar apuntando, frente a lo oscuro de la coyuntura actual, cómo el amor es lo que logra cortocircuitar el discurso capitalista (hoy, que tan pasado de moda está, no por casualidad). Aunque, eso sí, no cualquier amor, uno digno, capaz de estar a la altura de lo otro, del otro y su diferencia radical, con “esa fuerza que nadie puede quitarle a uno” cuando ya asumiste la posible pérdida, tal y como apuntó de Francisco al final de la presentación.
Pero ¿cómo evitar el efecto Casandra del que ese día advertía también Fernández-Savater? Casandra, quien señala el precipicio con la verdad de su lado, pero nadie le hace caso porque no apunta salidas… ¿cómo no caer ahí sin irnos al otro lado y aligerar los horrores que hay en el mundo hoy y que son los que expresan la subjetividad de la época, en shock por intentar sobrevivir? Por su parte, Estela Canuto, a colación de la obra de Jorge Alemán sobre estas mismas preguntas, lanzaba el interrogante al autor por cómo hacer, cómo decir… precisamente, cómo lograr un decir sobre este tiempo actual que parece tenernos con la palabra detenida.
Pues, más que un líder, o varios/as, que vengan a salvarnos o a iluminarnos, quizás el primer paso no sea sino crear otro relato, aquél que logre convocar, desde la singularidad, la responsabilidad de cada uno y de cada una.

CONVOCATORIA
La Biblioteca de Orientación Lacaniana tiene el gusto de presentar “Monólogo compartido con la locura”, el último libro de Guy Briole, psiquiatra, psicoanalista, profesor de psiquiatría y antiguo director de la Clínica psiquiátrica del Hospital Val-de-Grâce de París, miembro de la ECF, de la ELP y de la AMP.
Publicado por la editorial Grama, en Monólogo compartido con la locura, el autor, orientado por la enseñanza de Lacan, nos transmite que la locura tiene aspectos que se resisten a ser asimilados por la ciencia, por el pensamiento racional o por las normativas sociales. La locura se sustrae al dominio de la psiquiatría porque en palabras de Foucault, es una expresión de lo trágico de la condición humana. La locura fascina y da miedo a la vez, porque el loco no se calla, es una amenaza para el orden social, a través de los siglos se lo ha rechazado o confinado; es necesario ver qué se hace con él. Hay algo en el loco que no puede ser reducido porque algo de él conserva su libertad, una libertad que pasa por el uso de una palabra no regulada por los demás.
Nos dice Lacan, “penetrar la esencia de la locura, ¡es una locura!” La orientación lacaniana nos enseña que “todo el mundo es loco” en contraposición a “no se vuelve loco el que quiere”. Lacan nos provocaba con la pregunta “A partir de cuándo se está loco?”, apostando al final de su enseñanza por la clínica continuista donde al final ya no se trata de estructuras clínicas sino de la apuesta por la invención continua de anudamientos, bajo transferencia.
El psicoanálisis lacaniano propone pues un enfoque fino, no preestablecido, abierto a la dinámica de cada vida y a su singularidad, apostando a poner patas arriba la clínica binarista de Neurosis/Psicosis, en favor de un abordaje vivo de la locura articuladoalrededor del sinthome y dando cuenta de las singularidades de cada parlêtre con sus anudamientos.
Contaremos con la presencia del autor.
Le acompañarán:
Esperanza Molleda, psicoanalista, miembro de la ELP y de la AMP, docente adjunta del Nucep
Gabriela Medin, psicoanalista, miembro de la ELP y de la AMP, docente adjunta del Nucep
Andrés Borderías, psicoanalista, miembro de la ELP y de la AMP (AME), docente del ICF
Coordina: Eloísa Cano Hutton, psicoanalista y socia de la Sede de Madrid de la ELP
Comisión responsable: Andel Balseiro, Roberto Banegas, Eloísa Cano, Paula Fuentes, Eloísa García, Estrella Garrido, Marjorie Gutiérrez, Julieta Miguélez, Denisse Nadeau, José Alberto Raymondi (director), Jesús Rubio, Alejandro Tolosa, Clara Urbano.
Eloísa Canon Hutton
Socia de la Sede de Madrid de la ELP
Presentación
Desde la Biblioteca de Orientación Lacaniana de Madrid y en nombre de su director José Alberto Raymondi tenemos hoy el gusto de presentar este libro, “Monólogo compartido con la locura”, de Guy Briole, al cual, desde la comisión de la biblioteca, agradecemos su presencia, al igual que la de los otros tres invitados, Esperanza Molleda, Gabriela Medín y Andrés Borderías.
Voy a empezar por presentar a nuestros invitados:
En primer lugar, el autor del libro, Guy Briole, al que muchos conoceréis. Guy Briole es psiquiatra y psicoanalista en París y Barcelona, profesor de psiquiatría. Durante 20 años fue director de la Clínica Psiquiátrica del Hospital Val- de- Grâce en París. Es miembro de la Ecole de la Cause Freudienne (ECF), de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Es conocido por su contribución a la teoría y práctica del psicoanálisis lacaniano. Formado bajo la influencia de Jacques Lacan y sus discípulos ha desempeñado un papel significativo en la difusión y el desarrollo del pensamiento lacaniano a nivel internacional. Ha publicado diversos artículos en revistas especializadas acerca de la clínica psicoanalítica, la ética y la política del psicoanálisis y el papel del psicoanalista en la sociedad contemporánea. Imparte numerosos seminarios y conferencias en instituciones psicoanalíticas y universidades a nivel mundial. Su trabajo ha tenido un impacto significativo en la formación de psicoanalistas y en la difusión del pensamiento lacaniano,
Antes de darles la palabra a cada una de ellos quería introducir el tema dando algunas pequeñas pinceladas sobre el libro.
Quiero comenzar con un guiño poético. Os voy a leer un pequeño extracto de la letra de un tango, los argentinos lo conoceréis, un tango de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer que se llama “BALADA PARA UN LOCO”.
Dice así:
“Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué se yo, ¿viste?
Salgo de casa por Arenales
Lo de siempre en la calle y en mí
Cuando, de repente, detrás de un árbol, se aparece él
Mezcla rara de penúltimo linyera
Y de primer polizonte en el viaje a Venus
Medio melón en la cabeza
Las rayas de la camisa pintadas en la piel
Dos medias suelas clavadas en los pies
Y una banderita de taxi libre levantada en cada mano.
Parece que solo yo lo veo
Porque él pasa entre la gente y los maniquíes le guiñan
Los semáforos le dan tres luces celestes
Y las naranjas del frutero de la esquina
Le tiran azahares
Y así, medio bailando y medio volando
Se saca el melón, me saluda y me dice
Ya sé que estoy piantao, piantao
No ves que va la luna, volando por Callao
Que un corso de astronautas y niños, con un vals, me baila alrededor, bailá, vení, volá…
Es solo un extracto del famoso tango, pero nos viene a confirmar que la locura, esa perturbación de la mente, duradera o transitoria, como nos dice Guy Briole, siempre comporta algo de hybris, de exceso, sea cual sea su modo de expresión: la pasión de los sentimientos, la arrogancia acompañada de orgullo, la ausencia de límite o la búsqueda de la libertad. La locura permite la audacia y no se calla, fascina y se la rechaza a partes iguales, y, nos dice el autor, en toda época ha sido necesario ver qué se hace con ella, ya que puede representar una amenaza por el desorden que implica. “Hay algo en el loco que no puede ser reducido porque algo de él conserva su libertad, una libertad que pasa por el uso de una palabra no regulada por los demás”.
La locura se sustrae al dominio de la psiquiatría porque en palabras de Foucault, es una expresión de lo trágico de la condición humana. Los artistas lo saben muy bien. La frontera entre locura y genialidad es a veces sutil. Decía Dalí “La única diferencia entre un loco y yo, es que el loco cree que no lo está, mientras yo sé que lo estoy”. Van Gogh, Alejandra Pizarnik, Edvard Munch, Virginia Woolf, Lewis Carrol, James Joyce… fueron acusados o tratados de locos; sabemos que algunos locos, en su rol de artistas suben a la categoría de genios. El arte ha sido asiduamente refugio de todo lo considerado irracional a lo largo de la historia.
Nos dice Lacan, “penetrar la esencia de la locura, ¡es en sí una locura!” La orientación lacaniana nos enseña que “todo el mundo es loco” en contraposición a “no se vuelve loco el que quiere”.
Lacan nos provocaba con la pregunta “A partir de cuándo se está loco ?”, apostando al final de su enseñanza por la clínica continuista donde al final ya no se trata de estructuras clínicas sino de la apuesta por la invención continua de anudamientos, bajo transferencia. La transferencia, nos dice Guy, “no es compatible con posturas congeladas y temerosas. Por el contrario, incluye a la vez compromiso, flexibilidad y una parte de semblante”. El psicoanálisis lacaniano propone pues un enfoque fino, no preestablecido, abierto a la dinámica de cada vida y a su singularidad, apostando a poner patas arriba la clínica binarista de Neurosis/Psicosis, en favor de un abordaje vivo de la locura articulado alrededor del sinthome y dando cuenta de las singularidades de cada parlêtre con sus anudamientos. Se trataría, nos dice el autor de cómo dar vida a eso que de lo real se impone a un sujeto en lo que Lacan llamaba la “coyuntura dramática” de un desencadenamiento, cuando la solución encontrada por ese sujeto ya no se sostiene.
La brújula de la cura nos dice Briole, no apuntará hacia ninguna armonía, sino a que el analizante encuentre la vía de su propio deseo y alcance un acuerdo respecto a sus modalidades de goce. Es por eso que hoy, más que nunca, “el porvenir de la psiquiatría sigue siendo, el psicoanálisis”.

Guy Briole
Miembro de la ELP y AMP
Intervención
Un monólogo compartido con la locura
Me gustaría expresar mi mayor agradecimiento a la Sede de Madrid y, particularmente, a Esperanza Molleda por su invitación, a los que están con nosotros en la mesa Eloísa Cano, Gabriela Medín, Andrés Bordearías y vosotros todos presentes en este acto. El motivo es la publicación de mi libro Monólogo compartido con la locura, publicado por Grama de Buenos Aires.
Hacer de un monólogo un diálogo
En primer lugar, el título, ¡Monólogo compartido! Cuando se me ocurrió esta frase, pensé que era otra forma de expresar los malentendidos que surgen cuando dos seres humanos hablan entre ellos. ¿Cómo nos escuchamos? ¿Cómo adaptamos nuestros oídos para poder captar lo que dice el otro y, en particular, aquel a quien llamamos el loco?
Si bien el loco suele hablar para sí mismo o con seres imaginarios, también puede estar dirigiéndose a alguien, como un psicoanalista. ¿Cómo podemos convertir este monólogo en algo que funciona como una modalidad similar a un diálogo, es decir –como lo desarrollé para situaciones de urgencia– cómo podemos, como psicoanalistas, “hacer el par[1]” en la relación transferencial con estos pacientes?
Para ello, dirigiéndome a futuros lectores, tuve que empezar por definir qué se entiende por locura, delimitar el concepto y, en la segunda parte del libro, dar cuenta de una clínica bajo transferencia basada lo más fielmente posible en mi experiencia en instituciones y en mi consulta privada.
Entonces, ¡la locura! «No se vuelve loco quien quiere» es una interpelación de Jacques Lacan que nos resulta familiar a nosotros, sus alumnos. Más que lo que él llamaba una «broma de joven interno de psiquiatría» durante su formación en el Hospital Sainte-Anne de París, esta frase contiene la parte de lo que se les impone a estos sujetos y la parte de la responsabilidad que nos incumbe a todos, locos o no. Esta frase se contrapone a otra de las proposiciones de Lacan: «Todo el mundo está loco». ¡Ciertamente! Sin embargo, aunque todos están locos, no todos lo están de la misma manera.
Locura, razón, enfermedad mental
Loco, locura, estas palabras han pasado al lenguaje común y pueden utilizarse en cualquier idioma para designar cosas muy diferentes que no son equivalentes.
La locura se define como una perturbación de la mente, ya sea duradera o temporal. Es un hecho de civilización porque sólo adquiere sentido en relación con las leyes que rigen las relaciones entre las personas en una sociedad determinada.
La pareja de la locura no es la enfermedad mental, sino la razón; es lo otro de la razón.
Sobre locura y psiquiatría solo quería decir que la locura nunca ha quedado completamente absorbida dentro de la enfermedad mental. Siempre hay algo de esta locura que escapa a la ciencia y a la sociedad, algo de ese loco que no puede ser reducido y que, al final, conserva su libertad.
En mi nota preliminar
Este libro va dirigido a todos aquellos que se sienten concernidos por lo que designamos con este término de contornos múltiples, la locura. La locura adquiere un significado muy singular cuando se asocia al psicoanálisis y al vínculo transferencial que pone al trabajo al psicoanalista y a quienes a él se dirigen a cuando pierden la razón. La enseñanza de Lacan no nos lleva a reducir la locura, sus expresiones, a una clínica, sea cual sea. Así, aunque pueda referirme alguna que otra vez a la nosología, no es este el objeto principal de mi trabajo.
Mi objetivo era más bien como, con la última enseñanza de Lacan, pensar una clínica continuista. Una clínica que da cuenta de las soluciones que un sujeto ha podido encontrar para sostenerse cuando no tenía el uso de lo simbólico.
No es radicalmente neurosis o psicosis. Hay otras maneras de concebir una multitud des pacientes que padecen de ¡»ser diagnosticadas»!
Es otra dinámica la de sostener en la transferencia un trabajo de anudamiento de un lazo que se rompió en un momento de la vida de un parlêtre. Exige una implicación del analista.
En la página 62 lo escribo así: «La transferencia, tan singular a causa del riesgo constante de tomar un giro al exceso, no por eso es menos inventiva; no es compatible con posturas congeladas y temerosas. Por el contrario, incluye a la vez compromiso, flexibilidad y, además, una parte de semblante.»
Algo de mi práctica
Más allá de mis reflexiones teóricas, mi libro es ante todo un intento de transmitir mi práctica con estos sujetos en análisis. Es aquí, en esta clínica y en esta práctica, donde mejor podemos captar el sentido de la frase que repetimos una y otra vez: «el paciente es el teórico de su propio caso». ¿Qué quiere decir esto?
En primer lugar, tanto Freud como Lacan establecieron una teorización del inconsciente a partir de lo que aprendieron de sus pacientes. Freud, en particular, basó sus teorías del inconsciente en sujetos histéricos, mientras que Lacan, con el caso Aimée, retomó la cuestión de la clínica a partir de la psicosis.
Para nosotros, psicoanalistas lacanianos, la clínica es distinta de la establecida a partir de la observación en las clasificaciones psiquiátricas. Es decir, no aplicamos un modelo nosológico a un paciente para encajarlo en una categorización establecida, sino que buscamos lo que lo hace único.
En el caso de los psicóticos, o de los locos en general, es el propio paciente quien nos enseña algo sobre su funcionamiento, sobre el significado de sus voces y de su comportamiento atípico. Incluso llega a explicar la causalidad de estos trastornos. En este sentido, es el teórico de su propio caso.
Estos pacientes pueden introducir ellos mismos esta modalidad relacional de la que hablaba, en la que el semblante tiene su lugar necesario. Por ejemplo, en su relación con las voces, pueden pedir al analista, convocado aquí en oposición a lo que obstaculiza su libertad, que los libere de la coacción que sufren por parte de sus voces, pero también que no se haga demasiado presente en competencia con eso que les habla. Que esté dispuesto, en parte, a fingir [faire semblant]. Un analizante lo expresó muy bien: «No puedo aspirar a estar en armonía, sino siempre atento a lo que ocurre dentro de mí. Siempre tendré que lidiar con eso, de modo que siempre estaré en análisis si quiero mantener cierta ética. No intente normalizarme, soy un incrédulo del inconsciente. Siga fingiendo que se cree mis tonterías.» ¡Tomé nota!
Sin embargo, es siempre el analista quien orienta el tratamiento, teniendo en cuenta las singularidades de estos analizantes, que nunca dejarán de sorprendernos.
Siempre tenemos que aprender de ellos tal como lo decía Lacan en su homenaje à Marguerite Duras «el artista siempre lo precede[2]«, no se interpreta.
Les deseo una buena lectura y les agradezco haberme escuchado.
[1] Lacan, J., “Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI”, Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 601 & página 87 del libro
[2] Lacan J., “Homenaje a Marguerite Duras, del arrobamiento de Lol V. Stein” (1965), Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 211.
Andrés Borderías
Miembro de la ELP y AMP
Presentación
Los organizadores nos pidieron brevedad, de modo que he elegido un punto, una cuestión para mi contribución a esta presentación, que he extraído del “Monólogo compartido de la locura” de nuestro querido colega Guy Briole.
Antes que nada quiero recordar su participación con nosotros en el año 2004, hace ahora veinte años, en ocasión de los atentados del 11 M cuando improvisó una intervención en el SCF previsto la mañana siguiente a los atentados, una intervención que nos ayudó a construir una respuesta clínica y política a ese terrible acontecimiento, con la puesta en marcha de la Red Asistencial, tarea en la que nos acompañó y orientó durante los meses posteriores. Esa experiencia fue la de un nudo, entre la época, sus síntomas y crisis, y una respuesta orientada por el psicoanálisis y la Escuela, y pienso que ese espíritu está presente en el volumen que estamos presentando.
Haré entonces un breve comentario sobre lo que creo que es el espíritu que anima este volumen. Creo que está formulado en la “Nota preliminar” de su libro, cuando Guy afirma: “Este libro va dirigido a todos aquellos que se sienten concernidos por lo que designamos con este término de contornos múltiples, la locura”.
Hay una valiosa enseñanza en el libro de Guy en este sentido, una enseñanza que sigue y profundiza el surco abierto por Jacques-Alain Miller sobre la clínica borromea en las conversaciones de Angers, Arcachon y Antibes y que no ha cesado de causar la investigación en el Campo freudiano. Ese surco se inspira en la última enseñanza de Lacan.
Guy Briole ha trenzado en este libro un nudo entre investigación y enseñanza sobre la locura, un nudo que se ofrece a los interesados en la locura en tiempos de la despatologización, en un anudamiento que como él dice es también del ayer con el mañana. De ahí su recorrido por los precursores de esta conversación, en el campo de la clínica, de Pinel a Kraepelin, y en el de la filosofía de Hipócrates a Descartes, Erasmo, Sartre y Foucault.
En este recorrido, que pone de relieve la relación esencial entre el hombre y la locura, Guy desemboca en la tesis de Lacan sobre Aimé, en su intervención posterior en Boneval y finalmente, de la mano del trabajo de Lacan con Joyce, en la clínica borromea.
El libro de Guy se presenta entonces como monólogo compartido y también como nudo. Un contrapunto en que resuena el recorrido mismo que hace Lacan sobre la cuestión de la transferencia, y en especial sobre la transferencia en las psicosis, entre monólogo y nudo. En este recorrido destacan dos momentos, el momento Bonneval y el momento Joyce.
En septiembre de 1946 Lacan participó en el congreso organizado por Henry Ey en Bonneval. Su intervención, que ustedes sin duda conocen, está recogida en sus Escritos bajo el título “Acerca de la causalidad psíquica”. Lacan pronunció allí la frase con la que Guy Briole comienza su libro: “Y al ser del hombre no sólo no se lo puede comprender sin la locura, sino que ni aún sería el ser del hombre si no llevara en sí la locura como límite de su libertad”. Lacan subraya así la intimidad del hombre con la locura, despatologizándola en cierto sentido.
En 1946 Jacques Lacan se dirigía a la psiquiatría de su época, a Henry Ey en especial. También a sus colegas de la SPP, y más allá, a la filosofía y al mundo intelectual de aquél momento, en el que la fenomenología y el existencialismo, con la figura de Sartre en su cumbre, mantenían abierta una reflexión sobre la locura. Una conversación quizás más posible que hoy día con estos interlocutores, la psiquiatría o la filosofía, pues aún no habían aparecido los primeros fármacos antipsicóticos y la clínica psiquiátrica clásica mantenía aún su vigencia. No es seguro que estos interlocutores existan hoy día, desde luego no como en los años de Boneval.
Lacan en Boneval mantiene una posición crítica con todos ellos y a la vez responde a la cuestión ¿qué es la locura? Es un momento preestructuralista en el que toma de la fenomenología sartriana aquello que le conviene. Así, en su intervención, Lacan no sólo da cuenta de la psicogénesis de la locura cuestionando a Henry Ey, sino que rescata el valor humano que la habita, en sintonía con Sartre, con quien sin embargo diverge en la medida que este rechazaba la dimensión del inconsciente.
Si en su tesis Lacan emplea el término psicosis, aquí se apoya en el término de locura para enfatizar que “el fenómeno de la locura no es separable del problema de la significación para el ser en general, es decir, el lenguaje para el hombre”. De este modo señala que respecto de la locura se trata de un asunto humano, no médico, pues da cuenta en el corazón de la existencia humana de una relación a la libertad que conduce a cada ser a identificarse con un ideal que responde a su falta en ser.
La causalidad esencial de la locura es aprehendida por el valor existencial del discurso del loco cuyo delirio da cuenta de una insondable decisión del ser que determina las identificaciones inconscientes del sujeto. De modo que el delirio no es tanto una pérdida del sentido de la realidad, como una modalidad específica de relación con la significación, en cuyas certezas delirantes reside una verdad. Y el discurso del loco lleva las huellas de su encuentro: esas alusiones verbales, esas relaciones cabalísticas, esos juegos de homonimia, esos calambures, este acento de singularidad… que enumera Lacan en su texto.
Lacan ubica la causa de la locura entonces en el lenguaje en tanto que modalidad de relación con el otro y se mantiene en el ámbito de la reflexión existencialista al hacer de la locura la experiencia de un límite de la libertad. Al revelar el desconocimiento que el sujeto tiene de sí mismo, el discurso de la locura muestra la alienación que constituye para cada uno el mundo de la significación en tanto que lugar de la relación con los otros.
La relación entre locura y libertad, un tema con el que conversa con Sartre, es paradójica. Si el loco es un hombre libre, lo es en la medida en que se libera del Nombre del Padre, pero Lacan piensa también la locura como una experiencia del fracaso de la libertad, fracaso explícito en el desconocimiento propio del conocimiento paranoico. Ese fue el campo elegido por Lacan para conversar con sus contemporáneos sobre la locura en el 46.
Pienso que Guy en su texto señala el retorno de esta posición de Lacan respecto de la locura, tras su periodo estructuralista, una posición que me atrevo a señalar como despatologizante, al desembocar con Joyce en la clínica del sinthome y del parletre. Asociar estructuralismo y patologización es quizás excesivo, pero es cierto que la concepción estructuralista no termina de desembarazarse de la idea de un déficit, el del Nombre del Padre sí o NP no. Mientras que cuando hablamos de clínica continuista, afirma Guy, el término “clínica” debe ser puesto entre comillas pues, “cuando hablamos de clínica, incluso si decimos que es bajo transferencia, este significante –clínica- debe ser cuestionado”. Siendo así, lo que el psicoanálisis ofrece para dar cuenta de ello es un enfoque fino, no preestablecido, añade Guy en algún momento de libro, abierto a la dinámica de cada vida, que se destaca al ser identificada la lógica del caso. Un saber que solo puede darse en la transferencia. De ahí el protagonismo que Guy le otorga a la transferencia y sus avatares en este volumen.
En ese sentido, el que se introduce con la cuestión de la transferencia, afirma Guy Briole en otro momento: “desde la tesis de Lacan el psicoanálisis parece ser la única vía posible para una aproximación y un tratamiento del sujeto delirante”. La conversación iniciada con Aimee “a baton rompus”, da cuenta de la búsqueda iniciada por Lacan para construir un monólogo compartido con la locura. Lacan hace de ello un reto para el futuro del psicoanálisis, el de renovar la práctica en el tratamiento de la psicosis, pues un fracaso en este campo “conducirá rápidamente a la decadencia de la doctrina”.
En el siglo XXI el desafío sigue presente. Muchos sujetos psicóticos, afirma Guy, ordinarios o no, dicen esperar del psicoanalista una relación a la palabra en la cual puedan sostenerse.
Se trata entonces de los matices en el uso de la palabra en la psicosis. Es de lo que se trata en este libro, del manejo de la transferencia, de la posición del analista y su implicación difícil en la transferencia en la psicosis.
Ahí comienza la segunda parte del Monólogo, cuando el libro se abre a la riqueza de la clínica en una serie de casos en la que el autor plasma la contingencia de las invenciones y los hallazgos en cada uno de los encuentros que nos describe.
Encontramos en uno de sus capítulos, “Clínica continuista bajo transferencia”, una serie de orientaciones que me parecen de especial relevancia.
Comienza este capítulo, que fue su texto de orientación al XI Congreso de la AMP sobre las psicosis ordinarias y las otras en 2018, con una advertencia al psicoanalista:
“Con la clínica continuista –y eso puede parecer sorprendente- el psicoanalista puede dejarse llevar por la solución, el sinthome, que ha podido encontrar el que, sin embargo, se dirige a él y pide ser uno de sus analizantes. Entonces puede ser que en el momento mismo en que el analista parece comprometerse en la transferencia por la demanda que le ha sido hecha, se aparte de ella, confundiendo eso con la neutralidad del analista: se encuentra ya instalado en el primum non nocere que, para él, la detección de una “psicosis ordinaria” justificaría.”
Es una advertencia que abre un campo de reflexión sobre la dirección de la cura y que quizás podemos retomar en el coloquio, pues pone de manifiesto el valor relativo que un sinthome puede tener para el parletre ante determinadas coyunturas de su encuentro con lo real y la orientación que conviene tomar a partir de ello.
Una orientación esbozada a continuación: Nos situamos así ante la emergencia de las discontinuidades, ligados a las variaciones del anudamiento…las variaciones, y rupturas singulares de cada uno, más evidentes en los psicóticos…momentos en los que el anudamiento, la solución encontrada puede ser radicalmente puesta en tela de juicio…el anudamiento puede rehacerse, pudiendo el trabajo de la transferencia resultar preponderante, sin prejuzgar acerca de otro desanudamiento bajo las acometidas de un goce no regulado…el sujeto psicótico, ordinario o no, intenta por medio de su trabajo en la transferencia y a partir de una posición ética a la que se ciñe, hacer de esas rupturas una discontinuidad”.
En ese sentido, el analista que se compromete a este trabajo de transferencia no lo hace para mantener lo continuo, sino para hacer posible un paso más, en un trabajo psicoanalítico que lo lleva a arriesgarse a la disarmonía, al desacuerdo”.
Surge aquí una pregunta acerca de este paso más, ya que parece que Guy plantea un interrogante sobre el valor del sinthome para un sujeto cuando este parece haberse mostrado insuficiente ante determinado encuentro con lo real. Sigues en tu texto en esa dirección, creo, cuando señalas la necesidad de “la implicación en acto del analista, cuando acepta tomar en análisis a un sujeto psicótico, incluso ordinario…pues hace falta saber por dónde hacer pasar el corte…a falta de lo cual las entrevistas irán muy rápido hacia un empobrecimiento de los intercambios entre el paciente y el analista, de modo que corresponde al analista saber guardar en el lazo transferencial una parte viva…de encontrar la trama, incluso el hilo conductor de lo que fue la palabra, a veces el delirio, que lo animaba en la época inicial.”
Por eso, añade Guy un poco más adelante,
“La dificultad mayor –en la transferencia- es la de hallar el camino intermedio que mantenga al analizante a distancia tanto de la erotomanía como del vaciamiento de todo afecto. La paradoja es que este camino intermedio no se encuentra sin un acto que la contingencia haga posible”.
“La transferencia, tan singular a causa del riesgo constante de tomar un giro al exceso, no por eso es menos inventiva, no es compatible con posturas congeladas y temerosas. Por el contrario, incluye a la vez compromiso, flexibilidad y además, una parte de semblante.”
Es aquí donde Guy presenta una serie de casos de su clínica en los que podemos seguir de cerca cómo encontró una vía para conducir su tratamiento, para dar ese paso más con el sujeto y cuyo límite hace a la cuestión de su conclusión posible.
Concluyo entonces con una perla, extraída de uno de los casos con los que Guy acompaña su desarrollo en este volumen. Es un caso complicado, difícil, de veintidós años de recorrido, de un sujeto invadido por el sentimiento de impostura y la certeza de su propia vileza, que a pesar de su incredulidad y tras una primera experiencia analítica busca un lacaniano. Este sujeto carente de recursos en su relación con el otro, afirma que su palabra le falla, que no es capaz de usarla bien, y eso le devuelve “al vacío de padre” que causa su inseguridad. Se trata entonces, dice Guy, de que en las sesiones encuentre otro tipo de conversación, inventiva, no convencional, sorprendente, que consiga bordear ese vacío. Y añade, “no es tan simple ya que, en la transferencia, oscila entre situar al analista o bien en la vertiente materna, y por tanto intrusiva, o en la paterna y entonces se produce un hundimiento, la necesidad de reparar al analista y el surge el peligro de la seducción recíproca”.
Yo recojo las hilachas esparcidas de sus asociaciones y se las propongo para un anudamiento, dice Guy. De esta manera, pudo, entre otras cosas, retomar un punto de su filiación a través del nombre propio.
“Estoy subordinado a su presencia” era el punto de partida de la transferencia. El lugar de la sesión, es un punto en el que los pensamientos se localizan. Se esboza entonces la posibilidad de una separación, después de 35 años de análisis. Ese pensadero construido en análisis, ¿podría hacerlo funcionar él mismo como sinthome y sostenerse en eso sin la presencia del analista?
El análisis no concluye así, pero el sujeto declara “con usted he aprendido a hablar”, “no vengo al análisis para quejarme, sino para atar algo en mi cuerpo. Es indispensable, tengo que pasar por las sesiones para arreglármelas con el cuerpo de los demás en el contexto social. Vivo con esto, está incluido”.
El caso concluye con esta frase, una perla. “Mi vida y el psicoanálisis son indisociables. Temo que el espacio privado del psicoanalista fuerce el mío, es la amenaza bajo la que no quiero caer, no quiero exponerme a su goce, por eso, me protejo sabiendo lo menos posible de su vida privada. Con usted me pasó algo que siempre me hace volver al análisis, es mi vida y para usted hay un riesgo en el afecto que le atribuyo. El análisis es usted, sin usted”, esta es mi ascesis.
Concluyo aquí, con esa enseñanza, que lo fue para usted y lo es ahora para nosotros en un momento en el que quizás se abre otra oportunidad para la conversación sobre la locura.

Esperanza Molleda
Miembro de la ELP y AMP
Presentación
Este es un libro que lleva la marca personal del autor. Cuando se lee el libro se reconoce la enunciación singular de Guy Briole. Es precisamente esta marca personal la que permite extraer un valor que no puede ser encontrado en otro libro. Mi manera de presentar el libro será pues resaltar estas marcas personales que dan lugar a estos pequeños descubrimientos acerca de la locura y acerca de la posibilidad de un acercamiento viable y fértil hacia ella orientado por el discurso analítico.
Los descubrimientos empiezan desde el título. No es un título fácil, no es un título que pueda ser pasado por alto, es un título que produce un quiebro al escucharlo: Monólogo compartido con la locura. “Monólogo”, Guy Briole habla él solo en su libro. Se subraya una obviedad que habitualmente permanece velada cuando alguien escribe un libro, cualquier texto “monologuea”, cualquier autor “monologuea” cuando escribe. Guy Briole no lo deja pasar y nos lo advierte, nos introduce en su escrito avisándonos de que en primer término se trata de él en su relación con la palabra lo que se juega en el libro. Pero no se queda ahí a “monólogo” le sigue un “compartido”, ambiguo, ¿comparte el monólogo con nosotros, sus lectores, o comparte el monólogo con la locura? O quizás, más bien enlaza ambos “compartires” que comienzan nombrando el deseo de acercarse a la locura reconociendo la imposibilidad de un diálogo con ella, y llegan a la posibilidad de compartir ese monólogo con nosotros, sus lectores. En cualquier caso, es un “compartir” que manifiesta el anhelo de quebrantar la naturaleza autista del monólogo y que, finalmente, apuesta por llevar su relación con la locura a un terreno en común como el de la conversación de esta noche, como si solo a través de “monólogos compartidos” se pudiera atisbar algo de lo que es la locura.
Iniciamos la lectura del libro, el “compartir” está muy presentes, los otros están ahí desde el inicio, la compañera, aguijón de la escritura, la editora, los traductores, interlocutores y amigos, y… el artista, creador de la portada. Guy Briole nos descubre a un artista francés que yo desconocía, François Rocamora. Una obra, según he podido ver, cuando menos singular que busca acercarse a lo real a través de la recreación de espacios y el collage de figuras imaginarias. En la presentación de la elección del cuadro para la portada, Guy Briole nos da unas preciosas pistas que permiten delinear lo más esencial de la locura. Nos dirá la locura es: hybris,desmesura, tanto del hombre-mono todavía no dotado de la palabra, del cuerpo no hablante, como del hombre-loro que repite palabras sin saber. “Interminable repetición de la locura de los hombres”, añadirá, interminable repetición alrededor de la que el psicoanálisis y este libro da vueltas: la locura como cuerpo en desmesura y palabra en desmesura.
Guy Briole termina estos preliminares del libro dirigiéndose a nosotros, los que estamos concernidos por el significante “locura” y por el trabajo que se pone en marcha cuando alguien se dirige a un psicoanalista y enlaza su “locura” al lazo transferencial que establece.
¿Qué es la “locura”? El camino que elige Guy Briole para acercarnos a la locura es dejar hablar a los locos a través de los clínicos que los trataron. Su propia clínica, sobre todo, pero también la clínica de la locura de otros.
Destaca aquí el descubrimiento que nos hace el autor del psiquiatra del siglo XVIII, en los albores del nacimiento de la clínica de la locura, Joseph Daquin y su libro Filosofía de la locura. Nacido en 1732, publicó su libro en 1791 (libro que, por cierto, ha sido publicado en español por la Asociación Española de Neuropsiquiatría junto con un texto de Etienne Esquirol “Sobre las pasiones”, por si les interesa). Nuestro autor destaca de Daquin su intención de hacerse “interlocutor de los dementes”, de dirigirse a ellos, para hablar y conocer así el contenido de su sufrimiento.
Este deseo de saber sobre la locura y hacerse “interlocutor de los dementes” es el que interesa a Guy Briole y trasluce en la presentación de los casos que forman parte de este libro. Para definir el lugar que horada este deseo para el paciente, Briole inventa una fórmula bien acertada “sujeto supuesto interesarse” (p. 64), frente a la clásica fórmula de la transferencia como “sujeto supuesto saber”, ya que poco se puede aspirar a saber antemano de la locura singular del sujeto al que atendemos sino es interesándonos por lo que tiene que decir acerca de sí mismo.
Pero no se trata solo de un deseo de saber sobre el sufrimiento de los locos, este deseo va acompañado, además, tanto en el caso de Daquin como en el de Briole, de un deseo de involucrarse con la locura, de un interés por que los locos puedan encontrar un anudamiento ante su sufrimiento, poniéndose en disposición de acompañar el trabajo del paciente necesario para conseguirlo. Tomando una expresión que el autor dedica a Daquin, ante la locura ambos “se sienten concernidos y no se dan por vencidos” tal como se muestra a través de casos del libro.
No solo con Daquin, Guy Briole también nos toma de la mano para acercarnos a otros filósofos y clínicos que sembraron las semillas en lo que se refiere a la conceptualización y la clínica de la locura. Podemos así aproximarnos a algunos autores clásicos de los que sin duda bebe la orientación lacaniana de la clínica del anudamiento bajo transferencia que luego nos presentará el autor. Pinceladas, no por someras menos interesantes, sobre Descartes, Erasmo, Hipócrates, Galeno, Avicena, Pinel, Esquirol, Charcot, Janet y, en especial, sobre Kraepelin del que nos hará seguir sus rastros en Lacan.
Todo este recorrido ha sido necesario para pasar del rechazo del loco a la aceptación del enfermo y de la aceptación del enfermo al trabajo bajo transferencia del sujeto, ya que de eso se trata en la clínica que nos presenta Guy Briole: ver un sujeto en el loco, en vez de un desecho que recluir o un objeto sobre el que investigar y actuar, poder acoger su singularidad, querer saber de lo que le pasa y no dejar que sus palabras caigan como “piedras en un pozo” (p. 61).
Por eso, a Guy Briole le interesa presentar a estos autores no solo por su obra, sino también por sus casos. Son numerosas las pequeñas joyas que se encuentran en los casos relatados donde trasluce la singularidad tanto del paciente como del clínico: Charcot con Louise; Janet con Madeleine y con Loetitia; Kraepelin con su “serpiente del paraíso”, con su “loca de los incendios” o de su “hombre entre los hombres; Lacan con Aimée. Mostrando en acto que el médico, el psiquiatra, el analista forman parte del caso tanto como el paciente, tomado así la transferencia como el eje vertebrador de la clínica.
Efectivamente, la orientación del anudamiento bajo transferencia es la destilación de la enseñanza lacaniana que toma Guy Briole para leer la clínica. Esta formulación posibilita un puente con el que transitar la enseñanza lacaniana, desde las entrevistas a bâtons rompus, sin orden ni concierto con Aimée, pasando por la clínica estructural de la forclusión del Nombre del padre, entendiéndolo como una modalidad posible de anudamiento entre otros, hasta la clínica del sinthome inspirada en el caso de Joyce. Una orientación que permite afirmar, al fin y al cabo, que “todo el mundo es loco”.
En su libro Briole nos ofrece pistas para el trabajo con la locura desde esta orientación.
Como bien nos enseña la clínica y nos recuerda Briole en su libro, los anudamientos no son de una vez para siempre, y precisamente cuando se hace más acuciante la necesidad del apoyo en la transferencia con el clínico es en los momentos de ruptura de los desanudamientos. Allí es requerida el coraje del analista, su implicación en acto, “jugársela” en las intervenciones.
Como ejemplo de este coraje necesario del clínico tomamos dos intervenciones de nuestro autor relatadas en el libro. En un caso, mediando la contingencia de la invitación a contribuir en un libro titulado “¿Quiénes son vuestros analistas?”, Guy Briole apuesta por escribir sobre el cambio de analista de un paciente recién llegado, comunicándoselo al paciente. Este había terminado su análisis con un analista “ortodoxo” sobre el que siempre recayó la sospecha por parte del paciente de su impostura, debido al borramiento de su lugar que el analista sostenía en su “ortodoxia”. El acto de Guy Briole permitió que la sospecha de impostura del analista que había desvitalizado el análisis de este paciente durante los quince años de análisis anteriores se sustituyera por la claridad del marco establecido en la publicación (p. 71).
En un segundo caso, Guy Briole se escucha decir, ante una paciente que le habla de su deseo de quitarse la vida para librar a su hijo de su “presencia dañina”: “El niño que fui en el lugar donde está su hijo hoy, hubiera preferido, a todas las dificultades de su madre, que se quedara con él” (p.62).
Son intervenciones arriesgadas, que ponen al analista en juego como sujeto y no sólo como clínico. En el primer caso, porque aparece el deseo del sujeto analista de dar cuenta de ese caso en una publicación y en la segunda porque algo de la vivencia real del analista como niño aparece. Estas intervenciones, tras el vértigo del acto que supera al propio analista, tienen un efecto que transforma al analizante y producen un punto de inflexión en un momento crítico del sujeto, la entrada en análisis, en el primero, y la emergencia del amor hacia su hijo que detiene el pasaje al acto, en el segundo.
Guy Briole es radical en tanto al coraje requerido al analista, y así lo demuestran los casos que nos aporta, nos dirá que si el analista se siente “estorbado” (p. 59) por un paciente, si el analista se frena, detiene su acto ante un analizante, el resultado será el rápido empobrecimiento de los intercambios. Es al analista al que corresponde la responsabilidad de saber preservar lo vivo en el lazo transferencial.
Es una clínica, entonces, en la que no es posible refugiarse en el saber ya establecido, sino que obliga a arriesgar el acto, el corte en cada sesión a partir de la lectura de lo depositado por el paciente.
Otra pista fundamental en la clínica bajo transferencia, el lazo transferencial está al servicio de la palabra de los pacientes, en la desmesura del loro que habla sin saber y del cuerpo del mono que no habla, pero que padece, el encuentro con un analista permite al sujeto loco un trabajo para hacerse dueño de su palabra. Son preciosas algunas de las expresiones que Guy Briole rescata de sus pacientes, al respecto:
Uno dirá que le hacía falta la transferencia para que las palabras y las ideas se atasen unas a otras (p.60). Otro dirá que sus sesiones son “una ascesis del lenguaje” necesaria para ordenar sus pensamientos (p.68). Uno más dice: “Aquí hablo, en otros lugares parloteo. No puedo hacerlo solo y abandonado” (p.79). Otro más explicará que en sus sesiones tiene que encontrar la manera de que “el molino de las palabras” no gire en el vacío (p. 80). Y otra llega a darse cuenta en el espacio del análisis que los escritos de Lacan le permiten “anudar las palabras amenzantes, los fragmentos perturbados del lenguaje que la amenazaban y la hacía callar” (p.90).
Recoger la palabra de la locura que se vierte en las sesiones para poder encontrar un nuevo orden, es a lo que se presta el analista, dejándose engañar por “la verdad de la locura singular” que vehiculan sin exigir “la verdad de la razón”, dejando también el espacio para la libertad de no decir, nos dirá Guy Briole (p.63).
Un último aspecto quiero traer ante ustedes del libro que lleva también la marca del autor. Este es que Guy Briole no retrocede ante los límites de la clínica analítica de la locura. Presenta los casos hasta el punto al que han llegado, algunos de ellos terminados antes de tiempo o de un modo que no podemos considerar satisfactorio, pero, sin embargo, no por ello han de considerarse fallidos, ya que el tramo de trabajo está ahí, ofreciendo la posibilidad de extraer de ellos un saber acerca del tratamiento que el psicoanálisis propone ante la locura.
La contingencia de la muerte de una madre y ceder entonces ante la voluntad de un padre; la elección de una pareja que sustituye y bloquea la relación con el analista; el atisbo de un sinthome por medio de la escritura que no logra ser sostenido por el sujeto y que acaba deshaciendo el vínculo trasferencial son algunos de los límites que Briole no deja pasar y lee a partir de la lógica del caso. Es de ese rigor del que podemos aprender, ya que la irrupción de lo real puede llegar por cual lado en los casos que tratamos.
En conclusión, “Monólogo compartido con la locura” es un libro necesario para ayudarnos a no retroceder ante la locura, tal como Lacan nos alentó, y para acompañarnos a los que nos sentimos concernidos por la locura, por la decisión de sostener el poder de la palabra bajo transferencia y la importancia del deseo del analista para orientarnos en el trato con ella.
Gabriela Medin
Miembro de la ELP y AMP
Presentación
Agradezco a la BOL la invitación a participar en esta mesa, y haré honor a que me han pedido una intervención breve.
Es una alegría estar aquí hoy, en la presentación de este libro que retoma orientaciones clínicas y teóricas muy precisas que Guy nos ha ido transmitiendo a lo largo de los años, tanto en sus aportes a las Conversaciones Clínicas como en los congresos de la AMP de 2014 y 2018.
Es un libro en el que se aprecia el estilo del autor y su larga trayectoria de trabajo. Así como Lacan no retrocedió frente a la psicosis, diría que este libro muestra como Guy Briole no retrocedió frente a la locura.
Este es un volumen que muestra de qué se trata la clínica de lo singular en la que ponemos el acento desde la orientación lacaniana. A través de casos y de viñetas muestra el modo en que un psicoanalista orienta la cura, va desgranando la lógica del caso y sus intervenciones atendiendo al detalle y la palabra, poniendo el acento en la transferencia y en cómo ese parletre encuentra su modo de estar en el mundo.
Una virtud del libro es también no retroceder frente a las paradojas. Comenzando por las dos frases aparentemente contradictorias de Lacan sobre la locura: “no se vuelve loco el que quiere” del inicio y “todos estamos locos” del final de su enseñanza. Por el contrario, el autor explicita las paradojas, las aborda, se interroga frente a ellas, las despliega y se propone lograr “un anudamiento del ayer con el mañana”. (pag.31).
El capítulo Clínica continuista bajo transferencia es una orientación tanto epistémica como clínica fundamental. Los que hemos ido siguiendo sus contribuciones y hemos recomendado sus artículos, encontramos que retoma aquí algunos de sus aportes clave:
- La cuestión de la transferencia en el tratamiento de las psicosis y el concepto de Sujeto supuesto interesarse. Les leo la definición en la pag. 64: “El analista es, en cuanto a lo que constituye un punto de certeza y lo que se aproxima a él, no un supuesto saber, sino un supuesto interesarse por la singularidad de la experiencia vivida por el sujeto, incluso por las respuestas o las soluciones que ha podido encontrar. Así pues, en este tiempo de la transferencia con el sujeto psicótico, una certeza de saber-la del psicótico- se dirige a un sujeto supuesto interesarse- el analista.
Es algo que Guy ha planteado en su aporte al congreso de 2018 en Barcelona, que nos ha enseñado que frente a lo psicosis no se trata de estar en silencio y tomar nota, que la clínica no tiene por qué empobrecerse, sino que debe ser una clínica viva donde ni el paciente ni el analista se queden cómodos y dormidos. Es a partir del SSI que puede encarnarse en cada cura el Sujeto supuesto singular de cada caso. Así nos ejemplifica el caso de Marie, el modo en que “ el psicótico, con el psicoanalista , puede tratar de hacer posible es relación imposible con el Otro”. En el caso, el analista encarna el “sujeto supuesto hablar el Lacan”, posibilitando el montaje mínimo en el que Marie se sostiene. (pag.91).
- El otro concepto fundamental en el que Guy insiste desde hace muchos años es promover la conversación “a baton rompu”, sin orden ni concierto. Esta modalidad de establecer la conversación con el sujeto psicótico que toma de la tesis de Lacan y que nos ha mostrado en las presentaciones de enfermos y en las conversaciones clínicas, es explicitada en la forma detallada en que comenta los casos.
- Por último, quiero destacar otra referencia en la que Guy a puesto el acento a propósito de sus trabajos sobre el trauma: “Hacer el par”. Una vez más vuelve sobre este modo de entender la transferencia en algunos casos y precisa finamente le concepto.
Luego de este capítulo, va mostrando a través de distintos ejemplos clínicos muy enseñantes y de los que no voy a hacer spoiler e invito a leer, la puesta en acto de la ética del psicoanálisis, con descripciones finas, con el acento puesto en la transferencia y en lo singular. En el capítulo “La ascesis de un incrédulo del psicoanálisis “nos relata una cura de muchos años, con diferentes momentos, que concluye con una enseñanza maravillosa acerca de la transferencia: “Con usted me pasó algo que siempre me hace volver al análisis. Es mi vida. Todo esto es verdad, y para usted hay un riesgo en el afecto que el atribuyo. El análisis es usted, sin usted; de hecho, es la sesión. ¿Cómo podría decírselo mejor? Tengo que atenerme estrictamente a eso. Esta es mi ascesis.” (Pag. 86). También me impresionó el caso de El extraño señor Wha en el que el interés del analista en lo vivido produce un “efecto de transferencia” que le permite alojar en el analista una pregunta de lo que para el mismo sujeto es enigmático. (Pág. 100).
Por último, quisiera destacar el capítulo final en el que aborda la cuestión de la libertad y la razón. Recupera la cuestión de la razón que preocupaba a Lacan en el comienzo de su enseñanza, en su texto “Acerca de la causalidad psíquica”. Hace poco estuve trabajando este texto en el que Lacan afirmaba “La locura sólo se manifiesta en el hombre con posterioridad a la “edad de la razón” (Escritos pag.184). Leyendo el capítulo, esta frase me volvía a la cabeza, dado que a partir de los ejes de reflexión que propone, establece un debate interesante respecto de un concepto en boga hoy en día, en boca de muchos políticos, que es la libertad. Este capítulo nos hace ver que el discurso del psicoanálisis no se sitúa en el plano del discurso de la libertad sino de responsabilidad y ética que permite “poner en tela de juicio la libertad bajo transferencia”. Pag.171

CONVOCATORIA
La Biblioteca de Orientación Lacaniana tiene el gusto de presentar el libro Lacan en la orilla, apuntes sobre psicoanálisis y poesía, publicado por la editorial Miguel Gómez ediciones.
Lacan desde el comienzo de su enseñanza, con “Función y campo de la palabra en psicoanálisis”, se interesa por la incidencia del significante, en la constitución del sujeto, por ser este anterior a dicha constitución, desmarcándose del discurso lingüístico. Posteriormente, y al final de su recorrido, se interrogará por la incidencia del significante como marca, como escritura que muerde el real del cuerpo. Un maremágnum de sonidos, ruidos, golpean el cuerpo, y el hablante ser, (parlêtre, término acuñado por Lacan para “este ser de palabra”) quedará grabado por una lógica que el sentido no alcanza.
Lacan en la orilla, Apuntes sobre psicoanálisis y poesía es un esfuerzo de decir aquello que el poeta nos muestra como escritura y, al mismo tiempo, su imposibilidad de decir. Aquel agujero que marcó al sujeto y no deja de resonar por ser constituyente.
María Navarro nos adentra en lo que ya para Freud y Lacan fueron lugares donde dejarse enseñar por el poeta. Donde el psicoanálisis lacaniano apunta a “un final de análisis” donde el analizante pueda transitar por las marcas traumáticas de su ser.
Tendremos la oportunidad de dialogar con la autora y poder saber un poco más de estas marcas.
Contaremos con la presencia de:
Zacarías Marco, escritor y socio de la sede de Madrid de la ELP.
Miguel Ángel Alonso, socio de la sede de Madrid de la ELP y organizador del espacio “Liter-a-tulia”
María Navarro Pacheco, poeta, escritora, miembro de la ELP y de la
AMP.
Coordina: Jesús Alfonso Rubio Campuzano, psicoanalista, socio de la Sede Madrid de la ELP..
Comisión responsable: Andel Balseiro, Roberto Banegas, Eloísa Cano, Paula Fuentes, Eloísa García, Estrella Garrido, Marjorie Gutiérrez, Julieta Miguélez, Denisse Nadeau, José Alberto Raymondi (director), Jesús Rubio, Alejandro Tolosa, Clara Urbano.
Jesús Rubio
Socio de la Sede de la ELP de Madrid
Resonancia
Cuando llega un encuentro con el psicoanálisis y la poesía hay que dejarse llevar, a riesgo, y en eso no sé si estamos advertidos, de que no sabemos, ni sabremos a donde nos arribará la corriente significante. Se abre una vía.
Cuando Miguel Ángel Alonso, primer ponente, se adentra en el poema de Cortázar (recitado de memoria), en el ejemplo de Borges (tomando la brújula perdida con el objeto, que indica María Navarro en este libro), y hace suyo ese efecto que tuvo el psicoanálisis, la literatura y la poesía en su vida, le citó con sus palabras: “Me evocó, de tiempos antiguos, cuando yo caminaba, digamos, una lengua, una lengua pesada, una lengua de pasos quietos, una lengua formada por palabras que cargaban cosas…”, el efecto de novedad que operó, yendo más allá del automatós de la repetición.Experiencia que tuvo la posibilidad de un vaciamiento y hacer distinto con el sentido de las palabras. Advertencia del escritor, en el peligro de la búsqueda de la verdad de cualquier disciplina, incluyendo el psicoanálisis, donde la referencia asfixie la hiancia singular que atraviesa a cada persona.
Zacarias Marco en su intervención posterior, marcará la contraposición entre discurso y escritura y dirá: “…esto me coloca en una situación difícil, incómoda, porque, por una parte, me gustaría que se me entendiera, lo que empuja lo que diga al discurso, al tiempo que si quiero que se cuele algo verdadero tengo que dejar entrar la extrañeza de lo intransmisible, porque la verdad no puede presentarse sino a través de la paradoja, y lo suyo sería dejarla en ese estado enigmático que movilizara vuestra imaginación. Por eso me encuentro dividido, dentro de esta tensión inevitable entre discurso y escritura…”. Para Zacarias el acto mismo se real(lizará) en el encuentro mismo de la escritura, allá donde se inscribe el significante en el cuerpo, con su vacío y puesta de goce.
Para finalizar, la invitada, María Navarro, conversará con el público. La psicoanalista y poeta quiso puntuar el equívoco en el que podemos incurrir algunos psicoanalistas si señalamos la interrogación de Lacan sobre la poesía a partir del seminario XVIII De un discurso que no fuera del semblante o en sus últimos seminarios. Para Lacan esa fue su pregunta desde el principio, ya había indicios en el seminario III, Las psicosis, donde marcará las dificultades simbólicas del presidente Schreber en su construcción subjetiva, dirá: “es sin duda escritor más no poeta”. O en su pregunta sobre el objeto a, en el seminario X, La angustia entre otros ejemplos. Para María la escritura ya estaba en sus inicios, tanto de poeta como de psicoanalista, y este libro es el producto y recorrido de sus lecturas y análisis, donde poesía y psicoanálisis horadan el límite de su decir. Enseñanza de Escuela, cruce de Escrituras, en la biblioteca de la sede de Madrid, respetando el vacío que produce lo nuevo por venir. Gracias a Miguel Ángel Alonso, Zacarias Marco y María Navarro por este inolvidable encuentro.

Sonia Riera Gata
Socia de la sede de la ELP Madrid
Resonancia
Algo se grava donde el sentido no alcanza
El miércoles día 6 de noviembre de 2024 la Biblioteca de Orientación Lacaniana de la sede Madrid tuvo el gusto de presentar el Libro de María Navarro: Lacan en la orilla, apuntes sobre psicoanálisis y poesía.
La cubierta me sorprende. La mirada se desliza con suavidad. Una boca entreabierta sostenida en la línea que divide el horizonte. Límite apenas marcado por la diferencia del tono y la intensidad del color azul. Un horizonte donde, tal vez, el sujeto poeta y el analizante se enfrentan al silencio ensordecedor de las palabras, al ruido del vacío, a las resonancias del cuerpo. Tal vez, por eso, los labios apenas dejan entrever lo oscuro, aquello tan difícil de nombrar. Un horizonte-orilla que se construye con el decir. El poeta y el analizante se lanzan con una sintaxis rota a escribir: el poeta escribe el verso que lo sostiene y el analizante va escribiendo el poema en el propio análisis.
“Este texto es el resultado del esfuerzo por ordenarme en relación al litoral en que poesía y psicoanálisis se encuentran”
María Navarro, Lacan en la orilla (Pag15)
Tomo estas palabras de la propia autora, María Navarro, para señalar el carácter tan personal que la empuja en el trayecto que realiza a lo largo de este libro. Interrogantes que le van señalando el camino, piezas que van despertando su interés, hallazgos que alimentan su curiosidad, lecturas que sostienen su búsqueda, sonidos que nutren sus pasos. Una manera de ir abrochando los caminos por donde transitan y por donde se tocan la poesía y el psicoanálisis. Un esfuerzo que, según ella, queda abierto para seguir investigando en la senda descrita por la palabra y la escritura. Como propone la autora desde el comienzo cuando dice: “Todo camino se convierte en escritura”
cómo decir ‒
visto todo esto ‒
todo esto esto de aquí ‒
locura de ver qué ‒
entrever‒
creer entrever ‒
querer creer entrever ‒
lejos allá allá abajo apenas qué‒
locura de querer creer entrever en ello qué ‒
qué ‒
cómo decir ‒
“Cómo decir” de Samuel Becket
Sí, la locura. La locura de hablar sin poder leer lo que se escribe. Hay que llegar a la orilla para asomarse y como dice Beckett: creer, querer, entrever, pero la pregunta insiste. ¿Cómo decir?

CONVOCATORIA
La Biblioteca de Orientación Lacaniana de Madrid (BOLM) y la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid tiene el placer de invitar al coloquio en torno al Seminario de Lacan: “La lógica del Fantasma».
Estamos ante el último Seminario de Lacan publicado en español. Su aparición tiene un gran interés para el discurso psicoanalítico y también para el ámbito del saber, especialmente el académico y universitario. Se trata de un Seminario crucial para lo que entendemos por “modernidad”, sabiendo que la concepción del sujeto moderno fue forjada por René Descartes. En este Seminario Jacques Lacan realiza un exhaustivo análisis de ese fundamento propuesto por el filósofo: el cogito cartesiano. A partir de esta revisión, y acompañado por la invención freudiana del aparato psíquico, Lacan propone una subversión del cogito creado por Descartes. Allí donde se afirma “pienso luego soy”, Lacan escribe: “allí donde pienso no soy, y allí donde soy no pienso”. Además, Lacan propone en este Seminario, a partir del concepto de fantasía en Freud, la conceptualización de fantasma: aquello que se constituye en cada sujeto como el marco y la ventana desde donde percibimos y vivimos la realidad.
Así, el pensamiento moderno y particularmente la filosofía puede encontrar en esta sagaz propuesta lacaniana la posibilidad de un diálogo entre ambos discursos y saberes. De allí que nos hemos propuesto desde La Escuela lacaniana de Psicoanálisis y la Facultad de filosofía crear este encuentro, propiciar un coloquio para debatir y dialogar en torno a esta tesis de Jacques Lacan.
Intervienen:
Jorge Alemán, Psicoanalista. Miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.
Marco Focchi, Psicoanalista. Miembro de la SLP, en Milán y de la AMP.
Santiago Castellanos, Psicoanalista. Miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.
Jorge Marugan, Psicoanalista. Profesor de la Universidad Complutense de Madrid.
Coordinan:
José Alberto Raymondi, Psicoanalista. Miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.
Rubén Fussolino, Profesor de la Universidad Complutense de Madrid.
Comisión responsable: Andel Balseiro, Roberto Banegas, Eloísa Cano, Paula Fuentes, Eloísa García, Estrella Garrido, Marjorie Gutiérrez, Julieta Miguélez, Denisse Nadeau, José Alberto Raymondi (director), Jesús Rubio, Alejandro Tolosa, Clara Urbano. Presencial en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. En el edificio principal, sala Ortega y Gasset.

Paula Fuentes Rodríguez
Socia de la Sede de Madrid de la ELP
Reseña
El 18 de octubre, tuvo lugar un bonito y concurrido encuentro en la Universidad Complutense de Madrid, con motivo del Coloquio en torno a la publicación del Seminario de Lacan XIV La Lógica del Fantasma y organizado por la BOLM.
El Director de la BOLM, José Alberto Raymondi, coordinó la mesa con unos invitados de lujo: Santiago Castellanos, Jorge Marugán y Jorge Alemán.
El coloquio pretendía dar cuenta de la relación entre el Psicoanálisis y la Filosofía, ambos interlocutores permanentes desde siempre para Lacan, casi como un modo de lazo social. Igualmente se quería explicar la existencia de los cuatro discursos respecto al saber y a la verdad; todo ello bajo la tesis del Seminario XIV, con referencias continuas a Freud y a Descartes, que es la lógica del sujeto moderno, un cuerpo hablante y el misterio del inconsciente.
Santiago Castellanos presentó cuatro apuntes claves sobre el Seminario: el contexto y la estructura del mismo teniendo en cuenta la línea de lectura de Lacan, el pase como fin del recorrido de la experiencia analítica, transmisible y demostrable, la invención de la fórmula del fantasma para crear operatividad clínica de la experiencia analítica, y el Sujeto del inconsciente para avanzar hacia el enigma del propio discurso.
Jorge Marugán inicia su intervención intentando definir al fantasma, como una “ficción escenificada que vela la castración y que se nos repite extrañamente”. El fantasma designa para el sujeto el lugar de lo real y plantea el fantasma como una sutura, un corte que separa deseo y realidad. Habla sobre lo que vendrá después de este seminario y la forma del fantasma como oposición a la castración y a la vez un sostén del deseo, siendo capaz de proporcionar salidas articuladas al sujeto. Las tres novedades que aportaría el seminario para Marugán es que no hay acto sexual ya que el fantasma está en oposición al acto; No hay Otro completo, por tanto, el Otro es el cuerpo como cicatriz de una herida, así el cuerpo es tomado como significante; y El fantasma no se analiza, se construye, y por tanto cumple la función de axioma.
Jorge Alemán se pregunta por qué Lacan se dirige al cogito cartesiano. Lacan dice que la ciencia es una ideología de la supresión del sujeto, y como lo que se suprime retorna todo a lo real resurge entonces en la forma de otro engañador y genio maligno. El psicoanálisis se ocupa del sujeto de la ciencia y en esa misma lógica hay una relación de borde entre ideología y fantasma. En lo que se elige siempre hay una pérdida. El verdadero secreto lacaniano es que no hay importaciones conceptuales.
El analista deberá estar prevenido y no hacerse cómplice del fantasma, para conseguir el atravesamiento del fantasma, al igual que decimos que la responsabilidad del analista es el acto analítico. La cuestión del cuerpo es y será enigmática siempre y tras el planteamiento en este seminario de que “El Otro es el cuerpo”, por tanto, caben las preguntas sobre los efectos del análisis virtual. Qué es el cuerpo pues, como interrogante permanentemente abierto. El cuerpo tiene que estar porque después de todo es el cuerpo que va a morir.
Un encuentro lleno de preguntas, presencias e interesantes intervenciones.



