Lo fingido verdadero

Por Esperanza Molleda – Miembro de la ELP y de la AMP

No podemos encontrar mejor título para estas palabras que buscan interesar al lector en la obra teatral de Lope de Vega con el mismo título que hemos podido disfrutar en el Teatro Clásico de Madrid del 1 de febrero al 27 de marzo de 2022.

El planteamiento es sorprendente. Lo fingido verdadero es una tragicomedia inspirada en la vida de San Ginés de Roma, un actor que es ejecutado por el emperador Diocleciano tras convertirse al cristianismo en plena representación teatral mientras interpretaba en escena el papel de un mártir.

¿Qué interés puede tener ahora para nosotros la vida de un santo-actor del siglo III d. C. recreada por Lope de Vega en 1608?

La versión de Lluis Homar tiene la virtud de transmitirnos, con una estética contemporánea, la actualidad y la frescura de la propuesta de Lope de Vega.

Dos hilos para guiar este interés. Uno, el hilo del amor; otro, el hilo de la representación, de la utilidad y de los efectos de los semblantes. Dos hilos que en lugar de cerrarse en puntadas se deshilachan en las hebras de los versos del autor.

Al hilo de estos dos hilos tres puntuaciones en los tres actos de los que consta la obra, que nos enseñan acerca del amor y sus vicisitudes:

1.- La suposición de saber en aquel que amamos y el poder de su palabra nos orientan. En el acto primero, asistimos a una vertiginosa sucesión de emperadores romanos hasta que Diocleciano llega a emperador. ¿Qué le ha dado su fuerza? Las palabras de Camila, una enamorada panadera, que le vaticina, siendo un soldado pobre sin dinero siquiera para comprar pan: “Cuando cazares un jabalí, tú serás emperador”. Estas palabras, mediadas por el amor, quedan grabadas, y cuando Diocleciano se encuentra con Apro intentándose hacer con el poder, lo matará recordando:

Acuérdome que vendiendo

su pan una labradora

que pagarle prometía

cuando yo imperase en Roma.

Me dijo: Tú serás César,

cuando tu espada famosa

mate a un jabalí; pues cielos,

si el cónsul Apro se nombra,

que en nuestra lengua latina,

pues su maldad lo transforma,

quiere decir jabalí;

sin duda se cumple agora

el agüero prometido.

Cumplido el vaticinio, Camila se acercará a cobrar su deuda, sellándose un amor entre ambos que humanizará a Diocleciano emperador durante toda la obra.

2.- Lo real del amor y del desamor violenta los semblantes no sin efectos. En el segundo acto, Diocleciano encarga a Ginés, autor, director y actor en una compañía teatral, que prepare una comedia. Como poeta y “representante” (actor en la lengua de Lope de Vega) Ginés sabe bien que no puede hablar más que de lo que siente:

El imitar es ser representante;

Pero, como el poeta no es posible

que escriba con afecto y con blandura

sentimientos de amor si no le tiene

y entonces se descubren en sus versos

cuando el amor enseña.

Así el representante, sino siente

las pasiones de amor, es imposible

que pueda, gran señor, representarlas.

Decide entonces escribir sobre sí mismo.  Ginés está enamorado de Marcela, la primera actriz, que por su parte está enamorada del galán de la compañía, Octavio. Justo antes de salir al escenario, Ginés descubre a los amantes. Atormentado por el dolor y los celos, Ginés actor no logra sostener su papel y en medio de la escena empezará a llamar a Marcela por su nombre, expresándola sus sentimientos. La vida y el teatro se confunden. Lo real del amor y el desamor  hace que se traspasen los semblantes debidos. Ginés queda desnudo ante los amantes, ante los otros actores, ante los espectadores y  los actores amantes acaban fugándose en la vida real en medio de la comedia, tal como estaba escrito, y la función ha de ser suspendida.

3.- ¿Pueden los semblantes despertar el amor real? Desde su primera enseñanza, Lacan se interesó por ese efecto radical que la imagen acompañada de ciertos signos tenía en el apareamiento de ciertos animales, un efecto que se producía incluso si la imagen presentada era tan solo un simulacro de la auténtica. En el tercer acto, Diocleciano le encarga a Ginés una farsa para burlarse de los cristianos, perseguidos encarnizadamente por él. Ginés, recuperándose de su amor por Marcela, al encontrarse con la banalidad del vínculo que ha quedado entre Marcela y  Octavio, que vuelven ya casados a la compañía, escribe la obra en la que él mismo interpretará al mártir cristiano. Durante la representación sufrirá una transformación. Se encontrará con “un vehemente impulso para que hiciese de veras lo que fingía de burla”. En el lugar del ángel-actor artífice de la conversión del mártir-protagonista, Ginés experimenta el encuentro con un verdadero ángel que le hace arder de fe y amor por Dios y que le llevará a aceptar su destino mortal por orden de Diocleciano. Lo fingido verdadero.

¿Dónde está la verdad y dónde está lo fingido? Como bien nos enseña Lacan los semblantes, hechos de simbólico e imaginario permiten tratar lo real y sus efectos son inesperados. Los semblantes orientan nuestro hacer más allá de las intenciones conscientes y en ocasiones permiten que un amor imprevisto se haga posible, sin saber bien a dónde nos llevará, como le ocurre a Diocleciano, a la labradora, a Marcela, a Octavio, a Ginés o al propio Lope de Vega, que transitó entre sus encendidos enamoramientos mundanos y el amor a Dios que le hizo ordenarse sacerdote.

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