Noches del Pase. El fin de un análisis: acto y transmisión

De izquierda a derecha: Celeste Stecco y Joaquín Caretti

El pasado octubre dio inicio un nuevo espacio titulado “Noches del Pase”, el cual ha estado dedicado a trabajar el tema del acto al final del análisis de la mano de colegas que han atravesado la experiencia del dispositivo del pase.

Han sido encuentros marcados por la vitalidad del intercambio, tanto de los invitados que han presentado como por aquellos que han querido participar de la conversación, generando posiciones muy variadas y, se podría decir, hasta opuestas entre sí, abriendo preguntas acerca de nuestra práctica, tanto a nivel epistemológico como a nivel clínico y ético.

Primero escuchamos a Joaquín Caretti acompañado por Celeste Stecco y Luis Segui, con el tema “La satisfacción que marca el fin del análisis”, y luego expuso Angélica Marchesini, de la mano de Carmen Cuñat y Andrés Borderías, con el título “Tiempo de salida”. Aunque es cierto que podemos segmentar ambas presentaciones y extraer elementos importantes de cada una, es claro que ambas gravitan entorno a un eje central y que muchas de las cuestiones que se abordaron se entrelazan. De modo que haré un recorrido por algunos puntos que, a mi parecer, son destacables, y por distintas impresiones o reflexiones que suscitaron y dieron pie al debate.

Si bien en el fin del análisis no se trata de la verdad, pues ésta es mentirosa respecto a lo real (no puede decir lo real del goce), es necesario que el sujeto haga una elaboración de su historia y de su síntoma, hystorizar, para que puedan caer ciertas identificaciones, modos de vivir y modos de gozar que, en un principio, le llevó a consultar. Una vez que se dan vueltas por las historietas y se lleva al límite la simbolización de lo real, podríamos decir que se pasa del sentido al goce, y así, después de un extenso recorrido, finalmente surge una satisfacción alcanzada a consecuencia de cierta decantación, experimentándose, además, un alivio sin igual. 

Sin embargo, hay un punto en cada uno que es incurable, que está desde el principio y nos acompañará toda la vida, es lo que Lacan denomina como acontecimiento de cuerpo: el sinthome. Es un goce que no desaparece, es lo más singular en cada uno, marcas significantes que estamparon huellas de goce en el cuerpo y que pone el foco en lo que goza allí. 

Si es algo que no puede eliminarse, ¿qué ocurre en un análisis con esas huellas?

Se trataría, entonces, de una mutación, de un cambio hacia un goce posible que no genere sufrimiento. Con el sinthome se hace un uso lógico del resto sintomático, ese síntoma que era un estorbo en el modo de funcionamiento del cuerpo y en el vínculo con los otros se pone al servicio de otra cosa. Hay, me parece, algo del orden de la utilidad. El goce es eso que no sirve para nada, pero cuando muta, cuando hay una modificación en la economía del goce, por un lado, se genera un alivio, una satisfacción, y por otro, una nueva forma de estar en el mundo usando ese resto sintomático de un modo más “útil” y/o funcional.

El pasado octubre dio inicio un nuevo espacio titulado “Noches del Pase”, el cual ha estado dedicado a trabajar el tema del acto al final del análisis de la mano de colegas que han atravesado la experiencia del dispositivo del pase.

Han sido encuentros marcados por la vitalidad del intercambio, tanto de los invitados que han presentado como por aquellos que han querido participar de la conversación, generando posiciones muy variadas y, se podría decir, hasta opuestas entre sí, abriendo preguntas acerca de nuestra práctica, tanto a nivel epistemológico como a nivel clínico y ético.

Primero escuchamos a Joaquín Caretti acompañado por Celeste Stecco y Luis Segui, con el tema “La satisfacción que marca el fin del análisis”, y luego expuso Angélica Marchesini, de la mano de Carmen Cuñat y Andrés Borderías, con el título “Tiempo de salida”. Aunque es cierto que podemos segmentar ambas presentaciones y extraer elementos importantes de cada una, es claro que ambas gravitan entorno a un eje central y que muchas de las cuestiones que se abordaron se entrelazan. De modo que haré un recorrido por algunos puntos que, a mi parecer, son destacables, y por distintas impresiones o reflexiones que suscitaron y dieron pie al debate.

Si bien en el fin del análisis no se trata de la verdad, pues ésta es mentirosa respecto a lo real (no puede decir lo real del goce), es necesario que el sujeto haga una elaboración de su historia y de su síntoma, hystorizar, para que puedan caer ciertas identificaciones, modos de vivir y modos de gozar que, en un principio, le llevó a consultar. Una vez que se dan vueltas por las historietas y se lleva al límite la simbolización de lo real, podríamos decir que se pasa del sentido al goce, y así, después de un extenso recorrido, finalmente surge una satisfacción alcanzada a consecuencia de cierta decantación, experimentándose, además, un alivio sin igual. 

Sin embargo, hay un punto en cada uno que es incurable, que está desde el principio y nos acompañará toda la vida, es lo que Lacan denomina como acontecimiento de cuerpo: el sinthome. Es un goce que no desaparece, es lo más singular en cada uno, marcas significantes que estamparon huellas de goce en el cuerpo y que pone el foco en lo que goza allí. 

Si es algo que no puede eliminarse, ¿qué ocurre en un análisis con esas huellas?

Se trataría, entonces, de una mutación, de un cambio hacia un goce posible que no genere sufrimiento. Con el sinthome se hace un uso lógico del resto sintomático, ese síntoma que era un estorbo en el modo de funcionamiento del cuerpo y en el vínculo con los otros se pone al servicio de otra cosa. Hay, me parece, algo del orden de la utilidad. El goce es eso que no sirve para nada, pero cuando muta, cuando hay una modificación en la economía del goce, por un lado, se genera un alivio, una satisfacción, y por otro, una nueva forma de estar en el mundo usando ese resto sintomático de un modo más “útil” y/o funcional.

Por Jocelyn Mendoça

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