Buenas tardes, agradecer a todos lo que habéis venido hoy, me parece que esta es una oportunidad estupenda para conversar en torno a lo que este libro nos trae, teniendo aquí a su autora para poder hacerle preguntas y que nos cuente más acerca de su trabajo, de su visión y de este libro tan original, que es producto de su experiencia en el trabajo con niños y niñas autistas,  porque es un libro, ha sido mi impresión al leerlo, que creo que nace no tanto con una intención de que sea un libro clínico -aunque sin embargo, por supuesto que lo es, pues tiene gran valor clínico-, pero mi impresión es que se trata sobre todo del testimonio de su encuentro particular con estos niños, creo que de eso se tratan las escenas y los relatos que encontramos al inicio. -Ya la autora me corrige después si me equivoco, estas son mis impresiones.

De hecho, hay una frase que Elizabeth lanza -voy a intercalar citas del libro, para transmitir la voz de la autora: ¡estad con quien está a vuestro lado desde lo más genuino de vosotros mismos!”  (pág. 93). Me parece que este es un mensaje que nos lanza, que aquí se capta algo de lo que nos quiere transmitir con este libro. Y es que el libro da cuenta de cómo ella ha puesto el cuerpo en cada encuentro con cada niño, desde esta posición genuina tan difícil, y desde la que nos orientamos los psicoanalistas, que es la de no saber de antemano, sino dejarse sorprender por lo que pueda acontecer, descubrir y descubrirse en este encuentro con el otro.

Elizabeth en su libro muestra cómo su práctica está guiada por una mirada atenta a los pequeños detalles, a la manera particular que tiene el niño de hacer en el mundo, para buscar aquello que pueda servir de puente para un diálogo. Dice: “Aunque te parezca mentira, si decides tirar de lo único a lo que ese niño, que rehusaba todo lo externo, se ha aferrado, y lo usas como una llave, le abrirás la puerta al resto del mundo” (pág. 80).

Hay que resaltar que el trabajo con este tipo de niños es muy difícil, por la falta de apertura que tienen al mundo, por lo extraño e incomprensible que nos pueden parecer sus comportamientos, y porque a veces le ponen a uno en situaciones complicadas que pueden desbordarnos emocionalmente, por ejemplo, recuerdo la escena del niño que le rompe las gafas (pág. 47).

Me parece un libro muy original y honesto porque la subjetividad de la autora, su vivencia y su posición se revelan en primer plano, y es a partir de aquí que nos muestra la clínica con niños autistas. Trata cada escena con gran sensibilidad, haciendo una lectura muy fina de lo que acontece, y lo transmite de una forma poética que conlleva siempre algo de lo que se escapa.

La primera parte del libro consta de “Escenas”, que son recortes de momentos significativos en el encuentro con estos niños, y a continuación contamos con “Relatos”, donde transmite sus pensamientos, aquello que le evocaron estos encuentros…  Luego tenemos una segunda parte del libro, donde explica algunas escenas y hace un recorrido teórico sobre conceptos fundamentales para entender la clínica desde la enseñanza del psicoanálisis de Lacan. Y he de destacar que la manera que tiene de transmitir la teoría es también muy personal, me ha sorprendido, pues trata de explicar conceptos muy complejos de una forma que pueda llegar a todos. Creo que este libro está dirigido a un público amplio, no sólo a psicoanalistas, por la forma que tiene de transmitir la práctica del psicoanálisis y el autismo.

Es muy interesante leer las escenas, luego leer la segunda parte con el desarrollo teórico y las explicaciones, y luego volver a leer estas escenas, ya que en esta segunda vuelta podemos captar nuevos elementos que nos van a permitir una lectura distinta, que nos acerca más al mundo de estos sujetos, que es tan particular.

Creo que este encuentro de hoy es una oportunidad para transmitir algo de la ética del psicoanálisis en el tratamiento de los niños autistas, y tratar de transmitir también algo de lo que les pasa a estos niños y cuál es la perspectiva de tratamiento desde nuestra orientación clínica del psicoanálisis lacaniano.

Sobre cuál sería la posición del analista, traigo una cita de Elizabeth: Es él el investigador, es él, el niño, el que ha iniciado la aventura de viajar. Es él el que elige donde detenerse, en qué lugar fijar sus pupilas y hacia dónde dirigir sus pasos. Si lo haces así, y observas en qué dirección dirige su mirada y hacia qué acerca sus brazos, descubrirás que será él quien te desvele lo que hacen los niños cuando llegan” (pág. 80).

Se trata entonces de acercarse al niño desde la posición del dejarse enseñar, sin pretender nada de él, no desde la intención de educarle o corregirle, es decir no se trata de imponerle algo desde un saber ya creado de antemano -aunque sea desde el querer hacerle bien-, sino de dejarse sorprender por lo que pueda surgir, y observar cómo se relaciona el niño para tomar algo de su mundo, y encontrar una vía para el encuentro. A partir de aquí es que podrán surgir cambios.

Esta posición es complicada y delicada, tenemos una orientación, pero no un saber de antemano, traigo esta cita donde creo lo transmite bien: “Estaba atenta a lo que hacía cada uno de los niños, aunque ese hacer fuera la inmovilidad. Fundamentalmente los observaba fuera de todo prejuicio, lejos de modelos adaptativos del comportamiento. De esta manera me abría su mundo. Se ampliaba el mío. Engarzar la teoría estudiada con la observación nítida permite llegar a lo que sólo lo intelectual no alcanza. Captar los pequeños pasos del recorrido que cada niño da para edificar las bases de su lugar en el mundo posibilita el acceso a su proceso subjetivo” (pág. 92).

Me gustaría centrarme en el título escogido para el libro, pues recoge un elemento fundamental de la estructura autística, que ella llama así: Palabra quieta. Quiero comentar brevemente esto para los asistentes, ya que Elizabeth lo trabaja de diversas formas en el libro y le da un lugar principal al colocarlo como título.

Hablar implica aceptar que siempre hay una brecha, una distancia, entre lo que se nombra y lo nombrado, que la palabra nunca alcanza a decirlo todo, todo lo cual permite que a la misma vez que podemos hablar y entendernos, también nunca nos entendamos del todo.

Elizabeth de diferentes maneras a lo largo del libro va recorriendo esta idea y con ello nos ayuda a entender que es lo que ocurre en el sujeto autista, en tanto no puede soportar y se defiende justamente de esta falta, de esta distancia que es estructural al lenguaje. Es decir, del hecho de que un significante remita a otro significante y cree efectos de significación, que se produzcan varios significados para una misma palabra, que el sentido no sea unívoco sino diverso, dependiendo de muchos factores y, por tanto, nunca quede del todo claro lo que el otro quiere decir, y también que cuando yo hablo nunca pueda decir lo que quiero decir del todo, completamente… Es decir, que hablar implica aceptar esta falta, este agujero que es inherente al lenguaje. Esto es lo que los sujetos autistas no pueden soportar, de lo que se defienden de diversas maneras. El título del libro hace referencia a esto: la palabra quieta remite a la fijeza del sentido, a la univocidad. Cada palabra es tomada como un nombre propio, con la literalidad que evita esta distancia; más bien, es tomada como un signo, pues denota sola y exactamente una cosa.

Dice la autora: “Si no hay lugar vacío por donde circular algo de nuestra propia manera de decir (…) Solo queda entonces la posibilidad de usar las palabras exactamente como las hemos oído. Frases enteras, usadas con la misma exactitud que si fuera un nombre propio que sólo nombra a una única cosa (…)  Así usan muchos autistas el lenguaje, de esa manera. Palabras quietas. Y por eso miran y miran una misma película en el ordenador para, al repetir, saber de memoria las frases que luego utilizarán para su decir particular. (…) Atentos hemos de estar y cuidadosos en no arrancar de cuajo ese afán de repetición en esos niños (…) Están tomando nuestro lenguaje de la única manera que les es accesible. Y solo así, poco a poco, añadiendo una palabra junto a otra y asociándola a un único contexto o significado, logran hablar” (pág. 82).

Aquí también ya nos está dando una orientación clínica: no eliminar aquello que nos resulta extraño de sus comportamientos, pues como hacen es la manera que tienen de poder hacer. E incluso si lo tomamos en cuenta, quizás, podamos partir de ello para propiciar una apertura.

Me parece importante la precisión que hace Elizabeth de que el autista lo que no soporta no es tanto la presencia del otro, si no el encuentro con el deseo del otro porque comporta una falta, y ante ello usa muchas estrategias para defenderse. Es decir, que se defiende de la angustia que le provoca el deseo del otro, porque esto implica una falta. Por ello, muchas veces se tapan los oídos, o evitan la mirada, para no encontrarse con aquello que implica el deseo del otro, con su intención.

Sobre la adquisición del lenguaje, la autora explica que no se trata de que los autistas no puedan acceder al habla, pues los hay que hablan, y escriben y leen, y además contamos con libros muy interesantes de autistas (como los de Temple Grandin, Daniel Tammet…). Lo que ocurre es que no han adquirido la estructura del lenguaje que en sí implica aceptar esta falta. Es decir, en el hablar se pierde algo. Y además esta pérdida afecta al cuerpo, al hablar se pierde la voz.

Es interesante como Elizabeth desarrolla el tema de la pulsión y sus objetos, oral, anal, la voz y la mirada. Me parece que hay una escena que refleja muy bien este concepto de la voz como objeto, es la escena en la que un niño para coger un objeto ha de soltar el que tiene en la mano, repite esta secuencia y al final para usar la voz también deja caer el objeto que tenía en la mano, dando cuenta de que la voz por tanto también lo es.

Entonces, el problema del sujeto autista no es el aprender las palabras que escuchan, sino que se trata de lo que implica el soltar su propia voz, y tomar esta posición de enunciación que revelaría su subjetividad. Elizabeth comenta que esto explicaría el porqué algunos autistas acceden a leer antes que hablar. Por esto también, explica, cuando hablan más bien son palabras repetidas que vienen de la memoria, no de una expresión propia. Es decir, que cuando el sujeto autista consiente a comunicarse no pone en juego su enunciación, por eso muchas veces hablan con una voz impostada, o hacen a través de un doble…. Uno al hablar siempre se pone en juego, lo que implica aceptar algo de la pérdida, de esta distancia que implica la palabra, y es esto lo que no se soporta.

Me gusta que el libro también está lleno de preguntas que Elizabeth se hace. Además, nos trae los planteos de autores como, por supuesto Lacan, también J.A. Miller, Eric Laurent, Jean Claude Maleval…. y testimonios de sujetos autistas como Donna Williams y Temple Grandin… Así como va intercalando entre sus páginas poemas propios y de numerosos escritores. Podríamos decir que se trata de un conjunto de voces conformando un mismo libro.

De Jacqueline Berger, poeta y madre de mellizas con autismo, destaca de su libro “Sortir de l’autisme” su afirmación de que, tanto en el trato como en todo tipo de tratamiento del niño autista, el adulto que esté con él “ha de estar dispuesto a mirar sin etiquetar y a escuchar sin catalogar. Y respetar y reconocer en ellos la vía de la creación e invención” (pág. 245)

Elizabeth por su parte dice: “Aprender la lengua o la ‘lalengua’ del autista es hacerse dócil a lo que dice, o a lo que hace. No hay que decir ni hacer más que él, en el sentido de no forzarlo o hacer algo en su lugar. (…) No estamos acostumbrados en general a escuchar a casi nadie, sino más bien a identificarnos con lo que alguien dice o con lo que hace. Esa es nuestra manera más común de relacionarnos. Sólo a veces o sólo algunos lo hacen. Pero con un sujeto autista eso es imprescindible. Así que es necesario darse un tiempo para comprender a quién tenemos delante, a pesar de que en principio no entendamos nada (…) Darse un tiempo para ver cómo permanecer a su lado sin anularlo, sin proyectar en él nuestras ambiciones para que sea ‘algo normal’, sin forzarlo” (pág. 252).

 Elizabeth da cuenta de su gran capacidad de observación, de los pequeños detalles, trata de rescatar lo más particular, se acerca al niño desde este no saber que muestra su estar genuino, y da cuenta a través de su libro de una gran perseverancia, ante el no entender, no desistir. Trata de entrar en ese mundo y entender algo de lo incomprensible, para establecer un mínimo diálogo. Esto siempre es un riesgo, porque uno nunca sabe qué va a acontecer, uno se la juega, no son situaciones calculables. Y el “encuentro” es algo que se da o no. El libro me parece desde luego precioso porque transmite todo esto que tiene que ver con poner en juego su propia enunciación.

Para acabar, quiero resaltar el uso de la poesía, que recorre el libro de principio a fin. Pensaba sobre esto, que la poesía implica que algo de lo que no se puede decir se transmita… y creo que hay algo de esto en el encuentro que el psicoanálisis posibilita y que también se pone en juego en la elaboración y transmisión de la clínica… es decir, esta relación con el no saber, con lo que se escapa… por esto me ha parecido algo precioso, esta articulación. Pero lanzo una pregunta a la autora para que ella nos pueda contestar, ¿por qué la poesía?

Y bueno, repetir que me parece una suerte poder contar hoy con Elizabeth para que nos amplíe acerca de su experiencia, que nos cuente sobre su trabajo y nos comparta acerca de la escritura de su libro. Por lo que espero que podamos conversar y nos animemos todos a preguntarle lo que nos surja. Muchas gracias.

Violeta Conde Alonso – Socia de la ELP, Madrid.

Logo ELP Sede Madrid white

Suscríbete a nuestra newsletter

Recibirás la agenda de actividades así como las novedades de La Brújula. Una vez enviado el formulario de suscripción es necesario que confirmes tu email. Para ello, por favor haz clic en el email de confirmación que te llegará a tu email. Si no lo encuentras búscalo en el buzón de Notificaciones, Promociones, Correo basura o similar. Podrás cancelar tu suscripción cuando quieras. 

 

Política de privacidad

Ya casi estamos... recuerda que tienes que hacer clic en el email de confirmación que te acaba de llegar. Gracias

X