Palabras para Miriam

Solo unas palabras para recordar con vosotros a una excelente compañera de viaje. Sobre todo, tuve ocasión de trabajar más de cerca con Miriam en estos últimos años. Siempre dispuesta, la requería para que me leyera las diferentes intervenciones en la sede, en las jornadas, y también para que revisara las múltiples traducciones que hicimos juntas para los Congresos de la AMP, para Pipol, para las publicaciones. Esperaba con una cierta preocupación, por temor a no estar a su altura, sus correcciones, sus indicaciones, sus desacuerdos también.

A Miriam le gustaba enseñar, pero no solo en relación al psicoanálisis, su afición por los libros era contagiosa y también por el cine, la música. Ir con ella a un concierto era un regalo. Habíamos planeado decididamente hacer huecos para asistir al Auditorio este curso.

Quiero señalar el lugar imprescindible que Miriam ocupó en el Nucep, pero sobre todo en el Seminario del Campo freudiano, con cuya coordinación pudimos contar durante varios años y, por supuesto, con su presencia como participante, siempre en primera fila, dispuesta a animar el debate, a plantear preguntas pertinentes que daban cuenta de su lectura atenta y precisa del texto del seminario que nos convocaba y de los casos clínicos.

Habréis visto que hemos elegido, con Santiago Castellanos, desde el Nucep, un podcast de una excelente conferencia dictada por Miriam que lleva por título “La vergüenza ha muerto”, que os invitamos a escuchar, a ser posible con lápiz y papel para poder captar su rigor. Para terminar no puedo por menos que leeros el último párrafo.

“Lo esencial para el hombre moderno , nos dicen, es la seguridad, lo que no solo significa que estemos dispuestos, como lo estamos a veces, a sacrificar nuestra intimidad al cada vez mayor control, sino también a dejar sucumbir frente al valor supremo de salvar la vida todo lo demás, incluida la intimidad. Frente a esto, recuperar la subjetividad en un mundo que se cosifica es digna tarea que el psicoanálisis ha encarado. Frente a las pretensiones sociales del todo se puede ver, todo se puede mostrar, (se hace necesario) un refugio para el deseo que requiere para vivir guardar el secreto, resguardar cierta intimidad, no dar todo a ver. ¿Cómo hacer para que la pérdida de la mirada del Otro no conlleve que la vida y también la muerte pierdan su significado?, porque, como bien dice Miller, el antónimo de la vergüenza es el pudor pero el reverso es que la vida conserve un sentido, que no se convierta en un puro sobrevivir”*

Carmen Cuñat, Miembro de la AMP y ELP

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