La salud mental en disputa: políticas de lo singular.

Por Ana Castaño – Miembro de la ELP y de la AMP

Para comenzar me gustaría presentarme compartiendo un poco de mí historia, mi recorrido, así trasmitiré mejor lo que me causa.

Inicie mi andadura como estudiante de Medicina en una Universidad muy neoliberal, la Autónoma de Madrid, atravesada por una identificación paterna; en espera de la convocatoria MIR, que ese año se retraso bastante, decidí trabajar en una Comunidad terapéutica “Peña Retama”, teniendo mi propio despertar al encontrarme con el Psicoanálisis de orientación Lacaniana, comenzando mi formación con Jorge Alemán en Serie psicoanalítica y posteriormente en la ELP.

 Fue un acontecimiento en tanto que, a partir de ahí, hubo un antes y un después. Cambié mi decisión de ser Médico internista por la de ser Psiquiatra, comenzando mi trayectoria con Valentín Corcés en el Hospital Psiquiátrico de Madrid, antiguo “Alonso Vega”. Estábamos en pleno Auge de le Reforma Psiquiátrica y participé muy activamente en la desinstitucionalización del manicomio clásico. Fueron tiempos apasionantes de apostar por lo comunitario y de muchas enseñanzas de los sujetos psicóticos.  (Leopoldo Panero entre otros).

Comienzo un recorrido apostando por el Psicoanálisis aplicado en la Institución, dirigiendo un Servicio de Salud Mental en un barrio popular de Madrid, más allá de la M-30, del extra radio, como me gusta nombrarlo por lo que implica. Llevo más de dos décadas en este empeño, no exento de obstáculos, al no tener autonomía organizativa y estar a expensas de un Otro que exige protocolos y evaluaciones de corte cientificista.

Hubo un tiempo que desde la Psiquiatría biológica, predominante en el sector, nos llamaban “nido de Lacanianos”, un supuesto insulto que nos engrandecía. Ahora los tiempos son otros, y como os comentaré más adelante, entró “El Caballo de Troya” para incomodar nuestra zona de confort.

Orientada por el Psicoanálisis, y más concretamente por las enseñanzas de Una Izquierda Lacaniana, inicié mi andadura política como Consejera Estatal de Salud en un partido emergente, que apostó por quebrar el discurso hegemónico del bipartidismo. Durante ese tiempo, apasionante, aprendí de las dificultades para formalizar lo instituyente de una experiencia, como en ocasiones nos ocurre con el acto clínico, y constaté la imposibilidad para dar lugar a “lo singular” que nos es común a todo ser hablante, en un proyecto político de cierto calado.

Hubo pequeños logros como impulsar la escucha frente a la medicalización y promover una ley de Salud Mental basada en la defensa de los DDHH, en ir más allá del estigma. Participé en El grupo Atocha por una defensa de la salud mental comunitaria en el sistema nacional de salud. No nos olvidemos que lo comunitario permite un lugar, a día de hoy, para el porvenir del psicoanálisis.

Mi conclusión de este recorrido es que, en ocasiones, es necesario ensamblar un modo de práctica clínica con la acción política. Ahora más que nunca, cuando la salud mental está en disputa hegemónica.

Tuve una enseñanza de los colectivos, particularmente de los GAM, grupos de apoyo mutuo, constituidos en primera persona, que politizan su experiencia, como señalaba Kate Moss “Lo personal es Político”. Siendo un relato a tener en cuenta.

Sumando estas últimas experiencias ahora me interesa explorar el psicoanálisis y la comunidad desde lo singular, con la intención de ir más allá del estigma.

“Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época”. J.Lacan, precisamente esta frase me parece un buen punto de partida para acercarme a lo que os quiero plantear.

¿Qué es la Salud Mental?

En términos generales es el estado de equilibrio entre una persona y su entorno socio cultural que garantiza su participación laboral, intelectual y las relaciones para alcanzar un bienestar y calidad de vida. El famoso equilibrio bio- psico- social    (¿Quien lo cumple??), aunque desde la OMS dejan un pequeño resquicio al señalar que es un concepto subjetivo y culturalmente determinado, no exento de las disputas teóricas ni políticas. Es importante este dato ya que las políticas públicas se sustentan, en parte, en los indicadores que marca la OMS, no en vano los problemas de salud mental constituyen el 15% de la carga mundial de enfermedad, carga que va en aumento tras la Pandemia.

Es precisamente en esta dimensión de Salud Pública donde empieza la batalla hegemónica por la salud Mental.

Desde el psicoanálisis la perspectiva es otra, como ya señalo JAM en la Conferencia de Clausura de las II Jornadas del Campo Freudiano en Sevilla en 1988 al referirse a “La Salud Mental y el Orden Público”, donde resalta que la Salud Mental no tiene más definición que la de orden Público, se trataría de andar bien por la calle.

“Los trabajadores de La Salud Mental son quienes deciden si alguien puede circular entre los demás, por la calle, en su país, entre los países, o si, por el contrario, no puede salir de su casa, o si solo puede salir para ir al Hospital de día, o si no puede salir del Hospital Psiquiátrico. Y ya solo queda por decidir si ha de estar atado porque en algunos casos, la peligrosidad es rebelde a la medicación…… La Salud Mental tiene, por tanto, como objetivo, no puedo imaginar otro, reintegrar al individuo a la Comunidad Social”.

Más adelante, en 2006, la  ELP se pronuncia, a través de su presidente en aquel momento, Manuel Fernández Blanco, sobre la utilidad Pública del mismo. No se trata de la utilidad entendida como rentabilidad económica y adaptación del individuo, sino la utilidad desde la perspectiva del plus de goce, de su tratamiento, que el sujeto  posibilita a partir de la irrupción de su síntoma.

Para incidir en lo real de la época es imprescindible orientarse por el síntoma del sujeto, tomado uno por uno. En mi opinión, la acción política de esta utilidad, desde el psicoanálisis, pasa por la presencia de Psicoanalistas en la Institución Pública así como por su incidencia en la cultura.

Dicha presencia de psicoanalistas pasaría por la habilidad de crear e inventar frente a las diversas demandas.

VISIBILIDAD DE LA SALUD MENTAL

Seguramente todos recordareis el famoso “Vete al médico” que en el Congreso de los diputados profirió un diputado del PP, a Iñigo Errejón, líder de Más País cuando estaba hablando de un dato sobre la Salud Mental en nuestro País. El dato en cuestión era y es espeluznante: cada día, diez personas se suicidan en España y seis de cada diez presentan síntomas de ansiedad y depresión.

Se apelaba a cómo pensaba el Gobierno afrontar esa cuarta ola, que sería mental, justo cuando se cumplía un año de la Pandemia devastadora en muchos aspectos de lo subjetivo.

 Se nombraron  las carencias, que no son nuevas y se han triplicado tras la Pandemia, en las estrategias de atención  a la salud mental desde el sistema público de salud, con falta de recursos y planificación adecuada.

También puso sobre la mesa la disputa sobre cómo abordar el sufrimiento psíquico al preguntarse “¿En qué momento hemos normalizado que para que nuestra Sociedad funcione tenemos que vivir medicados?”.

La polémica se viralizó en redes, como corresponde a la sociedad del espectáculo, y permitió que el problema de la salud mental se hiciera visible y palpable.

A continuación comenzó una especie de Me Too con testimonios de personas muy conocidas mediáticamente hablando de sus padecimientos. Esto tuvo un efecto inmediato y muy necesario sobre el estigma, palabra de origen griego que hace referencia a una picadura o pinchazo y la marca corporal que se genera. Este Estigma fue utilizado en la antigüedad para marcar a sujetos de una condición social inferior y más adelante como refiere el sociólogo Erving Goffman se usa la estigmatización para expresar una identidad social devaluada.

Por tanto uno de los efectos de la visibilidad es, que al normalizarse, ser más universal, a cualquiera le puede pasar, se desestigmatiza, lo que pone en valor los derechos de las personas para no ser señaladas ni discriminadas.

La otra cara de la visibilidad es más compleja de manejar ya que se puede deslizar a la banalidad de lo que pretende mostrar, en donde los medios de comunicación han de ser muy serios y comprometidos, evitando especularizar con los contenidos (Acabamos de asistir a un show mediático con el juicio televisado de Amber Heard y Jhonny Depp donde se retrocede en logros conquistados por el feminismo reciente).

La visibilidad también pone en juego la batalla por quien va a mercantilizar el malestar en un momento de crisis profunda y estructural que precariza la existencia.

¿Debe ser atendido todo el malestar en el circuito de Salud Mental?  Patologizar personas y minorías es un método de control del capitalismo y ahora la salud es igual a normatividad, se hacen con nuestros cuerpos, pudiendo convertirse en un nicho de ganancia y acumulación de capital. Me refiero a las neurociencias que se sustentan en lo biológico, es decir el fármaco, y a la neuropsicología que modifica la conducta para adaptarla. Ya hemos visto que la apuesta del psicoanálisis es otra.

Brenda Navarro, escritora Mejicana  cuenta en una entrevista  cómo se inspiro para: “Ceniza en la boca” tras escuchar en la radio la noticia sobre el suicidio de un adolescente, arrojándose desde un quinto piso mientras escuchaba al grupo Vampire Weekend (This life). Quería escribir sobre la metáfora de la adolescencia y su vulnerabilidad frente a generar tu propia identidad.

“Una de las cosas que me impulso a escribir la novela es que nos preguntemos qué tipo de vida queremos vivir, si realmente no podemos vivirla o pensamos que no podemos vivirla por los condicionamientos sociales o económicos….”. Hemos de mantener esta pregunta abierta porque tal vez nuestros adolescentes no quieren aspirar a lo que nosotros entendemos como una vida cómoda para una buena salida a la impostura de decirle al mundo que hay que ser feliz.

He tomado esta desviación literaria para adentrarme en qué es lo que sucede en nuestra época porque es la clave para situar el terreno de la disputa sobre las políticas de  Salud Mental. 

EL BIOPODER

Para aproximarnos a este término, es indispensable detenernos en Michel Foucault (1926-1984), catedrático de Historia de los sistemas de pensamiento en el Collège de France. Su obra recoge secuencialmente una Arquitectura del saber, una Genealogía del poder y una Ética y una estética de la existencia. Su interés, al igual que el de Nietzsche y Heidegger, se ha desarrollado en problematizar al sujeto desde todos los ámbitos. Tiene obras muy interesantes (“Vigilar y Castigar”,  “El Nacimiento de la Biopolítica”) para repensar las relaciones con el Poder a los que trabajamos en Instituciones.

“En Historia de la locura en la época Clásica”  nos trae una frase, que a mí me gusta mucho, porque da buena cuenta de que la Institución de Salud Mental, es una cuestión de orden público.

“Así se comprende mejor el curioso sentido que tiene la navegación  de los locos y que le da sin duda su prestigio. Por una parte, prácticamente posee una eficacia indiscutible; confiar el loco a los marineros es evitar, seguramente, que el insensato merodee indefinidamente bajo los muros de la ciudad, asegurarse de que irá lejos y volverlo prisionero de su misma partida”. Stultifera Navis, La nave de los locos.

A pesar del tiempo trascurrido y los avances conseguidos en muchos sentidos, algo de esta nave sigue presente en nuestros días, siendo una manifestación posible el estigma y sus consecuencias. Desde la Institución no debemos olvidar que estamos, en parte, alienados al poder, siendo instrumentos para decidir quién entra, quien sale y como ha de circular, en ocasiones de manera involuntaria.

En nombre de la verdad psiquiátrica se instauran diversas formas de violencia, se prohíbe, se reprime, se excluye, se coacciona y hasta se somete. Por eso es imprescindible saber hacer para separarse de esta violencia y favorecer la escucha que permita el encuentro analítico con las particularidades de cada sujeto.

Para Foucault, la economía política marca desde el siglo XVIII el nacimiento de una nueva razón gubernamental, es decir, gobernar menos en interés de la máxima eficacia, de la mayor rentabilidad. El liberalismo es el marco general de la biopolítica.

Esto llevaría a que el arte de gobernar consiste en que el Estado se autolimite, emerge así la Sociedad Civil para ello, pero a la vez, y ésta es la paradoja, puede haber una intervención permanente con el objetivo de producir, multiplicar y garantizar las libertades necesarias para el liberalismo económico. Tenemos un reciente ejemplo con el caso “mascarillas” y el Ayuntamiento de Madrid. Desde esta perspectiva, la Sociedad Civil no termina de oponerse al Estado, ya que participa de la tecnología liberal del gobierno.

Es interesante señalar que Foucault considera que el campo de batalla es la vida; plantea que donde hay poder, hay resistencia, de modo que la pregunta político filosófica se centraría en ¿cuáles son entonces los posibles modos de vida?

En un artículo de “El Salto” del 14 de Abril de este año, con sugerente título. “Señoras que fantasean con quemar contenedores (metafóricos)”, Sarah Babiker nos dice: “Somos presas de la biopolítica de la precariedad, donde siempre tienes lo justo para tener algo que perder, donde siempre tienes menos de lo necesario para poder permitirte parar y decir lo que tengas que decir”. Este es el enredo donde nos meten las élites, donde pararse es un privilegio.

Hay que encontrar fórmulas que sean creativas y novedosas para iniciar proyectos emancipatorios, difícil apuesta que conlleva trascender la imposibilidad. 

LA COYUNTURA ACTUAL

Lacan ya nos advirtió que  “el ascenso al cénit del objeto a”  nos instala en el Discurso Capitalista, al que define en un movimiento circular que se auto perpetua sin límite, es decir no hay la posibilidad de un cierre.

El capitalismo, cuya expresión actual es el poder neoliberal, alimenta a la pulsión de muerte, como la mano que mece la cuna, produciendo subjetividades variadas como el consumidor consumido; ya no basta con el capital financiero, sino que ahora también se requiere del capital humano, lo que no es sin consecuencias sobre los cuerpos. Cada día hay más sujetos capturados en la estructura de la culpa, invadidos de angustia o con sintomatología depresiva, que les lleva a estar expropiados  de su deseo. Las grandes élites económicas no se sacian y cada día quieren más y más. Es precisamente esta tendencia acumulativa sin fin, lo que lleva a que se rompa el pacto entre Democracia y Estado. Una buena bofetada, obscena, a la diferencia absoluta. Esa mezcla de Matrix con Alien, de una voluntad que se quiere así misma, como nos refiere Jorge Alemán en su libro “Capitalismo: Crimen perfecto o Emancipación”.

El poder neoliberal no está en crisis, a pesar de las diversas crisis de representación sintomáticas (Gobierno de coalición) que atraviesa por su carácter ingobernable, más bien es en este carácter donde reside su potencial para continuar reproduciéndose una y otra vez, incluso llega a apropiarse de los antagonismos que emergen en la dislocación de lo social, siendo inevitable institucionalizar el momento instituyente, el momento hegemónico, en donde debemos saber hacer con lo que se pierde.

 En este libro, Alemán ya no se interroga, más bien afirma que no es posible un proyecto emancipatorio, que no tenga en cuenta al sujeto lacaniano, en tanto ya no se puede obviar el resto irreductible, ese real, propio e intransferible, que nos produce una soledad radical y que nos es común, nos afecta a todos. No hay justicia distributiva cuando hay un goce singular, como bien intuyo Marx al plantear la dificultad intrínseca al proletariado que no puede hacer el tránsito de “la clase en sí”, la explotación por su fuerza de trabajo, a “la clase para sí”, no consentir a que su fuerza sea explotada, para producir una trasformación. Este aspecto quedo patente durante el confinamiento con la entrega de los trabajadores esenciales.

La famosa frase de Margaret Thatcher lo refleja  bien en pocas palabras “La economía es el método, el objetivo es cambiar el alma”, se capta bien como el neoliberalismo pretende sustraer lo más propio de cada uno, la diferencia absoluta, lo que nos hace singulares, para homogeneizarnos, uniformarnos, sin posibilidad de subversión. 

Esta versión actual del capitalismo, llamada neoliberalismo, es el primer régimen histórico que a toda costa quiere tocar la primera dependencia simbólica, la que constituye nuestra singularidad, produciendo subjetividades por fuera de lo tangible de la mercancía, de la plusvalía: “El Neoliberalismo necesita producir un hombre nuevo, engendrado desde su propio presente, no reclamado por ninguna causa o legado simbólico y precario…”. Conocemos bien las figuras de estas producciones de las que habla Alemán en “Horizontes neoliberales de la Subjetividad”, bien estudiadas por diferentes autores: El empresario de sí, la fábrica del hombre endeudado, el consumidor-consumido, que alienan al sujeto en una posición que permanentemente le lleva a lo que no puede alcanzar, a un plus de goce ilimitado, que le hace sentirse responsable, culpable  de no llegar y con consecuencias devastadoras sobre su existencia: Depresión, adicciones, patologías de la responsabilidad……Os aseguro que casi todos los días en mi práctica clínica , me encuentro con los efectos de estas producciones subjetivas que hay que ir desgranando para que emerja el sujeto del inconsciente.

Simone Weil, a quien considero una Filósofa revolucionaria que pasó a la acción, nos habla de este nudo que implica al poder: “El poder encierra una especie de fatalidad que se abate tan implacable sobre los que mandan como sobre los que obedecen; más aún, en la medida en que subyuga a los primeros, se sirve de ellos para aplastar a los segundos….”

La autoayuda y la resilencia, significantes de esta época, favorecen estas subjetividades con sus consignas lapidarias: “Eres lo que atraes”, “Si no tienes éxito es porque no lo visualizas lo suficiente” “Sé feliz”….Todo es responsabilidad de la voluntad del sujeto, lo que le esclaviza, especialmente en la clase trabajadora, generando culpa y desasosiego. Hay una tiranía de la felicidad en donde uno tiene que aparentar estar bien, saber gestionar sus emociones para ser válido frente al sistema, de alguna manera privatizar su enfermedad, más bien su división, no visibilizar la castración. 

Para que seamos sujetos rentables nos invaden con “las nuevas espiritualidades”, coaching, mindfulness, lo que no es sin consecuencias.

Ronald E. Purser lo deja bien claro en su libro “McMindfulness”, diciendo que “están perfectamente adaptadas a los valores culturales dominantes, ya que no requieren ningún cambio sustancial en el estilo de vida. Una espiritualidad tan individualista está claramente relacionada con las intenciones liberales de privatización.

El mindfulness es la última interacción de una espiritualidad capitalista cuyos orígenes se remontan a la privatización de la religión en las sociedades occidentales”.

Os quiero leer un bello texto, que describe bien esta tiranía, de un genio controvertido, Pier Paolo Pasolini, quien logró canalizar los trágicos episodios de su vida y plasmarlos en sus obras.

“Pienso que es necesario educar a las nuevas generaciones en el valor de la derrota. En manejarse en ella. En la humanidad que de ella emerge.

En construir una identidad capaz de advertir una comunidad de destino, en la que se pueda fracasar y volver a empezar sin que el valor y la dignidad se vean afectados.

En no ser un trepador social, en no pasar sobre el cuerpo de los otros para llegar el primero. Ante este mundo de ganadores vulgares y deshonestos, de prevaricadores falsos y oportunistas, de gente importante, que ocupa el poder, que escamotea el presente, ni qué decir el futuro, de todos los neuróticos del éxito, del figurar, del llegar a ser.

Ante esta antropología del ganador de lejos prefiero al que pierde. Es un ejercicio que me parece bueno y que me reconcilia conmigo mismo. Soy un hombre que prefiere perder más que ganar con maneras injustas y crueles. Grave culpa mía, lo sé. Lo mejor es que tengo la insolencia de defender esta culpa, y considerarla casi una virtud”

El relato de la Crisis, avalado por los expertos, sobre que hemos vivido en una fiesta, gastando lo que no teníamos, relanza el circuito infernal de los Imperativos. Como señala Alemán, el botín de guerra del Capitalismo, es ir a tocar al sujeto en su estructura. Si nos quedamos solo en la dominación histórica social, el crimen es perfecto pero la singularidad no es una producción sino que es constitutiva, irrepetible y no puede ser totalizada por este poder.    

Estamos en el preludio de lo peor, se alienta el Odio al diferente impunemente, basándose en lo que del goce hace al ser, se instrumentaliza, se manipula en nombre de ese hombre nuevo, sin historia.

José Luis Villacañas en un artículo sobre “Neurosis y Autoritarismo” apunta a como este tándem facilitaría el auge de la extrema derecha. El malestar psíquico, depresión, ansiedad, insomnio, estrés, cada vez nos genera más sufrimiento, a lo que se suma la inestabilidad del momento, haciendo que no encontremos una fácil salida, la sensación de fragilidad aumenta y el esquema del autoritarismo se pone en marcha.

Villacañas recurre a la serie de Jonathan  Levine “Nueve perfectos desconocidos”, los personajes se reúnen para un retiro en un lujoso complejo de salud y bienestar, llamado Tranquillum house, regentado por una gurú. Se les promete una trasformación total del cuerpo y la mente, eso sí siguiendo las indicaciones, hay que dejarse hacer. Utiliza esta serie para explicar la necesidad imperiosa de descargar esa energía psíquica que nos abruma como y donde sea, en acciones compulsivas (los insultos en las redes es un buen ejemplo), que alivian momentáneamente y hay que repetir una y otra vez.

“Cuando ya no funcionan las pastillas, los opiáceos, los analgésicos, entra el odio, el desprecio…Es la índole de la subjetividad que ya no puede más, que se aferra a cualquier cosa que la estabilice.”

La neurosis no asumida se nos impone como un ejercicio de autoritarismo sobre uno mismo de forma pulsional y a partir de aquí se convierte en un problema político. Esa subjetividad estará dispuesta a entregar su confianza solo a un líder autoritario con el que se identifica. No olvidemos que esto ya pasó en 1933.

Antes de concluir este apartado quiero hacer mención a un problema que no debemos dejar pasar: La sobre medicalización del malestar. Por aportar un dato, deciros que España es el país del mundo en el que se consumen más ansiolíticos, 91 dosis diarias por cada 1000 habitantes, con la inevitable consecuencia de la dependencia a psicofármacos.

James Davies, profesor de Sociología y Psicoterapia en la Universidad de Roehampton (Reino Unido) lo deja muy claro en su libro “Sedados” de la editorial Capitán Swing recientemente publicado. Sin titubeos señala que sedamos el sufrimiento para hacerlo compatible con las necesidades del mercado, lo que encaja maravillosamente con las necesidades del Capitalismo.

“El modelo dominante desde hace 40 años en salud mental ha sido el de la medicalización y todo el mundo, tanto la política, la economía y la medicina, ha suscrito este modelo. No se han planteado alternativas porque el sector no tiene incentivos para invertir en otra manera de hacer las cosas. Aún así, esto va a cambiar a medida que vayamos siendo más conscientes de las consecuencias nefastas de la medicalización. Va a requerir de mucho tiempo e inversión pública, pero no va a quedar otra, porque se ha demostrado un método fallido”.

En este punto, a mi entender, comienza la batalla hegemónica en la salud mental, en la que el psicoanálisis debe preguntarse como incidir.

UNA CLÍNICA NEOLIBERAL

Preparando esta charla con música de fondo variada, me sorprendió la letra de una canción de Rosalía de su famoso MotoMami, G3N15,  que dice: “….Y me toca estar donde no quiero estar, esto no es el mal querer, es el mal desear…”, y pensé que parte de la problemática en la clínica actual, está precisamente, en ese mal desear, en la dificultad para sostener el deseo singular.

En líneas generales lo que podría decir de esta clínica neoliberal es la dificultad para que aparezca el sujeto del inconsciente, la singularidad de cada uno, para situar una estructura.

Colaboro en un hospital de día infanto juvenil y  lo que me he encontrado, en un primer tiempo de aproximación, es a chavales atormentados por no ser felices ni ser emprendedores, las famosas consignas, o chicas entristecidas por no tener suficientes likes en las redes redoblando su sentimiento de excluidas. A propósito de las Apps, os recomiendo un excelente artículo de Estela Canuto en Lacanemancipa sobre “Nuevas lógicas de la vida amorosa”.

Les cuesta hablar de lo que está en juego, están apáticos, sin ganas y las sesiones trascurren con relatos metonímicos de lo que hacen y el sufrimiento por no ser como deberían ser. Hay que tomarse el tiempo necesario para que puedan construir su relato singular, que no difiere mucho de las neurosis clásicas pero es como si tardaran más tiempo en desplegarlas. Atrapados en el registro imaginario y con dificultades para lo simbólico, a menudo lo real inunda la escena facilitando el acting out o el paso al acto.

Por otro lado, la amalgama de posibilidades para la identidad de género no siempre facilita sino que puede ser un obstáculo en algunos sujetos que se quedan suspendidos en la inhibición y la angustia.

Otro punto de capitón para el sujeto, al menos hasta ahora, es el trabajo. No se puede obviar que la precariedad actual produce abusos empresariales (tengo a muchos trabajadores del Corte Inglés) y tiene un sesgo social, de clase, pero no conviene quedarse solo ahí, hay que dar lugar al relato del sujeto.

Como dice Belén González, psiquiatra madrileña que forma parte de le reciente Comisión ministerial de precariedad laboral y salud mental, “La mayoría de patologías que vemos ahora son ansiedad y depresión, es decir, la situación que tienes te angustia mucho, o te pone muy triste” y también es cierto que el sistema está organizado para que los trabajadores no productivos sean derivados a salud mental, añadiría que los que la medicina no encuentra la respuesta también porque molestan  (fibromialgías, dolor crónico, obesidad…….) pero en mi opinión es fundamental tomar el caso uno por uno, apuntando a lo singular, aunque haya un denominador común. Hay que apostar porque cada sujeto encuentre su salida, yendo más allá de la generalidad.

He atendido a dos sujetos con “acoso laboral”, ambos muy rígidos y sometidos a un superyó terrible que no lograban descifrar porque El Amo de siempre, al que habían servido fielmente, dejaba de reconocer su entrega. Tras un momento depresivo severo, lo que se puso en juego en cada uno fue muy diferente. En uno de ellos apareció un odio al Otro que hubo que trabajar para impedir un paso al acto, y en el segundo, un trance obsesivo al borde de la interpretación paranoica, que por ahora no ha llegado a ser certeza.

NOTAS SOBRE LA PANDEMIA

En esta época hemos vivido un acontecimiento mundial que no puede dejarse de nombrar, la Covid19,  que nos ha afectado a todos y cada uno de nosotros en nuestra cotidianidad y también a nuestra práctica clínica.

En estos tiempos nos asola la incertidumbre y la angustia de la ciencia, sobre todo en el primer año, porque el bichito, ese real, se nos coló para quedarse. Aparecen desestabilizaciones fantasmáticas que hacen que aumente la demanda a salud mental de forma exponencial.

Incluso en el intento por normalizar, también aparecen síntomas variados que ya se han encuadrado en síndromes como el de la cabaña o el de la cara vacía en adolescentes. Curiosamente estos síndromes utilizan las indicaciones de la pandemia para instalar el síntoma, que se revela en el momento de desprenderse de esas indicaciones (Volver a la oficina, quitarse la mascarilla).

En “Pandemonium. Notas sobre el desastre”, ensayo escrito en plena pandemia, J. Alemán hace una pregunta muy interesante sobre lo que nos espera, una vez que queda robada la experiencia singular del morir propio, de la finitud, no hemos despedido a nuestros muertos, y la enfermedad aparece como sospecha, el paciente cero, el enemigo, puede ser cualquiera.

¿Se verá afectada la existencia hablante, sexuada y mortal?

La irrupción de Umheimlich, lo siniestro, ha llevado a nivel global a que los gestores del capital, ya no existen los grandes hombre de Estado, hayan instalado una postguerra sin guerra, recordemos todas las metáforas bélicas que se utilizaron, con probables consecuencias en los modos de expresar el malestar. Está por ver si algo de eso hay, pienso que es un campo a investigar en la clínica. Los adolescentes se han afectado mucho por las medidas que se tomaron, que tocaban esa difícil línea entre cuidado y autoritarismo (Estado de Alarma). Por todos es conocido el aumento que ha habido en suicidios.

En mi experiencia, sí he atendido casos muy graves que nunca se habían desencadenado, manteniéndose en un equilibrio que estalló por los aires.

Los duelos sin despedida se enquistan, son menos abordables, y la soledad en los ancianos produce depresiones resistentes. Es como si el paso del duelo a la melancolía se acortara o la elaboración de la pérdida se quedase suspendida.

Necesitamos una reflexión pausada sobre los efectos de este real, tanto en las demandas a salud mental como en nosotros mismos. Está en auge lo virtual, tiene sus ventajas, llegamos a más usuarios, pero ¿no estaremos entrando en la lógica del consumo capitalista?

En estos tiempos difíciles, hay que orientarse en un deseo decidido que indague en lo contingente desde la imposibilidad, emanciparnos de estas subjetividades neoliberales y de los mercados del goce.

EL CABALLO DE TROYA

Si hace unos años, a la manera de ir introduciendo el psicoanálisis en la Institución en la que trabajo y dirijo, lo nombraba “la mancha de aceite”, que poco a poco se va extendiendo, ahora nos hemos topado con el caballo de Troya, con los oropeles de la seudo ciencia.

El modelo organizativo ha cambiado notablemente, cada día más protocolos, más exigencias sobre la lista de espera, sobre la rentabilidad. Se mercadea con los profesionales, que dividen sus jornadas entre el centro de salud mental y la investigación, lo que supone un duro golpe en la línea de flotación de la salud mental comunitaria, lo importante es cubrir la agenda con quien sea. La transferencia y la continuidad de cuidados no interesan, solo la alta resolución.

La máxima es, lo que no está escrito no existe, escrito como mandan los cánones de la cultura de Empresa.

Muchos jóvenes, y no tan jóvenes quedan seducidos por este modelo, que no da instrumentos para estar face to face con un paciente, la palabra se devalúa y se medica más, ya no se sabe si para apaciguar al profesional o al que consulta.

El auge de lo neurobiológico no solo sucede en España pero me pregunto si además en nuestro país, donde hubo una guerra civil y una larga dictadura, no seguimos un tanto impregnados de una moral nacional católica en el ámbito de la psiquiatría.

Mª José Palma Borrego, doctora en literatura femenina francesa por la Universidad Hispalense y presidenta de AICC (asociación para la investigación de los conflictos contemporáneos) ha escrito un curioso libro “Psiquiatría fascista española”. La lógica de un discurso de exterminio. Dos casos clínicos. Donde hace un recorrido histórico sobre este asunto que deja como una línea abierta a investigar.

Contrasta la psiquiatría fascista representada, entre otros por Vallejo-Nájera, el autor de “El psiquismo del fanatismo marxista” concretamente sus “investigaciones psicológicas en marxistas femeninos delincuentes” y promotor de la Raza Hispana, con la psiquiatría republicana cuyo mayor representante era Tosquelles.

(Eugenesia franquista, reúne trabajos de la Universidad Miguel Hernández de Elche y la Universidad de Alicante muy inquietantes sobre aquellos tiempos). 

(Exposición muy interesante a partir de Setiembre en el Reina Sofía sobre “Tosquelles, el psiquiatra paciente”.

Políticas de lo Singular

LA RESISTENCIA SUBVERSIVA

Desde el psicoanálisis trabajamos con lo que no es del dominio público, con los dichos particulares del sujeto, que son lo más propio que tiene y a la vez le remiten a su soledad más radical como efecto del lenguaje, nos orientamos por la política del síntoma, entendiendo a este como aquello que no marcha bien, portador de un saber inconsciente que precisa ser vaciado de sentido en un tiempo propio de cada uno. En psiquiatría también se cuenta con síntomas pero desde una perspectiva muy diferente: Esta relacionado con un saber referencial, es signo objetivable de una enfermedad concreta y hay que curarlo, silenciarlo. Otro obstáculo es el lugar de inscripción que tiene la Institución, dentro de la lógica universal del para todos, reclamándose incluso como un derecho, que en muchas ocasiones tapona la verdadera demanda en juego. Recordemos que en la mayoría de los casos, el paciente es derivado sin hacerse cargo de su malestar y la época invita a no pensar, a no preguntar y que el experto resuelva. Es fácil que el sujeto se deslice al lugar del objeto, a la segregación, incluso a la exclusión.  Se fomentan vínculos líquidos, siendo la primera encrucijada llevar al sujeto a querer saber sobre sí.

Las interferencias que suponen los protocolos como instrumentos de evaluación, la utilización de las clasificaciones diagnósticas, el uso del fármaco, que bajo transferencia tiene otra dimensión, no se pueden ignorar, hay que saber hacer con esta realidad.

La existencia de estos obstáculos no impide, que en la intimidad del encuentro, de puertas para dentro, haya lugar para el acto analítico y sus efectos.

Toda experiencia se origina en una particularidad y en mi práctica Institucional, partía con una pequeña ventaja a favor: Ser Jefa, por oposición, de un Servicio de Salud Mental de un distrito de Madrid, lo que  me permitía tener una pequeña capacidad organizativa y gestionar el espacio, dentro de los límites institucionales (Llegué a un equipo formado ya de antemano, que había que entusiasmar con otro modo de hacer).

Ahora, tengo que deciros que estamos cansados, incluso agotados entre la pandemia y la sobrecarga asistencial y se hace difícil no ceder a la presión del Amo, y promover espacios diferentes, pequeñas invenciones, como me gusta llamarlas.  A modo de ejemplo, menciono las siguientes:  

  • Los grupos operativos de fibromialgía, malestar laboral y consecuencias del Covid.
  • Grupos de adolescentes.
  • Grupo multidisciplinar con enfermería de endocrinología sobre obesidad.
  • Taller de lectura organizado en primera persona, Silvia García, mediadora lectora, con libros álbum.
  • Y recién estrenado un proyecto de intervención comunitaria entre el diálogo abierto y la singularidad que aporta el psicoanálisis. Grupo de psicóticos dialógicos pero resaltando la transferencia, visitas al domicilio, moverse por el barrio…

No todos somos psicoanalistas, hay otras orientaciones, en donde todos y cada uno aportamos nuestro saber hacer. El requisito es mantener la escucha y la particularidad del uno por uno.

Toda Institución, pasado un tiempo, se anquilosa, se aplana, lo que señala muy bien Jean Oury en “Lo colectivo”, insistiendo en la importancia de los espacios del decir, que no son programados, sino que tiene que darse ese encuentro con los otros para volver a levantar esa frágil estructura de lo colectivo, que algo pase.

No sé si las pequeñas invenciones serán suficientes para relanzarnos, lo que sí sé es que necesitamos acción militante para que no desaparezca lo comunitario, que al menos permite la existencia del psicoanálisis.

A partir de aquí comienza mi próxima apuesta, como dije al principio, para pensar que lugar para el psicoanálisis en la comunidad, o en lo comunitario. El reto sigue estando en cómo desarrollar políticas de lo singular que trasciendan lo local.

Me gustaría concluir con un poema de Hannah Arendt que me sirve de empuje:

“Nos dejamos la vida

cuando amamos, cuando vivimos…

El fondo se desvela sólo a aquel

que logra rehacerse en plena caída

transformándola en vuelo”

                                 Ana Castaño

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