El pasado 3 de julio, pudimos asistir al tercer y último encuentro del ciclo preparatorio de las XXV Jornadas de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP): “Cuerpos Adorados”. Evento organizado en nuestra sede de Madrid.
Contamos con la participación de la escritora y politóloga y socia de la sede de Madrid de la ELP Alicia Valdés, y el psicoanalista y Miembro de la AMP y ELP Antonio Carrero, quiénes pudieron aproximarnos a una lectura sobre la revolución tecnológica que se encuentra viviendo nuestra época. Y, paralelamente, a la incidencia de esta en los cuerpos y la creación de identidades virtuales motivados por este monstruo tecnológico. Junto a la responsabilidad del sujeto en la participación de esta invención.
El título de este encuentro, “Cuerpos Virtuales”, podría remitirnos a una especie de imaginario colectivo, que encontraría su fundamento en la fuerza y tangibilidad que en los últimos años ha adquirido la dimensión tecnológica. Expansión tecnológica que no solo entraña al mercado y al ecosistema de plataformas digitales, si no a la reproducción de lógicas capitalistas dentro de esa misma esfera tecnológica.
Estrategias de un mercado neoliberal cada vez más voraz, que lejos de contentarse con la libre circulación y la potenciación de la globalización económica, encuentran a través de lo tecnológico y la virtualidad, una manera de incidir también sobre los cuerpos, la economía libidinal de estos, y en última instancia, en los registros propuestos por Lacan en su última enseñanza; Imaginario, Simbólico, y Real. Provocando devastadoras consecuencias en las subjetividades de la época.
El encuentro, más allá de facilitar un acercamiento a la comprensión del funcionamiento de estas lógicas de mercado en la esfera virtual, también propició una serie de interrogantes que convendría que fueran expuestos para poder tener una mirada más amplia acerca de lo que está ocurriendo en la clínica actual.
Nombrar alguna de las plataformas digitales actuales, como “OnlyFans”, donde la imagen del cuerpo queda totalmente al servicio del mercado y el consumo, es imprescindible para poder comprender esta incidencia sobre los cuerpos. Siendo en ocasiones, hasta el propio el cuerpo el que se encuentra sometido en este consumo desmedido y sin límites. Fenómenos como la prostitución, hoy se encuentran enmascarados con eufemismos como “independencia económica” “liberación sexual de la mujer”, e incluso “profesionales del sexo”. Sin duda alguna, que la mayoría de creadoras de contenido sean mujeres, y la mayoría de suscriptores hombres, sería otro punto de partido sobre el que iniciar un nuevo debate.
No es arbitrario, que mecanismos psíquicos como la disociación y desrealización se encuentren cada vez más presentes en situaciones donde esta consistencia mental de la imagen del cuerpo queda total o parcialmente fragmentada. No debemos olvidar, el planteamiento de Lacan acerca del cuerpo. El sujeto no es su cuerpo, no dispone de esa garantía, en contrapunto, deberá construir simbólicamente e imaginariamente uno, a través de procesos constituyentes en etapas tempranas. Refiriéndonos en este caso, al “Estadio del Espejo” y su decisividad en la configuración de las diferentes estructuras psíquicas.
Retornando a esta confusión entre lo virtual y lo terrenal que padece hoy nuestra cotidianeidad, debemos interrogarnos desde nuestra práctica, cómo abordar discursos agujereados por una sociedad que aboga por la primacía de la imagen, el uso de una transparencia totalizadora, una explicitud que no deja margen para la insinuación y la incertidumbre que sugiere lo simbólico.
¿Cómo pensar un cuerpo, que encarna significantes, marcas, duelos, anhelos, etc., y que en última instancia pertenece a una de las más íntimas dimensiones del sujeto, puede estar hoy tan mediatizado por la revolución tecnológica actual? ¿Podrá constituirse un imaginario colectivo en esta ocasión, mediado por la virtualidad?
¿Qué posibles funciones y utilidades podrían tener esta creación de avatares, en sujetos que no han podido encontrar suplencias para hacer frente a una posible falla en la construcción de la imagen especular?
¿Acaso el poder totalizador de la imagen podrá reconciliarnos con aquello qué más ajeno nos resulta de nosotros mismos? ¿Podremos llegar a considerar la virtualidad como un recurso más que venga a suplir la no-inscripción del Nombre del Padre? ¿O, por el contrario, será fuente de mayor angustia al comprobar que no puede reparar lo que en principio aparentaba poder suturar?
Sea como fuere, quizás sea pronto para poder responder a estas preguntas que nos plantean los tiempos venideros, y sus respuestas nos las podrán dar no solo lo que proponen estos nuevos cambios de épica, sino también la respuesta que el sujeto decida dar ante estos nuevos paradigmas.
No obstante, no tener respuesta para estas preguntas, no nos exime de seguir interrogándonos e intentando orientarnos sobre cómo hacer con esta i(a), cada vez más desplazada por la IA. Una IA que procura un saber cerrado, delimitado, cuantificado, en definitiva, sin castración.
¿Quién iba a decirnos que la técnica y la preponderancia de la razón, postulada por el positivismo, lejos de presentarse como axiomas iluminadores hacía el concepto de “progreso”, iba a presentarnos una evanescente claridad que, paradójicamente, nos permitiría vislumbrar, un horizonte repleto de sombras?
¿Será la era de una nueva clínica fundada por sujetos asfixiados de respuestas, pero agotados en preguntas?
Andrea Del Moral


