La falsedad deliberada

Los hechos

En 1968, Hannah Arendt con motivo de la publicación de documentos secretos del Pentágono en el New York Times sobre la guerra de Vietnam, escribe un texto llamado La mentira en política. Es tan abrumador el cúmulo de falsedades en esos textos y la justificación, tradicional en política, del uso de la mentira factual como medio para conseguir sus fines, que H. Arendt se siente en la necesidad de pensar sobre este fenómeno. Reconoce que, en nuestra cultura tenemos una milenaria tradición en el pensamiento filosófico y político sobre la concepción de la verdad, pero no hay una gran tradición que se haya ocupado de pensar esta falsedad deliberada sobre los hechos.

Un año antes, en 1967, veinticinco años después de la segunda guerra mundial, Theodor Adorno dicta una conferencia en Viena sobre Los rasgos del nuevo radicalismo de la derecha que resurge en esa época. Piensa que la derecha radical nunca se fue del todo, y considera esos grupos como cicatrices de la democracia que no ha logrado desarrollarse. En su reflexión sobre estos rasgos, en varios momentos apoyada en la psicología de las masas de Freud, aborda la propaganda de la extrema derecha, y repara en esta falsedad planificada, a la que diagnostica como “una fuga de ideas organizada que moviliza impulsivos arrebatos”, y no duda en decir que estos movimientos tienen una profunda relación estructural con la psicosis.

Por otra parte, contemporáneo a estos dos textos, Jacques Lacan dicta, en 1970 su Seminario XVII, un seminario crucial, El reverso del Psicoanálisis que marca un giro decisivo en su enseñanza y en el tratamiento de su concepción de la verdad. Avanza con la verdad bajo el brazo, no hay seminario ni escrito en que no le ponga la lupa a la verdad según progresa. Parte del filo cortante de la verdad freudiana, del relámpago, de la revelación del deseo inconsciente, en el registro de la palabra, pero hay una sombra que le acosa que es la del goce y lo real que ya serán dominantes en su última enseñanza.

Es justamente en este seminario donde la verdad pasa a ser un lugar en el discurso, un lugar lógico, y no solo dependiente del registro de la palabra. La verdad clamorosa freudiana baja la voz, muestra su ocultamiento, y solo cuando el saber va al lugar de la verdad, logra decir a medias algo del goce y lo real que atañe al sujeto.

Las concepciones de la verdad en la filosofía, la política y también el psicoanálisis, pasan necesariamente por tomar una postura sobre la correspondencia entre la verdad que se enuncia y los hechos. Pero los hechos, en el mundo que hemos creado los seres parlantes, no son como en el reino de la naturaleza. Porque somos seres parlantes y sexuados, H. Arendt puede decir que los hechos dependen de nuestra capacidad de elección, de nuestra capacidad de decir sí y de decir no. Encontramos en ello una articulación freudiana y lacaniana entre los hechos y el sujeto de la palabra.

Lacan en otro seminario posterior, el Seminario 19, llamado …o peor dice en el capítulo titulado Topología de la palabra, que es la palabra la que funda el hecho. Nada adquiere el rango de hecho hasta que no es dicho. Y subraya que por el hecho de hablar decimos muchas cosas, parloteamos, pero que solamente cuando hay un decir, podemos hablar de un hecho. Solamente cuando hay un sujeto de ese decir se funda un hecho.

La demanda de verdad

Si damos un salto en el tiempo y avanzamos 50 años nos encontramos con un clamor creciente en lo social y en lo político, reflejado en todos los medios de comunicación, que reivindica con pasión la verdad frente a la inflación de la falsedad, los fake news, las teorías conspiranoicas, los bulos, la llamada desinformación, que inundan nuestro mundo. Son fenómenos algo distintos que en los años setenta ya que, gracias a la técnica, a la digitalización y a los modos de comunicación de que disponemos, replican en tiempo y velocidad las noticias y acontecimientos, introduciendo el llamado tiempo real, un presente continuo. Se extienden de tal manera que son capaces de crear grandes conflictos y cambiar el rumbo de los países, de las elecciones, de la economía y de la bolsa. Hemos sabido, por ejemplo, como hay toda una industria, empresas de falsedades en países del este de Europa que son contratadas por lobbies poderosos para fabricar estas mentiras y colocarlas en las redes sociales, un negocio que mueve miles de millones.

¿Qué ha cambiado entonces desde los años 70? H. Arendt, T. Adorno, que mostraban entonces su preocupación por el desarrollo técnico del capitalismo, y J. Lacan, se caracterizan por diagnosticar y anticipar nuestra vida contemporánea. En sus obras están esbozados grandes problemas de hoy, pero quizás nunca pudieron imaginar a dónde llegaríamos. Aunque ellos nos siguen enseñando, en este caso sobre la falsedad deliberada, ha cambiado algo más que la técnica en el mundo de hoy.

El sueño neoliberal

Wendy Brown en su último libro En las ruinas del neoliberalismo nos enseña como el neoliberalismo fue muy lejos, mucho más de lo que soñaban sus creadores en la mitad del siglo XX.

El sueño neoliberal consistía en alcanzar un orden planetario en donde los estados estuvieran al servicio de los mercados sin poner coto al capital que funcionaría a su antojo. Al mismo tiempo, esa nueva razón neoliberal estaría sostenida en una moral conservadora de valores tradicionales. El plan que pusieron en marcha durante años fue, entre otras cosas, despolitizar a los ciudadanos y a las instituciones, desmantelar el estado social, degradando la democracia y sus principios.

La nueva razón neoliberal, triunfó, fue capaz de hacer un mundo, fue capaz de moldear no solo instituciones, sociedades, estados, políticas, sino la vida misma, la subjetividad, que convertida en capital humano vendió su alma al mercado. Una vez mercantilizada, fue pasto del nihilismo diagnosticado por Nietzsche, perdiendo el valor de sus valores. Aunque quizás no del todo como sostiene Jorge Alemán en su libro Ideología, cuando dice que el crimen neoliberal no es perfecto y apuesta por lo que es inexpropiable para el capitalismo en la subjetividad.

A pesar de su hegemonía, sin embargo algo le salió mal al sueño neoliberal. La desregularización desenfrenada del capital, tal como la pulsión a la deriva, se desbordó, se le fue de las manos al gran capital, ocasionando su primera crisis global que fue la de 2008. Como consecuencia, aquello que el neoliberalismo soñaba con aplacar, con reprimir, volvió. Los movimientos sociales retornaron con más fuerza, fueron los movimientos de la indignación, que constituyeron una crisis de la democracia representativa y aportaron nuevas formas de hacer política. Pero como contrapartida a esos movimientos y demandas sociales en diferentes países, lo que venía siendo una tendencia desde los años 70 del pasado siglo, se convirtió en un ascenso imparable de la extrema derecha, que se convirtió en la aliada principal del neoliberalismo, algo de lo que habrían probablemente abominado sus padres fundadores.

Se construyó así, muy resumidamente, el marco que articula Wendy Brown, que se ha extremado y definido a partir de la llamada era Trump, un marco, neoliberalismo-ultraderecha-nihilismo, que engloba a occidente y a sus democracias, aunque no solo. También las autocracias, aunque tienen gobernantes que emulan la autoridad de Dios, también padecen los síntomas del actual neoliberalismo y sus alianzas.

Uno de los frutos más destacados de esta alianza es precisamente la ya archiconocida posverdad, que suele entenderse como ese conjunto de falsedades que desinforman y manipulan sin pudor los datos, los hechos, el lenguaje de la democracia, retuercen el discurso de las izquierdas y toman sus significantes para confundir a los ciudadanos y enmascarar sus verdaderos fines.

La posverdad parece no necesitar los hechos. Incluso llegan a establecer algunos ideólogos de la extrema derecha que los hechos no existen, por lo que no necesitan, a diferencia de los buenos ilustrados, una cierta correspondencia entre los dichos y los hechos.

La verdad relativa

Con Nietzsche dijimos adiós a la verdad objetiva. Afirmaba que los hechos siempre llevan un margen de interpretación. Por tanto, la verdad se vuelve relativa, aunque sea objetiva, aunque haya correspondencia entre lo dicho y el hecho, ya que depende de en qué discurso se coloca esa verdad. Después de la muerte de Dios nietzscheana la verdad es relativa, Dios ya no es el garante de la verdad. Habrá otros que quieran ocupar su lugar, como en los regímenes autoritarios, el poder o el mercado, pero siempre incompletos. Ya no hay garantía absoluta. ¿Qué ocurre entonces en democracia? ¿Quién o qué garantiza entonces la verdad? El psicoanálisis nos acostumbra, tanto en la propia experiencia analítica como en su enseñanza a que no hay garantía absoluta, y los demócratas apuestan por los consensos, los acuerdos, comisiones de garantías, las constituciones de los países, las leyes y las instituciones de las que se dota cada nación.

Si hubiera verdad objetiva, verdad absoluta, ello iría contra la democracia, por tanto, la democracia solo la podemos tener imperfecta y agujereada, siendo sede de conflictos. Aceptar tanto sus principios como su imperfección, nos da la posibilidad de avanzar y convivir con diferentes, en pluralidad.

Sin embargo, la relatividad nietzscheana es escurridiza y muy a menudo permite a algunos justificar, aprovechando el espíritu nihilista, el uso de la falsedad, apelando al “cada uno lo interpreta como quiere”. Una clave de esta falsedad, como apuntaba más arriba es que se despega de los hechos. La operación consiste en forcluirlos, negarlos o denegarlos. Como dijo una asesora de Trump, cuando tenía que negar una evidencia que no le convenía a su presidente, es que ellos tenían “hechos alternativos”. H. Arendt viene de nuevo en nuestra ayuda con una explicación sobre cómo es posible prescindir de los hechos en política. La clave está para ella en que a menudo se trata de hechos que tienen un carácter contingente, atañen a cuestiones que no necesitan ser como son, pues las verdades factuales no son irresistiblemente ciertas. El engaño deliberado nunca entra en contradicción con la razón, pues los hechos podrían haber ocurrido como dice el embustero. Incluso llegan a ser más atractivos y verosímiles, ya que son construidos en función de lo que la gente querría oír. Al contrario, la realidad o la vida misma hacen fracasar al mentiroso profesional, pues suele enfrentarnos con lo inesperado, con aquello para lo que no estamos preparados, con la tyché, con lo real como diría Lacan.

Esta falsedad deliberada, bien calculada, que arrasa con el valor de la verdad, con el valor de la palabra y del discurso, sin embargo, sí tiene pies y muy antiguos. Hunde sus raíces en el odio, en el aliento del odio al extranjero, lo que enciende en sus adeptos certezas o en algunos casos locas convicciones, y lo que es peor promueve un humor social dominante. Un ejemplo de ello son los actuales movimientos negativistas, que se amparan en el relativismo, en el odio al goce del otro y en la también machacada, pisoteada y retorcida libertad individual que blande la actual ultraderecha.

La verdad mentirosa

Con Freud y con su talking cure, la verdad mostró otra naturaleza, se volvió mentirosa. Fue en su práctica clínica donde Freud descubrió que la verdad habla en los síntomas, en los lapsus, en las equivocaciones y que es una verdad que no es objetiva ni relativa, es mentirosa por estructura, por la propia estructura del lenguaje, puesto que hablar, habitar el lenguaje ya implica como mínimo una pérdida de la cosa, que impide la exacta correspondencia entre la palabra y el objeto. Si bien Freud descubrió que, en ocasiones, los hechos traumáticos relatados no habían existido, si consideró que hablaba en ellos la verdad de un encuentro con un goce inesperado. Freud aceptando este hecho, es como pudo avanzar con las pacientes hacia la verdad del deseo inconsciente y el goce en juego en los sujetos.

Pero tampoco la verdad mentirosa, que se muestra en los síntomas y las formaciones del inconsciente, puede dar cuenta de la falsedad actual de la que hablamos. Que la verdad sea mentirosa no quiere decir que sea como esa falsedad que avanza orgullosa sin los hechos. Tampoco el psicoanálisis, según se puede comprobar en su clínica, puede dar esperanzas de apelar a una verdad transparente y pura para combatir la falsedad deliberada y el empuje al odio.

Tanto H. Arendt como T. Adorno consideraban inútil responder a la falsedad deliberada con una verdad moral. La respuesta del chitón, ¡callarse!, tampoco le parecía a Adorno apropiada. H. Arendt decía que para deshacerse de los hechos no bastaba con negarlos, y ponía un ejemplo histórico: “para eliminar de la historia el papel que Trotsky desempeñó en la Revolución rusa, no bastaba con matarlo y borrar su nombre de todos los archivos. Era necesario al mismo tiempo matar a todos sus contemporáneos y ejercer el control de las bibliotecas y los archivos de todos los países de la tierra”.

Queda así bien señalado el imposible de la falsedad deliberada. Los hechos de verdad, los que se constituyen en acontecimientos, con un antes y un después, los que provienen del decir de un sujeto, ya sea el sujeto de la experiencia analítica, como el sujeto que emerge de un pueblo, son tozudos como dicen a menudo los políticos.

Con el último Lacan, con su real, igual de tozudo que los hechos, encontramos una relación más explícita con la política, sobre todo a partir de los discursos y de la lógica del no-todo. Ya había pronunciado en 1967 ese enunciado, que siempre mantiene su enigma, que dice que “el inconsciente es la política”, y que ha sido ampliamente trabajado por muchos colegas. J.-A. Miller lo ha planteado y desarrollado en varios de sus seminarios.

En El reverso del psicoanálisis que es uno de mis referentes en este artículo, Lacan dice que solo le parece posible “entrometerse en política si se reconoce que no hay discurso, y no solo el analítico, que no sea del goce, al menos cuando de él se espera el trabajo de la verdad”. No es lo mismo pensar los hechos desde el registro de la palabra, que desde el discurso. El goce, lo real y lo imposible son el agujero común entre política y el psicoanálisis. Los hechos en tanto decir, en tanto acontecimiento que implica a un sujeto y que marca y afecta al cuerpo, no llegarían muy lejos si solo se basan en su falsedad. La falsedad deliberada pronto se encuentra con lo real, con lo inesperado.

Mientras termino este texto Vladimir Putin ha invadido Ucrania. Es un hecho, un acontecimiento, es un acto alentado por sus ambiciones imperiales que no todo su pueblo comparte. Es un real. Europa, la OTAN y todo el mundo lo sospechaba, lo temía, pero no hemos sido capaces de atajarlo. Europa está en guerra.

Si Putin pretendía también dividir a la Unión Europea, le ha dado una causa común y lazos sentimentales, como decía Freud en El por qué de la guerra. La invasión no es un hecho inesperado, es un hecho temido para Ucrania, Europa y la OTAN. Un real freudiano, lo umheimlich. Aunque la bandera amarilla y azul ondee hoy en casi todos los parlamentos y la veamos pintada sobre el cuerpo de miles de ciudadanos en todo el mundo, si el valeroso pueblo ucraniano resiste no será suficiente para vencer a Putin, nada valdrá sin el pueblo ruso desinformado, empobrecido y expuesto a la soledad y al aislamiento. Mientras tanto solo podemos decir con Freud que todo lo que trabaja contra la pulsión de muerte y por el desarrollo de la democracia, trabaja también contra la guerra.

NOTA

1. Agradezco a Mariam Martín y a Mirta García Iglesias la invitación a participar en este dossier sobre la Creencia, Certeza, Verdad, les agradezco que me hayan metido en este lío. Me ha hecho repasar, recordar, indagar y pensar.

En mi línea argumental me ha sido de gran ayuda mi participación en el Departamento de Pensamiento Contemporáneo del Nucep, coordinado por Mercedes de Francisco y Jorge Alemán, dedicado este curso al tema “Paranoia y política”.

BIBLIOGRAFÍA

Alemán, J., “La promoción del odio”, Ideología, nosotras en la época, la época en nosotros, Ned Ediciones, Barcelona, 2021.

Alemán, J., Pandemónium. Notas sobre el desastre, Ned Ediciones, Barcelona, 2020.

Adorno, T. W., Rasgos del nuevo radicalismo de derechas, Taurus, Santander, 2020.

Arendt, H., “La mentira en política”, Verdad y mentira en política, Página indómita, A Coruña, 2020.

Brown, W., En las ruinas del neoliberalismo, Traficantes de sueños, Madrid, 2021.

Forti, S., Derecha 2.0, qué es y cómo combatirla, Siglo XXI editores, Madrid, 2021.

Lacan, J., El Seminario, libro 17, El reverso del Psicoanálisis, Paidós, Barcelona, 1992.

Lacan, J., “la topología de la palabra”, El Seminario, libro 19, …o peor, Paidós, Barcelona, 2012, pp. 63-70.

Miller, J.-A., De la naturaleza de los semblantes [1991-2], Paidós, Buenos Aires, 2002.

Miller, J.-A., La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica [1998-9], Paidós, Buenos Aires, 2003.

Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan, Paidós, Buenos Aires, 2013.

Vattimo, G., Adiós a la verdad, Ed Gedisa, Barcelona, 2010.

Freud, S., “¿El por qué de la guerra?” [1933], Obras Completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1991, vol. XXII, pp. 179-198.

Marisa Álvarez, Miembro de la ELP y AMP.

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