El arte evoca el misterio sin el cual, el mundo no existiría.

                                             Reneé Magritte.

 

Es una de las tantísimas citas que podríamos evocar para  ilustrar la potencia creacionista  singular del arte en su diversidad, sea pintura, escultura, literatura, música. 

Daré una vuelta para tomar  la pintura, como referencia para explicar otra cosa. Otra cosa a la que nos abre en su obrar y a lo que se debe que haya sido allí donde el psicoanálisis lee la presencia de la subjetividad en su esplendor más diverso. 

De lo que no hay duda, -es uno de los hilos de los que se compone y que hoy quiero señalar-, es su poder de denuncia del estado de la subjetividad de una época .  

El trabajo de Florencia Kettner nos trae algo de eso. 

La pintura, en su saber hacer, muestra de qué está hecha  una época y sus semblantes. De eso da pruebas su historia misma . Sin olvidar que el campo del arte, tiene la particularidad, o  se caracteriza por  anticiparse en su  producción a  lo que , por ejemplo en el caso del psicoanálisis, éste articula más tarde en su discurso. 

Si nos referimos a la pintura, hay allí además la presencia de una cuestión especial que se pone en juego: es la mirada y, por supuesto,  el afecto al que conlleva .  

La encontramos en acto cada vez  que  nos ofrece  en esa contemplación  a la que nos  invita,  un goce, un abandono a lo que allí se da a ver,  que es sin la presencia de la palabra, aunque no sin la palabra como operador de la presencia de la subjetividad y los sentidos que despliega.  

Allí está el puro juego de la mirada y sus goces, como protagonista principal.  Destacarlo es esencial. Y a la vez, no  es sin todo el aparataje del goce allí comprometido, el que conmueve al cuerpo por su vía. 

En su investigación sobre lo visible y lo invisible, Merlau-Ponty se enfrentó a la pregunta de “cómo ponerle carne a lo que, más allá de la imagen es invisible, cómo hacer visible un “movimiento del alma” o “las formas de la subjetividad”? 

En otra dirección, Lacan, quien mantuvo una conversación no sólo con Merlau-Ponty al respecto sino también con otros pensadores ,  usó la noción de “manipulación de la imagen-sinthoma”,  como una noción que nos permite y me sirve, autorizándonos en él ,  para situar la obra del artista como “formas de manipular la imagen del cuerpo, noción  que nos lleva  un poco más allá de la oposición trivial de lo figurativo o no figurativo” (E. Laurent., El reverso de la biopolítica-p.203). Es un aporte crucial del psicoanálisis a la historia de la pintura: porque introduce lo relativo al campo escópico, de un modo inédito. 

Incluso nos permite tomar la obra de cada artista como objeto. Cada obra, un objeto. Retomo aquí aquella fórmula de  Lacan que dice el estilo es el objeto, que como sabemos modifica la de Buffon, referido a la literatura que dice el estilo es el hombre. 

Mónica Unterberger, Miembro de la AMP y ELP

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