Nosotros, los otros, el Otro
En la jornada del día 19 de junio se celebró en nuestra sede el segundo encuentro del ciclo preparatorio de las próximas Jornadas de la ELP, “Cuerpos Adorados», para debatir sobre el tema “Política del cuerpo y racismo”, en la que participaron como invitados Mario Espinoza, doctor en Filosofía, investigador y analista político, y Joaquín Caretti, psicoanalista, miembro de la ELP y de la AMP. Hay que decir que ambas intervenciones resultaron perfectamente complementarias, incluso -y acaso debido a- la diversidad de sus perspectivas. Mario Espinoza ahondó acerca de los significantes racismo y enemistad para, a partir de ellos, emprender la búsqueda de un camino hacia Io que él mismo llamó “un eros social y anticolonial”, y Joaquín desplegó la interpretación que el psicoanálisis lacaniano ha elaborado sobre el racismo, tomando como eje el odio al extraño, al Otro, la paradoja de la extimidad, el odio a sí mimo cabalgando sobre la pulsión de muerte. Señala hasta qué punto las manifestaciones racistas se han multiplicado tanto en España como en otros países, cuyos representantes y epígonos lo asumen y exhiben públicamente sin ningún pudor. Para el psicoanálisis el racismo es un fenómeno estructural que, en palabras Lacan, es ”to que crece, que aún no hemos visto hasta sus últimas consecuencïas, Y que arraiga en el cuerpo, en ìa fraternìdad deì cuerpo, es el racismo. No dejarán de escuchar hablar de él“ (1).
Caretti vincula Io que define las entrañas del odio aquello que el psicoanálisis ha desvelado, en particular en relación con Io que llama ”el odio puro, el que se encuentra siempre en la raíz del racismo”, orientado a la destrucción del objeto -lo que la diferencia de la agresividad-, ese odio que se sale de la pacificación de la simbólico y que se guía por la pulsión de muerte.
En contra de toda idealización humanista sobre la presunta bondad del hombre, Freud opone su convicción de que no ofrece perspectiva alguna «pretender el desarraigo de las inclinaciones agresivas de los hombres, en quienes to anímico primitivo -el salvajismo- es imperecedero en el sentido más pleno (…) En realidad, no hay desarraigo alguno de la maldad” nos dice (2).
En esta deriva Caretti introduce un significante propio de la nomenclatura lacaniana, el goce, un real que cuando se manifiesta impide considerar al Otro como un semejante, multiplicando los procesos de segregación en los que el racismo juega un papel fundamental, con lo que se constata el fracaso del gran proyecto ilustrado de hacer de la humanidad un todo homogéneo: esta pretensión encuentra un limite -nos explica en aquello que no es universalizable y que es to singular de cada uno (aquí se podría citar el axioma de que todo universal se funda en una excepción que la niega, en palabras de Lacan). Se odia en el Otro aquello que es enigmático, su modo de gozar, que eł sujeto vive como algo que le ha sido arrebatado. AI final de su intervención Joaquín Caretti se plantea Io dificil que es “hacer entrar en razdn al racismo», si se tiene en cuenta que se trata de un goce fuera del seritido y fuera del alcance de lo simbólico.
Por nuestra parte, el interrogante que nos plantearíamos, teniendo en cuenta su condición como fenómeno de estructura, es si el racismo podría ser definitìvamente eliminado como fenómeno individual y como una de manifestación -perversa- del lazo social. En principio la respuesta sería negativa, to que no impide que debamos combatîrło sin tregua por todos los medios.
Mario Espinoza, por su parte, en la ponencia que tituló ”Más allá del racismo y la enemistad: hacia un eros social y anticolonial”, pone el acento en las raíces de la cultura europea y española en particular, que admite la deshumanización del otro hasta aniquilarlo, como un resultado de la construcción ideológica de la supremacía blanca y de la superioridad civilizatoria europea. El autor sitúa en el cicIo inaugurado hace quinientos años, con el arribo de la europeos a las costas americanas, el momento histórico en el que sitúa la «institución del racismo» y la implantación de lo que denomina la colonialidad del poder. La instauración de este poder fue el origen y al mismo tiempo la consecuencia de la expansión del capitalismo, favorecido por la apertura de nuevas rutas comerciales y gracias a los beneficios del saqueo colonial, factores determinantes en el proceso de acumulación primitiva del capital descrito por Marx, al tiempo que se instauró la categoría de zozo, un significante utilizado para categorizar la estratificación social que situaba a los europeos blancos en la cúspide de la pirámide en relación con los habitantes de los pueblos originarios invadidos y explotados.
La empresa europea de conquista de los territorios de ultramar, apoyada en la disponibilidad de recursos técnicos y poder militar, se inició a finales del siglo XV, bastante tiempo antes de que los principios de la Ilustración se extendieran par Europa, unos principios sostenidos en el eurocentrismo y la condición de que actuaban en nombre de la civilización. Si bien los conflictos originados en la pertenencia a culturas diferentes son tan antiguas como la vida en sociedad, la Modernidad necesitaba una doctrina en la que apoyarse para legitimar el racismo, una elaboración a la que se entregaron Henry de Boulanvillers, Arthur de Gobineau y Vacher de Lapouge, cuyas obras publicadas respectivamente en1727, 1853 y 1896 se sumaron a una corriente pretendidamente científica en defensa de la supuesta relación entre Io físico y Io moral y la superioridad de la raza Blanca, corriente a la que se sumaron posteriormente teóricos alemanes como Wilser, Lange y Woltmann y -¡cómo no!- Alfred Rosenberg con El mito del siglo XX, justificación seudocientífica del genocidio nazi.
Contra cualquier tentación mitificadora de la Ilustración ya advirtieron Max Horkheimer y Theodor Adorno en dialéctica de la Ilustración, una obra en la que examinan las luces y las sombras de esta auténtica revolución intelectual y política, cuyo pecado original fue la voluntad de dominio sobre la naturaleza, pero también sobre los hombres. Espinoza reflexiona acerca de cómo Europa se autoconstituye en un “centro de la modernidad” en el proceso de colonización, donde mas que descubrir al otro de la diferencia Io encubre bajo la lógica imperial y de dominación. En esta linea. podemos citar una obra coral de carácter antropológico, De palabra y obra en el Nuevo Mundo (3), dedicada a estudiar las relaciones interétnicas surgidas a partir del llamado «descubrimiento de América; en unas relaciones de poder asimétricas derivadas de la confrontación interétnica, la alteridad llegó a concebirse como objeto de variadas formas de apropiación: en estas relaciones desiguales emergieron ideas y prácticas tendentes a “formar al otro» manipulando su alteridad en función de Io que se quería hacer de él.
Basándose en el significante enemistad, tornado del pensador Achille Mbembe para captar “las dimensiones objetivas subjetivas del presente como emblemas de una čpoca belicista y neocolonial», Espinoza observa que esa dinámica afectiva permea las bases de la sociedad y nuestras propias subjetividades y de tal modo que la enemistadcomoformaderelación resulta ser una afirmación de si a través del otro negado, odiar para ser.
En suma, para el autor habría que plantearse si el racismo y el actual belicismo no podrían acaso ampararse bajo esta figura de la enemistad, y por el contrario quebrar esa lógica especular y enajenante del enemigo y transformarla en alga diferente, desmitificando la noción de europeidad y la pretendida superioridad civilizatoria confrontándolas con las voces y los relatos de los pueblos originarios y las huellas de su propia violencia.
Necesitamos, señala, un eros anticolonial, una reconstrucción de los lazos sociales, eróticos y deseantes que estrechen relaciones entre identidades, miradas y concepciones del mundo que desborden el eurocentrismo para tejer una trama en la que la igualdad y la diferencia se anuden, porque solo la solidaridad como eros social puede general la potencia colectiva para impugnar esas dinámicas que no dejan de sumir al mundo en un ciclo de violencia devastador. El racismo no es únicamente un instrumento para dividir a las masas desde la perspectiva de las elites: es mucho más, es una estructura que recorre la modernidad moldeando la cultura y las relaciones de poder, y que se ha mostrado tremendamente funcional al desarrollo y expansión del capitalismo. “Subvertir el racismo precisa, por la tanto, de un replanteamiento radical de la cultura y del mundo en el que vivimos y es la conclusión y al mismo tiempo la propuesta que nos hace Mario Espinoza.
Bibliografia
(1) LACAN, Jacques (2012). Seminario 19, …O peor. Paidós, Buenos Aires, pág. 23.
(2) FREUD, Sigmund (2000). De guerra y muerte. Temas de actualidad. Amorrortu, Buenos
Aires, pág. 282.
(3) De palabra y obra en el Nuevo Mundo (1993). Varios autores, Siglo Veintiuno Editores,
Madrid, pág. 3.
Luis Seguí – Miembro AMP y ELP.


