El 17 de marzo, la Biblioteca de Orienación Lacaniana de Madrid presentó la última novela de Gustavo Dessal El caso Mike, evento que estuvo coordinado por Carmen Bermúdez, Directora de la BOLM y que contó con las interesantísimas intervenciones de Miguel Angel Alonso, Lore Buchner y Oscar Ventura, así como con los comentarios de Pilar Berbén y de Virginia García Falagán. Le siguió una interesante conversación con el autor.

PRESENTACIÓN a cargo de Miguel Angel Alonso – Socio de la Sede de Madrid

El caso Mike, la nueva novela de Gustavo Dessal, es una oportunidad para renovar el goce intelectual que siempre producen sus textos, sean literarios, de ensayo, o artículos, porque en todos ellos encontramos un pensamiento lúcido y trascendente relativo al sujeto, al lenguaje, a lo social, a lo político. Trascendente porque, además, es un pensamiento que acoge un plano de lo humano todavía no alcanzado por la ideología totalizadora con la que el mundo tecnológico pretende colonizar al sujeto y todas las categorías que lo configuran, lenguaje, verdad, ficción, etc. Una ideología que va a estar presente como telón de fondo en la trama de la novela.        

Quiero detenerme, antes que nada, en una simetría que observo en la serie del Dr. Palmer compuesta por El caso Anne y El caso Mike. Si en la primera entrega, El caso Anne, la mirada del psicoanalista, con todo su bagaje de pensamiento, con todo su posicionamiento ético, se dirigía hacia el pasado, hacia la Historia con mayúscula, y más concretamente hacia el terror nazi que determinó trágicamente la existencia de los protagonistas de la novela, en El caso Mike la mirada del Dr. Palmer cambia de dirección, poniendo su foco en el futuro, en el Destino de lo humano, también con mayúscula, secuestrado por el mundo global, capitalista, científico y técnico. Es decir, desde el drama de los protagonistas, desamparados y arrojados al mundo, desde el clamor de sus lenguajes rotos y agujereados, como puntos centrales, el psicoanalista dirige un llamado al pasado y otro al futuro para restituirle a esos sujetos y a sus lenguajes, la dignidad, la palabra, el saber y la verdad que le fueron arrebatados por el pasado, y que le está siendo arrebatada ahora en nombre de un espejismo, o de una superstición, que conocemos con el nombre de progreso.

Porque con El caso Mike estamos ante un Destino problemático que provoca una enorme inquietud y una gran perturbación, pues su devenir, encaminado fundamentalmente por la tecnología, se mueve en paralelo con una de las categorías clínicas fundamentales: la paranoia. La realidad del sujeto, la realidad social, la política, y toda la incertidumbre existencial de lo humano, son arrastradas hasta una experiencia límite, hasta lo que parece un punto de no retorno, donde el Dr. Palmer, como psicoanalista, examina las posibilidades de pervivencia de un mundo en el que la locura, en el sentido peyorativo del término, no sólo capitanea el destino de los sujetos y de la sociedad, sino que, además, se instala como cultura. Como se dice en un momento de la trama: “La enfermedad mental se está volviendo un estado crónico de la civilización[1]. En este sentido peyorativo, la paranoia de los sujetos viene a ser la caricatura, o la alegoría, de una sociedad enferma.  

La reflexión que va formulando el Dr. Palmer respecto de la paranoia y la locura es monumental desde este aspecto peyorativo que acabo de señalar, pero también desde su vertiente clínica, donde este trastorno del sujeto alcanza toda su dignidad. Me parece una lección para quienes van a dedicarse a la clínica, detenerse en esas viñetas que van salpicando la novela, pues cada una de ellas constituye una clase en miniatura de práctica analítica y sobre la posición del analista ante el deseo del paciente. Pero es interesante también para quienes no somos psicoanalistas, pues podremos reconocer ahí un tratamiento diferencial del lenguaje y del sujeto, respecto al que proponen los que se arrogan la potestad sobre las conductas humanas. Frente a esa posición, vemos al Dr. Palmer, tanto en su función de psicoanalista como en la de narrador, no en una posición omnisciente, sino en una posición de no saber. Sólo desde los testimonios de los pacientes ponen en juego todo el movimiento del lenguaje.  

Pasando a otro plano del comentario, asimilo la novela, metafóricamente, al recorrido de una figura topológica que se acostumbra a tomar en el campo del psicoanálisis, y a la que se hace referencia en un momento de la trama: la Banda de Moebius. La novela sería, en sí mismo, una Banda de Moebius sacudida por unas tensiones que amenazan con romperla. Porque tengo la sensación de que lectores y protagonistas estamos metidos en el paroxismo de una desorientación absoluta en la que pasamos de una dirección a otra, en el campo de los conceptos tradicionales, en el campo de las identidades, sin solución de continuidad y de forma vertiginosa. No sabes si los protagonistas ejercen su función como psicoanalistas, como jueces, o si trastocan esas funciones en las del detective de novela policial; nunca estamos seguros de si lo que leemos es delirio o realidad; no sabes si los funcionarios lo son de la razón o de la locura; no sabes si lo que nos mueve es la verdad o la mentira; y para rematar este ir y venir, no sabemos si sabemos o no sabemos. Es como si los límites entre los lenguajes, los personajes, los conceptos, no existieran, de manera que pasas de unos lugares a otros imperceptiblemente. Casi todo el movimiento de la novela se realiza como el intento de reconstruir una historia, de atrapar un sentido, pero esa historia y ese sentido están en fuga permanente. La paradoja es que, por otro lado, ninguna historia y ningún sentido pueden escapar al control de la tecnología. Es decir, fuga y control circulando por la misma banda de Moebius, y si en un sentido la historia y el sentido del sujeto parece en fuga, en el otro aparecen bajo el control más absoluto.  

Cuando hablo de la Banda de Moebius y de la dificultad en distinguir si el psicoanalista estaba en su función o se confundía con la del detective, hay que decir que, con esta cuestión, Gustavo Dessal está poniendo en escena una de las relaciones paradigmáticas que podemos establecer entre psicoanálisis y literatura, es decir, la relación entre la función del psicoanalista y la del detective en la ficción detectivesca, ambos como lectores que descifran enigmas para producir el encuentro con la verdad . Esa relación era indagada por Ricardo Piglia en la conferencia que dictó en la IPA en Buenos Aires en 1977 y que seguro que muchos conocéis. Si allí decía Piglia, entre otras cosas, que “hoy vemos la sociedad bajo la forma del crimen”, no me parece que Gustavo ande muy lejos de esa visión respecto a la sociedad actual, con matizaciones, seguro, pero presiento que su pensamiento está próximo a esa concepción. Pero el crimen, con el tiempo, se fue sofisticando, y si en aquél tiempo Piglia ironizaba, y el crimen no era robar un banco sino fundarlo, ahora la ironía parece estar fuera de lugar, pues la cosa se pone seria, ya que de lo que se trata es de matar al sujeto y todas las categorías que lo configuran, el lenguaje, la verdad, la ficción. Es decir, Gustavo nos estaría convocando al centro de un dramadonde la tensión entre ese sujeto y la ideología totalizadora del conocimiento tecnológico queriendo apropiarse de ese sujeto, es tal, que se puede producir la ruptura de la Banda de Moebius, de tal manera que, en caso de que esa tensión se resuelva en favor de lo tecnológico, lo humano y la civilización ya no serían reconocibles en su estatuto actual. El Dr. Palmer, como psicoanalista, se ve empujado a realizar una traslación, pues no puede evadirse de investigar, como si fuese un detective, el funcionamiento de un sistema social que parece diseñado para perpetrar ese asesinato y esa ruptura.

Al comienzo tracé la simetría en la serie del Dr. Palmer. Lo que trataba era, además de introducir la cuestión del Destino, quería mostrar a los protagonistas de la novela encerrados y atrapados entre dos períodos históricos, porque este cercamiento me parecía que ilustraba algo de la literatura de Gustavo. Y es algo coherente con lo que nos enseña la literatura desde Cervantes hasta Kafka: la reducción progresiva del espacio del que dispone el sujeto para su aventura vital, una aventura que con Cervantes era hacia un mundo abierto, y que con Kafka esa aventura acaba siendo cercada por la historia y las instituciones, como bien comenta Kundera en El arte de la novela.

Qué decir, al respecto, sobre el Caso Mike. Veo al protagonista en la referencia a Kafka, en el sentido de que estaríamos asistiendo a una nueva metamorfosis de lo humano. Si Gregorio Samsa, en su metamorfosis, puede ser tomado como la alegoría de un sujeto cautivo, sin posibilidad de llevar a cabo ninguna aventura humana, por la presión angustiosa a que lo someten las instituciones, aquí la metamorfosis da un paso más, pues la tecnología acaba convirtiendo a Mike en un nanosujeto, en un microbio en fuga atrapado por un saber totalizador. Mike es la simple caricatura, incluso la alegoría de un cuerpo que ya no puede alojar ningún secreto, y que en su desnudez huye inútilmente de ese saber omnipotente. La aventura está casi finiquitada. Dice en la página 78: “El sistema está pensado para que usted no pueda escapar”. Es inevitable evocar en esta frase al Sr. K de El Proceso, o al K. de El castillo.

Y respecto al Dr. Palmer V Gustavo Dessal, veo a los psicoanalistas de sus características como Quijotes en esta época tecnológica. Porque están en su despacho leyendo-escuchando una historia por entregas, la de un sujeto, y lanzándose al mundo, a la aventura, para vivirla él mismo y dar lugar a una realidad alternativa a la que ofrece el mundo tecnológico. Se trata, sin duda, de una aventura ética en la que el Dr. Palmer cabalga entre el delirio del paranoico y una realidad loca tratando de preservar el estatuto del sujeto y del lenguaje. Claro que, también podría considerársele desde una perspectiva bovariana, como seguramente lo vería Piglia, leyendo desde el romanticismo esas historias por entregas y procurando que tengan una proyección en la vida. Me inclino por la versión ética más que por la romántica, pero puede haber quien considere que ya es una actitud romántica la del psicoanalista, en los tiempos que corren, saliendo a defender el espacio y la palabra del sujeto. En cualquier caso, si se trata de una posición romántica, al menos estamos convencidos de que esa posición de incauto es la posición más digna, y la que corresponde al pensamiento ético en que el Dr. Palmer se sustenta. 

Dos apuntes para finalizar. Quería decir que, si bien Gustavo no escribe poesía, al menos que yo sepa, no podemos olvidar que la dimensión poética está presente en la serie del Dr. Palmer. En El caso Anne, lo poético tenía un lugar preeminente, si por poético entendemos, no la forma exterior de un texto, sino el tono con el que la escritura se impregna de lo que, remedando a Joyce, podríamos nombrar como ineluctable modalidad de la ausencia, ese no saber que habita el centro mismo de lo humano. Ese tono de la escritura todavía se conserva en El caso Mike, pero el espacio para escribirlo aparece más recortado que nunca por la tiranía que ejerce ese saber absoluto y omnipotente del que venimos hablando. Contra esa tiranía nada a contracorriente el Dr. Palmer, tratando de preservar ese inefable que nos sostiene, todavía, como humanos.    

Por último, en la novela vamos a encontrar un manejo extraordinario de lo simbólico. Por supuesto, las escenas tienen un sentido literal, pero muchas ofrecen, además, un sesgo simbólico que va a enriquecer notablemente la lectura. Por ejemplo, suele decirse que los comienzos en literatura son fundamentales. Pues bien, todo el primer párrafo tiene una potencia simbólica fabulosa. Veinte renglones de una pericia literaria magistral concentrando gran parte de los elementos que van a estar jugando todo el tiempo en la novela.  

Sólo queda felicitar a Gustavo por esta nueva novela que, como las anteriores, constituye un sólido pilar literario para los incautos que todavía creemos en el sujeto, en el lenguaje, en lo poético, en la verdad y en la ficción.  


[1] Gustavo Dessal. 2020: 117. El caso Mike. Interzona. Buenos Aires

PRESENTACIÓN a cargo de Lore Buchner

Introducción a una lectura audiovisual de “El caso Mike”

Muy buenas noches a todos.

Quiero, ante todo, agradecer inmensamente a Gustavo por la confianza ciega que envolvía su invitación, pues me convocaba a “hacer de las mías”, es decir a que vayan a acompañarme esta noche algo más que mis palabras, y aunque él no sepa exactamente qué. Pero, antes de abrir el telón a este abordaje “sorpresa” de la novela, me gustaría primero, muy brevemente, destacar los dos grandes aspectos que he recortado para ello : el tema central y el estilo.

Si “El caso Anne” bordeaba el indecible del Holocausto, del gran agujero de sentido del siglo XX, a partir de las marcas que este “trauma global” había dejado en la subjetividad de Anne; aquí, en “El caso Mike”, Gustavo nos trae a un hacker que busca escapar de la mirada hipervigilante del mundo virtual por la que nuestro siglo XXI se ve atravesado.

En cierto sentido, ambas novelas muestran hasta qué punto la realidad psíquica está profundamente enraizada y enmarcada en la realidad de la época que nos toca vivir. Gustavo traslada a la literatura la gran advertencia lacaniana para hacernos sentir que, como el psicoanalista, el escritor tampoco debería renunciar a unir a su horizonte la subjetividad de su época. Y su esfuerzo en aprehenderla, en documentarse, en interrogarla, es aquí puesto a cuentas de su alterego de la ficción – o así me gusta imaginar al entrañable doctor Palmer, psiquiatra y psicoanalista en Boston. Pero, esta vez, el relato cobra además la particularidad de construirse bajo el signo de la “ambigüedad” en la que la realidad psíquica y la de la época pueden llegar a confundirse. Es por el sesgo de esta ambigüedad que se abre paso la tensión, el misterio que, ávidos de develamiento, nos va conduciendo de una página a otra.

Pensaba, mientras leía la novela, en los comienzos del psicoanálisis, cuando Freud, confrontado a las histéricas de su tiempo, escuchándolas una tras otra, llegó a intuir que le mentían, que le mentían en cuanto a la realidad de los acontecimientos, pues ésta era más bien reemplazada por el delirio de sus fantasías neuróticas. Y me evocó aquello pues aquí Gustavo nos presenta, en cierto modo, el recorrido inverso. Él parte de lo que parece lo más delirante del discurso de un paranoico Mike, para decirnos que tal vez no todo sea delirio, que no todo sea fantasía individual, pues la realidad colectiva, con la que el delirio siempre se ha medido, se ha vuelto delirante en sí misma. Podríamos decir que, al “todos locos, todos delirantes” lacaniano, Gustavo añade: “y el mundo en sí mismo también loco”. ¿Dónde situar entonces la frontera entre el delirio compartido y el delirio individual? Y, en el fondo, ¿cómo definir hoy el estatuto de un delirio, a la luz de un mundo vuelto un “manicomio global”, como gusta decir Gustavo en sus posts de cada domingo? Esta novela nos conduce, así, a repensar la locura en una sociedad en la que todos somos fundamentalmente alienados y potencialmente paranoicos.

¿Qué decir, finalmente de lo que me ha evocado el estilo? Difícil encontrar la buena palabra con la que nombrarlo. Por lo pronto, arriesgaré que lo encuentro esencialmente pictórico. He tenido esta misma experiencia leyendo “El caso Anne”. Gustavo construye imágenes con sus palabras. Es un verdadero metteur en scène. Él nos coloca a los lectores en escenas muy precisas, una tras otra, como un director de cine, como en una… película literaria, con todo lo paradójica que pudiese parecer esta expresión. Es un texto que, a mi parecer, llama a la imagen. Es entonces ese estilo pictórico el que me ha incitado a intentar materializar esta ficción, no sin la colaboración especialísima de algunos otros lectores[1] que han aceptado acompañarme en esta aventura y a quienes aprovecho para agradecer enormemente.

Y bien, para que “El caso Mike” comience entonces a hablar por sí solo, para que se deje hablar en ustedes, los invito pues a esta breve lectura audiovisual.

Lore Buchner

Psicoanalista en Paris.

Paris, 17 de marzo de 2021.


[1] Me refiero aquí a Óscar Ventura, Gonzalo Basso y Candela Dessal López, quienes han contribuido gentilmente prestando sus voces para la realización de este video.

PRESENTACIÓN a cargo de Oscar Ventura – Miembro de la ELP y de la AMP

Buenas noches queridas y queridos colegas, y muchas gracias a la Biblioteca de Madrid, a Carmen Bermúdez y a Gustavo por supuesto por invitarme a formar parte de esta presentación. Después de las intervenciones de Lore, impactante sin duda y de Miguel Ángel, que ha sabido leer de una manera muy fina y muy precisa este libro, no va a ser sencillo poder agregar algo más a estas imágenes y a estos comentarios, que sin duda ya han despertado la curiosidad de muchos.

En primer lugar creo que hay que darle la bienvenida al regreso del Dr.Palmer, es una pena que no pueda estar con nosotros esta noche, conectado a Zoom, tengo constancia que se ha comunicado hace un rato con Gustavo y que una vicisitud de último momento en el Solomon Carter no le ha permitido ofrecernos la sorpresa de su presencia, estaba entusiasmado por poder practicar su español, en el que avanza sin dilaciones y seguramente en algún momento del futuro, siempre incierto del Dr. Palmer, tendremos la posibilidad de escuchar sus reflexiones de viva voz.

Pero en fin, menos mal que tenemos al Dr. Palmer allí en Boston, es una esperanza y un sosiego para los que habitan los márgenes de la existencia, tanto de la nuestra, como la de los otros. Todos formamos un poco parte de la banda del Dr.Palmer, aunque el se vuelva, a veces, un poco refractario a incluirse en la serie. Y tampoco, hay que decirlo, está nada mal que sea de esta manera.

En esta ocasión tenemos a Mike, su caso, que encarna una coalescencia entre desahuciado y genio al mismo tiempo, y que es elevado por la pluma de Gustavo y por la pericia de nuestro querido doctor a la altura de una escritura que imprime una trama que se vuelve adictiva desde el mismo instante en que uno queda atrapado en las primeras páginas del libro. Tal vez desde ese momento temprano, -hay que decir que es muy difícil sustraerse del impacto de la introducción- desde ese momento decía en que las letras de Gustavo nos enfrentan a esa maniobra de los bomberos que con un sofisticado instrumento aspiran cristales molidos del cráneo de Mike.

Creo que es lícito decir que todo el libro, de alguna manera, es una operación de extracción de cristales molidos. En cada uno de los personajes, en la sucesión de sus vicisitudes, inclusive en la banalidad de los diálogos cotidianos que enmarcan a los protagonistas en la ficción de una existencia, se pueden ver o se pueden leer, para decirlo con más propiedad, -como en un negativo fotográfico, como en una radiografía que muestra la pesadilla más inquietante- se pueden leer la presencia de esos trocitos de vidrios pulverizados que al mismo tiempo que brillan; hieren y marcan sin piedad ninguna los cuerpos y las almas, no solo de los protagonistas, sino también que esas filosas piezas de cristal asesino se incrustan en el lector que es testigo de algo que va más allá.

Y que irrumpe siempre de una manera sutil mostrándonos el reverso de un mundo extraño e inquietante, radicalmente Otro, que si bien puede quedar velado transitoriamente en el confort al que por ejemplo se aferra el juez Casttan, con ese escrupuloso y exquisito refinamiento de sus gustos, creyendo que esas representaciones en las que se sostiene podrían funcionar como una suerte de barrera a esa mutación definitiva del mundo de ayer que el libro nos revela, de ese mundo que ya fue. Y que al que es imposible retornar. Creo que podemos decir que el conjunto del libro nos hace patente esto y nos sacude si contemplación de la inutilidad de la nostalgia. Inclusive el mismo Dr. Palmer, es sorprendido por un caso que se escribe más allá de la serie, y que le revela intempestivamente cómo una humanidad desorientada e inerme, atravesada por la imbecilidad colectiva, tributaria, tanto de la hipnosis de las pantallas, como de la proliferación en cadena del autismo subjetivo al que nos empuja el universo tecnológico. Bajo este impacto el Dr. Palmer nos sumerge en algo que es una enseñanza para los lectores de esta novela. Y es algo que podríamos nombrar, ¿por que no? como la experiencia del fin. El Dr. Palmer, como buen Psicoanalista que es, no emite un juicio sobre esta experiencia, no se detiene ni en la cuestión axiológica, ni pretende introducirnos en una teleología que le sustraería a la experiencia del fin toda su dignidad.

Sencillamente nos conduce a la incertidumbre necesaria para no hacer de esa experiencia del fin pura tragedia. Lo dice en una de esas reflexiones que son verdaderas perlas, extracciones de cristales molidos rescatados con el bisturí del discurso, cuando en la rumiación de sus pensamientos nos transmite por ejemplo que “Ahora debía acostumbrarme a sintonizar con una especie diferente, creada por la lógica de los algoritmos, que no están hechos de la misma materia. Gente que saca conclusiones generalmente correctas, pero saltándose el tiempo de comprenderlas. Viven cifrando sin cesar todo lo que experimentan, como un cerebro despojado del alma. Y aunque el alma sea una noción caduca y poco científica, no podía evitar preguntarme si celebrar su extinción era un signo de progreso o el inicio del fin de la humanidad que hasta ahora, sublime y execrable, hemos conocido”

Es más que probable, por no decir que es seguro que después del caso Anne, este retorno del Dr. Palmer era esperado por muchos. Si el caso Anne, es una enorme, compleja y profunda reflexión sobre el siglo XX y sus tragedias, coaguladas en ese innombrable que llamamos Shoa y que no ha dejado de escupir restos como nos nuestra querida Anne. EL Caso Mike permite hacernos un poco, quizás solo un poco, menos mortal ese salto de paradigma en el cual esta sumergida la civilización.

Sin duda, tenemos ante nosotros un objeto literario, una novela que está escrita de forma exquisita, con un manejo del tiempo que no tiene nada que envidiar a los grandes de ese género que es el thriller, para decirlo rápido; es un libro que nos encadena a su lectura.

Tanto el manejo del suspense, como la juntura entre la atrocidad, la ternura, el desencanto, lo despiadado y la locura, producen un efecto en el lector que hace vibrar toda la paleta de los afectos, entonces uno se puede hacer la buena pregunta en la medida que va pasando las páginas. ¿Y ahora que? ¿Que va a ocurrir?  Y a partir de allí el libro se desliza como un torbellino, que no deja de evocar en toda su extensión la desesperada carrera de un hombre desnudo por ese asfalto homicida, que desgarra tanto los pies descalzos, como las costuras de un pensamiento que pretendiera cerrarse a la futilidad de una coherencia posible, a un sentido, cualquiera sea esta. Estamos en un territorio más allá de cualquier coherencia. Y no solo por esa descripción tan precisa con que Gustavo nos hace palpable ese borde en que el delirio y el llamado principio de realidad se inscriben en un litoral, sino que de una manera más profunda nos abre las puerta de lo real de una civilización en que el concepto mismo de lo humano se inscribe bajo un enigmático signo de interrogación. EL caso Mike es la buena forma de literatulizar ese conjunto de textos que forman parte de su último ensayo Inconsciente 3.0

Gustavo forma parte de esos escritores que tienen el talento de deslizarse con una naturalidad y una soltura impresionante en distintos géneros literarios, ya sea el relato corto, la novela, el ensayo, inclusive la crónica, la crónica de actualidad, ese género que linda con lo periodístico, como la que encontramos cada domingo en los post de Facebook. Y esto, probablemente no es nada sencillo de conseguir, hay una plasticidad de universos en el conjunto de esta literatura Dessaliana, que no deja de sorprendernos cada vez. No son numerosos los escritores que pueden deslizarse con ese grado de fluidez en esta pluralidad de géneros. Y ahora lo encontramos buceando en la saga o la serie, depende, hay una polémica en la critica literaria de como nombrar la sucesión de un personaje o de un linaje que se perpetua en el tiempo y construye un relato, siempre el mismo y siempre Otro. Y sin duda el Dr. Palmer empieza a inscribirse en este tiempo literario.

Por otra parte, y voy concluyendo. No podemos obviar que estamos ante la pluma de un Psicoanalista. Y aunque el mismo Dr. Palmer es un poco escéptico respecto al futuro del Psicoanálisis en el mundo y a otras cosas también… No obstante eso, esta presencia de Dave que encarna una enunciación que Gustavo sabe escribir tan bien, y en la que destila un fino y bien argumentado pesimismo respecto al porvenir. No obstante eso, esta presencia, este libro y sus ecos, nos autoriza a pensar que en cada ciudad, en cada lugar, hay la existencia de un Dr. Palmer y de sus colegas, sobrevivientes curtidos de las tempestades de las palabras y de los impresionantes efectos que producen cuando ellas, las palabras, encuentran el buen lugar donde alojarse. El lugar de los analistas en las ciudades, en sus despachos, en sus consultas, sean donde sean que estén, son especies de faros, de brújulas que orientan a los navegantes de mares oscuros y tormentosos, siempre en los bordes de un naufragio. Y allí, en las misteriosas ciudades, cruzadas entre los cables de las azoteas, ondean sus banderas de piratas del discurso, para sustraerles a estos extraños seres que hablan, un poco, un poco aunque sea del peso que significa tener que vivir con todas esas palabras que nos habitan.

Muchas gracias Gustavo por este libro. 

Oscar Ventura.

Alicante, 17 de Marzo de 2021

COMENTARIO a cargo de Pilar Berbén – Socia de la Sede de Madrid

Me gustaría destacar el afán de Gustavo Dessal por la difusión del psicoanálisis y su esfuerzo por utilizar un lenguaje sencillo y comprensible, mostrándonos su saber, sin necesidad de citas y frases enigmáticas. Desde el principio hasta el final encontramos en el libro este rasgo peculiar que va dejándonos como auténticas perlas.

Pondré algunos ejemplos:

En la página 24 nos habla de los efectos de un análisis: “Pero tanto el dolor como la experiencia del análisis le habían dado la posibilidad de encontrar un modo diferente de encarar la existencia, haciendo de él una persona más sensible, más sabio en los asuntos de la vida. Eso tuvo también sus consecuencias en el plan o de su profesión, porque asumió un compromiso social que nunca antes había tenido”… “y comenzó a escribir y disertar sobre la responsabilidad de juzgar”.

En otro nos muestra cómo puede ser la escucha psicoanalítica. Página 43: “…su aspecto era de una mujer fuerte, pero por dentro arrastraba la extenuación de miles de años”… “La acompañé en su silencio. Había aprendido que no sólo las palabras pueden reconfortar. No decir absolutamente nada es muchas veces lo mejor que se puede hacer. Solo estar allí, haciéndole sentir al paciente que recibo su mensaje, y que se lo reenvío para que resuene en sus propios oídos. Ese es el principio fundamental del análisis”.

Finalizaré con otra sutileza más, mostrándonos que es necesaria la supervisión de los casos clínicos, bien por su complejidad o para orientarse en la estrategia a seguir. Dice en la página 231: “Un clínico aislado corre el riesgo de creer excesivamente en sí mismo, de convertirse en un irresponsable, o de fabricar teorías personales que sin el contraste con los otros pueden deslizar con facilidad por la pendiente del delirio.”

Gracias Gustavo por este libro, eres un maestro del bien decir.

Pilar Berbén

COMENTARIO a cargo de Virginia García Falagán – Socia de la Sede de Madrid

Buenas noches.

El caso Mike tiene varias líneas de lectura. He elegido el odio. Ya, en las primeras páginas, el doctor Palmer describe a Nelson, hermano de Mike, como alguien que rezuma odio por los cuatro costados. Creo que el odio transita por casi todos los personajes. Recuerdo El caso Anne, donde ella y otros pacientes utilizaban el odio como un síntoma que los mantenía vivos.

Cito al doctor Palmer: “una luz de finales de agosto que iluminaba el rostro de Mike y dejaba ver las señales de un dolor largo y una mirada que alternaba la chispa del odio con el rigor de la muerte”.

En mi práctica, un paciente joven reflexiona: “Creo que el odio es lo que me hace seguir adelante, si no ya me habría matado”.

Parece obvio que debemos conservar el odio, en ciertos pacientes, por ser lo único vivo que poseen…

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