Dar vida a la Escuela

Por Pía López-Herrera – Miembro de la ELP y de la AMP

Cuando por fin podíamos tener nuestras tan esperadas Jornadas, la idea de que fueran por vía telemática ensombrecía las expectativas. Pero las propias Jornadas fueron un tratamiento a lo contingente de la pandemia.

El gran trabajo de las responsables: Silvia Nieto, Lucia D’Angelo y de las comisiones, se vio como una gran apuesta de las colegas por hacer Escuela. Es muy de agradecer el trabajo realizado, evidencia un gran entusiasmo por la Escuela.

Desde la elección del cartel, los magníficos videos de gran creatividad elegidos para los “entremeses”, la puesta en escena de la presentación con la ciudad como telón de fondo, y el respaldo de un equipo técnico muy potente, hicieron que estas Jornadas dejaran huella del funcionamiento de la Escuela.

Comenzamos con un impactante video sobre Jean Michel Basquiat, también conocido como Samo, creador del cartel de las Jornadas que forma parte de la colección del Moma. En él nos muestra su obra que es mas escritura que pintura y que dejó una marca en la historia del arte. Se trata de una escritura desabonada del sentido. Un enjambre de S1 que no se articulan generando un discurso. La pintura reducida a su materialidad gráfica cromática, no hay mas que grafos y trazos alrededor de un agujero.

Después de este magnifico video que nos introdujo en el tema, los agradecimientos a todas las comisiones que trabajaron en la realización de estas Jornadas. Este gesto de empezar con los agradecimientos, que normalmente van al final, habla de una manera de hacer política de Escuela.

Asistimos el sábado a la presentación de las Jornadas con las intervenciones del presidente de la ELP, Félix Rueda y las directoras de las Jornadas, Lucia D’Angelo y Silvia Nieto. La combinación de la presencia de algunos de las miembros in situ con los colegas que participábamos on line y el entusiasmo transmitido, nos dispusieron al trabajo.

A ello le siguió un video que mostraba: por un lado las estremecedoras imágenes de las ciudades vaciadas de gente por la pandemia y por otro la música de Astor Piazzola que recuerda a ciudades vivas y llenas de actividad, esto me evocó en el cuerpo la conmoción que supuso ese momento.

El tema de las Jornadas, “Marcas del trauma”, fue desarrollándose desde distintas aristas: Plenarias, Testimonios de Ae y simultaneas, con la ciudad como testigo. Los grandes ventanales detrás de los intervinientes nos dejaban ver la vida de la ciudad. Dependiendo de donde enfocaran las cámaras veíamos gente paseando, en bicicleta, autobuses, coches, una grúa con obreros trabajando, árboles, hojas cayendo.

Fue muy sorprendente en Conversaciones con el arte “El teatro de Alberto Conejero: Entre poesía y cuerpo”, la magnifica entrevista al Dramaturgo y Poeta realizada por Blanca Fernández y Celeste Stecco y la colaboración de Juan Carlos Talavera, que recitó varios poemas del autor.

Pudimos disfrutar de la ligereza en su testimonio que nos transmitió su relación con lalengua, partiendo de lo traumático de un síntoma de su infancia.

Para concluir tuvimos la Presentación de la Gran Conversación Virtual de la AMP 2022 entre Angelina Harari, Presidenta de la AMP, y Christiane Alberti, Directora de la Gran Conversacion Virtual AMP 2022. Una animada conversación sobre “La Mujer no existe” que augura un interesante encuentro.

Y para el final un chascarrillo, como dijo Silvia Nieto.  Una colega la alertó de una palabra que veíamos dibujada en una tela verde de obras a través del cristal del ventanal: Trazos. El azar hizo que termináramos las Jornadas conectando con el video del comienzo sobre el lenguaje de los grafitis de Basquiat.

Resonancia de las XX Jornadas de la ELP: “Marcas del trauma”

Por Alexandra Reznak – Socia de la sede de Madrid de la ELP.

Nuestras XX Jornadas de la ELP se realizaron con un formato mixto entre virtual y presencial para los ponentes y asistentes. Fueron unas Jornadas de intenso e interesante trabajo en las que lo vivo traspasó la pantalla.

La mesa, “Conversaciones con el arte” presentada con el título “Entre poesía y cuerpo” hizo alusión al anudamiento entre el lenguaje y el cuerpo diferenciándolo del trauma que, en el discurso común, remite a un hecho supuestamente traumático para todos. Alberto Conejero dio cuenta de ello de manera magistral, dejándose llevar por su lenguaje poético y las asociaciones de ideas que le surgieron.

Comienza dicha conversación con la definición etimológica de “trauma” que en griego clásico significa herida. En el texto de presentación de las Jornadas podemos leer que el trauma es el nombre del encuentro con lo real que irrumpe de manera inesperada. Es signo, es marca, es herida provocada por una lesión inevitable en el parlêtre.

Respondiendo a la pregunta: “¿Qué puedes decir sobre el trauma?”, Alberto Conejero muestra cómo su encuentro traumático con la lengua hizo agujero – troumatisme – haciendo emerger un síntoma, dice: “Fui un niño disléxico, marcó mi niñez, había una relación traumática con la lengua, era una experiencia catastrófica. No era una experiencia cotidiana, había un desplazamiento, una herida, leer y escribir era un padecimiento. Para mi, había un balbuceo de estar en el mundo que no entendía”.

Guy Briole en su ponencia, menciona que es en el encuentro con un real, lo que hace aparecer en el sujeto una sintomatología más marcada, debido al surgimiento de un goce ahí donde no se esperaba. Todo parlêtre se define por estar traumatizado por su encuentro con lalengua, es el acontecimiento lo que es susceptible de hacer agujero. Cuestión fundamental que pudimos escuchar en los testimonios de las AE a lo largo de las Jornadas.

Alberto Conejero, bordeando su experiencia traumática con la lengua, hizo del lenguaje un lugar de creación, un lugar de refugio. Comenta que tiene “una relación con la otredad muy gozosa”, es lo que le ha dado el teatro, le obligó a salir de un cierto ensimismamiento. Para él, el trauma tiene que ver con lo que le desplaza frente a la existencia, en vez de conformarse, busca convertir lo cotidiano de la vida en vivencia, siendo esto lo que asegura la creación artística. Dice: “Estoy en mi alambre suspendido en el vacío, la creación tiene que ver con ese alambre”.

Ese alambre son palabras, los significantes, es como una cicatriz de una herida, es un puente que se asienta sobre un vacío.

En su obra, se percibe la importancia del nombre, de ser nombrado, de nombrar un trauma… donde el lenguaje no alcanza por tener que ver con lo innombrable, lo intraducible al lenguaje cotidiano, es el encuentro con el punto de fuga de las palabras. Sobre este punto dice: “En mi casa no había palabras, en la adolescencia fue una obsesión mía, no podía nombrar mi identidad, me armé de palabras desde un silencio para poder construirme, porque nada me nombraba…la palabra viene siempre antes y después de un silencio”.

Frente a la dificultad estructural de nombrar, en su obra teatral Conejero hace uso de un lenguaje poético, confrontando al espectador con una experiencia de lenguaje, otra manera de decir y estar en el mundo.

Las perspectivas terapéuticas contemporáneas y el discurso común tienen tendencia a la banalización del trauma: todos traumatizados de la misma manera.

Oscar Ventura puntualiza que la generalización del trauma en la especie humana es por la insuficiencia del lenguaje, este no alcanza a establecer una armonía entre el sujeto y su condición sexuada y mortal. ¡Estamos todos traumatizados, pero singularmente!

Hoy en día nos encontramos con suplencias activadas desde el otro y para todos del mismo modo, borrando las diferencias, reduciendo el acontecimiento a una representación. Oscar Ventura comenta que estamos ante una clínica de la destraumatización que sueña con una profilaxis de lo real.

El tiempo tiene toda su importancia, lo imprevisible de un acontecimiento traumático introduce una discontinuidad temporal que amenaza la supuesta estabilidad del sujeto.

Hoy en día la vertiginosidad de lo contemporáneo es un tapón que amenaza entre otros el tiempo para comprender. En el trauma están tocados todos los tiempos: el instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir. Las terapias de hoy en día anulan dichas dimensiones del tiempo.

Alberto Conejero insistió en el tiempo de comprender refiriéndose a la memoria histórica, la cual necesita un relato. Comenta: “Es comprender que un ser humano es un lugar de frontera entre el pasado y el futuro”, “Es necesario el relato de la generación anterior para emprender el propio relato de cada uno”.

Notas frescas

Primer día

Por Mila R. Haynes – Socia de la Sede de Madrid de la ELP

Segundo día

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