Silvia Nieto, Mercedes de Francisco y Luisella Rossi

El amor en femenino: Un amor anudado a lo imposible.

Reseña del Segundo encuentro de Las Noches de la Escuela, hacia la Gran Conversación Virtual de la AMP 2022.

Por Paula Fuentes – Socia de la Sede de Madrid de la ELP.

El pasado 15 de marzo, tuvo lugar en la Sede de Madrid de la Escuela Lacaneana de Psicoanálisis, de forma presencial y telemática, el segundo encuentro cuyo eje parte de “La mujer no existe”, dirigido hacia la Gran Conversación de la AMP que se celebró los días 31 de marzo, 1, 2 y 3 de abril. Luisella Rossi coordinó la mesa en la que intervinieron Mercedes de Francisco, psicoanalista, docente del Nucep y miembro de la ELP y la AMP, y Silvia Nieto, psicoanalista y miembro de la ELP y la AMP.

Mercedes de Francisco parte del planteamiento de Lacan del Seminario 20, donde introduce el goce femenino para tratar la cuestión de la mujer y de la lógica del No-todo, cuestionándose que sólo sea el goce fálico el que regule la sexuación. Se incluirá aquí la cuestión fálica de otra manera, el goce femenino será deslocalizado, y se toma a los místicos como ejemplo para la escritura y su relación con este goce femenino. Lacan ofrece un nuevo estatuto del amor, un paradigma que no se sostenga solo en el fantasma y que se integre en el registro de lo real, de lo imposible de nombrar, de escribir, etc. Para poner el real en su justo lugar y para ir hasta el nuevo amor se sostiene en el lado mujer, en La mujer no existe, que, aunque participe del goce fálico, posibilita la separación de un amor narcisista y da lugar a la posibilidad de amar la diferencia. Esto deberá ir de la mano de la poesía y tendrá que estar en juego algo del decir que no solo responda al anudamiento entre lo real y lo imaginario. Mercedes nombra poemas y autoras místicas como buenos ejemplos de figuras que muestran esta cuestión del imposible y de lo real, como oxímoron, y que también muestran el vacío allí donde hay palabras. Lacan habla de lo hetero, lo Otro, anudado con lo femenino, y aunque el amor no es cuestión de sexos, el tema del amor está del lado femenino, estando por tanto en juego este significante que falta en el Otro. Hay un vacío y un silencio en las palabras.

Se tratará pues del psicoanálisis como una experiencia, similar a la de los místicos, fuera de la idea de psicoterapia y lejos de ser un tratamiento, separándose de la cuestión del sentido y tocando lo imposible, intentando que lo real no quede de lado, separándose de la topología esférica. El discurso analítico trata de descentrar, aunque no será fácil que esto ocurra. Los analistas también pueden caer en tratar de llevar la experiencia analítica como algo convenientemente útil, pero ahí habremos de tener cuidado ya que hay peligro de abandonar la idea radical de la experiencia.

En el texto Hablo a las paredes Lacan dice que el capitalismo desecha las cuestiones del amor, surgiendo ahí entonces el discurso psicoanalítico. Diremos pues que “… los analistas no deben sentir vergüenza en hablar del amor”, como dice Freud en su texto Por qué la guerra. Y prosigue con una idea fundamental y radical: “… a la cuestión del mal no hay respuesta en el bien, sino en el amor… En la fraternidad está asegurado el rebote del odio…”, Freud lo dice y después lo retomará Lacan.

Silvia Nieto, parte de una entrevista a Miller donde dice que “solo se puede amar verdaderamente desde una posición femenina”. El enigma y el rechazo de la feminidad han estado desde siempre y se ve la gran dificultad de los sujetos para consentir a algo del orden de lo femenino. Hace un recorrido por los caminos del amor, ya que mientras está instituido en el fantasma estamos en la lógica fálica, la creencia de colmar al Otro, se cree en la completud del Otro. En la clínica vemos ese ceder ilimitado de algunas mujeres, con una demanda ilimitada instituida en el fantasma, pero que en un momento dado hay algo que cesa al atravesar el fantasma, la caída del Otro, se pone un límite a esa completud que es imposible y entonces surge la cuestión del goce deslocalizado, el goce femenino. Se dan ejemplos de la renuncia por amor y del sentirse vivas en algunas mujeres y surge la pregunta de “¿Cómo se puede entonces seguir amando sin estar constreñidas en el fantasma?”.

La manera de amar más real será salirse del fantasma, lo fálico se aleja un poco y así será más fácil llegar a lo femenino, menos tranquilo, pero mas liberador. El fantasma, por tanto, procura unas coordenadas para funcionar durante un tiempo, pero a partir de algún momento deja de funcionar y entonces habrá que buscar la manera de hacerse un lugar en el deseo del Otro evitando la demanda ilimitada de amor. La caída del Otro y el atravesamiento del fantasma, dejarán paso al sinthome sin arrasar lo más intimo de cada una. Lo que emergerá será lo que hay, un agujero, eso que en el cuerpo acontece y los disfraces. Quedará por tanto la invención de un nuevo amor. Será el amor en femenino la transgresión de la ley del padre.

Desde la sala Constanza Meyer sugiere la existencia del oximorón en la cuestión del fantasma y el sinthome, que muestra que no hay relación, al igual que en las fórmulas, hay algo que nunca habrá, no es binarismo, no hay complementariedad. ¿Dónde irá a parar el goce si es un goce que no desaparece?, quizá hacia un modo de funcionamiento del sinthome, que sí que sirva para poner límite y posicionarse de otra forma. Miller dice que “el amor es necesario para ver cómo nos situamos, pero luego el semblante es el que puede aportar algo para que se pueda hacer otra cosa”. Habrá que inventarse un nuevo amor. No se puede mirar a lo real sin un disfraz, no se puede mirar al sol de frente, hay que inventarse alguna manera de hacerse cargo.

La intervención tendrá que ir en contra de lo fantasmático y a favor de lo poético, donde la palabra no alcanza. En estos tiempos de guerra, donde prima el vejar al otro, el ataque, el poder y la pura pulsión de muerte, la única solución será el amor.

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