Con el presente texto pretendo sacar algunos hilos que tienen que ver con las
invenciones que los seres hablantes hacemos ante el ‘no hay’ de la relación sexual,
desde una mirada actualizada, curiosa por los síntomas de la época.
Personalmente he de decir que tardé bastante en ir a ver la película de Los
Domingos (Ruíz de Azúa, 2025), no me parecía apetitoso el argumento, pero dadas
las 13 nominaciones a los Goya que recibió y que se había convertido en tema de
conversación en varias sobremesas amigas me acabó picando la curiosidad…
también porque me sorprendía que un argumento semejante pudiera estar siendo
de tanto interés al público generalista. Supongo que la mayoría de las personas
saben al respecto (lo lamento por cierto por adelantado para las personas que les
vaya a hacer spoiler de la película) … El film trata sobre una adolescente que decide
meterse a monja de clausura.
La otra cara del celibato: Gozar como producto sexual en redes
Hemos de apuntar aquí lo que puede haber sido sin más una contingencia, el hecho
de que tan solo un mes después del estreno de esta película de Los Domingos salió
al mercado ese otro producto español de cultura de masas que fue el álbum de
música Lux de Rosalía. Disco en el cual también su protagonista y autora viste de
monja y hace uso de una cierta “religiosidad estética” tanto en las letras, como en
los géneros musicales usados, como en la escenografía de los videoclips que
acompañan a las canciones. Más aún, como sabrán, Rosalía, en esos mismos
meses, confirmó estar soltera y practicando el celibato voluntario («volcel») para
enfocarse en su carrera y bienestar personal. Explicó que esta decisión no era por
motivos espirituales, sino por el alto estrés y la necesidad de priorizar y cito “mi arte
y mi tiempo”. El caso de Rosalía, si lo tomamos en serio y no solo como una
estrategia más de venta de discos, es buen ejemplo de la buena fama que viene
tomando hace ya tiempo la no elección de objeto amoroso alguno en las mujeres e,
incluso, sexual. Ahora bien, a la vez que decimos esto no podemos dejar de señalar
la otra vertiente del asunto, y es que con este movimiento Rosalía redobla la
apuesta del deseo como mujer inalcanzable y, por ende, más deseable que
ninguna. Centrándonos en esta “pérdida de energía” que pudieran suponer el amor
o el sexo, la pregunta que parece surgir aquí es en qué momento el amor y el sexo
empezaron a perder su encanto, su sentido de “ganancia” -si me permiten la
expresión- y efectivamente comenzaron a gestionarse de manera tan descarada en
términos de mercancía. Términos de mercancía que, además, se han erotizado, tal
y como podemos observar de manera evidente en las redes sociales y cómo
mujeres y hombres no solo conceden a objetualizarse para ser uno o una más en
esas redes, sino que lo gozan, lo muestran e incluso compiten por ver quien se
vuelve el más objeto y más deseable que, en este caso, es lo mismo que decir, el
más monetizable o rentable. ¿Podemos decir que este fenómeno es la otra cara de
la misma moneda del celibato y sus derivados?
Relacionado con esto contarles una curiosidad antes de entrar a comentar Los
Domingos, y es que uno de los próximos proyectos de su directora, Ruiz de Azúa,
es precisamente una serie sobre OnlyFans y este tipo de plataformas…Para quien
no conozca, OnlyFans es una plataforma de suscripción que permite a creadores de
contenido (desde artistas y chefs hasta modelos y trabajadores sexuales) compartir
fotos, videos y transmisiones en vivo exclusivas sobre sí mismos con sus
seguidores, quienes pagan una cuota mensual o propinas para acceder al
contenido. Este tipo de plataformas se están convirtiendo cada vez más en un modo
un tanto común de ganar dinero para las y los jóvenes, que cuelgan material visual
sexual sobre sí mismos. Hay de hecho quien ya habla de esta plataforma como la
red social pornográfica… Bien, pues Ruiz de Azúa, hará una serie sobre estas
plataformas, pasando así del deseo de meterse a monja al deseo de ganar dinero
vendiendo la propia imagen sexual en redes. En este sentido, por tanto, podemos
plantear que, si queremos hablar de celibato y sus derivados como síntomas de la
época ante la no relación sexual, sería también necesario, quizás, pensar esos
inventos como el correlato de estos otros, donde el individuo o individua goza
transformándose en objeto del mercado hasta niveles un tanto novedosos gracias al
papel actual de la tecnología.
El goce (femenino) y la imposible relación sexual
Entrando ya a comentar el largometraje de Los Domingos, como decía antes, la
razón por la que lo traigo aquí es que este toca un tema crucial de nuestra época,
en concreto: la relación entre el goce (femenino) y la imposibilidad de la relación
sexual, que afecta a hombres y a mujeres. Es decir, algo que podemos expresar de
manera más sencilla como la dificultad cada vez mayor de aceptar que las
relaciones humanas y la vida misma son complicadas y no son siempre
satisfactorias, sobretodo en el amor y la sexualidad… Una relación que hoy en día
parece más rota y trágica que nunca, algo que vemos también en consulta.
El argumento de la película es como sigue: Ainara (Blanca Soroa), una joven
idealista y brillante de 17 años, ha de decidir qué carrera universitaria estudiará. O,
al menos, eso espera su familia que haga. Sin embargo, la joven manifiesta que se
siente cada vez más cerca de Dios y que se plantea abrazar la vida de monja de
clausura. La noticia pilla por sorpresa a toda la familia provocando un abismo y una
prueba de fuego para todos.
En esta “familia en crisis” la madre ha muerto, no sabemos hace cuanto tiempo, y
queda el padre viudo con su hermana, la tía de la protagonista, que gustosamente
hace una cierta función materna respecto de Ainara. La protagonista, a su vez,
cuidará diligentemente de sus dos hermanas menores, ante la ausencia de la madre
y el desapego y pasividad de un padre viudo, que va bastante a lo suyo y que se ha
echado otra pareja, una mujer tranquila que no habla ni molesta mucho.
Además de estos personajes se encuentra la abuela paterna, madre del padre y de
la tía. Esta abuela aparece como testigo gentil de lo que va sucediendo en esta
familia un tanto desmembrada donde será la propia tía de Ainara la que acabe
recriminando entre lágrimas a su hermano y padre de la niña, que por qué no le
pidió nunca a su hija “que se quedara con nosotros”.
Los Domingos es un film de mujeres, donde las figuras masculinas están bastante
difuminadas y carentes de especial autoridad (a excepción de un cura joven que
aparecerá más adelante y que será confesor de Ainara). Casi todo se gesta entre
ellas, no solo dentro del convento, sino también fuera… y las intervenciones que
puedan tener ellos, los hombres, apenas introducirán una diferencia en el devenir de
la historia.
En cuanto a las invenciones frente a la no relación sexual en esta película son
especialmente interesantes, por tanto, las de ellas… destacando, además del caso
de Ainara, también el de su tía.
¿Un Dios que “te quiere toda para sí” o una vida al uso?
Así, encontramos a una joven de 17 años silenciosa y observadora, que parece
bastante fascinada consigo misma en un goce solitario pero feliz. Y su aparente
antítesis: una tía moderna, atea e inteligente que quiere a su sobrina y que, si bien
sabe mucho (pareciera que más que nadie), lo cierto es que es infeliz, porque no
sabe bien lo que quiere y lo que ella tiene -una vida normativa al uso, con novio,
hijo, trabajo y casa-, no le es suficiente, no la “completa” a pesar de parecer tenerlo
“todo” …
Se confrontan así en esta película dos personajes femeninos muy distintos que son
caras de una misma moneda frente a la imposibilidad y los límites de la vida:
De un lado, el goce absoluto de un amor totalizante hacia Dios que completa a la
joven protagonista, donde la ausencia y el vacío se sitúan en un venerado centro
donde no hay decepción posible… Y, de haberlo, ahí está la comunidad de mujeres,
monjas, que bien sabemos que bien puede saciar lo que pueda querer una mujer…
ante las decepciones del amor y los desencuentros con la diferencia.
Y, de otro lado, la insatisfacción de la tía con un goce que no se sacia: conviviendo
día tras día con un hombre al que infravalora abiertamente, y con un hijo y una vida
al uso, donde la falta y la dificultad de la relación con el otro del amor no puede
esconderse bajo ningún mito o rito religioso, ni comunidad femenina.
La tía es una insatisfecha, la sobrina por el contrario goza de un Dios que le ha
dicho que la quiere “toda para sí”.
El linaje de lo femenino y su importancia para el deseo
Y, de hecho, el final de la película será el desencuentro radical entre ellas. Que la
amada sobrina decida optar por el convento hace que la tía corra al notario para
desheredarla. Esta mujer adulta que se suponía amaba tantísimo a su sobrina,
cuando la adolescente consigue hacer lo que quiere, correrá a poner por escrito la
ruptura con la que ya no será más su amadísima sobrina… ¿podemos pensar aquí
también algo de la ruptura intergeneracional? En el momento en que ambas se
despiden, tras una fuerte discusión familiar, la joven dirá a su tía con una calma
sorprendente “Rezaré por ti”, en una escena iniciática del devenir mujer de la
protagonista y que vendrá seguida de su entrada en el convento. Es decir, de
alguna manera, y más aún con la madre muerta y la abuela recién fallecida,
pareciera que algo del ser mujer o de la pregunta por lo femenino estuviera dañado
en este linaje de mujeres, y el resultado de ese daño es la pérdida absoluta de una
para la otra. Ahora la figura materna de la joven Ainara será la madre superiora…
Es más, la película termina, no con la joven monja, sino con una escena de la tia. En
ella vemos cómo esta mujer, en su vuelta del notario tras desheredar a su hermano
y sobrina, cuando va a cruzar por un paso de cebra detiene el paso… y lo detiene
porque ve que del otro lado está el hombre que es su pareja con el hijo de ambos,
en una escena de cuidados -bastante tierna por otra parte-, arreglándole el cierre
del abrigo o algo parecido. Ellos no la ven a ella, pero ella a ellos sí, y verlos hace
que esta mujer decida no cruzar el paso de cebra evitando así ir a su encuentro.
¿Han dejado de estar a salvo las mujeres de la “degradación de la
vida amorosa”?
Saliendo un poco de la película, me gustaría traer una cita a colación de los
materiales de orientación del trabajo para el Congreso… En la entrevista sobre el
amor que hace la revista francesa Psychologies a J. A. Miller, y que ofrece la web
como uno de los textos guía de orientación lacaniana, en la distinción entre cómo
aman (o no aman) hombres y mujeres el entrevistador pregunta en un momento a
Miller si es más difícil amar para los hombres que para las mujeres y él contesta:
“J.A.M.: ¡Oh sí! Incluso un hombre enamorado tiene retornos de orgullo, lo
asalta la agresividad contra el objeto de su amor porque este amor lo pone en
una posición de incompletud, de dependencia. Por ello puede desear a
mujeres que no ama, para reencontrar la posición viril que él pone en
suspenso cuando ama. Freud llama a este principio la «degradación de la vida
amorosa» en el hombre: la escisión del amor y del deseo.” (Psychologies
Magazine, n.º 278, 2008).
Traigo esto aquí ante el llamado a pensar los inventos de la época en relación a la
imposible inscripción de la relación sexual y planteo la hipótesis de si no será que
las mujeres, a día de hoy, ya no están tan a salvo como antes de esta “degradación
de la vida amorosa” (Freud, 1912) y esa supuesta mayor facilidad hacia el amor es
algo que el universal de la época ha podido dejar tocado. Esto se ve en la clínica, en
el gran practicismo frente al amor que suele encontrarse en los pacientes -también
en ellas-, sobre todo (al menos en el caso de mi experiencia en consulta) entre los
jóvenes, donde la pregunta sobre el amado o la amada no se presenta de manera
existencial, e incluso a menudo no se presenta… es decir, la pregunta del paciente
no es la de la margarita a deshojar ¿me ama, no me ama? Sino más bien desde el
orden práctico sobre si la decisión propia de estar con x persona es la correcta, o si
deberían abrir la pareja, o si hay o no una posible situación de infidelidad y cómo
eso ha vivificado en el sujeto algo de la pregunta del amor o, mejor dicho, de alguno
de sus derivados…
La posición “práctica” ante el otro del amor y del sexo comparte rasgos con el decir
de Rosalía que comentábamos al inicio, que quiere toda “su energía y su arte” para
sí misma… como si la “apuesta segura” estuviera siempre del lado de lo propio,
situando así definitivamente el kakon, objeto malo o maldad, definitivamente afuera.
(…)
¿Por qué amar? ¿para qué amar, hoy en día?
Pero, en realidad, si escuchamos de veras a Rosalía y a la protagonista de Los
Domingos, y dado el llamado analítico que nos reúne hoy aquí y ahora, puede ser
interesante retomar la pregunta que estas mujeres parecieran ya haberse
contestado y que por tanto nos traen… ¿Por qué amar? ¿para qué amar, hoy en
día? Sobre todo, si eres una mujer, y el amor (tal y como bien han señalado los
feminismos y el psicoanálisis) puede ser un riesgo real mayor, puede ser motivo de
“bancarrota” o, incluso, de la puesta en riesgo del bienestar físico. Pues, como
muestra bien Lacan en el Seminario 7 La Ética del Psicoanálisis (1959-1960), el
camino del deseo no es el camino del bienestar propio, supone un riesgo real para
quien elige transitarlo. Más aún, ¿para qué amar si además el otro del amor parece
tan inconsistente y falto de deseo como uno mismo hoy por hoy? ¿Para qué amar si
la decepción parece asegurada y el final de la historia desde su inicio no promete
mucho? ¿por qué pagar ese precio? Es decir, ¿por qué arriesgarse a tomar en
serio el deseo propio, y no quedarse, mejor, tranquilamente, trabajando al
“servicio de los bienes” … tal y como dice Lacan en ese mismo seminario de
la ética del psicoanálisis? Me parece esta una pregunta de gran actualidad en la
que el psicoanálisis y los psicoanalistas, quizás, podamos aportar… y que tiene que
ver con la brújula ética que Lacan situó como el norte de lo que de veras ha de ser
un psicoanálisis: «La única cosa de la que se puede ser culpable -al menos en la
dimensión analítica- es de haber cedido en su deseo».
A este respecto, y sobre las dificultades que muestran los síntomas de la época en
relación al deseo y a la imposible inscripción de la relación sexual (es decir, a la
necesidad de escribirla una por una, cada vez…), sabemos que la renuncia en el
sujeto a su propio deseo forma parte, nada más y nada menos, que de su propia
estructura. Señala J. Alemán en su libro Ultraderechas:
“Lacan lo había advertido: la principal enfermedad de la humanidad no es la
depresión sino la cobardía (…) el sujeto neoliberal no solo ha sido capturado
por dispositivos de goce que le impiden interrogar su propio deseo, sino que
ha internalizado una forma de sometimiento que lo lleva a justificar su propia
servidumbre” (J. Alemán, 2025:51).
En Los Domingos, por un momento, la protagonista parece interesarse por uno de
los chicos del coro católico en el que canta. Ambos parecen interesados el uno en el
otro e incluso tienen un acercamiento íntimo en casa de ella. Ambos estarán
estudiando las canciones en el cuarto de Ainara y él la besará y tumbados en la
cama de la joven sin camisetas intercambiarán algunos besos más hasta ser
interrumpidos y descubiertos por la hermana pequeña, entre otros familiares. En
cuanto a este elemento de la película, es interesante la importancia que cobrará en
un determinado momento para Ainara el hecho de que este chico, en una fiesta, se
fuera con otra amiga y no con ella. Este rasgo de intercambiabilidad en el deseo
masculino hará flaquear el propio deseo de Ainara. Y esto es justo lo opuesto a lo
que aparece en la película en cuanto a la llamada divina. Aparecen en oposición un
deseo un tanto flácido por parte de este chico, inconsistente, que no queda anclado
en la particularidad de Ainara, o por lo menos no aparentemente… y, de otro, la
llamada de Dios, que conmueve a la joven en una escena apasionada en la iglesia
donde se la ve gozosa consentir a la llamada divina entre lágrimas. (…)
La degradación capitalista del amor y un nombre del padre que
flaquea
Hay varios diálogos en la película que no tienen desperdicio. La sobrina y la tía,
donde la protagonista habla de cómo se siente mal y fuera de marco cuando no está
en el convento, como si esa fuera la prueba definitiva de la verdad (donde uno “se
siente bien” … a los 17 años). Ainara dirá: “No puedo explicar cómo es estar
enamorada de Dios, lo maravilloso que se siente ser amada por él”.
Y esa otra “confesión” forzada de la adolescente con la monja superiora y con el
cura joven que resulta un tanto invasiva e impudorosa, donde ambos hacen hablar a
la niña de los besos que se dio con un chico, como si aquello hubiera sido el gran
pecado que hay que extirpar…
Finalmente, y en relación con esto último, señalar que Los Domingos recuerda otras
películas de nuestra época donde el niño/a o el adolescente ocupan toda la escena,
siendo retratados como “los que saben”, y donde la familia o las figuras adultas
quedan relegadas a un lugar bastante segundón y pasivo, pareciendo que su
función ha de ser tan solo la de acompañar al menor para no invadirle.
Son escenas donde la función del nombre del padre flaquea, adultos que están
superados en su función de adultos, de padres que no saben qué hacer con hijos e
hijas que les superan. Hombres y mujeres ya entrados en edad que parecieran
mucho más jóvenes, con vidas que no les satisfacen en absoluto y no logran
encontrar las maneras de traspasar un relato en cierta manera deseante y vivo a los
que vienen detrás, porque no lo consiguen armar de ninguna de las maneras frente
a sí mismos. Es como si la escena se hubiera dado la vuelta, y el supuesto
saber que antes se le atribuía a la figura adulta hubiera quedado de golpe
trasvasado al lugar del infante, del adolescente o del joven, dejándoles la
totalidad de la escena, como si en ese movimiento artificioso se les salvara vida,
desresponsabilizando mientras tanto a los adultos de su intransferible
responsabilidad.
La propia directora de la película, Alauda Ruiz de Azúa, en una reciente entrevista
publicada el 26 de enero en El País comentaba que a los jóvenes se les trata de
idiotas y se les culpa por creer que el pasado era mejor cuando no lo era, pero
resulta -dirá Ruiz de Azúa— que estos jóvenes son nuestros jóvenes, y es con
nosotros con quienes han crecido.
Con agradecimiento a la Revista de la Izquierda Lacaniana #Lacanemancipa por la
cesión del artículo, publicado en su web el 12/3/2026.
El texto corresponde a la intervención de la autora en la Sede de Madrid de la Escuela
Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) el 10 de febrero de 2026, durante el 3er ciclo preparatorio
hacia el XV Congreso de la AMP “No hay relación sexual”: Modalidades sintomáticas de la
época, por invitación del equipo organizador formado por Esperanza Molleda y Florencia
Riesco.
Clara Urbano Molina – Socia de la sede de la comunidad de Madrid de la ELP