Por Gabriela Medin, Elisa Giangaspro, Carmen Cuñat y Carmen Bermúdez

Lo nuevo

Por Gabriela Medin – Miembro de la ELP y de la AMP. AE en ejercicio

He tomado como eje para mi presentación de hoy algunas referencias en torno a lo nuevo, considero que éste es un volumen que interroga y hace lugar a lo nuevo.

En primer lugar, esta interpretación de Miller en 2017 inaugura un tiempo nuevo en el Campo Freudiano y supone un intento de leer desde el discurso del psicoanálisis las claves del momento político. Así, el volumen comienza con lo nuevo en el Campo Freudiano. Sin embargo, también encontramos en él una discusión amplia acerca de lo nuevo en la sociedad y sobre cuál podría ser el papel de los psicoanalistas en el mundo de hoy.

Hablando de Leopardi y de los modernos, JAM dice “En lo personal estoy harto del “todo lo que hemos perdido”. Creo que nos corresponde a nosotros realizar las antiguas virtudes”. [1] Me interesa destacar este aspecto de asumir la responsabilidad en el presente, sin lamentarse por lo perdido. Posición ética, que en la velocidad de vértigo de la sociedad actual no resulta fácil sostener, como el mismo Miller señala en el Capítulo El edicto del Comité de ética, a propósito de un poema de Baudelaire: “Ya en esa época Baudelaire se da cuenta de que no va a morir en el mismo contexto que en el que nació. Y ahora cambiamos varias veces de contexto durante una vida” [2].

El capítulo en el que se conversa acerca de la ley de reproducción asistida y los avances de la ciencia y de la técnica en relación con la reproducción me ha resultado sumamente interesante, François Ansermet le propone a Jacques Alain Miller crear un Observatorio del Futuro. Los diálogos entre éste, Jacques Alain Miller y Eric Laurent son muy ricos y transmiten el interés por lo nuevo, el interés por leer los nuevos fenómenos.

En este marco, François Ansermet afirma “Hay un desafío para el psicoanálisis, es necesario pensar en ese futuro que se resiste al discurso jurídico, antropológico y sociológico”. Para él, “El movimiento societal en torno a esta cuestión está más del lado de la angustia y la perplejidad que del lado donde se abre algo nuevo”[3]. ¿Cómo aportar una interpretación que permita salir de la perplejidad?

El psicoanálisis permite leer el discurso del amo y los impasses de la civilización. En efecto, en el capítulo destacan la habilidad de Lacan para hacerlo y anticipar cuestiones muy actuales. Eric Laurent, cita una afirmación de Alocución sobre las psicosis en el niño, que anticipa muchos de los síntomas contemporáneos en torno al cuerpo: “Nada puede aparecer sino como un impasse de los problemas planteados en aquel entonces. Problemas del derecho al nacimiento, por una parte, pero también en el impulso del “tu cuerpo es tuyo”, en que se vulgariza hacia principios del siglo un adagio del liberalismo”. Como afirma en el mismo capítulo P. Lasagna “No más mañanas que cantan sino cuerpos que prometen”. La promesa de futuro que antes podía ubicarse en relación a los ideales o los proyectos políticos ahora se sitúa en el nivel del goce de cada uno.

Propone en este capítulo una tarea para los psicoanalistas de Orientación Lacaniana “Lejos de los psicoanalistas conservadores que se refugian en una eternidad de sueños en nombre de una base antropológica inmutable, Lacan aísla problemas que surgen de los discursos que tienen lugar en diferentes momentos de la ciencia y su brazo técnico. El psicoanálisis debe mostrar el goce que está en juego en estas operaciones”. [4]

Hay muchas cuestiones para pensar a propósito de este texto, una en particular que llamó mi atención es la afirmación de Eric Laurent “Si queremos evitar una identificación masiva, es crucial que el niño pueda tener acceso al derecho y a las circunstancias de su nacimiento”. Merece una noche de estudio dedicada al tema de la identidad, del derecho la identidad.

También hay una referencia a lo nuevo en el capítulo en el que plantea la dialéctica herético-ortodoxo. Dice Jacques Alain Miller “Lacan estuvo perfecto desde este punto de vista: el de escapar de la ortodoxia, y yo no estoy tan mal…. No obstante, eso no impide que la dialéctica que hace del antiguo herético el nuevo dogmático genere otros descendientes”. [5]

Este es un planteo más relativo a la lógica de Escuela. Habla de la permutación como antídoto, pero a la vez destaca que “no se puede permutar la transferencia”.

¿Cómo no caer en el dogmatismo de la ortodoxia? ¿Cómo hacer lugar a lo nuevo? Pienso que hay antídotos aún más potentes que la permutación: asumir que la formación del analista nunca es lograda ni está terminada, pone en escena la importancia del deseo de seguir rompiéndose la cabeza, así como la fuerza de la posición analizante y el acto.

Vale la pena leer también la presentación de Hervé Castanet, quien hace referencia al pase y al acto: Me pidió que leyera los textos que se encuentran en los Otros Escritos, …” lo que me llamó la atención desde el principio es que Lacan no fue indulgente ni con su escuela ni con los notables. El pase no fue un comentario ad hominem. Lacan sacó una consecuencia radical, era parte del acto y no fue simplemente un dispositivo que agregó a su Escuela. La cuestión del acto fue olvidada según Lacan. Incluso habla sobre la amnesia del acto en sus propios alumnos. Insiste mucho en la dimensión política, ya que plantea no sólo la cuestión de cómo un acto cambia al sujeto -que es un problema interno de la cura analítica misma-, sino también la de cómo el acto es un momento electivo para saber si hay intervención del psicoanalista, que plantea la cuestión de cómo hacer en una escuela para no olvidar el acto”[6].

Es esta dimensión de acto la que es convocada cuando el analista interpreta. Es esta dimensión de la acción la que se pone de relieve en el pase poniendo en escena lo nuevo y la satisfacción del final. “El final de análisis confluye necesariamente con una puesta en acto de lo que se adquirió en el análisis”. [7]


[1] CAp. El oráculo de Lautréamont. Pag. 94

[2] Cap. El edicto del Comité de ética. Pag.110

[3] CAp. El edicto del Comité de ética. Pag. 112

[4] Cap. El edicto del Comité de ética. Pag. 120

[5] Cap. Elogio de los heréticos. Pag. 139

[6] Cap. Discusión. Pag.53

[7] Cap. Seminario Punto de capitón. Curso Año Cero. Pag. 38

Hablemos de la elección

Por Elisa Giangaspro Corradi – Médica, miembro de Zadig España: grupo Madrid

De las dos Conferencias de Turín de mayo de 2017, publicadas en el libro Polémica política, comentaré un párrafo de la titulada “Elogio de los heréticos”, en la página 144 del libro publicado por la editorial Gredos en febrero de 2021.

Jacques-Alain Miller dice en él: “El hecho es que las dificultades comienzan cuando el analista quiere seguir suspendiendo su juicio en los asuntos políticos, es decir, seguir no eligiendo. Durante la crisis actual del Campo Freudiano, sobre todo en las relaciones con Argentina, vimos a alguien considerar la teoría del no elegir como la culminación de la posición analítica, la cumbre de la posición analítica, cuando no era más que un doble juego.

No elegir es no ser hereje. Y los que no eligen son siempre los conservadores, los ortodoxos, los dogmáticos que no necesitan elegir porque tienen el poder.

De allí sacaba el principio, mi principio personal: en el discurso analítico mejor preferir siempre a los que eligen, aun cuando no eligen igual que yo. Los prefiero a los que no eligen”

Y finaliza la conferencia con un verso modificado de Paul Valéry: “Después de un pensamiento, ¡qué recompensa, l´azione!”.

Hay una contradicción entre el registro de la elección como compromiso y la noción que define la posición analítica por la neutralidad benevolente. [En realidad, Freud habla en su texto de 1915: “Observaciones sobre el amor de transferencia” de Die. Indiferenz] Una interpretación -en un momento de crisis en el Campo Freudiano y en la sociedad francesa en general, por la emergencia del Frente Nacional de Marine Le Pen- produjo algo inédito en la historia del psicoanálisis: tomar partido en una consulta electoral. Se conmueve con esto una posición estándar, manifestada para la clínica, al dejarse de lado en lo social esa Indiferenz propuesta en la cura. En ella, el no elegir concierne a la escucha, está en un lugar muy preciso y no transforma al analista en un indiferente.

La condición del hereje, persona que disiente o se aparta de los dogmas establecidos, es la herejía: palabra que viene del griego, haeresis, que significa elección. Situar a los que detectan el poder como los que no eligen, es relacionarlos con lo que Lacan se ocupó mucho de que no existiera como determinante en su escuela ni en su enseñanza, es decir, con la ortodoxia.  De la mano de ella, se puede llevar al psicoanálisis y a su discurso a la obligación de decir lo verdadero de lo verdadero y autorizalo a sostener el ejercicio imposible del poder a partir de la posición de un metalenguaje con las consecuencias de tal elección.  Eso es lo que hizo Freud en su época, estableció una ortodoxia en intensión y una ortopraxia en extensión vinculadas a una especie de iglesia internacional.  

Vemos que la ortodoxia es posterior a la herejía que comportó el acontecimiento Freud y la herejía solo pudo definirse retroactivamente, después de la constitución de la ortodoxia, de la cual Miller destaca su carácter secundario.

Hay una dialéctica en juego en el Campo Freudiano entre herejía y ortodoxia, que viene de largo y que Miller sostiene no dejará de existir. Una dialéctica entre los que se consideran heréticos y se disponen a ir más allá del retorno a la clínica -la cual fue premisa del año cero en la fundación de la ECF en 1980-81- comprometiéndose con interpretar los impasses de la civilización que amenazan la existencia misma del psicoanálisis y los defensores de una ortodoxia lacaniana, si es que eso existe, preocupados y hasta resistentes con la extensión del discurso psicoanalítico a lo social, con la articulación del psicoanálisis y la política.

Miller manifiesta su principio -su preferencia por los heréticos- es decir por aquellos que son sin igual, aquellos que se desprenden de todo conformismo y pueden conversar, intercambiar, asociarse con otros sin igual. Resuena Simone Weil, que consideraba imprescindible el derecho del sujeto de juzgar según su luz propia y sin sufrir el encorsetamiento de un partido político que consideraba una máquina capaz de sofocar el pensamiento propio.

En la modernidad y animado por la ciencia, se inicia un ascenso del individualismo. En la actualidad, la racionalidad neoliberal empuja cada vez más la elección particular sobre la mayoritaria, estamos en la época del hombre como empresario de sí mismo impulsado a consumir compulsivamente. Dice Miller “el mundo en que vivimos y viviremos está animado por el frenesí de la elección” y nos invita a preguntarnos si el reino de la elección no será peor al reino del padre.

Al final, en una mutación de un verso de Valéry que reza en su tumba, lleva su pensamiento al acto y sus consecuentes acciones. Este acto ha sido el Campo Freudiano año cero: “Todo vuelve a comenzar, sin ser destruido, para ser llevado a un nivel superior” y en su contexto la creación de una red política lacaniana mundial, ZADIG, como extensión de la AMP y sus Escuelas, sin confundirse con ellas.

Lacan manifiesta en el capítulo “Joyce el síntoma” del Seminario XXIII El Sinthome: “….Hay que elegir el camino por el cual alcanzar la verdad, tanto más cuanto que, una vez realizada la elección, esto no impide a nadie someterla a confirmación, es decir, ser hereje de la buena manera. La buena manera es la que, habiendo reconocido la naturaleza del sinthome, no se priva de usarlo lógicamente, es decir, de usarlo hasta alcanzar su real, al cabo de lo cual él apaga su sed.”

Y también, con respecto al lugar del psicoanálisis en la medicina -que podríamos hacer extensivo a la política- sostuvo en una conferencia en La Salpêtrière en febrero de 1966:

….”este lugar es marginal y, como lo he escrito más de una vez, extra-territorial. Es marginal debido a la posición de la medicina respecto del psicoanálisis, al que admite como una especie de ayuda externa, comparable a la de los psicólogos y a la de otros asistentes terapéuticos. Es extra-territorial por obra de los psicoanalistas quienes, sin duda, tienen sus razones para querer conservar esta extra-territorialidad. Ellas no son las mías, pero, a decir verdad, no pienso que mi anhelo bastase para cambiar al respecto las cosas”.

Todas las iniciativas son bienvenidas, dijo Miller, pero pienso que hay que estar advertido sobre el hacer que todo cambie para que no cambie nada, es decir, sobre el semblante. Hay un temor medio dicho de que las Escuelas se desvirtúen por la articulación del psicoanálisis y la política, con que se debilite ese retorno a la clínica que está tan bien rodado, con que se comprometa la formación de lo analistas o su praxis -a pesar de la frase lacaniana tan repetida de que renuncie el que no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época-. Falta a mi entender contrastar las elecciones entre analistas -cualesquiera que sean ellas- y meterlas en discurso con otros discursos, para que esa dialéctica entre herejía y ortodoxia sea fértil de la buena manera, respetando la singularidad de cada lugar donde el Campo Freudiano tiene su asiento.

“Una acción que enlaza con lo real”[1]

Por Carmen Cuñat – Miembro de la ELP y de la AMP

La articulación entre la política y el psicoanálisis para mi ha consistido en un work in progress, no ha venido dada. Aparte de ser sensible a las propuestas de lo que se entendía como una posición de izquierdas, nunca milité en un partido político. A decir verdad, he conocido la militancia en el campo freudiano y no dudo en decir ahora que el campo freudiano ha sido y es mi partido político, ¿esto es quizás una herejía?

La elección de inscribirme en el campo freudiano viene de lejos. Antes incluso de que conociera su existencia. Tuve la ocasión de escuchar a Lacan en mis primeros años de universidad, y eso dejó huella. En ese momento, estuve en presencia de un acto que tuvo sin duda un efecto de causa en esa elección. Fue cuando Lacan, en mitad de una conferencia,[2] tuvo que responder a las imprecaciones de un estudiante que alzaba la bandera del movimiento libertario. Todo el auditorio estaba pendiente de lo que iba a hacer Lacan con eso. Si duda ya solo con su presencia, evitó que las autoridades universitarias llamaran a los servicios del orden. Sin más, Lacan se puso a conversar con el estudiante. Después de un primer momento de sorpresa el tipo insistió, hasta que se vio desarmado por la perseverancia de Lacan en no responder a su agresión y sin embargo darle la posibilidad de explicarse.

Leer este volumen, que retrata bien un momento álgido de la historia del campo freudiano de este último tiempo, me ha traído a la memoria otros momentos de elección. En efecto, para mi estar en el campo freudiano ha sido una experiencia de elecciones sucesivas y de sobresaltos, sin mucho tiempo para volver a dormir.  

Al inicio estaba la elección entre la IPA y Lacan, eso no fue difícil, luego la disolución de la EFP, que me pilló un poco de lejos pero siempre me pregunté qué hubiera hecho yo en ese momento. Luego vino J.-A. Miller que nos sorprendió lanzándonos a la política institucional sin avisar, cuando esperábamos que se remitiera estrictamente a una enseñanza doctrinal. Asistimos entonces a las vicisitudes de los grupos de estudio que desembocaron en la creación de la EEP y poco más tarde de la AMP. La fundación de la ELP estuvo precedida por la crisis del 98, momento sin duda de elección y donde se puso de manifiesto la perdida que conlleva toda elección. Una vez fundada la ELP, fundación en la que participe de cerca, al poco tiempo me atreví a presentarme a la presidencia, quería que las cosas se hicieran de una cierta manera y no de otra, propuse incluso un breve programa, cosa que fue leída por algunos como “una inmixión de la política en la Escuela”. Perdí las elecciones esa primera vez y, aunque no solo, fue quizás por no enterarme bien de cómo funcionaba la mecánica de las votaciones. J.-A. Miller me señalaría amablemente en ese momento, que la próxima vez que quisiera presentarme intentara enterarme un poco mejor. No me avergüenzo de ello. Tampoco esto me llevó al desengaño. Creo que en una posición política que se articula con la ética del psicoanálisis no caben los desengañados. Es más bien del lado del incauto donde habría que situarse. Luego supe que Lacan también había perdido su primera votación de la Proposición del Pase por no tener en cuenta suficientemente a la masa de votantes. Todo eso me sirvió para empezar a entender que en la institución analítica también se trataba de política, de estrategia y de táctica y no solo en el campo de la clínica, tal como podría entenderlo a partir de la mención que hace Lacan en “la Dirección de la cura”.[3]

Una vez asentados en la Escuela, J.-A. Miller nos llevó poco a poco a hacer una apuesta por intentar incidir en el campo de la salud mental proponiendo un dispositivo ad-hoc que tuviera en cuenta las enseñanzas del psicoanálisis. Se trataba de los Cpct, y ahí hubo que hacer también una elección: participar o no en la experiencia y, poco después, una cesión, es decir, terminar la experiencia cuando advertimos que las condiciones de posibilidad no se daban. Mas recientemente la apuesta fue más fuerte, J.-A. Miller empieza a ver la posibilidad de hacer existir el psicoanálisis en el campo político. Lanza en un primer momento Zadig. Creo que esta propuesta se presenta aún como una vía de abordar la política sin comprometer a la Escuela.

En cualquier caso, la elección de hacer confianza un poco a ciegas a una orientación se hizo necesaria en varios momentos. Sin duda la transferencia juega un papel importante, pero ¿es lo único que permitiría consentir a los golpes de timón que se han producido de tanto en tanto en esa orientación? ¿Es posible encontrar una lógica del acto?

Me ha interesado particularmente una aclaración de J.-A. Miller a propósito de las elecciones en Francia. Hasta el 2017 las elecciones presidenciales en Francia estaban estructuradas por un imposible, la extrema derecha no podía ganar, “ahora salían de ese régimen para entrar en la contingencia y cuando se está en la estructura de la contingencia entonces cualquier cosa puede ocurrir” [4]

Estuve atenta a las elecciones del 2003, cuando Jean-Marie Le Pen llegó a la segunda vuelta de las presidenciales. Le preguntaba a Miller que qué iban a hacer los colegas en Francia. “¡Tendrían que votar irremediablemente a Chirac!”, le dije.  Pero creo que su idea en ese momento, como analista, era más bien quedarse al margen. Luego vinieron las siguientes. La hija, Marine Le Pen, empezaba a exhibir su semblante desdemonizado. En el 2013 echó a su padre del partido. A la tercera, en 2017, no solo era posible que la extrema derecha podía ganar las elecciones, sino que teniendo en cuenta la contingencia, y esto es lo que aportaría una lectura desde el psicoanálisis, podrían darse las condiciones azarosas para que ese hecho cesara de no inscribirse.  Este es el momento en el que J.-A. Miller ve la posibilidad de hacer existir el psicoanálisis en el campo político, “caminar bajo la bandera del psicoanálisis y conservar nuestra autonomía”. Ni Freud ni Lacan hicieron nada similar pero ahora él lo hace, añade, porque puede contar con la Escuela de la Causa freudiana.[5]

Entonces, se trata de un acto que se sostiene en tres pies: Primero, estar al tanto de todo discurso que pretenda silenciar al psicoanálisis; segundo, contar con el apoyo firme de una “una fuerza material”, la ECF en este caso, pues la política no es cosa de uno solo, y tercero, estar dispuestos a responder guiados por la contingencia, aunque eso suponga tener que ser heréticos con lo establecido anteriormente. A mi parecer, la articulación del psicoanálisis y la política tiene la estructura de un “trauma permanente”, como bien dice Anaëlle Lebovitz-Quenehen,[6] pues nos pone frente a una “elección forzada”. Permanentemente hay que tomar partido, sabiendo que “si no eliges se pierde todo. “

Para conluir: “Para mí, dice Miller, el respeto en política es hacia aquel cuya acción enlaza con lo real”.[7] Es decir, lo real hace acto de presencia por medio de la contingencia y la respuesta solo puede estar a la altura de este real, pues, como decía Freud, el león solo salta una vez. Sin embargo, ahora la apuesta es cómo encontrar un bien decir para que lo que tenemos para proponer en el campo político desde el discurso analítico no caiga en el silencio. 


[1] Intervención realizada en el 2º Debate sobre “Polémica política”, realizado el 30 de junio de 2021 por Zoom, organizado por la Sede de Madrid de la ELP y coordinado por Zadig.

[2] Lovaina (Bélgica)1972

[3] Lacan, J.,” La dirección de la cura…”, Escritos 2, Siglo XXI Editores, p.569

[4] Miller J.-A., Polémica Política, Editorial Gredos, Barcelona, 2021, p.434 y siguientes.

[5] Ibid, p.414

[6] Ibid, p.60

[7] Ibid, p. 293

¿Qué es Nora para para Joyce?

Por Carmen Bermúdez – Miembro de la ELP y de la AMP

A partir de la invitación a participar en la conversación sobre Polémica política, la compilación realizada por Andrés Borderías de los textos de Jacques-Alain Miller, he tomado un fragmento del seminario Punto de capitón, dictado el 24 de junio de 2017, en el que se reproduce la conversación entre Jacques-Alain Miller y Olivier Litvine, director de la Alianza Francesa de Pondichéry, que ha realizado una traducción al francés de Música de cámara, libro de poemas de James Joyce.

Miller ha leído la traducción de Litvine y le invita a esta parte del seminario destinada a hablar de varios poetas, para conversar acerca de Joyce.

Reproduzco el fragmento:

J.-A. M.: “Lo que me impactó en este poema […]  y es lo que me impulsó a pedirle que viniese, es que hay una especie de desdichado, como el título del poema de Nerval, es decir, alguien que es…

O.L: Un desconsolado solitario

JAM: Eso es “El viudo, el desconsolado…”

O. L: Y solitario.

JAM: Sí, ¡no es un viudo! No es un viudo, pero en todos los poemas de Música de cámara que ha traducido está presente la figura de la compañera, de la mujer que siempre evoca: “¡Ah! Vamos a estar juntos en el valle; todo tu seno; caminemos juntos”, etc. Pero en ningún momento aparece lo que va a surgir más tarde; es decir, Nora como el intermediario hacia la `profundidad de Irlanda. Tengo anotado un pasaje de una carta, por desgracia sin el año de referencia, donde Joyce escribió a Nora: “Llévame a las profundidades de tu alma [aquí hay Música de cámara] y me convertiré en verdad, el poeta de mi raza”. Hay allí una báscula que no está en Música de cámara, esta báscula por la que, a través de la mujer, Joyce se convierte en lo que debe ser, es decir, el poeta de la raza. En Retrato del artista adolescente dice: “Salgo […] a forjar en la fragua de mi espíritu la conciencia increada de mi raza” […] ¿Hay un momento en que la mujer se hay convertido, no voy a decir en lo que fue para Dante, por ejemplo, la mediadora hacia la verdad de la lengua, la verdad del pueblo?

O.L: Muy probablemente, y también porque es su única compañía. Nora es su única compañera”.[1]

El verso al que hacen referencia es el último del poema 21 de Música de cámara, que dice: “His love is his companion”

A partir de este fragmento del texto Polémica política, pensé en continuar un trabajo que he realizado en otros espacios de escuela, acerca de la relación entre Joyce y Nora, tomando también la correspondencia entre ambos.

La pregunta qué ha orientado mi trabajo ha sido ¿Qué es Nora para Joyce?

Tomaré algunos párrafos del Seminario 23, El sinthome, que gira en torno a Joyce.

 “¿Qué es esta relación de Joyce con Nora? Cosa curiosa, diré que es una relación sexual, aunque sostenga que no la hay. Pero es una extraña relación sexual… Para Joyce, solo hay una mujer […] No solamente es preciso que le vaya como un guante, sino también que le ajuste [serre] como un guante. Ella no sirve [sert] absolutamente para nada”.[2]

Jean Louis Gault en su artículo “La pareja síntoma de Joyce y Nora”, publicado en el número 20 de la revista Letras lacanianas, dice “La brusquedad de esta interpretación: ‘Ella no sirve absolutamente para nada’, es para echar un jarro de agua fría sobre la exaltación de los comentaristas, que quisieron ver en esta correspondencia el testimonio del papel literario que hubiera interpretado Nora en la génesis de la obra de Joyce. No es su musa, no es Beatriz. Tampoco es como Madeleine, quien supo inspirar a André Gide un amor idealizado […].[3]

Continuando con el Seminario 23, en páginas anteriores, introduciendo el uso de los nudos Lacan dice: “A falta de otros recursos opero con los nudos. […] ellos me dan cosas, y cosas que me atan […] Hay una dinámica de los nudos. No sirve para nada, pero ciñe. En fin, puede ceñir, si no servir. ¿Qué puede ceñir? Algo que se supone ajustado por estos nudos”.  Y en una nota a pie de página dice Sert (sirve) produce en francés homofonía con serre (ciñe)].[4]

Jean Louis Gault, en el artículo mencionado anteriormente plantea que Joyce encontró una mujer que se hizo cargo de él y lo agarró[5], como dice el mismo Joyce en la carta del 7 de agosto de 1909 “Ahora estoy hablando a la muchacha que amé […] que se acercó tranquilamente a mí, me tomó entre sus manos y me hizo un hombre”.[6]

Fabián Schejtman en Elaboraciones lacanianas sobre la psicosis, subraya la función que tiene para Joyce esta “Nora-guante”, haciéndolo resonar con “¡aguante Nora!”, en el sentido de ajustar, ceñir a Joyce, “lo que no es poca cosa si se tiene en cuenta que el imaginario corporal tiende a escaparse a causa del lapsus del nudo. Es decir, calzándole a Joyce como un guante a una mano, Nora tiene función de sinthome, como su ego, impide que lo imaginario se suelte, le proporciona un límite corporal preciso, ajustado”.[7]

Hay que recordar que, como afirma en páginas previas, donde hay sinthome hay relación. Concretamente se refiere el autor al comentario sobre el Seminario 23, [8] ”Lacan llega a restringir el término sinthome exclusivamente para el caso en el que la reparación se produce en el lugar mismo en que se produjo el lapsus del nudo (…) De este modo puede terminar afirmando (…) y ya aplicando estos avances a las relaciones entre los sexos, que donde hay sinthome no hay equivalencia (…) y por ello hay relación. [9]

Lacan no vacila en afirmar que aquí, en el modo en que Joyce se enguanta con Nora, “hay relación sexual”, una singular complementariedad donde no habrá lugar para los hijos: “cada vez que se presenta un mocoso es un drama, no estaba previsto en el programa”.[10]

En la carta mencionada anteriormente por Jacques-Alain Miller, escrita el 5 de septiembre de 1909, y publicada en el volumen titulado Cartas de amor a Nora Barnacle, dice Joyce a Nora: “Déjame entrar en tu alma de almas y entonces seré, de verdad, el poeta de mi raza… Acógeme en el oscuro santuario de tu matriz ¡Protégeme, querida, del mal!”. [11]

Sigue diciéndonos Lacan en El sinthome “Joyce solo se enguanta con la más viva de las repugnancias y es notable que solo con la mayor de las depreciaciones hace de Nora la mujer elegida”.[12]

Esa repugnancia remite al contenido de algunas de las cartas que comenzaron a escribirse al poco de comenzar su relación.

Unos meses después de conocerse, en 1904, se autoexilian y, salvo cortos periodos, no se separarán jamás.

Nora tenía una posición singular respecto a la obra de Joyce: no le gustaba leer sus textos o se refería a ellos de forma muy simple diciéndole que por qué no escribía libros normales para que la gente corriente pudiera entenderlos.

En la biografía de Ellmann afirma Joyce “La personalidad de Nora es tan especial que no logro que la mía pueda afectarla, está hecha completamente a prueba de mi”.[13]

Las cartas

Como decía anteriormente, Nora y Joyce establecieron una relación epistolar al poco de comenzar su relación. A veces se escribían varias cartas al día y se las mandaban por correo.

Según Ana Meyer en su artículo “Nora, una voz que hizo acto de escritura”, Joyce cortejaba a Nora con las palabras y exigía otro tanto de ella. Su deseo fue “escribirlo todo”, dejarlo registrado en la letra. Fue un escritor del enigma, de lo ilegible fijado a un acto de escritura ahí donde no hay ya un escrito.[14]

Las fantasías con preponderancia de las de adulterio, producían en él la excitación necesaria para poder escribir.

La primera está fechada el 15 de junio de 1904 y la última el 13 de junio de 1920.

Reflejan un diálogo amoroso poco común, con el objetivo de lograr satisfacción sexual e inspirarla en Nora.

Ella tiene una escritura fallida, sin puntos ni comas, que rompe con la norma.

La lectura que Joyce hace de esa escritura es reciclada en su propia escritura. A su vez Nora, al escribir sin puntos ni comas, le hace entrega de esa deficiencia lingüística que él reacomoda en su beneficio. Esto se puede ver en el monólogo de Molly Bloom.

La constante joyceana bascula entre la pasión y el odio, algo que Lacan parafraseó como: “… a letter, a litter, una carta, una basura”.

Algunas de estas cartas son auténticamente escatológicas.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Chorne, M., Una clínica de las suplencias: renovación del problema
de la transmisión en la psicosis,
Estudios Psicoanalíticos, Madrid,
1994

Ellmann, R., James Joyce, Anagrama, Barcelona, 2002

Fuentes, A., El cuerpo en la época del hombre sin atributos, Primeras
Jornadas de los Grupos de Investigación de Nucep, Curso 2004-2005.

Joyce, J., Cartas de amor a Nora Barnacle, Leviatán, Buenos Aires, 1998.

Lacan, J., Seminario 23: El sinthome, Paidos, Buenos Aires, 2006

Maddox, B., Nora, Plaza & Janés Editores, Barcelona,  2001

Meyer, A., Nora, una voz que hizo escritura, Jornadas de la
EOL sobre sexualidad.

Miller, J.A., Piezas sueltas, Paidós, Buenos Aires,  2013.

Schejtman, F., (compilador), Elaboraciones lacanianas sobre la psicosis, Grama, Buenos Aires, 2012.

Carmen Bermúdez

30 de junio de 2021


[1] Miller, J.-A., Polémica política. Textos recopilados por Andrés Borderías, RBA.Gredos, Barcelona, 2021, p. 74

[2] Lacan, J., Seminario 23: El sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2006, pp. 81-82

[3] Gault, J.L., “La pareja síntoma de Joyce y Nora”, Letras lacanianas, nº 19, Madrid, 2020, p.31

[4] Lacan, J., op. cit., p. 79

[5] Gault, J.L., op.cit., p.30

[6] Lacan, J., Cartas de amor a Nora Barnacle, Leviatán, Buenos Aires, 1998, p. 50

[7] Schejtman, F. (compilador) Elaboraciones lacanianas sobre la psicosis, Grama, Buenos Aires, 2012, p. 225.

[8] Ibíd., pp. 213-214.

[9] Ibíd., p. 214.

[10] Lacan, J., op. cit., p. 82.

[11] Joyce, J., op. cit., p. 65.

[12] Lacan, J., op.cit., p.81.

[13] Ellmann, R. James Joyce, Anagrama, Barcelona, 2002, p. 482.

[14] Meyer, A., “Nora, una voz que hizo escritura, Jornadas de la EOL sobre sexualidad.

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