Es un gusto para mi estar hoy aquí, comentando este libro cuya lectura recomiendo vivamente.

Tuve el gusto de coincidir con Manuel no sólo en actividades de la Escuela sino también en las reuniones de la Red de Psicoanálisis y Medicina. Allí pude apreciar su gusto por la conversación con otros discursos, así como su vasta experiencia en el ámbito de la práctica del psicoanálisis en instituciones, el hospital como la clínica del campo freudiano.

La lectura del libro me recordó un texto de Jacques Alain Miller, que se titula La utilidad directa. Allí nos dice: “No se puede psicoanalizar la actualidad. Pero se puede, cuando se está informado del psicoanálisis, leerla, con cierto gusto por el detalle y hacer algo de lo cual el psicoanálisis no tiene la exclusiva- que es interpretar”. Este libro es un ejemplo de ello.

Por otro lado, este libro revela dos aspectos de la formación del analista a los que nos referimos insistentemente. En primer lugar, que un psicoanalista es producto de su análisis. Lo muestra en el texto titulado “El fin de la neurosis”, que Manuel destaca de la serie, dado que nos dice que se trata de doce trabajos más uno. Es un texto de carácter testimonial que enmarca el resto, en el que desarrolla el modo en que elaboró en su análisis el enredo de saber, deber y goce. Finaliza este texto destacando el modo en que su síntoma le permite conducir curas para que otros hagan la experiencia del inconsciente y en el plano política, su síntoma le permite responder bien al trabajo de extensión y puesta en valor del psicoanálisis. Podemos decir que este libro es resultado del “buen uso”, de la puesta en juego de su síntoma.

 En segundo lugar, que un psicoanalista debe estar a la altura de su tiempo, debe poder leer los lazos y los discursos de la época, e interpretarlos cuando es posible, esto es, cuando hay otro dispuesto a escuchar esa interpretación. Manuel ha tenido una participación activa en la sociedad de su ciudad, a distintos niveles, incluso en la prensa escrita, los que lo conocéis sabéis que son muy interesantes sus reflexiones publicadas en La voz de Galicia y hace referencia a una de ellas en el libro. Manuel nos muestra su gusto por poner en valor el psicoanálisis en la civilización y también en la clínica.

A través de la lectura del libro, es posible percibir que muchos de los textos agrupados en el mismo, son reflexiones a partir de su vasta experiencia clínica en instituciones. Este tipo de clínica favorece el encuentro con el modo en que se presentan los síntomas en distintos momentos, con los modos contemporáneos de presentación del síntoma. Aborda estos síntomas en muchos de los textos. Como no se trata de hacer una síntesis del libro, sino de compartir mi lectura, tomaré tres que me interesaron mucho:

1- “Los objetores de la relación sexual “es un texto donde hace una interesante reflexión clínica poniendo en tensión la anorexia y las toxicomanías y trayendo una referencia preciosa de Lacan en la que se aprecia que él había señalado tempranamente, en 1938 el parentesco estructural entre estos dos síntomas. “Vemos como el parentesco entre anorexia y toxicomanía está adelantado por Lacan, quien relaciona estas dos patologías mortíferas con la dificultad de separación de la madre, con la confrontación sin mediación al Super yo materno”[1].    Plantea el rechazo a la sexualidad en la anorexia, el rechazo a pasar por el cuerpo del Otro y por tanto a poner en juego la castración en el toxicómano, pero fundamentalmente que el denominador común es el rechazo del inconsciente, dice: “Podemos ver el denominador común a la posición del toxicómano y a la de la anoréxica. Los dos hacen cruzada contra el inconsciente. No quieren pagar el precio de la alienación significante, liberándose del peso y de la responsabilidad de la palabra. Ambos rechazan lo mental, anorexia de lo mental, rechazo a digerir el significante”[2].

2-Otro de los textos con precisas referencias clínicas es “Diversidad, diferencia y singularidad sexual”, donde se refiere a su experiencia clínica con sujetos trans y hace una fina distinción entre sexuación, identificaciones y modo de goce. “El sujeto puede intentar autodesignarse en el plano significante pero la fijación de goce lo determina. La elección de sexo es absolutamente singular e independiente del sexo biológico, del género y de la elección de objeto, y depende del encuentro contingente que cada uno haya tenido con la sexualidad y la marca, la fijación de goce que se haya jugado en ese encuentro. La sexualidad humana nunca es normativa porque al fijación pulsional, absolutamente singular, no se aviene a ninguna norma”[3]. En el Campo Freudiano venimos trabajando la posición de la orientación lacaniana en el debate trans, y este capítulo es una contribución valiosa para esclarecer esa posición.

3- Por último, el texto “Felicidad, culpa y depresión” plantea la llamada epidemia de depresión. Distingue claramente la posición de la salud mental de la posición psicoanalítica poniendo énfasis en el valor de la culpa para Freud y de la ética para Lacan. Hay afirmaciones muy rotundas a lo largo de todo el capítulo; en la primera página dice: “Desde que ser feliz ha pasado a ser un deber, la ausencia de satisfacción hace al sujeto culpable de su infelicidad. Esto ha instalado en la civilización la depresión generalizada y la medicalización del dolor de existir”[4].  Trabaja el tema de la culpa y el modo en que esta se ha modificado a partir de los cambios sociales e históricos y analiza el modo en que el objeto de consumo viene al lugar de la falta que nos hace desear y por eso la depresión se generaliza.  

Un elemento clave del estilo del autor es su capacidad para transmitir con claridad y aparente sencillez conceptos complejos, recorridos epistémicos que muestran los cambios en la teoría freudiana, los cambios en las conceptualizaciones de Lacan y las tensiones entre ambos en términos de lo que la lectura de Lacan rescata de Freud. La sensibilidad que se requiere para hablar al público de fuera de la parroquia con claridad, pero sin depreciar los conceptos ni desviar la orientación, se aprecia mucho en la lectura. Y en este sentido el capítulo en el que aborda el lenguaje del yo en la modernidad es muy interesante porque ubica elementos centrales de nuestra sociedad “Actualmente las identificaciones imaginarias proliferan, lo que hace que el paisaje de la civilización esté dominado por la diversidad, hay muchas tribus, hay muchos modos de estar y gozar. La civilización actual favorece la diversidad, pero no favorece la diferencia”[5]. Es en el rechazo a la diferencia, que es el rechazo al modo de goce del otro donde se encuentra la base del racismo, de los problemas con la inmigración y el crecimiento de la ultraderecha en el mundo.

En este mismo capítulo, refiriéndose a prácticas habituales en estados Unidos respecto de la defensa de derechos y el victimismo generalizado, afirma: “La fórmula es simple: el goce para mí, la culpa para el otro, porque el sujeto actual defiende su libertad, pero no acepta su responsabilidad”[6]. Estas son sólo dos citas del capítulo que os recomiendo leer junto con el que se titula La promoción del sujeto sin punto de referencia: discurso capitalista, auto designación y nuevos lazos, dado que contienen múltiples orientaciones valiosas para leer el momento actual.

Me gustaría preguntarle, a partir de todos estos conceptos que maneja en el libro, su lectura de la situación internacional actual ,me gustaría tomar un tiempo para conversar sobre el crecimiento de la ultraderecha que concentra el voto de los jóvenes y también sobre las declaraciones y actos del presidente actual de los Estados Unidos y las consecuencias en Europa.

Gabriela Medín, Miembro de la ELP y la AMP. AE (2020-2023)

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Bibliografía:

  1. Fernández Blanco, Manuel, “¿Soy lo que digo que soy?”, RBA, Barcelona, 2024. pág. 98.
  2. Ibid., pág. 102
  3. Ibid. pág. 106
  4. Ibid., pág. 61
  5. Ibid., pág. 38
  6. Ibid., pág. 43

 

 

 

 

 

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