Introducción

En 1959, en plena Revolución Cubana, Aleida March, parte del Movimiento del 26 de julio pilotado por Castro, atraviesa el macizo del Escambray con una misión: llevar al comandante del campamento dinero para sus operaciones. Debido al peligro de ser descubierta, lo oculta pegándolo con esparadrapos a su piel. Solo el comandante, Ernesto “El Che” Guevara, puede despegarlo de su cuerpo [1]. Aleida llega al puesto y sus destinos se sellan en ese intercambio. Ella ve en él un hombre sucio y mayor, pero también ve algo en «su modo de mirar” [2]. Él siente una lucha en su interior, un estremecimiento, cuando toca la “marca de un esparadrapo” [3] hiriendo su piel.

Ese fue su encuentro. Un encuentro que dio paso a un amor intenso que los acompañaría hasta la muerte del Che. Pero: ¿qué es lo que produce encuentro? Y ¿qué amor?

El amor es lo que suple la relación sexual

Lacan dice, en el Seminario 20:

Lo que suple la relación sexual es precisamente el amor”. [4]

1) Nacemos en un mundo de lenguaje, nuestro mundo ya no se rige con la exactitud del instinto animal, mucho menos la sexualidad.

2) Nuestro primer encuentro con el goce es a través de los objetos pulsionales: el oral, el anal, la mirada, la voz…  Es lo que Lacan generaliza como el objeto a [5], objeto que será la causa del deseo.

3) Un hombre, por ejemplo, no busca una mujer, sino ese objeto que esconde en su interior. No habrá mitades que hagan Uno [6]. El aforismo “No hay relación sexual” quiere decir que no hay fórmula en el inconsciente sobre qué es un hombre, una mujer, ni su relación.

4) En busca de una fórmula, nos enredamos con el falo: “papá, lo tiene”, “mamá no”, “cuidado que me lo quitan”… se vuelve la referencia absoluta en la sexuación y todo acaba girando en torno al goce fálico. [7]

5) Entonces, ¡el amor sale al rescate para intentar hacer Uno!. Según Miller: “otorga todo el esplendor de lo imaginario, de la belleza a lo que, en sí mismo, no tiene nada de tan lindo” [8], el objeto a. Es un hermoso engaño.

Si la relación sexual es imposible, el amor viene del lado del Ser a enmendarla.

Breve teoría del amor en cuatro tiempos (para la Neurosis)

Pero ¿por qué derroteros se arriba al amor? Propongamos 4 tiempos:

  1. No relación sexual: Partimos de que no hay relación sexual, no encaje perfecto entre los sexos.
  2. Encuentro: Pero algo puede ocurrir que produzca un encuentro amoroso: dos afectos, dos modos singulares de vivir el exilio de la relación sexual [9] se encuentran casualmente y, por un instante, hay la ilusión de que la relación sexual existe.
  3. Amor: Todo enamorado os dirá: “nunca morirá este amor”: esta es la interpretación que hace el Inconsciente. La Repetición, operación fundamental del inconsciente,hace de lo que ocurrió por casualidad un mandato. El fantasma de cada cual viste al amor con sus atuendos e instaura la fantasía de que puede hacer existir la relación sexual.
  4. Un amor menos tonto: Lacan esboza la posibilidad de “un nuevo amor” [10]. Un amor más allá de la repetición, en constante reinvención, que esté advertido de la no relación sexual. Un amor menos tonto.

El amor en las psicosis

¿Qué ocurre entonces en las psicosis, donde no existe esta falta neurótica que da soporte al amor?

En la psicosis, el objeto a no está separado, y esto tiene un doble efecto:

  • – El goce está deslocalizado en el cuerpo, el encuentro con el goce sexual se vive desde el desborde
  • – El deseo del Otro puede ser amenazante, sospechoso de querer gozar del sujeto psicótico, que porta el objeto consigo

Pierre Ebtinger en “El amor en las psicosis” diferencia el amor muerto del amor vivo.

El amor muerto “se apoya esencialmente sobre una identificación imaginaria” [11]. En él, el sujeto ama al otro como ideal del yo [12]. Lo ama como a sí mismo. 

El amor vivo, sin embargo, está ajustado al deseo. El sujeto consiente a la falta [13]. Es un amor en su vertiente real.

Un amor así en la psicosis sería posible a condición de que el sujeto pudiera inscribir ”un dispositivo que supliera la ausencia de defensa frente al deseo del Otro”. [14]

En Schreber está la metáfora delirante de ‘ser la mujer de Dios’ [15], que da un marco regulatorio al goce a la vez que posterga el encuentro con el Otro.

En Joyce, la escritura, como sinthome, anuda el cuerpo; y le permite hacer de Nora su complemento y única mujer a la que amar. Dice Lacan: “El guante dado vuelta es Nora. Es la manera que él tiene de considerar que ella le va como un guante.” [16]

1) Exilio: El príncipe azul

Aleida es “una joven maestra cubana de origen modesto” [17]. Cito a Dalila Arpin:

“Desde su juventud, […] lee con pasión novelas de amor y aventura. Le gusta en particular El ángel sin cabeza de Vicky Baum donde la bella soñadora Clarinda […] sigue a Felipe, un noble español, de cabello oscuro y absolutamente seductor, para participar de la revolución mexicana. […] Surge en su cabeza la idea de que el príncipe azul se presentará bajo los rasgos de un revolucionario”. [18]

Ideal tomado del padre, a quien considera, “un hombre digno y cultivado”, íntegro y que domina sus sentimientos. [19]

Este ideal parece empujarla a unirse a la revolución cubana. Se conduce en sus acciones, no obstante, con prudencia y timidez.

La historia de Ernesto es más problemática: su infancia está marcada por la aparición de asma a los 2 años. Su madre decide mantenerlo en casa, y se convierte en su maestra personal. Se establece una relación muy estrecha entre ellos [20]. Esta madre, imprudente, le empuja a desafiar el asma y domar su cuerpo a voluntad. Ernesto se vuelve un temerario: practica los deportes más desaconsejables, va de pelea en pelea – incluido un enfrentamiento con un carnero – y se vuelve “un fanfarrón incorregible” [21]. Su vida será un reto constante a la muerte, dominado por un sentimiento de invulnerabilidad.

Su padre, carente de autoridad, intenta recuperar el control de Ernesto a los 10 años: le involucra en sus actividades, en particular en la lucha antinazi. Esto marca a Ernesto, en el que se empieza a perfilar un “Otro malo invasivo” contra el que dirigir sus desafíos [22]. Este rasgo, rescatado del padre, permite modular la lucha a muerte y la convierte en el ideal revolucionario.

Esta revelación, como él la siente, hace nacer un hombre nuevo: “El Che”. El revolucionario irreprochable, tan íntegro y disciplinado como implacable. Se conducirá en el campo de batalla con furor sangriento, con una “mágica sensación de invulnerabilidad» [23] y aplicará rigor extremo a sus soldados como a sí mismo. Hay que tomar aquí literalmente su apodo: “La revolución en persona”. Él es “La revolución”, no “un revolucionario”.

Leamos bajo esta hipótesis de psicosis en el Che, aquel primer encuentro.

2) Encuentro: La marca

Aleida llega al Escambray, fascinada por su leyenda. Pero cuando él la mira de una forma especial, aparece el hombre tras el ideal. El objeto mirada fue la condición del encuentro para ella. Se presenta como una mujer “crucificada de esparadrapos” [24] para ser salvada.

Para el Che se trata de lo que sintió ante esta “maestrita, rubia y regordeta” [25] cuando palpó «la marca de un esparadrapo y hubo una lucha (un poco) entre el revolucionario intachable y el otro (el verdadero, que perdió tal vez por timidez, aunque doraba la píldora con la imagen del intachable)». [26]

Para Arpín, esto evoca “la lógica amorosa según la cual un hombre ama a una mujer debilitada” [27]. Si acaso, en mi opinión, esto solo es legible del lado de Aleida. Si hablamos de psicosis, no podemos hablar de lógicas fijas entre hombres y mujeres.

Parece más bien el encuentro con un S1 puro de goce. Un goce que hace tambalear su mayor defensa: la disciplina. Es una doble vacilación entre pulsión de muerte y de vida: 

  • un placer del cuerpo que lo vivifica pero que lo desborda; 
  • frente a su defensa del “revolucionario intachable”, que lo empuja al encuentro con la muerte, pero lo sostiene en la vida. 

El Che se defiende y la expulsa del campamento: la presencia de mujeres está prohibida puesto que puede producir “apetencias incontrolables dentro de la tropa”. [28]

3) Amor: Secretaria

Hay algo más. El Che ya había escuchado ese nombre que tanto le gustó: “fue cuando dieron la noticia de la muerte de la combatiente revolucionaria Aleida Fernández Chardié, asesinada por la dictadura batistiana” [29].  El Che arrebata a Batista, desde la misma muerte, una Aleida para él, revolucionaria y maestra.

Aleida regresa al campamento por razones de seguridad. Una madrugada, el Che, camino a la batalla, se la encuentra y la invita a “tirar unos tiritos” (30). Aleida, se montó en el jeep, dice,“para, literalmente, no bajar nunca más” [31]. Desde entonces ya no se separarán.

El Che ve en ella coraje y sinceridad brutal [32], rasgos que valora en base a su ideal del yo. Aleida sabe ocupar su lugar: Por un lado, se ocupa de él y sus cuidados – el regazo de su madre [33] primero, y de Aleida después [34], son recuerdos intensos que El Che evocará en sus cartas-; pero los cuidados son bajo la condición de ostentar una función en la revolución: Aleida se convierte en su secretaria. Esta función los anuda: ella es la única que organiza sus asuntos, gobierna al amo; y él puede tenerla pegada, sin miedo a ser gozado, puesto que tiene una función. Una anécdota graciosa lo ejemplifica: tras la revolución, asignaron una “muchacha bonita” [35] como secretaria del Che en el INRA. Aleida exigió que la cesaran: “la única secretaria del Che era yo”. [36]

¿En qué momento supieron que estaban enamorados?

Él supo que la amaba cuando ella desapareció entre el fuego de la batalla de Santa Clara, y temió que pudiera morir [37]. Siente por primera vez miedo a la muerte: la pérdida insoportable de su complemento, su guante.

Ella fue más complicada, claro. El Che, que a todo esto estaba casado con Hilda Gadea, con quien tenía una hija; se declara torpemente un par de veces. Aleida no manifiesta reacción alguna, entre sorprendida y ajena. Como bien señala Arpín: “camufla su deseo para conservar su insatisfacción” [38]. Tras pedir el divorcio a Hilda, montados en el jeep, sin mediar palabras, le toma la mano y Aleida sabe que está enamorada.

El primer encuentro sexual se realiza auxiliado por la metáfora bélica: el Che lo llama la noche de «la fortaleza tomada» [39]. Le hace un cerco, estudia sus puntos débiles y decide el ataque [40]. Se cuela una noche en su alcoba y Aleida se rinde sin remedio.

4) Amor menos tonto: Ven como combatiente

El Che puede amarla, pegada a él, en gran parte porque su Otro es el ‘Otro dictador’. En el “hasta” de “Hasta la Victoria Siempre” el Che coloca al Otro siempre en el horizonte: siempre habrá Otro dictador al que combatir, el encuentro se posterga una y otra vez, de manera similar a Schreber con su Dios – aunque el empuje a la muerte del Che, le permitiera terminar encontrándolo.

Estos arreglos les permiten vivir una vida juntos y tener 4 hijos. Pero no fue suficiente: el Che se embarca primero en viajes para captar apoyos, y posteriormente a continuar la revolución primero al Congo y luego a Bolivia. Se hace necesaria una separación.

Aleida sufre abatida las ausencias del Che [41]. Vive de la esperanza de sus reencuentros, y de las hermosas cartas de amor que él le envía. Vive de las palabras de amor y del ideal absoluto de su hombre. [42]

En ellas, él la llama “mi única en el mundo” [43], testimoniando esta función de guante. 

En una de sus últimas cartas, desde el Congo, el Che da, para mí, la clave de la defensa que hizo su amor posible. Ante la insistencia de Aleida a visitarlo, el Che le dice:

Lo imprescindible es que cuando vengas no seas ‘la señora’, sino la combatiente”. [44] 

“Ven como la combatiente” es el nombre de la defensa frente a La Mujer. El Che la amó como “la combatiente”, S1 fundamental, hasta su destino inevitable.

“Se acabó el pasado; soy un futuro en camino”, dice el Che en su última carta, y sella su firme decisión de hacerse eterno en el significante, es decir, como tal, muerto. El 9 de octubre de 1967 es ejecutado en Bolivia y se hace el símbolo del que hoy y en el futuro seguiremos hablando.

Andel Balseiro – Socio sede de Madrid de la ELP

Notas

[1] Arpin, D. Parejas célebres. Lazos inconscientes. Grama Ediciones. Buenos Aires. 2018, p.62

[2] March, A. (2008). Evocación: mi vida al lado del Che. Espasa Calpe Mexicana, S.A., p.60

[3] Ibid, p.16

[4] Lacan, J. (1972-1973) El Seminario XX. Aun. Paidós. Buenos Aires.2011, p.59

[5] Ibid, p.152

[6] Ibid, p.17

[7] Lacan, J. El Seminario XX. Aun. Op.cit, p.15

[8] Miller, J. A.. Introducción al método psicoanalítico. op.cit., p.140

[9] Ibidi, p.174

[10] Ibid.

[11] Ibid, p.56

[12] Ibid, p.10.

[13] Ibid

[14] Ibid

[15] Lacan, J. (2008). De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis. En Escritos 2. Siglo XXI Editores: Buenos Aires.

[16] Lacan, J. (2006). El Seminario de Jacques Lacan Libro 23: El Sinthome 1975-1976. Ediciones Paidós Ibérica, p. 81.

[17] Arpin, D. Parejas célebres. Lazos inconscientes. Op.cit., p.62

[18] Ibid, p.64

[19] Ibid, p.65

[20] Ibid, p.67

[21] Ibid, p.68

[22] Ibid, p.69

[23] Ibid, p.71

[24] Ibid, p.77

[25] Ibid, p.63

[26] March, A. (2008). Evocación: mi vida al lado del Che. Op.cit.., p.60

[27] Arpin, D. Parejas célebres. Lazos inconscientes. Op.cit., p.63

[28]March, A. (2008). Evocación: mi vida al lado del Che. Op.cit.., p.62

[29] Ibid, p.143

[30] Ibid, p.64

[31] Ibid

[32] Anderson, J. L. (2006). Che Guevara – Una Vida Revolucionaria. Anagrama, p.346

[33] March, A. (2008). Evocación: mi vida al lado del Che. Op.cit., p.194

[34] Ibid, p.206

[35] March, A. (2008). Evocación: mi vida al lado del Che. Op.cit., p.122

[36] Ibid

[37] Anderson, J. L. (2006). Che Guevara – Una Vida Revolucionaria. Op.cit., p.352

[38] Arpin, D. Parejas célebres. Lazos inconscientes. Op.cit., p.65

[39] Ibid, p.103

[40] Ibid

[41] March, A. (2008). Evocación: mi vida al lado del Che. Op.cit., p.206

[42] Arpin, D. Parejas célebres. Lazos inconscientes. Op.cit., p.74

[43] March, A. (2008). Evocación: mi vida al lado del Che. Op.cit., p.195

[44] Ibid, p.195

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