Miriam
No es fácil escribir sobre alguien amado pero ausente.
Mi querida, primero fuiste mi analista, ambas llevábamos poco tiempo en Madrid y yo buscaba una. Te vi por primera vez en un coloquio que hubo en una sala de la Embajada alemana. Estabas con Sergio Larriera y Germán García. ¿Estabas inquieta? ¿asustada? Te vi inquieta y a la vez templada y pensé que serías una buena analista porque estabas encajando muy bien esa situación que no parecía fácil. Eso duró 20 años. Cuando dejaste de ser mi analista nos fuimos convirtiendo en mejores amigas. Tus eras una mujer increíble, sensible, generosa. Nuestra amistad fue
grande, poderosa y tuviste gestos inolvidables conmigo.
Fuiste mi madre, mi amiga, todo lo “más”.
Hacia el final yo he estado muchas veces enferma y te decía: Miriam, lo tuyo es imposible, eres inteligente, sensible y sana.
Cuando fue llegando tu final fue muy difícil de admitir. ¿¡Cómo una persona tan grande, tan cabal, tan sensible puede ir dejando de estar! ‘? Yo sé que es así pero aún no lo puedo admitir, sigo hablando con contigo y pensando cosas, ¿vamos al cine? ¿Leíste tal libro?
Hay una Miriam que es mía y que está aquí. Algún día, no sé cuándo, iremos separándonos. Por ahora, para mí, estás aquí, a mi lado.
Graciela Sobral, Miembro de la AMP y ELP