• Transterradas de Marisa Gonzales de Oleaga, Carolina Meloni González y Carola Saiegh Dorin. Reseña de Diana Novara Salas Socia de la Sede de Madrid de la ELP.
  • Desde las tripas de Luis Miguel Rodrigo González Socio de la Sede de Madrid de ELP. Reseña de Virginia García Falagán Socia de la Sede de Madrid de la ELP.
  • Dolor y Gloria de Pedro Almodóvar. Reseña de Pilar Berbén Socia de la Sede de Madrid de la ELP.
  • La vida, contigo de Esther Peñas. Reseña de Carmen Bermúdez Socia de la Sede de Madrid de la ELP.

Transterradas

de Marisa Gonzales de Oleaga, Carolina Meloni González y Carola Saiegh Dorin. Reseña de Diana Novara Salas Socia de la Sede de Madrid de la ELP

Y así, los desterrados nos convertimos en transterrados cuando somos capaces de construir con los restos del naufragio un lugar donde vivir. Greg Dening. Ese lugar no es ni será nunca el lugar dejado, ni el lugar que nos acoge. Los transterrados viviremos para siempre en la playa, beaches of de mind, un lugar liminal, una frontera, otro país, agrega Marisa González.

Es un libro que convoca a los tocados por el exilio y a quienes por su profesión o interés trabajan con, desplazados e inmigrantes,  realidad de ayer y de hoy  que se extiende y pareciera no acabar nunca.

 Localiza el destierro infantil y adolescente a través de dar voz a esos niñas que fueron y sufrieron esa experiencia de pérdida y desamparo  y lo hace “en el momento preciso en que se navega entre dos mundos, el nuevo que se pisa y el suyo que desaparece” como señala Marisa Gonzales de Oleaga. Buenos Aires 1960, historiadora.

Lo escriben “convocando sus propias voces, a veces inaudible, no para hablar con voz de niñas, sino que desde nuestra mirada actual intentamos traer al presente todo lo que en aquel momento no acertamos a decir o no fue convocado por ninguna pregunta”, precisa Carola Saiegh Dorin Buenos Aires 1968 , filóloga.

Carolina Meloni González Tucumán 1975, filósofa, señala el carácter de acontecimiento político y comunitario del exilio: “no es un fenómeno subjetivo e individual, afecta siempre los vínculos y lazos que los mantienen unidos a una comunidad, lazos que arraigan a esa comunidad

La desolación ante las pérdidas es intensa en la infancia y en la adolescencia por lo  abrupto de las rupturas, la interrupción de lugares de pertenencia y de identificaciones constituyentes, edades en las que se carecen de recursos que le permitan al niño, al adolescente afrontar los lazos  afectivos que quedaron en suspenso y poder reconstruirlos en el nuevo lugar. Soledad, desamparo y temor a repetir nuevas pérdidas muchas veces impiden la confianza necesaria para tejer nuevos vínculos.

Transterradas, nace en la comunidad formada por las autoras que como desencadenante mágico se sientan en sillas pequeñas, decididas a evocar sus propios exilios, cada una el propio y diferente.  El relato de una, toca tangencial en las otras, lo que permite emerger recuerdos, retazos de memoria imprecisos.  Se preguntan si es posible recordar el sufrimiento y la desolación y lograr luego una lectura de esa experiencia padecida, que pueda reparar esa herida. Hacerlo desde la infancia y adolescencia es otro reto a transitar. No sin temor, imagino, emprenden la tarea,  forman entre ellas una hermandad, una intimidad,que les permitió amortiguar el dolor. Lo singular de este libro es que sus relatos, testimonios y recuerdos son convocados  al abrigo de en un espacio común, un refugio, por ellas constituido.

En su labor estas escritoras, investigadoras y poetas, me reafirmo en esto, se plantean como convertir el exilio,  siempre impuestos por otros, en parte de su camino, en destino propio, como transformar el testimonio de lo acontecido, en un material que sirva para otros, de otro tiempo y otro lugar.  La finura de su hallazgo es que no se trata de encontrar mecanismos atemporales, universales y generalizables porque no es por medio de lo común de esas  experiencias o por la comparación de las mismas, sino que es  lo particular, lo diferente  lo que permite dar una luz tangencial a otras personas permitiéndoles evocar, emerger sus propios recuerdos agazapados.  Y apuntan que lo común, lo comparable, lo que se mueve por identificación, inexorablemente lleva a una naturalización improductiva  del padecido, saldando todo con lo sabido, con lo conocido: “a mí me pasó lo mismo”.

Marisa González Oleaga cuenta con un hermoso y efectivo  concepto historiografía poética:acercarse a los relatos como un lector de poesía que busca ecos, reflejos, de esa otra experiencia en la propia. Y aquí es la evocación el proceso que permite ese instante de iluminación, un diálogo que permite reconstruir los muchos presentes del pasado”, friccionar lo propio en la experiencia de otros. Permitir a la inspiración que haga su trabajo desvelando recuerdos, produciendo palabras.

Investigan también las autoras el modo de trabajar la memoria de ese doloroso momento sin quedar paralizadas y lograr un pasaje para ellas y para otros. Dan con un concepto esencial: considerar la infancia y adolescencia, no solo como un tiempo anterior sino como un lugar, un espacio de la memoria al que poder volver, para reconocerse y encontrarse con lo que fueron al modo de Walter Benjamín.

Transterradas, te sorprende, te alcanza. En su primera presentación, en  Traficantes de sueños,   un dardo de luz abrió puertas en mí clausuradas, las lágrimas no se detuvieron durante la presentación y en sus posteriores lecturas, no era nostalgia, no, sino una suave y alentadora tristeza.

Se reaviva un recuerdo siempre presente pero acallado en cierta medida: en octubre de 1976 partía del aeropuerto de Buenos Aires con mis dos hijos, destino a Madrid; mi hijo de 9 años iba por delante, lo seguía tomada de la mano  de mi hija de 5 años, en el momento de poner su pie en el primer peldaño de la escalera del avión, veo, desde atrás unos movimientos convulsos, que por instantes supuse un ataque de tos, al llegar junto a él escuche una voz inaudible, entrecortada por el llanto que repetía “yo no quería”, “yo no quería”.

Despedidas discretas, el último partido de futbol con sus compañeros de escuela, asados familiares con largos silencios, ni una pregunta, ni una queja. Todo parecía acontecer con normalidad y fácilmente.

A lo largo de los años lo rememoré varias veces frente a mi hijo, nunca una palabra de su parte.

Teníamos que hacernos con el nuevo universo, sus gentes, sus costumbres, los giros del lenguaje y un nuevo paisaje, encinares, olivares, legiones de viñedos, campos labrados hasta la orilla de los caminos, nada de pampas, inmensidades ni horizontes lineales.

Adaptarnos era para mí la prioridad de la familia, el trabajo, las escuelas. Los encuentros con la comunidad argentinas y amigos del destierro eran esporádicos y reconstituyentes, vivíamos en La Rioja a 450 km de Madrid. Necesitaba mirar hacia adelante y dejar un atrás clausurado…

Mi hija acudió a la presentación de Transterradas, en Barcelona donde vive, y me cuenta conmovida, que Transterradas le abrió una puerta por donde transitar lugares de su infancia y que al hacerlo, entendía, ponía nombres,  lo que le permitía ordenarse al traer al aquí y ahora lugares, donde sin saberlo, quedó perdida, rescató a aquella niña y puedo respirar aliviada.

 Con lo dicho, quiero resaltar la potencia de los efectos de este trabajo, el libro con sus narraciones a tres voces con sus palabras y tonalidades singulares permite reavivar silencios. Porque cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa Alejandra Pizarnik.

Apuesto a su lectura a transterrados, mujeres y hombres para posibilitar un reencuentro con su infancia y su historia desde lugares dormidos y a la espera.


Desde las tripas

de Luis Miguel Rodrigo González Socio de la Sede de Madrid de ELP Reseña de Virginia García Falagán Socia de la Sede de Madrid de la ELP

Desde las tripas es la segunda novela de Luis Miguel Rodrigo después de El Ojeador. Autor de dos poemarios, Inclemencias de un cardo borriquero y Mala letra, con el que obtuvo el XXV premio Blas de Otero. Es también autor de un libro de ensayo, La enfermedad de la prisa: un trastorno de los ideales.

En la presentación de Desde las tripas, Hugo Savino dijo que este es un libro incontable, que hay que leerlo. No puedo estar más de acuerdo, como en cada libro, cada persona lee un libro diferente. Según cuenta en una entrevista Luis Miguel, “la idea persistente es que el lector encuentre libertad en su lectura para experimentar con lo que lleva dentro de sí (…). Puede que alguno acabe por concederse la posibilidad de ser quien realmente es”.

Los veinticinco años que Luis Miguel lleva desarrollando su labor clínica como psicoanalista están presentes en esta novela. Me parece un experto en el malentendido, el título de su novela ya es uno. También la poesía se instala permanentemente. Algunas frases son poemas. “Dormir sin dormir porque el sueño me está soñando a mí, país ocupado por un ejército superior en número, eficaz o despiadado.” “Empadronarse en un sofá, patria con himno descabalado a tres instrumentos.”

Parte esta obra de un hecho banal, algo por lo que la mayoría de las personas hemos pasado y logra que nos identifiquemos con la historia y que al mismo tiempo se instale una cierta inquietud. Hecho banal pero, sin duda, vivido por cada uno de una manera. Y rápidamente se instala la cotidianidad de este acto y el misterio se va sirviendo poquito a poco. Quieres saber más, pero tienes que seguir sin saltarte ni una página. Desazón, intriga y sentir que hay algo que te concierne. 

La música, el jazz, el saxofón son protagonistas importantes en esta historia. Aunque me atrevería a decir que el gran protagonista es el deseo. Desde el principio hasta sus últimas líneas, Luis Miguel insta a una lucha a muerte para salir de la zona de confort, del acomodamiento, del “yo para esto no valgo”. Carlos del Parque, Charli, lo logra aunque haya de servirse de un arma blanca, original como pocas. Y ya no cuento más. Léanla sin más. Léanla desde las tripas y despacito.

¡Gracias Luismi por este regalo!


Dolor y Gloria

de Pedro Almodóvar Reseña de Pilar Berbén Socia de la Sede de Madrid de la ELP

A sus 69 años, no es necesario hacer mención a la filmografía anterior de Pedro Almodóvar, es conocida por todos. Su larga y  brillante  trayectoria, con más de veinte títulos como guionista y director, dan buena cuenta de ello. Gran observador de su tiempo, es un maestro retratando los años 80 y la Movida madrileña. Hizo suyo el neorrealismo italiano y tiene una habilidad especial para reflejar en las películas sus preocupaciones, mezclando lo tradicional, lo transgresor y la realidad marginal. Haciendo historias cargadas de dramatismo, donde los personajes femeninos tienen un papel primordial. Con el tiempo sus guiones son más sofisticados y coloristas.

A través de su  productora el Deseo, se ha comprometido con el talento del cine español (Isabel Coixet y Álvaro de la Iglesia), con el cine Latinoamericano (Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón). Y ha sido valiente comprometiéndose con el documental: “El silencio de los otros”.

Dolor y gloria, es sobre todo una película sincera desde la impactante primera escena de un hombre que aguanta la respiración bajo el agua, mostrando una gran cicatriz en el pecho,  hasta el  sorprendente  final.

El guión trata de cine dentro del cine y nadie mejor que Almodóvar para presentarnos la película: “En mi vida ha habido más gloria que dolor, pero el dolor ha pesado más”. Reconociendo que aquí ha desnudado su alma, sigue: “La película está impregnada de mi mismo, no es autobiográfica, pero si la película que habla más de mi vida. Hay cosas que son ciertas… Otras  escenas no las he vivido, pero corresponden a momentos de mi vida”.

El protagonista, Salvador Mallo, director de cine, en ocasiones con tristeza y cierta melancolía, recorre su pasado tan alterado como su organismo. ¿Cómo afrontar los errores, el paso del tiempo, la enfermedad, el deterioro? El tiempo aquí no importa, es un bucear por la memoria, vamos del presente al pasado mezclando conversaciones con recuerdos. Hermosas escenas y maravillosos los flashbacks remitiéndonos a la infancia y la relación con su madre. Ilustran de dónde viene. Su gran valor está en que toda esa discontinuidad y flujo de idas y venidas alcanzan una total armonía y la película fluye a pesar de la complicada estructura de tiempos.

Destacar la belleza estética en la reconstrucción de su niñez y la  sensibilidad en las escenas tanto de los primeros brotes del deseo como el encuentro con un amor perdido.

Desde el primero al último de los actores hacen un trabajo  impecable y magnífico, pero sin duda destaca Antonio Banderas, como protagonista encarnando a Salvador Mallo, papel que hace con gran honestidad, siendo una de las mejores interpretaciones de su carrera. Rosalía y Penélope Cruz cálida y luminosa. El monólogo teatral que interpreta Asier Etxeandia. Extraordinario el plano del niño mirando a su madre y al río. Sin olvidar a Julieta Serrano (instante especial la conversación que mantienen madre e hijo).

Disfrutamos de unas fotografías esplendidas de José Luis Alcaine y, como en sus anteriores películas, repite Alberto Iglesias con una banda sonora maravillosa que merece la pena escuchar entera, pero especialmente a Mina cantando “Come sinfonía”, San Remo 1961 y a Rosalía cantando a dúo con Penélope Cruz “A tú vera”.

En muchas ocasiones para seguir adelante hay que mirar atrás, en un ejercicio de introspección no exento de dolor que nos permite reconocernos y reflexionar sobre las incógnitas de nuestra vida, para encontrar la forma particular de afrontar las contingencias y el vacio de la existencia,  y ¿Cómo lo hace Almodóvar? Analiza sus frustraciones, sus errores, haciendo un repaso de sus fantasmas particulares, en una auténtica catarsis creativa y emocional, para encontrar en la ficción su vía de salvación y seguir adelante, a través de la música, la fotografía y  la narración, convirtiéndolo en obra de arte, como la manera más auténtica de plasmar la verdad.

Almodóvar es capaz de componer una obra en la que a través de ir al pasado con sus recuerdos y reencuentros, abre de forma generosa las puertas de su intimidad sin exhibicionismos. Nos va mostrando que hay palabras que enferman, otras marcan un destino y curan, gestos mínimos, pequeños detalles (un huevo de costura, un dibujo de la infancia) que ayudan y dan motivos para encontrar un nuevo leguaje,  y cómo seguir en el presente.

Son muchos los temas para reflexionar, como la dificultad del acto creativo, ese impulso hacia lo desconocido que mueve a todo artista. ¿Es posible separarlo de la propia vida? Otros temas importantes podrían ser: El sufrimiento, el fracaso, la culpa, el perdón, el resentimiento, las drogas. ¿Qué hacer con las pérdidas irrecuperables? 

Para terminar, sólo un artista de la altura de Pedro Almodóvar derrumbaría el muro del éxito para enseñarnos que detrás se esconde la soledad del que parece que lo tiene todo.

Por último, un deseo: que siga deleitándonos con su arte.


La vida, contigo

de Esther Peñas. Reseña de Carmen Bermúdez Socia de la Sede de Madrid de la ELP

El pasado 13 de abril se presentó en la librería Enclave de Libros la última obra de Esther Peñas, La vida, contigo. Se trata de una de las invitadas con las que contaremos en la mesa del día 5 de junio titulada “El amor en cuestión”, en la que conversará con nuestra colega Rosa López, dentro del ciclo “Psicoanálisis y feminismos, una conversación”, organizado por la Biblioteca de Orientación Lacaniana de Madrid, que comienza el miércoles 8 de mayo. 

Esther Peñas es periodista de oficio y poeta. Ha publicado varios poemarios, entre otros, El paso que se habita, Penumbra, es autora de libros de entrevistas y novelas, entre ellas, Sesión continua, una novela coral que gira en torno al diván de una psiquiatra. Participa habitualmente de actividades literarias, recitales de poemas, etcétera. Recientemente ha entrevistado a nuestro colega Gustavo Dessal, para Solidaridad Digital, a partir de la publicación de su libro El caso Anne.

La vida, contigo, es una reflexión sobre cómo el amor transforma la mirada del amante, convirtiéndolo en un ser en extremo frágil, pero capaz de resignificar el mundo y hacer de él un territorio presidido por el prodigio.

En la presentación acompañaron a la autora la editora de Adeshoras, Susana Noeda, y los escritores Julio Monteverde y Rafael Soler, que fueron desgranando los comentarios que mencionaré a continuación.

Se trata de un libro entre géneros, entre la novela y el poema, sobre el amor.  El amor no es solo un sentimiento, es un proyecto, una construcción. El amor se hace.

El deseo no sale de otro lugar que de nuestro inconsciente. El amor sería la articulación de ese deseo.

Se ha decretado el fin del amor romántico. Se nos propone la nada. En el amor neoliberal el consumo es igual que el de la mercancía. Es la consecuencia lógica del individualismo burgués.

La relación del ser humano con su deseo es esencialmente problemática.

Despreciar el amor porque se acaba es como despreciar la vida porque está la muerte.

El amor poco o nada tiene que ver con la felicidad, tiene que ver con la necesidad.

En la acción de coser hay algo del amor. El deseo atrae, pero el amor cose.

El amor no es algo dado, es lo que hacemos de él.

Los sueños son importantes en este libro.

La autora, agradeció los comentarios y, a su vez, hizo alguno más, que reseñamos a continuación.

Para amar hace falta apertura y disposición de amar. Hay que aceptar la contingencia y tener la valentía de vivirlo hasta sus últimas consecuencias.

Estamos en el mundo a través de las palabras que escuchamos.

El mundo se ha vuelto demasiado explícito y no queda nada por desvelar.

Se refirió a esta obra como un texto fragmentado y que la palabra texto etimológicamente está emparentada con tejer.

Desde la Brújula esperamos que estos comentarios les animen a participar en la conversación que tendrá lugar entre Rosa López y Esther Peñas en el ciclo organizado por la BOL de Madrid en nuestra sede, calle de la Reina 31 -1º dcha. ¡Están invitados a esta y a las conversaciones precedentes!

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