Encuentro preparatorio de las XX JJ de la ELP Marcas del Trauma.

Reseña.

Por Paula Fuentes – Socia de la Sede de Madrid de la ELP y miembro de la Comisión de Noches de la Escuela.

El martes 19 de octubre tuvo lugar el Encuentro de forma presencial en la sede de Madrid y de forma online a través de la plataforma Zoom. Rodrigo Bilbao, Miembro de la ELP y de la Comisión de las Noches de la Escuela presentó el acto y lo coordinó, introduciendo el tema y dando la palabra a los ponentes.

En primer lugar, intervino Antonio Carrero (Miembro de la ELP y de la AMP), bajo el título de “Symptrouma”, tratando las dos dimensiones de un análisis, y nombrando el término ultrapase, empleado por Miller para referirse a la vuelta al diván de algunos AE para ocuparse de lo que escapó a la construcción por medio del sentido, de los semblantes, de lo imaginario. Diferencia y explica los dos tiempos en el análisis, el del Otro y el del Uno, mostrando que el goce es el objeto de una fijación, afirmando que lo que distingue al cuerpo del ser hablante es que su goce sufre la incidencia de la palabra, por lo que propone olvidarse de las palabras y el sentido, partiendo de la escritura y de la letra, ya que el real sin ley, traumático, será inasimilable siempre y reitera sin cesar, siendo la orientación analítica la que posibilita esta nueva lectura. Toma una clarísima ilustración clínica del testimonio de Myriam Chèrel para ejemplificar cómo el camino de sentido se desvanece en las cercanías del trauma.

Santiago Castellanos (Miembro de la ELP y de la AMP), con su intervención titulada “Marcas del Trauma: El real propio de cada uno”, da cuenta, empleando algunas referencias a Freud de la relación del trauma con el goce y su repetición, recogiendo el cambio de perspectiva de Lacan en este punto al nombrar tres consideraciones: la primera es que el trauma escapa al sentido, por lo que el fantasma fracasa. La segunda es que desde el psicoanálisis no se puede prever lo que será traumático en cada uno. Y la tercera es que lleva mucho tiempo “separar el grano de la paja”, los análisis son largos para poder llegar al núcleo duro a través de una poda de sentido, posibilitándose entonces una pérdida (de goce) y una satisfacción. Habla de lo inasimilable del trauma y de los restos sintomáticos tras un análisis, así como de los momentos traumáticos, la experiencia del cuerpo fragmentado y el encuentro con lalengua, y de los efectos mortificantes del significante sobre el cuerpo y su causa de goce, dejando huellas y marcas. Ofrece la imagen de los lazos que se forman entre las palabras y el cuerpo, tejidos alrededor de un agujero para dar muestras de su propio análisis, donde pudo aislar y localizar fragmentos de real, para decir que vislumbrar lo real introduce la dimensión del sinsentido y la inconsistencia, siendo a partir de ahí precisamente cuando se posibilita una nueva satisfacción y la relación al Otro.

Beatriz García (Miembro de la ELP y de la AMP), titula su trabajo “Trauma y cesión en el abuso sexual”, y hace referencia al libro de Clotilde Leguil “Ceder no es consentir”. Parte de que la marca fundamental del trauma es la ausencia de una palabra para decir lo ocurrido y nombra como ejemplo la idea central del movimiento Mee too como un movimiento de revuelta del “nosotras”, que no se para en el detalle y pretende devolver la palabra a las víctimas y hacer retornar la vergüenza al que realmente la ha producido, pero con la gran limitación de la puesta en común del traumatismo, ya que el sufrimiento no es colectivo, no hace trauma lo mismo en cada uno. A través de un recorrido por los años de la liberación sexual y lo que supusieron se da cuenta de que el imperativo de goce abre la puerta a la aniquilación del otro. Beatriz propone una distinción entre ceder y consentir tomando la enseñanza de Lacan a lo largo del tiempo, llegando a la noción de vergüenza como marca que produce el acontecimiento traumático, aquello que sucede en el cuerpo y que produce una fijación de goce, teniendo esto relación con lo que sucede con las víctimas de abuso sexual cuando se preguntan si debían haber hecho algo más para defenderse, por qué les vuelve a suceder algo parecido o si lo han provocado. La hipótesis es que en el abuso hay un Ceder, que es dos cosas a la vez: sufrir un forzamiento por parte de otro y forzarse a uno mismo, ya que el traumatismo reenvía al sujeto traumatizado al enigma de su propio consentimiento, siempre. Trata el enigma del consentimiento y el riesgo a abrir la frontera al ceder, y explica la diferencia entre el dejarse hacer del consentimiento siendo un goce consentido donde uno elige y se deja hacer por otro que desea, y el dejarse hacer del pavor, donde el sujeto no es capaz de consentir ni de decir nada, llegando a la petrificación del cuerpo que se produce en lo traumático. Lo característico en el traumatismo sexual es el silencio, la amnesia y la efracción. La angustia aparecerá mucho después como síntoma. Retoma como ejemplo el caso Emma para decir que cuando el sujeto cede queda prisionero del trauma que ha fracturado su cuerpo y esto engendra una repetición pulsional. Hace referencia a la novela El consentimiento, de Vanessa Springora, que sirve para mostrar que lo que deja huella traumática en cada uno es diferente a pesar del hecho vivido. Desde el psicoanálisis sabemos que el traumatismo cortocircuita la palabra y es por eso precisamente por lo que ofrecerá otra forma de escucha para acoger lo rechazado cuando un sujeto habla de un abuso, franqueando el terror y leyendo las huellas enigmáticas, encontrando una respuesta particular e inventando algo frente a la dimensión trágica del abuso y su repetición, inventando pues una lengua propia. Beatriz puntualizará finalmente que es desde el psicoanálisis desde donde podremos saber de qué se trata en cada uno, saber si ha habido un abuso o una cesión o un consentimiento, ya que se le ofrece al sujeto la palabra y a partir de ahí se podrá ir viendo, evitando así los saberes generalizados y los prejuicios.

En el debate generado tras las exposiciones y ante algunas puntualizaciones muy interesantes sobre los trabajos de los tres ponentes, se da por cerrado el encuentro preparatorio recogiendo aportaciones claves para el tratamiento y entendimiento del trauma, tocando algo de lo que ahí sucede, cómo lo que no miente es el real, porque el real no habla, cómo el tratamiento será el restablecimiento de la relación del sujeto con la palabra, que estaba rota, y cómo habrá que reconocer las diferentes respuestas del cuerpo y las posiciones de cada sujeto.

Noches de la Escuela Hacia las XX Jornadas de la ELP “Marcas del trauma”.

Comisión responsable: Araceli Fuentes, Beatriz García (coordinadoras), Rodrigo Bilbao y Paula Fuentes.

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