PRESENTACIÓN DEL LIBRO

FACE TO FACEBOOK Una temporada en El Manicomio Global de Gustavo Dessal.

Por Pilar Berbén – Socia de la Sede de Madrid de la ELP

Buenas tardes. Agradecemos  la presencia de todas las personas que nos acompañan.

Es un placer formar parte como coordinadora de esta mesa de lujo, a cuyos componentes presentaré a continuación.

Hoy estamos aquí para presentar y hablar del libro: FACE TO. FACEBOOK. El Manicomio Global. Nos acompaña su autor, Gustavo Dessal, conocido por la mayoría. Para quienes no le conocen, él es psicoanalista y escritor, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, docente del Instituto del Campo Freudiano en España y de la Sección Clínica de Madrid (Nucep).

Escritor muy prolífico, ha publicado numerosos libros, artículos de psicoanálisis y de cultura. Sus ensayos y obras de ficción han sido traducidos a varias lenguas.

Junto con Miriam Chorne ha compilado: Jacques Lacan El psicoanálisis y su aporte a la cultura contemporánea

Autor con Zygmunt Bauman: El retorno del péndulo.

Mencionaré algunos otros títulos publicados: Operación Afrodita. Más líbranos del bien. Principio de incertidumbre. Clandestinidad. Demasiado rojo. Micronesia.  El caso Anne. Recientemente: Inconsciente 3.0 y El caso Mike.

Actualmente es el administrador de: El manicomio global en Facebook. Donde nos sigue sorprendiendo con su publicación semanal.

Además, nos acompañan, por una parte Miriam Chorne, psicoanalista miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y de la Asociación Mundial de Psicoanalisis. Docente del Instituto del Campo Freudiano (ICF) y de la Sección Clínica de Madrid (Nucep). Ha publicado numerosos ensayos y artículos en revistas de psicoanálisis y otras disciplinas. Como ya hemos comentado, junto con Gustavo Dessal ha compilado: Jacques Lacan El psicoanálisis y su aporte a la cultura contemporánea

Por otra parte, está Joaquín Caretti, Psicoanalista Miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Ha realizado diversas publicaciones en libros y revistas psicoanalíticas del Campo Freudiano. Es responsable de Zadig en España y de su blog.

No me quiero extender mucho, ya que pretendemos que después de las intervenciones de Miriam Chorne y Joaquín Caretti, Gustavo tome la palabra y además pueda contestar a las preguntas que se formulen.

Desde 2018 Gustavo nos sorprende todos los domingos con un relato en Facebook. Él cuenta muy bien en el prólogo del libro cómo inauguró “El Manicomio Global”. Son más de 100, repartidos en 9 apartados temáticos.

He leído algunos de estos relatos cuando se publicaban, aunque reconozco que no todos (no me interesan demasiado las redes sociales),  pero al tener el libro en mis manos e iniciar su lectura, para mí su conjunto, adquiere otra dimensión, es una lectura distinta.

Cada tema que trata va acompañado de un gran rigor y sobriedad, nota característica con la que siempre acompaña Gustavo sus exposiciones. Nombra a colegas, autores, libros dónde siempre se pueden verificar las fuentes o ampliar la noticia. Con sutileza pero lleno de matices, nunca se conforma con mostrarnos una cara o dos, sino que es poliédrico. Sin florituras, su aparente sencillez, esconde un gran trabajo de elaboración. Una nota característica común a todos es que siempre introduce una reflexión ética, sin moralizar o enjuiciar.

Su título “Una temporada en el Manicomio Global” nos habla de la fuente principal de donde sale toda la inspiración: La lectura de los síntomas contemporáneos captados por Gustavo a lo largo de mucho tiempo y, sin duda, también de su escucha.

Podríamos pensar que una recopilación de textos ya escritos no esconden nada nuevo, pero curiosamente ya el título me parece buenísimo y muy sugerente con ese juego del verbo, el sustantivo y la frase lapidaria. Después espero que Gustavo nos hable de ello.

A continuación del título, nos sorprende la imagen de  la  portada titulada: “El grito” de  Pablo Bobbio, el cual hablando de su obra dice: “Soy como ese niño que sueña con transformar el mundo a través del arte” Tengo curiosidad, por saber cómo ha sido este proceso de elaboración, que siempre es un enigma. Seguro que Gustavo nos comentará como se ha gestado está impactante pintura. 

El amor a su profesión de psicoanalista, el amor a la literatura y el humor son faros  siempre presenten y que iluminan sus obras.

Gustavo te doy las gracias porque esos faros despiertan en mí el deseo de aprender y disfrutar con la literatura.

Recomiendo vivamente la lectura de este libro que nos ayuda a reflexionar sobre El manicomio Global. Dice Gustavo: “El manicomio Global como la imposibilidad de encontrar un afuera del manicomio, es decir, existe la locura de todo el mundo. Todo el mundo está loco, pero también existe la locura de cada uno.”

Madrid, 20 de octubre 2021

Pilar Berbén

                                                       FACE TO FACEBOOK

                                         Una temporada en El Manicomio Global

Por Miriam L. Chorne – Miembro de la ELP y de la AMP

Es una gran alegría presentar hoy este libro de Gustavo Dessal, Face to Facebook, porque es un gran libro. Manifiesta un buen manejo del idioma, junto con una claridad conceptual que parece hacer fáciles los temas más complejos y una aptitud para la síntesis muy grande. Todas estas cualidades se aúnan con una capacidad de asombro, con un interés por los más diversos temas de este Manicomio Global que le permiten introducir las reflexiones más rigurosas acerca de los síntomas de una civilización que como el mismo Gustavo la califica es “mutante, incierta y no pocas veces amenazadora.” Rasgos fundamentales del paradigma contemporáneo abordados (por él) a partir del discurso psicoanalítico y de la ficción literaria. El discurso psicoanalítico -como dice el mismo G. Dessal- “le proporciona a sus reflexiones un marco teórico, una orientación y un límite claro.”

Y también es una alegría porque es el libro de un amigo. Lo que me ha permitido conocer y admirar su prosa ya desde sus primeros escritos en España -recuerdo ahora el prólogo a las obras psicoanalíticas de Lou Andreas-Salomé, en Tusquets, aparecido recién llegado, en 1982, o la tan atrevida controversia que mantuvo con Gustavo Bueno, el célebre y controvertido filósofo, por la misma época.   

Podría utilizar la máxima latina, de Terencio, que suele atribuirse a Marx, “Nada de lo humano me es ajeno”, para caracterizar una actitud fundamental de Gustavo. Su curiosidad es ilimitada con un gusto especial por algunas noticias extrañas, extravagantes.

Una de sus crónicas: “Sea solidario: adopte una Quimera”, que me encanta (p.177), comienza así: “Quiso la buena suerte que en la mesa de saldos de una librería me encontrase con un libro de lo más curioso. El hallazgo no podía ser más oportuno, en estos tiempos en los que la poética corre serios peligros.” Me gusta mucho la idea de que esa obrita extravagante sea una salvación para la poética que corre en la actualidad peligro de desaparecer. Se trataba de un libro de Jane Moseley “Cómo vivir con un unicornio”, Gustavo añade que “no había leído nunca a esta autora, que al parecer ha escrito una gran cantidad de cosas exóticas, como sólo saben hacerlo algunas señoras inglesas.” Y Gustavo Dessal ¿no?

El humor le permite hacer entrelíneas una lectura crítica de la sociedad actual. Es una característica presente de algún modo en todo el libro. “Este ejemplar” -dice Gustavo- “es una de las mejores cosas que he visto últimamente, puesto que las noticias no aportan nada edificante al espíritu, mientras que la lectura de este libro me infunde entusiasmo e ilusión.” O como en la elección de la frase donde la autora refiriéndose a la dificultad de criar a una Quimera ya que está compuesta por tres animales, cada uno de los cuales tiene sus necesidades específicas dice: “el arte de ser padre se pone aquí verdaderamente a prueba”, dando a entender que ser padre es normalmente, habitualmente, un arte muy difícil.

Gustavo da su alcance mayor al tema afirmando que “Todo este bestiario me parece tremendamente tierno a la luz de la deformidad moral de seres reales que rigen una buena parte del mundo y que por diversos motivos son votados y apoyados, aunque devoren carne humana.”

Reunir las notas publicadas en Facebook es un gran acierto de Gustavo Dessal y de la editorial.

Hablé de que muchas veces la nota parte de una noticia de periódico, pero no cualquier noticia y tal vez tampoco cualquier periódico. A Gustavo le gusta leer la prensa extranjera, buscar en particular en la norteamericana, no la noticia convencionalmente importante, sino la nota aparentemente marginal, algunos detalles menores, actitud que concuerda tan bien con la experiencia psicoanalítica que siempre supo dar importancia a los restos: olvidos, lapsus, incoherencias en el discurso, desechados en cambio por el discurso universitario.

En un tono aparentemente desenfadado habla de cosas muy serias. O como decía antes a partir de una noticia puede desarrollar una crítica fundamental del sistema, por ejemplo, del delirio neoliberal de la libertad como lo hace en “Medicina exprés” (p.120).

En esta crónica nos relata que una empresa “Akos Med Clinics” ha abierto la clínica médica del futuro, que pretende que se extienda poco a poco por el mundo, ya que sabemos que “al futuro no hay quien lo pare”. Se trata en realidad de utilizar la inteligencia artificial para realizar una serie de pruebas que de momento solo pueden diagnosticar trastornos menores. Pero, en un quiebre, Gustavo cambia la dirección del foco y nos dice que lo más interesante es considerar por qué el usuario se deja convencer de las bondades de un sistema que nos permitiría prescindir de los médicos. Y encuentra ese resorte en “el argumento que más seduce al buen ciudadano embriagado por la doctrina neoliberal: la libertad ¿Por qué debemos esperar a que un médico nos diga lo que nos pasa y nos prescriba el tratamiento? La Inteligencia Artificial nos dará a cada uno de nosotros la autonomía de tomar nuestras propias decisiones. Del mismo modo que elegimos el color de las paredes de nuestra casa, el modelo de coche o de móvil, tenemos derecho a ser dueños absolutos de nuestro cuerpo y de nuestra salud. El delirio de la libertad es una de las mayores falacias con las que promocionan los prodigios de la Inteligencia Artificial.”

Y como muchos de nosotros sabemos, también se utiliza ese alegato por la libertad para promocionar otras cosas, por ej. candidatos de ultraderecha. Es una libertad coja, de consumidores neoliberales convertidos a su vez en meras mercancías.

Un último rasgo de la escritura del autor que quisiera destacar es su gran talento para titular. Convendréis conmigo seguramente en que su ingenio y humor en la elección de los títulos es una

parte importante de su estilo.

A estas dos propiedades distintivas de su escritura el ingenio y el humor, se unen también la irreverencia y una desolación disfrazada de escepticismo que lo conduce a un desprecio de ese “mundo de idiotas” que como los zombis que evoca, nos rodean e invaden nuestro espacio vital.  Estos rasgos constituyen el modo de tratamiento de esos restos ineliminables cuando se quiere reflexionar sobre los síntomas singulares y colectivos de nuestra época. G. Dessal nos explica que en esa tarea se bordea peligrosamente el juicio moral, “que casi siempre es un prejuicio, es decir, un residuo irresuelto del fantasma inconsciente”. La ironía, que implica la equivocidad, le sirve para arrancarse a la tiranía del fantasma.

Le agradezco, lo que podríamos llamar la invención de un género que se presta tan bien a la divulgación de la mirada psicoanalítica: el comentario ligero, liviano de un síntoma de la civilización que es aislado, recortado de la realidad y al que se somete a la reflexión profunda. Con una gran erudición no sólo psicoanalítica sino también filosófica, política y con un conocimiento preciso de los últimos desarrollos técnicos y científicos.

Las crónicas parecen hablar por sí mismas -supongo que ayuda a ello la facilidad para transmitir que logra su escritura- pero hay siempre una ardua exploración de cada uno de los temas que se aborda. Constituyen asimismo una invitación a nuestra propia reflexión. Muchas veces mientras leía añadía mis propios ejemplos o advertía la significación de algún fenómeno sintomático de nuestra cultura. Me parece un buen índice de lo afinado de la observación que nos permita pensar y entender fenómenos de los que no se ocupa explícitamente. Les propongo pensar el fenómeno de los botellones cada vez más violentos que coinciden con la “salida” del confinamiento, por ejemplo.

Hay otra cuestión fundamental que como hilo rojo recorre el conjunto de textos reunidos.  No todos, pero sí está presente en filigrana en muchos de ellos. Me refiero a una audaz hipótesis que relaciona el carácter del hombre moderno, que como afirma G. Dessal en uno de los primeros textos del libro “Lo trágico, hoy” (p.16), es alguien que ha perdido el sentido de la tragedia, con un rasgo propio de la subjetividad actual que según una intuición de Lacan debe pensarse en relación con la psicosis.

Perder el sentido de la tragedia supone que el hombre moderno va dejando de creer en su síntoma, dejando de suponer que el síntoma tiene algo que decir, este hombre moderno ya no se pregunta por el sentido de su síntoma.

No es capaz de concebir la distancia entre sus acciones y las posibilidades de realización de sus sueños “porque la civilización actual no sólo no le exige una renuncia, sino que le inocula la convicción de que la felicidad está al alcance de cualquiera. (…) El destino ha sido reemplazado por un presente continuo, en el que sólo se nos invita a no perder la eterna oportunidad de ser dichosos.”

“La esencia del hombre moderno es la ausencia de pregunta. En el lugar de la pregunta, la respuesta se anticipa bajo la forma de una certeza que cierra la puerta al inconsciente. El inconsciente es la distancia que existe entre nuestros actos y nuestra comprensión de su sentido.” Esa distancia, que en el hombre freudiano lo conducía a emprender un psicoanálisis está por cerrarse, nos advierte.

“Es por ese motivo que la psicosis, en singular, más allá de sus variaciones que pluralizan la forma en que se presentan ante la mirada del clínico es a partir de ahora el modelo del hombre.”

Muchas veces, demasiadas, la civilización actual convierte la invitación a ser felices en la exigencia de ser dichosos.

Dessal nos habla también de nuestro presente incierto. Nos dice que frente a la falta de garantías, frente a la incertidumbre que antes estaba velada y ahora nos amenaza más desnuda, surge la paranoia como una narratividad capaz de dar cuenta de lo que el sujeto experimenta, de dar sentido al sinsentido más radical. Aunque encuentro esta observación sobre el carácter cada vez más paranoico de nuestra sociedad muy explicativa de numerosos fenómenos, por ejemplo de los negacionistas, de las fakes news y de otros rasgos actuales como la proliferación de teorías conspiranoicas, hay otra parte del libro que es mi preferida, el apartado V titulado “El amor, el deseo y otras enfermedades oportunistas” y dentro de él un texto “Nunca es demasiado tarde” (p.164), que me parece una verdadera pieza maestra literaria.

Es la narración del encuentro 72 años después de dos prisioneros que se habían amado en un campo de concentración, ya son dos ancianos, ella está en cama, se ha quedado ciega. Gustavo describe el encuentro “Ella tenía una pregunta: quería saber si la esposa de él conocía que ellos habían sido amantes, a lo cual David respondió que sí. David tenía a su vez otra pregunta quería saber si gracias a ella había logrado sobrevivir, y Helen también contestó afirmativamente. En cinco ocasiones valiéndose de su posición en la oficina había evitado que lo enviasen a las cámaras de gas. Cada uno tenía su pregunta, en la que palpitaba lo que siempre está en el fondo de cualquier pregunta cuando se hace en el nombre de la verdad: lo que se es para el deseo del Otro.”

Permítanme terminar con una evocación de Borges. En un pequeño libro de Tusquets, Textos cautivos, el gran autor argentino volvía sobre el libro María de Jorge Isaacs. Defendía el texto atacado por otros críticos que lo consideraban demasiado sentimental, demasiado romántico.

Traducía la objeción de los críticos “Es un libro ilegible” con un recurso retórico que consiste en hacer una lectura literal del significante, en este caso “ilegible” y les objetaba “Ayer, el día veinticuatro de abril de 1937, de dos y cuarto de la tarde a nueve menos diez de la noche, la novela era muy legible”

Parafraseando muy libremente la frase les diré que leí el libro de Gustavo Dessal  la primera vez de un tirón, sin poder parar. Estoy leyéndolo por segunda vez eligiendo las crónicas que más me gustan. Tengo la seguridad además de que el libro será una lectura permanente y una referencia para consultar.

Y Borges añadía “Si al lector no le basta mi palabra, o quiere comprobar si esa virtud no ha sido agotada por mí, puede hacer él mismo la prueba (…)”. Os invito, si no lo habéis leído ya, a que hagáis también la prueba y verificaréis el placer y el interés de la lectura de Face to Facebook.

Muchas gracias.

Miriam L. Chorne

PRESENTACIÓN DE “FACE TO FACEBOOK” DE GUSTAVO DESSAL

Por Joaquín Caretti – Miembro de la ELP y de la AMP

Este libro está compuesto por las crónicas -me gusta llamarlas así, y no tanto notas, comentarios, pequeñas historias o post, que cada domingo Gustavo Dessal coloca en su muro de Facebook en lo que ha dado en nombrar El manicomio global, que nos recuerda el título de un seminario de Jacques-Alain Miller “Todo el mundo es loco”

¿Por qué crónicas? ¿Qué es una crónica? La historia de la crónica viene de larga data y su sentido inicial era una forma de relatar la historia. Incluso el cronista tenía un cargo como los Cronistas de Indias nombrados por el rey. El cronista era un historiador. Actualmente es una forma de periodismo o es el periodismo a secas. En todo caso, coincido con cómo la define un breve artículo de Estela Ortiz Romo que es decana de la Universidad Autónoma del Estado de México y miembro del Colegio de Cronistas titulado “La crónica: lo que es y lo que no es”. [1] Allí afirma que la crónica consiste en la exposición de acontecimientos, con la peculiaridad de la introducción de elementos de valoración e interpretación por parte del cronista. La crónica cuenta una historia y esta se convierte en el núcleo de su eje narrativo, viene a ser algo así como su tesis. El género de la crónica radica pues en una información interpretativa y valorativa de los hechos históricos donde se narra algo que conmueve. La crónica conmueve.

También da una definición de lo que es un cronista: es el “maestro en el arte de comentar literal y críticamente la realidad”. A lo cual, en el caso de Gustavo Dessal, le sumaría el adverbio “psicoanalíticamente”. Aspecto esencial y singular de este libro dado que cuenta la realidad en dirección a lo real que esta vela.

Es, pues, a mi entender, un libro de crónicas escrito durante dos años y medio (desde la mitad del 2018 hasta finales del 2020) por un cronista muy agudo. Si se han detenido a leer los comentarios de los lectores de estas crónicas dominicales podrán apreciar que un gran número de ellos reconocen lo larga que se les hace la espera y cómo anhelan ese día de la semana que les va a permitir la lectura de la perla que ese día Dessal les va a regalar. Esto me hizo acordar un hecho de mi infancia que consistía en ir los domingos a una confitería que se llamaba “La burdalesa” en el barrio de Palermo y comprar unos bollos riquísimos, recién salidos del horno, para desayunar en familia. Así estimo cada crónica: como una media luna -un croissant- recién salida del horno literario, lista para ser disfrutada por los ávidos ojos de sus seguidores. Y, como el sabor del bollo exquisito que perdura largo rato, lo escrito queda en el pensamiento definitivamente horadado y conmovido de modo irremediable. Por eso son tan esperadas, porque “hacen pensar” al desvelar hechos que permanecían ocultos a nuestra lectura o que, sin estar ocultos, no habían cobrado la jerarquía suficiente como para que reparáramos en ellos o que, aun habiéndolos advertido, no los habíamos valorado de una manera especial. Estas crónicas nos dirigen hacia ellos. Hoy, gracias a la transformación en un libro, los golosos podrán disfrutarlo a su medida sin la larga espera semanal, al modo como se puede ver una serie cuando ya ha finalizado su proyección.

Estas crónicas me hacen recordar a las de Eduardo Haro Tecglen en la contraportada de El País, allá por los años 80, donde la lectura del periódico comenzaba por el final, en una pequeña columna que esperaba como una lúcida agua de mayo.

Pero ¿crónicas de qué? ¿De qué se ocupan estas crónicas?  Son crónicas del mundo en el que habitamos, de lo que nos está pasando, de las injusticias, de la ceguera, del odio, del amor, del absurdo, de la economía, de la sexualidad, de la pandemia, del goce, de la ciencia, de la verdad y la mentira, del deseo, de la locura, de la literatura, del inconsciente, de la memoria, del género, de la homosexualidad, del capitalismo, de la masculinidad, de la feminidad, de la muerte, de la emancipación, de la libertad, de las masas, de la maternidad, del falo, de la política y el líder, de las palabras y su potencia, del totalitarismo, de las pulsiones, de los animales, de la técnica, del nazismo, de las armas, de la ultraderecha, del feminismo, del síntoma, del amo y el esclavo, del capitalismo y su forma neoliberal, de la ecología, de Tinder, de Facebook, del pájaro que emparra, de las golondrinas, de la maldad, del trabajo, del aborto, de la eternidad, de la biopolítica, del confinamiento, de las mascarillas, de la fraternidad, etcétera y etcétera… Todos, casi todos, los significantes amo de la época están pasados por la pluma de Gustavo Dessal en este libro.

Estos textos breves tienen, como dije antes, un hilo común: señalar algo de lo real en el mundo, advertirnos de él, iluminar, desvelar. Son, según el caso, un telescopio que nos permite llegar a los confines de lo simbólico o un microscopio que nos agranda la escena para localizar el detalle inadvertido. O, quizás más claro, son el periscopio de Dessal que se iza sobre la masa que duerme hipnotizada en el seno del goce de ser engañados, como dice en la p. 43 acerca de los que votan a los canallas. Son dardos lanzados al sujeto, escritos que nos liberan, por un instante, de la prisión del fantasma y nos permiten leer el mundo de otra manera que la que nos sirve de confort. Es un libro que se lee con gusto gracias a la ironía que destilan todos sus rincones y a la sorpresa de las historias que nos relata, pero, a su vez, es una lectura que nos incomoda pues no está muy claro que queramos enterarnos de lo que los textos nos descubren. Es por eso por lo que no se puede leer como una novela ya que cada crónica necesita ser pensada y reposada, investigada. Cada una nos llama a seguir los hilos que nos propone, a los autores que cita, a las, a veces, extrañas historias que parecen surgir del infierno de la imaginación y que, sin embargo, están ahí en las noticias de todos los días, tan humanas.

Es muy claramente el libro de un psicoanalista que se sirve del discurso psicoanalítico para interpretar el mundo. Cada relato, cada historia, está sostenida en este discurso. Casi se podría decir que en sus páginas hay una curso -dicho con palabras claras- sobre qué es el psicoanálisis y una reafirmación de que este es una terapia que no es como las demás. Es un libro que nos muestra en acto qué significa lo que llamamos una acción lacaniana y que, claramente, dignifica nuestro discurso al mostrar al gran público cómo el inconsciente singular se expresa y opera en lo político, en la sociedad en la que vivimos. Es un texto profundamente antitotalitario que combate la debilidad mental de los seres humanos, siendo a su vez un libro donde la esperanza boba no tiene ningún lugar.

Si dentro de 100 años alguien del siglo XXII quisiera enterarse de cómo nos las gastábamos en las primeras décadas del siglo XXI y de cómo un psicoanalista pensaba el mundo, haría bien en tomar en cuenta las crónicas que este libro ha juntado. Y que no se olvide de apreciar lo que la portada condensa.

Para finalizar quiero leer la que para mí es la mejor crónica y la más personal.

“Amar bajo el fuego” del 28-7-19, p. 193.

“Alguien que ocupa un lugar preeminente en mi vida me ha enviado esta foto. La tomó días pasados en Vietnam, ese país donde el Ejército Americano arrojó 70.000 millones de litros de Agente Naranja, una de las sustancias más tóxicas después del plutonio. A la vista de la fotografía, es difícil imaginar que tan solo algunas décadas atrás todo aquello se transformó en un infierno. Fueron necesarios incontables esfuerzos, y la ayuda de la fuerza de la vida, para que la tierra arrasada pudiera recobrarse. Con la misma tenacidad con la que los seres humanos son capaces de destruirlo todo, pueden asimismo volver a poner el mundo en pie. Algunas personas -las que no me conocen mucho- piensan que lo que escribo aquí refleja una visión pesimista. El hecho de que todos los días me dedique a darme una vuelta por el Manicomio Global y escriba los domingos una pequeña crónica de lo que encuentro, no me convierte en alguien sombrío. Al contrario, no dejo de asombrarme ante el milagro de que, a pesar de todo, seguimos aquí. De que la vida se empeñe en perseverar, aún con todos los obstáculos que le ponemos, pero a veces incluso con nuestra ayuda. Me identifico con el “hombre absurdo” del que hablaba Camus, el hombre que tiene que confrontarse a la irracionalidad del mundo y asumirla para que la existencia tenga algún sentido. Asumirla no es resignarse a la fatalidad de las cosas, ni a la inexorable propensión del animal que habla a actuar como Sísifo, condenado a una repetición sin fin. Ni siquiera Kafka, con su terrible ironía, nos enseña eso. En la fotografía puede verse la marca que el discurso deja en la montaña. El mismo discurso que puede incendiarla, también pude esculpirla, convertirla en una obra de arte. La naturaleza posee su belleza propia, pero no es artista. Solo el hombre puede serlo, precisamente porque solo para él el mundo posee un misterio inexplicable. Los otros animales no necesitan explicarse nada, les basta con ser. No solo con el sudor de los cuerpos se logra tallar la montaña, convertirla en una obra de arte. Se requiere también el concurso de Eros, el pequeño dios que sigue vivo, aunque los hielos se derritan y los bosques ardan y nos entreguemos tantas veces a nuestros juegos malditos. Porque en el medio de toda esa locura, otra locura sigue renaciendo cada día, la locura que convierte montañas en obras de arte, que abraza los cuerpos, la locura que cura, que cicatriza la piel que tarde o temprano volveremos a romper. Tal vez el amor esté llegando a su extenuación, agotado de hacer su labor durante milenios, interponiéndose en nuestro autodespedazamiento, pero todavía no se ha rendido. Miro la fotografía, y pienso que mientras todo aquello sucedió, mientras la locura lo incendiaba todo, al mismo tiempo la otra locura no cesaba de llevarse a cabo. Y la gente se amaba, se arrimaba, se besaba, se abrazaba. Y juntaron sus bocas y sus sexos y se amaron locamente mientras todo estallaba en pedazos, porque así somos, y aún en el medio de lo peor los hombres y las mujeres le hacen sitio a esa otra locura que nos salva de la locura definitiva.”

Considero que a este libro le corresponden dos estrofas de Hölderlin “Sócrates y Alcibíades” citadas por Heidegger en “¿Qué quiere decir pensar?[2]

“Quien pensó lo más profundo,

éste ama lo más vivo”

Mi enhorabuena a Gustavo Dessal.

Fotografía extraída de la página de Facebook de Gustavo dessal


[1] http://web.uaemex.mx/identidad/docs/cronicas/TOMO%20VIII/lo_que_es_y_no_es.pdf

[2] https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4895312.pdf

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