Textos de Luisella Rossi y Carmen Bermúdez

Pandemia. Por Luisella Rossi.

Hoy es 17 de marzo de 2020.Todo me parece raro.

La última vez que oí “pandemia” fue cuando estudiaba la carrera. Pero nunca nombró más que un concepto epidemiológico, teórico, muy lejano, inexistente para mi generación. Ahora no es un concepto, existe  y es cercano. Es todo lo contrario a teórico.

Recién transcurridos unos días que nos separan de la instauración de la “alerta sanitaria”, empiezo a poder pensar. Me había quedado aturdida. ¡¿Qué ocurre?! ¡No doy crédito! En ese primer momento, solo eran experiencias  subjetivas surcadas por significantes como ”irreal”  y “siniestro”. Un real-sin ley o de leyes que no conocemos- ha impactado en  todos nosotros-¿o nosotros impactamos contra él?- rompiendo el tejido que consiente nuestra articulación en una realidad, de forma singular, a la manera de cada uno. Lacerado el entramado del fantasma, todo se ve demasiado. Las huellas que entraron en la construcción subjetiva acuden prestas…solo que acerca de algunas, me parece vital  estar advertidos.

La evocación del trabajo de Freud, en su referencia a lo siniestro, eso es, acude al instante. Lo que era familiar se vuelve extraño, angustioso. Lo que estaba quieto se mueve o lo que se movía se paraliza. Como ahora, todo signo de vida se ha detenido en la ciudad. Quieta y vacía. La angustia lo tiñe todo. Otra fuente de lo siniestro es la soledad, dice Freud(1), como la producida por este confinamiento que reduce  los contagios pero afecta profundamente y sin respuestas definitivas aún, el lazo social. Nada cierra. El horizonte es borroso.

¿Será la” hiperpotencia de la naturaleza”, esa que ” nunca dominaremos completamente…”como dice Freud en “El malestar en la cultura”(1929) y que puede ser fuente de sufrimiento para el hombre…? No entiendo aún, es pronto.

Un real que afecta al cuerpo biológico  y un real-la distancia- que afecta al cuerpo implicado en el lazo social. Los cuerpos no deben aproximarse. Repentinamente tienes que aceptar separarte,  y el cuerpo, así apartado de la dimensión que lo implica en el lazo,  toma una evidencia inusitada: puede enfermar pero, aunque esto no ocurra, no cuentas con él porque el otro tampoco cuenta con el propio. Todo por teléfono o vídeollamada ¿De qué se trata? Es inédito e inquietante percibir al otro como peligroso y sentir que no quieres que note que tienes que evitarle o ¿rechazarle? Las miradas se cruzan, se desencuentran, no sabes cómo mirar o como no mirar. Se nota mucho lo que habitualmente pasa desapercibido.

Me asalta la idea de haber perdido las primeras flores amarillas- esas que visten arcenes, campos, parterres- y que ya habían empezado a aparecer, me pareció percibir alguna fugazmente  desde el autobús, cuando aún lo cogía. Después estará avanzada la primavera. Esa mirada se me hace pérdida.

 También surgió desde el inicio una constatación que retornaba una y otra vez: parece que la salida posible de esta situación no dependerá, en un primer tiempo por lo menos, más que del sujeto.

A ver qué hacemos ante esto. Con esto que aplasta. La pulsión de muerte.

Inmersa en la lectura del libro de un colega escritor(2), cuando empecé a oír: coronavirus, alerta, alarma, muerte, contagio, encontré en aquella recursos epistémicos en relación a nuestra época para hilvanar algunas reflexiones acerca de esta imprevisible situación.

Por ejemplo, un pensamiento inicial es que la  pandemia muestra brutalmente  la insostenible articulación neoliberal nombrada como tecnociencia. Los tiempos son muy diferentes. La velocidad que caracteriza a la tecnología no sirve a la ciencia como lo muestra la actual situación- Falta de tratamiento efectivo, vacunas-. Tardarán un tiempo que aún desconocemos. Dos elementos consustanciales al método científico- depende del tiempo y del factor humano-muestran  dos caminos bien distintos ante lo actual, el hoy.  

Esto requiere un tiempo de espera para saber acerca de este real, un tiempo de alejamiento del otro, un tiempo para entender. Un tiempo de vida. Un tiempo requerido por la ciencia y otro tiempo requerido por la subjetividad. Un tiempo del que habla un conocido uruguayo al decir  que la ”verdadera moneda es el tiempo, no el dinero, se paga con tiempo”.(3)

 Virus, me evoca el lenguaje de internet, del mundo virtual donde está sometido a significaciones opuestas. Es intrusivo, inquietante, amenazante, devastador,  maligno, porque puede destruir contenidos en tu ordenador pero, viral, que atañe a la condición más deletérea del que nos afecta hoy-la velocidad de difusión-es estupenda, es la mejor si se refiere a un vídeo editado en “youtube” porque crea un nuevo semblante, el “youtuber”. De ¡que interesante ese vídeo se ha hecho viral en un día!, ¡que pasada!, a ¡que terrorífico! que el coronavirus se comporta como un vídeo, que se ha vuelto viral en un día y su velocidad de difusión nos confronta con la destrucción más inesperada. 

No hay fármacos aún. El tiempo otra vez está en juego. Una vacuna, ¿cuánto tarda?¿ Y mientras? Caminar por casa, luego por la otra acera, ¿ luego…..?

 Oigo algunos comentarios en relación a las medidas sanitarias, contrarios unos, otras de apoyo. Pero, ¿salida? Y ¿Qué sería la salida?¿qué pensar como salida?

Algunos analizantes demandan una escucha, a través de los medios posibles. Otra vez la tecnología. Pero, mi prejuicio hace sitio a: en otro uso, pienso. Un cimbronazo, una sacudida. Nada será como antes. No es como la consulta presencial.

Conozco la convocatoria de los aplausos de las 20 hs, a los sanitarios, pero no participo hasta pasado un tiempo. Al hacerlo descubro una conexión con otros. Y lo sigo haciendo. Noto un efecto al escuchar que otros aplauden.

¿Cómo nos  impacta este real en tanto analistas? ¿Cómo vehiculizar las demandas de escucha que nos hacen existir como tales? ¿Cómo sostener el dispositivo analítico sin arriesgar  la orientación por lo real  de nuestra práctica?  Recuerdo el Congreso de la Eurofederación de Psicoanálisis de 2013, donde se planteaba para trabajar la relación entre el caso, la experiencia del psicoanálisis y lo real. Que el psicoanalista estaba en muchos escenarios. Que el dispositivo analítico trasciende el escenario y va en el maletín del analista. Lo lleva consigo, dispuesto a encarnarlo donde la demanda lo hace surgir. Claro, pero lo de encarnarlo requiere del cuerpo, de la presencia, del encuentro. Esto empuja a otra cosa. Un paso más allá.

¿Cómo ofrecer una escucha sin presencia?

El psicoanálisis intenta hacer un lugar a la subjetividad.

Alguien me dice: “yo ahora me siento autorizado a estar en casa. No lo veo como enfermedad”

Otro: “Me da miedo a no poder salir después”

Otro: “Yo no veo ningún cambio”

Otro: “Consulté 2 días antes del estado de alerta, y no fue por eso”

Otro: “No puedo tener un espacio desde el cual hablar”

Otra: “en el descansillo de la escalera, un cuerpo sin vida espera que le recojan. Le han dejado fuera de casa, es por el contagio”.  El otro contagia. El miedo.

La mutación de un virus. Dicen.

Buscando la etimología de esta palabra que ha tomado el mando hoy, “virus”, descubro que ha mutado.

Por ahora no comprendo nada. ¿Será posible elaborar algo de este atravesamiento para producir algún saber nuevo?

  • Freud, S. Lo ominoso. Ed. Amorrortu. Tomo XVII, pág. 246.1927
  • Dessal, G. Inconsciente 3.0.2019.
  • Mújica, J. Vídeo. 18-09-2015.

¡Con lo bien que estábamos! Por Carmen Bermúdez

Esta frase que podrían enunciar muchas personas en este momento en cualquier lugar del mundo no es otra cosa que el título de una de las primeras obras que nos ofrece la cartelera teatral madrileña tras el confinamiento.

Asistir a la representación de Con lo bien que estábamos (Ferretería Esteban), me ha permitido hacer algunas reflexiones acerca del momento en el que nos encontramos.

Esta ceremonia que supone el Teatro, esa reunión de los cuerpos para ver, escuchar, pensar, disfrutar, llorar, reír…. con lo que el dramaturgo a través de los actores nos transmite nos ha acompañado desde la antigüedad y hasta en periodos bélicos ha continuado.

Ese lugar que el dramaturgo y actual académico de la RAE, Juan Mayorga, en la entrevista que le hicimos para LETRAS LACANIANAS, decía que tenía que ser un “lugar peligroso”. La metáfora que utilizaba Mayorga para referirse a que lo que ocurría en un escenario tenía que provocarnos, no dejarnos cómodos en nuestras butacas, hoy se ha convertido o así se está tratando como algo real.

Lo que no consiguió a veces la guerra lo ha conseguido la COVID 19: cerrar los lugares de la cultura.

Su reapertura se está pudiendo realizar siguiendo los protocolos y asistir a la representación a la que me estoy refiriendo en un Teatro Español a medio aforo, cuidando de mantener las distancias y con cada espectador con su correspondiente mascarilla impresiona, pero es lo que permite que el temor a lo peligroso del virus no nos impida asistir a ese peligro del que nos hablaba Mayorga: pensar, sentir, emocionarnos….

En Marzo pasado nos adentramos en el confinamiento con nuestra LETRAS ¡19! (casualidades de la vida) sobre el Humor sin terminar de editar y seguimos adelante, confinados pero entusiasmados, y conseguimos publicar nuestro número y que los suscriptores lo recibieran en sus casas. En dicho número publicamos una entrevista con Pepe Viyuela, actor, poeta y payaso, como le gusta nombrarse a él.

Me recluí en casa transcribiendo las palabras recogidas en mi grabadora de un actor hablando de lo que había supuesto el teatro para él y la obra que estaba representando, Esperando a Godot, de Becket, paradigma del teatro del absurdo y con el recuerdo en mi retina de Los días felices, también de Becket, en versión de Pablo Messiez. Ambas, felizmente, han vuelto a la cartelera. No hay que perdérselas.

Durante el confinamiento hubo todo tipo de iniciativas a través de las redes sociales para hacer llegar al público tanto las obras como entrevistas con los dramaturgos, directores y cada uno de los implicados en el hecho teatral para llegar al público, para tratar de mantenerlo vivo. Se pudo escuchar a Andrés Lima, Alberto Conejero, Juan Mayorga y muchos otros en las páginas oficiales del Centro Dramático Nacional, del Teatro Español, del Teatro de la Abadía, a través de Instagram, Youtube. Se proyectaron en abierto varias obras de teatros como el Pavón Kamikaze, Teatro del Barrio, María Guerrero, Español, etc.

Pero en el mundo del teatro ha habido una conversación similar a la que hemos tenido en el Psicoanálisis: es necesaria la presencia de los cuerpos pero ¿qué hacemos cuando no es posible?

Estamos tratando de hacer lo que podemos en cada momento con la contingencia que nos ha tocado vivir. Por eso ahora que sí se puede asistir a un teatro, aunque sea con limitaciones, os propongo la experiencia de asistir a la representación que ha dado título a mi texto.

Con lo bien que estábamos (Ferretería Esteban) nos muestra en tono de humor qué puede ocurrir en un par de vidas tranquilas, acomodadas cada una en su estantería, cada una en su cajón que representa la metáfora de la ferretería, cuando aparece algo inesperado. En este caso se trata de una obra de teatro, de la música. Cada uno de los dos personajes reacciona de forma diferente, según su subjetividad.

Su autor, José Troncoso, dice de esta obra representada en forma de esperpento musical:

“Esteban y Marigel tienen una ferretería. Esteban y Marigel se quieren. Esteban y Marigel son felices y no se hacen muchas preguntas. Todo muy bien. Son Esteban y Marigel. Pero un día el teatro viene al pueblo y Esteban deja de ser Esteban… “¿Qué necesidad tenemos de cambiar nuestras vidas? ¿Qué necesidad tenemos de pensar más de la cuenta?Si ya tenemos todo lo que queremos…Dejemos las grandes preguntas para los poetas. A mi dame gambas y tranquilidad. Y que nada se salga del tiesto, son ganas de complicarse la vida…” Reconozco que a veces, no muchas pero pocas tampoco, envidio la simpleza: Es inconsciente conformarse con el destino marcado. ¿Qué necesidad tienen nuestros personajes de sufrir una revelación y tirar su “tranquilidad” por la ventana? ¿Ninguna?¿Es necesario el Teatro?¿Es necesaria la Música?¿Es necesario el Arte? Vivir o no vivir, esa es la cuestión”.

Trataremos de vivir y disfrutar del teatro aun con las limitaciones que son necesarias en este momento.

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