Resonancias de Sonia María Riera GataSocia de la Sede de Madrid de la ELP

 “— ¡Por qué nunca puedo estar en tus sueños, si en la vigilia te acompaño! — ella exclamaba—. Oírtelos contar, no es lo mismo. Me faltan el aire, la luz que los rodea.

Durante un tiempo resolvieron dormir teniéndose de la mano, con la esperanza de que los sueños de él pasaran dentro de ella a través de las manos.”

 “Amada en el amado”, Silvina Ocampo

El miércoles 4 de noviembre  de 2020, la Biblioteca de Orientación Lacaniana de Madrid tuvo el placer de cerrar el ciclo de tres reuniones denominadas: Tramas: sueños e inconsciente en las artes.  Reuniones que estaban inscritas en el marco de las actividades previas a la celebración del XII Congreso Internacional de la AMP dedicado al sueño en la cura analítica. Congreso que quedó por siempre interrumpido. Esta última reunión titulada Tramas: sueños e inconsciente en el cine había estado programada en el mes de marzo pasado y finalmente se ha podido realizar.

Intervinieron en el encuentro: Carlos Atanes: Dramaturgo, director de cine underground, escritor de ensayos sobre temas culturales y contraculturales. Ha publicado, entre otros, los libros: “Magia del Caos para escépticos” y “Los trabajos del director en la cocina del cine”. También estuvo presente Shaila García Catalán: Profesora de cine en la Universitat Jaume I, socia de la sede de la ELP de Valencia y autora del libro sobre cine y psicoanálisis, “La luz lo ha revelado: 50 películas siniestras”. Este encuentro fue coordinado por Constanza Meyer, psicoanalista, Directora de la BOLM.

Constanza da comienzo a la reunión sumergiéndonos en aquello que nos interroga  acerca de la relación entre el psicoanálisis, el sueño y la obra de arte y en qué medida estas dos últimas son un tratamiento de aquello que queda por fuera de sentido en el inconsciente. Señala que cine y psicoanálisis son contemporáneos, estableciendo así desde el inicio de sus nacimientos un fuerte lazo. El cine ha convertido a los sueños en materia de su quehacer y el psicoanálisis ha buscado en el cine, como creación artística, alguna respuesta sobre el deseo y el inconsciente del sujeto.

Según Constanza el sueño presenta dos posibles entradas: aquella que nos muestra su cara más fantasmática y otra que se ofrece como punto límite a la simbolización. Es el ombligo del sueño, umbral y barrera frente a lo real que al mismo tiempo se podría pensar como el lugar de lazo con las tinieblas del cine.

Constanza cita que para Freud el sueño es un modo de poner al cuerpo en reposo del goce que lo habita y que Lacan ponía el foco en el despertar. Un despertar que era una vuelta al sueño. Muestra al sueño no sólo como una realización de deseo sino también como una articulación entre el deseo y el goce. Según Lacan uno no se despierta jamás. El despertar absoluto está para el ser hablante del lado de la muerte.

Carlos Atanes comienza diciendo que para él el sueño ha sido un tema capital, que ha determinado la mayor parte de su actividad como director de cine, como autor de teatro y como espectador. Sin embargo, esta invitación lo ha llevado a reflexionar y a descubrir que la relación entre el cine y los sueños es más bien una identificación entre ambos que ha conducido a una gran confusión de significados.

Según Carlos Atanes Hollywood presume de ser la fábrica de sueños por antonomasia. Sin embargo, lo que Hollywood da a entender como sueños tiene muy poco de onírico. Es más bien una manera de enseñarnos a desear. El sueño aparece como una escena perfectamente acotada, señalizada y sometida con rigor a convenciones formales donde resalta la congruencia interna, la inteligibilidad y el ansia de completud. Existe un lenguaje cinematográfico del que se ha servido la industria del cine para filmar un sueño con receta. Elige como ejemplos dos películas: Origen y Matrix a las que define como películas de acción que transcurren en un escenario donde el sueño es tomado como un pretexto.

No niega la posibilidad de un cine onírico. Pero para realizarlo la pista está en la transgresión, la superación de la convenciones. Hablamos, entonces, del cine como  arte. Un arte enigmático, libre, inefable, indisciplinado que interpele directamente al inconsciente de los espectadores. Como el cine de Buñuel, de Tarkovsky o de David Lynch.

Como espectador, Carlos siempre ha sentido una gran fascinación por los sueños recreados en el cine. Verdaderas secuencias oníricas que para él eran una ventana abierta a otro mundo, a algo distinto. Ver algo más, algo imposible de ver que apenas registraba la retina. Para él era una promesa y cuando niño confiaba en esa promesa. Una promesa que le sigue fascinando hasta hoy.

Como cineasta se ha servido del sueño, pero sobre todo de la duermevela. Admite, no sin desconcierto, como esos recuerdos olvidados escondidos en el inconsciente le han sorprendido saliendo a la luz, alguna vez, cuando intentaba filmar un sueño.

Para Carlos  ver “eso”. Eso imposible de ver, ha sido una marca que ha dejado, sin darse cuenta, señales en sus películas.

“Un cine para dormir y un cine para despertar: El ombligo del sueño”

Shaila propone comenzar por el origen y por sus marcas: el ombligo del cuerpo,  cicatriz y a la vez nudo, y el ombligo del sueño agujero, punto de opacidad, un estigma, zona candente, tope, limite. “El punto en el que el hilo de las representaciones se rompen y el sueño cae en el despertar”.

Cita a Lacan: “Es efectivamente por un ombligo particular, el de la madre, que alguien se ha encontrado suspendido, es realmente por haber nacido de un ser, que lo ha deseado o no lo ha deseado, pero que nos sitúa de cierta manera en el lenguaje, es por esto que un ser hablante se encuentra excluido de su propio origen. Y la audacia de Freud es simplemente la de decir que tenemos en algún lugar la marca de ello en el mismo sueño.”

Shaila nos dice que el cine hace de los sueños un lugar donde todo es transitable. Una puesta en escena a través de las imágenes, un continuo de representaciones fragmentadas donde se ejecuta un cocido para lograr un montaje significante. Sin embargo, el sueño no es pura imagen sino una formación hecha de trozos. Según Freud el sueño no piensa, ni calcula, ni juzga sino que se limita a remodelar. Cita a Carolina Caretti quien dice que el trabajo del sueño no es crear fantasías, ni aportar ninguna conclusión. El trabajo del sueño es desplazar, remodelar, condensar. Cine y sueño requieren de costura, sutura. Un montaje que implica unión, yuxtaposición, asociación, incluso fusión de significantes para generar nuevos significantes, desplazamientos, efectos metonímicos y metafóricos.

Según Shaila hay un cine para dormir y un cine para despertar. El cine para dormir es el que se dedica a producir sentido, ideales, deseos, a producir la ilusión de la correspondencia entre los sexos. Es el durmiente que quiere seguir durmiendo. Pero, en el cine para despertar se dibujan los límites entre dormir y despertar. Hay un intento de escribir cierto despertar como ocurre en la rasgadura del ojo de “Un perro Andaluz”. Es el cine en el que se despierta varias veces para seguir durmiendo porque el despertar se ve como algo horroroso, algo que se organiza en torno al agujero de lo real.

Shaila cierra su exposición dándonos un hermoso paseo por las imágenes de una película Húngara titulada: “En cuerpo y Alma” del director Ildeko Enyedi.  Una pareja descubre que sueñan lo mismo: que son ciervos que se encuentran en un paisaje helado.  Ante este descubrimiento deciden dormir juntos, pero esta decisión les hace imposible reconciliar el sueño. Después de varios encuentros y desencuentros hacen el amor. Al otro día él no recuerda nada y ella cree que no ha soñado. El asomarse, el querer ver más  hace que los amantes queden desconcertados frente a ese borrado de los sueños. La imagen final de la película es un fundido a blanco. Exceso de luz que quema y nos enfrenta al no saber, a eso que no cesa de no escribirse. Los amantes, entonces, durmientes quedan condenados al mal entendido, a la no relación sexual.

Esta fantástica exposición despierta gran interés entre los asistentes. Se conversa sobre el proceso creador, la página en blanco, la repetición, el punto final. Carlos y Shaila coinciden en que, en este camino, el artista encuentra su propia enunciación. Una manera personal de dejar su huella en la página en blanco.

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