Intervención de Susana Genta el 30 de junio en el espacio de las Noches de la Escuela. La práctica analítica: preguntas de siempre en tiempos actuales.

Cuando fui invitada a participar en esta sesión de apertura del nuevo ciclo de Noches de Escuela y, después de conversar un rato sobre las coordenadas en las que se había pensado este encuentro, me pidieron un título para lo que iba a presentar. En un primer momento contesté Tiempo de comprender, que es, a mi entender, siguiendo los 3 tiempos lógicos, el momento en el que se enmarca la situación por la que estamos atravesando. Al sugerirlo me preguntaron ¿comprender qué?, a lo que respondí “algo para lo que todavía no tenemos respuesta”. Se me ocurrió entonces el título: “dejarse enseñar”.

Una manera de nombrar lo que para mí está en juego en este tiempo de comprender.

Recuerdo que en 1992, en la apertura de unas Jornadas anuales de la EOL, J.-A. Miller dijo algo que no he olvidado, “Cada Jornada de estudio debería, en psicoanálisis, llamarse “Lo que no se sabe”. Se trata de rastrear cómo sabemos transformar en saber lo que no se sabe”

Por lo tanto les hablaré desde mi experiencia, de lo que ha supuesto y está suponiendo este tiempo necesario, sin precipitarme en ninguna conclusión.

Nunca antes había hecho la experiencia de atender online ni telefónicamente. Tampoco he tenido, como analizante, la experiencia de sesiones online. Y diría algo más, era algo que consideraba por fuera de cualquier posibilidad. Cuando en alguna ocasión había sido preguntada por ello, mi respuesta había sido negativa y, sin siquiera cuestionármelo, no consideraba otra posibilidad más que sesiones en presencia material de los cuerpos.

El acontecimiento del COVID me colocó ante una contingencia frente a la cual había que tomar una decisión.

Se ponían en cuestión ciertos modos de funcionamiento que,, en lo concerniente a nuestra práctica, implicaba una elección, ¿qué hacer?, ¿suspender las sesiones por tiempo indeterminado hasta que pasara el tsunami u optar por decidirme a atender online? Si lo hacía ¿estaba traicionando los principios sobre los que se sostiene nuestra práctica?

Intenté rehuir la pregunta por mi deseo apoyándome en la autorización que podía obtener del A de la transferencia. Cuando quedé frente a frente a mi estrategia, que consistía en no querer saber nada de la soledad a la que quedaba confrontada cuando vacilaban ciertas referencias y el temor a quedar identificada al desecho en la pérdida, tomé una decisión en acto, a la manera de una apuesta. Ofrecer a los analizantes la posibilidad de continuar el trabajo por medios telemáticos, sabiendo que lo hacía sin las garantías que creía tener antes.

En efecto, no sabía cuáles podían ser los efectos y las consecuencias en la práctica y en los análisis que estaban en curso.

Esta decisión tuvo en mí consecuencias no calculadas. Operó como un cierto despertar.

Al mismo tiempo que tomaba la decisión, se me impuso la necesidad de abrir un campo de investigación a partir de las preguntas que implicaban mi decisión. Elegí hacer, en lugar de dejar de hacer y aceptar las consecuencias de mi acto, abriendo toda una serie de interrogantes sobre nuestra práctica que hasta ese momento no se me había ocurrido cuestionar.

¿El psicoanálisis online o por teléfono, sigue siendo psicoanálisis? ¿Qué entendemos por presencia del analista? ¿A qué nos referimos cuando hablamos de la importancia del encuentro de los cuerpos en la sesión analítica? ¿Qué entendemos por cuerpo? Son estas algunas de las numerosas preguntas que se abren y que, a mi entender, se nos plantean como Escuela para el porvenir.

Practicarlo no nos exime de interrogarnos sobre sus fundamentos.

Me encontraba en ese momento participando de dos espacios de Escuela que continuaron su trabajo telemáticamente y que a partir de tener que suspender las actividades que ya teníamos programadas, hubo que encontrarles un nuevo hacer. Fue así como en el Espacio de Noches Clínicas y de Enseñanzas de los AE, decidimos poner en el punto de partida de nuestro trabajo la pregunta por la cuestión de la presencia del analista a partir de la lectura de textos por un lado y de los testimonios de los AE por otro, poniendo la lupa sobre los momentos de los recorridos en los que se hacían patentes los efectos de ciertas intervenciones del analista sobre el cuerpo del analizante. Allí donde la presencia real de los cuerpos se hacía insustituible.

Si bien es corto el tiempo que llevamos de trabajo sobre los testimonios, resulta bastante difícil pensar que el curso de esos análisis hubiera llegado ese real del goce singular de cada uno sin la presencia material de los cuerpos del analista y del analizante.

No obstante también tenemos testimonios publicados de analistas, como es el caso de Florencia Shanahan, recientemente nominada, que nos da cuenta de “Dos modos de presencia”, tal como ella titula su trabajo. Dos momentos diferentes de su recorrido analítico en los que la presencia, vía telemática, de su analista, la acompañó en un momento complicado de su atravesamiento, mientras que en otro nos dice, fue un olvido ocurrido en el diván de la consulta del analista lo que propulsó el final de la cura.

Simultáneamente, se abría en la Escuela la posibilidad de poder participar en actividades que se desarrollaban en diferentes lugares de la misma, tanto dentro de la ELP como de otras escuelas hermanas en diferentes puntos del planeta. Otra experiencia inédita hasta el momento. Y que creo que para muchos, ha sido un beneficio, dentro de la gravedad de la situación por la que atravesamos.

Decidí hacer uso de esta posibilidad que se nos ofrecía, y me encontré con sorpresas muy agradables. Por ejemplo que las mismas preguntas e inquietudes que se nos habían planteado en nuestro circulo de trabajo en la comunidad que habitamos, se las estaban planteando y poniendo al trabajo en otras escuelas. Cada cual a su manera y con su estilo particular participaba del interés por encontrar una manera de reflexionar y buscar nuevas respuestas a ciertos saberes que se habían puesto en suspenso.

En consonancia con la convocatoria de este Espacio, “Frente a las preguntas de siempre ¿cuáles son nuestras respuestas en tiempos actuales?”. Agregaría que al encontrarnos frente a un acontecimiento inédito, junto a las preguntas de siempre, se nos plantean nuevas preguntas a las que tendremos que ir intentando responder.

Me encontré con colegas que tienen ya incorporada desde hace tiempo la práctica online, no es una novedad para ellos el uso de esta herramienta para su práctica, y que tienen además sus argumentos para sostenerla. Otros en cambio, con una posición clara y bien fundamentada no consideran la pertinencia de esta práctica. También están los que hacen uso de ella, con matices, en circunstancias puntuales, pero siempre teniendo en cuenta que se darán en alternancia con las sesiones presenciales.

Si bien nuestra Escuela es del uno por uno, eso no implica renunciar a los principios que rigen nuestra práctica. ¿Sobre qué principios se sustenta la sesión analítica entonces que permite, sin renunciar a los mismos, que un psicoanálisis sea posible online?

Como sabemos nuestra práctica es sin standard, pero no sin principios.

En el año 2004, durante el Congreso de la AMP en Comandatuba, se presentó ante la Asamblea General, una Declaración de Principios, rectores del acto psicoanalítico.

El primer principio, del que solo recordaré las primeras líneas, dice así:

“El psicoanálisis es una práctica de la palabra. Los dos participantes son el analista y el analizante, reunidos en presencia en la misma sesión psicoanalítica”.

Por supuesto surge aquí la pregunta a la que antes hacíamos referencia ¿Qué se entiende por presencia? Podemos decir que esa presencia sólo está asegurada cuando los dos cuerpos se reúnen en un mismo espacio, ¿o podemos pensar que en lo virtual o telefónicamente también se pone en juego la presencia de los cuerpos a la que se refiere el primer principio que acabo de leerles? ¿Qué distingue un modo y otro de presencia, o acaso son lo mismo?

Y de aquí todas las preguntas que se puedan derivar…

En consonancia con la convocatoria de esta Conversación,” La práctica analítica: Preguntas de siempre en tiempos actuales”, agregaría que al encontrarnos frente a un acontecimiento inédito, junto a las preguntas de siempre, se nos plantean nuevas preguntas a las que tendremos que ir encontrando respuestas.

“La tecnología elabora nuevos modos de presencia…. Esto se multiplicará”, nos decía J.-A. Miller en una entrevista que le realizaron en julio de 1999.

En una época signada por el pragmatismo, ¿tendrá la presencia virtual un impacto fundamental en la sesión analítica?

¿Estamos los psicoanalistas exentos de interrogarnos sobre la incidencia del uso de los gadgets en nuestra práctica?

No se trata de enfrentarse a la época ni de retroceder frente a los nuevos retos, no es esa la orientación de nuestra formación, siempre en curso.

Para cerrar esta breve introducción a la conversación quisiera tomar dos breves comentarios de J. Lacan en “La Tercera”, en 1974:

“…. El porvenir del psicoanálisis es algo que depende de lo que advendrá de ese real, a saber depende por ejemplo, de que los gadgets verdaderamente se nos impongan, de que verdaderamente lleguemos nosotros mismos a estar animados por los gadgets. Debo decir que esto me parece poco probable. No lograremos hacer que el gadget no sea un síntoma, porque por ahora lo es de la manera más obvia... (La Tercera- J. Lacan- pág. 107).

Y agrega:

“El advenimiento de lo real (de la ciencia) no depende para nada del analista, al contrario…. Su misión, la del analista, es hacerle la contra” (La Tercera pág. 87. J. Lacan).

Gracias,

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