
Joaquín Caretti
Miembro de la ELP y AMP
La locura del sentido
Para lo que quiero decir hoy voy a tomar la última parte del seminario de Jacques-Alain Miller “Todo el mundo es loco” de 2007/2008.[1] Más concretamente desde la página 309 a la 343. En este seminario desarrollará gran parte de lo que más tarde va a tomar en el texto de orientación para el próximo congreso mundial -que es una conferencia de 2022- y que también incluiré en el breve texto de hoy.
Nos ocupa la frase “Todo el mundo es loco, es decir, delirante”. Tanto nos ocupa que hemos organizado un congreso mundial sobre la misma. Jacques-Alain Miller reconoce su responsabilidad en haber hecho una montaña de este grano de arena, aparecido el 10 de octubre de 1978. También de haberla transformado en un eslogan. Es una frase que figura en un breve escrito que Jacques-Alain Miller le pidió a Lacan para apoyar al Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VIII cuando todavía estaba en Vincennes en la periferia de París. Considera esta frase como un condensado de la ultimísima enseñanza de Lacan emitida desde el lugar de Freud. La toma como la última brújula lacaniana. De ahí la importancia que ha adquirido para el psicoanálisis ya que -de forma muy condensada, efectivamente- muestra el cambio de estatuto de la Metáfora Paterna y el Nombre del Padre que eran un parteaguas muy preciso en la relación neurosis/psicosis. Señala, a su vez, el más allá del Edipo como el modo de abordar la sexualidad femenina tal como Lacan lo estableció en las fórmulas de la sexuación y su no-todo fálico. Es una frase que nos adentra en el más allá del sentido, en el más allá del orden simbólico.
Esta última brújula nos dirige entonces hacia un lugar distinto al que nos llevaba la ruta romana, la vía del Edipo, que planteaba una división tajante entre dos mundos. En esta última brújula “todo el mundo” (“si es lícita esta expresión”) está incluido, nadie se queda fuera: todos deliramos, nadie se salva. Es una frase que no se acoge al orden paterno donde lo que destacaría sería la producción de un sentido no delirante en oposición a los que, dada su psicosis, deliran.
El escrito sobre Vincennes empieza señalando que hay cuatro discursos donde cada uno se toma por la verdad, pero para señalar inmediatamente que el discurso analítico es una excepción. ¿Y por qué es una excepción? Porque, al contrario que los otros tres, no tiene una aspiración a la universalidad ni, consecuentemente, un afán de dominio porque no enseña nada. Sabemos que el discurso analítico no se rige por la lógica del para todos -donde un S1 domina el lazo social y organiza un mundo- y, a su vez, considera a la verdad como algo variable, de ahí el neologismo lacaniano de varité (traducido como varidad) para referirse a la verdadque juega con las palabras francesas vérité y variété. Por lo tanto, ningún afán de dominio en el discurso analítico. Esto hizo pensar que podría ser interesante que los políticos se analizaran con el fin de que surgiera un nuevo estilo de significante amo, pero calibrada esta idea, se ve que, en realidad, esto sería una manera de poner el psicoanálisis al servicio del discurso del amo lo cual terminaría jugando a favor de un sistema de dominación. Es más atrayente la idea de que el discurso analítico se haga presente en lo social y se infiltre por los intersticios de la subjetividad.
Hay que reparar en que Lacan en el texto de presentación, antes de afirmar que todo el mundo es loco, dice que nada es “más que sueño.” Ya había afirmado anteriormente que nos despertamos para seguir soñando; que se sueña todo el tiempo y que, por lo tanto, no se puede separar entre sueño y no sueño. También jerarquiza que es en el sueño donde nos encontramos lo real bajo la forma de una pesadilla. Y que despertamos para salir de la misma y seguir soñando en la realidad y olvidar. Aquí tenemos una orientación para pensar la expresión “todos locos” con la que sigue en el texto. Podríamos escribirla: “todos locos, todos soñando”.
El analista estaría un poco alejado de este soñar todo el tiempo pues soñaría menos cuando está despierto. Y afirma que el analista sueña menos porque no toma todas las contingencias bajo el régimen de la repetición. ¿Qué quiere decir tomar las contingencias bajo el régimen de la repetición? Que el sujeto ante las contingencias de la vida, es decir, lo inesperado, lo nuevo, las transforma en una repetición y con ello construye un destino marcado por su síntoma. Jacques-Alain Miller se pregunta en el texto de orientación si es posible distinguir el sueño, como un fenómeno universal, y la locura, que solo alcanza a algunos. Y se responde diciendo que el sentido común querría que esta distinción se hiciera. Pero afirma que lo propio del psicoanálisis es no ver entre el sueño y la locura nada más que diferencias de cualidad y no de naturaleza. Son fenómenos que van en continuidad, lo cual se opone a los guardianes de la diferencia entre lo normal y lo patológico. Esta idea ya está en Freud en la Interpretación de los sueños donde escribe que “desde muy temprano se atendió al parentesco íntimo entre sueño y perturbación mental, que se exterioriza en la gran concordancia entre las manifestaciones de ambos”[2] El soñar es estar encerrado en la particularidad de su síntoma y esto hace que la idea de un mundo común sea imposible. Todo el mundo está en su mundo. Esto se ve en la neurosis, tal como lo afirma Aurélie Pfauwadel: “El sujeto neurótico delira según la lógica uniformadora del para todo x, lo que constituye una defensa contra el agujero de lo femenino y el heteros del goce femenino. Por la mediación del fantasma hace consistir el universal del Padre, del falo y de todas las mujeres.” [3] Así mismo, que el analista se dirigirá a atravesar esas ficciones universalizantes que el inconsciente segrega buscando la singularidad del modo de gozar.[4]
Esta locura universal es un delirio que empieza con la producción de un saber. El esquema que se aplica en el delirio en la psicosis -donde se produce un momento de perplejidad, un fenómeno elemental, que convoca al Nombre del Padre y que al faltar produce un delirio que es un saber- se aplica también a todo ser humano.
Así, agregar un S2 a un significante S que está solo lo convierte en un S1. El efecto de significación que se produce al agregar un S2 es equivalente a un delirio que funciona como un biombo ante lo real.
S1_ → S2
s ≡ delirio (Efecto de significación equivalente a delirio)
Jacques-Alain Miller afirma en su conferencia “La invención del delirio” que “(…) todo saber es delirio y el delirio es un saber”[5]. Es decir, que todo el mundo tiene que hacer con la perplejidad. La diferencia es que el neurótico tiene a mano al S2 del saber que le permite responder sin dilación y evitar la perplejidad. En la misma conferencia nos recuerda que Lacan aconseja a los analistas ser un poco más psicóticos, un poco más perplejos, a leer las cosas sin entenderlas, a no salir corriendo con nuestro S2 que da sentido, nuestro saber apoyado en nuestro fantasma para descifrar rápidamente el texto del analizante.[6]
Por lo tanto, el sentido es un delirio. El sentido, el saber, el delirio, es el velo que lo simbólico crea para defenderse de lo real, del inconsciente real, de lo que presentándose como goce no se deja atrapar por el sentido, de lo que Lacan llamó troumatisme, neologismo que une la idea de trauma con la de agujero, un agujero en el saber que se produce por el encuentro del cuerpo con lalangue y que tiene como consecuencia la producción de un síntoma. El “Todo el mundo es loco” señala la existencia de un delirio universal del sentido, que consiste en dotar de sentido a todo, incluso a la vida, tal como lo hace la religión. Se trataría, entonces, mediante la experiencia analítica, de ir más allá del sentido/delirio con el que construimos nuestras vidas para acercarnos a la singularidad de un goce que sólo puede ser abordado absteniéndose de agregarle un S2. No se puede modificar el goce por medio del sentido lo cual hace presente la necesidad de prescindir del Padre. La tarea es encontrar la letra de ese goce y saber hacer con ella, con el síntoma, cuestión muy diferente a explicarla o adornarla de sentido. Obviamente, los analistas podrán dirigir las curas si ellos, a su vez, se han despojado de la idea de Dios y de la devoción por el sentido.
[1] Miller, Jacques-Alain. Todo el mundo es loco. Paidós, Buenos Aires, 2015.
[2] Freud, Sigmund. La interpretación de los sueños. Obras Completas, Vol. 4. Amorrortu, Buenos Aires, 1979, pág. 111.
[3] Pfauwadel, Aurélie. Suplir el defecto en el universo. Scilicet. Todo el mundo es loco. Grama, Buenos Aires, 2023, pág. 93.
[4] Idem.
[5] Miller, Jacques-Alain. El saber delirante. Paidós, Buenos Aires, 2005, pág. 94.
[6] Ibidem, pág. 96.

Alejandro Tolosa
Socio de la sede de Madrid de la ELP
El parlêtre y el sueño de la realidad.
Buenas noches, quiero agradecer a la comisión responsable de las noches de la escuela por invitarme a este espacio preparatorio al próximo congreso de la AMP.
Es una invitación que me ha venido muy bien ya que estoy trabajando el tema en un Cártel titulado, “todo loco es un mundo” en el que participan Eva de la Fuente, Irina Schaller, Laura Colombo y Miriam Chorne como +1.
Así que bueno, tomaré como referencia los dos estupendos textos de Jacques-Alain Miller y Gil Caroz y luego aterrizaré el tema sobre una de las cuestiones que he trabajado en el cártel.
Todo el mundo es loco es una frase que Miller extrae de un texto breve de Lacan que hizo en defensa del departamento de psicoanálisis de Vincennes que pertenece a Paris 8. El texto se encuentra fácilmente en Internet publicado en Ornicar? (1) y se titula: ¡Lacan por Vincennes! 1978/10/22.
Un texto breve pero como es costumbre en Lacan, condensa temas cruciales para el parlêtre y para el psicoanálisis.
Me gustaría compartir con vosotros los primeros dos párrafos este texto: “Hay cuatro discursos. Cada uno se toma por la verdad. Solo el discurso analítico hace excepción. (…) excluye la dominación, dicho de otro modo, no enseña nada. No tiene nada de universal: por lo cual no es materia de enseñanza.
¿Cómo hacer para enseñar lo que no se enseña? He ahí aquello en lo cual Freud se abrió camino. Él consideró que nada es más que sueño y que todo el mundo, (si se puede decir con una expresión así), todo el mundo es loco, es decir delirante.”.
Es esta la frase que Miller extrae y la eleva a la dignidad del aforismo. Tanto es así que hace todo un curso para desplegar sus efectos.
De lo anterior me gustaría trabajar tres puntos: realidad, sueño/desmentida y lo real.
Freud descubrió que no existía una normalidad, como podemos ver en la carta que responde a una madre preocupada por la supuesta homosexualidad de su hijo y a la que Freud le dice que lo único que puede hacer un psicoanálisis por él es tratar sus síntomas neuróticos en el caso de que los tuviese y que éste fuese infeliz (2). Para Freud el mundo era neurótico, y esa neurosis se erige sobre una infancia polimorfoperversa donde la pulsión, la libido y los objetos marcarán el mapa de lo inconsciente.
Esto es muy importante porque para el psicoanálisis freudiano el gran lío se enmarca en la pugna entre las pulsiones sexuales y la represión. Un precio a pagar por estar en la cultura.
Para Lacan, el lío mas allá de las pulsiones –que también-, se libra contra lo real.
El texto de Gil Caroz, siguiendo a Lacan, (el grado cero de la locura) es muy claro en esto al traer, que el ser hablante, por estar atravesado por el lenguaje, estará siempre en relación con un Otro de lo simbólico. Y este Otro, a pesar de no existir como tal, le sirve de apoyo en tanto que “puede resguardar al sujeto de lo que hay de insoportable en lo real” (3).
Hablar Descosifica
O sea que vuelve inexistente la cosa, al tiempo que le procura un ser a los sujetos. El ser hablante, el serdiciente, el parléser, como sea que traduzcamos al Parlêtre del francés, ingresa a la cultura, o al lazo social, a condición de moverse con un código que le viene del Otro y del que se sirve de la manera que puede.
El Otro de lo simbólico es un lugar vacío, lugar donde el código es solamente la combinatoria entre significantes que remiten a otros significantes, agujereando lo real y dejándolo fuera. “La palabra es la muerte de la cosa” y es por esto que sirve como defensa frente a lo real. Es necesario que haya extracción del objeto a para que el sujeto ex-sista en su decir, y que el agujero de esa extracción haga posible que se pueda hablar de lo que no existe. Por ejemplo: No hay un sentido per se de la existencia, por medio del sentido no se puede llegar al cuestión última de la existencia porque la palabra y la cosa no tienen relación.
El ser hablante se defiende frente a lo real del no hay. No hay sentido ultimo de la existencia, no hay relación sexual, y no hay un cuerpo que no sea una construcción mediada por significantes. O sea, un cuerpo que a cada rato “levanta campamento” (4).
La realidad, podríamos decir, se funda sobre la desmentida de estos tres no hay.

El parlêtre recurre a su fantasma para hablar de lo que no hay, o dicho de otro modo, hablar de lo que no hay para velar este real. ¿De qué manera? Pues haciendo de cuenta que sí hay: tenemos el mito de la media naranja, por ejemplo, técnicas avanzadas en conquistas y en como ligar o ser mejores amantes, por otro lado, moldear el cuerpo a través de la vida fitness o las cirugías para estar acorde a la estética preponderante de la época, o las diferentes religiones o filosofías de vida que prometen a los sujetos el poder librarse de la compulsión a la repetición, vaciarlos de goce y llevarlos al nirvana.
Por supuesto hay muchos youtubers o instagramers, o influencers que están al alcance de un click para instruirnos más al respecto.
Y no es que esté mal todo esto, no hacemos juicios morales, la cuestión es que lo delirante es pensar que hay un deber ser de las cosas, que existe un libreto de sentido al que se debería acceder para poder llegar a la plenitud y reparar lo que no anda.
Miller en su texto “Ironía”, citado por Caroz (5), dice: “El neurótico está loco porque hace existir al Otro situando allí al objeto a como consistencia lógica de su fantasma, pero también como objeto perdido que causa su deseo”.
La realidad entonces es una elucubración de saber (siempre supuesto), que al tener la función del velo fantasmático, está en íntima relación con el sueño y el delirio.
Por supuesto todo lo anterior está hecho para los neuróticos, que al poder servirse del fantasma y de los discursos, se ubica más fácilmente dentro de la cadena significante, y sirviéndose del falo para quedar mejor o peor parado.
Por otra parte, el psicótico está fuera del discurso y es por esto que está abocado a la invención. El esquizofrénico a la invención de un discurso que le permita incorporar y hacer uso de un cuerpo y de sus órganos, el paranoico inventar una relación al Otro, y el melancólico, dirá Miller en la invención psicótica, llora sobre lo que para él es la imposibilidad de la invención (6).
El delirio psicótico no es el delirio neurótico, aunque están hechos con la misma materia prima y tienen la misma función.
Por otra parte, volviendo al texto de Caroz, me pareció interesante como relaciona el globo terráqueo del cartel del próximo congreso de la AMP, con el ideal, esférico, que hace el sujeto de su propio cuerpo, y de su propio yo(7).
Desde Freud sabemos que el cuerpo del infante está fragmentado y que sólo encuentra la sensación de unidad cuando puede sostenerlo desde el ritmo del placer como podemos ver en el chupeteo (Este es el Yo placer purificado de Freud). Lacan enmarca lo anterior como el primer tiempo del estadio del espejo, en el segundo tiempo vendrá la imagen unificada del cuerpo que viene dada por Otro que ve, que sostiene y que nombra.
Es fuerte esto último, ¡el sujeto organiza su propio cuerpo fuera de sí!, haciéndolo a través de la mediación de un Otro.
Es por esto que Lacan dirá que el sujeto ex–siste, que “es la posición de estar fuera pero quedando ligado”(8). Caroz a los dos tiempos del estadio del espejo los nombra como los dos tiempos de la construcción de un delirio. Miller tiene un texto muy interesante que se llama la invención del delirio donde trabaja muy bien al delirio como deliryo: “un discurso articulado que puede ser considerado una acentuación de lo que cada cual lleva en sí”(9). –Deliryo viene genial aquí entendiendo que el cuerpo queda del lado de lo imaginario en la construcción del yo–.
Bien, si la realidad y el delirio son una elucubración de saber, me voy a permitir decir que la realidad es una locomotora, una conjunción de decires. Sólo existe cuando se dice, se escribe, se canta, se recita, pero todos los seres que están frente a ella tienen la función de interpretarla. La juntura entre la hiancia del s1 con el s2 es del todo singular y se produce siempre dentro del marco fantasmático de cada uno.
La realidad se construye con significantes y se soporta en discursos que en cierta forma vehiculizan el tiempo de la época. La cuestión es que la locomotora va cada vez más rápido. Podemos pensar que antes habían relatos, versos que funcionaban muy bien como por ejemplo el sueño americano o la revolución por otro lado, versos que apuntaban a un horizonte y portaban una promesa que estabilizaba la realidad. Por otra parte, en el presente, ese universo parece que se hubiese ido evaporando. Podemos ver una dificultad seria en hacer relatos que vehiculicen una esperanza y porten una promesa, es más fácil imaginar o pensar el fin del mundo o un futuro distópico a corto plazo que pensar en la supervivencia de los seres dentro de 50 o 100 años. Y no creo que sea coincidencia la aparición del multiverso que podemos ver en todas las ficciones, películas de superhéroes, redes sociales, etc. El multiverso como una multiplicidad, una repetición homogeneizante donde cualquier combinatoria es posible. Como el adorado eslogan de esta era: “nada es imposible” que sería casi lo mismo que “todo el mundo está loco”.
Miller trajo en Pipol 11 un texto llamado el padre convertido en vapor, que me pareció un movimiento muy fiel a lo que en la época se precipita paulatinamente y que Lacan llamó como la caída del nombre del padre. En el texto habló sobre que la particularidad de esta época es que el discurso capitalista ha puesto al dinero en el lugar del padre, y este es un lugar que debe permanecer vacío.
Los síntomas de lo anterior me parece que los conocemos ampliamente.
Uno de ellos lo llamaría: el paso del universo al multiverso.
Bien, para ir terminando, el ser hablante necesita de los discursos para hacer posible su ex–sistencia. En el lenguaje está el delirio pero ya vimos que es un anudamiento necesario. Sin discurso no hay sentido, de la misma forma que sin el sueño/desmentida no hay realidad.
Volviendo al texto de Miller de la presentación de congreso AMP 2024, encontraremos que Miller trae de Freud la instauración del principio de realidad, y dirá que éste no es más que una estrategia al servicio de que siga reinando el principio del placer; “el inconsciente no conoce la prueba de realidad”(10). Al contrario de lo que puede pensar el amplio espectro de las psicoterapias que trabajan “aliándose” con la parte sana del paciente, en el psicoanálisis, al menos en el lacaniano, estamos advertidos de que las inercias del goce no se pueden negativizar, y que el sujeto teje su realidad observándola y negándola al mismo tiempo, utilizando al goce como una estrategia para vivir un eterno letargo.
El “Nada es más que sueño” lo encontramos también en el reverso del psicoanálisis, Lacan observa lo enigmático del deseo de dormir que Freud anuncia en el mecanismo del sueño. Cito: “El deseo de dormir es, en efecto, el mayor enigma”, dice Lacan, y se da cuenta que Freud no sitúa la necesidad de dormir como lo que determina la operación del sueño; sino más bien el deseo de dormir. Continua Lacan: “es curioso que [Freud] complete esta indicación con esta otra, que un sueño te despierta justo en el momento en que podría soltar la verdad, de manera que nos despertamos sólo para seguir soñando – soñando en lo real, o, para ser más exacto, en la realidad”(11).
Los discursos tienen una relación con la verdad que los vuelven mentirosos, en cuanto se erigen como dominantes y en posesión de la verdad, caen estrepitosamente en la ficción y el delirio. Esta es la gran diferencia con el discurso analítico ya que este está advertido de que lo real pone límite a la producción de sentidos y que la verdad sólo puede medio decirse. Esto vuelve al psicoanálisis una práctica del despertar, siempre a medias, por supuesto.
Bibliografía
1. Lacan,J., “Lacan por Vincennes”, Lacaniana 11, Grama Buenos Aires, octubre
2011, p.11.
2. Presentación autobiográfica (1925) Freud 9 de abril de 1935.
3-5-7. Caroz, Gil. El grado cero de la locura.
4. Lacan,J., Seminario 23.
6-8. Miller, J-A. La invención psicótica. Cuadernos de psicoanálisis 30, Ediciones
Eolia.
9. Miller, J-A. La invención del delirio. El saber delirante, Ediciones
Paidós.
10. Miller, J-A. Presentación del congreso de la AMP 2024.
11. Lacan,J., Seminario 17: El reverso del psicoanálisis, clase 21/1/1970


