Noches de la Escuela de la Sede de Madrid de la ELP

Resonancias del Primer Encuentro de las Noches de la Escuela hacia la Gran Conversación Virtual de la AMP “La mujer no existe” , bajo el titulo:

Lo femenino y la escritura: lo que escribiríamos, si escribir fuera posible.

Participaron en el encuentro:

Constanza Meyer, psicoanalista, miembro de la ELP y de la AMP.

Florencia del Campo, escritora, autora de las novelas “El huésped”, “La versión extranjera”, “Madre mía”.

Coordinó: Esperanza Molleda, psicoanalista, miembro de la ELP y de la AMP.

Responsables del espacio: Mercedes de Francisco y Esperanza Molleda

Resonancias de Alexandra Reznak – Miembro de la ELP y de la AMP

Tras las ponencias de Constanza Meyer Miembro de la ELP y AMP y Florencia del campo Escritora, tuvo lugar un interesante debate.

Esperanza Molleda Miembro de la ELP y AMP coordinadora de la mesa, comenta que intentar escribir lo femenino, nos abre a una escritura diferente de la que seria la literatura convencional, es decir, de la literatura universal. Es una manera de introducir en el mundo la cuestión de lo femenino…cuestiones que estaban en el silencio de la intimidad del encuentro con uno mismo. Es un acto político, el hecho de hacer público lo femenino y eso tiene su transcendencia en el mundo y en la sociedad.

Para Florencia del campo, lo literario radica en la imposibilidad de la escritura. Esa imposibilidad es la que hace que sea posible…la posibilidad de escribir es la imposibilidad de la palabra “allí donde la palabra fracasa, sucede la literatura”.  Es en ese imposible de decir donde puede suceder la emergencia de la escritura. Es un bordear lo indecible que permite un decible, es aceptar estos márgenes. Florencia lo enuncia de la siguiente manera: “es la posibilidad de escribir en la entrelínea, o eso que yo prefiero llamar intersticio, fisuras, grietas. Allí donde algo se rompe, donde algo da un desperfecto, donde está la falla, se escribe”. Se escribe siempre desde una ausencia cómo enuncia Sylvia Molloy. El lenguaje en si mismo tiene esa condición de fuga.

Florencia comenta que hablar de este indecible nos lleva al tema de la extranjeridad: “soy extranjera ante la escritura…escribo exiliada, y la literatura es el territorio natural para ese exilio”.

El exilio no se refiere al exilio geográfico si no, como lo nombra Lacan, al exilio de la relación sexual que nos enfrenta a la imposibilidad de complemento, a la imposibilidad de que S1 y S2 hagan sentido. Florencia comenta que la poesía es el género preciso, perfecto, para el exilio del lenguaje.

La extranjeridad atraviesa a todo ser hablante; es constitutiva de lo femenino, ser Otra para si misma, y también constitutiva de la escritura. Florencia comenta: “cuando la literatura puede decir algo de esto, es decir en el exilio de la posibilidad, es decir en lo imposible. La imposibilidad del decir está siempre en relación con la extranjeridad. La dificultad de escribir lo femenino se ve tomada por esa operación literaria”.

Es la imposibilidad de decir algo del goce en el cuerpo, en su vertiente de acontecimiento de cuerpo, y se escribe desde ahí.

Es una escritura desde lo femenino en vez de una escritura femenina. El real del cuerpo no es exclusivo de lo femenino, es lo real del cuerpo hablante.

A pesar de esta imposibilidad, la novela existe, la literatura existe, algo se escribe… Florencia dice: “no es a pesar de, sino justamente por”.

Resonancias de Sonia Riera Gata – Socia de la Sede de Madrid de la ELP

Cuando algo de lo que no se sabe se escribe

Coda a mujer patria

De punta a punta

de mí-mujer

como patria soy cuerpo:

la tierra que

queda dentro a pesar del

destierro y el barro.

Tengo mil hijos y ninguno es mío

Florencia del Campo, “Mis hijas ajenas”

Tomo este poema de Florencia del Campo como epígrafe para comentar este encuentro con la palabra. Podríamos repetir hasta el infinito su último verso: “Tengo mil hijos y ninguno es mío”. ¿De dónde surge la palabra para decir lo que digo? ¿del barro de mi cuerpo, de la patria del destierro? Eso que quiero escribir y que sólo puede ser leído entre líneas. Eso que se escapa por el agujero, produciendo el vértigo de lo que no se puede decir. Y la mujer que escribe se queda al borde, desnuda, sin atuendos, sin máscaras, sin identificaciones. Abriendo los ojos para despertar al sueño de haber escrito algo que le es tan ajeno y tan propio, esos hijos que no son suyos.

Noche de las Noches. Noche espléndida donde ambas ponentes, Constanza Meyer y Florencia del Campo, se pasean con la palabra para dar lugar a una conversación sobre la imposibilidad de nombrar aquello para lo que no hay un registro simbólico. Aquello que está hecho de cuerpo, carne-carnada, puro goce.  

“Las palabras que apenas estrenas te emigran como de otro cuerpo”,

Florencia del Campo, “Mis hijas ajenas”

¿Soy yo? y la mujer se siente extraña porque el goce la invade y no sabe de dónde le viene. Y abandona el sentido de lo más cotidiano para dejarse invadir por la extrañeza. Y dice lo indecible porque algo se escribe. Algo de lo que no se sabe se escribe y ocupa ese lugar en el cuerpo marcado por la mordida. Esas palabras que parasitan su cuerpo, palabras a trozos, rotas e irreconocibles que abren al vacío haciendo del litoral un pozo oscuro, desfiladero de letras donde se precipita el eco de la ausencia. ¿Qué lugar para la mujer, lo femenino y su cuerpo? ¿Qué lugar para la mujer y sus palabras encarnadas? Esas que hablan de su no toda. Y la mujer atraviesa los confines con el empuje a escribir, para hallar su cuerpo. Es la magia de la literatura.

“Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido.”

Marguerite Duras, “Escribir”

“La ausencia de un significante que permita nombrar al conjunto de las mujeres y al goce que nos habita en tanto parlêtres es la que empuja, sin cesar, a decir y, a intentar de que algo se escriba.” Con estas palabras Constanza Meyer centra su pregunta. “Qué de lo que se escribe se escucha en lo que se lee.” Y va dibujando una geografía del camino recorrido por el ser humano en su intento de dejar huella a su paso, tomando para ello los límites del lenguaje descrito por Lacan.

Aquello que escuchamos cuando se lee, puede llegar a ser un ruido silencioso e inquietante. Ruido que insiste a través del sin sentido.  Afinar la escucha para tomar la entrelínea como la escritura de lo que no se sabe y que queda del otro lado del litoral haciendo oleaje que golpea. Enviando señales de ese real que no se puede decir, pero que la escritora siente y traduce a golpe de palabras rotas, horadando la piedra para que surja la melodía.

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