EL LENGUAJE DEL ARTE – OCTAVIO COLIS

Por Mónica Unterberger – Miembro de la ELP y de la AMP

Tengo el gusto de presentar a OCTAVIO COLIS,  escritor, ilustrador, artista plástico y un ser  de deseo que a partir de su llegada a Madrid en 1960 desde su lugar natal Logroño, no sólo no ha dejado de intervenir activamente en la vida social,  intelectual y artística  que la agita, sino que se muestra comprometido en todos aquellos  movimientos que atraviesan a esta ciudad y más allá.

Amante de Madrid, de sus gentes y sus avatares, investigador  y conocedor de las transformaciones que componen sus calles y sus monumentos, si uno echa  un vistazo a su trayectoria,  y siendo fácil encontrar su presencia  en la prensa, en la radio, en la televisión y en acontecimientos convocados para celebraciones oficiales de envergadura somos llevados a concluir que se trata de un trabajador decidido.

Incansable escritor – sus publicaciones son  numerosas-, como artista  ha expuesto en galerías nacionales e internacionales e ilustrado portadas de discos y revistas , tampoco el  teatro quedó fuera de su abordaje.

Es de recibo recordar que en ocasión de la primera inauguración del espacio ENCUENTROS CON EL ARTE , en la nueva Sede de la ELP, y por intermedio de  su amistad con Ana Lía Gana, en ese momento Directora de la Sede, tuvimos la oportunidad de contar con su amable y fecundo asesoramiento  para tal  precioso acto inaugural.

Es hace poco y a  sabiendas de su verbo fácil, su reconocido saber y esa generosidad que lo caracteriza, que le solicité un texto que hablara de su idea o reflexión sobre el arte.

Y aquí lo tenemos.

Queda a cargo de  cada uno la meditación de su ejercicio sobre la función creacionista  que le otorga al arte.

EL ARTE ES UN LENGUAJE

Por Octavio Colis – escritor, ilustrador y artista plástico.

Interior de un agujero negro supermasivo fenecido en el centro de la Vía Láctea,
y estudiado por el astrónomo forense Farhad Yusef-Sahed, de la Universidad de Northwestern.

“Al principio” no significa nada, no tiene sentido ni motivo, pero al principio fue el movimiento y, en el lenguaje del arte, al principio fue la danza. Cuando el insignificante principio vibró se expandió creando el espacio, y el -o en el- tiempo creciente, de la misma manera que después de hoy llegará mañana, sin que el mañana esté en el hoy en ningún sitio, en ninguna parte o lugar. Y se produjo entonces (“entonces” tampoco significa nada) el ruido, pero en el lenguaje del arte el ruido es sonido, en el lenguaje del arte el sonido es música. El movimiento no es relativo al sonido, sino el sonido al movimiento, pero suceden y se expanden casi a la vez, en paralelo, en un plano o punto singulares y sin dimensión. No se tocan ni se relacionan, la danza ocupa el espacio, y el sonido recorre el tiempo que se expande en el espacio elástico que crea el movimiento (en esa dimensión oscura que todavía desconocemos). Y con la danza se formaron el calor y la entropía descrita en el segundo principio de la termodinámica (temperatura en donde no existía la temperatura, no se puede extraer calor del frío), y con el calor apareció la luz, que en el lenguaje del arte visual antiguo se llamó pintura, y la pintura definió el alto y el ancho que, al expandirse sin intención de hacerlo, sin sentido o dirección alguna, pero en todas ellas, formó la tercera dimensión, creó lo que en el lenguaje antiguo del arte se llamó escultura.

Hace miles de millones de años, la danza, la música, y el arte visual -es sólo una forma de entenderlo- se extendieron en un plano alto-ancho y abarcaron tres dimensiones acotadas por la energía oscura, el vacío y el silencio (de significantes no-energía, no-materia, y no-sonido sensibles, visibles y audibles), fueron en ese orden del lenguaje del arte: al principio.

Un astrónomo forense, miles de millones de años después, constataría en la observación de la primera espiral la primera gran manifestación artística. Y se si trazara una gráfica de registro de las vibraciones del principio, si se utilizara el lenguaje del arte visual, los signos que fijaran la música de aquel que fue su ruido de fondo, se estaría trazando la partitura por la que podríamos desentrañar el sentido, movimiento y sonido del principio, y repetirlo en el sentido que tiene el lenguaje del arte. Porque el arte ni crea, ni ve lo que crea. El arte es el lenguaje del artista (verdadero) que no crea lo que ve, pero ve lo que crea.

Y después de la danza, la música y las artes visuales, manifestándose en el espacio sideral, tanto tiempo después, formaron los seres complejos de materia elástica (los artistas) los dialectales, trayendo al Logos pseudoreferencial, inmaterial, en forma de rito repetitivo o variable común, para fijar a los tres en el teatro, del que surgieron los signos, y la palabra, y la religión que es ciencia, y la ciencia que es religión, observándose la materia expandida a sí misma (como si pudiera) en su pretensión de estar, o de ser estando, permanecer, como si hubiera un destino cierto o una Providencia segura.

Y del teatro musical danzado en un espacio visual artístico, apareció la orden y el orden: la palabra (y su par, el silencio) en el sentido que ordena, y la armonía (y el caos que comenzó con el calor y la entropía) y los sonidos con sentido preciso, como si la palabra hablada fuera sólo hija del ruido, y la palabra trazada lo fuera del arte visual. Con el Logos vino la supuesta y conveniente verdad hablada, y después vino la supuesta verdad, ya fijada, inamovible, la “verdad” escrita: la literatura. Primero la literatura breve o concisa, la poesía, articulada en arte visual concreto, pues sólo eso son las letras que forman palabras que forman frases que forman discursos y conceptos, y fue entonces que el lenguaje del arte dejó la abstracción propia de la danza, de la música y del arte visual primeros, para desarrollar los argumentos figurativos concretos que se refirieran al mismo, como si el Logos se expresara. Se relató el principio de todo tras la danza, la música, y las artes visuales, como si el Logos hubiera tenido interés por existir tangiblemente entre la materia y la no materia, y existiendo ya todo lo demás hubiese querido quedarse en ello y con ello. Pero el Logos no creó, fue creado.

Visionarios propagadores de la Verdad, y chamanes de la religión y la ciencia, fijaron los lenguajes finales, tras el lenguaje primero que crearon los artistas creyendo desvelar el lenguaje primero: la danza, la música y las artes visuales del principio, de ese principio incierto que no podremos saber nunca si estuvo en alguna parte en este agujero negro que es el Universo sin dimensiones ni horizonte de sucesos, pues mañana vendrá mañana, sin venir, quizá simplemente surgiendo, como ese principio del todo incierto.

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