
Jocelyn Mendoca

Cartel, acto y enunciación
Estar en un espacio de cartel no es sin consecuencias. Mantener los encuentros, el intercambio y el trabajo es una práctica que se debe generar cada vez.
Cuando pregunté sobre qué temas podía escribir, si tenía que ser un producto específico del cartel o si tenía que ver con la experiencia misma de estar en un cartel, la respuesta fue: “sobre lo que quieras”. Así que desde ese lugar les presento este texto, desde el deseo.
“Lo que quieras” ha sido una puerta que me ha habilitado entrar en el cartel con mis inquietudes, dudas y pensamientos, poder exponerlos, no sin antes hacer cierto recorrido.
Dentro del marco del sorteo para la conformación de carteles, para mí fue casi un salto de fe comenzar sin saber con quién me iba a encontrar, si efectivamente habría un encuentro o, por el contrario, un desencuentro que llevaría a su disolución. Mentiría si dijera que no esperaba nada, pero tampoco sabía muy bien qué esperar, sólo conocía al Más Uno y a una compañera de Tétrada con la que había intercambiado algunos saludos.
Durante este camino el cartel se ha constituido como un lugar de apertura, de interrogación y de creación, pero, sobre todo, un lugar donde el trabajo sostenido entre varios da cabida a la transferencia que, a su vez, aviva y renueva el espacio.
Mi pregunta inicial ha ido variando un poco a lo largo del tiempo, mi posición respecto a ciertos elementos que se han ido elaborando también ha cambiado. Pasé de una sensación de intranquilidad que venía unida a la incomprensión de un único concepto, a una sensación de entusiasmo relacionado al enlace de ese concepto con otras cuestiones.
De modo que me encaminé hacia el tema del acto y su relación con la enunciación. ¿En qué consiste ese enigma que es la enunciación? ¿Aparece en el acto? ¿Un acto cambia el lugar de enunciación de un sujeto?
La enunciación es lo que se dice sin saber, es eso que nos permite escuchar cierta verdad del sujeto, pero que se encuentra entrelíneas. Como lugar de identificación, está hecha de significantes que conforman la estructura fantasmática del sujeto. Podríamos añadir, entonces, que el sujeto se relaciona desde lo que no sabe que dice más allá del enunciado en sí.
Asimismo, la enunciación parece ser una de las presentaciones de aquello que no podemos nombrar directamente, da cuenta de eso que no podemos decir sino sólo a través de referencias, descripciones y explicaciones en calidad de lo que lo bordea.
Respecto al acto, Lacan plantea en su seminario La lógica del fantasma que “es instauración del sujeto como tal, es decir que, de un acto verdadero, el sujeto sale diferente. Debido al corte, su estructura se modifica”[1].
En el acto el sujeto entra en la escena de una manera y sale de otra, no es el mismo, pero únicamente se puede reconocer al acto como tal en après coup, tras sus efectos.
No se trata de un cambio a voluntad, sino de algo que ocurre, ya sea un suceso, una frase o un gesto, que tiene función de corte, marcando un antes y un después sin que el sujeto se percate de ello al instante.
Un acto hace un corte en la red significante, modificando, al mismo tiempo, el tejido de la enunciación, aquello que tiene que ver con lo más singular, con lo más propio e innombrable de cada uno. Se genera un modo de articulación diferente a partir de algo que cambia la relación de ese sujeto con ciertos significantes.
Desde esta perspectiva, el cambio que se produce tras un acto también tendría que ver con un cambio en el registro de lo real del cuerpo.
Parafraseando a Óscar Ventura en su texto titulado “Enunciación”, expuesto en el nº 43 de la revista El Psicoanálisis[2], la enunciación hace lazo de manera auténtica en la medida en que el cuerpo es conmovido por un decir singular, y este decir no tiene que ver con representaciones ni sentidos, queda por fuera del sentido.
Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con el cartel? Volvamos a lo que propone Lacan sobre el cartel y sus implicaciones.
Más allá de lo que se escucha siempre, que el cartel es “el medio para ingresar a la Escuela”, considero que Lacan lo planteaba como la forma de trabajo para sostener la Escuela y para mantener la transferencia en constante circulación. Básicamente, para apuntar a lo vivo de la Escuela y de cada uno de los que la conforman.
En su intervención Cinco variaciones sobre el tema de “La elaboración provocada”, Miller nos recuerda lo siguiente: “la lógica indica que no hay producción de saber más que si el trabajador no está estorbado por el efecto subjetivo”[3].
¿Y acaso esto no puede leerse como los efectos de un acto?
En el cartel uno se hace preguntas, elabora ideas, construye lazos y lidia con los posibles momentos de crisis que puedan surgir. Se dice fácil, pero todo esto implica una apuesta constante, un paso adelante, un poner el cuerpo en escena, y esto definitivamente no es algo simple de hacer porque se trata de dejar “acantonado”[4], en palabras de Miller, el efecto subjetivo. Es decir, acuartelar, apartar el fantasma para generar una producción de saber. Por consiguiente, es una experiencia que te interpela y te convoca a un lugar distinto del que tenías cuando lo iniciaste. Y agregaría, por último, que a veces entrar en un cartel, entrar verdaderamente a un cartel, para algunos es eso; entran en él de una forma y salen de otra.
[1] Lacan, Jacques. El Seminario, libro 14, La lógica del fantasma. Buenos Aires, Paidós, 2023, p. 172.
[2] Ventura, Óscar. “Enunciación”, El Psicoanálisis, 43,Marzo 2024.
[3] Miller, Jacques-Alain, Cinco variaciones sobre el tema de “La elaboración provocada”, Diciembre 1986, https://www.wapol.org/fr/las_escuelas/TemplateArticulo.asp?intTipoPagina=4&intPublicacion=10&intEdicion=3&intIdiomaPublicacion=5&intArticulo=295&intIdiomaArticulo=1
[4] Ibíd.
Marguerite Gleeson

Efectos del trabajo en cartel
Lacan inventó la forma de trabajo del cártel y con ello lanzó a la vez una disrupción y un anudamiento.
El cártel es una forma de trabajo en la que unidas o unidos “al menos tres personas, cinco máximo, siendo cuatro el balance adecuado[1]”, por la exploración de un tema o línea de indagación, invitan a un/a “más-uno”, quien como miembro del cártel es un “agente provocador que viene con preguntas y así re-lanza las elaboraciones[2]”. Con la elección de la más-uno, el cartel está anudado.
Previo a mi entrada en contacto con la teoría psicoanalítica lacaniana, la palabra cártel tenía sólo la acepción que la propia RAE define, como una “organización ilícita vinculada al tráfico de drogas o de armas[3]”. Por ello, y para poder explicar mejor a mis seres amados porqué soy ahora miembro de un cártel, me di a la breve tarea de investigar por qué Lacan eligiría este significante tan peculiar.
Encontré la respuesta en los textos de orientación publicados en la página de nuestros colegas de la NLS, “la elección del significante cártel (la hizo Lacan) del italiano cardo, una bisagra. Esto significa que la apertura, la sorpresa y el descubrimiento se sitúan en el horizonte del cártel, permitiendo superar el “no quiero saber nada de esto” de “la pasión de la ignorancia[4]”. El cártel permite una exploración grupal y que simultáneamente a través de la la elección del rasgo, permite una exploración individual, pero quizás la sorpresa que quiero compartir aquí, es el efecto del cártel que va más allá de la riqueza teórica que se intenta explorar en él.
Yo advertiría que el cártel, como el análisis, sólo se puede entender entrando en él. Por más que la sesión informativa pueda hechar a andar la imaginación con sus lindos significantes: cártel, cartelizante, tema, rasgo, más-uno, tiempo, producto del cártel, etc., es sólo presentándose a trabajar en uno que realmente cada quien puede comenzar a conjugar para sí misma aquel nudo y convertirlo en algo que, aún misterioso para mí, funciona para ponerse a trabajar.
Y porque el propósito ha de ser ponerse a trabajar; al menos ese era el mío al unirme al cartel sobre el objeto a hace casi ya dos años. Sin embargo, aunque el camino sólo se puede hacer andando, igual quiero relatar el efecto que el cártel ya ha tenido en mí.
Primero con respecto al superyó, y segundo relacionado al producto del cártel.
El psicoanálisis Lacaniano es para mí un ejercicio aliviante porque es desafiante, disruptivo, contra-intuitivo.
Mi estructura, al menos por lo que hasta ahora parecen indicar mis años en análisis y esclarecido de una nueva manera a través de mi participación en este cártel, es la de una neurosis obsesiva. Joël Dor describe a los obsessivos como “campeones de la escalada: cuanto más difícil y complejo sea el camino, más intentarán realizar el viaje[5]”; es una buena descripción.
Toda la experiencia del cártel desafía mi preferencia natural de trabajo: no tiene una pre-estructura, no es un grupo de lectura, no hay temarios, ni entregas, no hay exámenes, no hay SsS, no hay nada qué cumplir salvo presentarse habiendo leído alguna cosa u otra e intentando contribuir. Y lo que es peor, es difícil articular o localizar la demanda del Otro para mortificarla, bueno bueno, satisfacerla.
El superyó fue introducido por Freud en El yo y el ello (1923), se volvería parte de la llamada segunda tópica, pero ya en este texto es el heredero del complejo de Edipo y “comprende las funciones de prohibición y del ideal[6]”. Lacan luego profundizará aspectos importantes del superyó que además de la relación a la Ley, destacó para nuestros propósitos de hoy la caracterización que hace en el Seminario 1 del superyó como “un carácter insensato y ciego, de pura imperatividad, y simple tiranía[7]”. Obviamente, el superyó no tardó mucho en aparecer en el cártel.
Nuestra más uno, Celeste, pronto desde las sesiones iniciales dijo algo como “bueno a ver, quizá si logramos bajar un poco el superyó se pueda trabajar”. Recordarán que al inicio de esta presentación he citado que la más uno relanza las elaboraciones y con estas intervención, que pudiera parecer que no es sobre el objeto a, pero por supuesto lo es, y así ella ha relanzado el trabajo del cártel.
Mi conclusión inicial es que si no se logra bajar el superyó la “obscena y feroz figura (…) que impone una moralidad sin-sentido, destructiva, puramente opresiva, casi siempre anti-legal[8]” como ha dicho Lacan en los Escritos, entonces no hay posibilidad de movilizar el deseo, ni posibilidad de andar un camino que no está trazado, ni posibilidad de diversión.
Segundo punto: el producto del cártel.
He dicho que el propósito de intentar unirme a un cártel era para ponerme al trabajo sobre el tema del objeto a que es un concepto que me ha fascinado desde que lo descubrí en una clase en la UBA en Buenos Aires, Argentina en un curso propedéutico de psicoanálisis Lacaniano.
¿Y cómo no fascinarse con él? Este objeto que no es un objeto, que es causa del deseo pero que el deseo circunscribe, que es un objeto que se extrae para devenir sujeto hablante, o que se carga en el bolsillo si la estructura es psicótica, y que es difícil de localizar e imposible de encarnar aunque es la posición del analista, y que dirige la cura.
El superyó surgió nuevamente al expresar mi angustia sobre el producto del cártel y nuevamente, para mí, cuando nos dimos cuenta que nos aproximamos ya al final. No lidiamos muy bien con los finales los obsesivos. Nos quedaban ya pocas reuniones de cártel y el cierre debería resultar en la producción de algo con respecto al rasgo elegido ¿no?. Pregunté ¿Qué pasaría si no se produce nada? ¡Yo creo que yo sí debería intentar escribir algo! Y nuevamente Celeste hace una intervención que tiene efecto en mí, pues me pregunta ¿deberías, o te gustaría?. Sigo maravillada con lo radicalmente distinto que es decir: debería ponerme a escribir en lugar de me gustaría escribir… La enunciación tuvo efecto.
Para cerrar quiero presentar una cita un poco más larga pero que considero que está llena de todas las pistas necesarias para animarse a entrar a un cártel. Es de Florencia F. Cortés-Shanahan en un texto que habla del cártel y sobre el más uno y la cito aquí por la riqueza de la cita, pero también para concluir con el efecto inesperado que el cártel ya ha movilizado en mí.
Cortés – Shannahan escribe:
“Este plus puede venir como un interdicto, un imperativo o una invitación, un llamado a encender una chispa de deseo, el poder discrecional de quien lo escucha decidirá. Dicho en otras palabras: cartelicémonos, reunámonos, hagamos el trabajo, enajenemos y luego separémosnos. Un cártel puede ser un camino hacia la singularidad de la que uno no quiere saber nada; puede funcionar contra la identificación precisamente al comprometerse con ella; puede ser un recordatorio de que el Uno-completamente solo no es una coartada para el autotormento solitario o la pereza. Carteliza y descubrirás que los que están en juego son aquellos con los que se puede crear un colectivo que no esté exento de alegría.[9]”
Entonces ¿deberé producir algo como resultado de este cártel del objeto a? La verdad no lo sé aún, pero sin duda ahora sé que me gustaría.
[1] [1] De la página web de la NLS: https://www.amp-nls.org/orientation-texts/ texto de Frank Rollier citando Lacan, J. “Founding Act”. La traducción es mía
[2] Íbid
[4] De la página web de la NLS: https://www.amp-nls.org/orientation-texts/ texto de Frank Rollier.
[5] Dor, Joël, The Clinical Lacan, Ed. Other Press LLC., 1999, p.121. La traducción es mía
[6] Laplanche, Pontalis, Diccionario p.420
[7] Evans, Dylan, An Introductory Dictionary of Lacanian Psychoanalysis, p.200. my translation
[8] Evans, Dylan, An Introductory Dictionary of Lacanian Psychoanalysis, p.201 my translation
[9] Cortés-Shanahan, Florencia F., The Trait and the Ones, The NLS cartels’ Newsletter, 4+one, March 2019. La traducción y las negritas e itálicas son mías.


