Desde La Brújula, invitamos a los nuevos Miembros y Socios de la Sede a que hicieran una pequeña presentación para que pudiéramos saber algo más de ellos. Algunos respondieron a la invitación de esta manera:

Rodrigo Bilbao

¿Por qué el Psicoanálisis? ¿Por qué la Escuela?

Ante la generosa invitación cursada por Julia Gutiérrez para presentarme a la comunidad de la Escuela como nuevo miembro, pensé que era más interesante hablar de mi decisión, que de mi persona. Para esto afloraron dos preguntas, espero que la respuesta me presente ante ustedes.

La primera pregunta Por qué el Psicoanálisis, quizás es más fácil de responder. Viniendo desde la Psicología, el psicoanálisis estudiado como una teoría más en la Facultad, tomaba cuerpo rápidamente como una teoría diferente y única a partir de Freud y los postfreudianos. En ese momento sólo tenia estatuto de teoría, para a experiencia faltaría un poco de tiempo. Esta teoría, la psicoanalítica, conmueve los cimientos aletargados de la psicología y le otorgaba -a mi entender- de una profundidad y alcance incomparable, fácil de vislumbrar si se pone como contraparte las teorías cognitivo-conductuales y más aún si se agrega la genialidad de Lacan.

Pero entre la Teoría elegida y la Escuela, surge un primer obstáculo: el psicoanalista. La pregunta por ser psicoanalista se establece de entrada como problemática. En esa consistencia ontológica se develan todas las dificultades nombradas por Lacan desde la identificación al analista, la idealización de referentes o todas las (im)posturas contundentes de lo imaginario que diría como SER psicoanalista. Lacan lo dijo claro y eso me ha orientado, lo único que puede sostener al analista es su deseo causado por una falta-en-ser. El deseo del analista moviliza la cura y sostiene la transferencia, aunque quizás debiéramos analizar más esas consecuencias. Desde esta falta-en-ser, inconsistencia o vacío central, se busca un lugar para sostener el trabajo y de ahí viene la segunda pregunta: La escuela.

La Escuela -pensada por Lacan aclaro- no es una institución más, si no la llamada a sostener ese vacío central. No hay saberes absolutos, ni ídolos a quien adorar, ni siquiera sabios del oráculo que escuchar, solo hay un saber compartido siempre en una constante producción, un espacio de trabajo donde exponer(se) honestamente para avanzar un poco más. Pero este desafío, si hacemos un poco de memoria histórica, fue en respuesta precisamente de los postfreudianos que obturaron rápidamente esta posibilidad y plantearon una academia analítica, con maestros y elegidos, didactas y todo un largo etcétera que ya conocemos. Yo no diría que fue de ingenuos o malos analistas, si no la expresión de la estructura que se resiste a querer saber, pues las resistencias se ponen al servicio de tapar la falta-en-ser y producir analistas nombrados en serie. A esto debemos estar advertidos y para esto tiene sentido una escuela. Lamentablemente en Chile o Argentina (realidades que conozco de cerca) las instituciones psicoanalíticas no estuvieron al servicio de la causa, si no más bien de la “persona del analista”, convirtiéndose en modos de obtener grupos de estudio, espacio donde lucirse o lugar donde conseguir pacientes. Estas consecuencias son modos donde el discurso analítico se ve atrapado por el discurso capitalista y como dice el chiste conocido, donde de juntan dos analistas se forman tres instituciones.

Creo que la Escuela Lacaniana no sigue esta serie y se ubica en la línea de lo que Lacan sostenía donde “el Psicoanalista se autoriza por él mismo”, -con el riesgo de poder autorizarse en la soledad y ser una institución en sí mismo-, pero se suele olvidar lo que dice a reglón seguido “y con algunos otros”. Estos “otros” son la escuela misma como medio para sostener el deseo del analista, que nunca debemos olvidar creo yo.

Luego de esta descripción espero haber compartido la razón de por qué y de qué manera habita en mi el deseo de participar como miembro de nuestra Escuela y trabajar por ella.


Antonio Carrero

(Miembro de la ELP y de la AMP Febrero de 2019)

Con Lacan sabemos que el sujeto es poema, no poeta. Por tanto, si la deformación es el análisis, mi periplo comenzó en Madrid, se mudó a la apuesta y sigue al borde de las aguas.

Si la morada de los dichos es nuestra condición, I’m expanding my french house.

Unos años en la Complutense, tantos otros en Vincennes. Algunas letras que se repiten y van significando con el tiempo ELP, ECF, AMP.

Varias practicas entre varios, luego asegurado, sin fronteras, solidario y finalmente solitario, pero no sin una gran visión.

¿El porqué de los porqués? primera y última cuestión de una oferta inacabable que sueña una diferencia radical, cada vez.

Y date! Ahora miembro en Español


Marjorie Gutiérrez Fontaines

(Socia de la sede de Madrid de la ELP Enero de 2019)

¿Las instituciones, las escuelas psicoanalíticas, adscribirse a una?

Estos temas y preguntas me han acompañado a lo largo de mi formación, preguntas que siempre han surgido desde mis dudas, incertidumbres, incluso malestar. He sido crítica con estas instituciones, organizadas bajo una lógica de poder. Pensando en sus posiciones inamovibles, “solo hay sitio para los de siempre”. No piensen que voy a decir que al conocer la escuela pensé diferente o encontré la institución con mayúsculas, pero sí encontré algo y cambiaron en mí dos cosas. Encontré una escuela activa trabajadora, con unos miembros y socios incansables en la producción, sobre y para la causa psicoanalítica, que permite crear espacios para pensar y compartir el trabajo clínico y teórico. Un lugar para compartir la soledad de la clínica, con posibilidades de aprender y renovarse en los otros. Un deseo de no quedarse estático, anticuado y desvitalizado. Por otro lado, cambio mi posición subjetiva, poder aceptar las imposibilidades, que no existe ninguna institución perfecta y completa. Que los agujeros, las divisiones están, constituyen nuestro ser, por ser seres del leguaje, sexuados y mortales. Después de este recorrido fruto de mi análisis y experiencia, decidí hacerme socia advertida de las dificultades, de que las divisiones están aseguradas, las imposibilidades, los agujeros en el saber; pero, eso sí, con el deseo de encontrar un espacio de trabajo que permita continuar mi formación, compartir el deseo por el saber, y hacer un lazo social posible desde el respeto y aceptación de las diferencias.

Sé que no es la forma más políticamente correcta de presentarme, pero me pareció la más adecuada a mi momento de vida y mi persona. Gracias.


Mila R. Haynes

(Socia de la sede de Madrid de la ELP Febrero de 2019)

Por qué la Escuela…por qué el Psicoanálisis…?

Larga es ya mi trayectoria con el Psicoanálisis desde aquella vez en la que escuché en una clase de Psicopatología de la facultad española, allá por 1982, la explicación de un tal Yo, Ello y Superyó según Sigmund Freud. Recuerdo perfectamente cómo resonó aquello por dentro de mí, ¡claro que sí!, yo tenía de eso. Miles de sentimientos, pensamientos, razonamientos, sensaciones, ideas, vivencias y recuerdos encontrados encajaban divinamente en aquellas tres instancias descritas.

Después vino la Gestalt y el trabajo terapéutico con “la silla vacía”, (que me enseñaron los Jesuitas, muy duchos algunos de ellos en todo esto) “silla” con la que trabajaba cómodamente, y que no dejaba de intentar atrapar de alguna manera lo inconsciente también. Aun así, el Psicoanálisis seguía insistiéndome con su eco.

El Arte también fue parte muy importante para mí desde muy temprano, escritura, poesía y dibujos a pluma se entremezclaban con mis apuntes, como todavía hoy lo siguen haciendo.

Terminé Psicología, más tarde Bellas Artes.

Huí a Nueva York, donde viví 6 años, intentando escapar de mis fantasma, sin yo saberlo, por supuesto!. Buscaba abrirme brecha en el Arte y acabé rompiéndome yo trabajando de Psicóloga bilingüe en un Centro Psicoterapéutico Psicoanalítico, cuando en aquel momento hasta repudiaba la Psicología gracias a unos cuantos muy malos encuentros con varios psicólogos. Sin embargo, fue allí, en Nueva York, donde comencé mi análisis, en Inglés, con una psicoanalista austriaca, que sabía de Lacan.

Nuevamente huyendo, en el año 2000, esta vez de mi propio descalabro neurótico que me dejara prófuga de Estados Unidos. Escapé a España, con mi hijo americano, del padre afroamericano y la Corte de Familia de Nueva York que requería mi presencia una vez más ante sus constantes denuncias falsas.

Seguí siempre pintando, dibujando, escribiendo y exponiendo muy de vez en cuando. El lazo al psicoanálisis era para entonces mucho más estrecho, y cuál fue mi sorpresa cuando busqué, y no encontraba casi ni rastro de Psicoanálisis en España, si Psicología, muchas psicologías, y demasiado conductismo!.

Fue gracias a la madre, (argentina, qué casualidad!) de una compañera de la clase de mi hijo que oí de una tal EEPP, Escuela Española de Psicoanálisis y Psicoterapia. Juan Pundik, Director de la EEPP, con quien continué mi análisis y aquél misteriosísimo “objeto a” que me atrapaba sin poder entender ni lo más mínimo de qué se tratara ni imaginar si quiera algo parecido a lo que hoy comprendo después de estos 18 años escuchándolo, fueron los que me atrajeron ya irremediablemente al Psicoanálisis Lacaniano.

Ese fue mi penúltimo paso, previo a conocer la ELP, de Madrid, a la que comencé a asistir algún sábado para escuchar a unos llamados “franceses”. Después años asistiendo a los Seminarios de los Sábados, llevado por Carmen Cuñat, Mercedes de Francisco y Javier Garmendia, hasta que terminaron de darlo. Cuánto me costaba no poder desconectar el despertador tampoco en sábado para ir a escucharles! y cuánto me gustaban también!. Luego Jornadas, Conferencias, cambios de analistas…etc.

Y por fin también el Arte confluye con con el Psicoanálisis y la ELP, que con aquello de que “el artista siempre va por delante desbrozando el camino” como dice Lacan, no entiendo cómo no había sido ya mucho antes. La Sede de Madrid muda su escenario a la calle de la Reina, linda casa, con blanquísimas paredes en la sala principal de la Escuela, qué apetecible mancharlas!. Y como eso no se puede, ni se debe, y esas cosas de urbanidad, por qué no, tan solo agujerearlas un poquito para colgar en ellas algunas obras de arte?. Así empezó el Espacio “Encuentros con el Arte”, del qué formé parte muy activa desde el principio, incluso exponiendo allí mis obras en la 2ª convocatoria, en Mayo del 2017.

Este año, Mónica Unterberger, organizadora del espacio junto a Miguel Alonso, y Rosa López, en un principio, me propuso unirme al Espacio. Ahora bien, para ello tenía que ser socia de la Sede. En fin, creo que queda claro que en realidad ya iba siendo hora, si hay Escuela, si la mitad de mi vida Profesional se enfoca al Psicoanálisis, si la otra mitad al Arte, y estoy más qué atravesada por todas partes por el Psicoanálisis, a penas si necesitaba este empujón para caer en el agujero de mi propio deseo y terminar por hacer lazo, estrecho, con la Escuela, y con todos los qué pueda que la forman.

Muy agradecida de ser acogida en la ELP de Madrid.


Jonathan Rotstein

(Socio de la sede de Madrid de la ELP Septiembre de 2018)

Mi nombre es Jonathan Rotstein y a los 12 años ya supe que quería ser psicoanalista.

En 2005 comencé, de manera ininterrumpida y hasta la actualidad, mi análisis personal.

También fue el momento en el que empecé a formarme y a estudiar, de un modo cronológico y sistemático, los Seminarios de Jacques Lacan.

Mi vinculación con la Escuela proviene de mi relación con el Instituto del Campo Freudiano, a través de la Sección clínica de Madrid, NUCEP, a la que acudí hace dos años y medio.

Como participante del Nucep he realizado diversas aportaciones siendo la más conocida, quizás, la creación (hace dos cursos) de la revista digital del Nucep “Punto de Fuga”, publicación abierta, también, a colaboraciones de socios de la Sede y miembros de la Escuela.

Quienes me frecuentan suelen señalar lo decidido de mi deseo. Quizás por ello, el día que acudí a la entrevista que se realiza a los candidatos a socio de la Sede, cuando se me preguntó el por qué de mi rapidez en hacerme socio, mi respuesta fue la siguiente:

No es que yo acuda pronto sino que, al contrario, son los demás quienes acuden tarde.

Mi relación con la Escuela es, entonces, incipiente.

Si bien desde finales de Julio de 2018 colaboro en la Comisión del Cartel, creo que todos los espacios de la Escuela son interesantes y susceptibles de innovación, ampliación y mejora.

Para finalizar esta pequeña presentación quisiera recordar el hecho de que ninguno de nosotros somos el psicoanálisis: Somos lo que, eventualmente, puede ocupar su lugar.

De modo que, si queremos que el psicoanálisis perviva (al menos tal y como hoy lo conocemos), debemos extender, todavía más, mucho más, nuestra causa. Manos a la obra.


Jesús Alfonso Rubio Campuzano

(Socio de la sede de Madrid de la ELP Enero de 2019)

Graduado en lengua y literatura española.

Parece que fue ayer cuando empecé mi análisis con Marta Davidovich y el tiempo pasa amable en su ligero caminar. Hoy habita un recuerdo, un detalle. Hace ya más de de 12 años, en una de las primeras entrevistas, a la demanda de querer ser psicoanalista Marta me invitó a cursar algún estudio universitario. En aquel momento no entendí su respuesta y la relación con la práctica analítica.

Con el  paso del tiempo comprendí la constante relación entre el psicoanálisis y el saber. El aprendizaje continuo con otras materias, con el mundo contemporáneo donde habitamos, con las obras clásicas del psicoanálisis y, como no, con el desarrollo del propio análisis de cada uno y su saber inconsciente.

Entre estos saberes habría que incluir la relación con la Escuela. En mi caso, con la Elp  y el Nucep donde comencé mi andadura en la tétrada en el 2016. En estos espacios, he encontrado una nuevo estímulo formativo. Una Escuela donde continuar con la herencia de Freud, Lacan y Miller, donde los profesores enseñan su práctica y aporte singular, donde los AE dan testimonio de su experiencia de análisis, y donde los alumnos siguen formándose con sus iniciativas de cartel y su deseo de saber. Una escuela viva, una escuela abierta para todos los interesados en el psicoanálisis como en otras disciplinas. Un espacio de intercambio y variadas actividades, con sun presentaciones de libros en consonante actualidad y seminarios en el que experimentados psicoanalistas comparten su enseñanza y su clínica. Un lugar al cual están y estamos invitados a seguir haciendo Escuela.

Sin más, os envío un saludo y nos vemos por allí.


Margarita Sánchez-Mármol

(Socia de la sede de Madrid de la ELP Febrero de 2019)

Cuando alguien busca, suele ocurrir que sus ojos sólo ven aquello que anda buscando, y ya no logra encontrar nada ni se vuelve receptivo a nada porque sólo piensa en lo que busca, porque tiene un objetivo y se halla poseído por él. Buscar significa tener un objetivo, pero encontrar significa ser libre.
Herman Hesse – Siddhartha

Mi relación con el psicoanálisis ha tenido carácter de encuentro. En la adolescencia un amigo me regaló el libro “Psicoanálisis del arte”. Su lectura fue como el recorrido de una bola de billar que pone en movimiento todas las demás. Estudié Psicología en la Universidad Complutense donde tuve la fortuna de encontrar a Eduardo Chamorro, profesor que impartía una asignatura de psicoanálisis. Fue la primera vez que sentí verdadera curiosidad por aprender, me despertaba de madrugada para leer los textos que citaba de pasada en clase y que para mí significaban nuevos caminos. Continué mi formación psicoanalítica a través de dos másteres en la misma universidad. Allí conocí a mi actual analista, Sergio Larriera. Parecía que sus palabras no sólo representaban ideas, sino que era capaz de crear otra realidad en el pensamiento. Desde entonces he sentido el deseo de pertenecer a la misma escuela a la que pertenece mi analista, la ELP. En ella participo en varias actividades como alumna y de nuevo encontré un lugar donde “construir, habitar y pensar” el psicoanálisis haciendo Escuela. Por este motivo, me siento afortunada de pertenecer a este equipo y quiero daros las gracias a todos los que lo hacéis posible.


Alejandro Tolosa

(Socio de la sede de Madrid de la ELP Febrero de 2019)

Acepto con agrado la invitación de Julia Gutierrez para presentarme ante vosotros.

Soy Alejandro Tolosa, psicólogo de la universidad Pontificia de Comillas y Master en psicoterapia psicoanalítica de la UCM.

Estoy terminando mi tercer año de tétrada y este tiempo ha sido suficiente para acrecentar en mi la pregunta y el deseo por la escuela.

Sin duda esto último es homologable a la pregunta por ser analista. Puede que no haya una sin la otra, al menos, hoy en día, no para mí.

Probablemente el “músculo” del analista sea encuentro con la lectura y con el trabajo con los compañeros de la escuela y la causa analítica. La escuela podría ser un cuarto punto del trípode análisis, control y el estudio teórico porque anuda con consistencia esta estructura trinitaria.

Así que sin extenderme mucho, traigo aquí mi deseo de trabajar, de pensar, de construir y me pongo a disposición vuestra para lo que se presente como necesario para la causa.

Mis datos los encontraréis en mi web consultatolosa.com.

Vuestro siempre, Alejandro Tolosa

¡Qué difícil es hacer una presentación de uno mismo!


Mariana Valenzuela

(Socia de la sede de Madrid de la ELP Noviembre de 2018)

El psicoanálisis forma parte de mi vida desde 1993, cuando decido estudiar psicología, motivada por dos profesores del Instituto, ambos psicoanalistas, que dejaron huellas. Mis años de estudiante en la Universidad de Buenos Aires fueron un encuentro permanente con el psicoanálisis y la práctica clínica. Lacan se presentó en mi formación de manera precoz, en la primera materia de la carrera, y ha ido marcando un recorrido de más de 20 años de amores y desamores.

El psicoanálisis tuvo también para mí el lugar de permanencia a lo largo de los años. Sin importar los distintos países de residencia, Freud y Lacan establecieron una dirección a seguir.

Tras varios años transitando algunos espacios de la ELP como espectadora oyente, en noviembre de 2018 decidí dar un paso más y solicitar mi incorporación como socia de la sede. Un poco empujada por mis ganas de trabajar, pero sin saber muy bien qué significaba ese paso que estaba dando. Si bien desde siempre pensé que en algún momento formaría parte de la Escuela, parecía que nunca estaba del todo preparada. Al profundizar un poco en temas de Escuela, comprendí que de lo que se trata es de una comunidad de trabajo, como lo plantea Lacan en su Acto de fundación. Pasaron pocos meses, pero no hizo falta más para comprender que la Escuela es un espacio que hacemos entre todos, que no tiene que ver con un saber acumulado sino que está marcado por la relación singular que cada uno tiene con la causa analítica y en eso radica la riqueza de su diversidad. Me entusiasma poder trabajar con otros colegas en hacer ex-sistir el psicoanálisis.

La Escuela está hecha para dar un lugar que no sea cínico, un lazo social posible en la ciudad de los analistas, allí mismo donde los analistas no creen más en los significantes-amos […] Sabemos bien que no vamos a encontrar aquella Escuela donde el S1 y el S2 estén tranquilos. Y, a pesar de todo, pasamos nuestro tiempo repensando la Escuela, teniendo crisis en la Escuela y recreando la Escuela. En efecto, es así, no hay otra solución, hay sólo el deseo de la Escuela”. Laurent, E.: Los objetos de la pasión, Tres haches, Buenos Aires, 2004.

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