
Marjorie Gutierrez
Socia de la sede de Madrid de la ELP

Coordinación: Lazo a la escuela
Siempre es una alegría coordinar una mesa para unas jornadas del cartel. Es indiscutible, que el cartel es uno de los dispositivo de trabajo propuesto por Lacan que mantiene lo vivo en la escuela. Es una forma de trabajo que produce efectos.
Vamos a continuar con el trabajo planteado en la comisión como orientación: “efectos del trabajo en cartel”. En esta oportunidad quisimos darles prioridad a los efectos, no tanto al producto como investigación epistemológica, sino a eso que se vive desde la experiencia y a los efectos en lo subjetivo. Eso que nos toca y nos permite hacer lazo, ir de la mano con esos otros 4, máximo 5 y un mas uno, para unir el trabajo sobre un tema que indudablemente genera efectos de grupo en lo individual, pero que merecen la pena compartir.
Contaremos con dos comentarios de nuestras compañeras Eloisa Garcia socia de la sede de Madrid y Luisella Rossi Miembro de la ELP y AMP. Ambas desde lugares muy particulares nos brindan como esos efectos de trabajar en un cartel producen algo que es muy genuino de la experiencia que se genera en un dispositivo como lo es el cartel.
Eloísa García Laynez
Socia de la sede de Madrid de la ELP

El cártel anuda a la escuela
Era un viernes de marzo del 2023. Acudí a la entrevista para ser socia de la sede. Aquel encuentro estuvo presidido desde el primer momento por el malentendido. Yo llegué con mi deseo en bandeja, pero eso no era suficiente. Salí de allí con el compromiso de leerme varios textos de Lacan y Miller, con una cita para un mes más tarde y con cierta incertidumbre.
Era viernes de Seminario, en la sede me encontré con las compañeras que me habían animado en mi decisión las cuales propusieron reunirnos y ayudarme con la lectura de los textos, una de ellas dijo: “Esa es la Escuela que queremos, una Escuela en la que si una de nosotras necesita ayuda ahí estamos”. Esa transferencia, ese amor por la Escuela, lo he podido escuchar más veces desde entonces.
Lunes, primera hora de la mañana, recibo una llamada “¿Seguimos adelante con el plan?”, ¿Cómo decir que no? Unos días más tarde, en plena Semana Santa y ante una bandeja de torrijas, seis mujeres nos reunimos para leer el “Acto de fundación”: “Fundo- tan solo como siempre lo estuve en mi relación con la causa psicoanalítica- la Escuela Francesa de Psicoanálisis… el filo cortante de la verdad… la reconquista…”
Un teléfono interrumpe el trabajo, una de ellas debe hablar con un paciente. En ese momento alguien dice “en realidad esto podría llegar a ser un cártel, seríamos 5+1 estudiando los textos fundamentales”. Al volver de atender a su paciente la miramos y le propusimos que fuese la más-uno. Se lo pensó un momento y a continuación agarró lápiz y papel y nos preguntó cuál sería nuestro rasgo. Este giro hizo que el grupo reunido para acompañarme en la lectura de unos textos se convirtiese en un cártel que seguiría las reglas marcadas por Lacan el 11 de marzo de 1980 en D’écolage. Primero: cuatro (cinco en este caso) que se eligen para proseguir un trabajo que debe tener su producto propio de cada uno y no colectivo. Segundo: la conjunción de los cuatro (cinco) se efectuará en torno a un más-uno que, si bien es cualquiera, debe ser alguien. A su cargo estará velar por los efectos internos de la empresa y provocar su elaboración.
Lacan propone en su “Acto de Fundación”: “Se adherirá a la Escuela presentándose a esta en un grupo de trabajo constituido tal como hemos dicho” e insistirá sobre esta en 1980. Y así, como parte de un cártel, entré como socia de la sede.
Comenzamos a reunirnos una vez al mes. Yo centré mi trabajo en rastrear el cártel en los Seminarios y Escritos de Lacan. En nuestros encuentros, seguíamos leyendo los textos fundamentales, escrutándolos, diseccionándolos, cada una desde su lugar. Son reuniones presididas por la pregunta, cada una la suya, cada una en una búsqueda que comparte con las demás.
Y entonces mi análisis se desmoronó. Sensación de desconcierto, dudas, ¿es aquí donde quiero estar? La decepción me hizo pensar en dejarlo todo, no solo el análisis sino también la tétrada, la Escuela… Ya lo había hecho antes, 25 años atrás, sabía que era capaz de hacerlo. Y ante la idea de dejarlo todo pensé: “todo menos el cártel, el cártel no lo dejo”, si no dejaba el cártel no iba a dejar de estudiar… mejor terminar la tétrada… total, si iba a seguir en la tétrada seguiría en la Escuela.
Fue el cártel, su modo de trabajar, su organización horizontal en la que creo firmemente, su manera de ir avanzando juntas y a la vez cada una desde su lugar, la curiosidad por cómo progresará y qué productos se producirán, lo que hizo que me quedase en la Escuela. Tercero: para prevenir el efecto de pegoteo, permutación debe hacerse en el término fijado de un año, dos como máximo. Así lo haremos, nuestra más-uno ya nos ha planteado una fecha próxima para terminar. Cuatro: ningún progreso se ha de esperar, salvo el de poner a cielo abierto, periódicamente, tanto los resultados como las crisis del trabajo. Los productos individuales se darán, o no, al final.
Lacan habla del “valor del grupo”, yo hablaría de los valores del grupo. Por un lado, el valor que el grupo, el cártel, aporta a la Escuela, no sólo por los productos que se puedan producir en cada uno de ellos sino por la cohesión que genera entre los cartelizantes y la Escuela.
Por otro lado, el “valor del grupo” para cada uno de los miembros que lo componen. Si vamos al Diccionario de la RAE es curioso la cantidad de acepciones que tiene la palabra “valor” y varias de ellas se podrían aplicar aquí. Valor como utilidad, el cártel como un espacio donde a uno le es posible trabajar. Valor como precio y coste, uno siempre paga un precio cuando se pone a trabajar, esa libra de carne que se pone en juego. Valor como beneficio, rendimiento provecho, todo eso se obtiene del trabajo realizado.
Y por último valentía, coraje, osadía, todo eso que es más fácil de encontrar si se está con otros que uno solo, eso que a mí me dio mi cártel para poder seguir por aquí y no salir huyendo otra vez.

Cuando redactaba esto pensé en la escuela, el cártel y mi análisis como tres nudos, no borromeos si no olímpicos, anudados entre sí. Cuando el nudo que representa mi análisis se rompe los otros dos, escuela y cártel, permanecen unidos.
Luisella Rossi
Miembro de la ELP y AMP

Acerca de mi experiencia en el cartel
He tomado algunas notas de la experiencia que hice hasta ahora en el dispositivo del cartel y de cómo poco a poco, al ir escribiendo, se fueron revelando las articulaciones de la misma, a otras como la analítica y la de habitar la Escuela.
Conocí este dispositivo que despertó mi interés, cuando ya había transcurrido un tiempo en mi relación con el psicoanálisis. En esos primeros años de mi recorrido no me había sentido concernida, era un significante que no me había tocado. Tampoco había sido mi vía de llegada al psicoanálisis, aunque sí produjo, cuestión que surgió conversando en una reunión de la comisión, la renovación de mi relación al discurso analítico que, entiendo, se debió a las elaboraciones que se fueron produciendo en esta particular modalidad de trabajo.
Fue entonces cuando una invitación recibida de una colega me dio la ocasión de incorporarme a trabajar en cartel, cuestión que acepté porque se refería a un tema procedente de la clínica que me llevaba habitualmente a demandar el control y que aparecía con frecuencia en mi análisis pues concernía también a mi historia familiar. ¿qué le pasa al cuerpo de los melancólicos? fue el rasgo que escogí para trabajar en este cartel.
La experiencia resultó diferente y desconocida. Nueva.
Lo nuevo me causó, me interesó, me despertó preguntas. No entendía al principio cómo se trabajaba. ¿Cómo funciona esto? Lo que estaba claro era que se trataba de dar otro paso en relación a tratar lo que falta en el saber, no procurando colmarlo sino dejándose orientar por ello. ¿Qué posición subjetiva en este trabajo me llevaría a otro punto de la pregunta que había dado origen a mi trabajo? ¿En qué momento se precipitaría la escritura? Descubro con sorpresa como los intentos de plasmar algo en lo escrito van teniendo efectos de elaboración.
Parecía un grupo, además nos conocíamos todos, pero la manera de trabajar era diferente, ya que entorno al mismo tema, al escoger cada uno un aspecto de su interés, el trabajo se vuelve solitario, pero con otros, hasta separarnos. Este punto de lo solitario puso en juego algo del ¿cómo hacer con esto? dando espacio a la elaboración singular, a lo más particular de cada uno en su relación con los textos y con los otros.
Recuerdo que experimenté con angustia la limitación en el tiempo de duración del cartel.
El rasgo escogido me empujó a través de los textos que había elegido, y en las reuniones algo de lo vivo se presentó, tanto en lo singular de cada rasgo, como en el efecto de sorpresa y apertura que la contingencia presente en el decir de los otros cartelizantes producía en mi propio recorrido, así como en las dificultades y los síntomas que surgieron durante esos dos años.
Recientemente, una cuestión que concernía a mi manera de estar en la Escuela irrumpe en los sueños empujando el trabajo analizante y orientándome hacia el cartel como el lugar idóneo para circular en torno a los interrogantes que esto me planteaba.
La situación de pandemia dificultó, pero no llegó a impedir la constitución de este cartel que tardó más de un año en conseguirse. No funcionaron, en aquel momento, las rúbricas a las que apelamos, no había manera. Por fin lo conseguimos cuando pudimos encontrarnos presencialmente en Las Jornadas del Cartel de nuestra Sede de Madrid que permitieron que se precipitara su conformación en torno al tema “sueños”. En esta ocasión fuimos 5 los cartelizantes.
A partir de allí, iniciamos la búsqueda de un “más uno”, y en las primeras reuniones, fue en este cartel donde pude apreciar uno de los efectos de la función del mismo en la manera como orientó a cada uno para cernir su rasgo. La conversación posibilitada por la más uno en esta reunión produjo una trabajo de elaboración que me permitiría trabajar entorno a “sueños y escritura”.
Se trató de experiencias muy diferentes, ninguna libre de síntomas de los que mencionaré la dificultad en distanciarse de los efectos de grupo como por ejemplo preguntas que surgían al salir de las reuniones cuestión que no se trabajó en el ámbito del cartel.
En el otro cartel, me sorprende e interroga el cese de las reuniones siguiendo a un comienzo entusiasta, costoso y decidido. Esto me divide. ¿Qué ha podido ocurrir? En este caso estamos pendientes de reunirnos para volcar estas cuestiones dentro del cartel.
Lo que yo destacaría es que la manera en la que me afectó lo que no ha funcionado en estos cárteles operó como causa para el trabajo en otros espacios, sobre todo, el analítico.
Por distintas vías, tanto en la función del “más uno” en el interés de saber acerca de mi relación con el dispositivo del cartel, surgido en las entrevistas que realicé por mi solicitud a la condición de miembro de la ELP, como por los efectos de formación, se puso en evidencia para mí cómo el cartel enlaza al sujeto con la Escuela.


