En el marco del ciclo preparatorio hacia las próximas Jornadas de la ELP, Cuerpos adorados, tuvo lugar el pasado martes 2 de junio de 2026, en la ELP de Madrid, la presentación del eje de trabajo “¿Tenemos un cuerpo?”, a cargo de Araceli Fuentes. El encuentro fue animado por Antonio Carrero y Alejandro Tolosa y coordinado por Andrés Borderías.
La intervención de Araceli Fuentes se articuló a partir del recorrido singular de su análisis y de su experiencia de pase, tomando como hilo conductor la pregunta que orienta este eje: ¿tenemos un cuerpo? Retomando la formulación de Lacan en el Seminario 23, según la cual el parlêtre adora su cuerpo, se situó que dicha adoración se basa en una creencia: la de tener un cuerpo. Esto le otorga una consistencia mental, aunque el cuerpo puede en cualquier momento “levantar campamento”.
Araceli situó que la consistencia puede pensarse en relación con el goce introducido en el cuerpo por la vía de la palabra. En este punto evocó la frase —«¡Ay, si tu madre te viera!»—, como palabras que tocaban su cuerpo, y frente a las cuales quedaba sin posibilidad de articular respuesta. El encuentro de estas palabras con el cuerpo adquiere un valor traumático, introduciendo una fijación de goce, experimentado con angustia y con una inquietante extrañeza. Aquella frase se articuló posteriormente con lo que llamó un “empuje a decir” —y no a hablar—, una agitación que queda en relación con el silencio impuesto en el trauma. Este empuje a decir constituye un tratamiento singular del real que insiste y que encontrará luego diversas formas de escribirse, aunque nunca del todo.
El caso de James Joyce permitió situar cómo, cuando el registro imaginario se suelta, el sujeto puede encontrarse con un cuerpo que «levanta campamento», sin un cuerpo al que adorar. Sin embargo, Joyce logra una reparación singular de la falla del nudo a través de su escritura.
Por su parte la enfermedad psicosomática fue evocada como una modalidad en la que un goce real se inscribe en el cuerpo, sin mediación simbólica. Allí donde el cuerpo queda herido puede localizarse un punto de falla del anudamiento, presente desde el inicio, aunque pueda permanecer latente durante un tiempo.
En este contexto, Araceli relató cómo el análisis le permitió advertir algo que ella desconocía: la ausencia de elaboración del duelo por su madre. La posterior imposibilidad de hacer el duelo por su padre, puso de relieve precisamente ese punto de lapsus del nudo. El trabajo de análisis le permitió cifrar el goce de la mirada, presente en aquella frase que tocaba al cuerpo.
Diversas referencias clínicas, literarias y artísticas acompañaron el recorrido, permitiendo seguir las distintas articulaciones entre cuerpo, goce y anudamiento. La falla en el nudo es siempre singular, y singular es también la invención mediante la cual cada parlêtre encuentra una manera de hacer con ella.
La conversación posterior se produjo en torno a algunas de las preguntas que atravesaron el encuentro: la noción de consistencia, las distintas formas de reparar el lapsus del nudo y los recursos con los que cada sujeto responde a los puntos de falla en su anudamiento. La discusión abordó asimismo la relación entre sinthome, escabel y escritura, así como el estatuto singular de aquellas invenciones que permiten hacer con lo real. La pregunta por si la escritura aporta o no consistencia, encontró una respuesta matizada. Si se entiende la consistencia como lo que se escribió en el cuerpo bajo la forma del empuje a decir, la escritura no produce la consistencia ni la garantiza. Más bien constituye una vía singular de tratamiento de un real, que conserva siempre un punto irreductible.
El encuentro concluyó con una conversación en torno a la cuestión de qué significa tener un cuerpo. La clínica de la psicosis permitió cernir por vía negativa esta interrogación, mostrando fenómenos en los que el sujeto experimenta el abandono del cuerpo o incluso una desconexión respecto del dolor corporal. Precisamente allí donde tener un cuerpo deja de constituir una evidencia, se advierte la complejidad de la operación mediante la cual un ser hablante llega a sostener la creencia de que tiene uno.
Rebeca Hernández – Socia sede Madrid ELP


