El miércoles 4 de marzo la Biblioteca de Orientación Lacaniana de Madrid tuvo el placer de presentar el libro de poemas de María Navarro, escritora y psicoanalista, miembro de la ELP y de la AMP, titulado Reding Interior. En la mesa estuvieron presentes Jesús Rubio Campuzano, psicoanalista, socio de la sede de Madrid de la ELP; Carmen Bermúdez, psicoanalista, miembro de la ELP y de la AMP, como coordinadora y por supuesto la propia autora del libro María Navarro.

Carmen Bermúdez realiza las presentaciones de los participantes. Destaca su admiración y su amistad con la autora. Recuerda su primer encuentro al conocer “Los cuadernos Andaluces del psicoanálisis” de la que María era directora y que llamó su atención. Se detiene en la belleza del poemario y explica la procedencia del título, “Reding interior” señalando que corresponde al nombre de la calle donde se encuentra la consulta de la autora. También manifestó su interés por la cubierta. Un bordado que posteriormente María nos cuenta que era un trozo de tela, parte de un kimono de su abuela y que conserva, enmarcado, único objeto que junto a una virgen, su madre pudo rescatar en la huida cuando los nacionales entraron en Málaga.

La propia autora nos dice en una entrevista que nos trae Carmen, que su recorrido va de la poesía al psicoanálisis y que escribe porque le gusta. Para ella escribir es dejarse llevar por lo inesperado, por lo extraño, es escuchar eso que habla desde otro territorio, darle cuerpo a lo que no está en lugar alguno.

Jesús Rubio señala que la autora nos ofrece una invitación a adentrarnos en el universo de su consulta. Una consulta que describe en el poema numero 1, dejando caer palabras como objetos: “Una mesa, una lámpara, un diván tibetano / Dos o tres cojines / Una silla raída por el tiempo, pero cómoda / Algunos libros no definitivos / -la biblioteca noble la tengo en mi otra casa, / En la que duermo-…“

Nos dice que en la lectura de este poemario se encuentra con lo inesperado, mezcla de psicoanálisis, literatura y poesía; metáforas y clínica, posición y acto del analista, aliteraciones, símbolos, traumas y aquello que no encuentra su decir. Así lo describe: “Libro sutil de palabra precisa, de preminente escucha, de silencio y de amor que cortan, cuchillo exacto que orada la carne y señala su voz.” Toma el libro como la síntesis de la práctica analítica de María Navarro, donde nos va contando el contenido de sus sesiones, “historias de un sujeto que está por advenir”. Realiza una inmersión en él y va desgranando los poemas haciendo una lectura a través de Freud y Lacan. y encuentra a su paso una definición para el psicoanálisis. Transcribo un fragmento: “Habla, grita, apela a mi silencio cansado de los días / Tejiendo su semblante con la lana del sueño y el deseo. / Vomita la palabra, retuerce en el boquete de su boca / La turbia soledad que me conmueve y calla…”

Jesús acepta la invitación de la autora que realiza en su primer poema y afina su lectura con gran sensibilidad. Abre las puertas del poemario. Realiza una lectura profunda enmarcada en su saber acerca del psicoanálisis siguiendo el rastro de las palabras, de sus resonancias, desvelando los rincones donde se esconde lo no dicho. Siguió la huella, y encontró estructuras, objetos pulsionales, objetos causa del deseo. El trauma, la mordida del lenguaje que posibilita la palabra. Tela de araña que nos atrapa, que establece la pérdida de la que no nos curamos. Agujero, fruto del encuentro con el gran Otro. Y hasta tuvo la osadía de nombrar el inconsciente poemático que encuentra representado en el poema número 25: “Desde el fondo azul de su cabeza / desde ese inmenso océano donde / esconde la cordura su cuerpo entre los / peces / repetía con júbilo. / me ha encontrado el amor / el verdadero! / E intentaba / mientras lloraba, convencerlo.”

Para finalizar recuerda el lugar que para Freud y Lacan debe tomar el psicoanálisis en su relación con el arte y la literatura colocándose siempre el psicoanálisis en posición de dejarse enseñar. Cito: “El escultor se esculpe en la construcción de su obra, el pintor se dibuja en su esencia de trazo y la escriba se inscribe en la incompletud de su letra.”

María Navarro toma la palabra y dice que no sabía que había escrito todas esas cosas. Cito: “Es realmente sorprendente lo que se puede escuchar de algo que uno escribe y que le es bastante ajeno” Para ella este es un libro raro, extraño. Le ha parecido interesante el rescatarlo como un libro que tiene que ver con la clínica porque no hay ni un solo poema que se refiera a algún paciente en concreto. No hay rostros. Son retazos, trazos de la escucha de muchos pacientes. Golpes del discurso. María nunca se planteó el realizar un poemario que tuviera que ver con su consulta.

Es cuando María Navarro comienza a leer sus propios poemas, cuando la noche se convierte en una noche excepcional, donde las protagonistas fueron la voz y el silencio. Noche mágica, inesperada donde los propios poemas dieron cuenta de la intensidad del sonido, del filo de las palabras, del cuerpo de la imagen, del golpe de la voz. Lectura detenida, golpes de palabras, resonancias, ecos. Fluir cadencioso, pausa, contención de una voz a veces herida, a veces potente. Algo que se repite, que golpea, que se encarna. Una tensión en juego que marca el rastro de lo imposible de decir.

El libro despierta en los asistentes un enorme interés, sobre todo por ese momento de la creación, del encuentro con el instante íntimo con las palabras. El instante de la poesía algo tan propio y ajeno. Eso que hiere el cuerpo. María nos dice: “Es una experiencia desde donde no hay imperativo, si uno se deja capturar por la palabra.” Un momento de relámpago que toca el cuerpo. El poeta huérfano de palabras. Es así como se llega a la poesía en la vertiente del sin sentido, del no todo, ese esfuerzo que apunta a algo del orden de lo innombrable. Muestra de ello es el eco, la insistencia, la repetición de palabras a lo largo del libro para enseñar como ese esfuerzo de llegar fracasa en el decir.

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