De izquierda a derecha: Gabriela Medin, Florencia Riesco y Julieta Miguélez

En Cuestión de Escuela, participamos de un espacio de trabajo y conversación en torno al lugar del control en la formación analítica. Lejos de pensarlo como una exigencia institucional o una garantía técnica, las distintas intervenciones permitieron situarlo como una práctica orientada por la ética del psicoanálisis y sostenida desde el interior mismo del discurso analítico.  

A partir de testimonios, viñetas clínicas y elaboraciones teóricas, el encuentro recorrió distintos momentos de la práctica: desde las vacilaciones del practicante “rinoceronte”, confrontado a la soledad del acto, hasta las transformaciones del control después del pase.    

Entre el deseo de saber, los impasses de la práctica y la necesidad de sostener una orientación, el control apareció como un lugar donde el analista puede interrogar su posición y consentir a que algo de su acto se ponga verdaderamente en juego. La conversación dejó ver, una vez más, que la formación analítica no responde a estándares ni garantías, sino a un trabajo constante con lo singular de cada práctica.  

En El escándalo del celibato, se abordó el auge de formas contemporáneas de soltería —de la sologamia a los incels, del retraimiento amoroso a los vínculos con inteligencias artificiales— no como fenómenos anecdóticos, sino como respuestas singulares frente al riesgo del deseo y la imposibilidad estructural del encuentro. En una época empujada por el imperativo de goce, el celibato aparece menos como renuncia que como una modalidad de tratamiento de lo real.  

Reseña del encuentro

M. Belén Siles

«En el marco de “Las Noches de la Escuela”, el seminario sobre “El control y la formación del analista” se presentó como una experiencia que excede lo estrictamente teórico. Más que una exposición conceptual, lo que se transmitió fue algo vivo de la práctica, donde cada intervención dejaba ver la implicación singular de quien hablaba.

Desde el inicio, me resultó especialmente interesante como el control fue situado no como una exigencia institucional, sino como algo que surge del propio discurso analítico. Esta idea cobró fuerza a través de los relatos clínicos, donde el control no aparece como un lugar de respuestas, sino como un espacio que permite interrogar la posición del analista. Este desplazamiento, de buscar soluciones a formular preguntas, me pareció central…»

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Intervenciones

Gabriela Medin – Miembro AMP y ELP

«Entiendo el control como el elemento invariante de la formación analítica aún cuando varíe su uso a lo largo de la misma, que, por otra parte, no tiene fin. Cuando La Junta me propuso organizar una Noche de Escuela alrededor del control pensé en invitar a dos colegas a trabajar en torno a la pregunta ¿Qué lugar toma y cómo se hace presente el control en distintos momentos de la formación analítica?  Se lo propuse a Julieta, luego juntas pensamos en Florencia. 

Con esta pregunta nos “juntamos”, nos “adherimos” unas tres reuniones en las que trabajamos distintos textos sobre el tema. Hoy podremos poner en común y conversar en torno a lo que cada una extrajo de esos encuentros.

Si elegimos la cita de Eric Laurent para el anuncio del trabajo de hoy, fue porque aborda la paradoja de la formación y del control en la orientación lacaniana . Elegimos esta frase porque entendemos que el control anuda deber, deseo y ética…«

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Florencia Riesco – Miembro bajo condiciones de la ELP

«En el seminario XXIII Lacan dice que se da el lujo de controlar y habla de dos etapas que se dan en aquellos que, bajo su fórmula, se autorizan a ser analistas. Una de estas etapas, dice, es en la que son como el rinoceronte. Y agrega: “Se hace poco más o menos cualquier cosa y yo los apruebo siempre”.

 “Yo los apruebo siempre”, dice. Me emocionó leerlo y me pregunté: ¿Qué aprueba? Hoy lo leo en relación a lo que apuntó con la fundación de su Escuela, y- entonces- a lo que apunta el control y el análisis en nuestra orientación.                                                                          

Es la premisa de nuestra escuela, del agujero que la Escuela sostiene, estoy hablando de que no hay una respuesta última a qué es un analista. Lacan acompaña el movimiento propio del practicante, desde el inicio. Y es de lo que se trata: de ir más allá del horror que el practicante sostiene a su propia singularidad y en la soledad de su acto.                                         

En los Pases podemos encontrar cómo -incluso- hay un consentimiento de esto al final…»

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Julieta Miguélez – Socia de la sede de Madrid ELP

«No trate de ser buena analista, hábleme de su paciente”. 

Elegí  como título para mi ponencia esta frase que extraje de una sesión de control.

En esa oportunidad, llevaba un caso a una analista con quien iba a controlar por primera vez  y que para mí  representaba lo que suele decirse comúnmente  “toda una eminencia”. Afortunadamente esta era mi idea, no la suya.

Elegí entonces uno de los casos más difíciles que tenía y que representaba para mí una gran dificultad. Lo llamaba mi paciente “piedra”, no por supuesto porque él lo fuera, sino porque a pesar de llevar ya tiempo trabajando con él, no encontraba cómo operar allí… «

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