El libro ¿Soy lo que digo que soy? – Psicoanálisis y civilización, publicado por primera vez en 2024 por RBA Libros, reúne trece textos escritos a lo largo de más de veinte años, procedentes de artículos y conferencias. O, mejor dicho, doce textos más uno, según las palabras del propio autor. Ese “más uno” corresponde al primer texto del libro, de carácter testimonial, publicado originalmente en La Regla del Juego en 2008. En él, se desarrolla una alternativa a la cuestión «soy lo que digo que soy», brindando un encuadre que orienta la lectura de los textos siguientes.
El psicoanálisis se presenta como una herramienta clave para la interpretación de la civilización. En este marco, se cuestiona el imperativo superyoico de un goce sin límite y se plantea la necesidad de inscribirlo en un discurso que lo limite sin anularlo. Según Fernández Blanco (2024), este proceso equivale a transformar el goce en «charlatán». Asumir esta orientación implica renunciar a la omnipotencia de la voluntad y reconocer que el objeto se descubre en función de los obstáculos que lo enfrentan, ya que su emergencia ocurre precisamente a partir de sus objeciones.
Desde la perspectiva psicoanalítica, la cultura es, en esencia, una organización del goce que establece qué es aceptable y qué no en términos de satisfacción. En este contexto, la relación entre la angustia y el rechazo al goce del Otro se manifiesta en el fenómeno del racismo, dado que el otro no comparte el mismo ordenamiento simbólico ofrecido por la cultura propia. De este modo, el racismo no se fundamenta en la diferencia biológica, sino en la intolerancia al goce ajeno. La alteridad es rechazada porque su modo de gozar pone en cuestión el ordenamiento simbólico que regula el goce de uno mismo. Sin embargo, esta dinámica también pone de relieve la extranjeridad del sujeto para consigo mismo: la dificultad de reconocer el propio goce genera un mecanismo en el que el sujeto se convierte en «racista de su propio goce» (Fernández Blanco, 2024, p. 40).
La clínica psicoanalítica permite observar la imposibilidad de que un sujeto se otorgue a sí mismo su propia subjetividad, ley o nombre de goce (Fernández Blanco, 2024, p. 128). En este sentido, lo real pulsional establece límites a cualquier intento consciente de transformación. Desconocer esta realidad supone adherirse a la fantasía de una autoinvención ilimitada, que postula una sexualidad construccionista independiente de las exigencias pulsionales. Sin embargo, en la cultura del narcisismo contemporáneo, el «Yo soy» ha reemplazado la dialéctica freudiana del inconsciente, en la que el sujeto se definía más por su falta que por su afirmación identitaria.
Paralelamente a esta transformación, la relación entre el Yo y la pulsión ha experimentado cambios significativos. Mientras que en la modernidad freudiana el Yo regulaba y limitaba el goce, en la actualidad se ha convertido en su cómplice, promoviendo un imperativo de felicidad que, paradójicamente, genera insatisfacción estructural. La negación del límite y la búsqueda de una satisfacción plena refuerzan el malestar, transformando la civilización en un espacio de exceso y frustración permanente.
Este fenómeno se ve acentuado por el discurso capitalista, caracterizado por el rechazo a la castración simbólica y la promoción de un sujeto sin punto de referencia, tomando las palabras del autor. Mientras que el discurso del amo permite un cierto encuadre del goce a través del fantasma, el discurso capitalista no considera este límite, promoviendo la ilusión de que el sujeto puede dirigirse a sí mismo sin la mediación del Otro. En esta lógica, se invierte la relación entre el sujeto y los significantes amos, situándolo en el lugar del agente y otorgándole la apariencia de autodeterminación. En este marco neoliberal, el éxito o el fracaso se atribuyen exclusivamente a la gestión individual. Como consecuencia, se configura una subjetividad contemporánea marcada por un conformismo extremo, donde la felicidad se convierte en un mandato.
En este contexto, la exigencia de gozar, impuesta por el superyó contemporáneo, ha convertido la depresión y la angustia en una epidemia. Esta lógica ha desplazado los síntomas derivados de la interdicción paterna, dando lugar a formas más regresivas del malestar, marcadas por la impulsividad y las adicciones. Esta lógica también se observa en los síntomas contemporáneos, como la anorexia y la toxicomanía, que se caracterizan por su rechazo a la mediación del Otro y a la regulación del goce. Mientras que la anorexia se distingue por la negación radical de la sexualidad, la toxicomanía se orienta a la evasión mediante el exceso de goce. Ambos fenómenos desafían la clínica psicoanalítica, ya que los sujetos no formulan demanda ni se inscriben en la dialéctica del deseo.
Otros temas también son tratados en ¿Soy lo que digo que soy?, lo cual ofrece una lectura lúcida y rigurosa de la subjetividad contemporánea, interrogando las transformaciones del síntoma, del discurso y del lazo social en la era del capitalismo neoliberal. Con un estilo claro y accesible, el libro logra exponer conceptos psicoanalíticos complejos de manera comprensible, sin perder su profundidad teórica. Se trata de un libro que invita a reflexionar sobre el destino del sujeto en un mundo donde la promesa de autoconstrucción ilimitada se enfrenta a la imposibilidad estructural de escapar del propio goce. Con un enfoque que combina el psicoanálisis, la política y el discurso, esta obra nos confronta con las tensiones fundamentales que atraviesan nuestra época, abriendo un espacio para pensar lo que implica ser sujeto en el siglo XXI.
Anna Geretto, Miembro bajo Condiciones de la ELP