Manuscrito de Sigmund Freud

“No hay relación sexual” es el malestar en la cultura

Por Alejandra González Ruiz – Participante del Nucep

Sigmund Freud, fue uno de los grandes teóricos que, sin ser sociólogo ni antropólogo de profesión, mejor clarificó, a mi parecer la naturaleza de la cultura.

Centró su interés en el origen de la cultura, intentando evidenciar la evolución de la misma desde el principio de la humanidad.

En “El Malestar en la cultura” (1929) hace una digresión sobre la relación entre el amor y la cultura.

Señala que el hombre había tomado el hábito de formar familias desde antes de la prehistoria, pues empezó a ver a sus semejantes como colaboradores. Conjeturó que la fundación de la familia se enlazó con la necesidad de satisfacción genital, con un carácter permanente.

Un elemento cultural aún está ausente en la horda primordial, siendo la autoridad del padre inabordable. Fue en Tótem y Tabú (1913) donde Freud mostró el camino que propició el siguiente grado de la convivencia con las alianzas de hermanos. Tras vencer al padre, los hijos descubren que una unión puede ser más fuerte que el individuo. Luego, hubo que imponerse limitaciones para mantener el nuevo estado (Primer Derecho, los preceptos del tabú).

De ahí, la convivencia de los seres humanos tuvo un fundamento doble: la compulsión al trabajo, para mejorar su calidad de vida y el poder del amor, el varón no quería estar privado de la mujer como objeto sexual, y ella no quería separarse del hijo. Así, Eros (amor) y Ananké (necesidad) son los fundamentos de la cultura, cuyo primer resultado fue el de facilitar la vida en común (en comunidad) a mayor número de seres humanos.

En éste estado de las cosas cabría esperar que el desarrollo posterior se consumara sin perturbaciones, pero no fue así…

Antes de indagar el posible origen de las perturbaciones, Freud analiza el amor (cuyo origen es sexual), en tanto esencial en la cultura. El amor estabiliza las relaciones, aunque al precio de la coerción del fin sexual.

El amor que constituyó la familia sigue influenciando en la cultura, en su forma primitiva y como ternura de meta inhibida. En ambas formas trata de unir un mayor número de seres humanos, estableciéndose relaciones con personas por fuera del ámbito familiar. De ésta manera el amor y sus derivados (hermandad, amistad…) permite trascender los límites de la familia.

Lo que plantea Freud es que “en el curso del desarrollo el nexo del amor con la cultura pierde su univocidad. Por una parte, el amor se contrapone a los intereses de la cultura; por la otra, la cultura amenaza al amor con sensibles limitaciones”. Pero si hay tanta regulación de la pulsión sexual, se pregunta si no estará implícita en la propia función sexual la imposibilidad de satisfacción sexual.

Pensemos en una de las fórmulas de la última enseñanza de Lacan, “No hay relación sexual”, fórmula que es una universal negativa; no se refiere a las relaciones sexuales, tal como las entendemos en el lenguaje corriente, se refiere más bien al goce, a lo que se da en los sujetos sexuados.

A diferencia de los animales, en quienes existe el instinto y saben cómo y cuándo dirigirse a un semejante para realizar la cópula, no hay un programa natural en el hombre que le permita vivir la sexualidad de manera natural y armoniosa. No podemos ser como los animales porque estamos muy afectados por la palabra. No hay una combinación escrita de significantes para acceder al otro sexo; no portamos un programa genético que nos haga dirigir al otro sexo, siempre y con todos de la misma manera.

Esta ausencia de programación sexual, hace que en lo real humano haya un agujero. El agujero es una función: el lenguaje captura lo real a partir del agujero. Dice Miller: “la sexualidad agujerea lo real… Si algo falla en la sexualidad, es para cada uno, o incluso nadie sabe bien de ella, es decir, un universal del fracaso”.

Lacan extrae éste aforismo de la práctica analítica freudiana y de sus resultados, de las conclusiones de Freud sobre el inconsciente y la sexualidad.

La no relación sexual tiene que ver con el hecho de que la pulsión no es en relación al Otro, a diferencia del deseo. Los síntomas tienen un sentido sexual, pero se refieren al sexo como ausente, como imposible de verbalizar y de cifrar.

Encontramos diferentes nominaciones según las épocas: varón, mujer, madre, poliamoroso, amante, gay, heterosexual, trans y un largo etc… como intentos (fallidos) de capturar la relación conflictiva que la sexualidad representa para los seres hablantes.

“No hay relación sexual” aforismo que queda del lado de un enigma, que da lugar a la invención de cada sujeto. No hay un significante para la relación sexual en el inconsciente. A título de suplencia de la relación sexual que no existe, el inconsciente permite la relación de amor entre dos sujetos.

Como remarcó Lacan: hay algo de imposible en las relaciones entre hombres y mujeres que tiene que ver con su manera de gozar y con su sexualidad. Ante eso el amor es una suplencia, una construcción que tiene que ver con la cultura, con la palabra, con el lenguaje.

Retomo el apartado.

De parte de la cultura, igual tendencia a limitar la vida sexual que la de ampliar su círculo. Se parte del totemismo que prohibió la elección incestuosa de objeto. Por medio del tabú, de la ley y de las costumbres, se establecen nuevas limitaciones que afectan tanto a los varones como a las mujeres.

No todas las culturas progresan igual, ni las prohibiciones rigen en todas las culturas de la misma manera. La prohibición del incesto, norma cultural que separa naturaleza y cultura es la única Norma Cultural (con su variabilidad) y Universal (no todas las relaciones están aceptadas), que regula el goce como tantas otras normas culturales.

Freud planteó la imposibilidad de la cultura para contener lo pulsional. La cultura no es suficiente para contener la dimensión del Goce, el cual produce la imposibilidad de alcanzar el estado de felicidad.

El sujeto se encuentra dividido en dos movimientos: el impulso a gozar y la ley que se lo prohíbe. Movimiento que obstaculiza todo el tiempo la felicidad.

Por otro lado, no hay ninguna clase de cultura que pueda sostenerse sin restricciones.

En un texto anterior, “Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa (1912) “Freud intenta dar otras respuestas a la relación entre sexualidad y cultura donde conjetura “que la insatisfacción cultural sería la necesaria consecuencia de ciertas particularidades que la pulsión sexual ha cobrado bajo la presión de la cultura. Ahora bien, esa misma ineptitud de la pulsión sexual para procurar una satisfacción plena tan pronto es sometida a los primeros reclamos de la cultura pasa a ser la fuente de los más grandiosos logros culturales, que son llevados a cabo por medio de una sublimación cada vez más vasta de sus componentes pulsionales.”

  • Sigmund Freud,1929. “El Malestar en la cultura”. Amorrortu editores.
  • Mercedes de Francisco, 2012. “Un nuevo amor”. Grama Ediciones.
  • Miller, Jacques-Alain, 2004. “La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica”. Paidós
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