El 29 de septiembre tuvo lugar en la Sede de Madrid la Tercera conversación sobre Polémica Política, recopilación de escritos e intercambios de Jacques Alain Miller y miembros de la AMP que tuvieron lugar entre marzo y junio del curso 2017 en torno a una posible articulación entre la política y el psicoanálisis. Este ciclo de conversaciones con colegas de ELP estuvo promovido y organizado por Andrés Borderias, compilador del volumen Polémica Política, junto a Joaquín Caretti, responsable de Zadig.

Esta tercera conversación, coordinada por Araceli Fuentes, contó con las intervenciones de Enric Berenguer, Rodrigo Bilbao, Laura Canedo y Julia Gutiérrez, miembros de la ELP y de la AMP.

Rodrigo Bilbao y Laura Canedo comparten aquí sus intervenciones.

¿Política del psicoanálisis o el psicoanálisis en la política?

Por Rodrigo Bilbao R. – Miembro de la ELP y de la AMP

La invitación a la tercera conversación sobre el libro “Polémica política”, me llevó directamente a la pregunta que se me abrió a partir de la presentación de Miller el 13 de mayo 2017 en Madrid. En aquella oportunidad realicé una breve reseña para el blog de la ELP que llevaba el título de esta ponencia, y planteaba un tema, que al revisar este libro se ve claramente atravesándolo a lo largo de sus páginas. Política y psicoanálisis, política del psicoanálisis, política en el psicoanálisis, política y los psicoanalistas, allí está la polémica.

Quisiera hacer un breve comentario sobre este libro. Me parece fenomenal como un libro de campo en términos de la antropología, una bitácora del momento. Este libro da cuenta de lo ocurrido al interior del campo freudiano, como también su relación con otras personas e instituciones relacionadas con la AMP, en un momento fecundo dado por la irrupción como sabemos del fenómeno Marine Le Pen desde la mirada y la opinión de JAM, sus interrogantes e interpretaciones. Un libro no solo de psicoanálisis y su cruce con la política, sino una interpretación para los psicoanalistas, testimonio histórico de este acontecimiento y la rica discusión generada, que quedará para la posteridad, ojalá no en los libros de historia.

Dado el honor al tiempo, extraeré algunos puntos y preguntas que me llaman la atención, los cuales se vislumbraban desde mi sorpresa en aquella reseña:

Conferencia en Madrid.

JAM2 se consagra a hacer existir el psicoanálisis en el campo político. Nunca Freud ni Lacan hicieron nada similar” (p.415) ¿Por qué? ¿Por qué no lo hicieron y por qué hacerlo?

 Lacan habría esperado esta aportación según Miller, pero no se llegó a concretar (p.419).

La dificultad de esta proeza toca directamente a los psicoanalistas, quienes históricamente han tenido un lugar ambiguo y distante, esta implicación es algo que nunca había ocurrido en la historia del psicoanálisis (p.17), pero implicarse o elegir supone participar de la historia del psicoanálisis (p.524).

Miller recorre el lugar del acto, la elección en acto como posición ética, comprometerse, pero el primer cuestionamiento que se podría escuchar viene de Rene Major hacia Miller ¿Les corresponde a los psicoanalistas hacer eso? (p.23). Allí se abre la “caja de pandora”.

La posición equidistante con respecto a la política -y otros temas habría que agregar-, provendría de aquella regla técnica de la neutralidad benevolente o abstinencia, en los “Trabajos sobre la técnica psicoanalítica (1911-1915 [1914])” desarrollados por Freud. Pero como bien destaca Miller, ese aspecto era referido al material asociativo del paciente a partir de la atención flotante y la “contención de los propios deseos del analista” que planteaba Freud, a lo que respondió Lacan con el deseo del analista. No era la distancia contemplativa ascética que los postfreudianos habrían empujado, con la barrera de la contratransferencia de por medio como escudo protector.

Ahora bien, el compromiso y elección ¿desde dónde hacerlo?, ¿desde un lugar de los heréticos o a partir de la ortodoxia? Es un péndulo, el riesgo del primero es la guerra de gustos tan acorde al individualismo moderno del consumidor que reemplazó al ciudadano hace un buen tiempo; del segundo, su calma y tiempo de comprender lleva a una elección forzada, no menos compleja. Es verdad que “intervenciones políticas” desde la AMP se habían hecho en defensa de psicoanalistas de nuestra asociación y otros, pero una “Acción política” como esta, nunca.

“El hecho es que las dificultades comienzan cuando los analistas quieren seguir suspendiendo el juicio en asuntos políticos, es decir, seguir no eligiendo… no elegir es no ser herético” … “En el discurso analítico mejor preferir siempre a los que eligen, aun cuando no elijan igual que yo, los prefiero a los que no eligen” (p.144), señala Miller.

Este problema sobre la elección o no y la toma de posición al respecto, llevó a una situación crítica en la EOL que podía generar una escisión, pero esta vez por el lugar de los psicoanalistas en la política y sus consecuencias en la política del psicoanálisis. Una posible escisión diferente a las que sucedieron en Francia con la SFP y EFP, en donde se jugaban otras cosas (Pase); como también la división de las primeras escuelas psicoanalíticas que sostenían el discurso lacaniano iniciadas por Masotta (EFA y EFBA), estas divisiones venían movilizadas por otros elementos.

Que el riesgo de una división por el tema político no es casualidad que viniera en la Argentina, ni que la relación psicoanálisis y política tenga estas consecuencias. Habría que recordar que la primera escisión al interior de la IPA fue precisamente en la Argentina. División provocada al interior del movimiento psicoanalítico “oficial” en la década de 1970, precisamente por el cuestionamiento frente a tener o no una opinión política en ese momento y su pobre implicación en la crisis social, por parte de la institución en la dictadura del momento. Esta discusión llevó a la separación de dos asociaciones IPA en ese país, que perdura hasta el día de hoy (APA y APDEBA). Al otro lado de la frontera, el cruce política y psicoanálisis también dejó huella, a partir de un silencio desolador al interior de la Institución Psicoanalítica Chilena (A.P.CH.), frente a la detención y desaparición en 1976 de uno de sus miembros, el Dr. Gabriel Castillo, desaparición perpetrada por la dictadura de Pinochet, sobre la cual nadie se pronunció ni se posicionó.

Es verdad que en estos dos últimos ejemplos teníamos una dictadura asesina en el poder, lo que haría a la distancia más fácil tomar una posición, aunque no por ello más fácil el acto. El punto donde comienza estas “Polémicas política” de Miller no es el mismo, pues hoy sería en un momento anterior, que dificultan más la toma de decisión. Casi una intervención de carácter profiláctica, en el sentido de cambiar una tendencia de lo social, aspecto difícil de elucidar. El punto de inicio es la cuestión del estado de derecho, su defensa en pro de la libertad de expresión, pero la otra cara es ¿qué tipo de estado de derecho se sostiene cuando el mercado controla la gestión política?

Con esto quiero señalar que la relación psicoanálisis y política tiene más de una cara, ni siquiera un anverso y reversos, más bien un poliedro de textura moebiana, estamos en la política en tanto estamos en el psicoanálisis, como entramos en lo social en tanto lo individual que decía Freud. La pregunta final es si los psicoanalistas estamos a la altura de este problema, si somos capaces de aventurarnos sin imponer un lenguaje críptico que no aporte nada a la cuestión, sin hablar para la parroquia, o sin hacer semblante de acción/elección. Para hablar de sociología política están los sociólogos y para opinar de un punto de vista particular, los opinólogos.  Cómo conseguir un punto común cuando no hay “enunciación colectiva”, pero, por otra parte, aspiramos a una “escuela sujeto”. Si la escuela es un refugio para el malestar de la época, este proyecto de acción conlleva sus consecuencias que el propio Miller reconoce en el “malestar en la escuela” ante el empuje al compromiso político de sus miembros.

¿Cómo hacer que el psicoanálisis verdaderamente incida? ¿Cómo lograr que los psicoanalistas resuelvan este problema uno por uno sin caer en un discurso vacío, insulso o reiterativo? ¿Cómo incorporar el discurso analítico en este movimiento incitador, cuando históricamente es más bien el análisis de las consecuencias, los restos, el a posteriori, ha sido el campo en que nos movemos? ¿Cómo tolerar las diferentes manifestaciones de malestar al interior de la escuela que la propia exigencia de implicación puede generar?

Preguntas validas, respuestas pendientes.

“Campo Freudiano, año cero”, una interpretación

Por Laura Canedo – AME de la ELP y de la AMP

En 2017 asistimos a una nueva apuesta del psicoanálisis lacaniano, su implicación en el campo político de una forma inédita hasta entonces, ya que se trató de una incursión en una campaña electoral. La forma en que se fue gestando, así como su evolución, fueron recogidas en el volumen Polémica política.[1] Allí Jacques-Alain Miller, que fue quien la lideró, refiere en tanto antecedente, un punto de impasse de la ECF, en 2009, que tilda de abandono del discurso analítico: la autorización por parte de las instancias a su transformación en una suerte de gran CPCT. Aparece ya por entonces la pregunta sobre cómo hacer la contra a la pulsión de muerte que habita en el interior de la propia Escuela.

  1. Hacer oposición al fascismo modernizado

Podemos encontrar la respuesta a esta pregunta en el apoyo unánime e inmediato de esas mismas instancias a la propuesta de hacer la contra al avance electoral del Frente Nacional en Francia. A modo de sujeto en ejercicio que parecía estar a la espera de una interpretación, se inició un combate liderado por Miller, en el que se hizo manifiesto lo que la Escuela (ECF) tenía para decir.

Esta propuesta se gestó a partir de la preocupación de los psicoanalistas en relación a poder continuar su ejercicio ante la amenaza que suponía la posibilidad de que Marine Le Pen llegara a gobernar. Fue un momento en el que se hizo patente que aquello que había sido considerado como imposible hasta entonces había devenido contingente. E incluso que la contingencia había pasado a formar parte de la estructura; que caracterizaba lo contemporáneo, un mundo lawless, sin ley, no predeterminado, en el que además los políticos se muestran incapaces de descifrar la situación y de actuar frente a lo real. 

Así se produjo una implicación en la campaña electoral francesa que tuvo valor de acto en tanto nueva apuesta del psicoanálisis lacaniano. Nueva como acto, pero sostenida en la formulación de Freud: “En la vida anímica del individuo, el otro cuenta, con total regularidad, como modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo, y por eso desde el comienzo mismo la psicología individual es simultáneamente psicología social en este sentido más lato, pero enteramente legítimo”;[2] y en la de Lacan, que fundó su Escuela como “base de operación contra (…) el malestar en la civilización”.[3] Se organizaron y sucedieron por entonces Foros como forma de oposición al fascismo modernizado, en una apuesta clara por la promoción de la democracia y el Estado de derecho.

Al fin, se trataba de la implicación del psicoanálisis en el desciframiento de la política como acción frente a lo real. Esta no es ajena al analista, si tal y como nos dice Lacan: “existen cosas que hacen que el mundo sea inmundo; de eso se ocupan los analistas (…), enfrentan lo real (…), no se ocupan más que de eso. Y como lo real es lo que no anda, además están obligados a soportarlo, es decir, obligados continuamente a arrimar el hombro”.[4]

2. Adecuar la posición del psicoanálisis

Pero hubo un segundo tiempo en Madrid a partir de la hostilidad que habían despertado las palabras de Miller sobre Perón. Se hizo manifiesta por entonces una transferencia negativa en el interior de la AMP a la que había que hacer frente. Así construyó una salida, JAM2, y su apuesta por hacer existir el psicoanálisis en el campo político, ahora más allá de una campaña.

La creación de Zadig -red de política lacaniana-, convocó al Campo Freudiano a adoptar una posición más adecuada al psicoanálisis en la época actual, ya que “pensar que el psicoanálisis es exclusivamente una experiencia de uno por uno, una experiencia íntima ajena al caos, al malestar que prevalece ahí fuera, es un error”.[5] Se trata de una formulación dirigida al corazón mismo del psicoanálisis, a movernos de esta cuestión de exclusividad que posiblemente tenía un peso sobre nosotros. Ahora cabe, e incluso conviene, una mayor implicación en la política, con la particularidad de que esta debe ser preservada de todo discurso del amo.

Podemos pensar “Campo Freudiano, año cero” como una segunda interpretación con su: “Todo vuelve a comenzar, sin ser destruido, para ser llevado a un nivel superior”, que permitió crear una base de operaciones orientada a leer y hacer frente a los impasses de la civilización que amenazan al psicoanálisis.

Esta interpretación fue a la vez un punto de capitón sobre las acciones en Francia, y un nuevo comienzo, un cambio, una transfiguración. Al fin, una interpretación cuyo enunciado aún hoy se trata de esclarecer, y cuya apuesta pone en acto la ética del psicoanálisis en relación a la subjetividad de nuestra época, de la que todos somos prisioneros.

3. Una apuesta ambiciosa

Se trata de una apuesta ambiciosa: no retroceder frente a los enemigos de la humanidad, ya sean los discursos que promueven el retroceso del Estado de derecho (exclusión, odio, amenaza a las libertades), el dominio de las tecnologías, la ciencia aplicada en su vertiente de pulsión de muerte… No retroceder frente al amo del mañana que comanda desde hoy[6] -tal y como dijo Lacan-, y que se va instalando de forma silenciosa.

Se trata de lo que el psicoanálisis puede aportar más allá del caso por caso, tal y como orientaba Lacan al decir: “Si hay una experiencia que debería enseñarnos cuán problemáticas son esas normas sociales, cuánto hay que interrogarlas, qué lejos de su función de adaptación se encuentra su determinación, es la del analista”.[7]

4. El inconsciente es la política

Además de la creación de Zadig, han sido numerosos los efectos de esta interpretación. Se han ido sucediendo foros, se crearon nudos, se ha publicado este libro, la FCPOL se ha implicado en relación a la política estatal española… Esta interpretación ha devenido un revulsivo, un despertar, el inicio de construcción de un camino en el que la política ha devenido un eje más del psicoanálisis mismo.

Si Freud nos decía que la política es el inconsciente (lo vemos en que ambos comparten mecanismos como la represión, la censura, la defensa…), Lacan planteó que “el inconsciente es la política”.[8] Una frase que con Miller leemos a partir del aforismo: “el inconsciente es el discurso del Otro”,[9] tratándose del Otro dividido, y tomando al inconsciente en tanto siempre por definir.

Podemos pensar que el discurso del Otro, al fin, no es más que delirio en el que podemos desvelar, cuando conviene, las formas en que los poderes encarnan lo que disimulan; de mostrar a cielo abierto su verdadera naturaleza, su goce, así como también las manos que mueven las marionetas.

Podemos pensar también en la conveniencia de crear redes, alianzas inéditas, dando origen a corrientes de simpatía, como nos decía Freud.[10]

Podemos incluso tomar como deber ético mantener despierto el deseo de los ciudadanos, y salir de la posición fantasmática de víctimas o perseguidos que en ocasiones nos embarga.

Al fin, se trata de una interpretación que nos convoca a aprender a leer el mundo y la actualidad como parte de la función misma del analista en tanto forma de estar a la altura de la subjetividad de la época, en un tiempo en el que es la propia subjetividad la que se pretende borrar.

5. Cómo ubicarse ahí

Miller nos da, al menos, tres orientaciones. Por un lado nos anima a confiar en la autonomía del pensamiento de cada uno, en las propias opiniones, sin masificaciones ni jefes, pero también rebajando las identificaciones. Por otro, nos advierte que no se trata de una enunciación colectiva de la Escuela sujeto, ni de la AMP, ni de sus Escuelas, aunque sí de contar con el apoyo de las instituciones. Por último, nos dice que se trata de hacerlo de forma múltiple y articulada, discutida con otros, contando con otros discursos con los que entablar una conversación que sirva de orientación.

6. El psicoanálisis como herramienta de lectura

De lo que se trataría entonces es de utilizar el psicoanálisis como herramienta para leer aquello que aparece como oportuno en lo social, ubicándonos con el discurso analítico como reverso del discurso del amo.

En tanto analistas, estamos advertidos de que el inconsciente es “no acordarse de lo que se sabe”,[11]  es el empuje a olvidar, a no pensar en el hedor, en la corrupción, en el abismo en el que captamos que la vida es putrefacción. Si Lacan definió el inconsciente como “la memoria de lo que olvida”,[12] es porque se juega un no querer saber propio de la condición humana. Es a lo que hace frente la operación analítica, que ahora podemos llevar más allá de la clínica del caso por caso, ya que este no querer saber, este desconocimiento sistemático en el que se refugia el hombre no es ajeno a la política ni a los goces que esta promueve, sino que se benefician de ello las múltiples versiones del amo.

El analista sabe que gobernar es imposible, lo cual es una ocasión para leer el funcionamiento de la política e incluso para anudar allí el propio deseo, advertido de que no hay sociedad ideal.

Cero abyección (Zero abjection), justamente por ser imposible, nos marca la orientación.


[1] Miller, J.-A., Polémica política, textos recopilados por A. Borderías, Gredos, Barcelona, 2021.

[2] Freud, S., “Psicología de las masas y análisis del yo”, Obras completas, Vol. XVIII, Amorrortu, Buenos Aires, 1984, p. 67.

[3] Lacan, J., “Acto de fundación”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 256.

[4] Lacan, J., “Conferencia de prensa del Dr. Lacan, 29/10/1974, en el Centre Culturel Français de Roma”, Boletín interno de La EFP, VII Congreso, Roma 1974, inédito.

[5] Miller, J.-A., Polémica política, op. cit., p. 418.

[6] Cf. Lacan, J., “Una reforma en su agujero”, artículo publicado en Le Monde en 1969, puede consultarse en https://docplayer.es/72076928-De-una-reforma-en-su-agujero-por-jacques-lacan-de-una-reforma-en-su-agujero-jacques-lacan-traductor-carlos-faig.html

[7] Lacan, J., El seminario, libro 6, El deseo y su interpretación, Buenos Aires, Paidós, 2014, p. 534.

[8] Lacan, J., El seminario, libro 14, La lógica del fantasma, 10/05/67, inédito.

[9] Miller, J.-A., “Intuiciones Milanesas”, Cuadernos de psicoanálisis N° 29, Ediciones Eolia, Buenos Aires, 2004, Pp. 23-45.

[10] Cf. Freud, S., “Antisemitismo en Inglaterra (Carta a Time and Tide)” (1938), Obras completas, Vol. XXIII, Amorrortu, Buenos Aires, 1986, p. 304.

[11] Lacan, J., “La equivocación del sujeto supuesto saber”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 354.

[12] Lacan, J., El seminario, Libro 7, La ética del psicoanálisis, Paidós, 1988, p. 279.

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